Lucia Y El Diablo (Él Vendrá Por Tí) Historias De Terror - REDE

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Las cosas que veo la historia que voy a compartir, quizá para muchos no sea terrorÃfica, pero tomando en cuenta que yo era un niño de nueve años y en la época que nos ocurrió, las cosas cambian en ese tiempo. Hablar de espantos, del diablo o el infierno asustaba a cualquier niño, pero vivir en carne propia, una situación como la que voy a contar si eres un niño o te deja marcado, fue por mil novecientos setenta y ocho era invierno, o recuerdo, en ese momento no supimos por qué situación llegó a mi casa. Una niña llamada LucÃa al cuidado de mis padres. Mi hermano y yo no entendÃamos por qué fue a vivir con nosotros. La excusa que nos dieron mis padres fue que estaba enferma y su papá era compañero de su trabajo y ya no tenÃa dinero para atenderla. LucÃa era una niña de mi edad, muy bonita delgada. Estaba pálido de toda su piel, bastante blanca, como yo nunca habÃa visto, Se comportaba muy seria y parecÃa asustada. Quizá por nuestra insistencia. Nos dijeron que tenÃa leucemia y que eso era mortal. Los sÃntomas de su enfermedad los mencionaré con respeto, porque no es de eso de lo que trata mi historia, sino de lo que ella veÃa por estar cercana a la muerte. Mis papás hablaban a escondidas de la situación de LucÃa. Aunque no les comprendÃa del todo, sabÃa que habÃa algo más aparte de la enfermedad. Otra cosa pasaba con ella. Un poco más tarde que tuve la oportunidad de hablar con aquella niña en voz baja, le pregunté a qué le tenÃa miedo su respuesta fue a las cosas que veo aquà en tu casa. Hay un espÃritu que se oculta de ustedes. Ãl es el causante de que los perros en ocasiones ahuyen toda la noche. Además, más también tienen la culpa de que tus papás peleen de vez en cuando. Me quedé sorprendido porque eso era verdad, pero cómo lo podÃa saber ella si acababa de llegar. Mientras me miraba fijamente, me preguntó si alguna vez habÃa visto o escuchado al diablo rápido. Le contesté que no. A poco tú sÃ. Lo que me dijo me dejó helado todo el tiempo. Lo veo bueno, desde que dicen que estoy enferma, me quiere llevar al infierno y de paso a quien intente curarme, porque él dice que le pertenezco. Por eso, mis papás ya no quisieron cuidarme porque siempre los atormentaba el diablo por las noches, sentà que me clavó su mirada y con un tono molesto me recalcó lo mismo le va a pasar a los tuyos si insisten en atenderme o a TI si me sigues preguntando. Eso fue lo peor que pude escuchar. Creo que esa fue la primera vez que sufrà de un escalofrÃo. No sabÃa qué contestar. Cuando me dijo seguramente hoy vas a escuchar la voz del diablo, porque él siempre se me aparece por las noches. Sentà que toda la sangre se me bajó, me entró miedo y, mejor me retiré de ahÃ. Cada que podÃa la observaba, porque me parecÃa que hablaba sola. En ocasiones le hacÃa señas a alguien que no existÃa o al menos era alguien a quien yo no podÃa ver que actuará asà en verdad me parecÃa muy extraño. Esa noche me acosté temeroso no me atrevà a decirle nada a mis papás porque tenÃa la esperanza de que todo fuera una broma de esa niña. Tardé mucho para dormir. No supe qué horas me venció el sueño. Sólo recuerdo que esa noche los perros ladraron como nunca. Unos susurros me despertaron por completo A mitad de la madrugada. Los escuché por unos segundos después me levanté de la cama y me acerqué a la puerta de mi cuarto, tratando de escuchar mejor el llanto de LucÃa Se escuchaba claramente además de una gruesa voz desconocida para mÃ, esta la estaba reprendiendo. En ocasiones parecÃa que la golpeaba con algo porque ella se quejaba. Tuve la intención de ir a averiguar lo que pasaba, pero recordé lo que me habÃa dicho horas antes. Tuve miedo de que fuera verdad y decidà mejor no salir de mi cuarto hasta donde yo estaba. De vez en cuando se escuchaba una siniestra risa que me ponÃa los pelos de punta. Además, el llanto aquel que se suponÃa era de lucÃa. Nunca dejó de escucharse. Toda la noche la pasé inquieto. Apenas cerraba los ojos y pronto lo sabrÃa porque me sentÃa observado por alguien que no estaba en mi cuarto. Asà estuve hasta que empezó a amanecer a la mañana siguiente. Me sorprendÃa al ver a porque traÃa moretones en ambos brazos. Su vestido se encontraba manchado de sangre que a simple vista se notaba que le habÃa salido por las nariz. Le pregunté qué le habÃa pasado. Anoche el diablo me castigó por venirme a esta casa donde quieren que me atienda diles a tus papás que me regresen, porque si no van a sufrir, además, no quiero morir aquà lejos de mi mamá. Le hice saber que yo no podÃa hacer nada para ayudarla, únicamente acompañarla o platicar con ella, pero qué me tendrÃa que tener confianza. Le pregunté cómo la castigaba. El diablo solamente movió la cabeza para hacerme saber que no me podÃa hablar de eso. Minutos más tarde, cuando mis papás le vieron los brazos, la llevaron con el médico, quien se limitó a decir qué eran los sÃntomas de su enfermedad, que, al parecer, estaba muy avanzada. Todo ese dÃa. La miré muy distraÃda cuando le pregunté qué. Tanto miraba por los rincones de la casa. Apuntó con su dedo. Rumbo a mi cuarto y dijo hay otro espÃritu aquà es de un niño. Se metió a tu recámara. Está lleno de sangre. Voltea a ver, pero no habÃa nadie. Además, la puerta siempre la tenÃa cerrada. Es él el que te esconde las cosas y el que te despierta por las noches cuando sientes que alguien te pica las costillas o te jala los pies. Aunque lo que decÃa que me pasaba era verdad, ya no sabÃa si creerle o no me propuso seguirle la corriente. Tal vez tomarlo como un juego me pondrÃa menos nervioso. Además, las cosas que solÃa decir sonaban macabras pero interesantes. Antes de que oscureciera, LucÃa cambió el tono de su voz y su actitud conmigo. Me pidió que, a escondidas de mis papás, me fuera a dormir a su cuarto porque le daba miedo estar sola. Tal vez si estás conmigo, el diablo no se me aparezca. Me dijo casi suplicando sin demostrar mi miedo, le dije que estaba bien. Además, me daba un poco de temor dormir solo por lo que me habÃa dicho del niño ensangrentado. Por eso, cuando todos se acostaron, me fui a acompañarla con el simple hecho de entrar al cuarto en completa oscuridad, sentà una mala sensación. Además, las cosas que me contaba LucÃa de lo que veÃa en la casa quisiera o no me ponÃa nervioso. Me di cuenta que LucÃa no estaba por ningún lado. La busqué con la vista entre la negrura del cuarto. Al no verla, me iba a regresar, pero le escuché decir que estaba debajo de la cama. Me pidió que cerrara la puerta y me sentara en el piso primero le pregunté por qué estaba metida ahÃ, pero no me respondió. Luego me sentà a un lado de la cama, en el suelo, asà como él. Ella me lo pidió si quieres asómate acá abajo. Me dijo lo dudé unos segundos, pero al final no me atrevà a hacerlo. Mientras me acostumbraba a la oscuridad, comenzamos a platicar el por qué le pasaba todo eso. Empezó diciéndome que no era una enfermedad. Lo que tenÃa era el diablo, quien la dominaba y la maltrataba asÃ. Según ella pensaba que eso le pasaba por hablar con amigos que nadie podÃa ver desde que tenÃa cuatro años. Algunos seres aparecieron en sus sueños, Eran espantosos y la asustaban todo el tiempo, pero uno de ellos, el más horrendo, brincó de las pesadillas a la realidad. Escuché cómo LucÃa se alteraba un poco cuando me contó que una noche, estando en su cuarto de la nada, se sintió mareada. Al reaccionar un cerco, un cuernos y una boco horrible que ya habÃa viendo en sus sueños, apareció frente a ella, aunque éste solamente la miraba por su corta edad, sintió mucho miedo, tanto que le provocó que no pudiera moverse ni gritar. Luego ese ser espantoso sonriendo, le decÃa que gritara, que gritara todo lo que quisiera. Al fin y al cabo, nadie la escucharÃa, ni tampoco le creerÃan si les contaba a sus papás, porque nadie podÃa verlo. No pudo evitar que ese demonio se le acercara. Le susurró al oÃdo que ella era suya, que se la llevarÃa al infierno, sin que nadie pudiera ayudarla LucÃa solamente lloraba a partir de esa noche. Ya no pudo dormÃa, porque ese ser se la pasaba diciéndole cosas horrendas al oÃdo, torturando lamentalmente. En ocasiones le agarraba sus brazos y se los apretaba tan fuerte que le resultaban moretones. Al pasar los dÃas, poco a pocos sor se le fueron todas las fuerzas. Además, la comida le empezó a dar asco. Sus papás preocupados lo obligaban a comer. Cuando terminaba de hacerlo, ese demonio aparecÃa ahà enfrente de ellos, la tomaba del cuello, metÃa su dedo en la garganta hasta hacerla vomitar. Lo raro era que sus papás no lo podÃan ver por las madrugadas despertaba asustada. Lo primero que veÃa era ese ser demonÃaco siempre con una horrible sonrisa, con sangre en su boca, como si la acabara de morder luego desaparecÃa. Era evidente que se estaba alimentando de ella. Me contó lucÃa que se empezó a sentir débil. Todo le daba vueltas. SufrÃa mucho porque en ocasiones sentÃa sueño, pero sabÃa que no la dejarÃa dormir. Cuando veÃa cosas, no podÃa hacer otra cosa que cerrar los ojos, porque no podÃa correr un dÃa o se o se atrevió a contarle a sus padres qué miraba a esa criatura espantosa como era de esperarse. No le creyeron. Le dijeron que eran alucinaciones provocadas por la anemia. Tan severa que tenÃa. Llegó a creer que era cierto porque se le hizo común ver a ese demonio todas las noches, además de sombras y espÃritus que paseaban por la casa, estas nada le decÃan. Sólo la miraban de manera burlona. Pronto se miró con grandes ojeras y los sangrados por nariz y boca eran frecuentes. Ya no les decÃa nada a sus papás porque éstos lo primero que hacÃan era llenarla de medicamentos y no la dejaban salir de su cuarto. Cuando se hacÃa de noche nada más al apagar el foco para dormir, ya estaba ese demonio frente a ella enseñándole los dientes. QuerÃa correr, pero caÃa al suelo porque todo le daba vueltas. Entonces el demonio se le echaba encima. Ya no sabÃa o más perdà el conocimiento. Cuando despertaba al dÃa siguiente, estaba muya, dolorida y llena de moretones. Al paso de los dÃas y al ver el estado en el que se encontraba, sus padres la llevaron con un especialista quien le cambió los medicamentos que tenÃa por otros más agresivos. La reacción que tuvo el maligno fue terrible. En ocasiones la apretaba tan fuerte que no la dejaba respirar con el solo hecho de tocar su cabeza ardÃa en calentura y le dolÃan todos los huesos. También arremetió contra sus papás por querer ayudarla, aunque ellos no lo podÃan ver. Los asustaba por las noches y permitió que algunos espÃritus entraran a la casa e hicieran cosas horribles. Al ver todas esas cosas, sus papás bendijeron la casa. Eso fue lo peor que pudieron haber hecho. El diablo se revolcaba de coraje y arremetió contra ellos Un dÃa. Cansados de todo aquello, decidieron ya no ayudarla y dejarla morir. Pero luego mis papás se ofrecieron a ayudarla y casi como quien dice se deshicieron de ella. Después de un rato. LucÃa dejó de platicarme todas esas cosas como pasaban los minutos y no hablaba supe que se habÃa dormido. Yo me quedé en vela, no sólo para cuidarla, también por el miedo que me daba que se fuera, a parecer, el diablo en medio de toda esa oscuridad. Aunque se escucharon algunos ruidos, no pasó de ahÃ. A mà me sorprendió que nada extraño pasara. Al mismo tiempo, me alegré porque algo me decÃa que LucÃa me estaba contando mentiras, asà que ni a ella, a mis papás o a mà nos iba a pasar nada malo. Quizá me dormà un rato porque en un momento que sentà que desperté, me asomé debajo de la cama, pero LucÃa ya no estaba a media mañana que la miré. La encontré con los ojos llorosos. Me pidió que esa noche no la dejara sola, porque el diablo se habÃa enojado mucho. Al no poderse manifestar como en la noche no habÃa pasado nada. Diabólico le dije que no habÃa problema. Por eso, de nuevo, cuando todos dormÃan, me encaminé a su cuarto dispuesto a escuchar uno más de sus cuentos. Al igual que la noche anterior, LucÃa estaba debajo de la cama, aunque esta vez en silencio cerré la puerta. Me senté en el suelo a un lado de la cama y le pregunté por qué solamente ella podÃa ver al diablo. Después de unos segundos comenzamos a platicar. Yo lo puedo ver porque voy a morir no sólo a él. Veo sombras espÃritus y fantasmas. Antes me daban miedo, pero ya me acostumbré a ellos. En esa ocasión LucÃa insistió en que el diablo no era tan malo como todos creÃamos, pero en ocasiones sentà hambre mientras la escuchaba hablar algunos ruidos extraños comenzaron la puerta del ropero se abrÃa y se cerraba sola como si alguien estuviera ahà metido. LucÃa me siguió diciendo muchas cosas en ocasiones paraba un momento para reÃrse. Luego continuaba diciendo palabras sin sentido. No le estaba poniendo atención cuando me dijo que las llamas del infierno no eran como las que nosotros conocÃamos aquà en la Tierra. Esas sólo te arden, pero no te queman. Si quieres, yo te puedo llevar a ver. Me dijo Cuando le escuché decir eso, desconocà su voz. Me levanté de prisa y le hablé por su nombre. La llamé de nuevo, pero nadie respondÃa. Pasados unos segundos me dijo que el dÃa que se muriera vendrÃa por mà para llevarme. Me armé de valor y me asomé debajo de la cama. Aún a oscura se podÃa ver que no habÃa nadie. Sentà que la sangre me corrÃa por todo el cuerpo. Me levanté como pude y salà del cuarto a toda prisa. Aún afuera podÃa escuchar que me llamaban por mi nombre, pero con una voz ronca que me causaba escalofrÃos. No sabÃa para dónde correr ni dónde meterme. Por primera vez entré al cuarto de mis papás sin tocar la puerta para decirles lo que estaba pasando. Después de despertarlos, les conté todo lo que me habÃa ocurrido. Accedieron a acompañarme Aún sognolientos. Entramos al cuarto de LucÃa y ella no se veÃa por ningún lado. Primero la buscaron debajo de la cama. Luego mi mamá se dio cuenta de que estaba escondida dentro del ropero la sacaron de ahà en brazos porque no se movÃa. ParecÃa muerta, pero mi papá dijo que sólo estaba desmayada. Se le notaban muchos moretones. Además, estaba llena de sangre. En ese momento se apuraron para ella llevarla al médico. Yo querÃa acompañarlos, pero me tuve que quedar con mi hermano. Esa noche fue terrible. HacÃa mucho frÃo y una ligera llovizna comenzó a escucharse. Cuando se marcharon mis papás cerré la puerta principal y me quedé en la sala porque no me atrevÃa siquiera a pasar por enfrente del Cuarto de LucÃa. Me atormentaba pensando que si LucÃa siempre estuvo dentro del ropero con quien habÃa estado hablando no sólo esa noche, también la noche anterior, seguramente era con el Diablo. Eso me llenó de temor porque pensaba que si yo también lo podÃa escuchar asà como lo hacÃa LucÃa, pudiera ser que, al igual que ella, estuviera pronto a morir. Al escuchar ahullar a los perros, recordé el motivo por el que lo hacÃan. El Diablo o uno de los dos espÃritus que habitaban la casa. Se iba a manifestar temeroso prendà todos los focos que pude, pero aún asÃ, aquel miedo que tenÃa me obligó a ponerme a rezar. Solamente me sabÃa el padre nuestro y el ave MarÃa. Por eso lo recé muchas veces, Pero pareciera que eso no era suficiente, porque los aullidos de los perros se incrementaron. Además, algunos otros sonidos extraños no dejaron de escucharse. Mi mamá tenÃa una biblia, la cual me puse a leer con dificultad A esa edad no sabÃa de capÃtulos y versÃculos, asà que solamente la abrà donde fuera y me puse a leer en voz alta por el rabillo del loco. En cuestión de segundos, miré pasar una silueta de regular tamaño, rumbo al baño. Pensé que pudiera haber sido mi hermano. Fui a buscarlo para mi sorpresa. Estaba en su cama dormido hasta donde yo estaba. Se escuchaba, como sabrÃan, los cajones en la cocina. Además más se caÃan cosas y sonaban los trastes. El saber que solamente estábamos mi hermano y yo en toda la casa, me hacÃa sudar del terror que sentÃa. Me imaginaba que era el niño ensangrentado el que estaba en la casa seguà leyendo la Biblia hasta que todo pasó. LucÃa ya no regresó esa noche. Murió en el hospital por causa de una fuerte neumonÃa. Para los doctores fue su cuerpo deteriorado. Ya no resistió la enfermedad. Para mÃ, que sabÃa lo que pasaba, lo que ya no resistió fueron los embates del diablo. Cuando regresaron mis padres con la noticia. Más que ponerme triste, me llené de terror porque habÃa escuchado a LucÃa decir que el dÃa que muriera vendrÃa por mÃ. Mis padres se hicieron cargo de los funerales porque nos comentaron que los papás de LucÃa habÃan fallecido, pero ella no lo sabÃa. No quisieron decirle porque murieron de una manera muy extraña. Todo hacÃa suponer que habÃan muerto de miedo durante mucho tiempo. Sufrà de terribles sueños en todos ellos aparecÃa LucÃa. En ocasiones le escuchaba hablar, sobre todo por las noches. Me despertaba agitado, teniendo aquella sensación de que alguien me habÃa jalado los pies. En la casa. También habÃa un ambiente extraño. Se respiraba inquietud, soledad, inseguridad, cosas asÃ. Además, el olor a sangre duró mucho tiempo. Mis papás comentaban muchas cosas extrañas que pasaron esa noche en el hospital, cosas que para ellos no tenÃan explicación. Aseguraban que el cuerpo de LucÃa se movÃa y les salÃan lágrimas a pesar de ya no tener vida. Algo que les pareció extraño a los médicos fue el hecho que casi no tuviera sangre en las venas, no entendÃan cómo podÃa vivir asÃ. Mis papás revisaron el ropero donde la encontraron para ver si se habÃa desangrado ahÃ, pero no Seguramente el diablo las succionó hasta hacerla fallecer. Solamente algunas veces llegué a sentir la presencia de aquella niña en mi cuarto me ponÃa a rezar, le pedÃa a Dios por su eterno descanso y sólo asà desaparecÃa, por suerte las presencias que me aseguró que habitaban en la casa una persona mayor y el niño ensangrentado nunca las llegué a ver Y a esa perversa criatura. El diablo tampoco relato. Escrito y adaptado por Gato negro








