Oct. 18, 2023

Mi Esposa Habla Con Un Demonio Mientras Duerme Historias De Terror - REDE

Mi Esposa Habla Con Un Demonio Mientras Duerme Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Mi esposa habla con un demonio. La historia que les comparto me tocó vivirla en segundo plano. A lo que me refiero es que las cosas sobrenaturales le pasaban a mi esposa. Obviamente, también a mí me afectaron. Las noches se volvieron terroríficas y un demonio por una extraña razón que desconocemos. Contactó a mi esposa por medio de sus sueños y la comenzó a atormentar. Esto comenzó una o dos semanas después de que nos casamos una noche. Estábamos dormidos cuando una voz me hizo despertar. Creí que lo había soñado. Luego me di cuenta que era mi esposa la que hablaba dormida. Al saberlo, ya no me preocupé hasta me causó un poco de gracia. Ni siquiera le puse atención a lo que decía. Volviéndome a dormir a la mañana siguiente, a manera de broma, le pregunté qué había soñado ella. Me respondió que no había soñado nada y si lo había hecho ya no lo recordaba. Al decirle que había estado hablando en la noche, no lo quiso aceptar. Pensando que era una broma mía, me pidió que no jugara con eso. Cómo se aferró a que no era cierto. Así lo dejé porque no tenía importancia. Dos noches después volvió a ocurrir de igual manera escuchar su voz, me despertó al voltear a ver el reloj. Pasaban de las cuatro de la madrugada. Mi esposa estaba boca arriba con los ojos abiertos sin parpadear. En esta ocasión sí le presté más atención. No solamente hablaba. Estaba dialogando con alguien de nombre ana extrañamente sólo movía sus labios. Parecía estar paralizada en ocasiones hablaba de una manera demasiado rápida y no podía entender lo que decía, pero también lo hacía pausado y claro por eso supe que eso era algo más que un simple sueño. Así estuvo por unos segundos hasta que soltó una fuerte risa. Luego cerró los ojos y comenzó a roncar. Como yo nunca la había escuchado un tanto desconcertado. Le pregunté si se encontraba bien, pero no me respondió. Al tocarle un brazo, me di cuenta que estaba helada. Me asusté un poco después que comprobé que si estaba respirando, Le puse una cobija y la abracé. Así me quedé el resto de la noche. Eso ya no era tan común. Por eso, a la mañana siguiente e insistí con lo mismo le pregunté de manera más seria si sufría de pesadillas o sueños incómodos a lo que ya molesta. Me respondió que no que el porqué de mi insistencia. Le dije que estaba hablando por las noches y estuvimos de acuerdo que podría ser que anduviera cansada por el ajetreo del trabajo y los quehaceres de la casa. No había motivo para preocuparnos. Pasaron algunos días de aparente calma, pero una noche desperté y mi esposa estaba sentada mirándome directamente. Me preguntaba cosas que yo no podía entender. Entre ellas me dijo si yo venía del infierno aún un poco dormido. Le pregunté el por qué me decía eso como la vi rígida sin parpadear y con la mirada perdida supe que no me preguntaba a mí estaba hablando dormida. Otra vez me quedé sin moverme, sin saber qué hacer. Volteé hacia donde tenía su mirada fija, pero no había nadie más que nosotros en el cuarto. No parecía dormida, pero no estaba despierta. Segundos después se recostó quedándose inmóvil. No es necesario explicar lo que sentí esa noche. No pude dormir debido al susto que había pasado a la mañana siguiente. Ni siquiera le conté lo que había pasado para no empezar a discutir, como siempre que tocábamos ese tema, pero ya me encontraba preocupado. Después de pensarlo mucho, compré una pequeña grabadora de pilas. Estuve esperando pacientemente el momento que hablara dormida para poderla grabar y lo lo ue luego mostrárselo para que al fin me creyera. Algunas noches después lo hizo de nuevo. No supe cuánto tiempo tenía hablando Cuando desperté aún así, alcancé a grabar algunos segundos. Igual que la vez anterior, mi esposa tenía los ojos abiertos, pero su mirada estaba perdida. Después de decir algunas cosas sin sentido, volteó a verme su cara no mostraba ninguna expresión rara, hizo un gesto a modo de disgusto y cerró los ojos. Yo solamente la miraba. No me atrevía a hablarle se dejó caer de nuevo en la cama. Todo quedó en calma, como si nada hubiera ocurrido. Ya se estaba volviendo una situación terrible aterradora porque ver a mi esposa entre la oscuridad de nuestra recámara con los ojos abiertos, hablando con alguien que yo no podía ver y refiriéndose al infierno, ya era para quedar traumado. Cuando revisé la cinta, me di cuenta que con quien platicaba mi esposa no se llamaba a, sino Haana. Además, lo que escuché me pareció espantoso. Era alguien que pretendía quitarle su alma a la fuerza. Por eso, en un momento muy tenso, mi esposa cambió el tono de la voz para decirle que ya parara. Por lo horrible de los audios. Mejor no se los mostré. Podría asustarse al ver lo que le estaba ocurriendo y todo se pondría peor. Durante los siguientes días, a escondidas de mi esposa, escuché varias veces aquella cinta, aunque no comprendía todo lo que decía. No era una situación normal y presentía que algo muy malo estaba pasando. Pasó el tiempo y logré juntar varias grabaciones, pero esto sin que lo supiera, porque cada vez que tocábamos el tema se ponía a la defensiva, al grado de discutir fuertemente conmigo. Poco a poco, las cosas se tornaron un tanto macabras. Mi esposa manoteaba por las noches a veces hasta me golpeaba otras gritaba mientras dormía. Llegó a tumbar las lámparas o algunas otras cosas e incluso amanecía con algunos golpes, pero al día siguiente no recordaba nada. Ahora incluía a Dios ordenándole a Hannah en nombre del creador que saliera de sus sueños. En una ocasión se puso a llorar dormida. Era mi esposa, pero cuando hacía cosas tan raras como esa, me daba mucho miedo, como ya no sabía qué hacer. Le comenté a unos amigos lo que estaba pasando, mientras unos me decían que no me preocupara, porque eso era común. Si acaso era un trastorno de la conducta del sueño. Un doctor la aliviaría. Otros me aseguraban que pudiera ser que estuviera hablando con un muerto. Para atender eso se necesitaba recurrir a una curandera o a una bruja. Las cosas siguieron A veces. Mi esposa no hablaba dormida, pero sufría de eso que se conoce como su vida del muerto. Se quedaba trabada sin poder reaccionar. Parecía que ni respiraba hasta que gritaba se sentía liberada. Yo también me alteraba y como podía la calmaba. Varias noches amanecimos despiertos porque se nos espantaba el sueño. En una ocasión que mi esposa no estaba convencido que esa situación ya era algo paranormal, fui a hablar con un sacerdote. Me pidió que nos acercáramos a la Iglesia y, de ser posible, nos confesáramos también para nuestra tranquilidad. Accedió ir a bendecir nuestra casa. Cuando llegué a la casa acompañado con el sacerdote, no pudimos entrar porque todo estaba cerrado. Daban vuelta, pero no abrían. La puerta. Era como si alguien la estuviera deteniendo por dentro, por más que la empujaba. Nunca abrió. Por lo mismo, el padre sólo la bendijo por fuera. Más tarde, cuando regresé, mi esposa ya estaba en casa. Me sorprendió al decirme que había dejado la puerta abierta de par en par. Aunque le juré que todo estaba cerrado, no me creyó. A partir de ahí, todo se volvió más intenso. Cuando caía la noche en nuestro cuarto, bajaba la temperatura de una manera anormal. Mi esposa a veces reía o a veces lloraba, tal vez por el miedo que me daba. No se me ocurría despertarla. Además, sabía que cuando despiertas a una persona mientras está en un trance, así le podía dar un infarto y yo no quería eso. En ese tiempo no tenía acceso a Internet. Por eso me puse a buscar en libros obscuros Quién era Hannah. Visité varias librerías, pero no encontré información. Tampoco era tan común encontrar libros como esos. En el día. Mi esposa se comportaba normal, pero al caer la noche y ya estando dormida, era como si entrara en otra dimensión. Hablaba, lloraba, discutía, en ocasiones intentaba levantarse, pero siempre estaba sola. Yo nunca miraba a nadie más, si es que alguien estuviera ahí. Era invisible para mis ojos. Cuando la tocaba. En ocasiones estaba helada, pero otras veces ardía en calentura e incluso sudaba sin hacer tanto calor en el cuarto. En las últimas veces que le pasó eso la traté de despertar, pero no respondía. El tiempo transcurría y ella empeoraba hasta que un día me pidió ayuda porque amanecía llena de moretones golpes hasta rasguños. Tenía además, comenzó a perder peso. Lo raro era que aseguraba que no se daba cuenta de lo que le pasaba. Me alegré que por fin aceptara que algo fuera de lo normal estaba pasando, porque así pudimos hablarlo sin pelear y empezamos a buscar soluciones antes de que pasara algo terrible. Cuando se enteraron en su casa, sus padres le advirtieron que pudiera estar embrujada. Era urgente que buscáramos ayuda de la Iglesia u otro tipo de ayuda, porque después ya no habría remedio. Hicimos una lista de las personas que le pudieran tener envidia o con las que no se llevaba bien. Por lo mismo, podrían tener un motivo de desearle algún mal, pero la lista de personas no pasaba de tres. Además, no las creíamos capaz de una cosa así. Le platiqué que ya había ido con un sacerdote Como última opción. Accedió a ir con una mujer que me recomendaron. Según las personas, era una bruja blanca. Tenía la capacidad de ayudar y hasta de curar enfermedades por medio de una especie de magia. Una mañana tocamos a la puerta de esa mujer. Cuando nos recibió nada más de verla, supo que era mi esposa quien iba a consultarla, porque en realidad se miraba muy acabada. Después de exponerle el caso y decirle que mi esposa discutía con alguien dentro de horribles sueños, la miró a los ojos, tocó sus manos, apretó sus sienes, luego la barrió con un huevo negro y lo echó en un vaso con agua. Después de un rato nos aseguró que, aunque no estaba embrujada, la situación era más peligrosa de lo que nosotros creíamos, porque mientras dormía mi esposa no tenía pesadillas. Todo era real. Ella estaba hablando con un ser del infierno. Cuando nos dijo eso, volteé a ver a mi esposa, quien estaba bastante pálida. Le hice una seña para que se calmara. Luego le dije a la bruja que tenía algunas grabaciones enseguida le mostré los audios. La más sorprendida fue mi esposa. Al escucharse por primera vez como actuaba mientras estaba dormida, no lo podía creer. Repetía que eso no era cierto y espantada rompió en llanto quiso caer en una crisis nerviosa, pero aquella señora le dio algo de beber para tranquilizarla. La bruja escuchó los audios a solas una y otra vez hasta que nos dijo que Hanna era un terrible demonio poco conocido. Pero lo peor venía enseguida Ahí en los audios se podía escuchar su tenebrosa voz, poniéndole mucha atención. Era verdad casi desapercibidos. Se podían escuchar unos Murmura cuyos siniestros era una voz horrible de un hombre que discutía con mi esposa, intentando quedarse con su alma y amenazándola con castigar su cuerpo. Si no accedía a dársela, le pregunté a la señora el por qué había pasado Eso encogió un poco sus hombros para decirnos que tal vez mi esposa, estando dormida, había viajado al infierno y ese demonio la quería castigar. Por eso también cabía la posibilidad de que simplemente la había gustado el olor de su alma y la quería para él. Me asusté tanto más que mi propia esposa Le pedí a la señora que hiciera algo por nosotros, porque también yo me encontraba alterado una gran preocupación. Me invadía cuando llegaba la noche. Sabía que mi esposa iba a empezar a hablar o a gritar y ya no podía. Con eso le pregunté si mi esposa estaba poseída, porque en los audios eso parecía por lo espantoso que se escuchaban. Me aseguró que no, pero que ese demonio estaba a punto de hacerlo. Nos dijo que si la poseía, ella no podía ayudarnos, así que teníamos que solucionarlo lo más pronto posible. Dibujó unos símbolos en el suelo. Ahí se paró mi esposa mientras esa señora la barría con unas hierbas en medio de mucho humo que despedía un olor fuerte y penetrante, rezó mucho. No sé qué tantas cosas decía, porque lo hacía tan rápido y en voz baja que difícilmente podía entenderle y golpeaba a mis esposas con un manojo de hierbas, mientras le ordenaba a Hannah que se alejara de ella. Después de algunos minutos dejó de hacerlo. La sentía algo preocupada. Cuando murmuró que no era suficiente. Nos pidió que nos retiráramos y volviéramos al día siguiente para realizarle un trabajo más fuerte y efectivo. Nos dio unas hierbas para que se las tomara antes de dormir y algunas otras para poner debajo de su almohada. También nos recomendó oraciones para espantar a los demonios. Regresamos a nuestra casa casi al anochecer, aunque tomamos suficiente café para mantenernos despiertos y así no pasar por la misma tenebrosa situación de todas las noches nos quedamos dormidos esa noche. El que escuchó una voz fui yo estaba dormido cuando claro me dijeron al oído no interfieras. Desperté sobresaltado. Creí que mi esposa estaba hablando otra vez, pero no era así. Si acaso la pasó intranquila, pero no habló dormida. Comprendí que no podíamos dejar pasar el tiempo sin hacer algo, porque eso también me podría atacar a mí y quizá nadie podría ayudarnos. Sintiendo una gran preocupación, se pasó la noche a la mañana siguiente como a las once. Ya estábamos con esa señora listos para que atendiera a mi esposa. Como desconocíamos todo aquello. No sabíamos que podía pasar. Nos metió a un cuarto en donde ya tenía un tapete en el suelo. No dis no. Nos dijo us que no tuviéramos miedo porque las cosas se pondrían fuertes. Nos explicó que haría dormir a mi esposa y así ayudarle a liberarse del demonio que la acosaba. Tú lo tienes que expulsar. Le dijo a mi esposa. Yo solamente te voy a ayudar. Tú no puedes sola, pero yo tampoco puedo. Se necesita la fuerza y la voluntad de las dos. Mi esposa asentó la cabeza. Es un demonio peligroso. Hablaba esa señora mientras preparaba algo que le daría a mi esposa. Combinó algunas plantas como la valeriana tila pasiflora, espino blanco y otras para dárselas a beber. Mi esposa ya temblaba cuando se acostó en aquel tapete la curandera con su mano le cerró los ojos, como lo hacen con los muertos. Quince minutos después estaba profundamente dormida antes de iniciar lo que ella llamaba el ritual de liberación, me preguntó si quería quedarme o salir del cuarto era mi elección, a lo que respondí que me quedaría, porque me quedaba pendiente de la de dejarla sola. Prendió algunas veladoras alrededor de mi esposa en unas brasas hecho hierbas muy secas que rápidamente empezaron a consumirse mientras su humo invadía todo el cuarto donde estábamos. Yo me ponía cada vez más nervioso por las cosas que pasaban entre todo ese humo podía ver cómo mi esposa comenzó a sudar de una manera exagerada la curandera la barría de pies a cabeza mientras rezaba. En un momento se le acercó al oído, le pidió a mi esposa que despertara donde estuviera y buscara al demonio que ya conocía. Minutos después me asusté porque mi esposa abrió los ojos. Se puso igual como lo hacía por las noches con la mirada perdida y sin moverse gritó Hanna seguido de algunas palabras sin sentido. Al escuchar su voz, la desconocí por completo. Hablaba ronco. Le pregunté a la curandera el por qué hablaba así. Su respuesta no la esperaba. Volteo a verme enseguida. Me dijo esa no es la voz de tu esposa. Es ese demonio que se está haciendo presente. Trata de no escucharlo porque te puede afectar. Mi esposa comenzó a dialogar con Hannah, pero de ella salían las dos voces totalmente distintas. Después de unos minutos, la curandera se incorporó en la plática macabra. Le preguntó al demonio por qué estaba haciendo todo aquello. Mi esposa le contestó con aquella tétrica voz que por qué se metía. Le dijo el alma de esta mujer es mía y me la tiene que dar. Ni tú ni nadie lo puede impedir. En ese momento me espanté tanto que llorando salí de aquel cuarto pensando que ya nada tenía remedio. Me temblaba en las manos, caminaba de un lado para él otro y no sabía qué hacer hasta dónde estaba. Escuchaba como la curandera primero le pedía perdón al demonio en nombre de mi esposa, por pisar un terreno que no debía pero había sido una equivocación, como lo intentó de muchas maneras, y el demonio no haría ese día. Le gritó a mi esposa para que lo echara fuera de sus sueños por la fuerza. Así se hizo un griterío espantoso, aturdido y asustado. Como un niño, me puse a rezar pidiendo ayuda divina. No puedo asegurar cuánto tiempo pasó, pero no fue mucho. Tampoco sé lo que sucedió en ese cuarto ni lo que hizo la curandera con mi esposa. Después de largos minutos todo quedó en silencio. Yo no me atreví a asomarme. Estuve esperando que la curandera saliera o me hablara, pero eso no ocurría. Cuando por fin salió, me dijo que creía que todo había salido bien. Para comprobarlo, tendríamos que esperar la noche si ya no se hacía presente ese demonio estaba liberada. Después de que despertó, mi esposa nos preguntó por lo que había pasado, porque ella, como ocurría siempre, no se había dado cuenta de nada. El miedo y la atención nos invadió Cuando oscureció esa noche. Fue terrible. No tuvimos la valentía ni siquiera de apagar el foco. Quizá por lo mismo, mi esposa, a duras penas, pudo dormir. Por mi parte, me la pasé en vela. No pude evitar una sonrisa de alivio cuando empezó a amanecer sin que pasara algo siniestro. Muchas veces le di Gracias a Dios, pero también aquella señora, que nos había ayudado. No celebramos al momento. Esperamos que pasara una semana. Fueron noches de una terrible incertidumbre, pero nada malo pasó. Entonces más tranquilo. Regresamos con la curandera para agradecerle en persona. Estando con ella, le preguntamos si esto podría volver a suceder. Nos contestó que era poco probable, pero que no bajáramos la guardia porque ese demonio seguramente no se habría quedado contento. Me pidió quemar las cintas donde estaba grabada la voz de ese demonio. También, de ser posible, usáramos para siempre la protección de la medalla de San Benito o cualquier otra efecta contra el diablo. Mentiría si les aseguro que después de ahí vivimos en calma, porque no es verdad. Todavía estamos temerosos, quizá marcados de por vida por ese demonio. Pudiera ser que esté al acecho no sólo de los sueños, de mi esposa, también de los míos y en el momento menos esperado hacerse presente. También nos acercamos a la Iglesia, porque estoy seguro que mis ruegos fueron escuchados por Dios y así mi esposa pudo liberarse. Relato escrito y adaptado por Gato negro