Mi Novia Es Un Nahual Historias De Terror - REDE

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La novia Nahual me llamó iban. TenÃa tan solo diecinueve años de edad cuando tuve una experiencia horrible en aquel entonces. VivÃa en Comala, en el Estado de Colima y, para mi mala suerte, es uno de los municipios con más leyendas de brujas y nahuales. A pesar de ser un municipio mediano, la mayorÃa de la gente se conoce y no era difÃcil enterarse de lo que ocurrÃa a alguien cercano. Se habÃa corrido el rumor de que una mujer se aparecÃa en las noches a mitad de la calle, en la avenida principal y si tú te la topabas, no tenÃas que dejar de mirarle hasta que te dejara de ver ella o se desvaneciera ante tus ojos o de otro modo, un animal grotesco te perseguirÃa hasta alcanzarte. Eran rumores que eran cotidianos entre los vecinos y cada semana se contaba que un vecino familiar ya habÃa desaparecido. Yo en lo personal jamás lo creÃ, pero el dÃa en el que ya no volvà a ver a mi amigo Julio, todo cambió. Se podrÃa decir que mi historia comienza un poco antes de conocer a una mujer hermosa que me tenÃa cautivado. Creo que era una noche lluviosa de domingo. Nos encontrábamos cenando cuando alguien tocó a la puerta de forma insistente. Mi padre, al abrir se encontró toda empapada. A la madre de Julio la miré alterada y me di cuenta que estaba llorando. Aunque su rostro estaba mojado con la lluvia se le podÃan notar aún las lágrimas. Resbalando de su mejilla, le preguntó a mi padre si en casa se encontraba Julio o si lo habÃamos visto en algún lado. Ella nos comentó que en la noche del sábado Julio le habÃa pedido permiso para ir a un juego nocturno en los campos de fútbol con sus primos. El campo de fútbol se encontraba cruzando la carretera. No se encontraban lejos, pero si era necesario cruzar por la carretera para llegar directamente a ellos. Desde ese entonces no supo nada de él. Pensó que quizás se habÃa quedado con sus primos a dormir, como ya lo habÃa hecho antes, pero resulta que nunca llegó al campo de fútbol. Julio fue por mucho tiempo uno de mis mejores amigos. Incluso Ãbamos al mismo salón de clases en la primaria y secundaria. Me fue muy difÃcil hacerme a la idea de que se habÃa perdido o de que algo le hubiera pasado. Se convocaron a varios vecinos para salir en la búsqueda de julio. Incluso participaron más personas de otros municipios. Se contrató perifoneo para anunciar su búsqueda y se utilizaron perros para dar con su paradero, pero no se tuvo éxito. Desde ese dÃa, las cosas cambiaron. En nuestra colonia. Las leyendas se volvieron verdaderas, ya no se veÃa ningún niño jugar en la noche la. La gente andaba en grupos, pero jamás sola. Mis padres se volvieron algo sobre protectores con mi hermano pequeño y conmigo. A pesar de mi edad, mis padres me tenÃan muy vigilado a donde iba y cuándo regresarÃa. Incluso pensé que esto serÃa pasajero, pero duró más debido a que comenzaron a reportarse más desapariciones de otras personas en otras colonias muy cercanas a la nuestra. HabÃa dÃas en que daban las seis de la tarde parecÃa que era toque de queda. No se veÃa ni un alma por las calles. Una noche, un mes después de que Julio habÃa desaparecido, pasó algo frente a mi casa. Mi hermano pequeño y yo dormÃamos en la misma habitación en una litera. Yo dormÃa en la parte de arriba y mi hermano en la parte de abajo. Siempre me despertaba a mitad de la noche para ir al baño y aprovechaba para tomar un poco de agua. HacÃa mucho frÃo, asà que tomé mi cobija y me envolvà en ella para ir al baño. Mis ojos ya se habÃan acostumbrado a la oscuridad, asà que no tenÃa necesidad de encender ni una sola luz. SabÃa que si tomaba agua, perderÃa el sueño. QuerÃa seguir durmiendo, asà que por esa ocasión no fui a tomar agua. Cuando estuve a unos pasos de nuestra habitación. Escuché que mi hermano se quejaba de algo, asà que me apresuré a ver qué le pasaba. Mi respiración se contuvo cuando me di cuenta que en la parte debajo de mi cama se notaba una silueta de una mujer que le evitaba sobre mi hermano. No podÃa creer lo que miraba, incluso creà que aún estaba dormido. La mujer abrió la boca y al mismo tiempo mi hermano abrió la suya. Entonces la mujer aspiro profundo. Noté que mi hermano se arqueaba de dolor. Mi reacción inmediata fue gritarle y luego a mis padres. La mujer se me quedó bien. De pronto mi cuerpo se sintió pesado. No podÃa mantenerme de pie, asà que tuve que arrodillarme, pero alcancé a encender la luz y al hacerlo, la mujer salió por la ventana y voló como si fuera una sábana suelta en el aire. Cuando llegaron mis padres asustados por mis gritos, traté de explicarles lo mejor que pude, pero no me creyeron. Me pidieron que siguiera durmiendo y no espantar a mi hermano. Por último, me pidieron que cerráramos los ventanales. Mi hermano sÃ. ParecÃa creerme ya un poco más tranquila la situación. Me acerqué a la ventana para cerrarla. Entonces vi a una hermosa mujer justo a la mitad de la calle. ParecÃa estar muy atenta a nuestra casa. VestÃa de blanco y sus ojos brillaban. Me quedé atónito a su belleza, pero un jalón de mi hermano me despertó del trance. Cuando quise volver a mirarla, ya no estaba mi hermano me confesó que tuvo una pesadilla en la cual veÃa a todos los niños que habÃan desaparecido alrededor de su cama. Julio estaba entre ellos. Todos parecÃan tener el rostro lleno de lodo. Le pedÃan ayuda, pero por más que les preguntaba cómo podÃa él ayudarlos. Ninguno le contestaba. Ãl escuchó todo lo que le comenté a mis padres. No quise asustarlo, asà que le dije que todo habÃa sido mi imaginación. Le pedà que me hiciera espacio para acostarme con él. Apagué la luz y lo abracé para que se tranquilizara. En eso escuchamos un ruido proveniente de la ventana. Era un búho blanco, el cual picoteaba el vidrio. Ambos lo vimos hasta que el ave desapareció y se fue volando. Le volvà a repetir de que no tenÃa de qué temer. Mi hermano se quedó dormido, pero yo me mantuve despierto hasta que amaneció a la mañana siguiente. Todo pararé decÃa de lo más normal, como si nada hubiera pasado. Mi hermano no se veÃa afectado en lo más mÃnimo. En cambio, yo no dejaba de recordar todo lo que nos habÃa ocurrido esa tarde. Poco antes de las seis, estaba jugando fútbol con mis amigos en los campos. HabÃa algo de gente alrededor del campo observando cómo jugábamos. Cuando de pronto entre la multitud, noté a la misma chica que habÃa visto la noche anterior. Aún vestÃa de blanco y estaba exclusivamente observándome. HabÃa algo en ella que me atraÃa demasiado. Me llamaba mucho la atención y noté que era mutuo. En cuanto terminó el partido, ella se acercó a mà y se presentó con el nombre de Fabiola era más hermosa de cerca de lo que recordaba. Era más hermosa de cerca. Sus ojos eran tan grandes que me recordaron al búho sus labios los tenÃa pintados de un rojo intenso, n n n n ons ca, bellolacio y negro. Platicamos un buen rato. Incluso me pidió que la acompañara a casa, pues tenÃa miedo de que algo le pasara. Le pedà a uno de mis primos, que estaba también jugando con nosotros, que me hiciera el favor de decirle a mis padres que me quedarÃa a dormir con él. Una oportunidad asà no se me presentarÃa en años. Al llegar a la casa de Fabiola, me invitó a pasar a tomar algo allÃ. Me di cuenta que ella vivÃa sola. Tampoco tenÃa muebles dentro de la casa, sólo lo necesario para ella. Me comentó que estarÃa unos meses en comala y pronto se regresarÃa a su pueblo natal. Sólo tenÃa que arreglar unos asuntos. Seguimos platicando por varios minutos. Cuando me di cuenta que ella tenÃa mucho sueño, me pidió que le llevara a su habitación y que me quedara con ella hasta que se durmiera. Era la primera vez que me pasaba algo asà o o no te rÃa idea de qué hacer o cómo comportarme, asà que sólo le dije que sÃ. Al llegar a su habitación. Me dijo que podÃa dormir a su lado si yo querÃa, pero me advirtió antes de una cosa. Me pidió que no tuviera miedo debido a que ella tenÃa terrores nocturnos y si le llegaba a pasar, que sólo dejara que se pasara el momento y la ayudara a acostarse nuevamente. Yo nunca habÃa escuchado nada de ellos. Ella se quedó dormida. Fácilmente no sabÃa si ella querÃa que yo hiciera algo. Solo la observaba dormir y me parecÃa cada vez más hermosa, pero me relajé tanto que me quedé dormido. Desperté de pronto sentà que mi cuerpo se sacudió. Miré el reloj que tenÃa en mi brazo y me di cuenta que ya era medianoche, mi hora de siempre para ir a tomar agua e ir al baño. Miré hacia el techo y me asusté al ver algo que no reconocÃ. Miré hacia el techo y me asusté al ver que no lo reconocÃa. Entonces recordé que no habÃa dormido en mi casa. Miré hacia dónde estaba acostada Fabiola, pero ella ya no estaba allÃ. Me senté al borde de la cama y la vi también a ella sentada. Me estaba observando no parpadeaba. Le pregunté si estaba bien, pero no me contestó. Entonces, después de un momento me dijo te vas a morir, te, voy a comer te, voy a matar. Yo me desconcerté totalmente. Entonces recordé los terrores nocturnos que me mencionó y le pedà que se volviera a acostar. Entonces intentó morder mi mano, que, por suerte, la quité a tiempo. Ella se subió a la cama y se puso como si fuera un animal, en cuatro patas. Le pedà que se tranquilizara, pero de su boca salió un rugido igual al de una pantera. Corrà rápidamente hacia fuera de la habitación. Miré hacia donde ella estaba, pero no la vi de pronto detrás de su puerta una enorme figura de un animal de color negro me estaba observando. Me gruñÃa como si estuviera invadiendo su territorio. Salà rápidamente de la casa y pedà auxilio a gritos. Miré hacia atrás y lo que parecÃa hacer. Un puma negro ya me estaba persiguiendo corrà tan deprisa como pude sin dejar de gritar. Noté que varias casas encendieron sus luces, pero yo las pasé de largo. Tuve la sensación de que en cualquier momento ese animal me alcanzarÃa y cuando lo sentÃa unos centÃmetros de mà y el corazón ya no me daba para más, escuché un estruendo caà al suelo exhausto. Miré hacia atrás y me di cuenta que el puma se tambaleaba de un lado a otro hasta dejarse caer al piso. Su cuerpo comenzó a convulsionar hasta convertirse en fabiola, o por lo menos eso era lo que parecÃa, pues en su rostro se notaba una especie de pico. Noté cómo su mirada se desvanecÃa hasta que sus pupilas se dilataron por completo. Miré alrededor para ver quién me habÃa salvado y me di cuenta que era mi padre sosteniendo una escopeta. Junto a él estaban algunos vecinos, la madre de Julio, mi primo y mi hermano pequeño. Yo les agradecà tanto que me hubieran salvado. Le pregunté a mi padre cómo supo que yo estarÃa ahÃ. Mi padre me contestó que hace unas horas mi hermano habÃa tenido una pesadilla en la que yo estaba enterrado en el patio de una casa. Mi hermano reconoció la calle y le dijo a mi padre tuvieron un mal presentimiento de la situación, asà que fueron a buscarme a casa de mi primo y allà se dieron cuenta que yo no estaba. No hubo de otra más que decirles hacia donde habÃa ido. Uno de mis vecinos se acercó al cuerpo de Fabiola y al ver que no se movÃa de sitio dejarla allÃ, Pero en cuanto se dio la vuelta, Fabiola se levantó por sà sola y se fue rápidamente de nuestra vista, perdiéndose en la oscuridad. Esa fue la última vez que la vi en toda mi vida. La casa de Fabiola se inspeccionó de pies a cabeza. Desafortunadamente, se encontraron las tumbas de varias personas, una al lado de la otra se abrieron todas y entre ellas se encontraba la de Julio. Se celebró una misa a su nombre. Tras esa noche de terror, la tranquilidad regresó a comala. La desaparición de Fabiola dejó de ser un problema para la comunidad y las leyendas y misterios quedaron en el pasado. La vida volvió a la normalidad y poco a poco, los niños volvieron a jugar en las calles. La experiencia que vivÃa me dejó marcado para siempre. Además, la desaparición de Julio dejó una huella profunda en nuestros corazones. Aunque su cuerpo fue encontrado y se le dio el último adiós con una emotiva misa, su recuerdo siempre permanecerá en nuestra memoria. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








