Malos Espíritus Viven En Mi Departamento Historias De Terror - REDE

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EscalofrÃos. Hace tiempo busqué un departamento donde vivir en la ciudad de Morelia, en michoacán de ocampo. QuerÃa estudiar en una universidad que sólo estaba en esta ciudad. Mi presupuesto no era tan alto, asà que, por medio de contactos y conocidos, llegué a una casa en una colonia irregular, en una de las zonas quizás más olvidadas, pero curiosamente llena de una sensación misteriosa. Llegué con mis cosas una tarde de sábado la casera. Me estaba entregando las llaves de la casa y explicando cómo cerrar la puerta principal, ya que estaba chueca y era necesario levantarla con fuerza para cerrarla. Me mostró las dos habitaciones con las que contaba su pequeña sala y un pequeño comedor. El baño estaba lleno de arañas y animales rastreros. No podÃa quejarme era lo que podÃa pagar en ese momento. Además, la casera me hizo el comentario de que en el pasado habÃa tenido problemas con una vecina debido al ruido, pero que era sólo por un rato. Yo entré a la que serÃa mi habitación. Abrà las cortinas y, de paso, las ventanas para que entrara un poco de aire, me di cuenta de que justo frente a mà habÃa otra casa similar a la que yo rentarÃa. ParecÃa que nadie vivÃa allÃ, pero antes de que agudizara la vista, mi casera cerró las cortinas en mis narices y me comentó que no era bueno que indagara en la casa de enfrente. Me dijo que en esa casa vivÃa antes un matrimonio ya mayor, pero tenÃan una hija la mayor de todos sus hijos. Al parecer, tenÃa una severa discapacidad mental, pues se comportaba de una manera extraña y se habÃan ido a vivir a otro lugar. No supe qué decir, asà que sólo asentà con la cabeza y me dispuse a desempacar. No eran muchas las cosas, pero tenÃa lo esencial para comenzar mi vida de estudiante. Por lo pronto salà un rato a caminar y conocer los alrededores de mi nuevo hogar. No me sentÃa desanimado por la vivienda, sino todo lo contrario. Estaba emocionado de por fin Independizarme regresé algo tarde habÃa cenado en el centro y regresé caminando para ahorrarme el pasaje y aprovecharlo para el dÃa siguiente. Miré el reloj y eran casi las doce. Abrà la puerta, como me lo habÃa indicado la casera. Entré a mi habitación y me dispuse a desvestirme, pero de pronto tuve una inquietante sensación de que alguien me estaba vigilando. Tuve un escalofrÃo muy extraño en mi nuca y este recorrió toda mi espalda. Incluso llegué a creer que se me habÃa metido un animal en la ropa. Me quité la playera y revisé, pero no encontré ningún bicho raro. Me quedé en silencio por unos segundos y me dispuse a quitarme el pantalón. Pero nuevamente, esa sensación terrible llegó a calarme hasta los huesos. Era algo inexplicable, ese sentimiento de de ahogo que uno siente y que le roba el aliento y más desesperante, no sabes qué puede ser. En eso tuve la sensación de revisar detrás de la cortina de la ventana, la abrà frente a mi casa, donde antes era una casa en penumbra alcancé a distinguir la silueta de una mujer con ojos brillantes que no quitaba la mirada de mi habitación. Aquella mujer parecÃa estar murmurando algo, pero no alcanzaba a escucharla. Sólo veÃa mover sus labios. Mi cuerpo se volvió a estremecer por tercera vez a tal grado que caà de espaldas. Me levanté tan pronto como pude, pero me di cuenta de que aquella mujer que se veÃa del otro lado ya no estaba el ambiente a mi alrededor cambió de un momento a otro. Tuve una sensación de libertad y de desahogo que me hizo sentir mejor. Sin duda, aquella persona estaba causándome algo. Era una especie de hechizo que estaba aplicándome con tan sólo verme traté de tranquilizarme. Se relajó cortinas para que esa mujer no pudiera ver dentro de mi casa. Intenté pensar en otras cosas para distraerme un poco de lo que habÃa ocurrido. Sin duda, aquella persona me habÃa causado una impresión severa al grado de que cuando logré conciliar el sueño, tuve pesadillas de esa mujer rondando por mi casa, la veÃa caminar por cada una de las habitaciones y en sus manos parecÃa cargar una caja negra. Desperté alterado aún no amanecÃa. Me di cuenta de la hora y eran apenas las cuatro y media de la madrugada. Entonces un escalofrÃo recorrió mi espalda de nueva cuenta, pero esta vez fue un viento helado. Me di la vuelta y aterrado. Me percaté de que la cortina de mi cuarto estaba abierta. Estaba muy seguro de haberla cerrado, me acerqué para cerrarlas y fue entonces que volvà a verla. Sus dos ojos brillantes estaban clavados en mi habitación quise ignorarla, pero habÃa algo que no me lo permitÃa. Después de tanto esfuerzo, cerré las cortinas y al mor momento de hacerlo, tuve el escalofrÃo más fuerte que los que tuve antes. Me cubrà con mi cobertor e intenté agarrar calor. Me di cuenta de que emanaba vapor de mi boca. No habÃa sentido que hiciera tanto frÃo, pero en mi habitación estaba helando. Pensé que se trataba de eso, asà que me fui a acostar a otro lado de la casa. Curiosamente, el ambiente era diferente y pude conciliar el sueño rápidamente. Al dÃa siguiente no podÃa creer lo que estaba mirando. Las cortinas estaban de nueva cuenta abiertas, pero para mÃ, alivio no se veÃa a la mujer desde la otra casa. Yo sabÃa que no podÃa dejar las cosas asÃ, Asà que tuve que ir a confrontar a los vecinos y comentarle sobre la mujer que me estaba espiando Al llegar a esa casa. Por más que llamé a la puerta, Nadie me abrió. Estuve insistiendo por varios minutos, pero no tuve respuesta. De hecho, fue otra vecina la que se acercó a mà para preguntarme si se me ofrecÃa algo. Le conté sobre la mor mujer que habÃa visto anoche y lo inquietante que habÃa sido, pero mi vecina me aseguró que esa casa estaba abandonada desde hace mucho tiempo. HabÃa olvidado que mi casera me habÃa comentado que el matrimonio que vivÃa allà se habÃa ido hace tiempo, pero también sabÃa bien lo que habÃa visto. No querÃa convencerme de que habÃa experimentado algo paranormal. Asà que intenté no dejarme llevar por mis pensamientos. Los dÃas siguientes fueron más tranquilos que el primero. Los escalofrÃos habÃan cesado y la mujer ya no habÃa vuelto a aparecer en la otra casa. Aún asà se me habÃa creado una manÃa de estar mirando por la ventana cada cierto tiempo hasta que un dÃa, precisamente en una luna llena, las cosas volvieron a ocurrir. HabÃa conocido a una chica a la cual convencà para que viniera a mi casa a pasar la noche. La habÃa arreglado lo suficiente para que no pareciera una casa simple y poder invitar a alguien algún dÃa. Cuando llegamos, la la invitó a pasar y que se pusiera cómoda. Yo me fui directamente a la cocina para preparar algo de beber, cuando de pronto escuché un horrible grito. Corrà hacia la habitación donde estaba ella y la encontré en el suelo aterrada. Estaba temblando y llorando. Traté de tranquilizarla, pero no me hacÃa caso. Ella apuntaba aterrada hacia la ventana. Las cortinas estaban abiertas, pero no se veÃa nada. Entonces caà en cuenta de que quizás la mujer habÃa vuelto a aparecer y ella la habÃa visto, pero al asomarme hacia la otra casa no se veÃa nada. Mi amiga se levantó del suelo y me dijo que ella no se quedarÃa allÃ. Después de lo que habÃa visto, le pedà que me dijera que fue lo que habÃa pasado. Tomó sus cosas y salió de la casa. Apenas la alcancé y me comentó que en cuanto entró a la habitación, abrió la cortina y al hacerlo se topó con una mujer de camisón blanco y cabello negro levitando en la ventana, parecÃa que querÃan entrar. Yo miré rápidamente hacia la ventana y no vi nada fuera de lo ordinario. No podÃa convencerla de que se quedara, asà que la dejé ir y yo me regresé a casa, pensando que quizás ella habÃa inventado todo con tal de salirse de la casa. Pero al entrar a la habitación, el ambiente se sentÃa nuevamente helado. Los innumerables escalofrÃos que habÃa sentido en el pasado regresaron cada uno lo sentÃa recorrer mi cuerpo. Era algo muy inquietante, asà que tuve que salir de la habitación e irme a otro cuarto. Pero ahora esta sensación se habÃa extendido a más y parecÃa que no podÃa escapar de esto. Estaba sacando ya vapor de mi boca debido al frÃo intenso que hacÃa me acerqué a la estufa para encenderla y preparar un poco de café para entrar en calor, pero me costó bastante trabajo encenderla. No sabÃa si era por el frÃo o por el viento helado que se sentÃa a mà alrededor. De repente sentà que algo golpe ó mi espalda. Desconcertado, miré hacia atrás sin saber qué podÃa hacer. Las luces estaban apagadas, asà que no podÃa distinguir con claridad qué habÃa causado esa sensación. Caminé un poco en la cocina para mirar a mi alrededor y nuevamente sentà algo helado. Tocar mi nuca rápidamente, levanté la mano y logré agarrarlo. Se sentÃa carnoso con hueso y al darme la vuelta me di cuenta de que se trataba de un pie. No podÃa creer que lo estaba sosteniendo, pero al levantar la cabeza me percaté de que el resto del cuerpo estaba levitando arriba de mà hasta el cuello, ya que parecÃa que la cabeza estaba hundida en el techo. El cuerpo se sacudió de manera alocada. Tuve que soltarlo y éste se tranquilizó. Corrà tan rápido como pude a la otra habitación al darme cuenta de que al entrar allà habÃa otros tres cuerpos levitando y en las mismas condiciones que el anterior parecÃan ser de diferentes tamaños. Dos hombres adultos, una mujer y un niño se movÃan por el techo como si éste fuera una extensión. Más de ellos estaban acercándose a mà me movà tan rápido como pude en cuclillas hacia la puerta de la habitación, y lo primero que se me ocurrió fue ocultarme en el baño cerré con llave y me dispuse a rezar. PodÃa escucharlos afuera chocando sus cuerpos entre sÃ. No emitÃa ni un ruido quejido, Sólo los escuchaba chocar entre uno y otro y luego todo quedó en silencio. El ambiente ya no se sentÃa tan helado o tan pesado. Sin embargo, no tenÃa el valor suficiente como para salir y ver qué habÃa sucedido. Y entonces alguien tocó la puerta. Yo no tenÃa la intención de responder, pero el golpeteo era muy insistente y no dejaba de sonar. No contesté nada, pero mi respiración agitada era evidente, indicando que me encontraba oculto allÃ. Entonces el picaporte comenzó a girar por sà solo, sin importar que estuviera puesto. El pasador giró por completo y la puerta se abrió lentamente. Traté de agarrarla para mantenerla cerrada, pero se abrió repentinamente de golpe mostrándome lo que menos querÃa ver en ese momento. Aquella mujer de la otra casa pude ver su rostro blanco, que apenas se asomaba entre sus largos cabellos negros. Sus ojos brillantes estaban sobre mà y no pude contenerme. Tuve que gritar, pero ella acercó su mano a mi boca y me quitó la voz. Ya no podÃa hablar ni gritar. No salÃa nada de mÃ. Luego puso sus dos manos sobre cada uno de mis oÃdos y no pude escuchar nada. Por último, tapó mi vista con su mano derecha y todo quedó en penumbra sin darme cuenta. Me desmayé y no supe más de mà Al despertar me di cuenta de que ya podÃa escuchar oÃr e incluso hablar. Ya era de dÃa y el lugar donde estaba. No era mi casa, incluso se veÃa diferente. Era una habitación con tan solo unas cuantas cobijas. Las paredes estaban rayadas y llenas de humedad. Me levanté del piso y me di cuenta exactamente de dónde me encontraba. Se trataba de la casa de enfrente de mi hogar. De algún modo habÃa llegado allà y no sabÃa cómo. Entonces fue cuando recordé todo los cuerpos levitando en mi hogar y la mujer de blanco en mi casa. SabÃa que tenÃa que huir, asà que me dispuse a salir tan rápido como pudiera, pero al darme la vuelta me percaté de que en la puerta estaba aquella mujer esperándome. No sabÃa qué decirle ni qué hacer. Pensé en usar la fuerza si era necesario, e ir a la policÃa, pero la voz de esa mujer parecÃa estar hechizándome. Cuando comenzó a hablar, me dio la orden de que me sentara y la escuchara. Fue algo inevitable. Era como si mi cuerpo la obedeciera. Me comentó que desde hacÃa tiempo ella vivÃa en esa casa, la cual sus padres la abandonaron. Al darse cuenta de los comportamientos inusuales que presentaba la casa de enfrente es a donde yo vivÃa, siempre habÃa conservado una sensación de penumbra. Ella se dio cuenta de que los espÃritus errantes de los antiguos inquilinos estaban atrapados allà y cada luna llena salÃan por más que intentaba mantenerlos quietos, no lo lograba, pues se movÃan por toda la casa. Nunca habÃa sido su intención asustarme o causarme algún daño. Ella sólo querÃa ayudar, asà que me sugirió que buscara otro lugar donde vivir, ya que esta zona estaba plagada de entes y espÃritus que aún buscaban el descanso eterno. De pronto mi cuerpo se sintió libre, sin opresión o algo que me controlara. Le pregunté si era necesario que me quedara, pero ya no me comentó nada más. Esa misma semana empaqé todas mis cosas y decidà irme a buscar suerte en otro sitio, pero no sin antes dejar las cortinas abiertas. Hoy en dÃa sé que ambas casas aún se mantienen en pie y son las únicas que no se han reconstruido o arreglado. Siguen manteniendo el mismo aspecto en el que yo las dejé, y se cuenta que por las noches se ve a una mujer de blanco levitar de una casa a otra. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo.








