Mi Esposa Quiere Llevarme Al Más Allá Historias De Terror - REDE

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Vengo por ti Apenas voy a contar mi historia y ya me vienen los recuerdos perturbadores. Nunca pensé que escuchar la voz de mi esposa en medio de mis noches tensas me harÃan temblar de desesperación al no comprender qué era lo que querÃa de mÃ, además de saber que mi esposa, Rebecca ya estaba muerta. Siempre fuimos una pareja muy unida, como hay muchas. En ocasiones vestÃamos del mismo color, tenÃamos los mismos gustos y, por lo general, andábamos juntos para todos lados por cosas de la vida. No pudimos tener hijos. Sólo nos tenÃamos el uno al otro, porque tampoco se nos ocurrió adoptar un bebé. Pero asà éramos felices en un dÃa especial para nosotros, como lo era nuestro aniversario de boda, un nueve de diciembre por la tarde no se me olvida. Hicimos un pacto de sangre, como habÃamos visto en una pelÃcula la cual no recuerdo su nombre. Nos prometimos estar siempre juntos y amarnos aún después de la muerte. También nos juramos que al faltar uno, el otro no se casarÃa de nuevo jugándo. Nos dijimos que si el que quedara vivo faltara sus promesas, el otro vendrÃa por él para castigarlo. Luego nos hicimos una pequeña cortada. Ese dÃa nos sentimos más unidos que nunca. Fuimos a comer para celebrar y como a las cinco de la tarde en un estudio fotográfico, nos retratamos para que quedara un grato recuerdo de esa fecha. Irónicamente esa noche, una de sus hermanas, la invitó a una cena donde irÃan puras mujeres, todas amigas de la infancia. Nos pusimos de acuerdo y se fue por mi parte invité a un amigo a ver un partido de fútbol. Puedo asegurar que era la primera vez que nos separábamos antes de las once de la noche. Terminó el partido Como diez minutos después que se marchó mi amigo, recibà la terrible noticia de que mi esposa habÃa tenido una accidente automovilÃstico y habÃa muerto. Casi pierdo la razón. No puedo narrar con unas cuantas palabras el horror que vivÃ. No alcancé a mi esposa en el lugar del accidente. Tal vez eso fue lo mejor. Alguien me llevó al amorgue a reconocer el cuerpo. El impacto Fue tremendo ver la cubierta con una sábana prácticamente roja con su cabello desdeñado y sus ojos sin cerrar por completo. Fue una imagen espantosa, El velorio, el sepelio, las condolencias por su muerte ver cómo metieron su cuerpo a un pozo para enterrarlo fueron un martirio que, gracias a Dios, al final del dÃa terminaron antes de que perdiera la razón por completo. No podÃa creer que habÃa muerto. Me quedé parado frente a su tumba hasta que me avisaron que pronto cerrarÃan. Leà su nombre por última vez en aquella Cruz Blanca y caminé hacia afuera acompañado de unas cuantas personas. Esa noche, cuando me encontré solo en mi casa por primera vez después de dieciocho años, fue tan doloroso que rompà en llanto. Recuerdo haberle reclamado a Dios por lo sucedido. También lo culpé de muchas otras situaciones me puse a gritarle. No sé cuántas cosas más. Por fin me quedé dormido. Me venció el cansancio o la debilidad por no haber comido por muchas horas. No sé cuánto tiempo pasó. Estaba soñando que mi señora me acariciaba el cabello. Algo escuché porque me desperté de repente a un soñoliento. Estiré la mano para tocar el lugar donde dormÃa ella Me enderecé porque su lugar estaba tibio. Como si se acabara de levantar. Recordé que Rebeca habÃa fallecido. Al verme solo me vinieron los recuerdos de los dÃas posteriores, donde hablamos de los sueños y planes que tenÃamos pendientes. Me levanté extrañado porque olÃa a su perfume. Recorrà toda la casa sin saber lo que buscaba todo el o. Estaba impregnado con su aroma. Revisé cada rincón, pensando que se habÃa roto algún frasco, pero no encontré nada. Minutos después me acosté de nuevo estaba intranquilo buscando una explicación a todo aquello. Cuando algunos ruidos apenas perceptibles se escuchaban del otro lado de la puerta de mi cuarto. Dominando mis nervios, abrà volvà a recorrer la casa, pero no habÃa nadie de rato. Intenté dormir un poco más. Apenas cerré los ojos un ruido bastante fuerte en la cocina. Súbitamente me despertó. Recordé ese sonido era el que hacÃa mi esposa cuando lavaba los trastes por la noche, Sabiendo que algo raro estaba pasando, abrà la puerta lo menos que pude para asomarme tratando de no hacer ruido, me esforzaba para descubrir quién andaba en la cocina. Todo estaba en silencio. No puedo negar que me sentÃa nervioso. No se podÃa distinguir nada porque no habÃa luces encendidas. Me encerré de nuevo en mi habita. No puedo asegurar si era real o mi mente me jugaba una broma. Lo digo porque escuchaba pasos que iban y venÃan. Después de ocho años de vivir juntos, me daba miedo a aceptarlo era ella. Yo conocÃa a su andar. Me preguntaba temeroso cómo podÃa ser eso posible. Como pude pasé aquella noche a la mañana siguiente me levanté sintiéndome raro, no salà de mi casa, pero extrañamente nunca me sentà solo durante el dÃa ya por la tarde me sentÃa culpable porque no extrañaba Rebeca, pero cómo no extrañarla si todo el tiempo la sentà cerca. Por lo mismo, estuve muy tranquilo planeando lo que serÃa de mi vida de ese dÃa en adelante e incluso no sé por qué me pasó la idea que al cabo de unos años podrÃa rehacer mi vida esa noche antes de dormir, me aseguré que todo estuviera bien cerrado, apagué todas las luces y me encerré en mi habitación. Me estaba quedando dormido cuando sentà que que alguien se sentó en el colchón. Volteé imaginándome lo peor, pero no habÃa nadie hasta ese momento. Me vinieron los recuerdos del pacto que habÃamos hecho y lo que nos prometimos. Caà en cuenta que la única explicación era que quien me rodeaba la casa podrÃa ser el espÃritu de mi esposa. No pude evitar tener un escalofrÃo. Amaba a Rebeca, pero le tenÃa terror a los muertos. De hecho, a cualquier cosa que se relacionara con lo paranormal. Lo del pacto habÃa sido un juego y nada más. La tercera noche los ruidos se incrementaron un poco antes de las dos de la mañana. Le hablé a una de mis hermanas para contarle lo que sucedÃa, porque de verdad ya estaba asustado. Me sugirió que rezara y prometió que al dÃa siguiente me visitarÃa. No me sabÃa muchos rezos, si acaso el padre nuestro y el ave marÃa recé con el foco prendido hasta que me cansé con eso fue suficiente para que todo se tranquilizara. ParecÃa que esa era la solución. Al dÃa siguiente, cuando me levanté, uno de sus peluches estaba en la cama por más esfuerzos que hice. No pude recordar haberlo. Puesto ahà nervioso, lo agarré, lo puse en su lugar y me salà del cuarto. Antes de mediodÃa llegó mi hermana se notaba preocupada por lo que le habÃa comentado. Platicamos cerca de dos horas. La puse al tanto de todo, porque además me tenÃa que desahogar con alguien. Ella sà creÃa en cosas paranormales, aunque creer no bastaba para encontrar la solución. Me platicó de algunos casos similares donde, por no recurrir a una persona que supiera de eso, las consecuencias habÃan sido terribles escucharla. Contar esas historias me ponÃa más nervioso de lo que ya estaba. Por lo mismo, mi hermana me pidió permiso para llevar una persona a mi casa de esas que entendÃan de cosas paranormales, fuerzas obscuras y todo aquello sin titubear. Acepté porque no no sabÃa cuánto más podrÃa aguantar. Esa misma noche llegó mi hermana, acompañada de una mujer ya entrada en años. Apenas entró, percibió la esencia de otra persona. Caminó por la casa. Me aseguró que sà habitaba un espÃritu inmundo y éste pretendÃa hacerme daño. Le expliqué que podÃa ser mi esposa recién fallecida, pero nos amábamos. No era posible que quisiera dañarme. Nos sentamos un momento. En pocas palabras. Me explicó que hay ocasiones especÃficas que los espÃritus no seguÃan por buenos sentimientos. Si acaso tienen impulsos, Algunos operan en contra de Dios de muchas maneras. Me dijo que ya no era ella. Se habÃa convertido en otra cosa desconocida para la mayorÃa de las personas. No es su alma buena a la que se quiere manifestar ahora. Es un espÃritu que tú no puedes manejar. Se necesita un conocimiento especial para eso en nuestro caso, por haber hecho un pacto, habÃa que hacer un ritual de liberación, porque Rebecca se sentÃa con derecho sobre mÃ. Se resiste a irse, al menos a irse sola. Me aclaró la señora en tono de advertencia. Me dijo que se tenÃa que actuar de inmediato porque mi esposa no pararÃa hasta llevarse mi espÃritu por la fuerza de hacerlo. Ya nadie me podrÃa liberar. Tienes que comprenderla. Me decÃa de repente perdió todo hasta su cuerpo. Me parecÃa una conversación extraña e incómoda. Nunca pensé que me verÃa amenazado por el espÃritu de mi propia esposa asustándome por las noches, queriéndome hacer daño, me dijo que regresarÃa al dÃa siguiente para llevar lo necesario para él ritual me dejó algunas hierbas de protección que coloqué por toda la casa. En mi cuarto las puse debajo de la almohada y en mis pies. Todo eso no fue suficiente para quitarle la intención que tenÃa Rebeca. Durante la noche desperté varias veces porque algo que no lograba entender me susurraba al oÃdo. Además, todo el tiempo me sentÃa observado se escuchaban murmullos y voces inentendibles, pero no lograba descubrir de dónde provenÃan. También era difÃcil identificar el tono de esa voz o de esas voces, porque se distinguÃan muchas. Como no veÃa a nadie, Llegué a pensar que ya estaba perturbado. Quizá eso me hacÃa imaginar que todo aquello existÃa, pero sólo estaba dentro de mi cabeza. Me sentà culpable de la situación no sólo de la que estaba viviendo yo, también de la de Rebeca. Primero, no debimos haber hecho un pacto sin conocer las consecuencias, pero fue un error pensar en rehacer mi vida a los pocos dÃas de su fallecimiento. Tal vez eso era lo que la habÃa enojado. Dentro de lo que cabe, me encontraba tranquilo esperando que pasara rápido la noche ya me habÃa recostado sobre mi almohada. Cuando tocaron a la puerta de mi recámara, sentà un hueco en el estómago y tuve esa sensación cuando la sangre se te va a los talones. Definitivamente eso no podÃa estar pasando. Toda la casa estaba cerrada. Con llave. Rogué a Dios que ese ruido hubiera venido de afuera. Estuve inerte por algunos segundos. No me atrevÃa a acercarme a la puerta mucho menos iba a abrir de nueva cuenta. Dieron tres toques, tenÃa los labios resecos y me temblaban. Era tanta la impresión que batallaba para respirar. Me aterraba pensar que Rebeca estuviera del otro lado de la puerta, asà como la habÃa visto en la morgue con los ojos entreabiertos y llena de sangre. HabÃa escuchado que cuando tocan a la puerta, uno no debe de dar permiso de que entren o abrir sin estar seguro que lo que se encuentra del otro lado pertenece a este mundo. Cuando tocó por tercera vez, me levanté como pude me acerqué a la puerta, lo más que mi temor me permitió. Por primera vez me dio terror oler su perfume con la voz entre cortada. Le pedÃ, por favor, que ya se fuera con dificultad. Le pregunté qué querÃa de mÃ. Todo fue un silencio inquietante. Después de unos segundos de tan perturbadora calma, me dijo vengo por ti fue lo peor que pude escuchar. Tomé el teléfono para marcarle a mi hermana, pero por los nervios no recordaba su número. La desesperación me hacÃa actuar torpemente y aún con el terror que se habÃa apoderado de mÃ, comencé a rezar en voz alta. Quizá en respuesta de eso. De vez en cuando se escuchaba que caÃan algunas cosas en la cocina, También parecÃa que se abrÃa y se cerraba la puerta del baño. Se me borraron las ideas, me quedé atrapado en mi cuarto. Me resistÃa a creer que me estuviera pasando algo tan aterrador. Volteé a ver el reloj. Apenas pasaban de las cuatro de la mañana, arrastrando las palabras por lo que estaba sintiendo. Volvà a preguntarle a Rebeca lo que querÃa. Me repitió lo mismo. Vengo por ti escucharla. Decirme eso me hizo suponer que morirÃa del susto pretendiendo arreglar las cosas. A mi manera. Le comencé a hablar. Le dije que se fuera tranquila, no pasaba nada, la amaba y nunca la olvidarÃa. AsÃ, yo estarÃa bien donde estaba y ella descansarÃa en paz. También le pedà perdón por todos mis errores con palabras tiernas. Le dije que no tuviera miedo de partir porque en vida habÃa sido una buena mujer. Le prometà rezar un novenario porque no lo habÃa hecho y encender algunas veladoras, pero las manifestaciones no paraban. PodrÃa asegurar que se caÃan los cuadros, se arrastraban los muebles y salÃan volando algunas cosas para estrellarse contra las paredes como un intento desesperado para que todo aquello parara. Mientras rezaba, pinté una cruz en la puerta con un lápiz labial de mi esposa. Aunque los sonidos perduraron hasta la madrugada. Se esfumó el aroma de su perfume y poco a poco dejé de sentir su macabra presencia. No dejé de rezar lo poco que sabÃa. Cuando me di cuenta ya habÃa amanecido dominando mis nervios. Abrà la puerta y aunque no habÃa nadie, no me dejaban de temblar las piernas. Esperaba encontrar un desastre. Curiosamente, toda la casa estaba en orden. No habÃa vasijas tiradas, Los adornos estaban en su lugar como si nada hubiera pasado la noche anterior. Ese dÃa no la pasé ahà Me fui a la casa de mi hermana por el camino miré la iglesia y me metà a orar por unos minutos pidiendo por el descanso de mi esposa. A las ocho de la noche pasamos por aquella, señora y nos fuimos rumbo a mi casa con la incertidumbre de no saber lo que ocurrirÃa de algo. Si estaba seguro, serÃa muy difÃcil para mà ya adentro con la ayuda mÃa y de mi hermana, la señora puso un gran espejo que ella trajo frente al espejo que habÃa en la casa, donde mi esposa se habÃa reflejado infinidad de veces lo colocó apenas unos dos metros de distancia. Enfrente de ellos algunas velas encendidas, todas blancas, pero de diferente tamaño rego sal en sus alrededores. Luego encendió unos carbones, donde puso unas hierbas aromáticas que pronto arrojaron un humo bastante denso en cuestión de minutos, invadió todo el lugar. Nos mirábamos con un poco de dificultad por el humo que habÃa. Después, todo se volvió más tétrico cuando apagamos todas las luces alumbrándonos sólo con las velas. Nunca me imaginé verme en una situación como esa. No era común que tuviera pesadillas, pero en ese momento me imaginé que serÃan asà de espantosas. La tensión iba en aumento porque mientras la señora hacÃa todo eso, decÃa algunas oraciones bastante extrañas, rezaba en voz alta muchas cosas que yo nunca habÃa dos escuchado. Además, de vez en cuando manoteaba o extendÃa sus brazos, le habÃa cambiado el semblante con voz nerviosa. Nos pedÃa que tuviéramos mucha fe y fortaleza porque las cosas se podrÃan poner difÃciles. Me pidió una fotografÃa donde estuviéramos juntos, Rebeca y yo le di la foto que nos habÃamos tomado unas horas antes de su muerte, después de haber hecho el pacto. Aquel cuando la miró, dijo que era perfecta. Nos explicó que el ritual no era para correrla o deshacernos de ella. Era para abrirle camino, ayudarla para que se fuera en paz. Las luces de las velas servirÃan para alumbrar su recorrido. Una vez hecho eso, yo quedarÃa liberado de ella, pero sobre todo tenÃamos que ayudarle con mucha oración, porque eso era lo principal entre los tres lo podrÃamos lograr En ese momento. Tomó la foto y la fue cortando por la mitad, separando nuestras imágenes. Luego cambió el tono de su voz nos advirtió que sin no funcionaba. A la primera sabrÃamos que no era el espÃritu de Rebecca el que estaba en mi casa. PodrÃa ser un demonio que, aprovechándose del pacto que hicimos, pretendÃa dañarnos y se harÃa presente delante de nosotros. Lo peligroso era que los espÃritus inmundos no eran de humanos muertos, eran demonios que buscaban poseer a las personas y cuando lo lograban, se tenÃa que recurrir a un exorcista, porque eso ya era sumamente peligroso. TodavÃa estábamos hablando. Cuando la señora interrumpió, nos hizo una seña para que guardáramos silencio. En uno de los espejos se podÃa ver una silueta de una mujer por el humo, la oscuridad y por la falta de un rostro definido. No podrÃa asegurar que era Rebeca. Lo que sà fue que su perfume se hizo presente como otras veces. Además, sentÃa su presencia. Al verla, no me pude aguantar y en silencio rompà en llanto porque me invadieron los recuerdos. Además, mirarla en esa forma espeluzno me helaba la sangre. Mi hermana y yo, sin perder la vista de los espejos, nos pusimos a rezar con toda nuestra devoción. Mientras la señora le pedÃa aquella figura que se pasara al otro espejo para que siguiera su camino hasta la luz. Ahà iba a descansar en paz. Nosotros, con nuestras oraciones, le pedÃamos lo mismo. Pasaba el tiempo y no habÃa ninguna respuesta. Los segundos se volvÃan minutos. Mi hermana, al igual que yo, se encontraba muerta de miedo. No podÃamos creer lo que estábamos viendo. Comenzamos a rezar con más fuerza por segundos interminables. Aquella silueta oscura estuvo sin moverse revelándose o tal vez no entendÃa qué era lo que le pedÃamos. A veces desaparecÃa por milésima de segundos, pero volvÃa a manifestarse en un momento inesperado y para nuestro asombro cruzó hacia el otro espejo sin prisa, parecÃa que se despedÃa de mÃ. Luego se fue perdiendo dentro dentro de él hasta que desapareció. Eso hizo suponer que me habÃa soltado. Apenas iba a respirar tranquilo sintiéndome a salvo. Cuando otra silueta más siniestra y extraña se asomó por el mismo espejo. Pareciera que nos miraba extrañado. Este cambió todo el entorno un olor desagradable y una extraña tensión inundó toda la casa. ParecÃa que portaba cuerno y unas orejas enormes. La señora al verlo cambió el tono de su voz y, al igual que la primera figura a ésta también se la tragó el espejo que habÃa traÃdo ella por miedo, cerré los ojos para que no se me quedara en la memoria. Escuchaba cómo golpeaba el espejo, haciéndolo imposible por salirse, hasta que todo quedó en un siniestro silencio. Nos quedamos unos minutos esperando que sucediera otra cosa, pero ahora sÃ, todo habÃa terminado. La señora nos pidió que encendiéramos la luz. Todo lo que habÃa utilizado, la sal el carbón, las velas, las echó en una caja. Me pidió permiso para enterrarlas en el patio de la casa, al igual que el espejo, pero éste lo rompió todos sus pedazos. Los echó en una bolsa negra. La amarró con un listón rojo. Al último hizo unas oraciones, la cubrió de tierra y le pintó una cruz encima. MentirÃa si digo que todo terminó como por arte de magia. La señora me dijo que tendrÃa que dejar la casa por mi seguridad y asà lo hice. No recogà nada de mis cosas, mucho menos de las de Rebecca. Salà huyendo de ahà para no volver. Lamentablemente, no guardo un bonito recuerdo de mi matrimonio, pero reconozco que fue mi culpa. Por lo mismo, no he vuelto a tener otra relación. Por mucho tiempo le lloré a mi esposa, pero las veces que soñé con ella fueron horribles pesadillas, donde me repetÃa hasta el cansancio que un dÃa vendrÃa por mà para por fin estar juntos como nos lo juramos ahora. AsÃ, creo en cosas paranormales, en espÃritus y demonios, pero sobre todo jamás volveré a cometer el mismo error de hacer un pacto sin conocer las consecuencias. Relato escrito y adaptado por Gato negro








