Mi Papá Se Despidió De Mi Historias De Terror - REDE

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El último adiós. Es importante mencionar que, por respeto a la privacidad de las personas involucradas, hemos modificado los nombres según las indicaciones especÃficas proporcionadas por la suscriptora. Yo siempre vi mi vida de pequeña, como simple sin preocupaciones y que siempre creerás que toda la vida será asà de simple y fácil. Además, nunca esperas que suceda algo que altere tu tranquilidad. Desde mi infancia comencé a percatarme de una sensibilidad única hacia el mundo de los espÃritus. Esta peculiar habilidad parecÃa haber nacido por algunas experiencias desafortunadas con familiares cercanos, las cuales provocaron que se me desarrollara este sexto sentido. Fue hace tiempo, en una fecha que nunca olvidaré. Un seis de septiembre del dos mil siete. En ese entonces yo apenas contaba con siete años de edad. Ese dÃa marcó el viaje hacia el misterio. AsÃ, crecà junto a una familia en un pintoresco y apartado pueblo de Coahuila, un lugar que parecÃa estar fuera del alcance de las grandes ciudades y sus prisas. Mis padres habÃan forjado su vida allà y con el tiempo, mi hermano y yo llegamos a este mundo, en ese mismo poblado. La noche ya habÃa caÃdo y mi madre nos indicó a mi hermano y a mà que ya era hora de irnos a dormir. VivÃamos en una casa pequeña donde compartÃamos una habitación. Nuestra cama era una litera. Ãl dormÃa en la parte de arriba y yo en la parte de abajo. Esto nunca me molestó. Lo único que me preocupaba era que la habitación estaba muy oscura y eso me generaba mucho miedo. Aún podÃa ir a mi padre conversando con sus amigos afuera de la casa. Mi padre era una persona trabajadora y dedicada. SolÃa salir después de la medianoche para cumplir con sus responsabilidades en la carretera y llegar a tiempo a su destino. Pero esa noche decidió quedarse un poco más a charlar y tomar algo con sus amigos. Escuchar su voz me ayudaba a relajarme, me daba tranquilidad y me permitÃa conciliar el sueño sin darme cuenta. Me quedé dormida en algún momento y luego me desperté. Varias horas después afuera todo estaba en silencio, ya no podÃa escuchar a mi padre. Me habÃa despertado repentinamente y no podÃa volver a dormir. Me quedé acostada durante un largo tiempo, quizás hasta una hora, manteniendo los ojos cerrados y esperando que el sueño volviera por sà solo. Eso no sucedió. Entonces tuve una extraña sensación, como si no estuviera sola en la habitación. Mi hermano estaba allà conmigo, pero esa sensación era diferente. HabÃa algo más, algo al lado mÃo que no podÃa identificar. No. No, no, no, oÃa estaba su calidez cerca de mÃ. Incluso la cama se hundió de un lado como si alguien se hubiera sentado asà que me movà para evitar cualquier contacto con aquella presencia. Me cubrà con la manta y en ese momento sentà que esa cosa se acercaba más De repente, la manta se movió por sà sola, dejando mi rostro descubierto y entonces sentà como si me hubieran dado un beso en la mejilla. Luego una voz suave me dijo adiós mi pequeña. En ese instante me encontraba confundida. No sabÃa cómo reaccionar. Me quedé completamente inmóvil sin atreverme a mover ni un solo músculo. De repente noté que aquella presencia comenzaba a alejarse de mi cama llevándose consigo un aura de aire frÃo que se sentÃa desde hace rato. Mis pensamientos empezaron a dar vueltas y una idea se formó en mi mente. PodrÃa haber sido mi papá quien entró en la habitación para despedirse antes de ir a trabajar, pero si hubiera sido él, habrÃa oÃdo la puerta a abrirse. Todo era confuso y extraño. Lo curioso era que, a pesar de la incertidumbre, la Presencia que sentÃa a mi lado no irradiaba una energÃa negativa ni parecÃa maligna. Por el contrario, tuve una sensación de serenidad y amor, a pesar de que soy una persona propensa al miedo. Aquella vez mi reacción fue diferente. Aunque siempre tendÃa asustarme ante situaciones desconocidas, esa vez no sentÃa el tÃpico temor paralizante el beso en mi mejilla me transmitió una familiaridad que de alguna manera me tranquilizó. Finalmente caà rendida en un sueño que me venció por completo. Hasta que abrà los ojos, me percaté que ya era de dÃa. TenÃa que levantarme para dirigirme a la escuela y para mà era un dÃa como cualquier otro. Pero todo cambió en el instante en que mi madre entró a la habitación. Su rostro mostraba una expresión seria y triste. Al mismo tiempo, mientras me ayudaba a darme los cordones de los zapatos, ya que me costaba hacerlo. Yo misma noté que no me miraba. Luego le pregunté si algo le preocupaba o por qué tenÃa la cabeza agachada de esa manera sin mirarme. Simplemente repitió varias veces la palabra no moviendo la cabeza de un lado a otro. En ese momento la respuesta se materializó en mi mente y simplemente le dije papá ha fallecido. Verdad fue entonces cuando mi madre se deshizo en llanto y asintió con la cabeza. Quedé en un estado de chock tan profundo que no podÃa asimilar que mi padre se hubiera despedido de mà de esa manera. Ese fatÃdico dÃa perdió la vida en un accidente automovilÃstico y él fue la única vÃctima mortal de ese trágico suceso. La necropsia determinó que habÃa fallecido entre las tres y cuatro de la madrugada. Fue una familia que regresaba de la ciudad hacia el pueblo. Quienes encontraron su cuerpo pudieron dar aviso alrededor de las cinco de la mañana. No habÃa otra forma más rápida de comunicarse en ese entonces. Ahora, a mis veintitrés años de edad, comprendo la magnitud del amor que mi padre sentÃa por mÃ, un amor tan profundo que incluso decidió despedirse de mà de una manera tan especial. A medida que transcurrieron los dÃas, los meses y los años, fui capaz de ir comprendiendo todo el proceso de duelo. Después de atravesar el intenso dolor, finalmente encontré la fortaleza para compartir con mi madre lo que habÃa vivido aquella noche en la que mi padre falleció. Pero lo que no podÃa anticipar era la sorprendente revelación que ella tenÃa para mÃ. Mi madre habÃa ido a la cama con la esperanza de que mi padre regresara, hasta que finalmente el sueño la venció. Tuvo un sueño con mi padre. Ambos se encontraron en una habitación completamente blanca, sin ventanas ni puertas. Ãl estaba tumbado frente a ella, rodeado por numerosas burbujas de jabón. No hablaba ni sonreÃa su rostro sólo reflejaba tristeza. Ãl extendÃa sus brazos como si estuviera pidiendo que lo alzara o lo ayudara a levantarse. Mi madre accedió, pero notó que al intentar levantarlo, él se deslizaba, resultando mucho más pesado de lo normal. A pesar de la dificultad, ella persistió en levantarlo hasta que finalmente se rindió y le dijo angustiada. Freddy, no puedo. No puedo. Mi papá no pronunció palabra alguna, sólo mostró en su rostro aún más tristeza. La miró por un segundo y cerró los ojos. De repente escuchó un fuerte golpe en la puerta de la casa. Ãl esto provocó que mi mamá despertara abruptamente. Pensó que mi papá ya habÃa regresado, pero tuvo un impulso a salir corriendo y gritar su nombre. Corrió hacia la entrada y abrió la puerta rápidamente. Gritó el nombre de mi papá. Al no encontrarlo, decidió salir corriendo a buscarlo en la calle. Gritaba su nombre una y otra vez con la esperanza de escuchar su respuesta. Le parecÃa extraño que no estuviera en la casa y pensó que tal vez estaba intentando gastarle una broma. Mi mamá decidió regresar a la casa y encerrarse en su habitación al amanecer se escucharon golpes en la puerta principal de la casa. Era mi abuelo materno y un tÃo acompañados por las autoridades. Fue entonces cuando recibió la noticia que cambiarÃa nuestra vida. Mi padre habÃa fallecido aquella mañana. La única funeraria que accedió a recoger su cuerpo demorarÃa al menos dos horas en llegar. Sumado a eso, mi padre habÃa sido encontrado alrededor de las cinco de la mañana y mi madre recibió la noticia cerca de las seis o siete de la mañana. Después de toda la conmoción, uno de los aspectos más abrumadores fueron los trámites. Mi madre se enfrentó a esta tarea con fortaleza. Me contó que, mientras estaba lidiando con los trámites de la pensión se percató de que faltaban algunos documentos. HabÃa revisado minuciosamente su cuarto, incluso el amplio y alto armario que tenÃan, pero los documentos no aparecÃan en ninguna parte. En un momento de angustia en voz alta, preguntó Freddy dónde los dejaste De manera sorprendente. Los papeles cayeron desde lo alto del armario justo frente a ella eran los mismos documentos que habÃa estado buscando. Esta experiencia dejó en claro que de algún modo mi padre seguÃa presente en nuestras vidas a lo largo de los años. Derramé muchas lágrimas por él. Me di cuenta de cómo mi vida habÃa cambiado drásticamente de la noche a la mañana. Aunque lloraba por él, estaba convencida de que finalmente habÃa encontrado paz en su descanso eterno. Esa certeza me reconfortaba después de lo sucedido con mi padre. De alguna manera surgió en mà un sentido adicional que me permitÃa percibir anomalÃas en las auras de las personas. Durante mi adolescencia, alrededor del año dos mil doce, tenÃa un cÃrculo cercano de amigas a las que valoraba profundamente, particularmente a dos de ellas, con quienes habÃa compartido muchos momentos importantes en mi vida. Juntas tenÃamos planes emocionantes de mudarnos a la ciudad y comenzar una nueva vida allÃ. Pero el destino intervino de una manera trágica en la vida de una de mis amigas. Mientras estaba estudiando en casa, fui repentinamente invadida por una intensa opresión en el pecho, una sensación de malestar que mi madre afirmó que era una especie de presentimiento. Era una experiencia abrumadora que no podÃa ignorar. Sentà la urgencia de hablar con alguien y desahogar lo que estaba sintiendo, asà que decidà llamar por teléfono a mi otra amiga. Al escuchar su voz entrecortada por el llanto, supe de inmediato que algo andaba mal. Fue entonces cuando ella me dijo que nuestra amiga habÃa fallecido recientemente. El impacto del auto en el que viajaba habÃa sido muy fuerte y no hubo forma de intervenir para salvarla. Aunque todavÃa vivÃamos en el pueblo. Prácticamente toda la comunidad acudió a su funeral. Lamentablemente, yo no pude quedarme mucho tiempo. De hecho, cuando llegué me resistà a verla en el féretro, ya que tenÃa el temor que esa imagen quedara grabada en mi mente en lugar de la imagen de mi amiga. Llena de alegrÃa y vida. Sentà uno profunda pena por no haberme quedado más tiempo, pero de alguna manera tenÃa la creencia que tendrÃa la oportunidad de verla en algún momento. Una semana después, cuando regresé a casa, muy tarde de la ciudad, me encontraba caminando por el sendero del parque donde solÃamos reunirnos para platicar la atmósfera. Estaba tranquila y todo parecÃa solitario. En ese momento noté la presencia de una figura parada allà como si estuviera esperándome. Al principio pensé que podrÃa ser mi madre o mi hermano, pero a medida que me acercaba me quedé paralizada al ver que era mi amiga, la misma que habÃa fallecido. A pesar de la sorpresa, en lugar de sentir miedo, experimenté un alivio al verla sonreÃr me aproximé a ella con la intención de abrazarla, pero ella, sin decir una palabra y sin dejarte sonreÃr me dio a entender que no debÃa hacerlo. Aunque no intercambiamos palabra, sentà una profunda calma al verla, una sensación extraña me invadió como si no estuviera sola en ese momento, sino que mi papá también estuviera presente. Eso aumentó mi sensación de alivio, ya que tenÃa la certeza de que ambos estaban en un lugar en paz. Le pregunté con el corazón lleno de cariño si deseaba que la acompañara en su partida, y ella simplemente movió la cabeza en señal afirmativa. En ese momento comprendà que si seguÃa llorando por su partida, no podrÃa encontrar la paz. A lo largo de los años que han transcurrido, desde entonces he tenido la bendición de encontrarme con otras personas que han dejado la vida terrenal. En esos momentos los he visto felices y radiantes, lo que me ha llenado de esperanza. Ahora entiendo que la muerte no es un adiós definitivo, sino un hasta luego. Creo en mi corazón que si un dÃa me toca partir, podré reunirme con aquellos a quienes amé y abrazarlos una vez más. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








