Mi Esposa Habla Con Un Demonio Mientras Duerme Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Mi esposa habla con un demonio. La historia que les comparto me tocó vivirla en segundo plano. A lo que me refiero es que las cosas sobrenaturales le pasaban a mi esposa. Obviamente, también a mà me afectaron. Las noches se volvieron terrorÃficas y un demonio por una extraña razón que desconocemos. Contactó a mi esposa por medio de sus sueños y la comenzó a atormentar. Esto comenzó una o dos semanas después de que nos casamos una noche. Estábamos dormidos cuando una voz me hizo despertar. Creà que lo habÃa soñado. Luego me di cuenta que era mi esposa la que hablaba dormida. Al saberlo, ya no me preocupé hasta me causó un poco de gracia. Ni siquiera le puse atención a lo que decÃa. Volviéndome a dormir a la mañana siguiente, a manera de broma, le pregunté qué habÃa soñado ella. Me respondió que no habÃa soñado nada y si lo habÃa hecho ya no lo recordaba. Al decirle que habÃa estado hablando en la noche, no lo quiso aceptar. Pensando que era una broma mÃa, me pidió que no jugara con eso. Cómo se aferró a que no era cierto. Asà lo dejé porque no tenÃa importancia. Dos noches después volvió a ocurrir de igual manera escuchar su voz, me despertó al voltear a ver el reloj. Pasaban de las cuatro de la madrugada. Mi esposa estaba boca arriba con los ojos abiertos sin parpadear. En esta ocasión sà le presté más atención. No solamente hablaba. Estaba dialogando con alguien de nombre ana extrañamente sólo movÃa sus labios. ParecÃa estar paralizada en ocasiones hablaba de una manera demasiado rápida y no podÃa entender lo que decÃa, pero también lo hacÃa pausado y claro por eso supe que eso era algo más que un simple sueño. Asà estuvo por unos segundos hasta que soltó una fuerte risa. Luego cerró los ojos y comenzó a roncar. Como yo nunca la habÃa escuchado un tanto desconcertado. Le pregunté si se encontraba bien, pero no me respondió. Al tocarle un brazo, me di cuenta que estaba helada. Me asusté un poco después que comprobé que si estaba respirando, Le puse una cobija y la abracé. Asà me quedé el resto de la noche. Eso ya no era tan común. Por eso, a la mañana siguiente e insistà con lo mismo le pregunté de manera más seria si sufrÃa de pesadillas o sueños incómodos a lo que ya molesta. Me respondió que no que el porqué de mi insistencia. Le dije que estaba hablando por las noches y estuvimos de acuerdo que podrÃa ser que anduviera cansada por el ajetreo del trabajo y los quehaceres de la casa. No habÃa motivo para preocuparnos. Pasaron algunos dÃas de aparente calma, pero una noche desperté y mi esposa estaba sentada mirándome directamente. Me preguntaba cosas que yo no podÃa entender. Entre ellas me dijo si yo venÃa del infierno aún un poco dormido. Le pregunté el por qué me decÃa eso como la vi rÃgida sin parpadear y con la mirada perdida supe que no me preguntaba a mà estaba hablando dormida. Otra vez me quedé sin moverme, sin saber qué hacer. Volteé hacia donde tenÃa su mirada fija, pero no habÃa nadie más que nosotros en el cuarto. No parecÃa dormida, pero no estaba despierta. Segundos después se recostó quedándose inmóvil. No es necesario explicar lo que sentà esa noche. No pude dormir debido al susto que habÃa pasado a la mañana siguiente. Ni siquiera le conté lo que habÃa pasado para no empezar a discutir, como siempre que tocábamos ese tema, pero ya me encontraba preocupado. Después de pensarlo mucho, compré una pequeña grabadora de pilas. Estuve esperando pacientemente el momento que hablara dormida para poderla grabar y lo lo ue luego mostrárselo para que al fin me creyera. Algunas noches después lo hizo de nuevo. No supe cuánto tiempo tenÃa hablando Cuando desperté aún asÃ, alcancé a grabar algunos segundos. Igual que la vez anterior, mi esposa tenÃa los ojos abiertos, pero su mirada estaba perdida. Después de decir algunas cosas sin sentido, volteó a verme su cara no mostraba ninguna expresión rara, hizo un gesto a modo de disgusto y cerró los ojos. Yo solamente la miraba. No me atrevÃa a hablarle se dejó caer de nuevo en la cama. Todo quedó en calma, como si nada hubiera ocurrido. Ya se estaba volviendo una situación terrible aterradora porque ver a mi esposa entre la oscuridad de nuestra recámara con los ojos abiertos, hablando con alguien que yo no podÃa ver y refiriéndose al infierno, ya era para quedar traumado. Cuando revisé la cinta, me di cuenta que con quien platicaba mi esposa no se llamaba a, sino Haana. Además, lo que escuché me pareció espantoso. Era alguien que pretendÃa quitarle su alma a la fuerza. Por eso, en un momento muy tenso, mi esposa cambió el tono de la voz para decirle que ya parara. Por lo horrible de los audios. Mejor no se los mostré. PodrÃa asustarse al ver lo que le estaba ocurriendo y todo se pondrÃa peor. Durante los siguientes dÃas, a escondidas de mi esposa, escuché varias veces aquella cinta, aunque no comprendÃa todo lo que decÃa. No era una situación normal y presentÃa que algo muy malo estaba pasando. Pasó el tiempo y logré juntar varias grabaciones, pero esto sin que lo supiera, porque cada vez que tocábamos el tema se ponÃa a la defensiva, al grado de discutir fuertemente conmigo. Poco a poco, las cosas se tornaron un tanto macabras. Mi esposa manoteaba por las noches a veces hasta me golpeaba otras gritaba mientras dormÃa. Llegó a tumbar las lámparas o algunas otras cosas e incluso amanecÃa con algunos golpes, pero al dÃa siguiente no recordaba nada. Ahora incluÃa a Dios ordenándole a Hannah en nombre del creador que saliera de sus sueños. En una ocasión se puso a llorar dormida. Era mi esposa, pero cuando hacÃa cosas tan raras como esa, me daba mucho miedo, como ya no sabÃa qué hacer. Le comenté a unos amigos lo que estaba pasando, mientras unos me decÃan que no me preocupara, porque eso era común. Si acaso era un trastorno de la conducta del sueño. Un doctor la aliviarÃa. Otros me aseguraban que pudiera ser que estuviera hablando con un muerto. Para atender eso se necesitaba recurrir a una curandera o a una bruja. Las cosas siguieron A veces. Mi esposa no hablaba dormida, pero sufrÃa de eso que se conoce como su vida del muerto. Se quedaba trabada sin poder reaccionar. ParecÃa que ni respiraba hasta que gritaba se sentÃa liberada. Yo también me alteraba y como podÃa la calmaba. Varias noches amanecimos despiertos porque se nos espantaba el sueño. En una ocasión que mi esposa no estaba convencido que esa situación ya era algo paranormal, fui a hablar con un sacerdote. Me pidió que nos acercáramos a la Iglesia y, de ser posible, nos confesáramos también para nuestra tranquilidad. Accedió ir a bendecir nuestra casa. Cuando llegué a la casa acompañado con el sacerdote, no pudimos entrar porque todo estaba cerrado. Daban vuelta, pero no abrÃan. La puerta. Era como si alguien la estuviera deteniendo por dentro, por más que la empujaba. Nunca abrió. Por lo mismo, el padre sólo la bendijo por fuera. Más tarde, cuando regresé, mi esposa ya estaba en casa. Me sorprendió al decirme que habÃa dejado la puerta abierta de par en par. Aunque le juré que todo estaba cerrado, no me creyó. A partir de ahÃ, todo se volvió más intenso. Cuando caÃa la noche en nuestro cuarto, bajaba la temperatura de una manera anormal. Mi esposa a veces reÃa o a veces lloraba, tal vez por el miedo que me daba. No se me ocurrÃa despertarla. Además, sabÃa que cuando despiertas a una persona mientras está en un trance, asà le podÃa dar un infarto y yo no querÃa eso. En ese tiempo no tenÃa acceso a Internet. Por eso me puse a buscar en libros obscuros Quién era Hannah. Visité varias librerÃas, pero no encontré información. Tampoco era tan común encontrar libros como esos. En el dÃa. Mi esposa se comportaba normal, pero al caer la noche y ya estando dormida, era como si entrara en otra dimensión. Hablaba, lloraba, discutÃa, en ocasiones intentaba levantarse, pero siempre estaba sola. Yo nunca miraba a nadie más, si es que alguien estuviera ahÃ. Era invisible para mis ojos. Cuando la tocaba. En ocasiones estaba helada, pero otras veces ardÃa en calentura e incluso sudaba sin hacer tanto calor en el cuarto. En las últimas veces que le pasó eso la traté de despertar, pero no respondÃa. El tiempo transcurrÃa y ella empeoraba hasta que un dÃa me pidió ayuda porque amanecÃa llena de moretones golpes hasta rasguños. TenÃa además, comenzó a perder peso. Lo raro era que aseguraba que no se daba cuenta de lo que le pasaba. Me alegré que por fin aceptara que algo fuera de lo normal estaba pasando, porque asà pudimos hablarlo sin pelear y empezamos a buscar soluciones antes de que pasara algo terrible. Cuando se enteraron en su casa, sus padres le advirtieron que pudiera estar embrujada. Era urgente que buscáramos ayuda de la Iglesia u otro tipo de ayuda, porque después ya no habrÃa remedio. Hicimos una lista de las personas que le pudieran tener envidia o con las que no se llevaba bien. Por lo mismo, podrÃan tener un motivo de desearle algún mal, pero la lista de personas no pasaba de tres. Además, no las creÃamos capaz de una cosa asÃ. Le platiqué que ya habÃa ido con un sacerdote Como última opción. Accedió a ir con una mujer que me recomendaron. Según las personas, era una bruja blanca. TenÃa la capacidad de ayudar y hasta de curar enfermedades por medio de una especie de magia. Una mañana tocamos a la puerta de esa mujer. Cuando nos recibió nada más de verla, supo que era mi esposa quien iba a consultarla, porque en realidad se miraba muy acabada. Después de exponerle el caso y decirle que mi esposa discutÃa con alguien dentro de horribles sueños, la miró a los ojos, tocó sus manos, apretó sus sienes, luego la barrió con un huevo negro y lo echó en un vaso con agua. Después de un rato nos aseguró que, aunque no estaba embrujada, la situación era más peligrosa de lo que nosotros creÃamos, porque mientras dormÃa mi esposa no tenÃa pesadillas. Todo era real. Ella estaba hablando con un ser del infierno. Cuando nos dijo eso, volteé a ver a mi esposa, quien estaba bastante pálida. Le hice una seña para que se calmara. Luego le dije a la bruja que tenÃa algunas grabaciones enseguida le mostré los audios. La más sorprendida fue mi esposa. Al escucharse por primera vez como actuaba mientras estaba dormida, no lo podÃa creer. RepetÃa que eso no era cierto y espantada rompió en llanto quiso caer en una crisis nerviosa, pero aquella señora le dio algo de beber para tranquilizarla. La bruja escuchó los audios a solas una y otra vez hasta que nos dijo que Hanna era un terrible demonio poco conocido. Pero lo peor venÃa enseguida Ahà en los audios se podÃa escuchar su tenebrosa voz, poniéndole mucha atención. Era verdad casi desapercibidos. Se podÃan escuchar unos Murmura cuyos siniestros era una voz horrible de un hombre que discutÃa con mi esposa, intentando quedarse con su alma y amenazándola con castigar su cuerpo. Si no accedÃa a dársela, le pregunté a la señora el por qué habÃa pasado Eso encogió un poco sus hombros para decirnos que tal vez mi esposa, estando dormida, habÃa viajado al infierno y ese demonio la querÃa castigar. Por eso también cabÃa la posibilidad de que simplemente la habÃa gustado el olor de su alma y la querÃa para él. Me asusté tanto más que mi propia esposa Le pedà a la señora que hiciera algo por nosotros, porque también yo me encontraba alterado una gran preocupación. Me invadÃa cuando llegaba la noche. SabÃa que mi esposa iba a empezar a hablar o a gritar y ya no podÃa. Con eso le pregunté si mi esposa estaba poseÃda, porque en los audios eso parecÃa por lo espantoso que se escuchaban. Me aseguró que no, pero que ese demonio estaba a punto de hacerlo. Nos dijo que si la poseÃa, ella no podÃa ayudarnos, asà que tenÃamos que solucionarlo lo más pronto posible. Dibujó unos sÃmbolos en el suelo. Ahà se paró mi esposa mientras esa señora la barrÃa con unas hierbas en medio de mucho humo que despedÃa un olor fuerte y penetrante, rezó mucho. No sé qué tantas cosas decÃa, porque lo hacÃa tan rápido y en voz baja que difÃcilmente podÃa entenderle y golpeaba a mis esposas con un manojo de hierbas, mientras le ordenaba a Hannah que se alejara de ella. Después de algunos minutos dejó de hacerlo. La sentÃa algo preocupada. Cuando murmuró que no era suficiente. Nos pidió que nos retiráramos y volviéramos al dÃa siguiente para realizarle un trabajo más fuerte y efectivo. Nos dio unas hierbas para que se las tomara antes de dormir y algunas otras para poner debajo de su almohada. También nos recomendó oraciones para espantar a los demonios. Regresamos a nuestra casa casi al anochecer, aunque tomamos suficiente café para mantenernos despiertos y asà no pasar por la misma tenebrosa situación de todas las noches nos quedamos dormidos esa noche. El que escuchó una voz fui yo estaba dormido cuando claro me dijeron al oÃdo no interfieras. Desperté sobresaltado. Creà que mi esposa estaba hablando otra vez, pero no era asÃ. Si acaso la pasó intranquila, pero no habló dormida. Comprendà que no podÃamos dejar pasar el tiempo sin hacer algo, porque eso también me podrÃa atacar a mà y quizá nadie podrÃa ayudarnos. Sintiendo una gran preocupación, se pasó la noche a la mañana siguiente como a las once. Ya estábamos con esa señora listos para que atendiera a mi esposa. Como desconocÃamos todo aquello. No sabÃamos que podÃa pasar. Nos metió a un cuarto en donde ya tenÃa un tapete en el suelo. No dis no. Nos dijo us que no tuviéramos miedo porque las cosas se pondrÃan fuertes. Nos explicó que harÃa dormir a mi esposa y asà ayudarle a liberarse del demonio que la acosaba. Tú lo tienes que expulsar. Le dijo a mi esposa. Yo solamente te voy a ayudar. Tú no puedes sola, pero yo tampoco puedo. Se necesita la fuerza y la voluntad de las dos. Mi esposa asentó la cabeza. Es un demonio peligroso. Hablaba esa señora mientras preparaba algo que le darÃa a mi esposa. Combinó algunas plantas como la valeriana tila pasiflora, espino blanco y otras para dárselas a beber. Mi esposa ya temblaba cuando se acostó en aquel tapete la curandera con su mano le cerró los ojos, como lo hacen con los muertos. Quince minutos después estaba profundamente dormida antes de iniciar lo que ella llamaba el ritual de liberación, me preguntó si querÃa quedarme o salir del cuarto era mi elección, a lo que respondà que me quedarÃa, porque me quedaba pendiente de la de dejarla sola. Prendió algunas veladoras alrededor de mi esposa en unas brasas hecho hierbas muy secas que rápidamente empezaron a consumirse mientras su humo invadÃa todo el cuarto donde estábamos. Yo me ponÃa cada vez más nervioso por las cosas que pasaban entre todo ese humo podÃa ver cómo mi esposa comenzó a sudar de una manera exagerada la curandera la barrÃa de pies a cabeza mientras rezaba. En un momento se le acercó al oÃdo, le pidió a mi esposa que despertara donde estuviera y buscara al demonio que ya conocÃa. Minutos después me asusté porque mi esposa abrió los ojos. Se puso igual como lo hacÃa por las noches con la mirada perdida y sin moverse gritó Hanna seguido de algunas palabras sin sentido. Al escuchar su voz, la desconocà por completo. Hablaba ronco. Le pregunté a la curandera el por qué hablaba asÃ. Su respuesta no la esperaba. Volteo a verme enseguida. Me dijo esa no es la voz de tu esposa. Es ese demonio que se está haciendo presente. Trata de no escucharlo porque te puede afectar. Mi esposa comenzó a dialogar con Hannah, pero de ella salÃan las dos voces totalmente distintas. Después de unos minutos, la curandera se incorporó en la plática macabra. Le preguntó al demonio por qué estaba haciendo todo aquello. Mi esposa le contestó con aquella tétrica voz que por qué se metÃa. Le dijo el alma de esta mujer es mÃa y me la tiene que dar. Ni tú ni nadie lo puede impedir. En ese momento me espanté tanto que llorando salà de aquel cuarto pensando que ya nada tenÃa remedio. Me temblaba en las manos, caminaba de un lado para él otro y no sabÃa qué hacer hasta dónde estaba. Escuchaba como la curandera primero le pedÃa perdón al demonio en nombre de mi esposa, por pisar un terreno que no debÃa pero habÃa sido una equivocación, como lo intentó de muchas maneras, y el demonio no harÃa ese dÃa. Le gritó a mi esposa para que lo echara fuera de sus sueños por la fuerza. Asà se hizo un griterÃo espantoso, aturdido y asustado. Como un niño, me puse a rezar pidiendo ayuda divina. No puedo asegurar cuánto tiempo pasó, pero no fue mucho. Tampoco sé lo que sucedió en ese cuarto ni lo que hizo la curandera con mi esposa. Después de largos minutos todo quedó en silencio. Yo no me atrevà a asomarme. Estuve esperando que la curandera saliera o me hablara, pero eso no ocurrÃa. Cuando por fin salió, me dijo que creÃa que todo habÃa salido bien. Para comprobarlo, tendrÃamos que esperar la noche si ya no se hacÃa presente ese demonio estaba liberada. Después de que despertó, mi esposa nos preguntó por lo que habÃa pasado, porque ella, como ocurrÃa siempre, no se habÃa dado cuenta de nada. El miedo y la atención nos invadió Cuando oscureció esa noche. Fue terrible. No tuvimos la valentÃa ni siquiera de apagar el foco. Quizá por lo mismo, mi esposa, a duras penas, pudo dormir. Por mi parte, me la pasé en vela. No pude evitar una sonrisa de alivio cuando empezó a amanecer sin que pasara algo siniestro. Muchas veces le di Gracias a Dios, pero también aquella señora, que nos habÃa ayudado. No celebramos al momento. Esperamos que pasara una semana. Fueron noches de una terrible incertidumbre, pero nada malo pasó. Entonces más tranquilo. Regresamos con la curandera para agradecerle en persona. Estando con ella, le preguntamos si esto podrÃa volver a suceder. Nos contestó que era poco probable, pero que no bajáramos la guardia porque ese demonio seguramente no se habrÃa quedado contento. Me pidió quemar las cintas donde estaba grabada la voz de ese demonio. También, de ser posible, usáramos para siempre la protección de la medalla de San Benito o cualquier otra efecta contra el diablo. MentirÃa si les aseguro que después de ahà vivimos en calma, porque no es verdad. TodavÃa estamos temerosos, quizá marcados de por vida por ese demonio. Pudiera ser que esté al acecho no sólo de los sueños, de mi esposa, también de los mÃos y en el momento menos esperado hacerse presente. También nos acercamos a la Iglesia, porque estoy seguro que mis ruegos fueron escuchados por Dios y asà mi esposa pudo liberarse. Relato escrito y adaptado por Gato negro








