Magia Maldita Historias De Terror - REDE

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Magia maldita. Siempre escuchamos historias de brujerÃa y de brujas de todos tipos. A veces esas historias son tan increÃbles que es entendible que lleguen a causar algo de desconfianza. Pero lo que sà es seguro es que siempre pensamos que a nosotros jamás nos sucederá algo de ese tipo e incluso no conocemos a nadie que le haya pasado. Ese era mi pensar en el dos mil doce. Para ese entonces ya habÃa pasado un año con muchos contratiempos. Necesitaba un respiro. El trabajo me estaba matando. Era bastante demandante. Iba a pedir mis vacaciones a mediados de noviembre. No tenÃa muy claro a dónde querÃa viajar, pero serÃa una ciudad lejana, definitivamente. Pero antes de tomar el avión debÃa encontrar a alguien que me ayudara a cuidar a mi perro. Su nombre era Bufón. Siempre lo vestÃa con una playera del cruz azul era de raza mediana. Pude llegar a un acuerdo con el vecino de la esquina. Esas fueron las mejores vacaciones que he tenido. Volviendo pasé por Bufón y fui a mi casa, pero en cuanto puse un pie dentro, pude sentir algo diferente. La casa me pareció otra. En la noche, cuando me estaba bañando, empecé a percibir un olor muy feo, como a una olla con frijoles echados a perder. Cuando salà de bañarme empecé a buscar de dónde venÃa ese olor. Como no encontré nada, opté por ponerme a barrer y a trapear. Al momento en que estaba barriendo junto a unas columnas de ladrillo que tengo como decoración en la sala, vi que un pequeño gusano blanco se estaba arrastrando en el suelo me pareció raro, pero lo pisé sin más. Entonces noté que en la columna habÃa varios de esos gusanos. ParecÃan estar saliendo de uno de los ladrillos. Agarré la escoba al revés y con el palo le pegué al ladrillo para tumbarlo. En cuanto hice eso, pude ver que habÃa cientos de gusanos. No sabÃa cómo hacer para deshacerme de los gusanos. No querÃa siquiera verlos esa noche. DormÃa en el coche. Al dÃa siguiente le pagué a una persona para que se hiciera cargo de los gusanos y que de paso fumigar a mi casa. Cuando la persona terminó, comentó que estaba raro porque no encontró nada que pudiera haber causado la aparición de tanto gusano. Sólo se le ocurrió una cosa, pero no estaba seguro. Su teorÃa era que a lo mejor yo habÃa dejado en la basura un huevo y que los gusanos hubieran aparecido debido al proceso de putrefacción. Empecé a tener mucho cuidado con todo lo que tiraba en la basura de la cocina. No querÃamos gusanos en mi casa. Pero una tarde, que estaba tendiendo la ropa, noté que Bufón te ni un comportamiento extraño. Ãl le ladraba un pedazo de tierra. Yo pensé que a lo mejor ahà estaba un bicho grande, como una tarántula o uno de esos que les dicen chimuelos. Terminé de tender la ropa y luego fui a revisar qué era aquello a lo que Bufón le estaba ladrando. Al principio no vi nada, pero como yo sé que hay bichos que se esconden debajo de la tierra, arranqué una rama del árbol y con esta movió un poco la tierra de ella brotaron un montón de gusanos. Rápidamente fui al baño, agarré una botella de cloro y otra de ácido. Regresé al patio y les vacié las dos botellas. En cuanto lo hice, puse piedras encima para aplastarlos. Volvà al interior de la casa y empecé a tratar de recordar si la persona que habÃa fumigado sólo estuvo dentro o también habÃa ido al patio. Como no pude recordar. Decidà llamarlo para preguntarle. Ãl me dijo que sÃ. Ahà empecé a pensar que, a lo mejor debajo de mi casa habÃa una especie de nido o algo por el estilo. Al dÃa siguiente todo fue peor. Cuando llegué del trabajo encontré a bufón muerto. Estaba tirado al lado de su vasija de croquetas que en lugar de croquetas, tenÃa puros gusanos muertos. Me dio un poco de miedo a hacer contacto con mi perro. Me puse unos guantes, metà a bufón en una bolsa negra y lo puse en el bote de basura. Hubiera preferido enterrarlo en el patio, pero me daba terror encontrarme con más gusanos. Yo era súper escéptico en todas esas cosas paranormales, pero sólo para salir de dudas compré el periódico de la esquina, porque ahÃ, por lo general, solÃan anunciarse supuestas brujas y asà encontré una. En su anuncio venÃa la dirección de su local y su nueramero de contacto. Cuando llegué al local, pude ver que era una casa ubicada en una colonia cualquiera de la ciudad la bruja. Era una señora de unos cuarenta, tenÃa un poco de sobrepeso. Su cabello estaba desarreglado. Era más alta que yo y tenÃa ambos brazos cubiertos de tatuajes. Me sentÃa desconfiado y le pregunté cuánto cobraba. Ella me dijo que las consultas eran gratis, que lo que pagaba eran los trabajos. Le conté todo y ella me dijo que lo más probable es que alguien hubiera enterrado un trabajo muy oscuro en mi patio. Eso o podrÃa tratarse de una maldición. Yo le pregunté cómo sabrÃamos la respuesta. La bruja me contestó que tenÃamos que consultar al oráculo. Caminamos hasta una habitación que estaba iluminada de forma muy tenue por algunas velas. Dentro estaba encadenado un anciano con todo su cuerpo cubierto de sudor y de muchas marcas que parecÃan ser quemaduras de cigarro. Antes de que yo dijera cualquier cosa, la bruja me entregó un cigarro ya prendido. Yo me negué de inmediato. Entonces la mujer me dijo el mal existe y el mal se oculta en la oscuridad. Se aleja de la luz, porque la luz es la verdad y el mal no soporta la verdad. Luego de decir eso, fue hasta una de las ventanas y abrió la cortina para que entrara toda la luz del sol. En cuanto a los rayos solares, tocaron el cuerpo del anciano, le empezó a salir humo negro del cuerpo y al mismo tiempo se puso a gritar palabras raras. Yo creo que en otro idioma, la bruja cerró la cortina y me explicó que un demonio habitaba dentro del cuerpo del anciano, pero que el demonio no podÃa ser expulsado de ese cuerpo porque el anciano acababa de morir cuando fue poseÃdo, Asà que no habÃa un alma dentro de ese cuerpo. El demonio estaba ocupando el espacio del alma. Al momento de yo apagar el cigarro en el cuerpo del anciano no lo estaba lastimando porque, a pesar de que su cuerpo seguÃa funcionando, él ya habÃa muerto. La manera en que funcionaba era que yo hacÃa la pregunta. Al mismo tiempo en que apagaba el cigarro contra el cuerpo del poseÃdo, lo hice pregunté si se trataba de una maldición o de un trabajo enterrado. Ãl dijo que era un trabajo enterrado. La bruja me dijo que con esa confirmación terminaba el tiempo gratis que cualquier cosa que se hiciera a partir de ese momento deberÃa ser cubierto de forma económica. Volvimos a la sala y nos sentamos. La bruja me comentó que para poder desenterrar correctamente el trabajo habÃa que hacer varias cosas. Lo primero era consagrar un palo santo y cubrirlo con un manto lunar. Eso significaba que el palo santo debÃa recibir luz lunar durante tres dÃas seguido, ese palo santo serÃa clavado en la tierra para purificarla durante el ritual de desentierro. También habÃa que elaborar una mezcla de hierbas que eran difÃciles de conseguir. Esa mezcla serÃa quemada en el sahumerio durante el ritual. Otra cosa que se iba a ocupar era un poco de agua bendita, pero no podÃa ser comprada y tampoco se le podÃa pedir a un sacerdote. El agua bendita debÃa ser robada para poder utilizarla durante el ritual. La única iglesia cerca de mi casa era la catedral y, evidentemente, de ahà era imposible robar el agua bendita por la afluencia de gente. Entonces fui a una iglesia que estaba en una colonia nueva. El párroco de esa iglesia oficiaba misa hasta las siete de la mañana, a las dos de la tarde y a las ocho de la noche. El resto del tiempo la iglesia permanecÃa abierta, pero no ocurrÃa nada. Antes de llegar llegar a la iglesia pasé a una farmacia para comprar un vaso de muestra. Era un recipiente discreto que podÃa meter y sacar rápido de la pila del agua bendita. Cuando llegué al lugar, estaba vacÃo. Caminé hasta la vila que estaba cerca del altar y sintiendo unos nervios. Como nunca antes habÃa sentido en mi vida, abrà el vaso de muestra, lo llené de agua bendita y salà rápidamente de la iglesia. Tres dÃas después, me reunà con la Bruja. La llevé a mi casa. Cuando estuvimos en el patio, ella sacó una especie de tubos metálicos muy delgados que tenÃan forma de la letra l mayúscula. Agarró un tubo de h esos en cada mano y empezó a caminar por el patio con los ojos cerrados. Esos tubos delgados se movÃan por alguna razón. Era como si estuvieran apuntando en una dirección y la Bruja caminaba en esa dirección. Luego de un momento, los tubos empezaron a girar en todas direcciones. La Bruja se detuvo y la r y la y abrió los ojos. Luego de un morral que traÃa en la espalda, sacó el palo Santo y dijo algunas oraciones antes de clavarlo en la tierra. Después, la Bruja sacó el sahumerio que ya contenÃa la mezcla de hierbas lo colgó de la parte superior del palo Santo. Luego me pidió el agua bendita. Se le entregué y la vertió dentro del sahumerio y sobre el palo Santo. La bruja sacó un cigarro, le dio dos fumadas y luego lo usó para prenderle fuego al Palo Santo. Las llamas, por alguna razón, se empezaron a extender siguiendo al agua bendita como si fuera alcohol o gasolina. Con el humo se formaron las siluetas extrañas que parecÃan moverse como si tuvieran vida propia, y la bruja observaba detenidamente esas siluetas, era como si estuviera tratando de descifrar un mensaje encriptado o algo asÃ. Estuve parado en mi patio por más de veinte minutos hasta que la bruja agarró su saumerio. Lo guardó. Se acercó a donde estaba yo y me dijo que dejara que el palo Santos se consumiera por completo, que eso podrÃa tardar de doce a veinticuatro horas que después de eso fuera a buscarla para proseguir con la siguiente parte del ritual. Me advirtió que lo más probable era que tuviera pesadillas y que pasaran algunas cosas durante la madrugada, pero que me mantuviera tranquilo, porque las energÃas oscuras no podÃan hacerme daño debido al palo Santo. Ella se fue yo saqué una silla y me quedé sentado observando cómo el sahumerio se quemaba muy despacio, además de que no estaba saliendo nada de humo. Era muy extraño. Cuando se hizo de noche, me empezó a dar sueño y me fui a dormir, pero las pesadillas no tardaron en Despertarme revisé el reloj y eran las dos de la mañana. Fui a la cocina a agarrar una cerveza para que me diera un poco de sueño y y y volver a dormir. Sin embargo, cuando pasé por el comedor, el servilletero se movió. Volteé rápidamente y vi que se movió otra vez. Quise acercarme a la mesa, pero en ese momento todas las servilletas volaron por el comedor. Después pude escuchar un ruido. Era la ventana del baño que daba hacia el pasillo. Se estaba abriendo y cerrando con fuerza. De hecho, pensé que el vidrio se iba a romper en cualquier momento. Después se empezaron a oÃr sonidos extraños como canicas, rasguños, golpes y muchos pasos, como si alguien estuviera corriendo encima del techo. La situación se estaba poniendo muy pesada. Ya ni siquiera agarré la cerveza. Lo que querÃa era salir de la casa, pero cuando me acerqué a la puerta, un brillo de muchos colores empezó a entrar por el marco de la puerta. Al mismo tiempo empezaron a aparecer huellas de pies descalzos por el piso de toda la casa. Las huellas estaban hechas como con sangre. El tamaño de los pies eran como de un niño pequeño y de pronto todo se detuvo los ruidos, el golpe de la ventana del baño, todo con un poco de miedo. Salà al patio y el palo santo ya habÃa terminado de ser consumido por el fuego. Era muy tarde para ir a buscar a la bruja, asà que dormà un poco y en la mañana fui con ella. La llevé a casa. Escarbó y desenterró el trabajo que habÃan colocado en mi patio. Estaba dentro de una playera desgarrada. Era una bolsa de cabellos largos de todos colores. La bola de cabello estaba empapada en un lÃquido viscoso maloliente. La bruja lo agarró con ambas manos y fue al frente de mi casa para tirarlo en el bote de basura. Antes de que ella se fuera, le pregunté si habÃa alguna forma de poder saber quién habÃa dejado eso enterrado en mi patio por lo menos saber cuál era el motivo. Ella me dijo que sÃ, pero conllevaba una serie de cosas tan densas que me aseguró que yo querrÃa dar marcha atrás antes de llegar al fondo de eso. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








