Aug. 31, 2023

Mi Papá Se Despidió De Mi Historias De Terror - REDE

Mi Papá Se Despidió De Mi Historias De Terror - REDE

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El último adiós. Es importante mencionar que, por respeto a la privacidad de las personas involucradas, hemos modificado los nombres según las indicaciones específicas proporcionadas por la suscriptora. Yo siempre vi mi vida de pequeña, como simple sin preocupaciones y que siempre creerás que toda la vida será así de simple y fácil. Además, nunca esperas que suceda algo que altere tu tranquilidad. Desde mi infancia comencé a percatarme de una sensibilidad única hacia el mundo de los espíritus. Esta peculiar habilidad parecía haber nacido por algunas experiencias desafortunadas con familiares cercanos, las cuales provocaron que se me desarrollara este sexto sentido. Fue hace tiempo, en una fecha que nunca olvidaré. Un seis de septiembre del dos mil siete. En ese entonces yo apenas contaba con siete años de edad. Ese día marcó el viaje hacia el misterio. Así, crecí junto a una familia en un pintoresco y apartado pueblo de Coahuila, un lugar que parecía estar fuera del alcance de las grandes ciudades y sus prisas. Mis padres habían forjado su vida allí y con el tiempo, mi hermano y yo llegamos a este mundo, en ese mismo poblado. La noche ya había caído y mi madre nos indicó a mi hermano y a mí que ya era hora de irnos a dormir. Vivíamos en una casa pequeña donde compartíamos una habitación. Nuestra cama era una litera. Él dormía en la parte de arriba y yo en la parte de abajo. Esto nunca me molestó. Lo único que me preocupaba era que la habitación estaba muy oscura y eso me generaba mucho miedo. Aún podía ir a mi padre conversando con sus amigos afuera de la casa. Mi padre era una persona trabajadora y dedicada. Solía salir después de la medianoche para cumplir con sus responsabilidades en la carretera y llegar a tiempo a su destino. Pero esa noche decidió quedarse un poco más a charlar y tomar algo con sus amigos. Escuchar su voz me ayudaba a relajarme, me daba tranquilidad y me permitía conciliar el sueño sin darme cuenta. Me quedé dormida en algún momento y luego me desperté. Varias horas después afuera todo estaba en silencio, ya no podía escuchar a mi padre. Me había despertado repentinamente y no podía volver a dormir. Me quedé acostada durante un largo tiempo, quizás hasta una hora, manteniendo los ojos cerrados y esperando que el sueño volviera por sí solo. Eso no sucedió. Entonces tuve una extraña sensación, como si no estuviera sola en la habitación. Mi hermano estaba allí conmigo, pero esa sensación era diferente. Había algo más, algo al lado mío que no podía identificar. No. No, no, no, oía estaba su calidez cerca de mí. Incluso la cama se hundió de un lado como si alguien se hubiera sentado así que me moví para evitar cualquier contacto con aquella presencia. Me cubrí con la manta y en ese momento sentí que esa cosa se acercaba más De repente, la manta se movió por sí sola, dejando mi rostro descubierto y entonces sentí como si me hubieran dado un beso en la mejilla. Luego una voz suave me dijo adiós mi pequeña. En ese instante me encontraba confundida. No sabía cómo reaccionar. Me quedé completamente inmóvil sin atreverme a mover ni un solo músculo. De repente noté que aquella presencia comenzaba a alejarse de mi cama llevándose consigo un aura de aire frío que se sentía desde hace rato. Mis pensamientos empezaron a dar vueltas y una idea se formó en mi mente. Podría haber sido mi papá quien entró en la habitación para despedirse antes de ir a trabajar, pero si hubiera sido él, habría oído la puerta a abrirse. Todo era confuso y extraño. Lo curioso era que, a pesar de la incertidumbre, la Presencia que sentía a mi lado no irradiaba una energía negativa ni parecía maligna. Por el contrario, tuve una sensación de serenidad y amor, a pesar de que soy una persona propensa al miedo. Aquella vez mi reacción fue diferente. Aunque siempre tendía asustarme ante situaciones desconocidas, esa vez no sentía el típico temor paralizante el beso en mi mejilla me transmitió una familiaridad que de alguna manera me tranquilizó. Finalmente caí rendida en un sueño que me venció por completo. Hasta que abrí los ojos, me percaté que ya era de día. Tenía que levantarme para dirigirme a la escuela y para mí era un día como cualquier otro. Pero todo cambió en el instante en que mi madre entró a la habitación. Su rostro mostraba una expresión seria y triste. Al mismo tiempo, mientras me ayudaba a darme los cordones de los zapatos, ya que me costaba hacerlo. Yo misma noté que no me miraba. Luego le pregunté si algo le preocupaba o por qué tenía la cabeza agachada de esa manera sin mirarme. Simplemente repitió varias veces la palabra no moviendo la cabeza de un lado a otro. En ese momento la respuesta se materializó en mi mente y simplemente le dije papá ha fallecido. Verdad fue entonces cuando mi madre se deshizo en llanto y asintió con la cabeza. Quedé en un estado de chock tan profundo que no podía asimilar que mi padre se hubiera despedido de mí de esa manera. Ese fatídico día perdió la vida en un accidente automovilístico y él fue la única víctima mortal de ese trágico suceso. La necropsia determinó que había fallecido entre las tres y cuatro de la madrugada. Fue una familia que regresaba de la ciudad hacia el pueblo. Quienes encontraron su cuerpo pudieron dar aviso alrededor de las cinco de la mañana. No había otra forma más rápida de comunicarse en ese entonces. Ahora, a mis veintitrés años de edad, comprendo la magnitud del amor que mi padre sentía por mí, un amor tan profundo que incluso decidió despedirse de mí de una manera tan especial. A medida que transcurrieron los días, los meses y los años, fui capaz de ir comprendiendo todo el proceso de duelo. Después de atravesar el intenso dolor, finalmente encontré la fortaleza para compartir con mi madre lo que había vivido aquella noche en la que mi padre falleció. Pero lo que no podía anticipar era la sorprendente revelación que ella tenía para mí. Mi madre había ido a la cama con la esperanza de que mi padre regresara, hasta que finalmente el sueño la venció. Tuvo un sueño con mi padre. Ambos se encontraron en una habitación completamente blanca, sin ventanas ni puertas. Él estaba tumbado frente a ella, rodeado por numerosas burbujas de jabón. No hablaba ni sonreía su rostro sólo reflejaba tristeza. Él extendía sus brazos como si estuviera pidiendo que lo alzara o lo ayudara a levantarse. Mi madre accedió, pero notó que al intentar levantarlo, él se deslizaba, resultando mucho más pesado de lo normal. A pesar de la dificultad, ella persistió en levantarlo hasta que finalmente se rindió y le dijo angustiada. Freddy, no puedo. No puedo. Mi papá no pronunció palabra alguna, sólo mostró en su rostro aún más tristeza. La miró por un segundo y cerró los ojos. De repente escuchó un fuerte golpe en la puerta de la casa. Él esto provocó que mi mamá despertara abruptamente. Pensó que mi papá ya había regresado, pero tuvo un impulso a salir corriendo y gritar su nombre. Corrió hacia la entrada y abrió la puerta rápidamente. Gritó el nombre de mi papá. Al no encontrarlo, decidió salir corriendo a buscarlo en la calle. Gritaba su nombre una y otra vez con la esperanza de escuchar su respuesta. Le parecía extraño que no estuviera en la casa y pensó que tal vez estaba intentando gastarle una broma. Mi mamá decidió regresar a la casa y encerrarse en su habitación al amanecer se escucharon golpes en la puerta principal de la casa. Era mi abuelo materno y un tío acompañados por las autoridades. Fue entonces cuando recibió la noticia que cambiaría nuestra vida. Mi padre había fallecido aquella mañana. La única funeraria que accedió a recoger su cuerpo demoraría al menos dos horas en llegar. Sumado a eso, mi padre había sido encontrado alrededor de las cinco de la mañana y mi madre recibió la noticia cerca de las seis o siete de la mañana. Después de toda la conmoción, uno de los aspectos más abrumadores fueron los trámites. Mi madre se enfrentó a esta tarea con fortaleza. Me contó que, mientras estaba lidiando con los trámites de la pensión se percató de que faltaban algunos documentos. Había revisado minuciosamente su cuarto, incluso el amplio y alto armario que tenían, pero los documentos no aparecían en ninguna parte. En un momento de angustia en voz alta, preguntó Freddy dónde los dejaste De manera sorprendente. Los papeles cayeron desde lo alto del armario justo frente a ella eran los mismos documentos que había estado buscando. Esta experiencia dejó en claro que de algún modo mi padre seguía presente en nuestras vidas a lo largo de los años. Derramé muchas lágrimas por él. Me di cuenta de cómo mi vida había cambiado drásticamente de la noche a la mañana. Aunque lloraba por él, estaba convencida de que finalmente había encontrado paz en su descanso eterno. Esa certeza me reconfortaba después de lo sucedido con mi padre. De alguna manera surgió en mí un sentido adicional que me permitía percibir anomalías en las auras de las personas. Durante mi adolescencia, alrededor del año dos mil doce, tenía un círculo cercano de amigas a las que valoraba profundamente, particularmente a dos de ellas, con quienes había compartido muchos momentos importantes en mi vida. Juntas teníamos planes emocionantes de mudarnos a la ciudad y comenzar una nueva vida allí. Pero el destino intervino de una manera trágica en la vida de una de mis amigas. Mientras estaba estudiando en casa, fui repentinamente invadida por una intensa opresión en el pecho, una sensación de malestar que mi madre afirmó que era una especie de presentimiento. Era una experiencia abrumadora que no podía ignorar. Sentí la urgencia de hablar con alguien y desahogar lo que estaba sintiendo, así que decidí llamar por teléfono a mi otra amiga. Al escuchar su voz entrecortada por el llanto, supe de inmediato que algo andaba mal. Fue entonces cuando ella me dijo que nuestra amiga había fallecido recientemente. El impacto del auto en el que viajaba había sido muy fuerte y no hubo forma de intervenir para salvarla. Aunque todavía vivíamos en el pueblo. Prácticamente toda la comunidad acudió a su funeral. Lamentablemente, yo no pude quedarme mucho tiempo. De hecho, cuando llegué me resistí a verla en el féretro, ya que tenía el temor que esa imagen quedara grabada en mi mente en lugar de la imagen de mi amiga. Llena de alegría y vida. Sentí uno profunda pena por no haberme quedado más tiempo, pero de alguna manera tenía la creencia que tendría la oportunidad de verla en algún momento. Una semana después, cuando regresé a casa, muy tarde de la ciudad, me encontraba caminando por el sendero del parque donde solíamos reunirnos para platicar la atmósfera. Estaba tranquila y todo parecía solitario. En ese momento noté la presencia de una figura parada allí como si estuviera esperándome. Al principio pensé que podría ser mi madre o mi hermano, pero a medida que me acercaba me quedé paralizada al ver que era mi amiga, la misma que había fallecido. A pesar de la sorpresa, en lugar de sentir miedo, experimenté un alivio al verla sonreír me aproximé a ella con la intención de abrazarla, pero ella, sin decir una palabra y sin dejarte sonreír me dio a entender que no debía hacerlo. Aunque no intercambiamos palabra, sentí una profunda calma al verla, una sensación extraña me invadió como si no estuviera sola en ese momento, sino que mi papá también estuviera presente. Eso aumentó mi sensación de alivio, ya que tenía la certeza de que ambos estaban en un lugar en paz. Le pregunté con el corazón lleno de cariño si deseaba que la acompañara en su partida, y ella simplemente movió la cabeza en señal afirmativa. En ese momento comprendí que si seguía llorando por su partida, no podría encontrar la paz. A lo largo de los años que han transcurrido, desde entonces he tenido la bendición de encontrarme con otras personas que han dejado la vida terrenal. En esos momentos los he visto felices y radiantes, lo que me ha llenado de esperanza. Ahora entiendo que la muerte no es un adiós definitivo, sino un hasta luego. Creo en mi corazón que si un día me toca partir, podré reunirme con aquellos a quienes amé y abrazarlos una vez más. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo