Feb. 6, 2024

Mi Hija Invocó Un Demonio Al Contacta A Su Abuela Con La Ouija Historias De Terror - REDE

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La tabla. Habían pasado ya once años desde que Mamá nos dejó su ausencia. Se colaba en cada rincón de la casa como una sombra persistente en el desayuno. Romina compartió algo sorprendente. Afirmaba que Mamá como si regresara del más allá, me rodeaba la casa. Desde la noche anterior la describía como una presencia extraña, con la mirada perdida y una expresión inquieta. Estuvo en silencio con un semblante demacrado que denotaba una experiencia intensa. Traté de comprender lo que le ocurría. Al agarrar la taza, Romina temblaba incontrolablemente algo la aterraba y todos podíamos sentir que pronto revelaría el motivo. Detrás de su perturbación, esa noche nos llamó para compartir su confesión. Romina había escuchado ruidos extraños como pasos que subían las escaleras. Llena de temor, se puso de pie, dirigiendo su mirada hacia el pasillo, donde la penumbra se volvía más densa. Los sonidos continuaron ahora provenientes de la cocina. Romina, decidida pero temerosa, bajó sigilosamente las escaleras, llegando a los pies de la escalera antes de atreverse a encender la luz que iluminaría el misterio que se cernía en la oscuridad. En ese preciso instante, la escena adquirió un matiz aún más inquietante frente a Romina. Atravesando la cocina, apareció la figura de Mamá, una visión impactante como si hubiera regresado de la otra vida. Con la misma apariencia demacrada que recordábamos. Romina compartió este encuentro espeluznante con nosotros su relato, dejándonos en completo pavor. Incluso podría jurar que palideció al rememorar el momento. Tras un incómodo silencio en la mesa, Romina agarró mi antebrazo con unos ojos extremadamente abiertos, se acercó a mi rostro y susurró con sorpresa. Era ella hermana, Mamá está de vuelta, acompañando sus palabras con una tenue sonrisa que de alguna manera me pareció algo inquietante recordando el dolor de la pérdida de Mamá. La confesión de Romina nos sorprendió y preocupó a todos. Después de meses de tratamiento para superar la pérdida, Romina actuaba como si Mamá estuviera viva. Durante casi un año. Hablaba con ella constantemente, incluso imaginándola en su recámara cada noche como parte de un ritual personal. La pérdida había afectado profundamente a Romina. Casi volviéndola loca por recomendación médica. No la dejamos sola y la trajimos a vivir con nosotros para brindarle apoyo. Más de una década después, la siniestra confesión de Romina sobre el regreso de Mamá desató incredulidad y preocupación en todos nosotros. El misterio y la intriga se mezclaban con la compasión por el dolor RNR que Romina aún llevaba consigo. La idea de que Mamá podría estar de vuelta nos estremeció en la mesa. Surgió la preocupación de si el trastorno de Romina estaba regresando, si su salud mental se tambaleaba de nuevo. Los más pequeños de la familia se asustaron para ellos. La abuela sólo existía en fotos y en las historias que les contábamos. Fernanda, mi hija mayor fue la más afectada. A diferencia de sus hermanos, ella sí conoció a la abuela en vida. Tenía cinco años. Cuando mamá se fue. Compartieron momentos especiales juntas. Mamá siempre la consintió, creando un lazo único entre ellas. El relato macabro de Romina la impactó profundamente, causándole tanto miedo que subió rápidamente a su habitación. Pensábamos que la situación podría deberse a una recaída en el trastorno de mi hermana y llamamos al médico en busca de ayuda, pero las noches siguientes nos llevaron a cuestionar esa explicación. Eventos de esperas nantes ocurrieron haciendo que dudáramos de que todo fuera producto de la mente afectada de mi hermana. Lo inesperado sucedió cuando mis hijos pequeños tuvieron encuentros sobrecogedores con su abuela en la quietud de la noche. Los más pequeños afirmaron haber visto a la abuela merodeando por los pasillos, con su figura demacrada y mirada inquietante. En una noche de lluvia. Daniel, el más pequeño, llegó asustado a nuestra habitación sollozando nos confesó con voz temblorosa. Puedo dormir con ustedes. Mamá, la señora sin pelos, no me deja dormir. Está sentada en mi cama y me habla de cosas que no entiendo. Me da mucho miedo. Dice que me va a llevar con ella, pero no tengo miedo porque ella es mi abuela. Mi esposo y yo quedamos helados ante la revelación de nuestro pequeño. Lo revisamos en nuestra cama pensando que podría ser una pesadilla, pero la posibilidad de que algo más profundo afectará a nuestro pequeños nos inquietaba preocupada. Me levanté para verificar a Saúl, su hermano. Al salir al pasillo, experimenté unos segundos de incertidumbre al percibir ruidos de la habitación de los niños. Avancé con sigilo hasta la puerta, que estaba completamente cerrada. Coloqué mi oído contra la puerta para escuchar mejor. Los sonidos eran una voz susurrante y atemorizada. Abrí la puerta de golpe. Impactada por la situación, encontré a Saúl durmiendo en el suelo acurrucado en posición fetal sobre la alfombra, lo que aumentó mi preocupación. El frío en la habitación era extraño, como si una ola gélida hubiera invadido el cuarto de manera antinatural. A pesar de estar en pleno otoño. La intensidad del frío era fuera de lo común saúl yacía allí completamente entumecido, así que lo llevé de vuelta a su cama. Mientras lo hacía, vapor salió de mi boca y la sensación de entumecimiento me volvía. Busqué una explicación lógica, quizás una ventana abierta, pero al revisar encontré que la ventana estaba bien cerrada. La extrañeza del momento se apoderaba de mí. Al salir del cuarto, me detuve para observar hacia la habitación de los niños. Sentí como si alguien o algo me estuviera observando. La presencia en la habitación se hizo palpable y la inquietud se intensificó. Cuando juré escuchar una exhalación larga y profunda desde algún rincón oscuro cerré los ojos rápidamente intentando bloquear la incomodidad y la inquietud. La mañana siguiente, la preocupación no provenía tanto de tener a los niños en la cama como de la razón por la cual decidí cobijarlos allí. Quería entender lo que estaba sucediendo, así que me acerqué a Saúl para indagar por qué había optado por dormir en el suelo. Su respuesta aumentó mi inquietud. La abuela no me dejaba dormir. Se metió en mi cama o l a r muy feo y decía cosas horribles al oído. No era como la abuela de las fotos que me enseñaste Mamá. Por eso me bajé de la cama. La revelación de Saúl fue sorprendente y desconcertante. Ahora no era sólo mi hermana quien experimentaba cosas extrañas. Ambos niños compartían experiencias sobre la presencia de Mamá, pero lo que narraban iba más allá de lo inquietante estábamos adentrándonos en un territorio mucho más siniestro de lo que imaginábamos con Romina descansando. Durante la siesta, decidí hablar con mi esposo sobre estos eventos. Aunque inicialmente no le diera mucho crédito a los comentarios de los niños. La situación nos llevó a recurrir a la psicología para intentar entender lo que estaba sucediendo. Mi esposo tomó la iniciativa y, con cuidado, les preguntó a los niños sobre la noche anterior. Para nuestra sorpresa, ambos compartieron el mismo relato escalofriante sobre los eventos son en su habitación. Las coincidencias sólo aumentaban nuestra preocupación. Decidimos abordar el tema con Fernanda esa noche, preguntándoles sutilmente si había notado algo inusual en la habitación de los niños respondió que no percibió nada fuera de lo común. Sin embargo, al contarle nuestras experiencias con Mamá, su expresión cambió instantáneamente. Su rostro se desfiguró, palideció y nerviosa. Se retiró directamente a su cuarto, dejándonos con la sensación de que ocultaba algo. La incertidumbre se apoderaba de nosotros. La familia estaba sumergida en un torbellino de sucesos inexplicables y emociones encontradas. La siguiente noche, los gritos ensordecedores de los niños nos alarmaron. Corrimos hacia su habitación y nos encontramos con una escena desgarradora. Ambos niños llenos de pavor señalaban hacia la pared sobre mi cabeza. Al abrir la puerta, presenciamos algo a tino terrador, algo agarró brutalmente mi pelo, levantándome en el aire con violencia, mis pies quedaron suspendidos, sintiendo un dolor agudo en el cuero. Cabelludo fui lanzada hacia un lado chocando contra un mueble. En ese fugaz momento sólo pude vislumbrar una sombra negra y masiva, deslizándose hacia el pasillo. Justo cuando mi esposo y Fernanda llegaban alertados por el estruendo. La sombra oscura no pasó desapercibida. Para mi esposo y Fernanda, con golpes en las puertas y sacudidas en la casa, la presencia malévola se hacía más evidente. Sentí con certeza que algo maligno irrumpió en nuestro hogar. Estábamos en estado de shock, sin palabras y sin lágrimas, consumidos por un miedo indescriptible. Intentamos calmar a los niños llevándolos a nuestra habitación en la habitación. Mis hijos no dejaban de llorar y gritar. El caos se apoderó del momento. Me costó tiempo recobrar la compostura y fi y final nr dejé salir un llanto liberador. A pesar de nuestra incredulidad inicial, la situación se volvía más aterradora. Mi esposo estaba confundido y asustado cuando le narré la experiencia de sentirme atacada. Segundos antes de que entrara la casa, se había transformado en un escenario de terror y desconcierto. En medio de la desesperación y la total confusión fernanda no pudo contener más el peso de un secreto aterrador. Llorando y angustiada, nos confesó que todo era culpa suya y nos pedía perdón. Jugó a la hija con su amiga Ana la otra noche y algo terrible ocurrió entre sollozos. Imploraba perdón a mamá. La confesión de Fernanda dejó un nudo en nuestras gargantas. Resulta que el sábado pasado decidió invitar a su amiga a Ana, a quedarse en casa y juntas jugaron con la tabla o hija. Fue una decisión planeada. Ana había mencionado que su primo usaba una tabla para contactar Muerto. La curiosidad y el deseo de Fernanda por contactar a su abuela las llevaron a intentar comunicarse. El puntero confirmó una entidad en la habitación. Cuando Ana preguntó si era la abuela, el puntero dijo sí, la entidad participó con amabilidad, pero desconocíamos las fuerzas en juego. La entidad hábil sabía que estos juegos abrían portales. Ana pidió la identificación de mamá y el puntero se detuvo. Intentaron varias veces, pero la respuesta no llegó. La incertidumbre se apoderó del ambiente. Preocupada Ana instó a Fernanda a recordar cómo era su abuela. La única forma de asegurarse era pronunciar su nombre y visualizar su espíritu. Fernanda, temblando, usó el triángulo para explorar. No detectó nada, pero al levantar la vista, vio una figura femenina delgada y peluda espeluznante. La figura agazapada como una araña, puso fin al juego. La entidad que se hacía pasar por la abuela de Fernanda deambulaba desde esa noche no cerraron la sesión liberando a la entidad sin conexión con nuestra madre. La situación se volvió más aterradora. Mi esposo escéptico al principio no ignoró lo que vio la idea de una entidad suelta en casa coincidía con su experiencia. La angustia se apoderó sin saber cómo enfrentar lo sobrenatural esa noche nadie durmió tranquilamente. A la mañana siguiente concluimos que si el caos provenía de la tabla o hija, según Fernanda, debíamos usarla para obtener respuestas o alguna guía. Buscamos la tabla rápidamente. Aunque Fernanda inicialmente se resistió por miedo y culpa, accedió comprometiéndose atraerla esa noche a las nueve, después de consultar a su primo con más conocimientos sobre estos asuntos. La casa estaba cargada y enrarecida. Un aire pesado flotaba y a veces se percibía un olor nauseabundo. Los niños se quejaban de dolores de cabeza y romina. Mencionaba opresión en el pecho y ronchas extrañas en la piel. Durante el almuerzo ocurrió un suceso inquietante. Estábamos compartiendo la cena en completo silencio, sumidos en nuestros propios pensamientos. Cuando de repente, Romina dejó caer su plato al suelo de manera intencionada, todos nos quedamos atónitos al verla balbucear de manera incomprensible, moviendo la cabeza de forma extraña. Sus labios se movían con rapidez, generando un desconcierto generalizado. Sus ojos reflejaban una locura desconocida, como si estuviera afectada por algún trastorno inexplicable. La desesperación se apoderó de Romina, quien comenzó a rascarse frenéticamente, revelando ronchas y llagas en su piel. Rápidamente la llevamos s a su habitación, donde la medicamos y cuidamos de sus heridas. Permanecí a su lado, hasta que finalmente se quedó dormida inquieta por sus palabras previas. No la dejes entrar hermana, eso no es nuestra madre. A las nueve y veinte. En punto, Ana llegó con la tabla que desencadenaría todo el evento. La ansiedad se apoderó de mí al verla, pero antes de enfrentarnos a la oscuridad, aseguré que los niños y Romina estuvieran a salvo en mi habitación. Mi esposo incrédulo, optó por no participar. Ana insistió en que cuantos más fuéramos, más fuerza tendríamos para expulsar a la entidad. Nos dirigimos al cuarto, donde la entidad se había manifestado previamente. Decidimos utilizar la tabla o hija en un intento de obtener respuestas y poner fin a la pesadilla. Apagamos las luces y encendimos tres veladoras formando un triángulo alrededor de la tabla. Ana, actuando como nuestra guía n n n n ONR tendió incienso y nos dio instrucciones precisas, trazando un círculo de sal para proporcionar protección y asegurándose de tener una biblia a mano. Con un miedo palpable en el ambiente, coloqué mi dedo en el puntero que temblaba ligeramente. En cambio. Ana mostraba una destreza que indicaba que no era la primera vez que se involucraba en este tipo de prácticas por un momento decidí cerrar los ojos, sumergiéndonos en un silencio total. Fue en ese preciso instante cuando todo empezó a suceder. La expectación y la tensión llenaron la habitación mientras aguardábamos lo desconocido. En una casa envuelta en misterio. Ana manejaba con destreza un puntero buscando respuestas de una presencia invisible. La tensión era palpable. Esperábamos cualquier indicio. El puntero se deslizó hacia sí, sorprendiéndonos. Las velas parpadeaban de manera errática, como si fueran afectadas por una rafaga de viento invisible. El incienso emanaba un aroma fuerte y penetrante, creando una atmósfera aún más cargada. Ana enfocada en su tarea, hizo preguntas directas, buscando entender quién o qué estaba. Detrás de todo esto, la habitación estaba llena de una energía extraña y la tabla hija respondía con movimientos misteriosos. De repente, la temperatura de la habitación descendió notoriamente un escalofrío recorrió mi espina dorsal mientras observaba mi aliento en el aire. La entidad, aparentemente consciente de nuestra presencia, comenzó a comunicarse de manera más intensa. Las respuestas en la tabla uija se volvieron más rápidas y más agresivas, revelando detalles sobre la entidad ana, aunque experimentada, mostraba signos de nerviosismo. La situación escapaba a su control y la presión en la habitación era palpable. Los objetos temblaban sora y las so s s ns lanzaban en las paredes como si estuvieran poseídas por una fuerza invisible. El puntero, ahora fuera de control, se movía frenéticamente entre las letras, deletreando mensajes oscuros y amenazadores. La biblia que ana había traído temblaba sobre la mesa como si estuviera luchando contra una fuerza invisible. Los eventos se precipitaban y la sensación de que algo oscuro y malévolo se estaba desatando en la habitación era inconfundible. La familia atrapada en el Torbellino de lo paranormal. Se aferraba a la esperanza de que este último esfuerzo proporcionara respuestas y soluciones. La entidad, sin embargo, no tenía intenciones de abandonar fácilmente la lucha entre lo desconocido y nuestros esfuerzos por comprender lo. Alcanzó su punto álgido. La tabla huija ahora, moviéndose con una violencia sobrenatural, deletreaba palabras que helaban las oras sangre y anunciaban un destino oscuro para la familia. La situación se volvió insostenible y ana, Reconociendo la gravedad de la amenaza, decidió cerrar la sesión de manera abrupta. Las velas se apagaron, el incienso dejó de arder y la habitación quedó sumida en la oscuridad total. La entidad, aunque momentáneamente silenciada, dejó un rastro de inquietud y miedo en el aire, ni Ana ni nosotros nos quedamos conforme con lo sucedido. Así que nos pusimos de acuerdo para realizar otra sesión, la cual ocurrió tres meses después. Esperamos todo ese tiempo porque Ana tenía que prepararse para poder contener la situación en caso de que se repitiera lo sucedido. De esa manera, las cosas no se saldrían de control, no tanto al menos durante la segunda sesión, Ana preguntó sobre la identidad de la entidad, revelándose como algo oscuro y perturbador. Un olor desagradable llenó la vida y un fuerte dolor de cabeza me afectó. A pesar del miedo. Las instrucciones eran claras no retirar los dedos de la tabla. Muchas de las respuestas que la entidad estaba dando sugerían que tenía interés en hacerle algo a mis hijos. Aunque quería correr hacia mis hijos, recordé que estaban con mi esposo. Las señales de malestar aumentaron con náuseas y vómitos. Fernanda y yo compartíamos síntomas, aunque asustadas. Continuamos la sesión ana decidida trató de terminar la conexión, pero la entidad respondió con un rotundo no acompañado de insultos ininteligibles. Debido a la velocidad del movimiento, la pesadilla persistía. La puerta del cuarto se abrió lentamente, emitiendo un crujido inquietante que intensificó el escalofriante momento. La luz del pasillo iluminaba la escena y al completarse la apertura pudimos discernir una sombra en el suelo que se proyectaba desde la isla. Inicialmente pensé que era mi esposo, ya que percibí pasos sobre la alfombra y unos pies descalzos. Sin embargo, la revelación fue abrupta y tras la sombra, emergió el cuerpo de mi hermana Romina, sintiendo una incomodidad y preocupación que me invadían, deseando sinceramente abandonar la tabla. Romina, con una mirada vacía, no respondió. Se movía de manera errática, como si estuviera poseída por una fuerza invisible ana asustada. Intentó cerrar la sesión nuevamente, pero la entidad se resistía con una fuerza sobrenatural. La tabla hija continuaba revelando mensajes oscuros y amenazantes. Fernanda, cada vez más afectada por la situación, se levantó de la silla y corrió hacia Romina tratando de sacarla de la habitación. Sin embargo, Romina, en un estado casi catatónico, resistía cualquier intento de ser alejada de la tabla la entidad, aprovechando la confusión y la tensión en la habitación intensificó sus mensajes, mencionando detalles personales que sólo romina conocería. La atmósfera en la habitación se volvió aún más opresiva como si estuviéramos atrapados en un vórtice de lo paranormal. La entidad, aparentemente fortalecida por la energía negativa generada, comenzó a manifestarse de manera más tangible. Las sombras se retorcían y se contorsionaban, formando figuras grotescas en las paredes. Los objetos en la habitación vibraban con una intensidad desconcertante y el sonido de sus movimientos se mezclaba con los susurros incomprensibles de la entidad. Entonces, como ya era evidente que la situación se había vuelto incontrolable y el peligro en esta ocasión era mucho mayor que la vez anterior, Comenzamos una intensa recitación del padre nuestro y el ave maría sin descanso, rogando fervientemente que la entidad abandonar a la casa de inmediato. Cada palabra era una súplica, un llamado urgente para que la oscura presencia se alejara de nosotros. Agradecíamos por cada respuesta que obtuvimos de la entidad, pero también nos despedíamos con premura instándola a marcharse sin dejar rastro. Nuestra única intención era clara, alejarla y evitar cualquier tipo de contacto o presencia que nos perturbara. La habitación. Temblaba, objetos caían al suelo, pero perseverábamos en nuestras oraciones hasta que un viento gélido apagó las velas, sumiéndonos en un silencio total y una calma desconcertante. La sesión había terminado, pero no fuimos nosotros quienes le pusimos fin tampoco la entidad, sino que habían sido nuestros rezos. Ana ya asustada dijo que no era buena idea intentar una tercera sesión, que debíamos tener fe y confiar en otros métodos que serían apoyados con oraciones. Decidimos llenar la casa con elementos de protección desde amuletos hasta veladoras y continuamos con nuestras oraciones hasta el amanecer. La fatiga y la tensión eran palpables en el ambiente por la mañana, agotadas y somnolientas. Ana nos informó que aparentemente la entidad se había marchado, aunque no podía garantizarnos nada. Afortunadamente, las manifestaciones cesaron y no ocurrió nada inusual el resto de la noche, ni con Romina ni con los niños. Aquella noche había sido terrorífica, dejándonos exhaustas y ansiosas por encontrar respuestas. A pesar de la sugerencia de Ana de que la entidad oscura se había ido, persistía una sensación de inquietud en el aire, decidimos no bajar la guardia y seguimos tomando precauciones, manteniendo la casa iluminada y llena de elementos que, según nos habían dicho, alejarían cualquier presencia maligna. Optamos por no dejar solos a los niños y mantenernos unidos como familia. Aunque romina a a n s ns signos de debilidad, su recuperación era gradual. Evitábamos hablar de la experiencia traumática de la noche anterior procurando proteger a los más pequeños de la angustia que sentíamos. Los días pasaron con una tensión persistente, pero poco a poco las cosas parecían calmarse. Las noches eran menos aterradoras y las manifestaciones paranormales disminuyeron en intensidad. Aunque siempre estábamos alerta, comenzamos a recuperar una sensación de normalidad en nuestras vidas. A medida que el tiempo transcurría, nos sumergimos en la rutina diaria con la esperanza de dejar atrás los horrores que vivimos. Sin embargo, la sombra de lo paranormal continuaba acechándonos, manifestándose ocasionalmente con sutiles ruidos y sombras que se deslizaban por el rincón de nuestros ojos. La incertidumbre se apoderó de nosotros, generando preguntas sin respuestas claras. Nos s s s p N s s s ns posibilidad de mudarnos buscando un nuevo comienzo y dejando atrás las memorias aterradoras que aún se aferraban a las paredes de nuestra casa. Con el paso del tiempo, las noches dejaron de estar envueltas en ese manto de terror. Aunque aún manteníamos una precaución constante, la sensación de normalidad empezó a regresar, permitiéndonos finalmente descansar con mayor tranquilidad. Las oraciones y las veladoras se convirtieron en un ritual constante para mantener a raya cualquier presencia maligna que pudiera persistir en la casa. Un día, durante una comida familiar en la cocina, nos dimos cuenta de que las sombras se habían desvanecido por completo. Fue un momento de alivio y celebración. Habíamos logrado superar el horror que nos atormentaba y la entidad oscura que una vez nos acosó parecía haberse marchado definitivamente. La paz volvió a reinar en nuestra casa y, aunque recordaríamos los días oscuros, también apreciaríamos la fortaleza de la familia y la ayuda de Ana que nos permitieron superar esta experiencia aterradora. Nos quedamos con la lección de que a veces la luz puede vencer a la oscuridad y la esperanza puede restaurar la normalidad en nuestras vidas. Relato escrito y adaptado por Ramiro Contreras