Feb. 10, 2024

Mi Amiga Atrajo Una Entidad Maligna De La Isla De Las Muñecas Historias De Terror - REDE

Mi Amiga Atrajo Una Entidad Maligna De La Isla De Las Muñecas Historias De Terror - REDE

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La Isla de las Muñecas. No soy originaria de la ciudad de México, tenía muchas ganas de visitar esa ciudad. Mi intención era pasear en las trajineras, conocer las chinampas. Para quien no las conocen, son espacios de tierra que están dentro del agua. Anteriormente era una forma de cultivar plantas verduras y hortalizas, en la que el agua era el principal recurso. Fue la manera en que los pueblos originarios realizaban su sistema de cultivo. Cuando conocí Sochimilco, fui como turista, ya sabía a través de las redes sociales y de mis conocidos de ese lugar tan tradicional, me subí a una trajinera que era una embarcación hecha de madera y adornada con flores coloridas. Fuimos a un lugar muy popular, la Isla de las Muñecas. No fui sola, iba acompañada de dos de mis compañeras de trabajo nos organizamos para poder ir un fin de semana visitar los lugares, así como las leyendas más conocidas de la ciudad de México. El lugar que más expectación me causaba era la Isla de las Muñecas. Cuando nos acercamos a ella, se encontraba en una chinampa con bastante longitud. Nos bajamos de la trajinera y comenzamos a ver que había muñecas colgadas en los árboles, en los arbustos, en lazos. También habían chozas que tenían en su interior muchas muñecas. La apariencia de las muñecas no era agradable. Más bien daban miedo porque se encontraban en mal estado, algunas sin ojos, otras con su vestimenta deslavada, sucia y desgarrada. Incluso había una que estaba pintada de rojo y le habían puesto cuernos con los monitos que salían en la rosca de reyes. También había animales disecados. Vi la cabeza de una vaca y un armadillo. El guía de turista nos contó la leyenda de la isla de las muñecas. Quizás para muchas personas ya era muy conocida. La leyenda decía que en esa chinampa vivía un señor de nombre Julián. En una ocasión, el hombre encontró a una niña en las orillas de su chinampa. Trató de reanimarla, pero no lo logró. La niña había muerto ahogada. Después de lo ocurrido, Julián sintió culpa por no haber podido salvar a la pequeña. Dicen que luego de su muerte, su espíritu comenzó a rondar por los lugares. Julián, para poder calmar el espíritu de la pequeña recogía de la basura a las muñecas. Lo hizo de esta manera porque no tenía los recursos económicos para comprarlas nuevas. Así fue como el lugar se llenó de tantos objetos. Mientras caminábamos por el lugar, vimos de todo tipo de muñecas. Les aseguro que ninguna estaba bonita, aunque todas estaban horribles. Hubo una en especial que me llamó la atención, de hecho, no sólo a mí, sino a la gran mayoría de personas, porque de cierta manera la han convertido en una especie de entidad milagrosa que ha cumplido deseos a cambio de un pequeño tributo o regalo que se le deje. Esa muñeca tenía el nombre de Agustina. Estaba vestida con un vestido de color rojo, sentada en una trajinera pequeña que llevaba como nombre sochimilco. Ahí le dejaban todo tipo de regalos, desde pulseras, flores o cualquier artículo que pudiera servir como obsequio. Me quedé durante un rato pensando cómo una muñeca pudiera tener la facultad de hacer milagros. Una de mis amigas, Marta le tomó una foto. La vi muy entusiasmada. Creo que ella ya sabía sobre los poderes de la muñeca porque iba preparada con un obsequio que compró antes de partir a Sochimilco. Marta ya sabía lo que iba. No se fijó en las demás muñecas. Al contrario, buscó entre todas a Agustina. Cuando la encontró, le ofreció el regalo. Le habló en voz baja, sin que pudiéramos escuchar lo que le decía. Después de unos minutos, Marta se unió a nosotras. Le preguntamos qué le había dicho a la muñeca, pero ella no quiso decirnos nada. Continuamos nuestra visita en la isla. Noté a marta muy emocionada. Estaba más bien eufórica. Me acerqué a ella para preguntarle si se encontraba bien. Ella me respondió que era un día inmejorable. Así, continuamos con nuestro paseo. Mientras seguía observando las muñecas. Me puse a pensar que esa idea de recolectar tantas muñecas había sido a partir de una situación espeluznante, ya que decían que el espíritu de la pequeña que murió seguía sin descansar. No comprendía el motivo por el que se había hecho tan popular. Más adelante vimos otras chinampas en las que se veían objetos extraños. Le pregunté al guía de qué se trataba. Él me dijo que era brujería que las personas hacían en esos lugares por la noche. No me quise imaginar lo tétrico que se verán esas chinampas en la oscuridad en ese momento que pasamos por ahí no me dio tanto miedo, porque iba acompañada de varias personas. Además, el sol estaba en todo su resplandor, así que no me pareció terrorífico. Cuando salimos de Sochimilco, continuamos conociendo la ciudad. Le pregunté a mis amigas a dónde querían ir Marta. Me respondió con tanta naturalidad que a cualquier lugar que fueran sería menos interesante que haber llegado a la isla de las Muñecas. Le dije que a mí no me había gustado mucho. Me había imaginado otro tipo de espectáculo. En cambio, ella seguía emocionada. Después de visitar otros lugares turísticos, nos regresamos a la ciudad de Guadalajara. Cada quien tomamos un auto de alquiler y ahí nos despedimos en el inicio de semana nos incorporamos a nuestras actividades laborales. Me llamó la atención no ver a Marta detrás de su escritorio. Alicia, mi otra amiga, me dijo que el jefe inmediato le había mandado llamar. Cuando Marta regresó de reunirse con él, venía con una sonrisa. Nos dijo emocionada que la había movido de puesto la habían ascendido como gerente regional, pero esto implicaba cambiar de residencia. Le pregunté si estaba de acuerdo en hacerlo. Respondió que no tenía ninguna objeción. Así que en pocos días despedí a mi amiga con la idea de vernos muy pronto en Toluca. Alicia y yo continuamos en nuestras respectivas actividades. En un principio tratamos de estar en comunicación con Marta, pero cada día ella se distanció mucho. Ambas comprendimos qué era. Por los nuevos retos que tuvo que enfrentarse, Preferimos darle su espacio. Después de varias semanas recibí una llamada Era de Marta. Me sorprendió que me llamara casi a las doce de la noche. Ella me preguntó si estaba dormida. Le respondí que no, pero la verdad era que sí. Me había despertado. Pero como tenía tanto tiempo sin saber de ella, quise escucharla. Cuando oí su voz, casi no la pude identificar se oía tan diferente. Sólo estaba segura de que era ella porque vi en el identificador que era su número. Le pregunté si se encontraba bien, pero sólo se escuchó el silencio. Le dije que si necesitaba de mi ayuda, lo haría con mucho gusto. Después de otro silencio, ella comenzó a hablar. Me dijo que todo estaba muy bien. Sólo necesitaba escuchar la voz de alguien de confianza. Poco a poco, comenzó a platicarme lo bien que vivía al lado de su esposo y de sus hijos. Incluso me dijo que también él había encontrado un buen trabajo. Sus hijos iban a un colegio privado. Siguió platicando con entusiasmo la nueva vida que tenía en Toluca. Luego de un rato de charla, se despidió y colgó. Me quedé confundida por la forma tan extraña en que lo hizo. Estuve un rato despierta tratando de asimilar los motivos que tuvo para comunicarse a esa hora. Al día siguiente le comenté a Alicia sobre lo sucedido. Ella también me dijo que le había llamado por teléfono. Coincidía conmigo Marta estaba rara. Así pasaron varios días sin volver a tener noticias de ella. Aunque Alicia y yo intentábamos comunicarnos con ella, no era posible. Sólo cuando Marta decidía que quería hablar con nosotras sucedía la llamada telefónica. Lo malo era que desde el primer día que me llamó continuó hablando a esa misma hora. Quise pensar que lo hacía así, porque estaba llena de ocupaciones y era el único momento en que tenía tiempo. Cada vez que me sonaba el teléfono era lo mismo. Se quedaba ausente por unos minutos con una voz extraña enseguida poco a poco, entraba en confianza y comenzaba a platicar. Una de esas noches que me llamó fue distinta. Creo que fue la primera vez que realmente era ella. Primero me habló con una voz muy baja. Le dije que si no quería despertar a su familia, se fuera a otro lugar de la casa porque casi no le entendía lo que me decía. Así fueron unos segundos hasta que la comencé a escuchar muy alterada. Me dijo que tenía mucho miedo en su casa. Pasaban cosas extrañas difíciles de comprender. Sin decir nada más, me colgó. No quería molestar a Alicia, pero tampoco me podía quedar así. Vi la hora en el reloj eran las dos y media de la madrugada. Con un poco de pena le marqué a mi amiga. Ella me respondió de inmediato si supiera para qué le hablaba. Me dijo que a ella también le había marcado marta. Ella estaba en una situación de riesgo, pero no sabíamos qué le estaba sucediendo. Al día siguiente era miércoles. Ese fin de semana teníamos cierre de mes con los proveedores, así que era complicado pedir permiso tanto Alicia como yo creímos que no era conveniente que pidiéramos permiso. Nos tendríamos que esperar hasta el fin de semana para ir a visitar a Marta, porque las dos nos habíamos quedado con dudas sobre su estado real. El viernes por la mañana hice todo lo necesario para dejar en orden mi casa. Encargué con mi vecino a mis dos gatos. En cuanto salimos del trabajo, nos fuimos hacia la central de autobuses. Nuestro camión salía a las ocho de la noche. Esperamos un rato en la sala de espera de la central. Pronto escuchamos el sonido del altavoz que anunció la salida de nuestro camión. Alicia y yo nos sentíamos contentas por viajar de nuevo juntas, porque no lo habíamos hecho desde que fuimos a la ciudad de México, aunque ahora las condiciones eran completamente distintas charlamos durante un rato tratando de identificar cuál podría ser la posible situación de riesgo en la que se encontraba nuestra amiga. Las dos estuvimos de acuerdo que quizás había maltrato por parte de su esposo. Durante el trayecto del viaje hubo un momento en que Alicia se quedó dormida. Traté de poner una película, pero no me gustó ninguna moví la cortina de la ventana para poder ver hacia el exterior. Escuché un ruido extraño, como si el autobús hubiese pisado algo grande. El chofer se detuvo, nos avisó que iba a revisar de qué se trataba enseguida. Subió para decirnos que una de las llantas estaba ponchada. Nos dijo que alcanzó a ver un animal salvaje que intentaba cruzar la carretera. Cuando lo vio, trató de evitarlo, pero fue imposible no atropellarlo. Por desgracia había muerto. Le dije al chofer que era necesario mover al animal de la carretera para que no fuera destruido por completo por los demás automóviles. Él estuvo de acuerdo. Otro de los pasajeros se ofreció ayudarlo. Lo pusieron a un lado del acotamiento. El animal era bastante grande. Por eso se había sentido el impacto tan fuerte. Era un extraño animal salvaje que tenía grandes colmillos. Su pelaje era grueso, de color negro muy oscuro. Cuando uno de los pasajeros levantó una de sus patas, tenía unas garras muy grandes, no fue posible saber de qué tipo de animal se trataba. Los dos hombres lo dejaron a un lado de la carretera, cambiaron la llanta ponchada y proseguimos nuestro viaje. Sin embargo, nos llevó algo de tiempo, el cambio de la llanta, lo que provocó que el viaje se retrasara y llegáramos más tarde de lo esperado. Llegamos a Toluca después de las dos de la mañana. Pedimos un taxi que nos llevará al hotel en el que nos hospedaríamos. Dejamos las maletas, sólo las abrimos para ponernos nuestra ropa de noche. Le dije que podíamos dormir un poco antes de ir a la casa de Marta. Creo que apenas comenzábamos a dormir cuando sonó mi teléfono. La primer persona que llegó a mi mente fue Marta. En efecto, era ella Esta vez me dijo que tenía miedo. Le dije que si se sentía amenazada que hablara al número de emergencia. Me dijo en un tono muy bajo que ese tipo de apoyo ellos no lo podían dar. Ella necesitaba a alguien más y colgó el teléfono. No sabíamos qué hacer. Le dije a Alicia que era necesario que fuéramos a su casa. El motivo de estar ahí era precisamente para apoyarla. Así que nos cambiamos de nuevo y pedimos un auto para que nos recogiera. Cuando llegamos a la colonia en la que ella vivía era un coto privado. Tuvimos que llamar a Marta para decirle que nos abriera la reja eléctrica. La casa estaba hasta el final en completa oscuridad. Apenas íbamos a tocar la puerta. Cuando ella la abrió y nos hizo la señal de que guardáramos silencio. Me di cuenta que no quería despertar a su familia. Encendí la luz del celular porque casi tumbé una lámpara de pie que estaba en la sala. Fue cuando pude ver a Marta había bajado de peso dramáticamente. Su aspecto era desaliñado y ojeroso no quise hacerle ningún comentario antes de que le quisiéramos decir algo de nuevo. Ella hizo la señal de que nos calláramos. Ahí Fue cuando noté la condición mental de mi amiga. Sentí tristeza de haber dejado pasar el tiempo sin buscarla. La abracé y le dije que todo iba a estar bien. Para eso habíamos ido para ayudarla. Le pregunté sobre su esposo. Íbamos a necesitar el apoyo de él para llevarla a una clínica, porque no sabíamos si tenía una enfermedad física mental o algún tipo de adicción. Marta me respondió que su esposo la había dejado, como a él estaba yendo muy bien económicamente. La había dejado por una mujer más joven que ella. Marta no contaba con una red de apoyo en su nueva residencia enseguida. Le pregunté por sus dos pequeños. Creo que ahí encontré el punto débil de ella, la causa de todos sus problemas, porque se puso a llorar de una manera desgarradora. Tratamos de hacerla sentir bien diciéndole que nos íbamos a quedar con ella o a regresarnos juntas en caso de ser necesario. Marta se dejó abrazar, pero de repente tuvo un cambio inesperado. Se puso a buscar por todas partes. Movió la televisión debajo de los cuadros, se subió a un banco para buscar arriba del cristalero. La agarré y le dije que se tranquili za ra. Le pregunté dónde estaban sus hijos. Me apuntó con su dedo en una de las habitaciones en la parte de arriba le dije que íbamos a subir ella. Se me quedó viendo con cara de terror. Me dijo que no lo hiciera y se fue a esconder detrás de un sillón. Le dije a Alicia que se quedara con ella. Yo subiría para ver cómo estaban los pequeños. La casa era grande y elegante. Las escaleras eran anchas. Comencé a subir mientras la madera crujía. Cuando estuve en la parte superior, comencé a oler algo fétido. Fue necesario que me cubriera la nariz porque el tufo era muy fuerte. Conforme, avancé hacia una de las habitaciones. Una de ellas era la que tenía el olor más persistente. Al abrir la puerta de la habitación me encontré con una escena macabra. Ahí estaban los dos hijos de Marta. Aparentemente dormían me acerqué a los niños. Los dos estaban pálidos. El más pequeño en cuanto me vio se abalanzó sobre de mí. Me dijo que ya no quería estar ahí. Le tenía mucho miedo. A ella pensé que era a su madre. Lo abracé y le dije que todo estaría bien. No me iría de ahí sin él enseguida despertó La niña también me abrazó. Ella también me dijo que tenía mucho miedo porque si no jugaban con ella lo que decía, se enojaba mucho, pero no querían hacer lo que les pedía porque no era bueno. Abracé a la niña y tomé de la mano al pequeño Abraham le dije que ya no tuviera miedo. Su madre nunca los iba a dañar. Ella los quería mucho. Simplemente estaba enferma. Después de que fuera al médico y tomara sus medicamentos, todo cambiaría. La niña se me abrazó al cuello y se puso a llorar. Ocultó su cara en mi pecho. El pequeño Abraham me dijo que no era su mamá a quien le tenían miedo. Era a ella y apuntó hacia una esquina de la habitación. La recámara estaba iluminada por una pequeña lámpara con luz ámbar. Era tan tenue que apea podía distinguir algo al fondo de la habitación. Le acaricié la cabeza a la pequeña mientras le decía que ahí no había nadie. Estaba a punto de salir de la habitación. Cuando la niña comenzó a llorar apuntando hacia el mismo lugar, no pude ver de qué se trataba, porque en ese mismo instante, Marta comenzó a gritar, Así que salí corriendo del lugar con los dos niños en los brazos. Ya ni siquiera busqué de dónde provenía el olor tan intenso. Bajé las escaleras con lentitud. No quería lastimar a ninguno de los niños abajo. Marta gritaba mientras Alicia trataba de tranquilizarla, pero los gritos no cesaron. Gritaba al mismo tiempo que se cubría los oídos con sus manos como intentando no escuchar nada, pero no se escuchaba ningún ruido. Le dije a Alicia que era necesario irnos de ese lugar. Le pedí que llamara un auto mientras recogía lo necesario para Marta y los pequeños. Quise dejar a la niña sobre el sillón para juntar lo indispensable e irnos del lugar. Pero la pecuqueña también comenzó a gritar y a llorar mientras apuntaba hacia la cocina. Al fondo sólo había oscuridad, pero pude percibir dos ojos que destellaban. Pensé que podrían ser los de un perro porque parecía que era de estatura baja. Yo no quise entrar para ver de qué se trataba. Ya ni siquiera recogí ninguna pertenencia. Salimos del lugar. Marta se oponía a irse de la casa. Entre sus gritos y su histeria. Sólo alcancé a distinguir que si lo hacía a ella o alguno de sus pequeños iban a morir. No le tomé importancia a su comentario porque creí que era parte del proceso psicótico que tenía. Sólo agarré las llaves para poder salir de la casa. El auto de Alquiler estaba afuera de la cerca eléctrica. Alicia jalaba a Marta para que no se regresara. Mientras que yo iba con los pequeños. Hubo un instante en que Marta se le soltó a Alicia intentó regresar a la casa. Cuando vi la fuerza que tuvo para soltarse, dejé a los pequeños sentados s en la banqueta les dije que no se movieran. De ahí. Entre Alicia y yo pudimos controlar a Marta para eso, ya varios de los vecinos se habían despertado. Salieron de sus casas para ver lo que sucedía. Pudimos calmar a Marta y abrir la reja. Agarré a los niños y nos dispusimos a salir. Cuando nos subimos al auto e íbamos hacia el hotel, respiré aliviada. Sentí que algo malo se había quedado atrás. Nos confiamos en que todo estaría bien en un abrir y cerrar de ojos. Marta abrió la puerta del auto y se salió. En ese momento iba un auto del otro carril. El coche le pasó las llantas por la cabeza de mi amiga. Murió instantáneamente. Fueron tantas cosas en tan poco tiempo que hasta ahora no he podido procesar lo que ocurrió. Mi amiga murió, pero por lo que dice el pequeño Abraham, todo comenzó a ocurrir por la presencia maligna de una niña pequeña era de menor estatura que los dos pequeños. A partir de esa presencia comenzaron los eventos extras años. Alicia y yo creemos que se trató de Agustina, la muñeca a la que Marta le pidió un deseo. Incluso creo que aquel contratiempo que tuvimos con el animal que ponchó la llanta del autobús fue por efecto, de la muñeca que trataba de que no llegáramos a tiempo. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas