Aug. 30, 2023

Mi Madre Fue Una Bruja Malvada Historias De Terror - REDE

Mi Madre Fue Una Bruja Malvada Historias De Terror - REDE

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Las brujas han existido desde tiempos antiguos. Anteriormente se les quemaba y se les trataba con desprecio porque eran seres que tenían un pacto con el demonio, que eran capaces de transformarse en animales, en bolas de fuego y volar en sus escobas por el cielo. Creo que el tiempo no ha logrado que desaparezcan, sólo que ahora es más difícil identificarlas. Hay que estar atentos para darse cuenta cuando tenemos una bruja en nuestro camino. En lo personal, creo que hay dos tipos de brujas las que pueden ayudar con su conocimiento de naturaleza. Ellas son nombradas como brujas blancas y las otras las más peligrosas, que, con su magia negra y con la ayuda del demonio, logran conseguir lo que quieren. Cuando se cuentan historias de ellas, se cree que sólo son leyendas, pero hay pruebas de que las brujas aún existen y continúan siendo poderosas. Los secretos de una bruja. Acatc es un pueblo de la región alto sur de Jalisco. Se le conoce como el lugar entre cañadas o tierra de brujos. Existe la creencia, sobre todo la de origen prehispánico, que se puede curar con hierbas, el mal de ojo o de espanto, y que casi todas las enfermedades tienen un origen espiritual. En este poblado es de lo más común referirse a alguien que es nativo de este lugar como brujo o bruja. Por eso, en la entrada del pueblo hay un letrero que dice cruce de escobas, o las personas que se dedican a la producción y venta de escobas tienen otra frase. De día barren y de noche vuelan. Se toma con diversión. El hecho de ser considerados brujos. Hasta ahí todo estaba muy bien, pero vivir de cerca con una bruja era algo completamente distinto a la historia de la persona que les voy a contar. Me llevo tiempo poder aceptar y tener la confianza de decirlo, porque la bruja era mi madre. Prefiero no decirles su nombre verdadero, porque si investigan un poco, podrán saber a quién me refiero, por lo que la llamaré rosa. Mi madre y yo no somos originarias de este pueblo. Antes de venirnos a vivir a este lugar, teníamos como residencia el pueblo de toto Tlán, pero tuvimos que salir de ese lugar por ciertas prácticas inapropiadas que mi madre realizó. Cuando llegamos a acatc Mi madre comenzó una relación sentimental con el comandante de policía del pueblo en un inicio que llegamos al pueblo. Mi madre comenzó a ofrecer sus servicios de curandera. Las personas fueron muy amables, pero no acudían con ella. Referían a los curanderos que ya conocían hasta que una vez una muchacha llegó muy mal. Ya la habían llevado con Don José, uno de los curanderos del hogar, pero ella no mejoraba. Convulsionaba sin parar. Cada vez su cuerpo se debilitaba más. Mi madre le preparó medicina con hierbas. Ella tenía una forma distinta de trabajar. En vez de recetartes las hierbas, las metía en cápsulas transparentes que compraba previamente. Tenía una báscula pequeña en la que medía los granos que cada cápsula llevaría esa vez que llevaron a la muchacha En ese estado. Creí que los conocimientos de mi madre sobre herbolaria serían insuficientes en cuanto la vi Me cuestioné por qué mejor no iban con esa chica un hospital. No supe qué tipo de tratamiento le dio mi madre, pero ella mejoró pudo salir de la crisis convulsiva. De repente, el ataque epiléptico quería regresar hasta que fue cediendo por completo. La madre de la chica y ella se tuvieron que quedar un rato en la casa porque ella había quedado muy débil por tantas convulsiones. Mientras esperaban a que se recuperara, la madre de la muchacha nos platicó que el curandero más reconocido del pueblo era Don Fermín. Ya se la había llevado a él, pero no pudo sacarla adelante por desesperación. La llevó con mi madre. Jamás creyó que funcionaría. Ahora se daba cuenta que ella era la mejor curandera del pueblo. Después que las mujeres se marcharon, le pregunté a mi madre cómo le había hecho para poder ayudar a esa chica. Ella se limitó a decirme que no sólo tenía el conocimiento de las hierbas, sino que también el poder para actuar contra las enfermedades. Ya no le pregunté más porque no me respondió lo que esperaba. A partir de ese día se fue corriendo la voz que rosa era muy buena para curar. Además, ella también era partera, así que mi madre tuvo mucho trabajo. Todo estaba muy bien, porque sus ingresos empezaron a aumentar significativamente. Lo único malo fue cuando empecé a ver niñas que iban solas a consulta. Por lo regular, cuando eran niñas o niños, sus padres eran quienes los llevaban. Aquella vez estaba una niña de trece años. Supe su edad porque escuché cuando mi madre le preguntó después ya no pude saber cuál era su problema. La niña salió de ahí con sus hierbas en la mano. A la semana regresó muy contenta. Así siguieron yendo niñas a consulta. Lo que se me hacía extraño era que regresaban a la semana con una bolsa y se le entregaban a mi madre. Cada vez que intentaba preguntarle sobre su trabajo, se molestaba. Me decía que, como yo no quería aprender el oficio no me iba a dar explicaciones sobre todo lo que hacía. Por lo regular me mandaba a comprar parte de sus hierbas a otro pueblo más grande. Fui aprendiendo para qué servía cada planta. Cuando se fue aproveché para buscar en la habitación que servía como consultorio. No tardé en encontrar varios frascos de cristal con unas bolas sanguinolentas en su interior. Supe de que se trataba porque en uno de ellos había un pequeño feto casi completamente formado. Mi madre estaba practicando a bortos y les pedía a las niñas que le llevaran el producto que habían expulsado. Hasta ese momento, mi madre no había tenido problemas con ninguna niña hasta que un día llegó una madre muy alterada le dijo que ya sabía lo que estaba haciendo. Su hija estaba muy decaída, sin ganas de hacer nada. La llevó al médico y en la clínica le dijeron que la niña se sentía así porque le habían practicado un aborto. Le dijo que la iba a denunciar desde atrás de la cortina. Me daba cuenta de todo. Mi madre le pidió que no lo hiciera por su propia tranquilidad. La la la señora se enojó más y se fue muy enojada y gritándole muchas cosas a mi madre, enseguida que la mujer se marchó vi a mi mamá, que destapaba uno de los frascos que tenía y sacaba algo. Después puso todo en una cajita y salió despreocupada. La madre de aquella niña que había ido a la casa. No dudó en ir a la Comisaría, pero como mi madre tenía una relación con el Comandante, no sucedió nada. A la señora le dijeron que iba a hacer las investigaciones pertinentes. Sin embargo, no lo hicieron, porque mi madre continuó con sus prácticas ilícitas. Sólo tuvo un poco de preocupación por varias semanas no practicó abortos. Días después que pasó el incidente con la señora iba al mercado a comprar más productos para mi madre. Empecé a escuchar a las señoras que doña Carmen había fallecido de una manera muy rara. Ella era la mujer que le había reclamado a mi madre por haberle practicado un aborto a su hija. La encontraron muerta en el piso. Se creía que durante la noche convulsionó y bronco aspiró o quizás le había dado un paro cardiaco, pero la habían hallado con sus ropas rotas, con las manos abiertas completamente rasguñada. Cuando escuché eso, no me pareció que se tratara de una muerte natural, pero las autoridades del pueblo declararon que ella estaba enferma y que nunca se había atendido de forma pertinente, por lo que nunca tomó medicina. Mi mamá continuó con sus prácticas de sanación, así era como ella las llamaba, pero no solamente ayudaba a las personas a curarlos de sus enfermedades. También les hacía a las personas ciertos trabajos para conseguir empleo, para obtener más ganancias o para quitarles la mala suerte. Con mucha frecuencia mi madre me decía que me acercara a aprender entre las dos podíamos ganar más dinero. Le decía que más adelante aprendería. No quería hacerlo, porque no era algo que me interesara hacer, ni tampoco mi proyecto de vida en el pueblo. Comenzaron a decirle a mi mamá la bruja negra, porque para ella todo era posible. Cualquier problema que alguna persona tuviera. Ella era capaz de resolverlo. Hasta ese momento, todo me parecía bien, pero empecé a darme cuenta que mi madre también hacía trabajos de magia negra. En una ocasión escuché cuando una mujer le dijo que su marido la estaba engañando. Mi mamá le presentó varias opciones. Entre ellas era quitarle la vida a la amante de su esposo. La señora estaba tan dolida y herida que le dijo a mi mamá que no quería que se muriera, pero sí que quedara lisiada, que ya no pudiera caminar para que su esposo no la volviera a buscar. No podía creer que mi madre fuese capaz de hacerle un daño a las personas. Hasta que un día vi a muchas personas reunidas en la plaza del templo. Ellas iban a pedirle al señor Cura del Templo de San Juan Bautista que hiciera algo para que mi madre se fuera del pueblo, porque desde que ella había llegado sólo habían ocurrido cosas feas. Me acerqué a cierta distancia para tratar de escuchar lo que hablaba? No quería que me vieran, porque todos los pobladores ya me identificaban como la hija de la bruja negra. El padre trató de calmar a las personas. Les dijo que iría a hablar con mi madre y que buscaría la manera de que ella dejar esas prácticas oscuras. La gente se retiró del templo con la esperanza de que todo cambiaría. El padre quedó de avisarles que se pudo resolver. El padre Rubén cumplió su promesa. Un viernes por la tarde llegó a la casa. Yo estaba limpiando la habitación que le servía a mi madre como consultorio. El padre me preguntó por mi mamá. Ella, en cuanto lo escuchó, salió a recibirlo. Él le habló sobre las prácticas que realizaba y que el pueblo estaba asustado. Mi mamá le permitió hablar al sacerdote. Después que terminó, ella sonrió sin responder nada. Le dijo que si era todo lo que le iba a decir, ya se podía marchar. El hombre Se fue inmediatamente a los pocos días me di cuenta de que al padre lo habían cambiado de parroquia. Llegó a la iglesia a otro sacerdote de edad más avanzada. Tenía sospecha de que mi madre había sido la causante de todo, pero no tenía la manera de comprobarlo, aunque todo coincidía. Además, en las noches escuchaba cuando ella se levantaba después de la medianoche, oía que hacía rituales en su habitación. Una vez escuché que platicaba con alguien. Nunca oí la voz de otra persona, sólo la de ella que hablaba en voz baja. Casi estaba segura de que había pactado con el demonio, porque no entendía de qué otra manera tenía tanto poder y protección no sólo del Comandante, sino también del demonio. En una ocasión me levanté a la hora en la que ella estaba despierta tratando de que no se diera cuenta de mi presencia. La seguí en el momento que salió al patio. De pronto vi que una gran nave voló y no vi a mi mamá. Le hablaba para saber si estaba ahí, pero nunca me respondió. Me fui a mi cuarto sin poder dormirme. Después de más de dos horas, de nuevo escuché ruidos en el patio. Salí con cuidado. Ella ya venía al interior de la casa. Me preguntó qué hacía levantada esas horas. Le respondí que tenía sed Sólo iba a la cocina por agua. Le pregunté de dónde venía. Ella se limitó a decirme que de ningún lado sabía que me ocultaba muchas cosas A partir de esa noche. Me di cuenta de que mi madre salía. Algunas noches sucedía lo mismo. Se salía al patio y después de un par de horas regresaba. Sin embargo, en una de las veces no llegó sola traía consigo a un bebé. Creo que le debió haber dado algo para que durmiera, porque el pequeño no hacía ningún ruido. Esa vez ya no tuve dudas. Me di cuenta de que ella salía por las noches a buscar a algún ser humano. Ya no pude más. Le dije que tenía que regresar a ese bebé. No podía hacerle daño. Me puse tan mal que ella no tuvo otra opción más que regresarlo. Me lo entregó y lo dejó en mis brazos. No sabía qué hacer con él, ni tampoco podía poner en evidencia a mi madre. Lo único que se me ocurrió fue llevarlo al atrio del templo. Ahí lo dejé debajo del techo que cubría la entrada a la iglesia. Cuando llegué a mi casa, mi madre estaba furiosa. Me dijo que era la última vez que me metía en sus cosas a la siguiente ocasión en la que interfiriera me iba de su casa y que si quería podía hacerlo desde ese momento. Luego que escuché las palabras de mi madre, tuve miedo porque no tenía dónde ir ni siquiera un empleo que me pudiera ayudar con mi sustento. Le dije que no volvería a pasar. Ella sonrió y me acarició la cabeza. Me dijo que todo lo que hacía era para que yo estuviera bien, que no lo tomara mal. Esa era la única forma que tenía de conseguir la manutención para ambas, pero que eso se acabaría pronto. Estaba empezando un negocio que le dejaría dinero para ya no trabajar más. Sólo necesitaba que no me metiera en sus asuntos. Le prometí que así lo haría y me fui a descansar. Al día siguiente se hizo un gran alboroto en el pueblo por el niño que encontraron en el atrio del templo. El bebé era de una señora de otro poblado. Nunca se sospechó de mi madre. Sin embargo, ya no me sentía cómoda viviendo con ella, pero tampoco tenía la manera de irme de su casa. Empecé a buscar un trabajo en los locales comerciales del pueblo. Pronto obtuve un empleo. Cuando mi madre se enteró, se molestó conmigo. Me dijo que no era necesario invertirle tanto tiempo en ese lugar por el salario miserable que me iban a pagar. Además, me dijo que le hacía falta en la casa, ya que yo era la que limpiaba y hacía todas las compras por ella me dijo que no podía poner a otra persona que le ayudara porque se iban a dar cuenta de cosas que no debían. No estaba de acuerdo en dejar el trabajo, porque lo que quería era irme de su casa. Sin embargo, tenía razón. Si alguna persona del pueblo se enteraba de quién realmente era rosa, ya no iba a ser tan fácil que se quitara de responsabilidades, por lo que dejé el trabajo y regresé a su casa con la consigna que necesitaba dinero y ella me iba a pagar. Los salitos de mi madre en la noche continuaron. No eran todos los días lo hacía cada mes en que la luna estaba llena. Eran de tres a cinco días. Cuando ella salía ya no volvió a regresar con ningún bebé, pero ella comenzó a tener un cliente del que sospechaba era narficante. Sólo lo vi en una ocasión. Él fue a buscarla a la casa y ven una camioneta doble, cabina negra. Cuando llegó preguntando por rosa, le dije que no estaba de una forma exigente. Me dijo que le hablara o que le hiciera lo necesario para que ella regresara, porque la iba a esperar y no pensaba estar por mucho tiempo. Le marqué a mi madre para decirle que la estaban esperando. Ella había ido a atender un parto, no muy lejos. De ahí me dijo que casi terminaba. Pronto llegaría. Así lo hizo. En pocos minutos estuvo en la casa. El hombre entró al consultorio de mi madre y, por más que intenté escuchar lo que platicaban, no lo pude hacer. El hombre se retiró viéndome de una manera que no me gustó. Él ya no volvió a regresar, pero mi madre era la que iba a su vivienda a reunirse con él, porque comenzó a ausentarse más veces. Incluso hubo días que no llegó a dormir. Mientras limpiaba la casa, encontré una caja de madera grande. No la había visto. Quise abrirla y no pude porque estaba cerrada con llave. Estuve buscando en los cajones la llave sin poder conseguirlo. Como no la encontré, forcé el candado y logré abrirla. En su interior había tres frascos grandes con tres fetos, pero esta vez estaban completamente desarrollados. Eran unos bebés muy pequeños. Me di cuenta que mi madre no había cambiado. Seguía con sus prácticas, aunque no sabía de qué manera había logrado conseguirlos. De pronto escuché que ella regresaba. Ella no entró por la puerta de la entrada, sino por la puerta que da al patio en la parte trasera. Tuve un poco de temor que se diera cuenta que había forzado el candado, pero como venía muy contenta, no se fijó. Me dijo que estuviera preparada por la noche porque íbamos a salir la Habían invitado a una fiesta muy importante que me arreglara para irnos juntas. Le dije que yo no estaba interesada en ir a ningún lado, pero ella me dijo que tenía que ir y me puso una mirada molesta. En la noche, un auto llegó por nosotras. Estuvimos en carretera por un poco más de una hora después, el auto se desvió por una brecha. Llegamos a una casa muy grande y bonita. Al frente de la casa estaban estacionados varios autos de modelos recientes. Cuando entramos la estaban esperando un grupo de hombres. Mi madre lo reunió. A todos les pidió que hicieran un círculo. Ella empezó a hacer un ritual en el que puso varios sirios negros en cuatro puntos cardinales. Un hombre llegó con un becerro atado con una cuerda, lo puso en el centro de los sirios y mi madre lo degolló. Recogió toda la sangre y comenzó a hacer invocaciones. Aquel momento fue uno de los más reveladores porque vi un humo negro que empezó a formarse en el centro del círculo. Después, ese humo se movía entre los presentes. Mientras unos reían a carcajadas, otros daban gracias. Hubo un instante en el que el ente vaporoso comenzó a formarse, quedando un ser humano oscuro. Mi madre sacó de una bolsa uno de los fetos que estaban completamente formados y se lo entregó a este ser Esta cosa lo tragó por completo. Ya no pude ver más. Me retiré del grupo de personas. De repente sentí que alguien me agarraba con fuerza del brazo. Me dijo que aún no era tiempo de que me retirara. Aún faltaba lo mejor. Así me tuvo durante varios minutos. Le decía a ese hombre que me soltara porque me estaba lastimando. Le dije que no iría a ningún lugar, pero él no me hizo caso hasta que lo llamó aquel hombre que había ido a la casa. Lo reconocí de inmediato por su voz tan ronca. El hombre me dijo que no me fuera a ir porque me buscaría hasta por debajo de las piedras. Con temor le dije que no. Él se fue a atender lo que su patrón le ordenaba. El ritual continuó con otro tipo de ofrendas. Desconozco si esa era una misa negra, pero por el tipo de elementos que mi madre presentó, parecía que sí. Se trataba de eso. En todo momento ella estaba haciendo alabanzas, se encontraba en trance. Después siguieron las peticiones en un balde de metal. Cada participante depositó un papel doblado a la mitad. Supongo que se trataba de lo que ellos querían que se cumpliera. En ese momento comencé a tomar conciencia de muchas cosas. Me pregunté por qué mi madre me había llevado ahí si nunca me permitía que me involucrara en su trabajo. Comencé a tener temor de que ella me hubiese llevado para algún propósito de su ritual. Todos estaban en un estado de éxtasis, Se encontraban cantando y alabando al ser oscuro. Fue cuando aproveché para irme del lugar, aunque no sabía cómo iba a ser para regresar, porque la casa estaba metida en un lugar deshabitado. Aún así, me salí con mucha precaución. En cuanto estuve afuera, comencé a correr. No llevaba mucho tiempo de haberme salido. Cuando comencé a escuchar que se hacía un alboroto, todos empezaron a gritar y encendieron sus autos. Supuse que me estaban buscando. No me fui hacia la carretera porque pensé que me encontrarían rápido. É al lado contrario del camino y me subí a un árbol. Pensaba quedarme ahí hasta que amaneciera. Hubo un momento en que un ave pasó muy cerca del lugar en el que me encontraba. No sé por qué. Pensé que se trataba de mi madre. Ella estuvo volando en círculos hasta que me encontró, se posó en una rama y se me quedó viendo fijamente. Después voló y se marchó. No tuve la seguridad de saber si era mi madre. Convertí en nave, pero si acaso fue así, ella me dejó libre. No permitió que me hicieran daño. Cuando amaneció y todo parecía en calma, me bajé del árbol, caminé por horas hasta llegar a la carretera. Ya no volví a la casa de mi madre. Me fui a otro pueblo en el que actualmente estoy viviendo. Fue triste darme cuenta de que ella era una bruja que hacía pacto con el diablo. Incluso creo que ella sabe dónde me encuentro, porque he visto una qué ocasionalmente ronda en la casa de Huéspedes en la que vivo. Sin embargo, me ha dejado vivir en paz una bruja en la ciudad. Mi nombre es Mario. Entré a trabajar como taxista desde que era muy joven. Tenía veinte años. Hice parte de mi vida este oficio. En los más de veinte años que estuve por toda la ciudad ofreciendo mi servicio, no me pasaron cosas extrañas. Sí me sucedieron aquellas situaciones de borrachos que se quedaban dormidos en el asiento, cosas personales olvidadas. Hubo una ocasión que se subió un sicbio, me hizo que lo llevara a hacer sus entregas a distintos lugares de la ciudad, pero todo estuvo sin complicaciones. Sin embargo, hace un poco más de un año me ocurrió un extraño suceso. Durante la mayor parte del tiempo trabajé en el turno de día. A mi relito le gustaba más el turno de noche. Él decía que era cuando más dinero se podía ganar. Además, la ciudad estaba más fácil de transitar porque en el día era caótico moverse entre las calles. Por la misma experiencia que tenía detrás del volante, sabía cuáles eran las colonias más peligrosas, así que, en medida de lo posible, trataba de evitarlas. Mi relevo tuvo un accidente mientras andaba en bicicleta. Lo atropellaron. No fue grave, pero quedó imposibilitado de manejar. Fue necesario que mantuviera reposo porque se fracturó la pierna izquierda. Tenía gran necesidad económica. Él decía que podía conducir así. Quizás si el taxi hubiese sido de transmisión automática, podría haberlo hecho, pero como era estándar, no le fue posible conducir, Así que mi patrón me ofreció los dos turnos. Me dijo que me rebajaría la cuota diaria, de modo que acepté y empecé a conducir en distintos horarios. O un principio, cuando trabajaba de noche, me movía solo en las zonas que consideraba más seguras. Hubo una ocasión que transitaba por la calle de Chapultepec. En esa parte de la ciudad de Guadalajara era donde se encontraban muchos bares, cafés, restaurantes y lugares para bailar. Además, en el camellón del centro de la avenida había un andador con eventos gratuitos, así que era una zona muy concurrida por todo tipo de personas, principalmente los jóvenes. Era una madrugada de sábado cuando una mujer joven me pidió la parada. Eran casi las cuatro de la mañana. Se me hizo muy raro que anduviera sola por lo regular en esa avenida. Era común ver grupos de mujeres de hombres o parejas. Cuando ella me pidió que la llevara a la colonia Jalisco, le dije que lo sentía, pero ya terminaba mi turno, Ella se inclinó para meter la mitad de su cuerpo a través de la ventana del auto. Me pidió de favor que accediera a llevarla. Ya llevaba más de media hora esperando un taxi y ninguno la había querido llevar. No me atreví a negarme le dije que subiera ella. Ni siquiera me preguntó cuánto le iba a cobrar. En poco tiempo estuvimos en el lugar en el que ella me indicó, y eso que quedaba al otro lado de la ciudad hasta las periferias. La dejé en su casa. Ella me dio un poco más de dinero del que le cobré. De ahí me fui a descansar a mi casa. Al día siguiente, cuando iba a iniciar mi horario, vi que en el asiento de atrás había un monedero. En cuanto lo abrí y vi las credenciales. Se trataba de la misma chica que había llevado a su casa. No traía mucho dinero. Lo que noté fue que eran credenciales importantes como la visa y el hine. La puse en la aguantera, pensando que en cuanto tuviera viaje para ese rumbo, se la dejaría en su casa. En cierto tiempo, no tuve viajes a esa colonia, así que olvidé el monedero. Después de varios días o n o Orgen me pidió que lo llevara a la colonia. Jalisco fue cuando me acordé que tenía el monedero de la chica. Después que dejé al cliente. Estaba muy pocas cuadras de la casa de la joven. Cuando encontré el domicilio, se me hizo muy extraño que la casa se veía vieja y descuidada. Daba la apariencia de que estaba abandonada. Aquella vez que llevé a la muchacha, no me fijé en qué condiciones estaba la vivienda. Además, estaba oscuro. Me estacioné y toqué por varias ocasiones, sin que nadie saliera una vecina se asomó para decirme que en esa casa no vivía nadie. Ya tenía mucho tiempo que estaba deshabitada. Le agradecí a la señora y me marché. Ya no volví a intentar regresar. El bolso lo puse de nuevo en la aguantera y me olvidé de él. Unos días después transitaba por la avenida Vallarda. Cuando una joven me pidió la parada, el lugar estaba muy poco iluminado. Cuando ella me dijo que la llevara a la colonia Jalisco, la volteé a ver era la misma muchacha. Ella me sonrió. Creo que también se acordó de mí. Me dijo que ya sabía dónde llevarla. Durante el trayecto a su casa le dije que había olvidado su cartera. Ella me dijo que me buscó para poder recuperarla, pero nunca lo logró. Ya la daba por perdida. Se notó que le daba mucho gusto tenerla. De nuevo intentó darme una recompensa por haberla conservado. Le dije que no era necesario. Cuando llegamos a su casa, me sorprendí de ver que era la misma vivienda en la que había tocado, Sólo que se veía distinta, al menos eso me parecía porque no tenía iluminación externa. Iban a ser las once de la noche. La chica me dijo que esperara un poco. Tenía un obsequio en agradecimiento que le regresé su cartera. Ella salió con una caja y me la entregó. Me fui de lugar un tanto extrañado porque vi que ella entró a la casa y no se notó que estuviera deshabitada. Dejé la caja debajo del asiento y continué parte de la noche trabajando. Cuando llegué a mi casa se me olvidó el presente que me había dado la muchacha. Al día siguiente que me puse a lavar el auto por dentro y por fuera. Fue cuando vi de nuevo el regalo lo abrí y me encontré un medallón en su interior. Tenía una cadena de eslabones grandes. El dije con una piedra de color negro. Se me hizo un regalo curioso. En realidad no sabía qué uso le iba a dar, porque no era algo que me gustaría Ponerme dejé la cadena, junto con el medallón al interior de la caja y lo metí a mi casa. Lo dejé olvidado. En mi habitación hace años estuve casado, tuve una hija de ese matrimonio, pero no funcionó. Mi esposa me pidió el divorcio. Después que me separé, me fui a rentar un departamento. Solo Tenía poco tiempo que empezaba una relación con una mujer que había conocido en una reunión de amigos. Apenas nos estábamos conociendo, pero en ocasiones ella iba a la casa y se quedaba durante un rato conmigo. En una de esas ocasiones en las que Andrea me visitaba, ella vio el medallón. Me preguntó de quién era. Le conté cómo lo había obtenido. Le dije que si le gustaba, se lo regalaba a mí no me interesaba. Ella se puso contenta y de inmediato se lo puso. Me dijo que se notaba que el medallón era antiguo, porque era un tipo de joyería que ya no se hacía. En realidad. Me importó muy poco si de verdad se trataba de una joya importante. A Andrea sí le había gustado, así que se lo llevó. Puesto a la semana que había visto a Andrea recibió una llamada telefónica de un número desconocido. Cuando contesté una voz de mujer, me preguntó si yo era Mario. Le dije que sí. Le pregunté cómo me conocía. La mujer con voz entrecortada me dijo que ella era la madre de Andrea y que había tenido un accidente. Ella había chocado en su auto. El coche se incendió y ella murió calcinada. No podía creer lo que esa mujer me decía si apenas pocos días Andrea había estado conmigo. La señora me dijo que tenía en sus manos un medallón que quería regresarme. Su hija le había dicho que ellos se lo había dado y que ella no lo quería tener. No supe de qué manera la señora consiguió mi número, ni tampoco cuál era el interés de regresarme en medallón. A mí no me interesaba, por lo que no fui por él. Dos días después, la madre de Andrea me volvió a llamar. Me dijo que, por favor, fuera a recoger el medallón. Ella se encontraba en un estado de desesperación. En cuanto tuve un pasaje cerca de la dirección de la madre de Andrea fui a recoger el medallón. Yo le había dicho que se quedara con él o que incluso lo tirara si no lo quería, pero ella se obstinó en regresarlo. Así que preferí darle tranquilidad a esa mujer que estaba sufriendo mucho. Cuando llegué a la casa de la madre de Andrea, me abrió una mujer de edad avanzada en su rostro. Se le notaba el sufrimiento. Me dio el medallón en la misma caja antes de retirarme. Ella me dijo que tuviera mucho cuidado porque ese medallón había sido el causante de la muerte de su hija. No entendí por qué. La mujer me dijo eso Era sólo un artículo antiguo que no sabía si tenía valor. Le di el pésame a la señora y me retiré del lugar. Cuando llegué a mi casa, dejé la caja por ahí y me dispuse a descansar. Me quedé dormido muy rápido. Tuve un sueño que no me permitió descansar por completo. Vi a una mujer que entraba en mi habitación, se acostaba en mi cama. Me decía que por fin estábamos juntos hasta la eternidad. Desperté asustado porque ese sentí muy real. El sueño. Cuando estuve más tranquilo, me puse a ver televisión poco a poco me fui relajando y quedándome dormido. De nuevo, de repente vi que alguien pasó por afuera de mi habitación. Estuve atento por unos minutos, pero era real. De nuevo vi a alguien vestido completamente de negro. Lo único que se me ocurrió fue cerrar la puerta de mi cuarto, pero no fue suficiente. Al poco tiempo comenzaron a tocar la puerta. No era posible. Yo no vivía con nadie más en ese departamento. La única persona que me visitaba era Andrea y ya no estaba mis pensamientos. Se vieron interrumpidos por más golpes. De pronto la puerta se abrió de golpe. Esperaba haber a alguien parado en el umbral. Sin embargo, no había nadie. Reinó el silencio en la vivienda. Los ruidos cesaron y ya no había nadie que estuviera dentro del departamento. No era una persona que creyera en cosas sobrenaturales ni en una vida después de la muerte, pero luego de los acontecimientos vividos, creí que podría tratarse de Andrea, ya que su muerte estaba muy reciente, aunque no tenía motivos para hacerlo. El tiempo que mantuvimos una relación fue de manera madura y respetuosa, pero no encontraba otra explicación a lo sucedido. Creí que quizás sería por única vez como forma de despedida por parte de ella. Los días siguientes todo estuvo tranquilo dentro de mi departamento. Continué con mi vida, con el dolor de ya no tener a mi pareja. Esa noche fue muy mala. Estuve por diversas zonas sin encontrar pasaje. Ya me iba de regreso a mi casa cuando una joven me pidió la parada. Era ella la chica de la colonia Jalisco. Ya había adquirido un poco de tranquilidad respecto a ese lugar, por lo que ella no le decía que no. Durante el trayecto, la joven se mostró muy amable y platicadora. Era la primera vez que lo hacía. Pensé que sería porque había un poco más de confianza. Le pregunté de dónde venía ella. Me respondió que de la casa de una de sus tías que vivían muy cerca del panteón de Belén. Cuando llegamos a su casa, ella me invitó a pasar. Le dije que ella era muy tarde para hacerlo. Quizás sus padres podrían molestarse. La chica me dijo que tenía tiempo viviendo sola. Esa era la casa de sus papás, pero ellos habían muerto. Entramos a la vivienda, todos sus muebles y los adornos parecían antiguos. No se me hizo raro, porque esa casa perteneció a sus padres. Quizás la muchacha de nombre Flor decidió dejar las cosas tal y como la tenían ellos. Después de platicar un rato más, me quedé a dormir con ella. Estuvimos juntos toda la noche por la mañana. Cuando desperté ella ya no estaba la esperé durante un rato, pero no regresó. Me fui sin poder avisarle. Cuando salí de la casa, me llamó la atención verla tan descuidada. No me había dado esa impresión por la noche, pero no le tomé importancia ese día. Ya no supe de ella. Me di cuenta que no le había pedido su número de teléfono. Pasaron varios días sin saber de Flor. Me empecé a sentir desesperado. No entendía por qué no me buscaba si la habíamos pasado muy bien. Tuve un viaje cerca de su casa y fui a buscarla toqué varias veces en su puerta sin que nadie saliera. No sabía por qué motivo tenía la necesidad de estar cerca de ella. En tan poco tiempo. Se había vuelto indispensable. Cuando una joven me pedía la parada, tenía la esperanza de que fuera flor pero no pasaba así hasta que un día ella llegó a buscarme a mi casa. Tocaron la puerta con insistencia. Cuando abrí ahí estaba ella, me dio tanto gusto de verla que la abracé efusivamente. Ese día se quedó a dormir en mi departamento. Le pregunté por qué se había marchado de esa forma. La otra ocasión la estuve buscando sin encontrarla. Ella sólo se limitó a sonreír y me besó. Le pedí que no me volviera a hacer lo mismo me sentí muy desesperado. Al siguiente día, cuando desperté Flor ya se había ido, Me sentí decepcionado. Le dije que no lo hiciera y se marchó. De todas formas, Nuevamente estuve inquieto buscándola en su casa, esperando que cada mujer que veía fuera ella lo malo. Fue que mi relevo me dijo que ya estaba en condiciones de manejar mi doble turno. Se terminaría aparte que obtenía más ingresos, ya no iba a tener la oportunidad de ver a Flor por las noches porque su casa quedaba muy distante de la mía. Además, ella sólo se dejaba ver en esas horas. Le pedí a mi relevo que me permitiera trabajar un poco más tarde, hasta las doce de la noche y l y él o iría trabajar hasta las doce del mediodía, ya que a cada uno nos tocaba doce horas de uso del taxi de mala gana. Aceptó con la condición de que si no se adaptaba, nos quedábamos con el horario anterior. En los días siguientes. No supe nada de flor hasta que un día llegó por la noche se veía más bonita que en otras ocasiones. Ya no le reproché nada. Sólo estaba contento de que estuviera a mi lado. Esa vez la pasamos mejor que nunca. Le propuse que ella no se fuera, que se quedara a vivir conmigo. Sabía que era muy aventurado porque no la conocía. Apenas sabía su nombre. Era la única información que ella me había dado. Quería que se quedara a mi lado para siempre. Le propuse que nos fuéramos unos días al mar a pasar tres días juntos. Ella me dijo que no podía su trabajo. No se lo permitía y respecto a irse a vivir a mi casa, me dijo que lo pensaría durante los siguientes días. Flor se iba por las mañanas antes de que amaneciera y por la noche regresaba de nuevo. Ella me decía que era por su trabajo. No quise hacerle preguntas por miedo a que se fuera. Se había convertido en parte de mi vida. Lo único malo era que cada día me sentía muy cansado. Me costaba mucho trabajo levantarme a conducir. Hubo una ocasión que me quedé profundamente dormido hasta las doce del mediodía, aunque había dormido más de doce horas. Estaba muy cansado. Además, casi no me daba hambre. Ese día aproveché para ir al médico porque me sentía peor. El médico me revisó, me mandó a hacer exámenes de rutina para descartar alguna enfermedad. Cuando vio mis resultados, me dijo que no tenía nada. Sólo se trataba de agotamiento. Me recetó unas vitaminas y me fui a descansar otra vez. Creí que con el tratamiento iba a estar mejor, pero no fue así. Comencé a trabajar el taxi unos días y otros los descansaba. Era la primera vez que hacía. Eso no me importaba mucho porque Flor estaba conmigo todas las noches, así que me sentía cansado, pero tranquilo. Una noche, ella no fue a dormir. La pasé muy mal, pensando que algo le hubiese sucedido o peor aún creí que podría estar con otro hombre toda la noche. La pasé despierto y desesperado. Busqué en las pocas pertenencias que tenía en la casa y lo único que encontré fue otro medallón igual al mío. En ese momento busqué el que tenía, pero no recordaba dónde lo había puesto. Pasé un rato moviendo todos los muebles, hurgando entre los sillones y los cajones hasta que lo encontré. Estaba tirado detrás de una mesita en la que tenía una lámpara en cuanto los comparé eran exactamente iguales. La única diferencia era que el mío tenía piedras de color negro y el de ella de coro rojo. En el momento que pitó el claxson mi relevo o salí para decirle que se podía llevar el auto. Ese día tampoco lo iba a trabajar. Por primera vez, mi compañero se bajó a platicar conmigo. Me preguntó qué me estaba sucediendo. No sé en qué estado. Me vio porque me preguntó si ya había ido al médico. Le respondí que sí. Le dije que pasara al departamento y le mostré las vitaminas que me había recetado el doctor por andar buscando mi medallón. La casa estaba hecha un desastre. Mi compañero de nombre roque me dijo que me podía apoyar en lo que fuera, pero que tenía que ser sincero con él. Me preguntó si estaba consumiendo drogas. Le respondí que no, ni siquiera había tomado alcohol. Él se metió hasta la cocina y en las dos habitaciones de mi vivienda como buscando algo, me dijo que había visto a alguien que iba cruzando de una habitación a la otra. Le dije que me encontraba solo. En ese momento no sé qué me pasó. Me desmoroné y me puse a hablar como loco, contándole mi relación con Flor y de la muerte de Andrea. Sin decirme nada. Mi compañero se fue corriendo hacia una habitación. Le pregunté qué sucedía. Él me respondió que estaba completamente seguro de haber visto a una persona que se metió al cuarto. Salió de ahí sin encontrar a nadie. Me dijo que era la primera vez que entraba a mi departamento, pero que se sentía una sensación densa y pesada. Incluso le era difícil poder respirar bien. Roque me dijo que algo no estaba bien conmigo ni con mi departamento, que al día siguiente me llamaría para buscar una solución a mi problema. Por lo pronto me dijo que se iría a descansar y que yo también tratara de hacer lo mismo. Él se marchó y yo me quedé en un estado de ansiedad muy fuerte. Tuve un episodio psicótico que me orilló arrancarme los cabellos y hacerme daño en mis brazos. Por la noche llegó Flor la abrace tan fuerte que le hice daño. Me dijo que le estaba lastimando. Le supliqué que no me hiciera lo mismo. Ella me dijo que ella no pasaría con su presencia. Me fui tranquilizando hasta que me sentí muy bien. Al día siguiente llegó roque en la mañana me dijo que había estado pensando en mí y era necesario que lo acompañara a un lugar. Le pregunté a dónde íbamos a ir, pero no me quiso decir. Sólo me dijo que me subiera al auto por atención. A él lo acompañé. Me llevó al mercado Corona en el centro, En el tercer piso del mercado, todos los locales venden hierbas, veladoras, santas muertes, leen el tarot Ese piso era esotérico roque se fue con un hombre anciano que estaba sentado en un banco. Me lo presentó. El hombre se llamaba Arcadio. Le dijo que yo era la persona de la que le había hablado. Arcadio me revisó los ojos. Me preguntó qué me había pasado en los brazos. Le respondí cómo me sentí la noche anterior. Sin decir más palabras, agarró diferentes hierbas frescas y las amarró. Me pidió que me pase atrás de su local. Ahí parado, comenzó a pasarme las hierbas por todo el cuerpo. También me roció de un agua que olía muy bien. Hizo varios rituales. Cuando terminó, me dijo que me tenían embrujado alguien muy cercano. Me había hecho un trabajo de magia negra. No podía creer lo que me decía. Le comenté que eso no podría ser verdad, a lo que él me respondió que si no lo creía. Ese era mi problema. De todas maneras, el trabajo que me hicieron estaba surtiendo, efecto, y la prueba era que me encontraba en mal estado. Me preguntó si alguien me había regalado algo sin ningún motivo. En ese momento recordé el medallón. Le respondí que sí. Cuando le dije lo que era, me dio una hoja y un lápiz para que tratara de dibujarlo. Después que lo hice arcadio, me dijo que eso era un nudo celta. Su significado era un círculo de vida infinita con reencarnaciones infinitas. En otras paladas, me dijo que la mujer con la que vivía era una bruja antigua que le robaba poco a poco la vida a un hombre para poder continuar con vida y joven. Me comentó que lo más probable era que a ella sólo la veía por las noches. Eso sucedía porque ya no le quedaban muchos de sus poderes en el día. Seguramente descansaba para recuperar fuerza. Él me dio el fetiche con el que me podría proteger de ella, pero también me dijo que tuviera mucho cuidado, porque si esa bruja se daba cuenta de lo que estaba haciendo, podía terminar en ese instante con mi vida. Me dijo que por la noche no comiera ni tomara nada de lo que ella. Me diera que fingiera hacerlo porque me dormía para poder robarme mi espíritu y después robaría mi alma. También me dio una botella de bruja. Me dijo que la llenara de orines y después le pusiera alfileres, doblados y clavos junto con unos cabellos de flor Después que tuviera todos los elementos dentro de la botella, me pidió que le enterrara en la tierra de forma vertical de preferencia acerca de la entrada a mi casa si por algo no se podía que lo hiciera con una maceta grande y la pusiera junto a la puerta. Esa noche estaba preparado para todo lo que Arcadio me había dicho. Ella llegó a la casa. Desde el momento en que entró noté que se agarraba la cabeza con sus manos. Le pregunté qué le pasaba. Me dijo que sólo le dolía un poco. Había tenido un día muy pesado. Con el brebaje que me dio Arcadio empecé a darme cuenta de muchas cosas que antes no las percibía. Flor preparó la cena, me dio una bebida para tomar y una papilla que preparó en pocos minutos. No comí nada en un descuido. Cuando fue a la cocina, eché todo en un bote que tenía debajo de la mesa. Cuando nos fuimos a dormir, Flor me preguntó si ya me había dormido. No le respondí, pero estaba despierto. Flor se confió y comenzó a desvestirse, se sentó sobre mi cuerpo, me abrió la boca mientras aspiraba con la suya. Después puso sobre mi vientre diversos artículos de metal. No supe de qué se trataba, pero ella comenzó a decir unas palabras extrañas mientras se sentaba sobre mis piernas y se orinaba encima de ellas. Más tarde se salió por un rato y regresó, pero estaba tambaleándose como si viniera borracha. Se acostó un lado mío y se quedó dormida. Cuando ella se durmió, me incorporé. No concebía todo lo que me había hecho. Arcadio me dijo que si todo salía bien, ella se iba a debilitar y no iba a poder marcharse al día siguiente y ahí conocería la verdadera bruja. Después de que se quedó dormida, la amarré a la cama para que no fuera a desaparecer en el momento en que comenzó el alba y la luz del día empezó a entrar por la ventana. Ella se convirtió en una mujer vieja. Cuando me vio empezó a gritar, abrió las cortinas para que entrara toda la luz del día, Flor se convirtió en un polvo negro. No podía creerlo le dije a Rock lo que había pasado. Él llegó a mi casa, juntó el polvo con la misma sábana y la fuimos a enterrar a un baldío junto con los collares por las dudas, roque me recomendó que cambiara de departamento. Así lo hice. Después de todo lo que ocurrió comencé a recuperarme poco a poco y a hacer mi vida normal. Una vez que llevé a un pasajero a aquella colonia, pasé por la casa de flor Era verdad lo que un día me dijo una vecina. Era una casa vieja y deshabitada. Cuando una bruja está más cerca de lo que imaginas. Soy originaria del pueblo de Huichapan Hidalgo. Es considerado como uno de los pueblos mágicos de México. No sólo ese es su atractivo. También es muy conocido porque se cree que es un lugar en el que han vivido brujas. Todavía existe la creencia de que hay brujas entre la población. Tengo cuarenta y cinco años. La historia que les voy a contar sucedió cuando tenía diez años. Mi nombre es Ana. Fuimos una familia de cinco integrantes, mis padres y tres hermanas. Me quedé con las ganas de saber lo que era tener un hermano Varón. Mis padres quisieron tener más hijos, pero a mi madre ya no le fue posible. Cuando se embarazaba, tenía abortos espontáneos. Lo intentó en tres ocasiones porque ella también quería tener un niño, hasta que el médico del pueblo le dijo que ella no lo intentara más o al menos se esperara por un tiempo, porque su cuerpo estaba muy deteriorado y podía adquirir una enfermedad. Ese fue el motivo por el que mi madre ya no volvió a embarazarse en n n en ol el pueblo existía un rumor de que si alguna mujer tenía abortos espontáneos, era porque alguna bruja se enteraba de que esa persona estaba embarazada y de alguna manera lograba sacar del vientre a ese nuevo ser para quedarse con su alma. Por eso mi mamá tampoco quiso embarazarse más. En aquella época era común que las familias fueran numerosas. En el caso de mis padres, los dos tuvieron muchos hermanos. Por eso nuestra familia extensiva era muy agradable. Cuando se hacían reuniones por algún festejo, no era necesario invitar a más personas que la propia familia. En aquellas reuniones que se hacían se hablaban mucho sobre las brujas que había en el pueblo. Escuchaba que decían que había que tener cuidado de ellas, sobre todo si alguna mujer estaba embarazada o daba a luz a un bebé y si no estaba bautizado. Era preciso hacerlo inmediatamente, porque las brujas tenían preferencia por los bebés que aún no habían sido consagrados a Dios. También huía con frecuencia sobre la sal de grano que había que poner en la azotea y en las entradas de las puertas, porque de esa manera las brujas no podían entrar a la casa. Ese tipo de pláticas. Eran de lo más normal escuchar entre mi familia. Por eso, por la noche, después de las nueve, mi mamá ya no nos dejaba salir a la calle, ni siquiera al patio a jugar, porque decía que a partir de esa hora las brujas salían a buscar a los niños. Mi mamá nos daba permiso de salir durante todo el día. No necesitábamos salir acompañadas de un adulto, pero en la noche nos acostumbramos a quedarnos dentro de casa sin decir nada. En una ocasión que fuimos a visitar a nuestros abuelos, mi abuelo comenzó a contarnos la leyenda de una de las brujas más poderosas de Huichapan. Nos dijo que ella habitaba en el cerro de Quatepetl y que todavía salía por las noches a buscar hombres y niños para chupar su sangre. El cerro se encontraba a media hora del pueblo y era posible verlos Desde ahí. Cuando estábamos de vacaciones, les decíamos a mis padres que nos llevaran de día de campo al cerro, pero ellos decían que jamás lo harían, porque ahí había dos cuevas en las que habitaban las brujas y no querían ponernos en peligro. Mi abuelo comenzó a contarnos que esa bruja era una de las más poderosas de la región. Por ese motivo seguía viva. Había logrado sobrevivir a través el tiempo. Otras brujas que existieron en el pueblo fueron atrapadas y quemadas algunas dejaban sus piernas y alguien llegó a encontrarlas. Les escondían las piernas. Así fue como las lograron atrapar y deshacerse de ellas. Mientras mi abuelo nos contaba esas historias de brujas, llegó mi madre se enocó con él y le dijo que no tenía por qué atemorizarnos. Nos dijo que ya era hora de irnos. No supe el motivo por el que mi mamá se enojó. Si todo el tiempo ella también nos hablaba de las brujas De alguna manera nos metió mucho miedo a esos seres a tal grado que cuando era pequeña, llegué a creer en su existencia, porque siempre había costalitos de sal en la casa. Mi mamá, antes de irse a dormir, regaba la sal por todas partes, sobre todo en las puertas debajo de nuestras camas. También ponía sal y dejaba un platito sobre nuestro buró. También ponía en las ventanas. Hubo un tiempo que uno de mis tíos le decía la casa de sal porque en todos lados podíamos encontrarla hasta en las plantas. La ponía. Mi mamá decía que para que ninguna bruja quisiera robarle sus plantas curativas. Por eso, durante nuestra infancia nos acostumbramos a escuchar de ellas. Con frecuencia me quedaba observando el cielo durante la noche sólo a través de la ventana a ver si tenía la suerte de ver una bruja volando. Pero nunca sucedió. En unas cuantas ocasiones alcancé a ver unos círculos en el cielo que emitían luz en el pueblo. Unos decían que eran avistamientos de omnias que iban a visitar a la bruja mayor o que les gustaba estar en las pirámides porque ellos habían ayudado a construirlas. Otros pobladores decían que eran las mismas brujas que se movían como bolas de fuego. Nunca tuve la certeza de que se trataba, porque lo vi en muy pocas ocasiones y no parecía ni una cosa ni la otra. Sólo eran luces, amarillas pequeñas que se veían en el cielo. Aunque nunca tuve la suerte de ver a una bruja. Tanto escuchaba a mis padres amigos y a la gente del pueblo a hablar de ellas que hasta les tenía miedo, porque decían que si una me atrapaba, ya no saldría viva. Me quedaría como pelota desinflada, sin nada de sangre, así que por las dudas mejor obedecía a mis padres. A mediados de año llegó mi tío Roberto o hermano de mi padre. Él se había ido a vivir a otro Estado o buscando oportunidades de trabajo hasta lo que supe conoció a una muchacha del Estado de Oaxaca y se casó. Quizás no le estaba yendo muy bien, porque decidió regresar al pueblo. Muchos de los detalles de la historia que estoy platicando los tenía borrosos. Ya cuando crecí le pregunté a mi madre y ella me los contó. Cuando mi tío Roberto llegó junto con María, su esposa, ella aún tenía más de cerca su origen indígena porque hablaba a Musgo. Era una gran cocinera y sabía hacer artesanías muy bonitas. Mi tío había juntado un poco de dinero y puso un negocio de artesanías entre mi tío Roberto y María las hacía. Después pusieron su puesto en la calle principal. Al principio no les iba muy bien, así que ella comenzó a ofrecer sus servicios para limpiar casas, lavar y planchar. María pronto se dio a conocer en el pueblo era muy solicitada. Sobre todo Doña Rita empezó a pedirle que fuera con frecuencia a ayudarle a su casa. Ella era una mujer sola que no se había casado ni tampoco tuvo hijos. Sus padres le heredaron una casa grande que estaba en las afueras del pueblo. Como ya era de edad avanzada. Era complicado para ella salir a hacer su mandado lavar y asear su casa. María iba dos o tres veces a la semana a ayudarle si era necesario. Acudía por más veces. Con el paso de los meses, tanto mi tío como María se adaptaron muy bien al pueblo. Ellos en un inicio llegaron a la casa de mis abuelos, pero después pudieron comprar un terreno y comenzaron a hacer su casa. Después de un tiempo, María quedó embarazada. Mi madre me contó que al principio ella se puso muy mal con vómito y casi no comía, por lo que dejó de trabajar en las casas. Doña Rita la siguió buscando. Se había acostumbrado tanto a María que le pedía que fuera a hacerle compañía. Ella comenzó a darle unos remedios del pueblo que hicieron que María se sintiera mejor hasta que comenzó a hacer su vida normal de nuevo agradecida con Doña Rita la visitaba con más frecuencia. Entre ellas se hizo una gran amistad, mientras su vientre no se abultaba por el embarazo. Ella siguió haciendo las mismas actividades, pero mi madre me dijo que comenzó a notar la extraña como su casa quedaba muy cerca de la. Nuestra María se salía en la noche con una vela encendida, caminaba hacia las afueras del pueblo y después regresaba Mi madre. Pensó que era parte de sus costumbres. También comenzó a hacerse un poco más huraña con la familia. Empezó a visitarlo menos cuando le invitaban a alguna reunión familiar. No acudía o iba poco tiempo y enseguida. Se iba mi tío Roberto. Se quedaba do convivir con la familia mientras que ella se iba a su casa. Nadie se lo tomó a mal porque pensaban que era parte del proceso del embarazo. En una ocasión, mis tíos y mis tías estaban reunidos en la casa de mis abuelos. Fui a la cocina porque tenía sed allí estaba María. Se encontraba de espaldas por lo que no me vio. Cuando entré ella platicaba en su lengua con alguien más. Lo hacía de manera muy bajita, como un susurro. Traté de no hacerle ruido para no interrumpirla, pero sin querer tiré un vaso. Ella de inmediato se volteó. Me asusté mucho porque tenía sus ojos muy abiertos y estaban raros. De pronto ella cambió y sonrió conmigo. Se portó muy amable, aunque la sentí muy extraña. Le pregunté con quién estaba platicando. Ella Me dijo que con nadie. Sólo le estaba rezando a Dios para que su bebé naciera sano. Era parte de sus costumbres a hacer oración en todo momento. Después nos salimos juntas y nos fuimos con los demás a seguir platicando. María me llevaba de la mano, me apretó muy fuerte. Traté de soltarme sin conseguirlo. Mi madre, que estaba atenta a lo que pasaba, se acercó con nosotras y preguntó si todo estaba bien. María de inmediato me soltó, se sonrió y se fue al lado de mi tío. Le dije a mi mamá que María estaba rara. Desde que entré a la cocina, la escuché platicando con alguien, pero no pude ver a nadie. Mi mamá me dijo que quizás todo fue un malentendido que no hiciera caso. Pero creo que mi madre también pensó que algo había cambiado con María, porque ella, desde que llegó, fue una persona muy servicial y amable, siempre al pendiente de los demás y de mi tío. María cada vez iba más tiempo a ayudar a Doña Rita. Les dijo a todos que la señora se había caído y necesitaba más ayuda, por lo que la veíamos muy poco. Sólo en ocasiones cuando llegaba de con ella la veíamos pasar. Llamó mi atención aquella vez que estaba jugando en la calle con mis amigos. Aún era temprano, porque mi mamá no nos dejaba andar en la calle. Hasta tarde, María llegó corriendo. Ni siquiera nos vio. Iba como si alguien estuviera siguiéndola. Me asomé para ver quién más venía, pero no había nadie. Ella se metió a la casa y dio un portazo. Creo que fue por el miedo que tenía, al menos eso me pareció. Después oí que gritaba. Fui junto con mis amigos para ver qué sucedía, pero ella no respondió enseguida. Fui con mi mamá y le conté lo que había visto. Ella se quitó su mandil y se fue de inmediato a su casa. Le estuvo tocando la puerta sin que ella abriera. Sólo escuchamos otro grito y después el silencio. Como no teníamos llaves de la puerta. Mi mamá me mandó al puesto de mi tío para que le avisara. Él rápidamente cerró su negocio y se fue a su casa. Cuando mi tío entró, María estaba tirada en el piso. Me asomé y vi que ella estaba sangrando. Mi tío la subió a su auto y la llevó al hospital. María estuvo ahí por unos días porque los médicos no sabían el motivo por el que ella no salía de su estado de inconsciencia. Mientras María estaba en el hospital, doña Rita fue a buscarla. Los que la vimos nos sorprendimos porque la señora caminaba muy bien con lentitud, pero no se le notaba que hubiese sufrido una caída. Mi mamá se acercó para preguntarle si estaba en condiciones de caminar. Doña Rita le dijo que nunca se había caído. Mi madre la puso al tanto de lo que había sucedido a María. Doña Rita le dijo a mi tío Roberto que ella podía quedarse a Cuidarla n no tenía otro o tipo de ocupación. Además, María se había convertido en su mejor amiga. Mi tío le dijo a Doña Rita que le agradecía mucho su intención de ayudar, pero no quería dejarla sola con María porque su estado de salud era muy delicado. Contrario a lo que pensaba mi tío, Doña Rita le dijo que eso no era verdad. Ella estaba mejor que nunca, sobre todo con los cuidados que le proporcionaba a María. Ahora la que necesitaba el apoyo era ella, por lo que Doña Rita estuvo dispuesta a dárselo. Mi tío estaba muy cansado y se fue a su casa por unas horas. Al poco tiempo que regresó al hospital, María estaba despierta como si nada lo hubiese ocurrido. Mi tío le preguntó qué había pasado, por qué había llegado tan asustada a la casa. María lo calmó y le dijo que todo estaba bien. El médico llegó para darla de alta. Dijo que ella no tenía nada, que sólo fue un reconocimiento de su cuerpo cuando sangró un poco y que el bebé estaba muy bien. Ese día, María salió del hospital. Se le llevaron a su casa junto con Doña Rita, que estuvo el pendiente de ella. Escuché a mi madre decir que le sorprendía mucho ver a Doña Rita también porque María siempre decía que ella se encontraba muy delicada. Después de aquella vez que María se puso mal ya de por sí había cambiado, se puso peor con mi tío, nunca llegaba a ningún acuerdo. Ellos peleaban de todo y por nada. A María ya no le interesaba el negocio, ya casi no se aparecía en el hogar. Las cosas se pusieron muy mal entre mi tío y ella, hasta que una noche el silencio se rompió por los gritos de mi tío se escucharon hasta nuestra casa. Mi mamá salió para ver qué sucedía. También los vecinos lo hicieron. María salió con una maleta. Le dijo a mi tío que ella no lo aguantaba. Se fue directo donde nos encontrábamos nosotros. Nos dijo que esperaba no volver a vernos porque a ese pueblo no regresaba. Mi mamá le dijo que no se marchara a esa hora era peligroso. Lo mejor era que se quedara con nosotros y al día siguiente la llevarían a la terminal. Si lo que quería era regresarse a su pueblo, nadie la iba a detener, pero que lo hiciera hasta el día siguiente, María dijo que ella no podía estar un rato más. Ahí tomó su maleta y se marchó para ese tiempo. Ya se le notaba el embarazo. Mi papá la llevó en su auto a la terminal. Nos dijo que sólo la dejó y se regresó el camión anzo chiscalahuaca salía en un par de horas. Él no se quedó con María porque ella se puso muy rara. Mi papá nos dijo que durante el trayecto a la central de autobuses, ella comenzó a rezar en la musgo. Nos dijo que tuvo un poco de temor porque pudo sentir la presencia de alguien que lo seguía. Mi mamá le dijo a mi tío que se fuera a nuestra casa porque él estaba muy mal. Le dolió mucho que María lo hubiese dejado, pero también balbuceaba palabras diciendo que era lo mejor porque ella ya no era la misma. Desde que supo que estaba embarazada, se transformó en otra persona, como si la verdadera María hubiese desaparecido y que alguien más estuviera en su cuerpo, porque ella era muy buena y muy dulce. La nueva María era malvada. Cuando mi madre escuchó que él decía eso, trató de convencerlo, diciéndole que muchas mujeres no la pasaban tan bien en el embarazo y que quizás ella era una de esas personas que le tuviera paciencia después que el bebé naciera la fuera a buscar, porque lo más seguro era que ella volvería a ser la misma. Sin embargo, mi tío le repitió a mi mamá que ella ya no era la misma, porque hasta la voz le había cambiado. Le decía cosas que él jamás le había contado situaciones de su infancia que ella desconocía, así como otros secretos más. Ante esa declaración de mi tío, mi mamá ya no supo qué Responderle le ofreció el sofá y una cobija. Él se quedó a dormir en la sala de nuestra casa. Durante los siguientes días se le veía muy mal a mi tío decaído sin ánimos de vender en su local. Entre toda la familia lo apoyamos para que saliera adelante. Él no quiso ir a buscar a María a su pueblo porque decía que estaría igual mejor se iba a esperar a que naciera su hijo. Entonces iría a hablar con ella. Después de varias semanas, mi tío se fue sintiendo mejor. Con la ayuda de la familia, se fue incorporando a su vida cotidiana. Un día él se acordó de Doña Rita. Dijo que iría a verla porque era una señora sola y ya María no estaba para ayudarla. Además, cuando María estuvo en el hospital, ella le había ayudado mucho. Una tarde después de que mi tío cerró el local, fue a la casa de Doña Rita me preguntó si lo acompañaba. Sólo sería por unos minutos para ver cómo estaba la señora. A mí, lo que me gustaba era subirme en el auto, por lo que de inmediato le dije que sí. En pocos minutos llegamos a la casa de Doña Rita. Ya comenzaba a oscurecer. Le dije a mi tío que se acordara que a mi mamá no le gustaba nada que estuviera esas horas en la calle. Él me dijo que era distinto porque iba acompañado de un adulto y no había problema. Mi tío tocó varias veces la puerta sin que nadie abriera. Él comenzó a preocuparse porque sabía que Doña Rita estaba sola. Se fue por la parte de atrás de la casa. Esa puerta sí estaba abierta. Me tomó de la mano y entramos juntos al interior de la casa. Todo estaba en completa oscuridad. Sólo una vela encendida estaba hasta el fondo. En ese momento alcancé a ver cómo si a alguien caminar en cuatro patas asustada. Le dije a mi tío que había visto un animal junto a la vela. Él me dijo que había escuchado que alguien estaba dentro de la casa. Le gritó a Doña Rita le dijo que entraría para ver si se encontraba bien, pero nadie respondió. De nuevo vi cómo alguien se movía entre la oscuridad la escasa. Luz de la vela no permitía ver con claridad. Mi tío tuvo el acierto de que no saliéramos de la casa. Me dijo que me llevaría con mi mamá, me dejaría en mi casa y regresaría con mi padre. Así lo hizo. Mi padre nos contó que cuando entraron a la casa de Doña Rita no podían concebir lo que estaban viendo dentro. Estaba María completamente bañada en sangre. El bebé ya había nacido ella. En cuanto vio a mi tío se puso a llorar, le pidió que no la fuera a dejar. Ahí aún no terminaba de hablar cuando la jalaron hacia el interior de un cuarto, alguien le encerró con llave en esa habitación. Después salió doña rita caminando mejor que nunca. Se le notaba más rejuvenecida, sin su pelo cano ni su cuerpo acabado por los años. Ella riéndose de una manera macabra, le dijo a mi tío que él nunca tuvo un hijo. El bebé que estaba esperando María no era de él, porque el mismo diablo la había preñado. Mi papá y mi tío no podían concebir lo que esta mujer les decía. Empezaron a creerle cuando vieron que ella comenzaba a decir unas palabras que no entendieron. Alrededor de ella se formó una nube negra que le fue dando forma de una cara horrible. Mi papá le decía a mi tío que se fueran de ese lugar, pero él no quería dejar a María. Le suplicó a mi padre que le ayudara a sacarla de ese lugar infernal. En ese momento se dieron cuenta que Doña Rita era una bruja. Ella comenzó a avanzar hacia ellos. Junto con esa nube negra. Mi papá sacó a mi tío jalones de ese lugar. Se fueron de inmediato al templo para pedirle al padre que los ayudara. El de inmediato accedió. Sólo les pidió unos minutos para llevar su estola, su acetre y agua bendita. Cuando llegaron a la casa, todo estaba en silencio. Entraron los tres con lámparas en mano, pero al interior de la casa ya no estaba Doña Rita. La casa quedó con un olor azufre y hecho un desastre. Buscó a María, la encontró en un charco de sangre, pero aún respiraba. La Sacaron de ese lugar y la llevaron al hospital, después que le intervinieron quirúrgicamente porque ella estaba golpeada y tenía su vientre casi destrozado. Ella pudo sobrevivir. El médico corroboró lo que suponían. Ella había dado a luz, pero se lo habían arrebatado de sus entrañas. Por eso su vientre se encontraba en ese estado a Doña Rita no la volvieron a encontrar. Lo más seguro fue que se cambió de residencia. María se recuperó lentamente, pero salió adelante. Cuando mi tío le preguntó qué había sucedido, ella respondió que no recordaba nada. Mi mamá dijo que lo más seguro fue que le hicieron un embrujo para que ella quisiera estar en esa casa hasta el momento en que el bebé naciera. Por desgracia, Doña Rita, junto con el demonio habían logrado quitarle su bebé a María con brujería. Con el paso de los días, María volvió a ser la misma mujer amable y simpática que habíamos conocido, aunque triste por la pérdida de su hijo. Cada día le rezaba un rosario por su alma. Mi madre nos dijo que jamás se imaginaron que Doña Rita fuera una bruja. Sabían que era una mujer muy solitaria, pero nunca pensaron que estuviera del lado del mal. Pensaban que las brujas estaban en el cerro de Quatepec transformándose en animales, volando como bolas de fuego o en algún otro lugar. Lo que menos imaginaron era que se hacían pasar como cualquier persona del pueblo. Por eso era necesario cuidar más a los niños. La leyenda de la bruja de Gilotepec vive en ciudad de México. Mi nombre es Guadalupe. Mi esposo Sebastián y su familia son de un pueblo del Estado de México, de nombre Gilotepec. Está como a una hora de la ciudad. Por razones de trabajo, no había ido a conocerlo mi esposo. En ocasiones iba a visitar a su familia. Me casé con Sebastián hace poco más de un año. Al poco tiempo de estar juntos. Quedé embarazada cuando conocí a Sebastián tenía un niño de cuatro años de mi pareja anterior. Me separé del padre de mi hijo porque era una persona sumamente agresiva. Me tuve que cambiar de residencia porque él continuaba buscándome y agrediéndome en todo momento. Incluso llegó a amenazarme. Fue por ese modo que tuve que ponerle una orden de restricción para mantenerlo. Lejos, principalmente de nuestro hijo, porque tenía miedo de que se lo llevara con engaños. Aunque también era su hijo. Nunca lo trató dignamente, le gritaba y lo insultaba. En varias ocasiones trató de golpearlo, pero no se lo permití. Cuando me cambié de casa, me fui del otro lado de la ciudad para que no nos encontrara. Fue necesario que también cambiara de trabajo, porque el que tenía me quedaba muy lejos en ese lugar fue en el que conocí a Sebastián en un inicio. No quería estar en otra relación porque tenía temor de que me sucediera lo mismo. Sin embargo, pude hacerlo. Cuando recibimos la invitación para la boda de una de las hermanas de Sebastián, le dije que él fuera con su familia. Prefería quedarme a descansar, porque acababa de regresar de la incapacidad por maternidad y no me había resultado sencillo regresar al mundo laboral con otro hijo más. Sebastián ni insistió. Me dijo que sólo sería el fin de semana. Me convenció y nos fuimos para principios de diciembre. Llegamos a Gilotepec, nombrado como pueblo encantado. El sábado por la mañana en la casa de los padres de Sebastián había muchos invitados, quien también llegaron de distintos lugares. Una de sus hermanas le ofreció su casa para que permaneciéramos en ella, solo que estaba en las afueras del pueblo cerca del bosque. Me agradó la idea, porque mi bebé podría descansar más como estaba muy cerca. El invierno. Había una espesa niebla que cubría la parte baja nos instalamos en la casa. Me quedé sola con mis hijos porque todos estaban ocupados con los preparativos. El cielo estaba nublado, así que tuvieron que poner mámparas para que cubrieran a los invitados en caso de que lloviera no era temporada, pero en ocasiones solían caer lluvias invernales. Después que se marcharon, decidí salir a caminar un poco para conocer el lujo. Muy cerca de la casa. Había una zona boscosa con muchos árboles. Llevé a mi bebé y a mi hijo. El lugar era muy bonito. Me fui a sentar en un tronco grande que estaba muy cerca de unos árboles frondosos. Me llamó la atención ver a una mujer joven que venía del fondo del bosque. Ella caminaba con un vestido ligero de color negro y calzaba unas sandalias. Me hizo un atuendo muy fresco para esa época, porque ella se sentía frío. La mujer me hizo un saludo con la mano, al mismo tiempo que me sonreía con amabilidad. Le respondía al saludo. Ella se encaminó hacia donde me encontraba. Me preguntó si no era de ese pueblo, porque no me había visto. Se presentó con el nombre de Ángela. Me dijo que su casa estaba muy cerca de ahí. Por eso salía todas las mañanas a caminar. Le comenté que me quedaría por dos días en la casa de la hermana de mi esposo. Ella era inés, Ángela sonrió me me me me di jo uer la prácticamente era mi vecina. Vivía justo al frente de la casa. En ese momento mi bebé despertó y comenzó a llorar. Intenté amamantarlo, pero se negó a aceptar la leche. Era la primera vez que se ponía tan inquieto. Ángela me dijo que ella intentaría calmarlo. Lo puse en sus brazos. Al poco tiempo se fue tranquilizando. Nos regresamos juntas a nuestras casas. Antes de que me despidiera de ella, me dijo que había hecho un pan de elote y que le encantaría darnos un pedazo, ya que no tenía con quién compartirlo. Se me hizo muy cortés de su parte y lo acepté. La fiesta comenzó temprano. La misa fue a las dos de la tarde, así que pudimos estar con la familia de Sebastián durante varias horas. Después de que la música estuvo tocando. Mi bebé comenzó a llorar mucho. Me acerqué con Sebastián para decirle que me llevara a la casa. El niño estaba muy cansado y quería dormir, pero no podía hacerlo. Por tanto, ruido estuvo de acuerdo en llevarnos. Cuando llegamos a la casa, le dije que no tenía ningún problema si él quería regresar a la fiesta. Entendía perfectamente que se trataba de su hermana y que la mayor parte de sus familiares estaban reunidos. Él me lo agradeció y se fue de regreso. Eran las siete de la tarde, Pero en esa época oscurecía temprano. En cuanto le di su alimento a mi Bebé, se quedó profundamente dormido. Lo acosté en el porta Bebé y lo dejé en la sala para poder estar viéndolo porque mi hijo mayor todavía tenía energía, así que me puse a jugar con él con una pelota que encontramos en el patio. Estábamos jugando. Cuando salió Ángelas de su casa, ella se incorporó a nuestro juego. Después de un rato, le invité a pasar y le ofrecí un café. Mientras lo preparaba, Ángela se quedó en la sala observando a mi bebé. Cuando regresé de la cocina, ella seguía mirando atentamente a mi pequeño. Me dijo que siempre había querido tener hijos, pero nunca pudo. Por ese motivo, su anterior pareja la había dejado, pero ahora tenía un compañero. Me dio tristeza lo que me contó. Se veía tan vulnerable que tuve la confianza de contarle lo que me había sucedido con mi ex Pasamos un rato agradable. Después de la charla, Ángela se tomó el café y se despidió. Me dijo que tenía algo importante que hacer. Estaba eligiendo una película para verla con mi hijo más grande. Cuando se fue la luz, quedamos en absoluta oscuridad. Mi hijo se puso a llorar porque él le tenía miedo a estar sin luz. En el pasado, su padre lo había atemorizado dejando a la oscura sin su consentimiento. Lo abracé y le dije que se tranquilizara. Llamaría a Sebastián para que nos llevara alguna lámpara recargable y veladoras. Traté de comunicarme con él, pero no respondió. Lo hice en varias ocasiones, pero nada. Comencé a buscar en los cajones del gabinete alguna vela, pero no encontré nada. El Bebé seguía dormido mientras mi pequeño edgar me seguía a todas partes agarrado de mi falda. De repente llamaron a la puerta. Pensé que podría ser Sebastián. Al ir a abrir me detuve porque recordé que Sebastián tenía llaves de la casa. Sin motivo alguno. Yo también comencé a tener miedo. Quizás el hecho de que no fuera mi casa y que estaba en completa oscuridad. Me dio un poco de temor. Sin abrir la puerta, pregunté quién era. Nadie respondió a mi pregunta. De nuevo tocaron en la puerta. Lo hicieron como si le hubiesen dado patadas. El ruido despertó al bebé y comenzó a llorar. Fue un momento en que también Edgar se puso a gritar. Traté de calmarlo Sin lograrlo afuera. Dejaron de insistir en la puerta alcancé a escuchar las pisadas en la tierra. Suelta parecía como si hubiese resbalado la persona que estaba tocando. Nos fuimos acostumbrando a la oscuridad y nos comenzamos a relajar. Le hizo alimento a mi bebé con mi otra mano abrazaba a mi pequeño edgar. Apenas habían pasado algunos minutos cuando escuchó un grito desde afuera. Era la voz de un hombre que me pedía que le abriera. Me quedé helada. Cuando reconocí esa voz, no lo podía creer. Era mi ex Le grité que se fuera de la casa porque si no llamaría a la policía, él se rió a carcajadas. Me dijo que lo intentara para ver qué conseguía. Después de unos minutos dejaron de tocar la puerta. No sabía qué hacer. Sentía impotencia. De pronto comencé a escuchar pasos en la parte de atrás que da al patio. Corrí para ver si la puerta estaba bien cerrada. Vi una sombra que se movió con rapidez. Estaba a punto de ponerle el candado a la puerta. Cuando la empujaron caí al piso. Vi la silueta de una persona parada creí que era mi ex Agarré lo que encontré en el suelo para lanzarlo, pero escuché la voz de Ángela. Me dijo que se había dado cuenta de que alguien quien estaba afuera. Ángela me ayudó a levantarme. La abracé desesperada. Le dije que no sabía qué iba a hacer. No tenía luz ni señal en el teléfono. Ella me pidió que me tranquilizara. Vio cuando ese hombre se había marchado, pero lo más probable era que iba a regresar, así que lo mejor era irnos de la casa de inmediato. Le respondí que no, porque si él lograba alcanzar, nos trataría de hacernos daño. Lo mejor era encerrarnos muy bien para que no entrara. Lo más seguro era que sebastián regresaría muy pronto. No sé por qué motivo. Ángela insistió en que no saliéramos, pero no le hice caso. Ella me decía que en su casa estaría segura. Me convenció y salimos por la parte trasera de la casa. Nos metimos a la vivienda de Ángela también por atrás para evitar que mi ex nos viera. En cuanto entramos a la casa de Ángela, percibió un olor fuerte humedad. Además, las paredes estaban pintado de negro. Tenía artículos extraños, como un fogón de leña. Ángela me preparó un té de distintas hierbas para que me calmara. Desde ahí me pude asomar a la casa de la hermana de Sebastián, pero no había nadie. Eso me tranquilizó. Me tomé el té y me fui relajando hasta que quedé dormida. Cuando desperté, Ángela me tenía amarrada de las manos y de los pies. Le pregunté por qué me tenía. Así me dijo que quiso hacer las cosas de una manera más tranquila, pero como no acepté, compliqué sus planes. Me sentía tan aturdida por la bebida que me había dado y por la manera en la que me respondía. Ángela ya no tenía la voz suave ni amable. Ahora me gritaba mientras me decía que yo había tenido la suerte de haber tenido dos hijos y ella ni siquiera pudo tener uno. Yo volví entre estéril, al igual que su vida, así que se llevaría a mis hijos. Me dijo que jamás los iba a ver de nuevo, porque ahora le pertenecían. A ella más adelante podría tener otros hijos. La cara de Ángela se había transformado. Ya no era aquella mujer joven y bonita. Su rostro se deformó sus ojos. Tenían las pupilas muy dilatadas y oscuras. En ese momento me di cuenta de que ella era un ente extraño. No era la persona que decía ser. Me encontraba sin poder moverme por alguna extraña razón. Estaba paralizada. Me encontraba sin poder mover enseguida, escuché que tocaron en la puerta. Eran cuatro mujeres que entraron riéndose a la casa y Ángela comenzó a bailar y cantar. Mientras que veía a mis hijos también dormidos en el centro de la sala. Pareciera que estaban haciendo un ritual alrededor de ellos. Por más que intentaba moverme. No lo logré. Después, esas mujeres vieron el reloj y dijeron que era la hora indicada. Agarraron a mis pequeños y se los llevaron. No tenía la menor idea de a dónde iba. Me quedé en esa casa sintiéndome impotente. Cuando ella salieron, la casa se fue transformando en una vivienda vieja y abandonada. Después de poco tiempo escuché un auto que se paró frente a la casa. Traté de moverme y pude hacerlo con mucha dificultad. Pude gritar era Sebastián, pero no me escuchaba vi Cuando Sebastián caminó hacia la parte de atrás de la casa. De nuevo salió y se veía desesperado. Yo no sabía qué hacer. Me levanté con todo y silla Encontré una cuchara grande de madera. La agarré con mi boca y con ella intentaba golpear la ventana, pero no pude hacer que Sebastián me viera. Él estaba a punto de irse. Cuando golpe con mi cabeza el cristal, no logré romperlo, pero si que Sebastián me viera, él se bajó del auto y corrió a ayudarme. Él me preguntó dónde estaban los niños. Le dije casi a gritos lo que r había ocurrido. Le supliqué que hiciera algo. Era preciso encontrarlos antes de que esas mujeres hicieran algo con ellos. Él me subió al auto y fuimos de regreso a la fiesta. Se fue a hablar con una de sus hermanas, Sebastián, regresó con su hermana y con un hombre mayor. Después supe que era un sacerdote. Regresamos a la casa de su hermana. Ella nos dijo que tenía idea de dónde podríamos encontrar a nuestros niños. A ella se le había ocurrido llevar al padre para que nos apoyara. El Padre Gabriel pidió que llegáramos a la Iglesia para poder recoger algunos artículos que necesitaba. No demoró mucho. Él llevaba un rosario grande, un frasco con agua y una estola, unas calles. Antes de llegar a la casa de la hermana de Sebastián dimos una vuelta a la derecha. De ahí nos fuimos hacia el bosque. Sebastián llevó el auto hasta donde hubo calle. Después nos bajamos y caminamos. No fue por mucho tiempo porque comencé a escuchar los mismos cánticos que hicieron las mujeres en la casa de Ángela. A lo lejos vimos que iluminaban la oscuridad una fogata encendida. Ahí estaban ellas con los niños dormidos mientras bailaban desnudas. Alrededor de ellos era macabro. Cinco mujeres bailaban con sus cuerpos viejos. La piel se les pegaba al esqueleto. Estaban sin cabello y encorvadas. Sebastián y el sacerdote de inmediato y irrumpieron. Mi esposo trató de agarrar a los niños, pero no se lo permitieron. Las mujeres comenzaron a agredirlo. En ese momento. El sacerdote comenzó su ritual. Mientras oraba, les lanzaba agua bendita con el acetre. Ellas comenzaron a contorsionarse y a gritar. Horrible, pero parecía que Ángela era la bruja mayor, porque a ella no les sucedió nada. Comenzó a caminar hacia el padre sin dificultad. Comenzó a caminar hacia el padre y sin dificultad lo golpeó. El padre oyó de espaldas para ese entonces la cara de Ángela ya estaba completamente deformada. Era una anciana con sonrisa maléfica. Me dijo que mis hijos ahora eran de ella. Aún no terminaba de hablar. Cuando comencé a escuchar el llanto de muchos niños gritaban y nos pedía que nos alejáramos de ese lugar. Lo extraño era que se escuchaban sus voces, pero no sabía de dónde provenía. La hermana de Sebastián me señaló un árbol frondoso. Me dijo que los niños estaban ahí dentro. No terminó de decirme cuando también aventó a la hermana de Sebastián hacia el piso. Ella iba directo conmigo. En cuanto estuvo frente a mí, me levantó con una mano del cuello. Me dijo que no debía de hacer tanto alboroto. Sentí que me estaba asfixiando en ese momento. Creí que moriría, pero Sebastián y el sacerdote ya se habían incorporado. Cada uno había recogido un tronco y con el que le pegaron en la cabeza fue tan fuerte que quedó aturdida. La agarraron por atrás y la amarraron. Ella empezó a gritar de una forma siniestra. Cuando la pudieron dominar. Las otras brujas corrieron y se dispersaron entre los árboles. Sólo oíamos sus gritos, que se alejaban cada vez más. El padre de nuevo inició el ritual, pero esta vez comenzó a funcionar. Ángela se movía mientras gritaba palabras obsenas. Hubo un momento crucial en el que el padre levantó una cruz de madera pequeña se la puso en la frente y ella comenzó a retorcerse y antes de que el padre volviera a hacer lo mismo se levantó y se perdió en la oscuridad del bosque. Fui de inmediato a recoger a mis pequeños. Los dos estaban con vida. Sentí su respiración mientras Sebastián apagaba la fogata con tierra y piedras. El padre siguió rezando y bendiciendo. El lugar regresó. Estamos cansados y agobiados. Durante el trayecto de regreso. Nadie dijo nada. Llegamos a la casa del padre y él nos invitó a pasar. No queríamos, pero él insistió. El padre nos invitó a sentarnos y nos dijo que entendía cómo nos sentíamos. Por lo regular se creía que el mal se manifestaba de otras formas, pero que esas mujeres eran brujas que seguían al demonio. De hecho, él pensó que en algún momento el demonio se iba a ser presente. También tuvo miedo de no poder detenerlo. Por suerte, eso no ocurrió. Sebastián le preguntó a su hermana cómo supo dónde encontrarlas. Ella dijo que en realidad no lo sabía. Sólo pensó en la probabilidad de que fuera en el árbol del que se ha hablado en el pueblo. Le pregunté a qué se refería. Ella nos dijo que había un rumor, o más bien una leyenda que ella nunca creyó. La escuchó en palabras de su mamá y de la gente adulta. La hermana de Sebastián contó que, según la leyenda, había una mujer muy bonita que anhelaba casarse y ser madre. Pudo hacerlo, pero cuando su esposo vio que no le podía dar hijos, él se marchó. Ella Cada vez se fue amargando porque no lograba concebir según cuenta la leyenda, ella hizo un pacto con el diablo para que le permitiera ser madre, pero su vientre continuó infértil. Ella se llenó de odio y de venganza, jurando tener los hijos que ella quisiera, aunque no fueran de ella. Así fue que se robaba a los pequeños y dejaba sus almas encerradas en ese árbol. La hermana de Sebastián dijo que sólo se dejó llevar por un supuesto, porque no tenía la menor idea de en qué otro lugar podía estar esa mujer Con mis hijos. Le pregunté si alguna vez se habían desaparecido algunos niños. Ella me respondió que hubo una ocasión en que un matrimonio llegó con un bebé a vivir al pueblo. Nunca supo quiénes eran, porque ella era pequeña. Esa pareja rentó la casa. Según escuchaba a las señoras dijeron que el niño había desaparecido de su cuna. La mujer se puso tan mal que la tuvieron que llevar al hospital. Ya no se supo si murió o qué sucedió, porque ese matrimonio ya no regresó ni por sus cosas. La dueña de esa casa vendió los muebles y lo regaló para desocupar la vivienda. Si en otro momento la hermana de Sebastián me hubiese contado esa historia, no le hubiera creído nada en absoluto. Pero después de lo sucedido, comencé a creer en hechos que no tenían explicación alguna. Relatos escritos y adaptados por Adriana Cuevas