Mi Madre Fue Una Bruja Malvada Historias De Terror - REDE

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Las brujas han existido desde tiempos antiguos. Anteriormente se les quemaba y se les trataba con desprecio porque eran seres que tenÃan un pacto con el demonio, que eran capaces de transformarse en animales, en bolas de fuego y volar en sus escobas por el cielo. Creo que el tiempo no ha logrado que desaparezcan, sólo que ahora es más difÃcil identificarlas. Hay que estar atentos para darse cuenta cuando tenemos una bruja en nuestro camino. En lo personal, creo que hay dos tipos de brujas las que pueden ayudar con su conocimiento de naturaleza. Ellas son nombradas como brujas blancas y las otras las más peligrosas, que, con su magia negra y con la ayuda del demonio, logran conseguir lo que quieren. Cuando se cuentan historias de ellas, se cree que sólo son leyendas, pero hay pruebas de que las brujas aún existen y continúan siendo poderosas. Los secretos de una bruja. Acatc es un pueblo de la región alto sur de Jalisco. Se le conoce como el lugar entre cañadas o tierra de brujos. Existe la creencia, sobre todo la de origen prehispánico, que se puede curar con hierbas, el mal de ojo o de espanto, y que casi todas las enfermedades tienen un origen espiritual. En este poblado es de lo más común referirse a alguien que es nativo de este lugar como brujo o bruja. Por eso, en la entrada del pueblo hay un letrero que dice cruce de escobas, o las personas que se dedican a la producción y venta de escobas tienen otra frase. De dÃa barren y de noche vuelan. Se toma con diversión. El hecho de ser considerados brujos. Hasta ahà todo estaba muy bien, pero vivir de cerca con una bruja era algo completamente distinto a la historia de la persona que les voy a contar. Me llevo tiempo poder aceptar y tener la confianza de decirlo, porque la bruja era mi madre. Prefiero no decirles su nombre verdadero, porque si investigan un poco, podrán saber a quién me refiero, por lo que la llamaré rosa. Mi madre y yo no somos originarias de este pueblo. Antes de venirnos a vivir a este lugar, tenÃamos como residencia el pueblo de toto Tlán, pero tuvimos que salir de ese lugar por ciertas prácticas inapropiadas que mi madre realizó. Cuando llegamos a acatc Mi madre comenzó una relación sentimental con el comandante de policÃa del pueblo en un inicio que llegamos al pueblo. Mi madre comenzó a ofrecer sus servicios de curandera. Las personas fueron muy amables, pero no acudÃan con ella. ReferÃan a los curanderos que ya conocÃan hasta que una vez una muchacha llegó muy mal. Ya la habÃan llevado con Don José, uno de los curanderos del hogar, pero ella no mejoraba. Convulsionaba sin parar. Cada vez su cuerpo se debilitaba más. Mi madre le preparó medicina con hierbas. Ella tenÃa una forma distinta de trabajar. En vez de recetartes las hierbas, las metÃa en cápsulas transparentes que compraba previamente. TenÃa una báscula pequeña en la que medÃa los granos que cada cápsula llevarÃa esa vez que llevaron a la muchacha En ese estado. Creà que los conocimientos de mi madre sobre herbolaria serÃan insuficientes en cuanto la vi Me cuestioné por qué mejor no iban con esa chica un hospital. No supe qué tipo de tratamiento le dio mi madre, pero ella mejoró pudo salir de la crisis convulsiva. De repente, el ataque epiléptico querÃa regresar hasta que fue cediendo por completo. La madre de la chica y ella se tuvieron que quedar un rato en la casa porque ella habÃa quedado muy débil por tantas convulsiones. Mientras esperaban a que se recuperara, la madre de la muchacha nos platicó que el curandero más reconocido del pueblo era Don FermÃn. Ya se la habÃa llevado a él, pero no pudo sacarla adelante por desesperación. La llevó con mi madre. Jamás creyó que funcionarÃa. Ahora se daba cuenta que ella era la mejor curandera del pueblo. Después que las mujeres se marcharon, le pregunté a mi madre cómo le habÃa hecho para poder ayudar a esa chica. Ella se limitó a decirme que no sólo tenÃa el conocimiento de las hierbas, sino que también el poder para actuar contra las enfermedades. Ya no le pregunté más porque no me respondió lo que esperaba. A partir de ese dÃa se fue corriendo la voz que rosa era muy buena para curar. Además, ella también era partera, asà que mi madre tuvo mucho trabajo. Todo estaba muy bien, porque sus ingresos empezaron a aumentar significativamente. Lo único malo fue cuando empecé a ver niñas que iban solas a consulta. Por lo regular, cuando eran niñas o niños, sus padres eran quienes los llevaban. Aquella vez estaba una niña de trece años. Supe su edad porque escuché cuando mi madre le preguntó después ya no pude saber cuál era su problema. La niña salió de ahà con sus hierbas en la mano. A la semana regresó muy contenta. Asà siguieron yendo niñas a consulta. Lo que se me hacÃa extraño era que regresaban a la semana con una bolsa y se le entregaban a mi madre. Cada vez que intentaba preguntarle sobre su trabajo, se molestaba. Me decÃa que, como yo no querÃa aprender el oficio no me iba a dar explicaciones sobre todo lo que hacÃa. Por lo regular me mandaba a comprar parte de sus hierbas a otro pueblo más grande. Fui aprendiendo para qué servÃa cada planta. Cuando se fue aproveché para buscar en la habitación que servÃa como consultorio. No tardé en encontrar varios frascos de cristal con unas bolas sanguinolentas en su interior. Supe de que se trataba porque en uno de ellos habÃa un pequeño feto casi completamente formado. Mi madre estaba practicando a bortos y les pedÃa a las niñas que le llevaran el producto que habÃan expulsado. Hasta ese momento, mi madre no habÃa tenido problemas con ninguna niña hasta que un dÃa llegó una madre muy alterada le dijo que ya sabÃa lo que estaba haciendo. Su hija estaba muy decaÃda, sin ganas de hacer nada. La llevó al médico y en la clÃnica le dijeron que la niña se sentÃa asà porque le habÃan practicado un aborto. Le dijo que la iba a denunciar desde atrás de la cortina. Me daba cuenta de todo. Mi madre le pidió que no lo hiciera por su propia tranquilidad. La la la señora se enojó más y se fue muy enojada y gritándole muchas cosas a mi madre, enseguida que la mujer se marchó vi a mi mamá, que destapaba uno de los frascos que tenÃa y sacaba algo. Después puso todo en una cajita y salió despreocupada. La madre de aquella niña que habÃa ido a la casa. No dudó en ir a la ComisarÃa, pero como mi madre tenÃa una relación con el Comandante, no sucedió nada. A la señora le dijeron que iba a hacer las investigaciones pertinentes. Sin embargo, no lo hicieron, porque mi madre continuó con sus prácticas ilÃcitas. Sólo tuvo un poco de preocupación por varias semanas no practicó abortos. DÃas después que pasó el incidente con la señora iba al mercado a comprar más productos para mi madre. Empecé a escuchar a las señoras que doña Carmen habÃa fallecido de una manera muy rara. Ella era la mujer que le habÃa reclamado a mi madre por haberle practicado un aborto a su hija. La encontraron muerta en el piso. Se creÃa que durante la noche convulsionó y bronco aspiró o quizás le habÃa dado un paro cardiaco, pero la habÃan hallado con sus ropas rotas, con las manos abiertas completamente rasguñada. Cuando escuché eso, no me pareció que se tratara de una muerte natural, pero las autoridades del pueblo declararon que ella estaba enferma y que nunca se habÃa atendido de forma pertinente, por lo que nunca tomó medicina. Mi mamá continuó con sus prácticas de sanación, asà era como ella las llamaba, pero no solamente ayudaba a las personas a curarlos de sus enfermedades. También les hacÃa a las personas ciertos trabajos para conseguir empleo, para obtener más ganancias o para quitarles la mala suerte. Con mucha frecuencia mi madre me decÃa que me acercara a aprender entre las dos podÃamos ganar más dinero. Le decÃa que más adelante aprenderÃa. No querÃa hacerlo, porque no era algo que me interesara hacer, ni tampoco mi proyecto de vida en el pueblo. Comenzaron a decirle a mi mamá la bruja negra, porque para ella todo era posible. Cualquier problema que alguna persona tuviera. Ella era capaz de resolverlo. Hasta ese momento, todo me parecÃa bien, pero empecé a darme cuenta que mi madre también hacÃa trabajos de magia negra. En una ocasión escuché cuando una mujer le dijo que su marido la estaba engañando. Mi mamá le presentó varias opciones. Entre ellas era quitarle la vida a la amante de su esposo. La señora estaba tan dolida y herida que le dijo a mi mamá que no querÃa que se muriera, pero sà que quedara lisiada, que ya no pudiera caminar para que su esposo no la volviera a buscar. No podÃa creer que mi madre fuese capaz de hacerle un daño a las personas. Hasta que un dÃa vi a muchas personas reunidas en la plaza del templo. Ellas iban a pedirle al señor Cura del Templo de San Juan Bautista que hiciera algo para que mi madre se fuera del pueblo, porque desde que ella habÃa llegado sólo habÃan ocurrido cosas feas. Me acerqué a cierta distancia para tratar de escuchar lo que hablaba? No querÃa que me vieran, porque todos los pobladores ya me identificaban como la hija de la bruja negra. El padre trató de calmar a las personas. Les dijo que irÃa a hablar con mi madre y que buscarÃa la manera de que ella dejar esas prácticas oscuras. La gente se retiró del templo con la esperanza de que todo cambiarÃa. El padre quedó de avisarles que se pudo resolver. El padre Rubén cumplió su promesa. Un viernes por la tarde llegó a la casa. Yo estaba limpiando la habitación que le servÃa a mi madre como consultorio. El padre me preguntó por mi mamá. Ella, en cuanto lo escuchó, salió a recibirlo. Ãl le habló sobre las prácticas que realizaba y que el pueblo estaba asustado. Mi mamá le permitió hablar al sacerdote. Después que terminó, ella sonrió sin responder nada. Le dijo que si era todo lo que le iba a decir, ya se podÃa marchar. El hombre Se fue inmediatamente a los pocos dÃas me di cuenta de que al padre lo habÃan cambiado de parroquia. Llegó a la iglesia a otro sacerdote de edad más avanzada. TenÃa sospecha de que mi madre habÃa sido la causante de todo, pero no tenÃa la manera de comprobarlo, aunque todo coincidÃa. Además, en las noches escuchaba cuando ella se levantaba después de la medianoche, oÃa que hacÃa rituales en su habitación. Una vez escuché que platicaba con alguien. Nunca oà la voz de otra persona, sólo la de ella que hablaba en voz baja. Casi estaba segura de que habÃa pactado con el demonio, porque no entendÃa de qué otra manera tenÃa tanto poder y protección no sólo del Comandante, sino también del demonio. En una ocasión me levanté a la hora en la que ella estaba despierta tratando de que no se diera cuenta de mi presencia. La seguà en el momento que salió al patio. De pronto vi que una gran nave voló y no vi a mi mamá. Le hablaba para saber si estaba ahÃ, pero nunca me respondió. Me fui a mi cuarto sin poder dormirme. Después de más de dos horas, de nuevo escuché ruidos en el patio. Salà con cuidado. Ella ya venÃa al interior de la casa. Me preguntó qué hacÃa levantada esas horas. Le respondà que tenÃa sed Sólo iba a la cocina por agua. Le pregunté de dónde venÃa. Ella se limitó a decirme que de ningún lado sabÃa que me ocultaba muchas cosas A partir de esa noche. Me di cuenta de que mi madre salÃa. Algunas noches sucedÃa lo mismo. Se salÃa al patio y después de un par de horas regresaba. Sin embargo, en una de las veces no llegó sola traÃa consigo a un bebé. Creo que le debió haber dado algo para que durmiera, porque el pequeño no hacÃa ningún ruido. Esa vez ya no tuve dudas. Me di cuenta de que ella salÃa por las noches a buscar a algún ser humano. Ya no pude más. Le dije que tenÃa que regresar a ese bebé. No podÃa hacerle daño. Me puse tan mal que ella no tuvo otra opción más que regresarlo. Me lo entregó y lo dejó en mis brazos. No sabÃa qué hacer con él, ni tampoco podÃa poner en evidencia a mi madre. Lo único que se me ocurrió fue llevarlo al atrio del templo. Ahà lo dejé debajo del techo que cubrÃa la entrada a la iglesia. Cuando llegué a mi casa, mi madre estaba furiosa. Me dijo que era la última vez que me metÃa en sus cosas a la siguiente ocasión en la que interfiriera me iba de su casa y que si querÃa podÃa hacerlo desde ese momento. Luego que escuché las palabras de mi madre, tuve miedo porque no tenÃa dónde ir ni siquiera un empleo que me pudiera ayudar con mi sustento. Le dije que no volverÃa a pasar. Ella sonrió y me acarició la cabeza. Me dijo que todo lo que hacÃa era para que yo estuviera bien, que no lo tomara mal. Esa era la única forma que tenÃa de conseguir la manutención para ambas, pero que eso se acabarÃa pronto. Estaba empezando un negocio que le dejarÃa dinero para ya no trabajar más. Sólo necesitaba que no me metiera en sus asuntos. Le prometà que asà lo harÃa y me fui a descansar. Al dÃa siguiente se hizo un gran alboroto en el pueblo por el niño que encontraron en el atrio del templo. El bebé era de una señora de otro poblado. Nunca se sospechó de mi madre. Sin embargo, ya no me sentÃa cómoda viviendo con ella, pero tampoco tenÃa la manera de irme de su casa. Empecé a buscar un trabajo en los locales comerciales del pueblo. Pronto obtuve un empleo. Cuando mi madre se enteró, se molestó conmigo. Me dijo que no era necesario invertirle tanto tiempo en ese lugar por el salario miserable que me iban a pagar. Además, me dijo que le hacÃa falta en la casa, ya que yo era la que limpiaba y hacÃa todas las compras por ella me dijo que no podÃa poner a otra persona que le ayudara porque se iban a dar cuenta de cosas que no debÃan. No estaba de acuerdo en dejar el trabajo, porque lo que querÃa era irme de su casa. Sin embargo, tenÃa razón. Si alguna persona del pueblo se enteraba de quién realmente era rosa, ya no iba a ser tan fácil que se quitara de responsabilidades, por lo que dejé el trabajo y regresé a su casa con la consigna que necesitaba dinero y ella me iba a pagar. Los salitos de mi madre en la noche continuaron. No eran todos los dÃas lo hacÃa cada mes en que la luna estaba llena. Eran de tres a cinco dÃas. Cuando ella salÃa ya no volvió a regresar con ningún bebé, pero ella comenzó a tener un cliente del que sospechaba era narficante. Sólo lo vi en una ocasión. Ãl fue a buscarla a la casa y ven una camioneta doble, cabina negra. Cuando llegó preguntando por rosa, le dije que no estaba de una forma exigente. Me dijo que le hablara o que le hiciera lo necesario para que ella regresara, porque la iba a esperar y no pensaba estar por mucho tiempo. Le marqué a mi madre para decirle que la estaban esperando. Ella habÃa ido a atender un parto, no muy lejos. De ahà me dijo que casi terminaba. Pronto llegarÃa. Asà lo hizo. En pocos minutos estuvo en la casa. El hombre entró al consultorio de mi madre y, por más que intenté escuchar lo que platicaban, no lo pude hacer. El hombre se retiró viéndome de una manera que no me gustó. Ãl ya no volvió a regresar, pero mi madre era la que iba a su vivienda a reunirse con él, porque comenzó a ausentarse más veces. Incluso hubo dÃas que no llegó a dormir. Mientras limpiaba la casa, encontré una caja de madera grande. No la habÃa visto. Quise abrirla y no pude porque estaba cerrada con llave. Estuve buscando en los cajones la llave sin poder conseguirlo. Como no la encontré, forcé el candado y logré abrirla. En su interior habÃa tres frascos grandes con tres fetos, pero esta vez estaban completamente desarrollados. Eran unos bebés muy pequeños. Me di cuenta que mi madre no habÃa cambiado. SeguÃa con sus prácticas, aunque no sabÃa de qué manera habÃa logrado conseguirlos. De pronto escuché que ella regresaba. Ella no entró por la puerta de la entrada, sino por la puerta que da al patio en la parte trasera. Tuve un poco de temor que se diera cuenta que habÃa forzado el candado, pero como venÃa muy contenta, no se fijó. Me dijo que estuviera preparada por la noche porque Ãbamos a salir la HabÃan invitado a una fiesta muy importante que me arreglara para irnos juntas. Le dije que yo no estaba interesada en ir a ningún lado, pero ella me dijo que tenÃa que ir y me puso una mirada molesta. En la noche, un auto llegó por nosotras. Estuvimos en carretera por un poco más de una hora después, el auto se desvió por una brecha. Llegamos a una casa muy grande y bonita. Al frente de la casa estaban estacionados varios autos de modelos recientes. Cuando entramos la estaban esperando un grupo de hombres. Mi madre lo reunió. A todos les pidió que hicieran un cÃrculo. Ella empezó a hacer un ritual en el que puso varios sirios negros en cuatro puntos cardinales. Un hombre llegó con un becerro atado con una cuerda, lo puso en el centro de los sirios y mi madre lo degolló. Recogió toda la sangre y comenzó a hacer invocaciones. Aquel momento fue uno de los más reveladores porque vi un humo negro que empezó a formarse en el centro del cÃrculo. Después, ese humo se movÃa entre los presentes. Mientras unos reÃan a carcajadas, otros daban gracias. Hubo un instante en el que el ente vaporoso comenzó a formarse, quedando un ser humano oscuro. Mi madre sacó de una bolsa uno de los fetos que estaban completamente formados y se lo entregó a este ser Esta cosa lo tragó por completo. Ya no pude ver más. Me retiré del grupo de personas. De repente sentà que alguien me agarraba con fuerza del brazo. Me dijo que aún no era tiempo de que me retirara. Aún faltaba lo mejor. Asà me tuvo durante varios minutos. Le decÃa a ese hombre que me soltara porque me estaba lastimando. Le dije que no irÃa a ningún lugar, pero él no me hizo caso hasta que lo llamó aquel hombre que habÃa ido a la casa. Lo reconocà de inmediato por su voz tan ronca. El hombre me dijo que no me fuera a ir porque me buscarÃa hasta por debajo de las piedras. Con temor le dije que no. Ãl se fue a atender lo que su patrón le ordenaba. El ritual continuó con otro tipo de ofrendas. Desconozco si esa era una misa negra, pero por el tipo de elementos que mi madre presentó, parecÃa que sÃ. Se trataba de eso. En todo momento ella estaba haciendo alabanzas, se encontraba en trance. Después siguieron las peticiones en un balde de metal. Cada participante depositó un papel doblado a la mitad. Supongo que se trataba de lo que ellos querÃan que se cumpliera. En ese momento comencé a tomar conciencia de muchas cosas. Me pregunté por qué mi madre me habÃa llevado ahà si nunca me permitÃa que me involucrara en su trabajo. Comencé a tener temor de que ella me hubiese llevado para algún propósito de su ritual. Todos estaban en un estado de éxtasis, Se encontraban cantando y alabando al ser oscuro. Fue cuando aproveché para irme del lugar, aunque no sabÃa cómo iba a ser para regresar, porque la casa estaba metida en un lugar deshabitado. Aún asÃ, me salà con mucha precaución. En cuanto estuve afuera, comencé a correr. No llevaba mucho tiempo de haberme salido. Cuando comencé a escuchar que se hacÃa un alboroto, todos empezaron a gritar y encendieron sus autos. Supuse que me estaban buscando. No me fui hacia la carretera porque pensé que me encontrarÃan rápido. à al lado contrario del camino y me subà a un árbol. Pensaba quedarme ahà hasta que amaneciera. Hubo un momento en que un ave pasó muy cerca del lugar en el que me encontraba. No sé por qué. Pensé que se trataba de mi madre. Ella estuvo volando en cÃrculos hasta que me encontró, se posó en una rama y se me quedó viendo fijamente. Después voló y se marchó. No tuve la seguridad de saber si era mi madre. Convertà en nave, pero si acaso fue asÃ, ella me dejó libre. No permitió que me hicieran daño. Cuando amaneció y todo parecÃa en calma, me bajé del árbol, caminé por horas hasta llegar a la carretera. Ya no volvà a la casa de mi madre. Me fui a otro pueblo en el que actualmente estoy viviendo. Fue triste darme cuenta de que ella era una bruja que hacÃa pacto con el diablo. Incluso creo que ella sabe dónde me encuentro, porque he visto una qué ocasionalmente ronda en la casa de Huéspedes en la que vivo. Sin embargo, me ha dejado vivir en paz una bruja en la ciudad. Mi nombre es Mario. Entré a trabajar como taxista desde que era muy joven. TenÃa veinte años. Hice parte de mi vida este oficio. En los más de veinte años que estuve por toda la ciudad ofreciendo mi servicio, no me pasaron cosas extrañas. Sà me sucedieron aquellas situaciones de borrachos que se quedaban dormidos en el asiento, cosas personales olvidadas. Hubo una ocasión que se subió un sicbio, me hizo que lo llevara a hacer sus entregas a distintos lugares de la ciudad, pero todo estuvo sin complicaciones. Sin embargo, hace un poco más de un año me ocurrió un extraño suceso. Durante la mayor parte del tiempo trabajé en el turno de dÃa. A mi relito le gustaba más el turno de noche. Ãl decÃa que era cuando más dinero se podÃa ganar. Además, la ciudad estaba más fácil de transitar porque en el dÃa era caótico moverse entre las calles. Por la misma experiencia que tenÃa detrás del volante, sabÃa cuáles eran las colonias más peligrosas, asà que, en medida de lo posible, trataba de evitarlas. Mi relevo tuvo un accidente mientras andaba en bicicleta. Lo atropellaron. No fue grave, pero quedó imposibilitado de manejar. Fue necesario que mantuviera reposo porque se fracturó la pierna izquierda. TenÃa gran necesidad económica. Ãl decÃa que podÃa conducir asÃ. Quizás si el taxi hubiese sido de transmisión automática, podrÃa haberlo hecho, pero como era estándar, no le fue posible conducir, Asà que mi patrón me ofreció los dos turnos. Me dijo que me rebajarÃa la cuota diaria, de modo que acepté y empecé a conducir en distintos horarios. O un principio, cuando trabajaba de noche, me movÃa solo en las zonas que consideraba más seguras. Hubo una ocasión que transitaba por la calle de Chapultepec. En esa parte de la ciudad de Guadalajara era donde se encontraban muchos bares, cafés, restaurantes y lugares para bailar. Además, en el camellón del centro de la avenida habÃa un andador con eventos gratuitos, asà que era una zona muy concurrida por todo tipo de personas, principalmente los jóvenes. Era una madrugada de sábado cuando una mujer joven me pidió la parada. Eran casi las cuatro de la mañana. Se me hizo muy raro que anduviera sola por lo regular en esa avenida. Era común ver grupos de mujeres de hombres o parejas. Cuando ella me pidió que la llevara a la colonia Jalisco, le dije que lo sentÃa, pero ya terminaba mi turno, Ella se inclinó para meter la mitad de su cuerpo a través de la ventana del auto. Me pidió de favor que accediera a llevarla. Ya llevaba más de media hora esperando un taxi y ninguno la habÃa querido llevar. No me atrevà a negarme le dije que subiera ella. Ni siquiera me preguntó cuánto le iba a cobrar. En poco tiempo estuvimos en el lugar en el que ella me indicó, y eso que quedaba al otro lado de la ciudad hasta las periferias. La dejé en su casa. Ella me dio un poco más de dinero del que le cobré. De ahà me fui a descansar a mi casa. Al dÃa siguiente, cuando iba a iniciar mi horario, vi que en el asiento de atrás habÃa un monedero. En cuanto lo abrà y vi las credenciales. Se trataba de la misma chica que habÃa llevado a su casa. No traÃa mucho dinero. Lo que noté fue que eran credenciales importantes como la visa y el hine. La puse en la aguantera, pensando que en cuanto tuviera viaje para ese rumbo, se la dejarÃa en su casa. En cierto tiempo, no tuve viajes a esa colonia, asà que olvidé el monedero. Después de varios dÃas o n o Orgen me pidió que lo llevara a la colonia. Jalisco fue cuando me acordé que tenÃa el monedero de la chica. Después que dejé al cliente. Estaba muy pocas cuadras de la casa de la joven. Cuando encontré el domicilio, se me hizo muy extraño que la casa se veÃa vieja y descuidada. Daba la apariencia de que estaba abandonada. Aquella vez que llevé a la muchacha, no me fijé en qué condiciones estaba la vivienda. Además, estaba oscuro. Me estacioné y toqué por varias ocasiones, sin que nadie saliera una vecina se asomó para decirme que en esa casa no vivÃa nadie. Ya tenÃa mucho tiempo que estaba deshabitada. Le agradecà a la señora y me marché. Ya no volvà a intentar regresar. El bolso lo puse de nuevo en la aguantera y me olvidé de él. Unos dÃas después transitaba por la avenida Vallarda. Cuando una joven me pidió la parada, el lugar estaba muy poco iluminado. Cuando ella me dijo que la llevara a la colonia Jalisco, la volteé a ver era la misma muchacha. Ella me sonrió. Creo que también se acordó de mÃ. Me dijo que ya sabÃa dónde llevarla. Durante el trayecto a su casa le dije que habÃa olvidado su cartera. Ella me dijo que me buscó para poder recuperarla, pero nunca lo logró. Ya la daba por perdida. Se notó que le daba mucho gusto tenerla. De nuevo intentó darme una recompensa por haberla conservado. Le dije que no era necesario. Cuando llegamos a su casa, me sorprendà de ver que era la misma vivienda en la que habÃa tocado, Sólo que se veÃa distinta, al menos eso me parecÃa porque no tenÃa iluminación externa. Iban a ser las once de la noche. La chica me dijo que esperara un poco. TenÃa un obsequio en agradecimiento que le regresé su cartera. Ella salió con una caja y me la entregó. Me fui de lugar un tanto extrañado porque vi que ella entró a la casa y no se notó que estuviera deshabitada. Dejé la caja debajo del asiento y continué parte de la noche trabajando. Cuando llegué a mi casa se me olvidó el presente que me habÃa dado la muchacha. Al dÃa siguiente que me puse a lavar el auto por dentro y por fuera. Fue cuando vi de nuevo el regalo lo abrà y me encontré un medallón en su interior. TenÃa una cadena de eslabones grandes. El dije con una piedra de color negro. Se me hizo un regalo curioso. En realidad no sabÃa qué uso le iba a dar, porque no era algo que me gustarÃa Ponerme dejé la cadena, junto con el medallón al interior de la caja y lo metà a mi casa. Lo dejé olvidado. En mi habitación hace años estuve casado, tuve una hija de ese matrimonio, pero no funcionó. Mi esposa me pidió el divorcio. Después que me separé, me fui a rentar un departamento. Solo TenÃa poco tiempo que empezaba una relación con una mujer que habÃa conocido en una reunión de amigos. Apenas nos estábamos conociendo, pero en ocasiones ella iba a la casa y se quedaba durante un rato conmigo. En una de esas ocasiones en las que Andrea me visitaba, ella vio el medallón. Me preguntó de quién era. Le conté cómo lo habÃa obtenido. Le dije que si le gustaba, se lo regalaba a mà no me interesaba. Ella se puso contenta y de inmediato se lo puso. Me dijo que se notaba que el medallón era antiguo, porque era un tipo de joyerÃa que ya no se hacÃa. En realidad. Me importó muy poco si de verdad se trataba de una joya importante. A Andrea sà le habÃa gustado, asà que se lo llevó. Puesto a la semana que habÃa visto a Andrea recibió una llamada telefónica de un número desconocido. Cuando contesté una voz de mujer, me preguntó si yo era Mario. Le dije que sÃ. Le pregunté cómo me conocÃa. La mujer con voz entrecortada me dijo que ella era la madre de Andrea y que habÃa tenido un accidente. Ella habÃa chocado en su auto. El coche se incendió y ella murió calcinada. No podÃa creer lo que esa mujer me decÃa si apenas pocos dÃas Andrea habÃa estado conmigo. La señora me dijo que tenÃa en sus manos un medallón que querÃa regresarme. Su hija le habÃa dicho que ellos se lo habÃa dado y que ella no lo querÃa tener. No supe de qué manera la señora consiguió mi número, ni tampoco cuál era el interés de regresarme en medallón. A mà no me interesaba, por lo que no fui por él. Dos dÃas después, la madre de Andrea me volvió a llamar. Me dijo que, por favor, fuera a recoger el medallón. Ella se encontraba en un estado de desesperación. En cuanto tuve un pasaje cerca de la dirección de la madre de Andrea fui a recoger el medallón. Yo le habÃa dicho que se quedara con él o que incluso lo tirara si no lo querÃa, pero ella se obstinó en regresarlo. Asà que preferà darle tranquilidad a esa mujer que estaba sufriendo mucho. Cuando llegué a la casa de la madre de Andrea, me abrió una mujer de edad avanzada en su rostro. Se le notaba el sufrimiento. Me dio el medallón en la misma caja antes de retirarme. Ella me dijo que tuviera mucho cuidado porque ese medallón habÃa sido el causante de la muerte de su hija. No entendà por qué. La mujer me dijo eso Era sólo un artÃculo antiguo que no sabÃa si tenÃa valor. Le di el pésame a la señora y me retiré del lugar. Cuando llegué a mi casa, dejé la caja por ahà y me dispuse a descansar. Me quedé dormido muy rápido. Tuve un sueño que no me permitió descansar por completo. Vi a una mujer que entraba en mi habitación, se acostaba en mi cama. Me decÃa que por fin estábamos juntos hasta la eternidad. Desperté asustado porque ese sentà muy real. El sueño. Cuando estuve más tranquilo, me puse a ver televisión poco a poco me fui relajando y quedándome dormido. De nuevo, de repente vi que alguien pasó por afuera de mi habitación. Estuve atento por unos minutos, pero era real. De nuevo vi a alguien vestido completamente de negro. Lo único que se me ocurrió fue cerrar la puerta de mi cuarto, pero no fue suficiente. Al poco tiempo comenzaron a tocar la puerta. No era posible. Yo no vivÃa con nadie más en ese departamento. La única persona que me visitaba era Andrea y ya no estaba mis pensamientos. Se vieron interrumpidos por más golpes. De pronto la puerta se abrió de golpe. Esperaba haber a alguien parado en el umbral. Sin embargo, no habÃa nadie. Reinó el silencio en la vivienda. Los ruidos cesaron y ya no habÃa nadie que estuviera dentro del departamento. No era una persona que creyera en cosas sobrenaturales ni en una vida después de la muerte, pero luego de los acontecimientos vividos, creà que podrÃa tratarse de Andrea, ya que su muerte estaba muy reciente, aunque no tenÃa motivos para hacerlo. El tiempo que mantuvimos una relación fue de manera madura y respetuosa, pero no encontraba otra explicación a lo sucedido. Creà que quizás serÃa por única vez como forma de despedida por parte de ella. Los dÃas siguientes todo estuvo tranquilo dentro de mi departamento. Continué con mi vida, con el dolor de ya no tener a mi pareja. Esa noche fue muy mala. Estuve por diversas zonas sin encontrar pasaje. Ya me iba de regreso a mi casa cuando una joven me pidió la parada. Era ella la chica de la colonia Jalisco. Ya habÃa adquirido un poco de tranquilidad respecto a ese lugar, por lo que ella no le decÃa que no. Durante el trayecto, la joven se mostró muy amable y platicadora. Era la primera vez que lo hacÃa. Pensé que serÃa porque habÃa un poco más de confianza. Le pregunté de dónde venÃa ella. Me respondió que de la casa de una de sus tÃas que vivÃan muy cerca del panteón de Belén. Cuando llegamos a su casa, ella me invitó a pasar. Le dije que ella era muy tarde para hacerlo. Quizás sus padres podrÃan molestarse. La chica me dijo que tenÃa tiempo viviendo sola. Esa era la casa de sus papás, pero ellos habÃan muerto. Entramos a la vivienda, todos sus muebles y los adornos parecÃan antiguos. No se me hizo raro, porque esa casa perteneció a sus padres. Quizás la muchacha de nombre Flor decidió dejar las cosas tal y como la tenÃan ellos. Después de platicar un rato más, me quedé a dormir con ella. Estuvimos juntos toda la noche por la mañana. Cuando desperté ella ya no estaba la esperé durante un rato, pero no regresó. Me fui sin poder avisarle. Cuando salà de la casa, me llamó la atención verla tan descuidada. No me habÃa dado esa impresión por la noche, pero no le tomé importancia ese dÃa. Ya no supe de ella. Me di cuenta que no le habÃa pedido su número de teléfono. Pasaron varios dÃas sin saber de Flor. Me empecé a sentir desesperado. No entendÃa por qué no me buscaba si la habÃamos pasado muy bien. Tuve un viaje cerca de su casa y fui a buscarla toqué varias veces en su puerta sin que nadie saliera. No sabÃa por qué motivo tenÃa la necesidad de estar cerca de ella. En tan poco tiempo. Se habÃa vuelto indispensable. Cuando una joven me pedÃa la parada, tenÃa la esperanza de que fuera flor pero no pasaba asà hasta que un dÃa ella llegó a buscarme a mi casa. Tocaron la puerta con insistencia. Cuando abrà ahà estaba ella, me dio tanto gusto de verla que la abracé efusivamente. Ese dÃa se quedó a dormir en mi departamento. Le pregunté por qué se habÃa marchado de esa forma. La otra ocasión la estuve buscando sin encontrarla. Ella sólo se limitó a sonreÃr y me besó. Le pedà que no me volviera a hacer lo mismo me sentà muy desesperado. Al siguiente dÃa, cuando desperté Flor ya se habÃa ido, Me sentà decepcionado. Le dije que no lo hiciera y se marchó. De todas formas, Nuevamente estuve inquieto buscándola en su casa, esperando que cada mujer que veÃa fuera ella lo malo. Fue que mi relevo me dijo que ya estaba en condiciones de manejar mi doble turno. Se terminarÃa aparte que obtenÃa más ingresos, ya no iba a tener la oportunidad de ver a Flor por las noches porque su casa quedaba muy distante de la mÃa. Además, ella sólo se dejaba ver en esas horas. Le pedà a mi relevo que me permitiera trabajar un poco más tarde, hasta las doce de la noche y l y él o irÃa trabajar hasta las doce del mediodÃa, ya que a cada uno nos tocaba doce horas de uso del taxi de mala gana. Aceptó con la condición de que si no se adaptaba, nos quedábamos con el horario anterior. En los dÃas siguientes. No supe nada de flor hasta que un dÃa llegó por la noche se veÃa más bonita que en otras ocasiones. Ya no le reproché nada. Sólo estaba contento de que estuviera a mi lado. Esa vez la pasamos mejor que nunca. Le propuse que ella no se fuera, que se quedara a vivir conmigo. SabÃa que era muy aventurado porque no la conocÃa. Apenas sabÃa su nombre. Era la única información que ella me habÃa dado. QuerÃa que se quedara a mi lado para siempre. Le propuse que nos fuéramos unos dÃas al mar a pasar tres dÃas juntos. Ella me dijo que no podÃa su trabajo. No se lo permitÃa y respecto a irse a vivir a mi casa, me dijo que lo pensarÃa durante los siguientes dÃas. Flor se iba por las mañanas antes de que amaneciera y por la noche regresaba de nuevo. Ella me decÃa que era por su trabajo. No quise hacerle preguntas por miedo a que se fuera. Se habÃa convertido en parte de mi vida. Lo único malo era que cada dÃa me sentÃa muy cansado. Me costaba mucho trabajo levantarme a conducir. Hubo una ocasión que me quedé profundamente dormido hasta las doce del mediodÃa, aunque habÃa dormido más de doce horas. Estaba muy cansado. Además, casi no me daba hambre. Ese dÃa aproveché para ir al médico porque me sentÃa peor. El médico me revisó, me mandó a hacer exámenes de rutina para descartar alguna enfermedad. Cuando vio mis resultados, me dijo que no tenÃa nada. Sólo se trataba de agotamiento. Me recetó unas vitaminas y me fui a descansar otra vez. Creà que con el tratamiento iba a estar mejor, pero no fue asÃ. Comencé a trabajar el taxi unos dÃas y otros los descansaba. Era la primera vez que hacÃa. Eso no me importaba mucho porque Flor estaba conmigo todas las noches, asà que me sentÃa cansado, pero tranquilo. Una noche, ella no fue a dormir. La pasé muy mal, pensando que algo le hubiese sucedido o peor aún creà que podrÃa estar con otro hombre toda la noche. La pasé despierto y desesperado. Busqué en las pocas pertenencias que tenÃa en la casa y lo único que encontré fue otro medallón igual al mÃo. En ese momento busqué el que tenÃa, pero no recordaba dónde lo habÃa puesto. Pasé un rato moviendo todos los muebles, hurgando entre los sillones y los cajones hasta que lo encontré. Estaba tirado detrás de una mesita en la que tenÃa una lámpara en cuanto los comparé eran exactamente iguales. La única diferencia era que el mÃo tenÃa piedras de color negro y el de ella de coro rojo. En el momento que pitó el claxson mi relevo o salà para decirle que se podÃa llevar el auto. Ese dÃa tampoco lo iba a trabajar. Por primera vez, mi compañero se bajó a platicar conmigo. Me preguntó qué me estaba sucediendo. No sé en qué estado. Me vio porque me preguntó si ya habÃa ido al médico. Le respondà que sÃ. Le dije que pasara al departamento y le mostré las vitaminas que me habÃa recetado el doctor por andar buscando mi medallón. La casa estaba hecha un desastre. Mi compañero de nombre roque me dijo que me podÃa apoyar en lo que fuera, pero que tenÃa que ser sincero con él. Me preguntó si estaba consumiendo drogas. Le respondà que no, ni siquiera habÃa tomado alcohol. Ãl se metió hasta la cocina y en las dos habitaciones de mi vivienda como buscando algo, me dijo que habÃa visto a alguien que iba cruzando de una habitación a la otra. Le dije que me encontraba solo. En ese momento no sé qué me pasó. Me desmoroné y me puse a hablar como loco, contándole mi relación con Flor y de la muerte de Andrea. Sin decirme nada. Mi compañero se fue corriendo hacia una habitación. Le pregunté qué sucedÃa. Ãl me respondió que estaba completamente seguro de haber visto a una persona que se metió al cuarto. Salió de ahà sin encontrar a nadie. Me dijo que era la primera vez que entraba a mi departamento, pero que se sentÃa una sensación densa y pesada. Incluso le era difÃcil poder respirar bien. Roque me dijo que algo no estaba bien conmigo ni con mi departamento, que al dÃa siguiente me llamarÃa para buscar una solución a mi problema. Por lo pronto me dijo que se irÃa a descansar y que yo también tratara de hacer lo mismo. Ãl se marchó y yo me quedé en un estado de ansiedad muy fuerte. Tuve un episodio psicótico que me orilló arrancarme los cabellos y hacerme daño en mis brazos. Por la noche llegó Flor la abrace tan fuerte que le hice daño. Me dijo que le estaba lastimando. Le supliqué que no me hiciera lo mismo. Ella me dijo que ella no pasarÃa con su presencia. Me fui tranquilizando hasta que me sentà muy bien. Al dÃa siguiente llegó roque en la mañana me dijo que habÃa estado pensando en mà y era necesario que lo acompañara a un lugar. Le pregunté a dónde Ãbamos a ir, pero no me quiso decir. Sólo me dijo que me subiera al auto por atención. A él lo acompañé. Me llevó al mercado Corona en el centro, En el tercer piso del mercado, todos los locales venden hierbas, veladoras, santas muertes, leen el tarot Ese piso era esotérico roque se fue con un hombre anciano que estaba sentado en un banco. Me lo presentó. El hombre se llamaba Arcadio. Le dijo que yo era la persona de la que le habÃa hablado. Arcadio me revisó los ojos. Me preguntó qué me habÃa pasado en los brazos. Le respondà cómo me sentà la noche anterior. Sin decir más palabras, agarró diferentes hierbas frescas y las amarró. Me pidió que me pase atrás de su local. Ahà parado, comenzó a pasarme las hierbas por todo el cuerpo. También me roció de un agua que olÃa muy bien. Hizo varios rituales. Cuando terminó, me dijo que me tenÃan embrujado alguien muy cercano. Me habÃa hecho un trabajo de magia negra. No podÃa creer lo que me decÃa. Le comenté que eso no podrÃa ser verdad, a lo que él me respondió que si no lo creÃa. Ese era mi problema. De todas maneras, el trabajo que me hicieron estaba surtiendo, efecto, y la prueba era que me encontraba en mal estado. Me preguntó si alguien me habÃa regalado algo sin ningún motivo. En ese momento recordé el medallón. Le respondà que sÃ. Cuando le dije lo que era, me dio una hoja y un lápiz para que tratara de dibujarlo. Después que lo hice arcadio, me dijo que eso era un nudo celta. Su significado era un cÃrculo de vida infinita con reencarnaciones infinitas. En otras paladas, me dijo que la mujer con la que vivÃa era una bruja antigua que le robaba poco a poco la vida a un hombre para poder continuar con vida y joven. Me comentó que lo más probable era que a ella sólo la veÃa por las noches. Eso sucedÃa porque ya no le quedaban muchos de sus poderes en el dÃa. Seguramente descansaba para recuperar fuerza. Ãl me dio el fetiche con el que me podrÃa proteger de ella, pero también me dijo que tuviera mucho cuidado, porque si esa bruja se daba cuenta de lo que estaba haciendo, podÃa terminar en ese instante con mi vida. Me dijo que por la noche no comiera ni tomara nada de lo que ella. Me diera que fingiera hacerlo porque me dormÃa para poder robarme mi espÃritu y después robarÃa mi alma. También me dio una botella de bruja. Me dijo que la llenara de orines y después le pusiera alfileres, doblados y clavos junto con unos cabellos de flor Después que tuviera todos los elementos dentro de la botella, me pidió que le enterrara en la tierra de forma vertical de preferencia acerca de la entrada a mi casa si por algo no se podÃa que lo hiciera con una maceta grande y la pusiera junto a la puerta. Esa noche estaba preparado para todo lo que Arcadio me habÃa dicho. Ella llegó a la casa. Desde el momento en que entró noté que se agarraba la cabeza con sus manos. Le pregunté qué le pasaba. Me dijo que sólo le dolÃa un poco. HabÃa tenido un dÃa muy pesado. Con el brebaje que me dio Arcadio empecé a darme cuenta de muchas cosas que antes no las percibÃa. Flor preparó la cena, me dio una bebida para tomar y una papilla que preparó en pocos minutos. No comà nada en un descuido. Cuando fue a la cocina, eché todo en un bote que tenÃa debajo de la mesa. Cuando nos fuimos a dormir, Flor me preguntó si ya me habÃa dormido. No le respondÃ, pero estaba despierto. Flor se confió y comenzó a desvestirse, se sentó sobre mi cuerpo, me abrió la boca mientras aspiraba con la suya. Después puso sobre mi vientre diversos artÃculos de metal. No supe de qué se trataba, pero ella comenzó a decir unas palabras extrañas mientras se sentaba sobre mis piernas y se orinaba encima de ellas. Más tarde se salió por un rato y regresó, pero estaba tambaleándose como si viniera borracha. Se acostó un lado mÃo y se quedó dormida. Cuando ella se durmió, me incorporé. No concebÃa todo lo que me habÃa hecho. Arcadio me dijo que si todo salÃa bien, ella se iba a debilitar y no iba a poder marcharse al dÃa siguiente y ahà conocerÃa la verdadera bruja. Después de que se quedó dormida, la amarré a la cama para que no fuera a desaparecer en el momento en que comenzó el alba y la luz del dÃa empezó a entrar por la ventana. Ella se convirtió en una mujer vieja. Cuando me vio empezó a gritar, abrió las cortinas para que entrara toda la luz del dÃa, Flor se convirtió en un polvo negro. No podÃa creerlo le dije a Rock lo que habÃa pasado. Ãl llegó a mi casa, juntó el polvo con la misma sábana y la fuimos a enterrar a un baldÃo junto con los collares por las dudas, roque me recomendó que cambiara de departamento. Asà lo hice. Después de todo lo que ocurrió comencé a recuperarme poco a poco y a hacer mi vida normal. Una vez que llevé a un pasajero a aquella colonia, pasé por la casa de flor Era verdad lo que un dÃa me dijo una vecina. Era una casa vieja y deshabitada. Cuando una bruja está más cerca de lo que imaginas. Soy originaria del pueblo de Huichapan Hidalgo. Es considerado como uno de los pueblos mágicos de México. No sólo ese es su atractivo. También es muy conocido porque se cree que es un lugar en el que han vivido brujas. TodavÃa existe la creencia de que hay brujas entre la población. Tengo cuarenta y cinco años. La historia que les voy a contar sucedió cuando tenÃa diez años. Mi nombre es Ana. Fuimos una familia de cinco integrantes, mis padres y tres hermanas. Me quedé con las ganas de saber lo que era tener un hermano Varón. Mis padres quisieron tener más hijos, pero a mi madre ya no le fue posible. Cuando se embarazaba, tenÃa abortos espontáneos. Lo intentó en tres ocasiones porque ella también querÃa tener un niño, hasta que el médico del pueblo le dijo que ella no lo intentara más o al menos se esperara por un tiempo, porque su cuerpo estaba muy deteriorado y podÃa adquirir una enfermedad. Ese fue el motivo por el que mi madre ya no volvió a embarazarse en n n en ol el pueblo existÃa un rumor de que si alguna mujer tenÃa abortos espontáneos, era porque alguna bruja se enteraba de que esa persona estaba embarazada y de alguna manera lograba sacar del vientre a ese nuevo ser para quedarse con su alma. Por eso mi mamá tampoco quiso embarazarse más. En aquella época era común que las familias fueran numerosas. En el caso de mis padres, los dos tuvieron muchos hermanos. Por eso nuestra familia extensiva era muy agradable. Cuando se hacÃan reuniones por algún festejo, no era necesario invitar a más personas que la propia familia. En aquellas reuniones que se hacÃan se hablaban mucho sobre las brujas que habÃa en el pueblo. Escuchaba que decÃan que habÃa que tener cuidado de ellas, sobre todo si alguna mujer estaba embarazada o daba a luz a un bebé y si no estaba bautizado. Era preciso hacerlo inmediatamente, porque las brujas tenÃan preferencia por los bebés que aún no habÃan sido consagrados a Dios. También huÃa con frecuencia sobre la sal de grano que habÃa que poner en la azotea y en las entradas de las puertas, porque de esa manera las brujas no podÃan entrar a la casa. Ese tipo de pláticas. Eran de lo más normal escuchar entre mi familia. Por eso, por la noche, después de las nueve, mi mamá ya no nos dejaba salir a la calle, ni siquiera al patio a jugar, porque decÃa que a partir de esa hora las brujas salÃan a buscar a los niños. Mi mamá nos daba permiso de salir durante todo el dÃa. No necesitábamos salir acompañadas de un adulto, pero en la noche nos acostumbramos a quedarnos dentro de casa sin decir nada. En una ocasión que fuimos a visitar a nuestros abuelos, mi abuelo comenzó a contarnos la leyenda de una de las brujas más poderosas de Huichapan. Nos dijo que ella habitaba en el cerro de Quatepetl y que todavÃa salÃa por las noches a buscar hombres y niños para chupar su sangre. El cerro se encontraba a media hora del pueblo y era posible verlos Desde ahÃ. Cuando estábamos de vacaciones, les decÃamos a mis padres que nos llevaran de dÃa de campo al cerro, pero ellos decÃan que jamás lo harÃan, porque ahà habÃa dos cuevas en las que habitaban las brujas y no querÃan ponernos en peligro. Mi abuelo comenzó a contarnos que esa bruja era una de las más poderosas de la región. Por ese motivo seguÃa viva. HabÃa logrado sobrevivir a través el tiempo. Otras brujas que existieron en el pueblo fueron atrapadas y quemadas algunas dejaban sus piernas y alguien llegó a encontrarlas. Les escondÃan las piernas. Asà fue como las lograron atrapar y deshacerse de ellas. Mientras mi abuelo nos contaba esas historias de brujas, llegó mi madre se enocó con él y le dijo que no tenÃa por qué atemorizarnos. Nos dijo que ya era hora de irnos. No supe el motivo por el que mi mamá se enojó. Si todo el tiempo ella también nos hablaba de las brujas De alguna manera nos metió mucho miedo a esos seres a tal grado que cuando era pequeña, llegué a creer en su existencia, porque siempre habÃa costalitos de sal en la casa. Mi mamá, antes de irse a dormir, regaba la sal por todas partes, sobre todo en las puertas debajo de nuestras camas. También ponÃa sal y dejaba un platito sobre nuestro buró. También ponÃa en las ventanas. Hubo un tiempo que uno de mis tÃos le decÃa la casa de sal porque en todos lados podÃamos encontrarla hasta en las plantas. La ponÃa. Mi mamá decÃa que para que ninguna bruja quisiera robarle sus plantas curativas. Por eso, durante nuestra infancia nos acostumbramos a escuchar de ellas. Con frecuencia me quedaba observando el cielo durante la noche sólo a través de la ventana a ver si tenÃa la suerte de ver una bruja volando. Pero nunca sucedió. En unas cuantas ocasiones alcancé a ver unos cÃrculos en el cielo que emitÃan luz en el pueblo. Unos decÃan que eran avistamientos de omnias que iban a visitar a la bruja mayor o que les gustaba estar en las pirámides porque ellos habÃan ayudado a construirlas. Otros pobladores decÃan que eran las mismas brujas que se movÃan como bolas de fuego. Nunca tuve la certeza de que se trataba, porque lo vi en muy pocas ocasiones y no parecÃa ni una cosa ni la otra. Sólo eran luces, amarillas pequeñas que se veÃan en el cielo. Aunque nunca tuve la suerte de ver a una bruja. Tanto escuchaba a mis padres amigos y a la gente del pueblo a hablar de ellas que hasta les tenÃa miedo, porque decÃan que si una me atrapaba, ya no saldrÃa viva. Me quedarÃa como pelota desinflada, sin nada de sangre, asà que por las dudas mejor obedecÃa a mis padres. A mediados de año llegó mi tÃo Roberto o hermano de mi padre. Ãl se habÃa ido a vivir a otro Estado o buscando oportunidades de trabajo hasta lo que supe conoció a una muchacha del Estado de Oaxaca y se casó. Quizás no le estaba yendo muy bien, porque decidió regresar al pueblo. Muchos de los detalles de la historia que estoy platicando los tenÃa borrosos. Ya cuando crecà le pregunté a mi madre y ella me los contó. Cuando mi tÃo Roberto llegó junto con MarÃa, su esposa, ella aún tenÃa más de cerca su origen indÃgena porque hablaba a Musgo. Era una gran cocinera y sabÃa hacer artesanÃas muy bonitas. Mi tÃo habÃa juntado un poco de dinero y puso un negocio de artesanÃas entre mi tÃo Roberto y MarÃa las hacÃa. Después pusieron su puesto en la calle principal. Al principio no les iba muy bien, asà que ella comenzó a ofrecer sus servicios para limpiar casas, lavar y planchar. MarÃa pronto se dio a conocer en el pueblo era muy solicitada. Sobre todo Doña Rita empezó a pedirle que fuera con frecuencia a ayudarle a su casa. Ella era una mujer sola que no se habÃa casado ni tampoco tuvo hijos. Sus padres le heredaron una casa grande que estaba en las afueras del pueblo. Como ya era de edad avanzada. Era complicado para ella salir a hacer su mandado lavar y asear su casa. MarÃa iba dos o tres veces a la semana a ayudarle si era necesario. AcudÃa por más veces. Con el paso de los meses, tanto mi tÃo como MarÃa se adaptaron muy bien al pueblo. Ellos en un inicio llegaron a la casa de mis abuelos, pero después pudieron comprar un terreno y comenzaron a hacer su casa. Después de un tiempo, MarÃa quedó embarazada. Mi madre me contó que al principio ella se puso muy mal con vómito y casi no comÃa, por lo que dejó de trabajar en las casas. Doña Rita la siguió buscando. Se habÃa acostumbrado tanto a MarÃa que le pedÃa que fuera a hacerle compañÃa. Ella comenzó a darle unos remedios del pueblo que hicieron que MarÃa se sintiera mejor hasta que comenzó a hacer su vida normal de nuevo agradecida con Doña Rita la visitaba con más frecuencia. Entre ellas se hizo una gran amistad, mientras su vientre no se abultaba por el embarazo. Ella siguió haciendo las mismas actividades, pero mi madre me dijo que comenzó a notar la extraña como su casa quedaba muy cerca de la. Nuestra MarÃa se salÃa en la noche con una vela encendida, caminaba hacia las afueras del pueblo y después regresaba Mi madre. Pensó que era parte de sus costumbres. También comenzó a hacerse un poco más huraña con la familia. Empezó a visitarlo menos cuando le invitaban a alguna reunión familiar. No acudÃa o iba poco tiempo y enseguida. Se iba mi tÃo Roberto. Se quedaba do convivir con la familia mientras que ella se iba a su casa. Nadie se lo tomó a mal porque pensaban que era parte del proceso del embarazo. En una ocasión, mis tÃos y mis tÃas estaban reunidos en la casa de mis abuelos. Fui a la cocina porque tenÃa sed allà estaba MarÃa. Se encontraba de espaldas por lo que no me vio. Cuando entré ella platicaba en su lengua con alguien más. Lo hacÃa de manera muy bajita, como un susurro. Traté de no hacerle ruido para no interrumpirla, pero sin querer tiré un vaso. Ella de inmediato se volteó. Me asusté mucho porque tenÃa sus ojos muy abiertos y estaban raros. De pronto ella cambió y sonrió conmigo. Se portó muy amable, aunque la sentà muy extraña. Le pregunté con quién estaba platicando. Ella Me dijo que con nadie. Sólo le estaba rezando a Dios para que su bebé naciera sano. Era parte de sus costumbres a hacer oración en todo momento. Después nos salimos juntas y nos fuimos con los demás a seguir platicando. MarÃa me llevaba de la mano, me apretó muy fuerte. Traté de soltarme sin conseguirlo. Mi madre, que estaba atenta a lo que pasaba, se acercó con nosotras y preguntó si todo estaba bien. MarÃa de inmediato me soltó, se sonrió y se fue al lado de mi tÃo. Le dije a mi mamá que MarÃa estaba rara. Desde que entré a la cocina, la escuché platicando con alguien, pero no pude ver a nadie. Mi mamá me dijo que quizás todo fue un malentendido que no hiciera caso. Pero creo que mi madre también pensó que algo habÃa cambiado con MarÃa, porque ella, desde que llegó, fue una persona muy servicial y amable, siempre al pendiente de los demás y de mi tÃo. MarÃa cada vez iba más tiempo a ayudar a Doña Rita. Les dijo a todos que la señora se habÃa caÃdo y necesitaba más ayuda, por lo que la veÃamos muy poco. Sólo en ocasiones cuando llegaba de con ella la veÃamos pasar. Llamó mi atención aquella vez que estaba jugando en la calle con mis amigos. Aún era temprano, porque mi mamá no nos dejaba andar en la calle. Hasta tarde, MarÃa llegó corriendo. Ni siquiera nos vio. Iba como si alguien estuviera siguiéndola. Me asomé para ver quién más venÃa, pero no habÃa nadie. Ella se metió a la casa y dio un portazo. Creo que fue por el miedo que tenÃa, al menos eso me pareció. Después oà que gritaba. Fui junto con mis amigos para ver qué sucedÃa, pero ella no respondió enseguida. Fui con mi mamá y le conté lo que habÃa visto. Ella se quitó su mandil y se fue de inmediato a su casa. Le estuvo tocando la puerta sin que ella abriera. Sólo escuchamos otro grito y después el silencio. Como no tenÃamos llaves de la puerta. Mi mamá me mandó al puesto de mi tÃo para que le avisara. Ãl rápidamente cerró su negocio y se fue a su casa. Cuando mi tÃo entró, MarÃa estaba tirada en el piso. Me asomé y vi que ella estaba sangrando. Mi tÃo la subió a su auto y la llevó al hospital. MarÃa estuvo ahà por unos dÃas porque los médicos no sabÃan el motivo por el que ella no salÃa de su estado de inconsciencia. Mientras MarÃa estaba en el hospital, doña Rita fue a buscarla. Los que la vimos nos sorprendimos porque la señora caminaba muy bien con lentitud, pero no se le notaba que hubiese sufrido una caÃda. Mi mamá se acercó para preguntarle si estaba en condiciones de caminar. Doña Rita le dijo que nunca se habÃa caÃdo. Mi madre la puso al tanto de lo que habÃa sucedido a MarÃa. Doña Rita le dijo a mi tÃo Roberto que ella podÃa quedarse a Cuidarla n no tenÃa otro o tipo de ocupación. Además, MarÃa se habÃa convertido en su mejor amiga. Mi tÃo le dijo a Doña Rita que le agradecÃa mucho su intención de ayudar, pero no querÃa dejarla sola con MarÃa porque su estado de salud era muy delicado. Contrario a lo que pensaba mi tÃo, Doña Rita le dijo que eso no era verdad. Ella estaba mejor que nunca, sobre todo con los cuidados que le proporcionaba a MarÃa. Ahora la que necesitaba el apoyo era ella, por lo que Doña Rita estuvo dispuesta a dárselo. Mi tÃo estaba muy cansado y se fue a su casa por unas horas. Al poco tiempo que regresó al hospital, MarÃa estaba despierta como si nada lo hubiese ocurrido. Mi tÃo le preguntó qué habÃa pasado, por qué habÃa llegado tan asustada a la casa. MarÃa lo calmó y le dijo que todo estaba bien. El médico llegó para darla de alta. Dijo que ella no tenÃa nada, que sólo fue un reconocimiento de su cuerpo cuando sangró un poco y que el bebé estaba muy bien. Ese dÃa, MarÃa salió del hospital. Se le llevaron a su casa junto con Doña Rita, que estuvo el pendiente de ella. Escuché a mi madre decir que le sorprendÃa mucho ver a Doña Rita también porque MarÃa siempre decÃa que ella se encontraba muy delicada. Después de aquella vez que MarÃa se puso mal ya de por sà habÃa cambiado, se puso peor con mi tÃo, nunca llegaba a ningún acuerdo. Ellos peleaban de todo y por nada. A MarÃa ya no le interesaba el negocio, ya casi no se aparecÃa en el hogar. Las cosas se pusieron muy mal entre mi tÃo y ella, hasta que una noche el silencio se rompió por los gritos de mi tÃo se escucharon hasta nuestra casa. Mi mamá salió para ver qué sucedÃa. También los vecinos lo hicieron. MarÃa salió con una maleta. Le dijo a mi tÃo que ella no lo aguantaba. Se fue directo donde nos encontrábamos nosotros. Nos dijo que esperaba no volver a vernos porque a ese pueblo no regresaba. Mi mamá le dijo que no se marchara a esa hora era peligroso. Lo mejor era que se quedara con nosotros y al dÃa siguiente la llevarÃan a la terminal. Si lo que querÃa era regresarse a su pueblo, nadie la iba a detener, pero que lo hiciera hasta el dÃa siguiente, MarÃa dijo que ella no podÃa estar un rato más. Ahà tomó su maleta y se marchó para ese tiempo. Ya se le notaba el embarazo. Mi papá la llevó en su auto a la terminal. Nos dijo que sólo la dejó y se regresó el camión anzo chiscalahuaca salÃa en un par de horas. Ãl no se quedó con MarÃa porque ella se puso muy rara. Mi papá nos dijo que durante el trayecto a la central de autobuses, ella comenzó a rezar en la musgo. Nos dijo que tuvo un poco de temor porque pudo sentir la presencia de alguien que lo seguÃa. Mi mamá le dijo a mi tÃo que se fuera a nuestra casa porque él estaba muy mal. Le dolió mucho que MarÃa lo hubiese dejado, pero también balbuceaba palabras diciendo que era lo mejor porque ella ya no era la misma. Desde que supo que estaba embarazada, se transformó en otra persona, como si la verdadera MarÃa hubiese desaparecido y que alguien más estuviera en su cuerpo, porque ella era muy buena y muy dulce. La nueva MarÃa era malvada. Cuando mi madre escuchó que él decÃa eso, trató de convencerlo, diciéndole que muchas mujeres no la pasaban tan bien en el embarazo y que quizás ella era una de esas personas que le tuviera paciencia después que el bebé naciera la fuera a buscar, porque lo más seguro era que ella volverÃa a ser la misma. Sin embargo, mi tÃo le repitió a mi mamá que ella ya no era la misma, porque hasta la voz le habÃa cambiado. Le decÃa cosas que él jamás le habÃa contado situaciones de su infancia que ella desconocÃa, asà como otros secretos más. Ante esa declaración de mi tÃo, mi mamá ya no supo qué Responderle le ofreció el sofá y una cobija. Ãl se quedó a dormir en la sala de nuestra casa. Durante los siguientes dÃas se le veÃa muy mal a mi tÃo decaÃdo sin ánimos de vender en su local. Entre toda la familia lo apoyamos para que saliera adelante. Ãl no quiso ir a buscar a MarÃa a su pueblo porque decÃa que estarÃa igual mejor se iba a esperar a que naciera su hijo. Entonces irÃa a hablar con ella. Después de varias semanas, mi tÃo se fue sintiendo mejor. Con la ayuda de la familia, se fue incorporando a su vida cotidiana. Un dÃa él se acordó de Doña Rita. Dijo que irÃa a verla porque era una señora sola y ya MarÃa no estaba para ayudarla. Además, cuando MarÃa estuvo en el hospital, ella le habÃa ayudado mucho. Una tarde después de que mi tÃo cerró el local, fue a la casa de Doña Rita me preguntó si lo acompañaba. Sólo serÃa por unos minutos para ver cómo estaba la señora. A mÃ, lo que me gustaba era subirme en el auto, por lo que de inmediato le dije que sÃ. En pocos minutos llegamos a la casa de Doña Rita. Ya comenzaba a oscurecer. Le dije a mi tÃo que se acordara que a mi mamá no le gustaba nada que estuviera esas horas en la calle. Ãl me dijo que era distinto porque iba acompañado de un adulto y no habÃa problema. Mi tÃo tocó varias veces la puerta sin que nadie abriera. Ãl comenzó a preocuparse porque sabÃa que Doña Rita estaba sola. Se fue por la parte de atrás de la casa. Esa puerta sà estaba abierta. Me tomó de la mano y entramos juntos al interior de la casa. Todo estaba en completa oscuridad. Sólo una vela encendida estaba hasta el fondo. En ese momento alcancé a ver cómo si a alguien caminar en cuatro patas asustada. Le dije a mi tÃo que habÃa visto un animal junto a la vela. Ãl me dijo que habÃa escuchado que alguien estaba dentro de la casa. Le gritó a Doña Rita le dijo que entrarÃa para ver si se encontraba bien, pero nadie respondió. De nuevo vi cómo alguien se movÃa entre la oscuridad la escasa. Luz de la vela no permitÃa ver con claridad. Mi tÃo tuvo el acierto de que no saliéramos de la casa. Me dijo que me llevarÃa con mi mamá, me dejarÃa en mi casa y regresarÃa con mi padre. Asà lo hizo. Mi padre nos contó que cuando entraron a la casa de Doña Rita no podÃan concebir lo que estaban viendo dentro. Estaba MarÃa completamente bañada en sangre. El bebé ya habÃa nacido ella. En cuanto vio a mi tÃo se puso a llorar, le pidió que no la fuera a dejar. Ahà aún no terminaba de hablar cuando la jalaron hacia el interior de un cuarto, alguien le encerró con llave en esa habitación. Después salió doña rita caminando mejor que nunca. Se le notaba más rejuvenecida, sin su pelo cano ni su cuerpo acabado por los años. Ella riéndose de una manera macabra, le dijo a mi tÃo que él nunca tuvo un hijo. El bebé que estaba esperando MarÃa no era de él, porque el mismo diablo la habÃa preñado. Mi papá y mi tÃo no podÃan concebir lo que esta mujer les decÃa. Empezaron a creerle cuando vieron que ella comenzaba a decir unas palabras que no entendieron. Alrededor de ella se formó una nube negra que le fue dando forma de una cara horrible. Mi papá le decÃa a mi tÃo que se fueran de ese lugar, pero él no querÃa dejar a MarÃa. Le suplicó a mi padre que le ayudara a sacarla de ese lugar infernal. En ese momento se dieron cuenta que Doña Rita era una bruja. Ella comenzó a avanzar hacia ellos. Junto con esa nube negra. Mi papá sacó a mi tÃo jalones de ese lugar. Se fueron de inmediato al templo para pedirle al padre que los ayudara. El de inmediato accedió. Sólo les pidió unos minutos para llevar su estola, su acetre y agua bendita. Cuando llegaron a la casa, todo estaba en silencio. Entraron los tres con lámparas en mano, pero al interior de la casa ya no estaba Doña Rita. La casa quedó con un olor azufre y hecho un desastre. Buscó a MarÃa, la encontró en un charco de sangre, pero aún respiraba. La Sacaron de ese lugar y la llevaron al hospital, después que le intervinieron quirúrgicamente porque ella estaba golpeada y tenÃa su vientre casi destrozado. Ella pudo sobrevivir. El médico corroboró lo que suponÃan. Ella habÃa dado a luz, pero se lo habÃan arrebatado de sus entrañas. Por eso su vientre se encontraba en ese estado a Doña Rita no la volvieron a encontrar. Lo más seguro fue que se cambió de residencia. MarÃa se recuperó lentamente, pero salió adelante. Cuando mi tÃo le preguntó qué habÃa sucedido, ella respondió que no recordaba nada. Mi mamá dijo que lo más seguro fue que le hicieron un embrujo para que ella quisiera estar en esa casa hasta el momento en que el bebé naciera. Por desgracia, Doña Rita, junto con el demonio habÃan logrado quitarle su bebé a MarÃa con brujerÃa. Con el paso de los dÃas, MarÃa volvió a ser la misma mujer amable y simpática que habÃamos conocido, aunque triste por la pérdida de su hijo. Cada dÃa le rezaba un rosario por su alma. Mi madre nos dijo que jamás se imaginaron que Doña Rita fuera una bruja. SabÃan que era una mujer muy solitaria, pero nunca pensaron que estuviera del lado del mal. Pensaban que las brujas estaban en el cerro de Quatepec transformándose en animales, volando como bolas de fuego o en algún otro lugar. Lo que menos imaginaron era que se hacÃan pasar como cualquier persona del pueblo. Por eso era necesario cuidar más a los niños. La leyenda de la bruja de Gilotepec vive en ciudad de México. Mi nombre es Guadalupe. Mi esposo Sebastián y su familia son de un pueblo del Estado de México, de nombre Gilotepec. Está como a una hora de la ciudad. Por razones de trabajo, no habÃa ido a conocerlo mi esposo. En ocasiones iba a visitar a su familia. Me casé con Sebastián hace poco más de un año. Al poco tiempo de estar juntos. Quedé embarazada cuando conocà a Sebastián tenÃa un niño de cuatro años de mi pareja anterior. Me separé del padre de mi hijo porque era una persona sumamente agresiva. Me tuve que cambiar de residencia porque él continuaba buscándome y agrediéndome en todo momento. Incluso llegó a amenazarme. Fue por ese modo que tuve que ponerle una orden de restricción para mantenerlo. Lejos, principalmente de nuestro hijo, porque tenÃa miedo de que se lo llevara con engaños. Aunque también era su hijo. Nunca lo trató dignamente, le gritaba y lo insultaba. En varias ocasiones trató de golpearlo, pero no se lo permitÃ. Cuando me cambié de casa, me fui del otro lado de la ciudad para que no nos encontrara. Fue necesario que también cambiara de trabajo, porque el que tenÃa me quedaba muy lejos en ese lugar fue en el que conocà a Sebastián en un inicio. No querÃa estar en otra relación porque tenÃa temor de que me sucediera lo mismo. Sin embargo, pude hacerlo. Cuando recibimos la invitación para la boda de una de las hermanas de Sebastián, le dije que él fuera con su familia. PreferÃa quedarme a descansar, porque acababa de regresar de la incapacidad por maternidad y no me habÃa resultado sencillo regresar al mundo laboral con otro hijo más. Sebastián ni insistió. Me dijo que sólo serÃa el fin de semana. Me convenció y nos fuimos para principios de diciembre. Llegamos a Gilotepec, nombrado como pueblo encantado. El sábado por la mañana en la casa de los padres de Sebastián habÃa muchos invitados, quien también llegaron de distintos lugares. Una de sus hermanas le ofreció su casa para que permaneciéramos en ella, solo que estaba en las afueras del pueblo cerca del bosque. Me agradó la idea, porque mi bebé podrÃa descansar más como estaba muy cerca. El invierno. HabÃa una espesa niebla que cubrÃa la parte baja nos instalamos en la casa. Me quedé sola con mis hijos porque todos estaban ocupados con los preparativos. El cielo estaba nublado, asà que tuvieron que poner mámparas para que cubrieran a los invitados en caso de que lloviera no era temporada, pero en ocasiones solÃan caer lluvias invernales. Después que se marcharon, decidà salir a caminar un poco para conocer el lujo. Muy cerca de la casa. HabÃa una zona boscosa con muchos árboles. Llevé a mi bebé y a mi hijo. El lugar era muy bonito. Me fui a sentar en un tronco grande que estaba muy cerca de unos árboles frondosos. Me llamó la atención ver a una mujer joven que venÃa del fondo del bosque. Ella caminaba con un vestido ligero de color negro y calzaba unas sandalias. Me hizo un atuendo muy fresco para esa época, porque ella se sentÃa frÃo. La mujer me hizo un saludo con la mano, al mismo tiempo que me sonreÃa con amabilidad. Le respondÃa al saludo. Ella se encaminó hacia donde me encontraba. Me preguntó si no era de ese pueblo, porque no me habÃa visto. Se presentó con el nombre de Ãngela. Me dijo que su casa estaba muy cerca de ahÃ. Por eso salÃa todas las mañanas a caminar. Le comenté que me quedarÃa por dos dÃas en la casa de la hermana de mi esposo. Ella era inés, Ãngela sonrió me me me me di jo uer la prácticamente era mi vecina. VivÃa justo al frente de la casa. En ese momento mi bebé despertó y comenzó a llorar. Intenté amamantarlo, pero se negó a aceptar la leche. Era la primera vez que se ponÃa tan inquieto. Ãngela me dijo que ella intentarÃa calmarlo. Lo puse en sus brazos. Al poco tiempo se fue tranquilizando. Nos regresamos juntas a nuestras casas. Antes de que me despidiera de ella, me dijo que habÃa hecho un pan de elote y que le encantarÃa darnos un pedazo, ya que no tenÃa con quién compartirlo. Se me hizo muy cortés de su parte y lo acepté. La fiesta comenzó temprano. La misa fue a las dos de la tarde, asà que pudimos estar con la familia de Sebastián durante varias horas. Después de que la música estuvo tocando. Mi bebé comenzó a llorar mucho. Me acerqué con Sebastián para decirle que me llevara a la casa. El niño estaba muy cansado y querÃa dormir, pero no podÃa hacerlo. Por tanto, ruido estuvo de acuerdo en llevarnos. Cuando llegamos a la casa, le dije que no tenÃa ningún problema si él querÃa regresar a la fiesta. EntendÃa perfectamente que se trataba de su hermana y que la mayor parte de sus familiares estaban reunidos. Ãl me lo agradeció y se fue de regreso. Eran las siete de la tarde, Pero en esa época oscurecÃa temprano. En cuanto le di su alimento a mi Bebé, se quedó profundamente dormido. Lo acosté en el porta Bebé y lo dejé en la sala para poder estar viéndolo porque mi hijo mayor todavÃa tenÃa energÃa, asà que me puse a jugar con él con una pelota que encontramos en el patio. Estábamos jugando. Cuando salió Ãngelas de su casa, ella se incorporó a nuestro juego. Después de un rato, le invité a pasar y le ofrecà un café. Mientras lo preparaba, Ãngela se quedó en la sala observando a mi bebé. Cuando regresé de la cocina, ella seguÃa mirando atentamente a mi pequeño. Me dijo que siempre habÃa querido tener hijos, pero nunca pudo. Por ese motivo, su anterior pareja la habÃa dejado, pero ahora tenÃa un compañero. Me dio tristeza lo que me contó. Se veÃa tan vulnerable que tuve la confianza de contarle lo que me habÃa sucedido con mi ex Pasamos un rato agradable. Después de la charla, Ãngela se tomó el café y se despidió. Me dijo que tenÃa algo importante que hacer. Estaba eligiendo una pelÃcula para verla con mi hijo más grande. Cuando se fue la luz, quedamos en absoluta oscuridad. Mi hijo se puso a llorar porque él le tenÃa miedo a estar sin luz. En el pasado, su padre lo habÃa atemorizado dejando a la oscura sin su consentimiento. Lo abracé y le dije que se tranquilizara. LlamarÃa a Sebastián para que nos llevara alguna lámpara recargable y veladoras. Traté de comunicarme con él, pero no respondió. Lo hice en varias ocasiones, pero nada. Comencé a buscar en los cajones del gabinete alguna vela, pero no encontré nada. El Bebé seguÃa dormido mientras mi pequeño edgar me seguÃa a todas partes agarrado de mi falda. De repente llamaron a la puerta. Pensé que podrÃa ser Sebastián. Al ir a abrir me detuve porque recordé que Sebastián tenÃa llaves de la casa. Sin motivo alguno. Yo también comencé a tener miedo. Quizás el hecho de que no fuera mi casa y que estaba en completa oscuridad. Me dio un poco de temor. Sin abrir la puerta, pregunté quién era. Nadie respondió a mi pregunta. De nuevo tocaron en la puerta. Lo hicieron como si le hubiesen dado patadas. El ruido despertó al bebé y comenzó a llorar. Fue un momento en que también Edgar se puso a gritar. Traté de calmarlo Sin lograrlo afuera. Dejaron de insistir en la puerta alcancé a escuchar las pisadas en la tierra. Suelta parecÃa como si hubiese resbalado la persona que estaba tocando. Nos fuimos acostumbrando a la oscuridad y nos comenzamos a relajar. Le hizo alimento a mi bebé con mi otra mano abrazaba a mi pequeño edgar. Apenas habÃan pasado algunos minutos cuando escuchó un grito desde afuera. Era la voz de un hombre que me pedÃa que le abriera. Me quedé helada. Cuando reconocà esa voz, no lo podÃa creer. Era mi ex Le grité que se fuera de la casa porque si no llamarÃa a la policÃa, él se rió a carcajadas. Me dijo que lo intentara para ver qué conseguÃa. Después de unos minutos dejaron de tocar la puerta. No sabÃa qué hacer. SentÃa impotencia. De pronto comencé a escuchar pasos en la parte de atrás que da al patio. Corrà para ver si la puerta estaba bien cerrada. Vi una sombra que se movió con rapidez. Estaba a punto de ponerle el candado a la puerta. Cuando la empujaron caà al piso. Vi la silueta de una persona parada creà que era mi ex Agarré lo que encontré en el suelo para lanzarlo, pero escuché la voz de Ãngela. Me dijo que se habÃa dado cuenta de que alguien quien estaba afuera. Ãngela me ayudó a levantarme. La abracé desesperada. Le dije que no sabÃa qué iba a hacer. No tenÃa luz ni señal en el teléfono. Ella me pidió que me tranquilizara. Vio cuando ese hombre se habÃa marchado, pero lo más probable era que iba a regresar, asà que lo mejor era irnos de la casa de inmediato. Le respondà que no, porque si él lograba alcanzar, nos tratarÃa de hacernos daño. Lo mejor era encerrarnos muy bien para que no entrara. Lo más seguro era que sebastián regresarÃa muy pronto. No sé por qué motivo. Ãngela insistió en que no saliéramos, pero no le hice caso. Ella me decÃa que en su casa estarÃa segura. Me convenció y salimos por la parte trasera de la casa. Nos metimos a la vivienda de Ãngela también por atrás para evitar que mi ex nos viera. En cuanto entramos a la casa de Ãngela, percibió un olor fuerte humedad. Además, las paredes estaban pintado de negro. TenÃa artÃculos extraños, como un fogón de leña. Ãngela me preparó un té de distintas hierbas para que me calmara. Desde ahà me pude asomar a la casa de la hermana de Sebastián, pero no habÃa nadie. Eso me tranquilizó. Me tomé el té y me fui relajando hasta que quedé dormida. Cuando desperté, Ãngela me tenÃa amarrada de las manos y de los pies. Le pregunté por qué me tenÃa. Asà me dijo que quiso hacer las cosas de una manera más tranquila, pero como no acepté, compliqué sus planes. Me sentÃa tan aturdida por la bebida que me habÃa dado y por la manera en la que me respondÃa. Ãngela ya no tenÃa la voz suave ni amable. Ahora me gritaba mientras me decÃa que yo habÃa tenido la suerte de haber tenido dos hijos y ella ni siquiera pudo tener uno. Yo volvà entre estéril, al igual que su vida, asà que se llevarÃa a mis hijos. Me dijo que jamás los iba a ver de nuevo, porque ahora le pertenecÃan. A ella más adelante podrÃa tener otros hijos. La cara de Ãngela se habÃa transformado. Ya no era aquella mujer joven y bonita. Su rostro se deformó sus ojos. TenÃan las pupilas muy dilatadas y oscuras. En ese momento me di cuenta de que ella era un ente extraño. No era la persona que decÃa ser. Me encontraba sin poder moverme por alguna extraña razón. Estaba paralizada. Me encontraba sin poder mover enseguida, escuché que tocaron en la puerta. Eran cuatro mujeres que entraron riéndose a la casa y Ãngela comenzó a bailar y cantar. Mientras que veÃa a mis hijos también dormidos en el centro de la sala. Pareciera que estaban haciendo un ritual alrededor de ellos. Por más que intentaba moverme. No lo logré. Después, esas mujeres vieron el reloj y dijeron que era la hora indicada. Agarraron a mis pequeños y se los llevaron. No tenÃa la menor idea de a dónde iba. Me quedé en esa casa sintiéndome impotente. Cuando ella salieron, la casa se fue transformando en una vivienda vieja y abandonada. Después de poco tiempo escuché un auto que se paró frente a la casa. Traté de moverme y pude hacerlo con mucha dificultad. Pude gritar era Sebastián, pero no me escuchaba vi Cuando Sebastián caminó hacia la parte de atrás de la casa. De nuevo salió y se veÃa desesperado. Yo no sabÃa qué hacer. Me levanté con todo y silla Encontré una cuchara grande de madera. La agarré con mi boca y con ella intentaba golpear la ventana, pero no pude hacer que Sebastián me viera. Ãl estaba a punto de irse. Cuando golpe con mi cabeza el cristal, no logré romperlo, pero si que Sebastián me viera, él se bajó del auto y corrió a ayudarme. Ãl me preguntó dónde estaban los niños. Le dije casi a gritos lo que r habÃa ocurrido. Le supliqué que hiciera algo. Era preciso encontrarlos antes de que esas mujeres hicieran algo con ellos. Ãl me subió al auto y fuimos de regreso a la fiesta. Se fue a hablar con una de sus hermanas, Sebastián, regresó con su hermana y con un hombre mayor. Después supe que era un sacerdote. Regresamos a la casa de su hermana. Ella nos dijo que tenÃa idea de dónde podrÃamos encontrar a nuestros niños. A ella se le habÃa ocurrido llevar al padre para que nos apoyara. El Padre Gabriel pidió que llegáramos a la Iglesia para poder recoger algunos artÃculos que necesitaba. No demoró mucho. Ãl llevaba un rosario grande, un frasco con agua y una estola, unas calles. Antes de llegar a la casa de la hermana de Sebastián dimos una vuelta a la derecha. De ahà nos fuimos hacia el bosque. Sebastián llevó el auto hasta donde hubo calle. Después nos bajamos y caminamos. No fue por mucho tiempo porque comencé a escuchar los mismos cánticos que hicieron las mujeres en la casa de Ãngela. A lo lejos vimos que iluminaban la oscuridad una fogata encendida. Ahà estaban ellas con los niños dormidos mientras bailaban desnudas. Alrededor de ellos era macabro. Cinco mujeres bailaban con sus cuerpos viejos. La piel se les pegaba al esqueleto. Estaban sin cabello y encorvadas. Sebastián y el sacerdote de inmediato y irrumpieron. Mi esposo trató de agarrar a los niños, pero no se lo permitieron. Las mujeres comenzaron a agredirlo. En ese momento. El sacerdote comenzó su ritual. Mientras oraba, les lanzaba agua bendita con el acetre. Ellas comenzaron a contorsionarse y a gritar. Horrible, pero parecÃa que Ãngela era la bruja mayor, porque a ella no les sucedió nada. Comenzó a caminar hacia el padre sin dificultad. Comenzó a caminar hacia el padre y sin dificultad lo golpeó. El padre oyó de espaldas para ese entonces la cara de Ãngela ya estaba completamente deformada. Era una anciana con sonrisa maléfica. Me dijo que mis hijos ahora eran de ella. Aún no terminaba de hablar. Cuando comencé a escuchar el llanto de muchos niños gritaban y nos pedÃa que nos alejáramos de ese lugar. Lo extraño era que se escuchaban sus voces, pero no sabÃa de dónde provenÃa. La hermana de Sebastián me señaló un árbol frondoso. Me dijo que los niños estaban ahà dentro. No terminó de decirme cuando también aventó a la hermana de Sebastián hacia el piso. Ella iba directo conmigo. En cuanto estuvo frente a mÃ, me levantó con una mano del cuello. Me dijo que no debÃa de hacer tanto alboroto. Sentà que me estaba asfixiando en ese momento. Creà que morirÃa, pero Sebastián y el sacerdote ya se habÃan incorporado. Cada uno habÃa recogido un tronco y con el que le pegaron en la cabeza fue tan fuerte que quedó aturdida. La agarraron por atrás y la amarraron. Ella empezó a gritar de una forma siniestra. Cuando la pudieron dominar. Las otras brujas corrieron y se dispersaron entre los árboles. Sólo oÃamos sus gritos, que se alejaban cada vez más. El padre de nuevo inició el ritual, pero esta vez comenzó a funcionar. Ãngela se movÃa mientras gritaba palabras obsenas. Hubo un momento crucial en el que el padre levantó una cruz de madera pequeña se la puso en la frente y ella comenzó a retorcerse y antes de que el padre volviera a hacer lo mismo se levantó y se perdió en la oscuridad del bosque. Fui de inmediato a recoger a mis pequeños. Los dos estaban con vida. Sentà su respiración mientras Sebastián apagaba la fogata con tierra y piedras. El padre siguió rezando y bendiciendo. El lugar regresó. Estamos cansados y agobiados. Durante el trayecto de regreso. Nadie dijo nada. Llegamos a la casa del padre y él nos invitó a pasar. No querÃamos, pero él insistió. El padre nos invitó a sentarnos y nos dijo que entendÃa cómo nos sentÃamos. Por lo regular se creÃa que el mal se manifestaba de otras formas, pero que esas mujeres eran brujas que seguÃan al demonio. De hecho, él pensó que en algún momento el demonio se iba a ser presente. También tuvo miedo de no poder detenerlo. Por suerte, eso no ocurrió. Sebastián le preguntó a su hermana cómo supo dónde encontrarlas. Ella dijo que en realidad no lo sabÃa. Sólo pensó en la probabilidad de que fuera en el árbol del que se ha hablado en el pueblo. Le pregunté a qué se referÃa. Ella nos dijo que habÃa un rumor, o más bien una leyenda que ella nunca creyó. La escuchó en palabras de su mamá y de la gente adulta. La hermana de Sebastián contó que, según la leyenda, habÃa una mujer muy bonita que anhelaba casarse y ser madre. Pudo hacerlo, pero cuando su esposo vio que no le podÃa dar hijos, él se marchó. Ella Cada vez se fue amargando porque no lograba concebir según cuenta la leyenda, ella hizo un pacto con el diablo para que le permitiera ser madre, pero su vientre continuó infértil. Ella se llenó de odio y de venganza, jurando tener los hijos que ella quisiera, aunque no fueran de ella. Asà fue que se robaba a los pequeños y dejaba sus almas encerradas en ese árbol. La hermana de Sebastián dijo que sólo se dejó llevar por un supuesto, porque no tenÃa la menor idea de en qué otro lugar podÃa estar esa mujer Con mis hijos. Le pregunté si alguna vez se habÃan desaparecido algunos niños. Ella me respondió que hubo una ocasión en que un matrimonio llegó con un bebé a vivir al pueblo. Nunca supo quiénes eran, porque ella era pequeña. Esa pareja rentó la casa. Según escuchaba a las señoras dijeron que el niño habÃa desaparecido de su cuna. La mujer se puso tan mal que la tuvieron que llevar al hospital. Ya no se supo si murió o qué sucedió, porque ese matrimonio ya no regresó ni por sus cosas. La dueña de esa casa vendió los muebles y lo regaló para desocupar la vivienda. Si en otro momento la hermana de Sebastián me hubiese contado esa historia, no le hubiera creÃdo nada en absoluto. Pero después de lo sucedido, comencé a creer en hechos que no tenÃan explicación alguna. Relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas








