Nov. 25, 2023

Malos Espíritus Viven En Mi Departamento Historias De Terror - REDE

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Escalofríos. Hace tiempo busqué un departamento donde vivir en la ciudad de Morelia, en michoacán de ocampo. Quería estudiar en una universidad que sólo estaba en esta ciudad. Mi presupuesto no era tan alto, así que, por medio de contactos y conocidos, llegué a una casa en una colonia irregular, en una de las zonas quizás más olvidadas, pero curiosamente llena de una sensación misteriosa. Llegué con mis cosas una tarde de sábado la casera. Me estaba entregando las llaves de la casa y explicando cómo cerrar la puerta principal, ya que estaba chueca y era necesario levantarla con fuerza para cerrarla. Me mostró las dos habitaciones con las que contaba su pequeña sala y un pequeño comedor. El baño estaba lleno de arañas y animales rastreros. No podía quejarme era lo que podía pagar en ese momento. Además, la casera me hizo el comentario de que en el pasado había tenido problemas con una vecina debido al ruido, pero que era sólo por un rato. Yo entré a la que sería mi habitación. Abrí las cortinas y, de paso, las ventanas para que entrara un poco de aire, me di cuenta de que justo frente a mí había otra casa similar a la que yo rentaría. Parecía que nadie vivía allí, pero antes de que agudizara la vista, mi casera cerró las cortinas en mis narices y me comentó que no era bueno que indagara en la casa de enfrente. Me dijo que en esa casa vivía antes un matrimonio ya mayor, pero tenían una hija la mayor de todos sus hijos. Al parecer, tenía una severa discapacidad mental, pues se comportaba de una manera extraña y se habían ido a vivir a otro lugar. No supe qué decir, así que sólo asentí con la cabeza y me dispuse a desempacar. No eran muchas las cosas, pero tenía lo esencial para comenzar mi vida de estudiante. Por lo pronto salí un rato a caminar y conocer los alrededores de mi nuevo hogar. No me sentía desanimado por la vivienda, sino todo lo contrario. Estaba emocionado de por fin Independizarme regresé algo tarde había cenado en el centro y regresé caminando para ahorrarme el pasaje y aprovecharlo para el día siguiente. Miré el reloj y eran casi las doce. Abrí la puerta, como me lo había indicado la casera. Entré a mi habitación y me dispuse a desvestirme, pero de pronto tuve una inquietante sensación de que alguien me estaba vigilando. Tuve un escalofrío muy extraño en mi nuca y este recorrió toda mi espalda. Incluso llegué a creer que se me había metido un animal en la ropa. Me quité la playera y revisé, pero no encontré ningún bicho raro. Me quedé en silencio por unos segundos y me dispuse a quitarme el pantalón. Pero nuevamente, esa sensación terrible llegó a calarme hasta los huesos. Era algo inexplicable, ese sentimiento de de ahogo que uno siente y que le roba el aliento y más desesperante, no sabes qué puede ser. En eso tuve la sensación de revisar detrás de la cortina de la ventana, la abrí frente a mi casa, donde antes era una casa en penumbra alcancé a distinguir la silueta de una mujer con ojos brillantes que no quitaba la mirada de mi habitación. Aquella mujer parecía estar murmurando algo, pero no alcanzaba a escucharla. Sólo veía mover sus labios. Mi cuerpo se volvió a estremecer por tercera vez a tal grado que caí de espaldas. Me levanté tan pronto como pude, pero me di cuenta de que aquella mujer que se veía del otro lado ya no estaba el ambiente a mi alrededor cambió de un momento a otro. Tuve una sensación de libertad y de desahogo que me hizo sentir mejor. Sin duda, aquella persona estaba causándome algo. Era una especie de hechizo que estaba aplicándome con tan sólo verme traté de tranquilizarme. Se relajó cortinas para que esa mujer no pudiera ver dentro de mi casa. Intenté pensar en otras cosas para distraerme un poco de lo que había ocurrido. Sin duda, aquella persona me había causado una impresión severa al grado de que cuando logré conciliar el sueño, tuve pesadillas de esa mujer rondando por mi casa, la veía caminar por cada una de las habitaciones y en sus manos parecía cargar una caja negra. Desperté alterado aún no amanecía. Me di cuenta de la hora y eran apenas las cuatro y media de la madrugada. Entonces un escalofrío recorrió mi espalda de nueva cuenta, pero esta vez fue un viento helado. Me di la vuelta y aterrado. Me percaté de que la cortina de mi cuarto estaba abierta. Estaba muy seguro de haberla cerrado, me acerqué para cerrarlas y fue entonces que volví a verla. Sus dos ojos brillantes estaban clavados en mi habitación quise ignorarla, pero había algo que no me lo permitía. Después de tanto esfuerzo, cerré las cortinas y al mor momento de hacerlo, tuve el escalofrío más fuerte que los que tuve antes. Me cubrí con mi cobertor e intenté agarrar calor. Me di cuenta de que emanaba vapor de mi boca. No había sentido que hiciera tanto frío, pero en mi habitación estaba helando. Pensé que se trataba de eso, así que me fui a acostar a otro lado de la casa. Curiosamente, el ambiente era diferente y pude conciliar el sueño rápidamente. Al día siguiente no podía creer lo que estaba mirando. Las cortinas estaban de nueva cuenta abiertas, pero para mí, alivio no se veía a la mujer desde la otra casa. Yo sabía que no podía dejar las cosas así, Así que tuve que ir a confrontar a los vecinos y comentarle sobre la mujer que me estaba espiando Al llegar a esa casa. Por más que llamé a la puerta, Nadie me abrió. Estuve insistiendo por varios minutos, pero no tuve respuesta. De hecho, fue otra vecina la que se acercó a mí para preguntarme si se me ofrecía algo. Le conté sobre la mor mujer que había visto anoche y lo inquietante que había sido, pero mi vecina me aseguró que esa casa estaba abandonada desde hace mucho tiempo. Había olvidado que mi casera me había comentado que el matrimonio que vivía allí se había ido hace tiempo, pero también sabía bien lo que había visto. No quería convencerme de que había experimentado algo paranormal. Así que intenté no dejarme llevar por mis pensamientos. Los días siguientes fueron más tranquilos que el primero. Los escalofríos habían cesado y la mujer ya no había vuelto a aparecer en la otra casa. Aún así se me había creado una manía de estar mirando por la ventana cada cierto tiempo hasta que un día, precisamente en una luna llena, las cosas volvieron a ocurrir. Había conocido a una chica a la cual convencí para que viniera a mi casa a pasar la noche. La había arreglado lo suficiente para que no pareciera una casa simple y poder invitar a alguien algún día. Cuando llegamos, la la invitó a pasar y que se pusiera cómoda. Yo me fui directamente a la cocina para preparar algo de beber, cuando de pronto escuché un horrible grito. Corrí hacia la habitación donde estaba ella y la encontré en el suelo aterrada. Estaba temblando y llorando. Traté de tranquilizarla, pero no me hacía caso. Ella apuntaba aterrada hacia la ventana. Las cortinas estaban abiertas, pero no se veía nada. Entonces caí en cuenta de que quizás la mujer había vuelto a aparecer y ella la había visto, pero al asomarme hacia la otra casa no se veía nada. Mi amiga se levantó del suelo y me dijo que ella no se quedaría allí. Después de lo que había visto, le pedí que me dijera que fue lo que había pasado. Tomó sus cosas y salió de la casa. Apenas la alcancé y me comentó que en cuanto entró a la habitación, abrió la cortina y al hacerlo se topó con una mujer de camisón blanco y cabello negro levitando en la ventana, parecía que querían entrar. Yo miré rápidamente hacia la ventana y no vi nada fuera de lo ordinario. No podía convencerla de que se quedara, así que la dejé ir y yo me regresé a casa, pensando que quizás ella había inventado todo con tal de salirse de la casa. Pero al entrar a la habitación, el ambiente se sentía nuevamente helado. Los innumerables escalofríos que había sentido en el pasado regresaron cada uno lo sentía recorrer mi cuerpo. Era algo muy inquietante, así que tuve que salir de la habitación e irme a otro cuarto. Pero ahora esta sensación se había extendido a más y parecía que no podía escapar de esto. Estaba sacando ya vapor de mi boca debido al frío intenso que hacía me acerqué a la estufa para encenderla y preparar un poco de café para entrar en calor, pero me costó bastante trabajo encenderla. No sabía si era por el frío o por el viento helado que se sentía a mí alrededor. De repente sentí que algo golpe ó mi espalda. Desconcertado, miré hacia atrás sin saber qué podía hacer. Las luces estaban apagadas, así que no podía distinguir con claridad qué había causado esa sensación. Caminé un poco en la cocina para mirar a mi alrededor y nuevamente sentí algo helado. Tocar mi nuca rápidamente, levanté la mano y logré agarrarlo. Se sentía carnoso con hueso y al darme la vuelta me di cuenta de que se trataba de un pie. No podía creer que lo estaba sosteniendo, pero al levantar la cabeza me percaté de que el resto del cuerpo estaba levitando arriba de mí hasta el cuello, ya que parecía que la cabeza estaba hundida en el techo. El cuerpo se sacudió de manera alocada. Tuve que soltarlo y éste se tranquilizó. Corrí tan rápido como pude a la otra habitación al darme cuenta de que al entrar allí había otros tres cuerpos levitando y en las mismas condiciones que el anterior parecían ser de diferentes tamaños. Dos hombres adultos, una mujer y un niño se movían por el techo como si éste fuera una extensión. Más de ellos estaban acercándose a mí me moví tan rápido como pude en cuclillas hacia la puerta de la habitación, y lo primero que se me ocurrió fue ocultarme en el baño cerré con llave y me dispuse a rezar. Podía escucharlos afuera chocando sus cuerpos entre sí. No emitía ni un ruido quejido, Sólo los escuchaba chocar entre uno y otro y luego todo quedó en silencio. El ambiente ya no se sentía tan helado o tan pesado. Sin embargo, no tenía el valor suficiente como para salir y ver qué había sucedido. Y entonces alguien tocó la puerta. Yo no tenía la intención de responder, pero el golpeteo era muy insistente y no dejaba de sonar. No contesté nada, pero mi respiración agitada era evidente, indicando que me encontraba oculto allí. Entonces el picaporte comenzó a girar por sí solo, sin importar que estuviera puesto. El pasador giró por completo y la puerta se abrió lentamente. Traté de agarrarla para mantenerla cerrada, pero se abrió repentinamente de golpe mostrándome lo que menos quería ver en ese momento. Aquella mujer de la otra casa pude ver su rostro blanco, que apenas se asomaba entre sus largos cabellos negros. Sus ojos brillantes estaban sobre mí y no pude contenerme. Tuve que gritar, pero ella acercó su mano a mi boca y me quitó la voz. Ya no podía hablar ni gritar. No salía nada de mí. Luego puso sus dos manos sobre cada uno de mis oídos y no pude escuchar nada. Por último, tapó mi vista con su mano derecha y todo quedó en penumbra sin darme cuenta. Me desmayé y no supe más de mí Al despertar me di cuenta de que ya podía escuchar oír e incluso hablar. Ya era de día y el lugar donde estaba. No era mi casa, incluso se veía diferente. Era una habitación con tan solo unas cuantas cobijas. Las paredes estaban rayadas y llenas de humedad. Me levanté del piso y me di cuenta exactamente de dónde me encontraba. Se trataba de la casa de enfrente de mi hogar. De algún modo había llegado allí y no sabía cómo. Entonces fue cuando recordé todo los cuerpos levitando en mi hogar y la mujer de blanco en mi casa. Sabía que tenía que huir, así que me dispuse a salir tan rápido como pudiera, pero al darme la vuelta me percaté de que en la puerta estaba aquella mujer esperándome. No sabía qué decirle ni qué hacer. Pensé en usar la fuerza si era necesario, e ir a la policía, pero la voz de esa mujer parecía estar hechizándome. Cuando comenzó a hablar, me dio la orden de que me sentara y la escuchara. Fue algo inevitable. Era como si mi cuerpo la obedeciera. Me comentó que desde hacía tiempo ella vivía en esa casa, la cual sus padres la abandonaron. Al darse cuenta de los comportamientos inusuales que presentaba la casa de enfrente es a donde yo vivía, siempre había conservado una sensación de penumbra. Ella se dio cuenta de que los espíritus errantes de los antiguos inquilinos estaban atrapados allí y cada luna llena salían por más que intentaba mantenerlos quietos, no lo lograba, pues se movían por toda la casa. Nunca había sido su intención asustarme o causarme algún daño. Ella sólo quería ayudar, así que me sugirió que buscara otro lugar donde vivir, ya que esta zona estaba plagada de entes y espíritus que aún buscaban el descanso eterno. De pronto mi cuerpo se sintió libre, sin opresión o algo que me controlara. Le pregunté si era necesario que me quedara, pero ya no me comentó nada más. Esa misma semana empaqé todas mis cosas y decidí irme a buscar suerte en otro sitio, pero no sin antes dejar las cortinas abiertas. Hoy en día sé que ambas casas aún se mantienen en pie y son las únicas que no se han reconstruido o arreglado. Siguen manteniendo el mismo aspecto en el que yo las dejé, y se cuenta que por las noches se ve a una mujer de blanco levitar de una casa a otra. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo.