Los Secretos De Un Antiguo Culto Historias De Terror - REDE

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El sauce oscuro. Me reservaré mi nombre. Soy el representante polÃtico de una de las tres localidades que componen al pequeño municipio donde vivo. Cada localidad tiene su propio representante aparte está el alcalde del municipio, pero él está en la cabecera municipal, que es aparte de las localidades. El motivo por el cual llevo siendo el representante polÃtico de mi localidad por más de siete años es porque soy el único aquà que tiene estudios. A diferencia de todos los matrimonios de aquÃ, mis padres han sido los únicos en cincuenta años que han tenido un solo hijo. Todos aquà tienen más de cuatro. El motivo por el cual mis padres decidieron tenerme solo a mà fue porque ellos querÃan que mi futuro fuera diferente a la vida que a ellos les habÃa tocado. Hicieron un esfuerzo sobrehumano para que yo pudiera terminar la presa preparatoria. Eso ya era un logro en la localidad, porque nadie tenÃa ese grado de educación. Después ya me puse a trabajar para yo pagarme la Universidad. Por eso aquà todos están de acuerdo en que yo sea el representante polÃtico. Recibo sueldo del municipio, lo que me permite vivir bien y mantener a mis padres. No es que paguen mucho, pero aquà todo es muy barato por ser un lugar pequeño, asà que lo que recibo del municipio alcanza y sobra. Además, como hago un muy buen trabajo. La misma gente de aquà siempre me está regalando cosas. Desde hace cuatro años. Todos los dÃas, alguien de la localidad me lleva un plato de comida a mi oficina. El representante que tenÃamos antes era un mediocre. La gente estaba tan molesta que lo entregó al sauz oscuro. AquÃ, en la localidad no hay policÃa, ni siquiera hay una sola celda para detener a alguien. No porque no haya presupuesto. De hecho, cada que hay cambio de alcalde, nos ofrecen una patrulla con dos policÃas, pero la gente siempre ha rechazado ese servicio. Eso es porque aquà no nos hace falta debido a que tenemos un juez que se encarga de impartir justicia. Ese es el sauce oscuro. Se trata de un árbol que tiene vida. Yo sé que todas las plantas son consideradas como seres vivos, pero el sauce oscuro de verdad tiene vida. Déjenles cuento desde el principio. AquÃ, en la localidad, hace como tres mil quinientos años, estaban asentados los yopes, que fue un pueblo indÃgena que posiblemente haya sido el primero en todo el territorio mexicano que se pudo organizar de forma exitosa. Estaban tan bien organizados que los aztecas nunca pudieron someterlos. Y eso que los yopes no eran un pueblo bélico, pero siempre tuvieron buenos guerreros que estaban dispuestos a morir con tal de mantener a los suyos protegidos. De hecho, se sabe que fueron la primer cultura en la historia de la humanidad en forjar a los guerreros desde niños. Desde que un barro cumplÃa siete años arriba se le daba un arco y flechas para que consiguieran su propia comida. TenÃan que cazar a un conejo, a un venado y a un ave. No podÃan regresar a casa hasta que consiguieran esos tres animales. Esto lo hicieron ochocientos años antes de que lo empezaran a hacer los propios espartanos. Creo que con eso queda bastante claro que no estamos hablando de un pueblo cualquiera. Eran expertos en el uso de arco y flecha, tanto que uno de sus guerreros fue invitado a un banquete organizado por un emperador azteca a nivel religioso. Según los expertos y estudiosos del tema, los yopes tenÃan dos cultos, el culto del agua y el culto del sol. Sólo que hay un error. Esos mismos expertos y estudiosos, al analizar los petroglifos, dedujeron que los yopes contabilizaban los ciclos lunares, y eso es una interpretación a medias, porque esos petroglifos hablan de los ciclos lunares, pero también hablan de la existencia de un un tercer culto, uno oculto y secreto, el culto de la oscuridad. Yo de verdad no entiendo por qué la existencia del culto de la oscuridad jamás ha sido tocado en ningún libro de historia, ya que, tomando en cuenta la deidad suprema de los yopes, el dios Camaxtle, se hace evidente que debe haber un tercer culto. Camaxtle es el dios de la vida, de la muerte y también de la resurrección. El culto del sol se enfocaba en la vida, el culto del agua se enfocaba en la resurrección. Falta la muerte. Ahà es donde entra el culto de la oscuridad y el origen del sauce oscuro que tenemos aquà en la localidad está directamente relacionado con ese culto extinto. La leyenda dice que en aquella época habÃa un rÃo que era lo que dividÃa los terrenos que eran utilizados para los diferentes cultos, es decir, que el rÃo fluÃa de tal manera que partÃa el terreno en tres. El lÃder del culto de la oscuridad era un hombre justo y valiente, pero, como siempre ha ocurrido en toda familia, habÃa un integrante que no encajaba, que no seguÃa las enseñanzas de los mayores. En ese caso era la hija del lÃder del culto, que era joven y hermosa. El problema con ella era que, a pesar de que su padre era un hombre ejemplar, ella era altanera engreÃda y nunca mostraba interés en ayudar a los demás. Debido a su actitud y su comportamiento, toda la gente rumoraba que lo más probable era que ella tuviera un corazón de hielo. Eso estaba bien fundamentado, porque nunca se le vio llorar. Jamás derramó una simple lágrima, ni siquiera el triste dÃa en que su madre falleció. Su mujer, a pesar de no tener ningún cargo polÃtico ni religioso. Era muy importante para el asentamiento, tanto que las historias dicen que cuando ella murió, los cielos quedaron sombrÃos, que hasta el cielo lloraba desconsolado y que parecÃa que la misma tierra estaba afligida. Pues aún y con todo eso, la hija del lÃder del culto parecÃa tener su corazón hecho de piedra y fue incapaz de sentir, aunque fuera un poco de tristeza. Cuando arribó el siguiente invierno, las lluvias llegaron con una fiereza nunca antes vista. Era algo siniestro. El rÃo creció de una manera tan desmesurada que arrastraba todo lo que se atravesaba en su paso. Al parecer, el dios camax Le estaba furioso, y mucho porque el torrente de la corriente del rÃo arrancaba árboles y se llevaba a los animales, hombres, mujeres, niños y ancianos lloraban temerosos y desconsolados, mientras los integrantes de los tres cultos hacÃan todo lo posible por apaciguar al rÃo y a la lluvia. Entre toda esa tragedia solamente habÃa una persona que permanecÃa indiferente ante el dolor de los demás. Esa era la hija del lÃder del culto de la oscuridad. Finalmente, la lluvia terminó y poco a poco el rÃo volvió a su cauce normal. Fue entonces que todos los pobladores se manifestaron muy indignados con la conducta de la joven, asà que acudieron con el Consejo de Ancianos para pedirles que la castigaran. El problema era que los ancianos no podÃan hacer nada por tratarse de un integrante de la familia, del lÃder de uno de los cultos, asà que el único que podÃa decidir era el dios Kamaxtle. Los ancianos se reunieron alrededor del fuego para consultar a Camaxtle. La respuesta que obtuvieron fue que, si la hija del lÃder no cambiaba su actitud, sino enmendaba su comportamiento, su propio padre estaba obligado a imponerle un castigo de naturaleza tan terrible que asustarÃa tanto a toda la gente que nadie jamás se volverÃa a atrever a comportarse de la manera tan frÃa en que la joven se comportaba con los demás. El lÃder del culto de la oscuridad habló con su hija para darle el mensaje de advertencia que habÃa enviado el dios Kamaxtle, pero la joven no le dio importancia a las palabras de su padre. Pasaron los dÃas, las semanas, los ciclos lunares y una vez más, el invierno volvió. Con el invierno regresaron las lluvias, pero por alguna razón, en esa ocasión eran mucho más terribles y violentas que la última vez. El rÃo se acrecentó con tanta furia que ya no solamente se llevaba árboles y animales, sino que hasta se estaba tragando a las personas no hacÃa falta estar cerca del rÃo. El viento era tan fuerte que los empujaba para que el rÃo se los tragara. Murieron demasiadas personas. El asentamiento quedó completamente destruido. Los que sobrevivieron tuvieron que huir hasta la cima de los montes y aún asà allá arriba se treparon a los árboles más altos para mantenerse a Salvo de la furia del rÃo, La hija del lÃder estuvo a punto de morir, pero en el último instante logró salvarse. La gente pensó que debido a eso, tal vez la joven, al fin podrÃa cambiar su forma de ser y eso serÃa puesto a prueba. Mientras todos bajaban de los árboles, un niño fue picado por un alacrán. Era un niño muy pequeño. La madre se acercó con la hija de aquel lÃder para suplicarle que la ayudara, porque los miembros de las familias, de los lÃderes de los diferentes cultos tenÃan algo de conocimiento, de curación, asà que la joven podÃa salvar al bebé de la picadura del alacrán, pero ella le lanzó una helada y furiosa mirada. Entonces, de forma completamente indiferente, le respondió. No es mi culpa que tú hayas descuidado al pequeño. Uno de los ancianos estaba cerca de ahà y ante la arrogante negativa de la joven, él se acercó a auxiliar al pequeño y, por fortuna, no pasó a mayores. Una vez atendida a la angustiosa situación, el anciano de rostro envejecido y demacrado se dirigió con el padre de la joven. Con voz ronca y temblorosa, exigÃa que aquel padre obedeciera la voluntad implacable del Dios camaxtle la car castigara sin clemencia a su propia hija, la cual habÃa ignorado la advertencia que se le habÃa dado. El lÃder del culto, con un semblante afligido y sintiendo el corazón oprimido, aceptó con pesar le dijo el anciano que, antes de que la negrura de la noche los cubriera, su hija iba a sufrir el más desgarrador de los castigos, una condena ejemplar. La gente bajó de los cerros con sus cuerpos fatigados y todavÃa sintiendo algo de temor, Pero debÃan comenzar la ardua tarea de reconstruir sus hogares. Sin embargo, mientras todos trabajaban, la joven permanecÃa ajena a la empatÃa y era evidente que no tenÃa ninguna intención de brindar ayuda. El sol empezó a esconderse en el horizonte tiñendo el firmamento con tonalidades rojizas. Mientras el lÃder del culto de la oscuridad entonaba un hechizo que nunca antes nadie habÃa escuchado. La multitud permanecÃa inmóvil y atenta. SabÃan que algo estaba por ocurrir, aunque no tenÃa ni idea de que en ese instante preciso. La joven intentó girarse para mirar a su padre, pero una fuerza invisible no le permitió moverse. Lo intentó con más fuerza, pero fue inútil. No podÃa moverse. La única parte de su cuerpo de la que tenÃa control era de su cabeza. De pronto, unas raÃces negras serpenteantes salieron desde las profundidades de la tierra y se clavaron en los pies de la joven, atravesando su carne y sus huesos. La piel de la muchacha comenzó a desgarrarse, desprendiéndose como pétalos marchitos de una flor moribunda. Al mismo tiempo, el rÃo empezó a secarse. Sus aguas estaban siendo absorbidas por las raÃces negras que habÃan perforado los pies de la joven. Mientras el agua era absorbida, ella sufrÃa una dolora a transformación que la hacÃa sentir un dolor inhumano. Gritaba, lloraba y suplicaba ayuda, mientras su cuerpo se desintegraba ante las mismas raÃces que ahora se enroscóba la sustituyendo sus miembros por un grueso y retorcido tronco oscuro. Lo último que quedaba de la muchacha era su cabeza, que estaba pegada al tronco negro, dando una imagen grotesca, demonÃaca infernal. El cabello de la joven, poco a poco, se empezó a transformar en hojas los lamentos que brotaban de su boca. Fue silenciado de forma macabra cuando del interior de su cabeza salieron cientos de ramas, quedando asà completamente convertida en un árbol, especÃficamente en un sauce. El rÃo se secó por completo. Toda su agua fue absorbida por el árbol, quedando de un tamaño bastante superior a cualquier árbol que los habitantes del lugar hubieran visto antes. Un silencio sepulcral se apoderó del lugar. Cuando aquella escena tan siniestra terminó, aquel sauceo oscuro quedó como un testigo silencioso de la ira de los dioses y del destino de quienes desafiaban su voluntad e ignoran sus advertencias. Asà fue como nació el árbol que se encarga de impartir justicia aquà en la localidad. Claro que el sauce oscuro en aquella época no era lo que es ahora. Durante los primeros siglos solamente era un árbol raro, porque no hay sauces de tronco negro, por lo menos no en esta región. Solamente era un árbol peculiar que servÃa como recordatorio de que todas las personas deben de ser solidarias con el prójimo. Mucho tiempo después, cuando el territorio ya se habÃa convertido en la Nueva España, fue cuando empezaron a ocurrir cosas extrañas con el árbol. Lo primero fue que de su tronco salÃa un lÃquido color rojo, lo cual fue interpretado como que el árbol estaba llorando y que ese lÃquido rojizo eran lágrimas de sangre. Aquellos que todavÃa recordaban las viejas leyendas supusieron que lo que estaba pasando era que la joven ya se habÃa cansado de ser un árbol por más de mil años y que estaba llorando por la desesperación. Asà se mantuvo sacando lágrimas de sangre nun la durante muchos cientos de años. Las cosas empezaron a cambiar en la época que mis abuelos eran jóvenes. Ellos cuentan que a la localidad llegó un señor de Apellido Sans. En los años que llegó, todavÃa habÃa como dos o tres terrenos sin ocupar y ese señor compró uno de esos terrenos. La cabecera municipal era quien se ocupaba de la compra y venta de terrenos de las tres localidades. Por lo mismo, cuando el señor Sans llegó, nadie nunca lo habÃa visto antes por su forma de vestir y el hecho de que llegó en un carro. Se daba a entender que el hombre tenÃa dinero, no al grado de ser millonario, pero su nivel económico era mucho mayor que el resto de la localidad. La gente no entendÃa cómo por qué alguien con cierta solvencia monetaria tendrÃa interés de vivir en una localidad. El único lugar en el que podrÃa gastar su dinero era en la cantina. A menos que tuviera la intención de estar conduciendo una hora todos los dÃas para ir a la cabecera municipal. Claro que Halla tampoco habÃa mucho para visitar. Por ese y otros motivos menos relevantes fue que la gente lo tomó con desconfianza tanta que hasta evitaban pasar cerca de él para no tener que saludarlo. Sólo hubo una persona que sà se acercó con él. La muchacha más atractiva de la localidad. Le interesaba el dinero, asà que se hizo su querida. Luego de un año o dos, la situación del señor Sans cambió completamente. Tuvo que vender su carro y la casa que habÃa construido en su terreno, la que alguna vez habÃa sido la mejor casa de la localidad, se habÃa convertido en una casa tan desatendida que hasta daba la impresión de que nadie vivÃa ahÃ. Por cierto, el terreno donde él vivÃa estaba como a cuatrocientos metros del sauce oscuro. Todo le estaba saliendo tan mal a ese señor que hasta ya varios de la localidad, incluyendo a mis abuelos, habÃan visto a la muchacha que vivÃa con el señor encontrándose con otros hombres cerca de la casa. Cuando el señor Sans descubrió lo que hacÃa, la muchacha la corrió de la casa casi a patadas y entonces el señor se quedó completamente solo, sin mujer, sin carro, al parecer, sin trabajo y en una casa que cada vez se veÃa peor. En una oscura y tormentosa noche, el señor Sans salió tambaleándose de la cantina. La embriaguez nublaba sus sentidos. Por eso caminaba de manera torpe En lugar de caminar para su casa, tomó el callejón que estaba detrás de la cantina y siguió caminando hasta llegar al lugar donde estaba el sauce oscuro. El tipo estaba muy intoxicado por el alcohol. Por eso, de una forma frenética y carente de todo sentido, empezó a despotricar contra el árbol. MaldecÃa con amargura toda su existencia, arrojaba al aire sus quejas como si de verdad su vida fuera un amargo tormento. El sauce oscuro no podÃa hacer otra cosa que permanecer inmóvil escuchando aquellos alaridos del borracho. La gente más anciana de la localidad en aquella época, es decir, gente de la edad, de los abuelos, de mis abuelos, que eran los que mejor conocÃan la historia del sauce. DecÃan que eso que estaba haciendo el señor Sans tendrÃa graves consecuencias, porque ese árbol era la representación viva de lo negativo. Estaba ahà porque una mala persona fue castigada con una severa maldición perpetua. No era un árbol que hubiera nacido de una semilla. Era un árbol creado de la maldad para castigar la maldad. Y lo que estaba haciendo el señor Sans era ir a sacar todas sus emociones negativas frente al árbol. Los ancianos no tenÃan ninguna duda de que habrÃa consecuencias, porque aquello era como estar aventando piedras contra un avispero tarde o temprano, alguien saldrÃa picoteado. Durante los siguientes cuatro meses, en las noches en las que el señor Sans se ahogaba en licor dentro de la cantina al al salir, se dirigÃa con pasos tambaleantes hasta el viejo sauce de tronco negro. Sus lamentos y quejas llenaban el aire como un eco lúgubre que a esas horas ya nadie hacÃa ruido, pues todos los gritos y reclamos del borracho se escuchaban en prácticamente todas las casas de la localidad. Poco a poco, el espÃritu de la hija de aquel lÃder de culto, atrapada en su prisión de madera, empezó a transformarse debido a que estaba absorbiendo toda la negatividad que vomitaba el señor Sans en sus noches de borrachera sus ramas se fueron retorciendo, si bien nunca fue un árbol que a la gente le pareciera bonito. Ahora sus ramas estaban tomando la forma de manos huesudas. Sus hojas, que antes eran como las hojas de cualquier sauce, estaban cayendo una tras otra. A pesar de que no era la temporada en la que eso serÃa normal que sucediera. Llegó un momento en que el sauce oscuro quedó completamente despojado de sus hojas. ParecÃa un espectro retorcido. Cuando mis abuelos vieron en lo que se habÃa transformado aquel árbol, tuvieron la impresión de que en cualquier momento la joven encerrada dentro se iba a liberar como un demonio sediento de sangre. Toda la negatividad absurda de aquel borracho habÃa envenenado al árbol, dejando una imagen espeluznante que acechaba en la penumbra como una advertencia silenciosa de que más temprano que tarde habrÃa consecuencias. Esa transformación era tan inquietante que mi papá que para aquel entonces ya tendrÃa unos seis meses de edad. En ese entonces lloraba inconsolablemente cuando mis abuelos se atrevÃan a caminar cerca del árbol. Lo mismo le pasaba a todos los niños de corta edad. Aquellos que tenÃan cinco años o menos reaccionaban con miedo y llanto al estar cerca del sauce oscuro como si pudieran percibir una especie de energÃa siniestra que emanaba del árbol. Cuentan mis abuelos que en una madrugada las cosas dieron un giro siniestro y macabro. En el preciso momento en el que el señor Sans visiblemente alterado por la embriaguez repetÃa sus acciones habituales y ocurrió lo inimaginable. Las raÃces del sauce comenzaron a agitarse en el suelo como si fueran criaturas vivas y ansiosas de atrapar a su presa. Las ramas secas antes inanimadas comenzaron a susurrar palabras incomprensibles que se extendÃan por la brisa helada de la noche. Esos susurros se podÃan escuchar en todas las casas, incluyéndola de mis abuelos. De hecho, mi papá se despertó llorando cuando comenzaron los susurros. Fue entonces cuando las ramas, como si fueran garras afiladas, atraparon al señor sans enlazándose de forma muy agresiva alrededor de sus brazos y de sus piernas, y entonces ya amarrado. Las ramas lo empezaron a arrastrar hacia el oscuro tronco del árbol. Como como la ora el árbol se lo quisiera comer. El arrastre era de forma lenta pero imparable. El señor Sans luchaba con todas sus fuerzas, aunque sus movimientos torpes y erráticos por la ebriedad eran ineficaces. Ante la imponente fuerza de las ramas gritaba por ayuda, pero sus súplicas llegaron a oÃdos sordos. Nadie estaba dispuesto a mover ni siquiera un solo dedo para intervenir en lo que parecÃa un castigo merecido por comportarse de esa manera frente al sauce oscuro. Mientras el señor Sans, más cerca estaba del tronco, más ramas se enredaban en su cuerpo, apretándose sin piedad algunas perforándolo como cuchillas afiladas. Luego de unos minutos, sus gritos finalmente se desvanecieron. Terminó ahogado cuando las ramas del árbol entraron por su nariz y por su garganta al amanecer. Algunos curiosos, entre los que se encontraba mi abuelo, fueron hasta el sauce oscuro. TenÃan el presentimiento de que se iban a encontrar con algo malo y sÃ, tal como se lo habÃan imaginado. Al llegar, lo que encontraron fue una escena terrible. El cuerpo del señor Sans estaba fusionado con el tronco del árbol de una manera muy impactante y ciertamente abominable. No habÃa manera de retirar los restos del hombre, porque las raÃces del árbol se habÃan entrelazado y atravesado los pedazos de su cuerpo, creando una imagen escalofriante que quedó grabada en las mentes de todos aquellos que estuvieron ahà para verlo. Se dio el aviso a toda la gente de la localidad para que nadie se acercara al árbol. No querÃan que las mujeres ni los niños quedaran traumatizados por semejante espectáculo sangriento. Si hubieran podido limpiarlo, lo hubieran hecho, pero era imposible. Al paso de tres dÃas, el árbol ya habÃa consumido todos los restos del señor Sans, asà que, aunque evidentemente, el sauce oscuro no tenÃa dientes, se comió a aquel hombre. Cuatro años después ocurrió una tragedia en la localidad. En una madrugada se escuchó un disparo de escopeta que despertó a todos los vecinos cercanos a la casa donde se escuchó el escopetazo. Se acercaron para saber qué habÃa pasado. Dentro de esa casa encontraron a una mujer muerta, la escopeta tirada en el suelo y a los dos hijos de la mujer parados delante del cuerpo. Ambos decÃan que no lo habÃan hecho y al mismo tiempo los dos le echaban la culpa al otro. La atmósfera de la localidad estaba cargada de una tensión muy fuerte. Los que alguna vez hayan vivido en una localidad saben cómo se ponen las cosas Cuando pasa algo muy fuerte y nadie quiere admitir la culpa, la multitud gritaba exigiendo que se castigara asà a ojo por ojo. La gente querÃa justicia algo se tenÃa que hacer aquel acto atroz no podÃa quedar sin ser castigado. Entonces, entre susurros empezó a escucharse una proposición algo turbulenta. Primero lo dijo una persona, luego dos, luego muchas que on llevar a ambos muchachos ante el sauce oscuro y que los dejaran ahà para que el árbol se los comiera el recuerdo del señor Sans y su espantoso destino seguÃa atormentando las mentes de los habitantes de la localidad. Por eso la idea era que el culpable confesara para recibir su castigo en lugar de quedarse ahà delante del árbol. En realidad, la gente no estaba esperando que el árbol de verdad se comiera a nadie. Sólo era una manera de intimidarlos y asà obligarlos a confesar lo que en realidad habÃa pasado. Mi abuelo con machete mano agarró a uno de los muchachos, luego alguien más agarró al otro y toda la gente de la localidad se fue hasta donde estaba el viejo sauce de tronco oscuro. Los jóvenes fueron llevados hasta la presencia del árbol arrodillados y atados tanto de las manos como de los pies. Se empezó a notar como el terror se estaba apoderando de sus rostros. Ambos se les exigió que dijeran la verdad, pero seguÃan manteniendo que eran inocentes y s y seguÃan echándole la culpa al otro. Entonces se les dijeron que se iban a quedar ahà hasta el dÃa siguiente a ver si ya el culpable querÃa confesar para ese momento serÃan como las cinco de la mañana. Pasó todo el dÃa, La tarde llegó la noche y luego se hizo de madrugada. Entonces se empezaron a escuchar horribles gritos. Aquello era muy parecido a la manera en la que el señor Sans habÃa gritado cuando el árbol se lo comió. Entonces toda la gente salió de sus casas y fue a ver sólo hallaron a uno de los muchachos su semblante atormentado como si hubiera mirado directamente a los ojos del diablo. En cuanto al otro. Sólo quedaban trozos fragmentos de lo que alguna vez habÃa sido el cuerpo de una persona. Esos pedazos entrelazados en las raÃces del sauce oscuro. Mis abuelos recuerdan perfectamente que aquello fue una escena imposible de olvidar. En ese momento, la gente supo que el sauce oscuro n n tenÃa la capacidad de juzgar quién era bueno y quién era malo. Y no sólo eso, sino que el árbol terminaba con la vida de aquella persona que habÃa obrado mal para cuando mi padre cumplió quince años, ya se habÃan llevado a cabo seis juicios en los que el sauce oscuro habÃa decidido quién debÃa vivir y quién debÃa morir. No todos esos juicios involucraban a dos personas, porque, en caso de que se descubriera que alguien habÃa hecho algo, si existÃa la mÃnima duda de que lo que hizo pudiera haber estado justificado. La decisión se la dejaban al soucio oscuro. Entonces los juicios podÃan ser sólo a una persona. A mi padre y a mi madre también les tocó ser testigos de varios de esos juicios, tanto cuando aún no eran pareja como después. Yo conozco todos esos juicios porque mis abuelos como mis padres me los contaron y de entre todos hay uno que fue el que más me impactó. Cuando mi padre y mi madre ya eran novios e empezar n a crecer pequeños árboles alrededor del sauce oscuro, cosa que no habÃa ocurrido en los más de tres mil años que ese árbol llevaba existiendo. Esos pequeños árboles eran de raÃces largas y sus troncos tenÃan una tonalidad rosada lo que contrastaba de manera rotunda con la apariencia tétrica del sauce oscuro. Aquello era tan extraordinariamente anómalo que pronto se empezó a levantar una sospecha en la localidad. La gente empezó a insinuar que era bastante probable que entre ellos hubiera una bruja. Algunos llevaban los rumores más allá y especulaban que tal vez lo que la bruja querÃa era robar el poder del árbol para utilizarlo con fines nefastos. Quizás esos pequeños árboles de tronco rosado de apariencia tan inocente estaban ahà para estar absorbiendo la esencia y el poder del sauce oscuro. La inquietud y la angustia fueron ganando terreno y fueron acabando con la tranquilidad de la gente de la localidad, quienes ya estaban en el lÃmite de la preocupación. La madre de mi madre logró persuadir a otras mujeres de que debÃan deshacerse de esos pequeños árboles. La teorÃa de mi abuela Materna era que, aunque la bruja permaneciera oculta entre ellos, al menos sin los árboles, su plan de adueñarse del poder del sauce oscuro se verÃa truncado, lo que harÃa que la bruja fuera menos peligrosa. El argumento de mi abuela Materna fue lo suficientemente convincente para que un grupo de mujeres se organizaran, se armaran de valor y fueron al lugar para quemar esos árboles de tronco rosado. Al terminar con esos pequeños árboles, se encontraron con una sorpresa inesperada. Entre las cenizas que dejó el fuego sobresalÃan accesorios que brillaban cosas como aretes, anillos y collares. También encontraron cosas como prendas de ropa. La única conclusión posible, que además era demasiado obvio, era que los objetos les pertenecÃan a las brujas, porque eso de que fuera una sola ya estaba descartado, ya que por las puras tallas de las blusas se notaba que habÃa por lo menos dos o tres brujas. Convocaron a toda la gente de la localidad y les mostraron las evidencias que fueron encontradas entre las cenizas de los árboles quemados. Se les pidió a los presentes que señalaran si reconocÃan alguna de las prendas. Mi padre no reconoció nada, pero mi madre sà con tristeza en sus ojos, pero al mismo tiempo, con una mezcla de miedo y repudio, señaló a una de sus amigas, de hecho, a su mejor amiga entre la multitud. Señalaron a otras cuatro jóvenes claro que los familiares de las cinco señaladas intentaron protestar, pero las pruebas eran tan obvias que defenderlas era imposible. Entonces, las cinco, cuyas edades oscilaban entre los doce y veintitrés años, fueron llevadas ante el sauce oscuro para enfrentar un juicio y, si el árbol asà lo decidÃa, recibirÃan su castigo. Era la primera vez que cinco personas eran sometidas al juicio del árbol. El sauceo oscuro determinó que las cinco eran culpables. Ya se podrán imaginar cuál fue el final que las brujas tuvieron por haber actuado de mala fe. Al parecer, ese juicio fue demasiado intimidante, porque no hubo necesidad de llevar a nadie más a juicio en las siguientes décadas. Desde aquel entonces sólo una persona ha sido llevada ante el sauce oscuro que fue la persona que les dije al principio de mi historia, el anterior representante polÃtico de la localidad. Todo este asunto del sauce se ha mantenido en secreto, no porque la gente se haya puesto de acuerdo para no hablar, sino porque estamos en una localidad aislada, dentro de un municipio muy pequeño, en uno de los Estados menos importantes del paÃs. Aquà nadie tiene celular porque no hay señal ni siquiera hay cobertura de ninguna compañÃa en la cabecera municipal. Ahà sà hay Internet en el único ciber café del lugar y las oficinas del ayuntamiento, pero eso es todo. No hay Internet ni siquiera en las escuelas. Entonces, en realidad, la gente del municipio está muy poco comunicada con el resto del paÃs y la gente de las localidades están mucho más aisladas. Los que tienen más de sesenta años ni siquiera conocen la cabecera municipal. Las localidades son autosuficientes. La gente plantas y animales, los que salen son los que tienen pequeños negocios y van a la cabecera municipal para abastecerse. Pero hasta ahÃ, aquà el turismo es inexistente. La gente que viene de fuera es porque la cabecera municipal les queda de paso. Pero esa gente no va a las a las localidades. Asà que, aparte de la gente de la localidad, nadie habla del sauce oscuro, porque nadie tiene ni la más mÃnima idea de que aquà nosotros tenemos un árbol que hace cosas que los árboles no deberÃan poder hacer. Es por eso que no doy ningún dato concreto de donde vivo, porque, aunque, como es obvio, me interesa que esta historia se conozca Lo que no quiero es que venga ningún curioso, porque ya nos pasó con el señor sanz Ãl no era de aquà y terminó muerto. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








