Aug. 10, 2023

Lucia Y El Diablo (Él Vendrá Por Tí) Historias De Terror - REDE

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Las cosas que veo la historia que voy a compartir, quizá para muchos no sea terrorífica, pero tomando en cuenta que yo era un niño de nueve años y en la época que nos ocurrió, las cosas cambian en ese tiempo. Hablar de espantos, del diablo o el infierno asustaba a cualquier niño, pero vivir en carne propia, una situación como la que voy a contar si eres un niño o te deja marcado, fue por mil novecientos setenta y ocho era invierno, o recuerdo, en ese momento no supimos por qué situación llegó a mi casa. Una niña llamada Lucía al cuidado de mis padres. Mi hermano y yo no entendíamos por qué fue a vivir con nosotros. La excusa que nos dieron mis padres fue que estaba enferma y su papá era compañero de su trabajo y ya no tenía dinero para atenderla. Lucía era una niña de mi edad, muy bonita delgada. Estaba pálido de toda su piel, bastante blanca, como yo nunca había visto, Se comportaba muy seria y parecía asustada. Quizá por nuestra insistencia. Nos dijeron que tenía leucemia y que eso era mortal. Los síntomas de su enfermedad los mencionaré con respeto, porque no es de eso de lo que trata mi historia, sino de lo que ella veía por estar cercana a la muerte. Mis papás hablaban a escondidas de la situación de Lucía. Aunque no les comprendía del todo, sabía que había algo más aparte de la enfermedad. Otra cosa pasaba con ella. Un poco más tarde que tuve la oportunidad de hablar con aquella niña en voz baja, le pregunté a qué le tenía miedo su respuesta fue a las cosas que veo aquí en tu casa. Hay un espíritu que se oculta de ustedes. Él es el causante de que los perros en ocasiones ahuyen toda la noche. Además, más también tienen la culpa de que tus papás peleen de vez en cuando. Me quedé sorprendido porque eso era verdad, pero cómo lo podía saber ella si acababa de llegar. Mientras me miraba fijamente, me preguntó si alguna vez había visto o escuchado al diablo rápido. Le contesté que no. A poco tú sí. Lo que me dijo me dejó helado todo el tiempo. Lo veo bueno, desde que dicen que estoy enferma, me quiere llevar al infierno y de paso a quien intente curarme, porque él dice que le pertenezco. Por eso, mis papás ya no quisieron cuidarme porque siempre los atormentaba el diablo por las noches, sentí que me clavó su mirada y con un tono molesto me recalcó lo mismo le va a pasar a los tuyos si insisten en atenderme o a TI si me sigues preguntando. Eso fue lo peor que pude escuchar. Creo que esa fue la primera vez que sufrí de un escalofrío. No sabía qué contestar. Cuando me dijo seguramente hoy vas a escuchar la voz del diablo, porque él siempre se me aparece por las noches. Sentí que toda la sangre se me bajó, me entró miedo y, mejor me retiré de ahí. Cada que podía la observaba, porque me parecía que hablaba sola. En ocasiones le hacía señas a alguien que no existía o al menos era alguien a quien yo no podía ver que actuará así en verdad me parecía muy extraño. Esa noche me acosté temeroso no me atreví a decirle nada a mis papás porque tenía la esperanza de que todo fuera una broma de esa niña. Tardé mucho para dormir. No supe qué horas me venció el sueño. Sólo recuerdo que esa noche los perros ladraron como nunca. Unos susurros me despertaron por completo A mitad de la madrugada. Los escuché por unos segundos después me levanté de la cama y me acerqué a la puerta de mi cuarto, tratando de escuchar mejor el llanto de Lucía Se escuchaba claramente además de una gruesa voz desconocida para mí, esta la estaba reprendiendo. En ocasiones parecía que la golpeaba con algo porque ella se quejaba. Tuve la intención de ir a averiguar lo que pasaba, pero recordé lo que me había dicho horas antes. Tuve miedo de que fuera verdad y decidí mejor no salir de mi cuarto hasta donde yo estaba. De vez en cuando se escuchaba una siniestra risa que me ponía los pelos de punta. Además, el llanto aquel que se suponía era de lucía. Nunca dejó de escucharse. Toda la noche la pasé inquieto. Apenas cerraba los ojos y pronto lo sabría porque me sentía observado por alguien que no estaba en mi cuarto. Así estuve hasta que empezó a amanecer a la mañana siguiente. Me sorprendía al ver a porque traía moretones en ambos brazos. Su vestido se encontraba manchado de sangre que a simple vista se notaba que le había salido por las nariz. Le pregunté qué le había pasado. Anoche el diablo me castigó por venirme a esta casa donde quieren que me atienda diles a tus papás que me regresen, porque si no van a sufrir, además, no quiero morir aquí lejos de mi mamá. Le hice saber que yo no podía hacer nada para ayudarla, únicamente acompañarla o platicar con ella, pero qué me tendría que tener confianza. Le pregunté cómo la castigaba. El diablo solamente movió la cabeza para hacerme saber que no me podía hablar de eso. Minutos más tarde, cuando mis papás le vieron los brazos, la llevaron con el médico, quien se limitó a decir qué eran los síntomas de su enfermedad, que, al parecer, estaba muy avanzada. Todo ese día. La miré muy distraída cuando le pregunté qué. Tanto miraba por los rincones de la casa. Apuntó con su dedo. Rumbo a mi cuarto y dijo hay otro espíritu aquí es de un niño. Se metió a tu recámara. Está lleno de sangre. Voltea a ver, pero no había nadie. Además, la puerta siempre la tenía cerrada. Es él el que te esconde las cosas y el que te despierta por las noches cuando sientes que alguien te pica las costillas o te jala los pies. Aunque lo que decía que me pasaba era verdad, ya no sabía si creerle o no me propuso seguirle la corriente. Tal vez tomarlo como un juego me pondría menos nervioso. Además, las cosas que solía decir sonaban macabras pero interesantes. Antes de que oscureciera, Lucía cambió el tono de su voz y su actitud conmigo. Me pidió que, a escondidas de mis papás, me fuera a dormir a su cuarto porque le daba miedo estar sola. Tal vez si estás conmigo, el diablo no se me aparezca. Me dijo casi suplicando sin demostrar mi miedo, le dije que estaba bien. Además, me daba un poco de temor dormir solo por lo que me había dicho del niño ensangrentado. Por eso, cuando todos se acostaron, me fui a acompañarla con el simple hecho de entrar al cuarto en completa oscuridad, sentí una mala sensación. Además, las cosas que me contaba Lucía de lo que veía en la casa quisiera o no me ponía nervioso. Me di cuenta que Lucía no estaba por ningún lado. La busqué con la vista entre la negrura del cuarto. Al no verla, me iba a regresar, pero le escuché decir que estaba debajo de la cama. Me pidió que cerrara la puerta y me sentara en el piso primero le pregunté por qué estaba metida ahí, pero no me respondió. Luego me sentí a un lado de la cama, en el suelo, así como él. Ella me lo pidió si quieres asómate acá abajo. Me dijo lo dudé unos segundos, pero al final no me atreví a hacerlo. Mientras me acostumbraba a la oscuridad, comenzamos a platicar el por qué le pasaba todo eso. Empezó diciéndome que no era una enfermedad. Lo que tenía era el diablo, quien la dominaba y la maltrataba así. Según ella pensaba que eso le pasaba por hablar con amigos que nadie podía ver desde que tenía cuatro años. Algunos seres aparecieron en sus sueños, Eran espantosos y la asustaban todo el tiempo, pero uno de ellos, el más horrendo, brincó de las pesadillas a la realidad. Escuché cómo Lucía se alteraba un poco cuando me contó que una noche, estando en su cuarto de la nada, se sintió mareada. Al reaccionar un cerco, un cuernos y una boco horrible que ya había viendo en sus sueños, apareció frente a ella, aunque éste solamente la miraba por su corta edad, sintió mucho miedo, tanto que le provocó que no pudiera moverse ni gritar. Luego ese ser espantoso sonriendo, le decía que gritara, que gritara todo lo que quisiera. Al fin y al cabo, nadie la escucharía, ni tampoco le creerían si les contaba a sus papás, porque nadie podía verlo. No pudo evitar que ese demonio se le acercara. Le susurró al oído que ella era suya, que se la llevaría al infierno, sin que nadie pudiera ayudarla Lucía solamente lloraba a partir de esa noche. Ya no pudo dormía, porque ese ser se la pasaba diciéndole cosas horrendas al oído, torturando lamentalmente. En ocasiones le agarraba sus brazos y se los apretaba tan fuerte que le resultaban moretones. Al pasar los días, poco a pocos sor se le fueron todas las fuerzas. Además, la comida le empezó a dar asco. Sus papás preocupados lo obligaban a comer. Cuando terminaba de hacerlo, ese demonio aparecía ahí enfrente de ellos, la tomaba del cuello, metía su dedo en la garganta hasta hacerla vomitar. Lo raro era que sus papás no lo podían ver por las madrugadas despertaba asustada. Lo primero que veía era ese ser demoníaco siempre con una horrible sonrisa, con sangre en su boca, como si la acabara de morder luego desaparecía. Era evidente que se estaba alimentando de ella. Me contó lucía que se empezó a sentir débil. Todo le daba vueltas. Sufría mucho porque en ocasiones sentía sueño, pero sabía que no la dejaría dormir. Cuando veía cosas, no podía hacer otra cosa que cerrar los ojos, porque no podía correr un día o se o se atrevió a contarle a sus padres qué miraba a esa criatura espantosa como era de esperarse. No le creyeron. Le dijeron que eran alucinaciones provocadas por la anemia. Tan severa que tenía. Llegó a creer que era cierto porque se le hizo común ver a ese demonio todas las noches, además de sombras y espíritus que paseaban por la casa, estas nada le decían. Sólo la miraban de manera burlona. Pronto se miró con grandes ojeras y los sangrados por nariz y boca eran frecuentes. Ya no les decía nada a sus papás porque éstos lo primero que hacían era llenarla de medicamentos y no la dejaban salir de su cuarto. Cuando se hacía de noche nada más al apagar el foco para dormir, ya estaba ese demonio frente a ella enseñándole los dientes. Quería correr, pero caía al suelo porque todo le daba vueltas. Entonces el demonio se le echaba encima. Ya no sabía o más perdí el conocimiento. Cuando despertaba al día siguiente, estaba muya, dolorida y llena de moretones. Al paso de los días y al ver el estado en el que se encontraba, sus padres la llevaron con un especialista quien le cambió los medicamentos que tenía por otros más agresivos. La reacción que tuvo el maligno fue terrible. En ocasiones la apretaba tan fuerte que no la dejaba respirar con el solo hecho de tocar su cabeza ardía en calentura y le dolían todos los huesos. También arremetió contra sus papás por querer ayudarla, aunque ellos no lo podían ver. Los asustaba por las noches y permitió que algunos espíritus entraran a la casa e hicieran cosas horribles. Al ver todas esas cosas, sus papás bendijeron la casa. Eso fue lo peor que pudieron haber hecho. El diablo se revolcaba de coraje y arremetió contra ellos Un día. Cansados de todo aquello, decidieron ya no ayudarla y dejarla morir. Pero luego mis papás se ofrecieron a ayudarla y casi como quien dice se deshicieron de ella. Después de un rato. Lucía dejó de platicarme todas esas cosas como pasaban los minutos y no hablaba supe que se había dormido. Yo me quedé en vela, no sólo para cuidarla, también por el miedo que me daba que se fuera, a parecer, el diablo en medio de toda esa oscuridad. Aunque se escucharon algunos ruidos, no pasó de ahí. A mí me sorprendió que nada extraño pasara. Al mismo tiempo, me alegré porque algo me decía que Lucía me estaba contando mentiras, así que ni a ella, a mis papás o a mí nos iba a pasar nada malo. Quizá me dormí un rato porque en un momento que sentí que desperté, me asomé debajo de la cama, pero Lucía ya no estaba a media mañana que la miré. La encontré con los ojos llorosos. Me pidió que esa noche no la dejara sola, porque el diablo se había enojado mucho. Al no poderse manifestar como en la noche no había pasado nada. Diabólico le dije que no había problema. Por eso, de nuevo, cuando todos dormían, me encaminé a su cuarto dispuesto a escuchar uno más de sus cuentos. Al igual que la noche anterior, Lucía estaba debajo de la cama, aunque esta vez en silencio cerré la puerta. Me senté en el suelo a un lado de la cama y le pregunté por qué solamente ella podía ver al diablo. Después de unos segundos comenzamos a platicar. Yo lo puedo ver porque voy a morir no sólo a él. Veo sombras espíritus y fantasmas. Antes me daban miedo, pero ya me acostumbré a ellos. En esa ocasión Lucía insistió en que el diablo no era tan malo como todos creíamos, pero en ocasiones sentí hambre mientras la escuchaba hablar algunos ruidos extraños comenzaron la puerta del ropero se abría y se cerraba sola como si alguien estuviera ahí metido. Lucía me siguió diciendo muchas cosas en ocasiones paraba un momento para reírse. Luego continuaba diciendo palabras sin sentido. No le estaba poniendo atención cuando me dijo que las llamas del infierno no eran como las que nosotros conocíamos aquí en la Tierra. Esas sólo te arden, pero no te queman. Si quieres, yo te puedo llevar a ver. Me dijo Cuando le escuché decir eso, desconocí su voz. Me levanté de prisa y le hablé por su nombre. La llamé de nuevo, pero nadie respondía. Pasados unos segundos me dijo que el día que se muriera vendría por mí para llevarme. Me armé de valor y me asomé debajo de la cama. Aún a oscura se podía ver que no había nadie. Sentí que la sangre me corría por todo el cuerpo. Me levanté como pude y salí del cuarto a toda prisa. Aún afuera podía escuchar que me llamaban por mi nombre, pero con una voz ronca que me causaba escalofríos. No sabía para dónde correr ni dónde meterme. Por primera vez entré al cuarto de mis papás sin tocar la puerta para decirles lo que estaba pasando. Después de despertarlos, les conté todo lo que me había ocurrido. Accedieron a acompañarme Aún sognolientos. Entramos al cuarto de Lucía y ella no se veía por ningún lado. Primero la buscaron debajo de la cama. Luego mi mamá se dio cuenta de que estaba escondida dentro del ropero la sacaron de ahí en brazos porque no se movía. Parecía muerta, pero mi papá dijo que sólo estaba desmayada. Se le notaban muchos moretones. Además, estaba llena de sangre. En ese momento se apuraron para ella llevarla al médico. Yo quería acompañarlos, pero me tuve que quedar con mi hermano. Esa noche fue terrible. Hacía mucho frío y una ligera llovizna comenzó a escucharse. Cuando se marcharon mis papás cerré la puerta principal y me quedé en la sala porque no me atrevía siquiera a pasar por enfrente del Cuarto de Lucía. Me atormentaba pensando que si Lucía siempre estuvo dentro del ropero con quien había estado hablando no sólo esa noche, también la noche anterior, seguramente era con el Diablo. Eso me llenó de temor porque pensaba que si yo también lo podía escuchar así como lo hacía Lucía, pudiera ser que, al igual que ella, estuviera pronto a morir. Al escuchar ahullar a los perros, recordé el motivo por el que lo hacían. El Diablo o uno de los dos espíritus que habitaban la casa. Se iba a manifestar temeroso prendí todos los focos que pude, pero aún así, aquel miedo que tenía me obligó a ponerme a rezar. Solamente me sabía el padre nuestro y el ave María. Por eso lo recé muchas veces, Pero pareciera que eso no era suficiente, porque los aullidos de los perros se incrementaron. Además, algunos otros sonidos extraños no dejaron de escucharse. Mi mamá tenía una biblia, la cual me puse a leer con dificultad A esa edad no sabía de capítulos y versículos, así que solamente la abrí donde fuera y me puse a leer en voz alta por el rabillo del loco. En cuestión de segundos, miré pasar una silueta de regular tamaño, rumbo al baño. Pensé que pudiera haber sido mi hermano. Fui a buscarlo para mi sorpresa. Estaba en su cama dormido hasta donde yo estaba. Se escuchaba, como sabrían, los cajones en la cocina. Además más se caían cosas y sonaban los trastes. El saber que solamente estábamos mi hermano y yo en toda la casa, me hacía sudar del terror que sentía. Me imaginaba que era el niño ensangrentado el que estaba en la casa seguí leyendo la Biblia hasta que todo pasó. Lucía ya no regresó esa noche. Murió en el hospital por causa de una fuerte neumonía. Para los doctores fue su cuerpo deteriorado. Ya no resistió la enfermedad. Para mí, que sabía lo que pasaba, lo que ya no resistió fueron los embates del diablo. Cuando regresaron mis padres con la noticia. Más que ponerme triste, me llené de terror porque había escuchado a Lucía decir que el día que muriera vendría por mí. Mis padres se hicieron cargo de los funerales porque nos comentaron que los papás de Lucía habían fallecido, pero ella no lo sabía. No quisieron decirle porque murieron de una manera muy extraña. Todo hacía suponer que habían muerto de miedo durante mucho tiempo. Sufrí de terribles sueños en todos ellos aparecía Lucía. En ocasiones le escuchaba hablar, sobre todo por las noches. Me despertaba agitado, teniendo aquella sensación de que alguien me había jalado los pies. En la casa. También había un ambiente extraño. Se respiraba inquietud, soledad, inseguridad, cosas así. Además, el olor a sangre duró mucho tiempo. Mis papás comentaban muchas cosas extrañas que pasaron esa noche en el hospital, cosas que para ellos no tenían explicación. Aseguraban que el cuerpo de Lucía se movía y les salían lágrimas a pesar de ya no tener vida. Algo que les pareció extraño a los médicos fue el hecho que casi no tuviera sangre en las venas, no entendían cómo podía vivir así. Mis papás revisaron el ropero donde la encontraron para ver si se había desangrado ahí, pero no Seguramente el diablo las succionó hasta hacerla fallecer. Solamente algunas veces llegué a sentir la presencia de aquella niña en mi cuarto me ponía a rezar, le pedía a Dios por su eterno descanso y sólo así desaparecía, por suerte las presencias que me aseguró que habitaban en la casa una persona mayor y el niño ensangrentado nunca las llegué a ver Y a esa perversa criatura. El diablo tampoco relato. Escrito y adaptado por Gato negro