Los Restos Malditos De Una Bruja Están En Mi Casa Historias De Terror - REDE

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Huesos de Bruja. Este hecho que les comparto, me pasó hace apenas un par de años. Todo comenzó cuando decidà comprar una casa que habÃa sido de mis padres bastantes años atrás. Era una casa pequeña a unos trescientos metros del rÃo Bravo, aunque tenÃa la preparación para un segundo piso e incluso habÃa las escaleras. Era una sola planta. Todo ese sector estaba sin pavimentar. DÃas anteriores de adquirir en el inmueble. Recuerdo que encontré en unas cajas muy viejas y olvidadas una fotografÃa donde estaba con mis hermanos. Estábamos parados frente a esa casa. Ãramos apenas unos niños, si acaso mi hermano mayor tendrÃa unos diez años. Me ganaron los recuerdos. Por eso una mañana me animé a pasar por enfrente de esa casa. Casi cincuenta años después, para mi sorpresa, estaba en venta, aunque claro ya estaba remodelada. Era un poco más grande y de dos pisos, pero observándola bien, aún era la misma construcción. En ese instante se me metió la idea de comprarla, aunque era una casa que no necesitaba. De todos modos, hablé al teléfono que estaba apuntado. Me entrevisté con los dueños, quienes, al paso de unos minutos, llegaron muy amables. Me permitieron entrar a verla. En cuanto estuve parado en medio de aquella casa de mi infancia. Sentà como un flash Me remonté a ese tiempo, cuando tendrÃa unos cinco años, tal vez por la nostalgia que me provocaba o por alguna otra razón. La compré sin importar el precio. Siendo sincero, noté a los ahora antiguos dueños muy alegres como si se hubieran librado de algo que les incomodaba. Cuando cerramos el trato, casi salieron corriendo. Me pareció rara su actitud, pero no le presté mayor atención. Al regresar a casa, volvà a mirar aquella vieja foto. Como ya tengo muchos problemas con mi vista, busqué una lupa grande y con ella me puse a verla detenidamente. Al analizarla bien encontré algunas cosas raras que, estoy seguro, nunca habÃa visto poniéndole mucha atención a la imagen. En una de las ventanas se podÃa distinguir a una mujer que no era mi madre. Estaba parada por dentro de la casa. Su rostro reflejaba una expresión siniestra, como si nos mirara con odio. Uno de mis hermanos, que en ese tiempo tendrÃa algunos cuatro años, está en la foto mirando hacia atrás, rumbo hacia la ventana. Es evidente que miraba a esa mujer por más que forcé mi memoria para saber si me acordaba de ella. Me fue imposible. Volvà a revisar la fotografÃa otra vez y nada cada que la veÃa de nuevo me parecÃa más horrible la mujer. En ese mismo dÃa me fui a visitar alguno de mis hermanos mayores para ver si ellos recordaban algo de ese tiempo, pero se sorprendieron tanto como yo cuando miraron la foto. Nos pusimos a recordar las cosas que nos contaba mi mamá cuando vivÃamos en esa casa, cosas que con el paso de los años ya habÃa olvidado. Mi hermano, Carlos, el más grande, recordó que por las madrugadas se aparecÃa una señora en el patio. Tanto él como mi mamá la llegaron a ver en repetidas ocasiones. Era una señora vestida de negro que cubrÃa su cabeza con un velo. Como tenÃamos, la cerca de madera un poco deteriorada. Las primeras veces pensaron que era una vecina que se habÃa metido, hasta que se convencieron que no era alguien conocido mirar la pared en medio de toda esa oscuridad y a altas horas de la noche les hacÃa pensar que pudiera ser una mujer que otros vecinos también miraban y que aseguraban era una bruja. Pero no sólo pasaba eso en la casa todas las noches. En el cuarto de enfrente, mi mamá miraba una sombra pequeña como de un niño que, conforme avanzaba, se iba haciendo cada vez más grande hasta casi pegar en el techo. Lo que más miedo le daba era que siempre caminaba por entre las camas de todos como si brincara por encima de nosotros, pero sin lastimarnos. Algunas veces nos llegó a despertar una voz de mujer que nunca miramos, pero se sentÃa su presencia. Recuerdo que cuando le contamos a mi mamá siempre nos decÃa que lo habÃamos soñado. Quizá para no asustarnos. También recordamos que en esa casa nació uno de mis hermanos más pequeños. Mi mamá nos platicaba que unos dÃas antes de dar a luz se sentÃa muy mal. No s estaba mi papá porque era mesero y salÃa muy noche. SerÃa alrededor de la una de la mañana cuando se escucharon algunos perros ahullar muy extraño. Su cama estaba junto a la ventana, como no podÃa dormir por los malestares. Claramente escuchó que tocaron el vidrio justamente detrás de ella. Una extraña sensación y un terrible miedo le impidieron voltear. Por segunda vez tocaron en el vidrio de la ventana. Mi mamá, en sus pláticas nos decÃa que ella se imaginaba que era la muerte o aquella señora que se aparecÃa en el patio a la que le decÃan la bruga le daba miedo pensar que esa señora rondaba la casa porque esperaba el momento que naciera el niño. Ella sabÃa que las brujas se robaban a los bebé recién nacidos. A la mañana siguiente, después de pasar una noche tormentosa, se enteró por medio de los vecinos que la señora de la casa de al lado habÃa fallecido durante la noche. Quizá ella se hizo caso a los toquidos y volteó, decÃa mi mamá. Recordamos algunas otras cosas extrañas que nos pasaron puras situaciones paranormales. Asà estuvimos unas horas. Al final no se supo quién era una mujer de la fotografÃa. No aparecÃa en los recuerdos de nadie. Después de que terminamos con los recuerdos, miramos una y otra vez la vieja foto. Cuando estaba por retirarme, les dije a mis hermanos qué habÃa comprado esa casa. De nueva cuenta me voltearon a ver extrañados. Me preguntaron para qué, pero no supe qué contestar. No sabÃa en realidad por qué lo habÃa hecho. Lo único que les dije fue que me habÃa ganado la nostalgia. Platicamos otro rato y me cuestionaron en más de una ocasión que no lo hubiera comprado, pero ya era un hecho. Por eso uno de mis hermanos sugirió que investigaron un poco con los vecinos. Tal vez ellos supieran algo más que nosotros. Asà sabrÃamos quién era esa mujer de la foto. Asà lo hice al dÃa siguiente pasada las diez de la mañana llegué a lo que era mi casa y entré al momento tuve una sensación extraña por el cuerpo. Eso no lo habÃa sentido el dÃa anterior. Cuando estuve por ahÃ, comencé a recordar dónde estaban ubicados los muebles, el lugar de mi cama y la cocina. De nueva cuenta fluyeron los recuerdos. Recordé la vez que a mi mamá se le cayó una tina con agua y en el suelo se fue formando la silueta de la muerte. Después era muy común que mariposas negras enormes aparecieran en el patio. Cuando las querÃamos matar o simplemente espantarlas desaparecÃan. Mi mamá decÃa que esos animales anunciaban la muerte y tenÃa razón. Meses despuns, pues mi hermana más pequeña enfermó y falleció. A partir de ahÃ, mi mamá le pidió muchas veces a mi papá que nos cambiáramos de casa porque ahà habÃa algo maligno, hasta que mucho tiempo después accedió. Cuando entré al último cuarto, donde se suponÃa, estaba el antiguo patio, ahà se metió un gran escalofrÃo. Tuve la intención de salir corriendo, pero ahora era mi casa, aunque no iba a vivir en ella. Era obvio que irÃa de vez en cuando me hice el fuerte y tranquilo, recorrà toda la casa. En la parte de arriba no habÃa mala sensación, no se sentÃa pesado el ambiente, pero al bajar las escaleras todo cambiaba. Después salà a platicar con los vecinos. SabÃa que era difÃcil encontrar a alguien de aquellos años como quiera me atendieron dos personas. Al principio estuvieron un tanto renuentes porque no me conocÃan, pero al platicarles que muchos años atrás habÃamos habitado esa casa, cambiaron su actitud. Una señora que ya tenÃa más de treinta años viviendo enseguida y que era nieta de la dueña de ese domicilio me platicó que conmigo ya éramos cuatro personas las que habitábamos esa casa. Me aseguró que en ella espantaban, porque muchos años atrás, cuando todo ese terreno era parte de un gran monte, ahà tenÃa su viviendo una mujer que decÃan era una bruja. Esa señora se dedicaba a hacer trabajos oscuros, rituales y toda clase de males. Era ahà donde a mitad de la noche, sacrificaba animales para ofrecerlos al diablo. A cambio de favores venÃa gente de todas partes, sobre todo por la madrugada. Las personas que la requerÃan llevaban tierra de panteón y animales como gallinas o sapos, que yo utilizaba para embrujar en ese lugar. La señora hacÃa todos tipo de cosas extrañas, brujerÃas e invocaciones. Por lo tanto, animales y trabajos negros seguramente estaban enterrados a su alrededor. Según se cuenta, me dijo la vecina. Esa bruja murió de una manera tan fea que no me quiso describir. Hicieron un pozo profundo y ahà fue enterrada. Desde entonces, decÃan los viejos de antes. Se aparece sólo para hacer males. Si va a vivir de nuevo aquÃ, lo va a sufrir, si va a rentar la casa, no le van a durar los inquilinos, porque las manifestaciones cada vez son más terribles en esa casa ya han muerto tres personas, todas en extrañas circunstancias. Comentó la vecina conforme me enteraba de las cosas que pasaban. Cada vez me arrepentÃa más de haberla comprado. Les agradecÃa a las personas por toda la información. Cuando me disponÃa a retirarme, me dijo la señora que me faltaba escuchar lo peor. Cuando iban a remodelar la casa e hicieron algunas excavaciones, encontraron huesos estaban a tres metros bajo tierra, aunque estos eran como de dos metros o más y demasiado largos. Aseguraron que eran huesos humanos. Cuando vinieron las autoridades, no se les dijo que seguramente eran los restos de una bruja. Ellos tan sólo recogieron la osamenta y se fueron, pero los que estuvieron presentes dijeron que faltaba la cabeza. Además de un brazo que no encontraron los dueños de ese entonces siguieron construyendo todo el tiempo que tardaron en terminar toda la construcción. Los albañiles aseguraban que escuchaban gritos aterradores. Además, por las mañanas encontraban rastros extraños. Pareciera que en las noches caminaran por todo el terreno. HabÃa huellas no sólo de personas, también de animales y hacÃan pozos como si buera buscaran algo. En ese momento recordé que cuando llovÃa en el patio, siempre se sumÃa la tierra como si hubiera pozos o corrientes de aguas subterráneas. Aunque la rellenaban con escombros, se sumÃa de nuevo Si volvÃa a llover. Convencida de que asà era la vecina, me comentó que lo más seguro era que los huesos de la bruja que faltaban estaban debajo de la antigua construcción donde se habÃa escarbado y si nunca sacan esos huesos, la bruja nunca se va a ir. Me recalcó la señora saqué la fotografÃa y se la mostré. La miró por unos segundos. Primero se persignó, Luego me aseguró que nunca habÃa visto a esa mujer. Me entregó la foto y se metió a su casa sin saber qué hacer o qué pensar. Les hablé a mis hermanos para contarles lo que habÃa averiguado. No contaba con que uno de ellos me dijera que pasáramos una noche en la casa y, dependiendo de lo que que experimentáramos, decidiera qué hacer con ella, si rentarla o venderla. Yo estuve de acuerdo. Por eso, la siguiente noche, mi hermano Juan y yo entramos en la casa. Nos llevamos algunas bebidas con la intención de no dormir para poder comprobar si se escuchaba o se veÃa algo que no fuera de este mundo. Como a las dos de la mañana. Juan estaba platicando a la vez que despertó por la noche, siendo un niño de ocho años aproximadamente. Aunque estaba muy oscuro, miró a alguien parado a su lado, pero lo que le hizo gritar fue el hecho que quien estaba ahà no tenÃa cabeza. Cuando terminó de platicar, le escuchó como algunos trastes cayeron al piso. El sonido casi me hace saltar lo raro era que en la cocina no habÃa trastes ni nada que pudiera caerse y hacer ese ruido. Aún Sabiendo eso, caminamos hacia allá como no encontramos nada tirado. Nos seguimos del arco hasta el último cuarto. Estuvimos ahà unos segundos y nos regresamos no habÃa pasado ni un minuto. Cuando de nueva cuenta se escuchó aquel sonido, algo de lámina como un sartén rebotaba en el piso, nos volteamos a ver, nos asomamos por las ventanas, pensando que el sonido podrÃa venir de afuera, pero todo estaba en Santa Paz luchando por no ser presa del miedo. Decidimos ignorarlo. No entiendo por qué empezamos a recordar a una de nuestras vecinas de aquel tiempo su casa a colindaba con nuestro patio trasero solo lo separaba aquella cerca de madera. Era una persona muy mayor que vivÃa con su esposo. Ellos también habÃan contado que miraban a esa señora por las noches y que algunos ruidos, lamentos e incluso voces se escuchaban en su casa. El caso es que ellos trataron de limpiar la casa llevando a una señora que era conocida como curandera. DÃas después nos levantamos con el alboroto de que se estaba quemando su casa. Lenguas de fuego salÃan de las ventanas, mientras la señora le pedÃa a su esposo que no la dañara. Cuando llegaron los bomberos tumbaron la puerta sofocaron el incendio, pero curiosamente, y a pesar de que la lumbre salÃa por las ventanas, las cortinas no se quemaron. El esposo habÃa muerto por intoxicación. La señora también estaba muerta, pero ella fue agredita con un machete a manos de su esposo, a quien todos conocÃan y consideraban como una persona bastante tranquila e incluso de buen corazón. Todo quedó sin explicación, aunque después de habladurÃas de la gente se aseguró que todo tenÃa que ver con aquella señora que se aparecÃa. Fue su venganza por quererla correr por medio de una limpia de nueva cuenta. Un ruido extraño, no no se sino interrumpió la plática. Pero esta vez no fue un sonido. Cualquiera era un lamento. VenÃa del mismo lugar de la cocina o del último cuarto. Le dije a mi hermano que eso no me gustaba. Ãl se limitó a decir que no tuviera miedo. Luego dijo qué quieres. Esta ya no es tu casa. Yo sorprendido lo miraba. Trataba de decirle que no hiciera eso, pero Juan no se detenÃa. Le gritaba a la bruja que ahora nosotros éramos los dueños de nuevo, que no le tenÃamos miedo y no nos irÃamos de la casa por un rato. Todo quedó en absoluto silencio, aunque habÃa algo, una sensación extraña que me tenÃa nervioso como a las cuatro de la mañana empezó de nuevo algunos golpes. Se empezaron a escuchar. Golpeaban el cemento las paredes. Quizá pero no ubicábamos exactamente en dónde. Con cautela recorrimos todas las habitaciones. Cuando pasábamos por un cuarto se escuchaba en otro y asà sucesivamente. Por eso decidimos separarnos unos metros y poder abarcar dos cuartos a la vez. Yo caminé hasta el final de la casa y mi hermano Juan se quedó en la cocina en un momento que voltea a verlo, me hizo una seña para que fuera. Cuando dio unos pasos, el foco de la cocina tronó dándonos un tremendo susto. Mi hermano salió de prisa de ese cuarto. Cuando nos encontramos me dijo un tanto alterado que era ahà donde se escuchaban los golpes. Me pidió que no me asustara, pero que éstos venÃan del piso. A mà se me hacÃa imposible de creer. Le pedà a mi hermano que no jugara con eso, pero me aseguraba muy serio que era verdad que no estábamos para juegos, para regresar a lo que era la sala o el primer cuarto. TenÃamos que pasar afuera por ahÃ, aunque era un aproximado de tres metros, un miedo muy fuerte me paralizaba y me impedÃa cruzar. Juan me agarró del brazo y me jaló de prisa. Le pedà que nos fuéramos, pero me dijo que no. De nuevo gritó como dirigiéndose a la bruja, que ésta era nuestra casa. Tú no perteneces aquÃ. Gritaba mi hermano y de nueva cuenta todo se volvió un silencio inquietante. No lo voy a negar. Yo estaba espantadÃsimo y le insistà no una varias veces que nos fuéramos cuando parecÃa que todo terminarÃa. Tronó el foco de la sala. Nos quedamos a oscuras. No sabÃamos para dónde caminar cuando empezaron a tocar la ventana de manera insistente, pero como sabÃamos lo que le habÃa pasado a mi mamá, no volteamos hacia allá, No sé, Juan, pero yo me la pasé rezando, asà como estábamos de nendo espaldas hacia la ventana. Nos quedamos hasta que por fin amaneció desvelados, asustados y esperando que toda actividad paranormal desapareciera. Salimos de ahÃ. Yo no estaba dispuesto a pasar una noche más. No regresamos hasta pasados unos quince dÃas, que fuimos a limpiar la casa para poder rentarla. Cuando entramos todavÃa se sentÃa aquella sensación de pesadez. No era necesario quedarnos otra noche para comprobar que la bruja seguÃa siendo la dueña de la casa. Aún estando seguros de eso, la pusimos en renta. No tardó mucho en que un matrimonio joven con dos niños pequeños fueron a ver la casa y la rentaron por los vecinos. Nos enteramos que salieron espantados a los dos dÃas. Aseguraron que una mujer sin cabeza asustaba a sus hijos y por las noches les tocaban las ventanas, escuchaban ruidos y miraban sona. Dejaron todas sus cosas, las cuales, al final del mes mandaron recoger con una mudanza. Mis hermanos me convencieron de que vendiera esa casa para no estar batallando, y asà lo hice. Al paso de unos meses, me llamó una persona interesada al ponernos de acuerdo, me compró la casa, al igual de quienes me la vendieron. Al recibir el pago, salió hu yendo de ahà sin querer saber nada de ella. Obviamente, no le comenté lo que ahà ocurrÃa. Ãl la compró a ciegas, asà como lo habÃa hecho yo. Tal vez como todos lo hacen hasta el dÃa de hoy. Esa casa existe, al igual que la casa de Enseguida, la que se quemó y murieron los ancianos. Ignoro si suceden cosas paranormales, por lo menos, la que fue mi casa se encuentre igual. Por lo mismo, lo más seguro es que esa bruja se siga apareciendo a menos hasta que alguien se anime escarbe y saque sus huesos. Los domingos, cuando me reúno con mis hermanos para almorzar, comentamos cómo pudo ser posible que viviéramos algunos años en ese lugar, haciendo apenas unos niños. La vieja foto aquella que encontré en una caja olvidada y que dio pie para que viviera esa experiencia tan espantosa. En la primera oportunidad que tuve, la destruà tratando de dejar en el pasado todo aquello, aunque sea sólo eso, porque olvidarlo nunca podré. Nunca supimos quién era esa mujer, pero ahora el solo hecho de pensar que estuvimos durmiendo en una casa donde habitaba una bruja y sigamos la mayorÃa vivos. Es una bendición relato escrito y adaptado por gato negro








