Mi Cuñada Embrujó A Mi Hermano Historias De Terror - REDE

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El maleficio de la bruja. En aquel tiempo que sucedió. Lo que les quiero contar vivÃa en la casa de mis padres y tres de mis hermanos varones. Yo era la más chica de todos. TenÃa dieciséis años. Mi nombre no es relevante porque no es mi historia, sino la de mi hermano. Todos somos originarios de Guadalajara. La casa en la que vivimos toda la vida estaba en una parte céntrica de la ciudad. Era una casa sencilla, pero con las habitaciones necesarias para todos. Mi hermano Miguel, era cinco años mayor que yo. Ãl trabajaba en un calcenter. HabÃa terminado su preparatoria, pero ya no quiso continuar sus estudios. Prefirió meterse a trabajar a los dieciocho años. Al inicio entró como cualquier operario que realice llamadas para la venta de telcer. Con el paso del tiempo fue ascendiendo su sueldo era bueno y a él se le veÃa contento. En ese lugar de trabajo. Fue en el que conoció a Paulina en varias ocasiones. La llevaba a casa a cenar. Nunca la presentó como su novia, sino simplemente como Paulina no era la primera chica que llevaba a la casa. Siempre habÃa sido muy noviero, asà que pensamos que era la siguiente en turno. La tratábamos con amabilidad como a cualquier invitado que llevara alguno de mis hermanos o de mis padres. Miguel y Paulina llevaban como seis meses de noviazgo. Cuando una noche que la llevó a la casa, noté que mi madre la veÃa con cierto recelo. Después de que se marcharon, le pregunté qué sucedÃa. La habÃa visto muy callada. Mirando a Paulina de una manera distinta, mi mamá me dijo que sospechaba que Paulina estaba embarazada. Yo no me habÃa dado cuenta de nada, pero si mi mamá decÃa que lo estaba, era casi seguro que fuera verdad. Al poco tiempo, mi hermano Miguel le dijo a mi mamá que Paulina se encontraba embarazada y que la llevarÃa por poco tiempo a vivir a la casa, en lo que conseguÃa un departamento en renta. A mis padres no les molestó que se fueran a vivir a la casa temporalmente. Mi hermano Miguel acondicionó su habitación para estar junto con Paulina. Al comienzo de su llegada. Todo estuvo bien, adaptándonos a otra persona en la casa. Notaba a mis padres contentos en recibir a la madre de su primer nieto, la relación con Paulina fue buena durante todo su embarazo. Aunque Paulina estaba la mayor parte del tiempo en su habitación, ella acostumbraba a salir por la noche. Mi cuarto estaba hasta el fondo. A veces notaba que Paulina estaba despierta porque veÃa una tenue luz que se movÃa por varias partes de la casa. Era ella que se movÃa con una veladora encendida para tener un poco de luz sin molestar al resto de la familia, que ya estaba dormida. Yo me dormÃa muy tarde porque hacÃa mi tarea esta entrada a la madrugada, sobre todo si estaba en finales de semestre. Asà que notaba como Paulina rondaba no sólo dentro de la casa, sino en el patio. Incluso se salÃa a la cochera. Se me hacÃa una manera extraña de conducirse. Se llegó el dÃa de dar a luz, mi hermano la llevó al Hospital de la Mujer. Corrieron con mucha suerte porque el hospital estaba saturado de mujeres que iban a tener hijos, Asà que enviaron a Paulina a un hospital particular con un costo muy accesible para mi hermano. En esos dÃas, yo ya estaba de vacaciones en la preparatoria como mi mamá también trabajaba. Mi hermano me pidió de favor que fuera a ayudarle a cuidar a la pequeña Jimena. Ese fue el nombre que le pusieron a mi nueva sobrina. A Paulina le habÃan hecho una cesárea y se movÃa con dificultad Desde que entré a la habitación en la que estaba en mi cuñada. Ella parecÃa que estaba de mal humor, sobre todo cuando me acercaba a la bebé y le hacÃa cariños. No le agradaba que fuera tan cercana a su hija me decÃa que la dejara en paz y que la pusiera en sus brazos. En ese momento pensé que era parte de los celos normales de una mamá ante su primer hijo. Cuando llegaron a la casa mi hermano, con su pareja y su hija, les hicimos una celebración muy sencilla, sólo para conmemorar el primer dÃa de Jimena en casa de sus abuelos. Aunque a Paulina no le agradó el recibimiento. A partir de ese dÃa, la relación entre Paulina y nosotros se tornó distante. Mi hermano no era ajeno a lo que le sucedÃa. Le dijo a mi mamá que él habÃa esperado salir antes de su casa, pero que las rentas estaban muy caras. Los departamentos que estaban a su alcance se encontraban muy lejos en el municipio de Tlajomulco. Al parecer, mi madre y y ya habÃa hablado con mi papá porque le sugirió que construyera en la parte alta de la casa, asà que ya no tendrÃa de qué preocuparse por la renta. Al menos una habitación con su baño y su cocina estuvieron de acuerdo y se quedaron por más tiempo en lo que estaba lista la casa de ellos. Cada dÃa, mi hermano se ausentaba por más tiempo en casa. Sólo llegaba a dormir y se iba muy temprano al trabajo. HacÃa tiempo extra para poder solventar todos los gastos. DesconocÃa si él se daba cuenta de las ausencias de Paulina en la habitación, porque ella estaba la mayor parte de la noche despierta con la pequeña. Rondaba la casa como ánima en pena con la niña en sus brazos. Una noche que salió al patio, puso a la niña en la carriola. Junto a ella encendió tres veladoras al centro de ellas puso algo que no alcancé a distinguir. Después comenzó a susurrar unas palabras que no alcanza bar a escuchar. Con el paso de los dÃas, comencé a ver a mi hermano distinto más callado ausente, incluso ya casi no hablaba, pero también entendà que estaba muy cansado. Creo que nadie tenÃamos problema con que Paulina estuviese en la casa, sobre todo porque sabÃamos que, en cuanto construyeran un cuarto, se irÃan a la parte alta de la casa. Pero lo que no me gustaban eran las costumbres que ella tenÃa. Como les dije, era una persona nocturna, pero cuando nació la pequeña Jimena se volvió más. Si la niña estaba dormida la dejaba en su cuna. Si no se la llevaba con ella. Le gustaba estar en el jardÃn de la cochera, porque en esa parte habÃa una lona que protegÃa del sol. No le caÃa el sereno a la pequeña. Hubo una vez que le pedà permiso a otro de mis hermanos para dormir en su habitación porque su ventana daba al jardÃn y yo querÃa saber qué hacÃa ella por las noches a regañadientes. Mi hermano me dijo que sÃ, aunque primero me dio todo un discurso sobre no meterse con la vida de otras personas, pero no le hice caso. A mi hermano le asignaron el turno de noche, asà que tuve la libertad de estar en su habitación sin que se molestara. Después de la medianoche comencé a escuchar los pasos sigilosos de Paulina por el umbral de la puerta alcanzaba a ver cómo se desplazaba la tenue luz de su veladora ignoró que hacÃa dentro de la casa, pero cuando se salió a la cochera llevaba a la niña con ella la acomodó en el portabebé, mientras la pequeña emitÃa balbuceos. A su vez, Paulina puso tres veladoras juntas encendidas. Al centro de ellas habÃa algo que no alcanzaba a distinguir. Era como un objeto pequeño. Con la poca luz que habÃa vi como a un muñeco. Enseguida sacó una planta de la maceo en el agujero que dejó puso el muñeco y regresó de nuevo. La planta enseguida comenzó a cantar muy bajo en una lengua desconocida. Creà que se trataba de su lengua natal, porque ella era originaria de Oaxaca. Se quedó por más tiempo ahà hasta que la niña. De nuevo se durmió y se retiró a su habitación. Ya iban a ser las cuatro de la mañana. Cuando ella se fue al dÃa siguiente, casi no se dejaba ver. Creo que permanecÃa dormida junto con la bebé. Asà se pasaron los dÃas hasta que estuvo construida su casa. Se subieron a vivir en ella, aunque vivÃan arriba de la casa. Los veÃamos muy poco. Mi hermano nos visitaba algunas veces y cuando lo hacÃa estaba demasiado ansioso con una necesidad urgente de irse. Un dÃa, mi hermano Miguel, de manera inesperada, le dijo a mi madre que se cambiarÃa de residencia, se querÃa ir a vivir a Oaxaca junto con Paulina y la niña. Mi madre lo cuestionó para qué habÃan hecho el esfuerzo de ayudarle a construir su casa. Si no pensaba quedarse a vivir en ella, él se limitó a decirle que en tres meses se iba de ahà y se fue a su casa. Mi madre no sabÃa qué hacer. Ella no estaba ajena del cambio que tuvo mi hermano ni de las prácticas que Paulina hacÃa en las noches, pero nunca quiso involucrarse en sus vidas. La escuché cuando le dijo a mi padre que creÃa que Paulina le habÃa hecho algo a mi hermano, porque él ya no era el mismo y si se iban al lado de la familia de Paulina, le podÃan hacer cualquier cosa. Mis padres no sabÃan qué hacer ni cómo actuar, porque le querÃan dar a mi hermano Miguel su espacio como un adulto. Sin embargo, notaban que algo sucedÃa. Si querÃan ayudarlo era antes de que se marchara a Oaxaca, porque después ya no podrÃan hacerlo, porque ni siquiera mi hermano querÃa decir a qué parte de Oaxaca se iban a ir. Mi madre fue a una tienda esotérica que hay en el centro. Yo la acompañé. Cuando fuimos en realidad, creÃmos que no servirÃa de nada a hacerlo, pero no sabÃamos a quién más acudir. En el local habÃa una mujer de mediana edad. Era peculiar su vestimenta y su forma de hablar. Creà que se tomaba muy en serio su papel de evidente de Bruja o de lo que sea que fuese. Primero le dijo a mi madre que le cobrarÃa un extra por echarle las cartas del Taroth. Mi madre le explicó a la mujer que el servicio no era para ella, sino para su hijo, a lo que le respondió que entonces necesitaba la fotografÃa de la persona a la que se le iba a hacer el trabajo. No supe si mi madre se imaginaba que la necesitarÃa porque llevaba una con ella. La vidente le echó las cartas frente a la foto de mi hermano y la de Paulina. No recuerdo con certeza cuáles fueron todas las cartas que salieron. Solo dos, la de la Luna y la muerte. La mujer le explicó a mi madre que mi hermano tendrÃa un cambio radical en su vida. SerÃa el fin de algo con un comienzo completamente distinto. Con la Carta de la Luna, le explicó que habÃa enemigos ocultos que mi hermano tenÃa muy cerca, asà como desorientación e inestabilidad. Ella continuó explicando el significado de las cartas. Me alejé un poco de con ellas mientras veÃa los artÃculos que se vendÃan en esa tienda, ya que era la primera vez que iba una de ellas. Salimos de la tienda con una serie de productos que le vendió la mujer a mi madre. Entre ellos llevaba una sonaja de ayoyote, una loón astral, veladoras de protección inciensos. Cuando salimos de ese local, pensé que todo era charlatanerÃa que solo le habÃa quitado el dinero a mi mamá, pero ella, en su desesperación, dijo que iba a hacer lo que la mujer habÃa dicho. Ya habÃa gastado buen dinero en eso al menos lo usarÃa para ver si funciona, porque la mujer le dijo que tenÃa que regresar a otras o sesiones más. Desde que llegamos a la casa, mi mamá puso en práctica todo lo que la vida ante le dijo. Me hizo hincapié a que estuviera pendiente. Cuando Paulina saliera para poder entrar a la casa de mi hermano y a ser otro ritual por la tarde, Paulina salió con la pequeña en la carriola. Mi mamá tenÃa llaves de la casa, asà que pudo entrar sin problema. A mà me dejó cuidando las escaleras, pronto hizo el ritual y salió de la casa. Les puedo asegurar que yo no creÃa en todo lo que la mujer le dijo a mi madre. Es más, no entendÃa cómo era que se habÃa atrevido hasta entrar a la casa de mi hermano, Pero lo que pasó esa noche comenzó a quitarme mis dudas. Como ya estaba acostumbrada a dormir hasta muy tarde, mi o ir mamá me encargó que estuviera el pendiente de cualquier cosa que hiciera. Paulina me quedé en la sala viendo televisión. No me quise ir a mi habitación porque se encontraba hasta el fondo de la casa. Iban a ser las tres de la mañana. Cuando escuché pasos en la escalera, alguien iba bajando. Me metà silenciosamente a la habitación de mi hermano para poder ver algo a través de la ventana, pero no habÃa nadie. Creà que se habÃa tratado de un gato que bacó. Pero me asusté más cuando escuché que alguien movÃa trastes en la cocina. Pensé que uno de mis hermanos se habÃa levantado a tomar agua, pero tampoco vi a nadie. Encendà una lámpara al momento que la aprendÃ. Vi como si un animal corriera a esconderse pensé que se trataba de un gato por su tamaño, aunque no sabÃa cómo pudo haber entrado de pronto oà con claridad cómo cerraron la puerta del patio. Corrà hasta allá, pero el patio estaba muy oscuro. Solo alcancé a ver el movimiento entre las plantas de mi mamá. Al dÃa siguiente le conté a mi madre lo que habÃa sucedido la noche anterior. Me dijo que estuviera atenta a los siguientes dÃas cualquier normalidad que sucediera que se lo dijera por la noche volvieron los eventos extraños. Sólo con un añadido más empecé a escuchar como un susurro el cántico extraño de Paulina. Pensé que se encontraba dentro de la casa, la busqué por todas partes sin encontrarla fui a despertar. A mi madre le dije que acababa de suceder. No habÃa terminado de decirle cuando ella escuchó el mismo cántico que a esas horas de la noche y con la oscuridad se oÃa siniestro. Los ruidos extraños continuaron en el patio, en la cochera, en distintas partes de la casa, pero no lograba encontrar que los provocaba. Al dÃa siguiente fuimos de nuevo con la mujer de la tienda sotérica. Le dijimos los acontecimientos que habÃan ocurrido en la casa Lucy. Ese era el nombre de la mujer que ayudaba a mi madre. Se quedó pensativa. Nos dijo que se estaba enfrentando algo más fuerte de lo que imaginaba y que lo más probable fue que, al comenzar a trabajar en contra del maleficio, habÃa fuerzas oscuras involucradas. Sacó de nuevo sus cartas de Taroth. Puso alguna sobre el mostrador enseguida. Nos dijo que Paulina le estaba haciendo brujerÃa a mi hermano, que lo más seguro era que ella conocÃa de la brujerÃa antigua. Le vendió un talismán de protección para mi hermano. Le dijo que no era necesario que él usara. PodÃa ponerlo dentro de su casa, en el auto o en cualquier lugar en el que él hiciera presencia. Lucy se quedó callada por unos segundos después le dijo a mi mamá que no iba a ser sencillo quitarle El trabajo que le habÃan hecho a mi hermano era de magia negra y ella sólo sabÃa trabajar con magia blanca, pero intentarÃa hacerlo. Lucy le dio unas indicaciones extrañas. A mi mamá le dijo que fuera al panteón de Mezquitán, que buscara una tumba, que se fuera caminando por un momento entre las tumbas. Alguna de ellas iba a ser la indicada. Cuando la encontrara en la esquina de esa tumba iba a enterrar a la fotografÃa de Paulina y la de mi hermano Miguel, pero la de ella la iba a romper. Iba a poner los pedazos de la foto dentro de una cajita. Ahà meterÃa la foto de ella, asà como una extraña muñeca que Lucy le vendió. Además un artÃculo de Paulina Cualquier cosa, unos cabellos ropa bisuterÃa lo que fuera, pero que le pertenecieran a ella. Después de que hiciera eso, iba a poner veladoras en los cuatro puntos cardinales de su casa y otra al centro. Sólo hizo una advertencia que, después de que mi madre hiciera todos esos rituales, estuviese preparada para la reacción de las fuerzas malignas que Paulina habÃa llevado consigo por qué no iba a ser tan sencillo que se alejara de mi hermano para eso iban a resistirse tratando de dañar a las personas que trataban de ayudarlo. Después de que Lucy dijo eso sinceramente, a mà me dio miedo de que de verdad ocurrieran eventos malignos. Mi madre le dijo a luz y que quizás nos enfrentábamos a fuerzas que no sabÃamos cómo alejarlas. Sin embargo, ella le explicó que nos iba a brindar la protección necesaria. Nos dijo que fuéramos a la iglesia y que lleváramos la mayor cantidad de agua bendita, asà como tener a la mano un rosario bendito. Cuando Ãbamos de regreso a la casa, le pregunté a mi madre si de verdad creÃa en todo lo que la mujer decÃa. Quizás sólo intentaba quitarle el dinero. Además, se me hacÃa muy aventado eso de ir al panteón y enterrar cosas en una tumba desconocida, pero mi madre me respondió que no sabÃa qué más hacea iba a intentar de todo con tal de rescatar a mi hermano. Ese dÃa no fuimos al cementerio. Mi madre primero consiguió el agua y el rosario bendito. Por la noche. Los sucesos continuaron, pero ahora con más intensidad, porque las energÃas se intensificaron. Después de las doce de la noche, las puertas comenzaron a azotarse como si alguien las cerrara con fuerza. Algunos objetos decorativos del librero se cayeron. Incluso el florero con flores frescas se rompió dejando el agua regada por todos lados. Sólo fue durante unos minutos, pero lo suficientes para atemorizarnos y dejar un desastre. Creo que mi hermano Miguel también escuchó lo que sucedÃa, porque bajó de su casa tocando con fuerza a la puerta. Cuando oÃmos que tocaba en la puerta, todos nos asustamos. Pensamos que era parte de los eventos paranormales. Ni siquiera nos atrevÃamos a abrirlas hasta que escuchamos la voz de Miguel de inmediato. Fui a abrir la puerta. Cuando lo vi, me sorprendà mucho. Sólo habÃan pasado algunos dÃas sin verlo. Su aspecto era completamente diferente. Se le veÃa cansado con ojeras enormes. Estábamos delgado de lo normal. Incluso creà verle algunas canas. Creo que no fui la única que se sorprendió, porque vi la expresión de mis hermanos y de mis padres en su mirada. Noté que ellos también lo vieron muy mal, pero no le dijimos nada. ParecÃa que Miguel era el principal receptor de lo que hacÃa Paulina, porque estaba sumamente desmejorado. Después de que le dijimos que todo habÃa sido un mal entendido, él regresó a su casa. Mi madre me volvió a ver con una mirada de complisión. Mientras asentÃa, comprendà que buscaba mi aprobación de ir al cementerio. De igual manera, respondà que sÃ. Muy temprano por la mañana nos fuimos al panteón con los artÃculos que nos dijo Lucy en una cajita de metal. Mi madre metió todo, la amarró con un cordón de color rojo y nos encaminamos hacia el cementerio. Rápidamente llegamos a él, incluso tuvimos que esperar unos minutos para que lo abriera. Mi madre compró unas flores para disimular que realmente Ãbamos a visitar a un familiar difunto. Nos encaminamos hasta la segunda sección del panteón. Esta parte estaba más desolada. Solo se escuchaba el viento soplar. No sé por qué motivo. Mi madre eligió de inmediato una tumba en la que tenÃa inscrita el nombre de MarÃa en Gracia. Mientras yo hacÃa el hueco para enterrar la cajita de metal, mi madre le quitó las flores secas a la tumba y le puso las nuevas. Era como una forma de pedirle una disculpa a la difunta por usar su tumba. Nos fuimos del panteón con la convicción de que todo estarÃa bien de regreso. Llegamos al local de Luz y para decirle que todo estaba hecho. Además de informarle lo acontecido la noche anterior, ella dijo que todo era cuestión de tiempo. El maleficio iba a romperse, tal como lo dijo Lucy. A partir de la medianoche empezamos a escuchar los gritos de Paulina. Ella decÃa que alguien le habÃa hablado al oÃdo que nosotras éramos las responsables de lo que le pasaba. Estaba frenética e histérica. La niña comenzó a llorar asustada, mientras que mi hermano estaba como en un trance, sin saber qué hacer. Esa noche pasó de todo. Paulina pasaba de un estado irritable al llanto las luces se comenzaron a prender y a pagar, hasta que en un instante todo quedó en completa oscuridad. A los pocos minutos regresó la luz. Mi hermano salió del estado hipnótico en el que se encontraba. ParecÃa como si hubiese dormido todo el tiempo. Comenzó a preguntar qué sucedÃa, mientras que Paulina no estaba la buscamos por toda la casa. Tuve miedo de que se hubiera llevado a la niña. Por suerte, no lo hizo. Ella desapareció sin dejar rastro. Mi hermano poco a poco se fue restableciendo de Paulina. No volvimos a saber nada, aunque tenemos temor de que en cualquier momento aparezca o que intente dañar a distancia a mi hermano o a alguno de nosotros. Lucy nos dio unos talismanes para protegernos, pero todo el tiempo estamos alerta ante cualquier cambio de miguel O de la Pequeña Jimena. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








