Mi Amiga Atrajo Una Entidad Maligna De La Isla De Las Muñecas Historias De Terror - REDE

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La Isla de las Muñecas. No soy originaria de la ciudad de México, tenÃa muchas ganas de visitar esa ciudad. Mi intención era pasear en las trajineras, conocer las chinampas. Para quien no las conocen, son espacios de tierra que están dentro del agua. Anteriormente era una forma de cultivar plantas verduras y hortalizas, en la que el agua era el principal recurso. Fue la manera en que los pueblos originarios realizaban su sistema de cultivo. Cuando conocà Sochimilco, fui como turista, ya sabÃa a través de las redes sociales y de mis conocidos de ese lugar tan tradicional, me subà a una trajinera que era una embarcación hecha de madera y adornada con flores coloridas. Fuimos a un lugar muy popular, la Isla de las Muñecas. No fui sola, iba acompañada de dos de mis compañeras de trabajo nos organizamos para poder ir un fin de semana visitar los lugares, asà como las leyendas más conocidas de la ciudad de México. El lugar que más expectación me causaba era la Isla de las Muñecas. Cuando nos acercamos a ella, se encontraba en una chinampa con bastante longitud. Nos bajamos de la trajinera y comenzamos a ver que habÃa muñecas colgadas en los árboles, en los arbustos, en lazos. También habÃan chozas que tenÃan en su interior muchas muñecas. La apariencia de las muñecas no era agradable. Más bien daban miedo porque se encontraban en mal estado, algunas sin ojos, otras con su vestimenta deslavada, sucia y desgarrada. Incluso habÃa una que estaba pintada de rojo y le habÃan puesto cuernos con los monitos que salÃan en la rosca de reyes. También habÃa animales disecados. Vi la cabeza de una vaca y un armadillo. El guÃa de turista nos contó la leyenda de la isla de las muñecas. Quizás para muchas personas ya era muy conocida. La leyenda decÃa que en esa chinampa vivÃa un señor de nombre Julián. En una ocasión, el hombre encontró a una niña en las orillas de su chinampa. Trató de reanimarla, pero no lo logró. La niña habÃa muerto ahogada. Después de lo ocurrido, Julián sintió culpa por no haber podido salvar a la pequeña. Dicen que luego de su muerte, su espÃritu comenzó a rondar por los lugares. Julián, para poder calmar el espÃritu de la pequeña recogÃa de la basura a las muñecas. Lo hizo de esta manera porque no tenÃa los recursos económicos para comprarlas nuevas. Asà fue como el lugar se llenó de tantos objetos. Mientras caminábamos por el lugar, vimos de todo tipo de muñecas. Les aseguro que ninguna estaba bonita, aunque todas estaban horribles. Hubo una en especial que me llamó la atención, de hecho, no sólo a mÃ, sino a la gran mayorÃa de personas, porque de cierta manera la han convertido en una especie de entidad milagrosa que ha cumplido deseos a cambio de un pequeño tributo o regalo que se le deje. Esa muñeca tenÃa el nombre de Agustina. Estaba vestida con un vestido de color rojo, sentada en una trajinera pequeña que llevaba como nombre sochimilco. Ahà le dejaban todo tipo de regalos, desde pulseras, flores o cualquier artÃculo que pudiera servir como obsequio. Me quedé durante un rato pensando cómo una muñeca pudiera tener la facultad de hacer milagros. Una de mis amigas, Marta le tomó una foto. La vi muy entusiasmada. Creo que ella ya sabÃa sobre los poderes de la muñeca porque iba preparada con un obsequio que compró antes de partir a Sochimilco. Marta ya sabÃa lo que iba. No se fijó en las demás muñecas. Al contrario, buscó entre todas a Agustina. Cuando la encontró, le ofreció el regalo. Le habló en voz baja, sin que pudiéramos escuchar lo que le decÃa. Después de unos minutos, Marta se unió a nosotras. Le preguntamos qué le habÃa dicho a la muñeca, pero ella no quiso decirnos nada. Continuamos nuestra visita en la isla. Noté a marta muy emocionada. Estaba más bien eufórica. Me acerqué a ella para preguntarle si se encontraba bien. Ella me respondió que era un dÃa inmejorable. AsÃ, continuamos con nuestro paseo. Mientras seguÃa observando las muñecas. Me puse a pensar que esa idea de recolectar tantas muñecas habÃa sido a partir de una situación espeluznante, ya que decÃan que el espÃritu de la pequeña que murió seguÃa sin descansar. No comprendÃa el motivo por el que se habÃa hecho tan popular. Más adelante vimos otras chinampas en las que se veÃan objetos extraños. Le pregunté al guÃa de qué se trataba. Ãl me dijo que era brujerÃa que las personas hacÃan en esos lugares por la noche. No me quise imaginar lo tétrico que se verán esas chinampas en la oscuridad en ese momento que pasamos por ahà no me dio tanto miedo, porque iba acompañada de varias personas. Además, el sol estaba en todo su resplandor, asà que no me pareció terrorÃfico. Cuando salimos de Sochimilco, continuamos conociendo la ciudad. Le pregunté a mis amigas a dónde querÃan ir Marta. Me respondió con tanta naturalidad que a cualquier lugar que fueran serÃa menos interesante que haber llegado a la isla de las Muñecas. Le dije que a mà no me habÃa gustado mucho. Me habÃa imaginado otro tipo de espectáculo. En cambio, ella seguÃa emocionada. Después de visitar otros lugares turÃsticos, nos regresamos a la ciudad de Guadalajara. Cada quien tomamos un auto de alquiler y ahà nos despedimos en el inicio de semana nos incorporamos a nuestras actividades laborales. Me llamó la atención no ver a Marta detrás de su escritorio. Alicia, mi otra amiga, me dijo que el jefe inmediato le habÃa mandado llamar. Cuando Marta regresó de reunirse con él, venÃa con una sonrisa. Nos dijo emocionada que la habÃa movido de puesto la habÃan ascendido como gerente regional, pero esto implicaba cambiar de residencia. Le pregunté si estaba de acuerdo en hacerlo. Respondió que no tenÃa ninguna objeción. Asà que en pocos dÃas despedà a mi amiga con la idea de vernos muy pronto en Toluca. Alicia y yo continuamos en nuestras respectivas actividades. En un principio tratamos de estar en comunicación con Marta, pero cada dÃa ella se distanció mucho. Ambas comprendimos qué era. Por los nuevos retos que tuvo que enfrentarse, Preferimos darle su espacio. Después de varias semanas recibà una llamada Era de Marta. Me sorprendió que me llamara casi a las doce de la noche. Ella me preguntó si estaba dormida. Le respondà que no, pero la verdad era que sÃ. Me habÃa despertado. Pero como tenÃa tanto tiempo sin saber de ella, quise escucharla. Cuando oà su voz, casi no la pude identificar se oÃa tan diferente. Sólo estaba segura de que era ella porque vi en el identificador que era su número. Le pregunté si se encontraba bien, pero sólo se escuchó el silencio. Le dije que si necesitaba de mi ayuda, lo harÃa con mucho gusto. Después de otro silencio, ella comenzó a hablar. Me dijo que todo estaba muy bien. Sólo necesitaba escuchar la voz de alguien de confianza. Poco a poco, comenzó a platicarme lo bien que vivÃa al lado de su esposo y de sus hijos. Incluso me dijo que también él habÃa encontrado un buen trabajo. Sus hijos iban a un colegio privado. Siguió platicando con entusiasmo la nueva vida que tenÃa en Toluca. Luego de un rato de charla, se despidió y colgó. Me quedé confundida por la forma tan extraña en que lo hizo. Estuve un rato despierta tratando de asimilar los motivos que tuvo para comunicarse a esa hora. Al dÃa siguiente le comenté a Alicia sobre lo sucedido. Ella también me dijo que le habÃa llamado por teléfono. CoincidÃa conmigo Marta estaba rara. Asà pasaron varios dÃas sin volver a tener noticias de ella. Aunque Alicia y yo intentábamos comunicarnos con ella, no era posible. Sólo cuando Marta decidÃa que querÃa hablar con nosotras sucedÃa la llamada telefónica. Lo malo era que desde el primer dÃa que me llamó continuó hablando a esa misma hora. Quise pensar que lo hacÃa asÃ, porque estaba llena de ocupaciones y era el único momento en que tenÃa tiempo. Cada vez que me sonaba el teléfono era lo mismo. Se quedaba ausente por unos minutos con una voz extraña enseguida poco a poco, entraba en confianza y comenzaba a platicar. Una de esas noches que me llamó fue distinta. Creo que fue la primera vez que realmente era ella. Primero me habló con una voz muy baja. Le dije que si no querÃa despertar a su familia, se fuera a otro lugar de la casa porque casi no le entendÃa lo que me decÃa. Asà fueron unos segundos hasta que la comencé a escuchar muy alterada. Me dijo que tenÃa mucho miedo en su casa. Pasaban cosas extrañas difÃciles de comprender. Sin decir nada más, me colgó. No querÃa molestar a Alicia, pero tampoco me podÃa quedar asÃ. Vi la hora en el reloj eran las dos y media de la madrugada. Con un poco de pena le marqué a mi amiga. Ella me respondió de inmediato si supiera para qué le hablaba. Me dijo que a ella también le habÃa marcado marta. Ella estaba en una situación de riesgo, pero no sabÃamos qué le estaba sucediendo. Al dÃa siguiente era miércoles. Ese fin de semana tenÃamos cierre de mes con los proveedores, asà que era complicado pedir permiso tanto Alicia como yo creÃmos que no era conveniente que pidiéramos permiso. Nos tendrÃamos que esperar hasta el fin de semana para ir a visitar a Marta, porque las dos nos habÃamos quedado con dudas sobre su estado real. El viernes por la mañana hice todo lo necesario para dejar en orden mi casa. Encargué con mi vecino a mis dos gatos. En cuanto salimos del trabajo, nos fuimos hacia la central de autobuses. Nuestro camión salÃa a las ocho de la noche. Esperamos un rato en la sala de espera de la central. Pronto escuchamos el sonido del altavoz que anunció la salida de nuestro camión. Alicia y yo nos sentÃamos contentas por viajar de nuevo juntas, porque no lo habÃamos hecho desde que fuimos a la ciudad de México, aunque ahora las condiciones eran completamente distintas charlamos durante un rato tratando de identificar cuál podrÃa ser la posible situación de riesgo en la que se encontraba nuestra amiga. Las dos estuvimos de acuerdo que quizás habÃa maltrato por parte de su esposo. Durante el trayecto del viaje hubo un momento en que Alicia se quedó dormida. Traté de poner una pelÃcula, pero no me gustó ninguna movà la cortina de la ventana para poder ver hacia el exterior. Escuché un ruido extraño, como si el autobús hubiese pisado algo grande. El chofer se detuvo, nos avisó que iba a revisar de qué se trataba enseguida. Subió para decirnos que una de las llantas estaba ponchada. Nos dijo que alcanzó a ver un animal salvaje que intentaba cruzar la carretera. Cuando lo vio, trató de evitarlo, pero fue imposible no atropellarlo. Por desgracia habÃa muerto. Le dije al chofer que era necesario mover al animal de la carretera para que no fuera destruido por completo por los demás automóviles. Ãl estuvo de acuerdo. Otro de los pasajeros se ofreció ayudarlo. Lo pusieron a un lado del acotamiento. El animal era bastante grande. Por eso se habÃa sentido el impacto tan fuerte. Era un extraño animal salvaje que tenÃa grandes colmillos. Su pelaje era grueso, de color negro muy oscuro. Cuando uno de los pasajeros levantó una de sus patas, tenÃa unas garras muy grandes, no fue posible saber de qué tipo de animal se trataba. Los dos hombres lo dejaron a un lado de la carretera, cambiaron la llanta ponchada y proseguimos nuestro viaje. Sin embargo, nos llevó algo de tiempo, el cambio de la llanta, lo que provocó que el viaje se retrasara y llegáramos más tarde de lo esperado. Llegamos a Toluca después de las dos de la mañana. Pedimos un taxi que nos llevará al hotel en el que nos hospedarÃamos. Dejamos las maletas, sólo las abrimos para ponernos nuestra ropa de noche. Le dije que podÃamos dormir un poco antes de ir a la casa de Marta. Creo que apenas comenzábamos a dormir cuando sonó mi teléfono. La primer persona que llegó a mi mente fue Marta. En efecto, era ella Esta vez me dijo que tenÃa miedo. Le dije que si se sentÃa amenazada que hablara al número de emergencia. Me dijo en un tono muy bajo que ese tipo de apoyo ellos no lo podÃan dar. Ella necesitaba a alguien más y colgó el teléfono. No sabÃamos qué hacer. Le dije a Alicia que era necesario que fuéramos a su casa. El motivo de estar ahà era precisamente para apoyarla. Asà que nos cambiamos de nuevo y pedimos un auto para que nos recogiera. Cuando llegamos a la colonia en la que ella vivÃa era un coto privado. Tuvimos que llamar a Marta para decirle que nos abriera la reja eléctrica. La casa estaba hasta el final en completa oscuridad. Apenas Ãbamos a tocar la puerta. Cuando ella la abrió y nos hizo la señal de que guardáramos silencio. Me di cuenta que no querÃa despertar a su familia. Encendà la luz del celular porque casi tumbé una lámpara de pie que estaba en la sala. Fue cuando pude ver a Marta habÃa bajado de peso dramáticamente. Su aspecto era desaliñado y ojeroso no quise hacerle ningún comentario antes de que le quisiéramos decir algo de nuevo. Ella hizo la señal de que nos calláramos. Ahà Fue cuando noté la condición mental de mi amiga. Sentà tristeza de haber dejado pasar el tiempo sin buscarla. La abracé y le dije que todo iba a estar bien. Para eso habÃamos ido para ayudarla. Le pregunté sobre su esposo. Ãbamos a necesitar el apoyo de él para llevarla a una clÃnica, porque no sabÃamos si tenÃa una enfermedad fÃsica mental o algún tipo de adicción. Marta me respondió que su esposo la habÃa dejado, como a él estaba yendo muy bien económicamente. La habÃa dejado por una mujer más joven que ella. Marta no contaba con una red de apoyo en su nueva residencia enseguida. Le pregunté por sus dos pequeños. Creo que ahà encontré el punto débil de ella, la causa de todos sus problemas, porque se puso a llorar de una manera desgarradora. Tratamos de hacerla sentir bien diciéndole que nos Ãbamos a quedar con ella o a regresarnos juntas en caso de ser necesario. Marta se dejó abrazar, pero de repente tuvo un cambio inesperado. Se puso a buscar por todas partes. Movió la televisión debajo de los cuadros, se subió a un banco para buscar arriba del cristalero. La agarré y le dije que se tranquili za ra. Le pregunté dónde estaban sus hijos. Me apuntó con su dedo en una de las habitaciones en la parte de arriba le dije que Ãbamos a subir ella. Se me quedó viendo con cara de terror. Me dijo que no lo hiciera y se fue a esconder detrás de un sillón. Le dije a Alicia que se quedara con ella. Yo subirÃa para ver cómo estaban los pequeños. La casa era grande y elegante. Las escaleras eran anchas. Comencé a subir mientras la madera crujÃa. Cuando estuve en la parte superior, comencé a oler algo fétido. Fue necesario que me cubriera la nariz porque el tufo era muy fuerte. Conforme, avancé hacia una de las habitaciones. Una de ellas era la que tenÃa el olor más persistente. Al abrir la puerta de la habitación me encontré con una escena macabra. Ahà estaban los dos hijos de Marta. Aparentemente dormÃan me acerqué a los niños. Los dos estaban pálidos. El más pequeño en cuanto me vio se abalanzó sobre de mÃ. Me dijo que ya no querÃa estar ahÃ. Le tenÃa mucho miedo. A ella pensé que era a su madre. Lo abracé y le dije que todo estarÃa bien. No me irÃa de ahà sin él enseguida despertó La niña también me abrazó. Ella también me dijo que tenÃa mucho miedo porque si no jugaban con ella lo que decÃa, se enojaba mucho, pero no querÃan hacer lo que les pedÃa porque no era bueno. Abracé a la niña y tomé de la mano al pequeño Abraham le dije que ya no tuviera miedo. Su madre nunca los iba a dañar. Ella los querÃa mucho. Simplemente estaba enferma. Después de que fuera al médico y tomara sus medicamentos, todo cambiarÃa. La niña se me abrazó al cuello y se puso a llorar. Ocultó su cara en mi pecho. El pequeño Abraham me dijo que no era su mamá a quien le tenÃan miedo. Era a ella y apuntó hacia una esquina de la habitación. La recámara estaba iluminada por una pequeña lámpara con luz ámbar. Era tan tenue que apea podÃa distinguir algo al fondo de la habitación. Le acaricié la cabeza a la pequeña mientras le decÃa que ahà no habÃa nadie. Estaba a punto de salir de la habitación. Cuando la niña comenzó a llorar apuntando hacia el mismo lugar, no pude ver de qué se trataba, porque en ese mismo instante, Marta comenzó a gritar, Asà que salà corriendo del lugar con los dos niños en los brazos. Ya ni siquiera busqué de dónde provenÃa el olor tan intenso. Bajé las escaleras con lentitud. No querÃa lastimar a ninguno de los niños abajo. Marta gritaba mientras Alicia trataba de tranquilizarla, pero los gritos no cesaron. Gritaba al mismo tiempo que se cubrÃa los oÃdos con sus manos como intentando no escuchar nada, pero no se escuchaba ningún ruido. Le dije a Alicia que era necesario irnos de ese lugar. Le pedà que llamara un auto mientras recogÃa lo necesario para Marta y los pequeños. Quise dejar a la niña sobre el sillón para juntar lo indispensable e irnos del lugar. Pero la pecuqueña también comenzó a gritar y a llorar mientras apuntaba hacia la cocina. Al fondo sólo habÃa oscuridad, pero pude percibir dos ojos que destellaban. Pensé que podrÃan ser los de un perro porque parecÃa que era de estatura baja. Yo no quise entrar para ver de qué se trataba. Ya ni siquiera recogà ninguna pertenencia. Salimos del lugar. Marta se oponÃa a irse de la casa. Entre sus gritos y su histeria. Sólo alcancé a distinguir que si lo hacÃa a ella o alguno de sus pequeños iban a morir. No le tomé importancia a su comentario porque creà que era parte del proceso psicótico que tenÃa. Sólo agarré las llaves para poder salir de la casa. El auto de Alquiler estaba afuera de la cerca eléctrica. Alicia jalaba a Marta para que no se regresara. Mientras que yo iba con los pequeños. Hubo un instante en que Marta se le soltó a Alicia intentó regresar a la casa. Cuando vi la fuerza que tuvo para soltarse, dejé a los pequeños sentados s en la banqueta les dije que no se movieran. De ahÃ. Entre Alicia y yo pudimos controlar a Marta para eso, ya varios de los vecinos se habÃan despertado. Salieron de sus casas para ver lo que sucedÃa. Pudimos calmar a Marta y abrir la reja. Agarré a los niños y nos dispusimos a salir. Cuando nos subimos al auto e Ãbamos hacia el hotel, respiré aliviada. Sentà que algo malo se habÃa quedado atrás. Nos confiamos en que todo estarÃa bien en un abrir y cerrar de ojos. Marta abrió la puerta del auto y se salió. En ese momento iba un auto del otro carril. El coche le pasó las llantas por la cabeza de mi amiga. Murió instantáneamente. Fueron tantas cosas en tan poco tiempo que hasta ahora no he podido procesar lo que ocurrió. Mi amiga murió, pero por lo que dice el pequeño Abraham, todo comenzó a ocurrir por la presencia maligna de una niña pequeña era de menor estatura que los dos pequeños. A partir de esa presencia comenzaron los eventos extras años. Alicia y yo creemos que se trató de Agustina, la muñeca a la que Marta le pidió un deseo. Incluso creo que aquel contratiempo que tuvimos con el animal que ponchó la llanta del autobús fue por efecto, de la muñeca que trataba de que no llegáramos a tiempo. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








