Aug. 2, 2023

Los Restos Malditos De Una Bruja Están En Mi Casa Historias De Terror - REDE

Los Restos Malditos De Una Bruja Están En Mi Casa Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Huesos de Bruja. Este hecho que les comparto, me pasó hace apenas un par de años. Todo comenzó cuando decidí comprar una casa que había sido de mis padres bastantes años atrás. Era una casa pequeña a unos trescientos metros del río Bravo, aunque tenía la preparación para un segundo piso e incluso había las escaleras. Era una sola planta. Todo ese sector estaba sin pavimentar. Días anteriores de adquirir en el inmueble. Recuerdo que encontré en unas cajas muy viejas y olvidadas una fotografía donde estaba con mis hermanos. Estábamos parados frente a esa casa. Éramos apenas unos niños, si acaso mi hermano mayor tendría unos diez años. Me ganaron los recuerdos. Por eso una mañana me animé a pasar por enfrente de esa casa. Casi cincuenta años después, para mi sorpresa, estaba en venta, aunque claro ya estaba remodelada. Era un poco más grande y de dos pisos, pero observándola bien, aún era la misma construcción. En ese instante se me metió la idea de comprarla, aunque era una casa que no necesitaba. De todos modos, hablé al teléfono que estaba apuntado. Me entrevisté con los dueños, quienes, al paso de unos minutos, llegaron muy amables. Me permitieron entrar a verla. En cuanto estuve parado en medio de aquella casa de mi infancia. Sentí como un flash Me remonté a ese tiempo, cuando tendría unos cinco años, tal vez por la nostalgia que me provocaba o por alguna otra razón. La compré sin importar el precio. Siendo sincero, noté a los ahora antiguos dueños muy alegres como si se hubieran librado de algo que les incomodaba. Cuando cerramos el trato, casi salieron corriendo. Me pareció rara su actitud, pero no le presté mayor atención. Al regresar a casa, volví a mirar aquella vieja foto. Como ya tengo muchos problemas con mi vista, busqué una lupa grande y con ella me puse a verla detenidamente. Al analizarla bien encontré algunas cosas raras que, estoy seguro, nunca había visto poniéndole mucha atención a la imagen. En una de las ventanas se podía distinguir a una mujer que no era mi madre. Estaba parada por dentro de la casa. Su rostro reflejaba una expresión siniestra, como si nos mirara con odio. Uno de mis hermanos, que en ese tiempo tendría algunos cuatro años, está en la foto mirando hacia atrás, rumbo hacia la ventana. Es evidente que miraba a esa mujer por más que forcé mi memoria para saber si me acordaba de ella. Me fue imposible. Volví a revisar la fotografía otra vez y nada cada que la veía de nuevo me parecía más horrible la mujer. En ese mismo día me fui a visitar alguno de mis hermanos mayores para ver si ellos recordaban algo de ese tiempo, pero se sorprendieron tanto como yo cuando miraron la foto. Nos pusimos a recordar las cosas que nos contaba mi mamá cuando vivíamos en esa casa, cosas que con el paso de los años ya había olvidado. Mi hermano, Carlos, el más grande, recordó que por las madrugadas se aparecía una señora en el patio. Tanto él como mi mamá la llegaron a ver en repetidas ocasiones. Era una señora vestida de negro que cubría su cabeza con un velo. Como teníamos, la cerca de madera un poco deteriorada. Las primeras veces pensaron que era una vecina que se había metido, hasta que se convencieron que no era alguien conocido mirar la pared en medio de toda esa oscuridad y a altas horas de la noche les hacía pensar que pudiera ser una mujer que otros vecinos también miraban y que aseguraban era una bruja. Pero no sólo pasaba eso en la casa todas las noches. En el cuarto de enfrente, mi mamá miraba una sombra pequeña como de un niño que, conforme avanzaba, se iba haciendo cada vez más grande hasta casi pegar en el techo. Lo que más miedo le daba era que siempre caminaba por entre las camas de todos como si brincara por encima de nosotros, pero sin lastimarnos. Algunas veces nos llegó a despertar una voz de mujer que nunca miramos, pero se sentía su presencia. Recuerdo que cuando le contamos a mi mamá siempre nos decía que lo habíamos soñado. Quizá para no asustarnos. También recordamos que en esa casa nació uno de mis hermanos más pequeños. Mi mamá nos platicaba que unos días antes de dar a luz se sentía muy mal. No s estaba mi papá porque era mesero y salía muy noche. Sería alrededor de la una de la mañana cuando se escucharon algunos perros ahullar muy extraño. Su cama estaba junto a la ventana, como no podía dormir por los malestares. Claramente escuchó que tocaron el vidrio justamente detrás de ella. Una extraña sensación y un terrible miedo le impidieron voltear. Por segunda vez tocaron en el vidrio de la ventana. Mi mamá, en sus pláticas nos decía que ella se imaginaba que era la muerte o aquella señora que se aparecía en el patio a la que le decían la bruga le daba miedo pensar que esa señora rondaba la casa porque esperaba el momento que naciera el niño. Ella sabía que las brujas se robaban a los bebé recién nacidos. A la mañana siguiente, después de pasar una noche tormentosa, se enteró por medio de los vecinos que la señora de la casa de al lado había fallecido durante la noche. Quizá ella se hizo caso a los toquidos y volteó, decía mi mamá. Recordamos algunas otras cosas extrañas que nos pasaron puras situaciones paranormales. Así estuvimos unas horas. Al final no se supo quién era una mujer de la fotografía. No aparecía en los recuerdos de nadie. Después de que terminamos con los recuerdos, miramos una y otra vez la vieja foto. Cuando estaba por retirarme, les dije a mis hermanos qué había comprado esa casa. De nueva cuenta me voltearon a ver extrañados. Me preguntaron para qué, pero no supe qué contestar. No sabía en realidad por qué lo había hecho. Lo único que les dije fue que me había ganado la nostalgia. Platicamos otro rato y me cuestionaron en más de una ocasión que no lo hubiera comprado, pero ya era un hecho. Por eso uno de mis hermanos sugirió que investigaron un poco con los vecinos. Tal vez ellos supieran algo más que nosotros. Así sabríamos quién era esa mujer de la foto. Así lo hice al día siguiente pasada las diez de la mañana llegué a lo que era mi casa y entré al momento tuve una sensación extraña por el cuerpo. Eso no lo había sentido el día anterior. Cuando estuve por ahí, comencé a recordar dónde estaban ubicados los muebles, el lugar de mi cama y la cocina. De nueva cuenta fluyeron los recuerdos. Recordé la vez que a mi mamá se le cayó una tina con agua y en el suelo se fue formando la silueta de la muerte. Después era muy común que mariposas negras enormes aparecieran en el patio. Cuando las queríamos matar o simplemente espantarlas desaparecían. Mi mamá decía que esos animales anunciaban la muerte y tenía razón. Meses despuns, pues mi hermana más pequeña enfermó y falleció. A partir de ahí, mi mamá le pidió muchas veces a mi papá que nos cambiáramos de casa porque ahí había algo maligno, hasta que mucho tiempo después accedió. Cuando entré al último cuarto, donde se suponía, estaba el antiguo patio, ahí se metió un gran escalofrío. Tuve la intención de salir corriendo, pero ahora era mi casa, aunque no iba a vivir en ella. Era obvio que iría de vez en cuando me hice el fuerte y tranquilo, recorrí toda la casa. En la parte de arriba no había mala sensación, no se sentía pesado el ambiente, pero al bajar las escaleras todo cambiaba. Después salí a platicar con los vecinos. Sabía que era difícil encontrar a alguien de aquellos años como quiera me atendieron dos personas. Al principio estuvieron un tanto renuentes porque no me conocían, pero al platicarles que muchos años atrás habíamos habitado esa casa, cambiaron su actitud. Una señora que ya tenía más de treinta años viviendo enseguida y que era nieta de la dueña de ese domicilio me platicó que conmigo ya éramos cuatro personas las que habitábamos esa casa. Me aseguró que en ella espantaban, porque muchos años atrás, cuando todo ese terreno era parte de un gran monte, ahí tenía su viviendo una mujer que decían era una bruja. Esa señora se dedicaba a hacer trabajos oscuros, rituales y toda clase de males. Era ahí donde a mitad de la noche, sacrificaba animales para ofrecerlos al diablo. A cambio de favores venía gente de todas partes, sobre todo por la madrugada. Las personas que la requerían llevaban tierra de panteón y animales como gallinas o sapos, que yo utilizaba para embrujar en ese lugar. La señora hacía todos tipo de cosas extrañas, brujerías e invocaciones. Por lo tanto, animales y trabajos negros seguramente estaban enterrados a su alrededor. Según se cuenta, me dijo la vecina. Esa bruja murió de una manera tan fea que no me quiso describir. Hicieron un pozo profundo y ahí fue enterrada. Desde entonces, decían los viejos de antes. Se aparece sólo para hacer males. Si va a vivir de nuevo aquí, lo va a sufrir, si va a rentar la casa, no le van a durar los inquilinos, porque las manifestaciones cada vez son más terribles en esa casa ya han muerto tres personas, todas en extrañas circunstancias. Comentó la vecina conforme me enteraba de las cosas que pasaban. Cada vez me arrepentía más de haberla comprado. Les agradecía a las personas por toda la información. Cuando me disponía a retirarme, me dijo la señora que me faltaba escuchar lo peor. Cuando iban a remodelar la casa e hicieron algunas excavaciones, encontraron huesos estaban a tres metros bajo tierra, aunque estos eran como de dos metros o más y demasiado largos. Aseguraron que eran huesos humanos. Cuando vinieron las autoridades, no se les dijo que seguramente eran los restos de una bruja. Ellos tan sólo recogieron la osamenta y se fueron, pero los que estuvieron presentes dijeron que faltaba la cabeza. Además de un brazo que no encontraron los dueños de ese entonces siguieron construyendo todo el tiempo que tardaron en terminar toda la construcción. Los albañiles aseguraban que escuchaban gritos aterradores. Además, por las mañanas encontraban rastros extraños. Pareciera que en las noches caminaran por todo el terreno. Había huellas no sólo de personas, también de animales y hacían pozos como si buera buscaran algo. En ese momento recordé que cuando llovía en el patio, siempre se sumía la tierra como si hubiera pozos o corrientes de aguas subterráneas. Aunque la rellenaban con escombros, se sumía de nuevo Si volvía a llover. Convencida de que así era la vecina, me comentó que lo más seguro era que los huesos de la bruja que faltaban estaban debajo de la antigua construcción donde se había escarbado y si nunca sacan esos huesos, la bruja nunca se va a ir. Me recalcó la señora saqué la fotografía y se la mostré. La miró por unos segundos. Primero se persignó, Luego me aseguró que nunca había visto a esa mujer. Me entregó la foto y se metió a su casa sin saber qué hacer o qué pensar. Les hablé a mis hermanos para contarles lo que había averiguado. No contaba con que uno de ellos me dijera que pasáramos una noche en la casa y, dependiendo de lo que que experimentáramos, decidiera qué hacer con ella, si rentarla o venderla. Yo estuve de acuerdo. Por eso, la siguiente noche, mi hermano Juan y yo entramos en la casa. Nos llevamos algunas bebidas con la intención de no dormir para poder comprobar si se escuchaba o se veía algo que no fuera de este mundo. Como a las dos de la mañana. Juan estaba platicando a la vez que despertó por la noche, siendo un niño de ocho años aproximadamente. Aunque estaba muy oscuro, miró a alguien parado a su lado, pero lo que le hizo gritar fue el hecho que quien estaba ahí no tenía cabeza. Cuando terminó de platicar, le escuchó como algunos trastes cayeron al piso. El sonido casi me hace saltar lo raro era que en la cocina no había trastes ni nada que pudiera caerse y hacer ese ruido. Aún Sabiendo eso, caminamos hacia allá como no encontramos nada tirado. Nos seguimos del arco hasta el último cuarto. Estuvimos ahí unos segundos y nos regresamos no había pasado ni un minuto. Cuando de nueva cuenta se escuchó aquel sonido, algo de lámina como un sartén rebotaba en el piso, nos volteamos a ver, nos asomamos por las ventanas, pensando que el sonido podría venir de afuera, pero todo estaba en Santa Paz luchando por no ser presa del miedo. Decidimos ignorarlo. No entiendo por qué empezamos a recordar a una de nuestras vecinas de aquel tiempo su casa a colindaba con nuestro patio trasero solo lo separaba aquella cerca de madera. Era una persona muy mayor que vivía con su esposo. Ellos también habían contado que miraban a esa señora por las noches y que algunos ruidos, lamentos e incluso voces se escuchaban en su casa. El caso es que ellos trataron de limpiar la casa llevando a una señora que era conocida como curandera. Días después nos levantamos con el alboroto de que se estaba quemando su casa. Lenguas de fuego salían de las ventanas, mientras la señora le pedía a su esposo que no la dañara. Cuando llegaron los bomberos tumbaron la puerta sofocaron el incendio, pero curiosamente, y a pesar de que la lumbre salía por las ventanas, las cortinas no se quemaron. El esposo había muerto por intoxicación. La señora también estaba muerta, pero ella fue agredita con un machete a manos de su esposo, a quien todos conocían y consideraban como una persona bastante tranquila e incluso de buen corazón. Todo quedó sin explicación, aunque después de habladurías de la gente se aseguró que todo tenía que ver con aquella señora que se aparecía. Fue su venganza por quererla correr por medio de una limpia de nueva cuenta. Un ruido extraño, no no se sino interrumpió la plática. Pero esta vez no fue un sonido. Cualquiera era un lamento. Venía del mismo lugar de la cocina o del último cuarto. Le dije a mi hermano que eso no me gustaba. Él se limitó a decir que no tuviera miedo. Luego dijo qué quieres. Esta ya no es tu casa. Yo sorprendido lo miraba. Trataba de decirle que no hiciera eso, pero Juan no se detenía. Le gritaba a la bruja que ahora nosotros éramos los dueños de nuevo, que no le teníamos miedo y no nos iríamos de la casa por un rato. Todo quedó en absoluto silencio, aunque había algo, una sensación extraña que me tenía nervioso como a las cuatro de la mañana empezó de nuevo algunos golpes. Se empezaron a escuchar. Golpeaban el cemento las paredes. Quizá pero no ubicábamos exactamente en dónde. Con cautela recorrimos todas las habitaciones. Cuando pasábamos por un cuarto se escuchaba en otro y así sucesivamente. Por eso decidimos separarnos unos metros y poder abarcar dos cuartos a la vez. Yo caminé hasta el final de la casa y mi hermano Juan se quedó en la cocina en un momento que voltea a verlo, me hizo una seña para que fuera. Cuando dio unos pasos, el foco de la cocina tronó dándonos un tremendo susto. Mi hermano salió de prisa de ese cuarto. Cuando nos encontramos me dijo un tanto alterado que era ahí donde se escuchaban los golpes. Me pidió que no me asustara, pero que éstos venían del piso. A mí se me hacía imposible de creer. Le pedí a mi hermano que no jugara con eso, pero me aseguraba muy serio que era verdad que no estábamos para juegos, para regresar a lo que era la sala o el primer cuarto. Teníamos que pasar afuera por ahí, aunque era un aproximado de tres metros, un miedo muy fuerte me paralizaba y me impedía cruzar. Juan me agarró del brazo y me jaló de prisa. Le pedí que nos fuéramos, pero me dijo que no. De nuevo gritó como dirigiéndose a la bruja, que ésta era nuestra casa. Tú no perteneces aquí. Gritaba mi hermano y de nueva cuenta todo se volvió un silencio inquietante. No lo voy a negar. Yo estaba espantadísimo y le insistí no una varias veces que nos fuéramos cuando parecía que todo terminaría. Tronó el foco de la sala. Nos quedamos a oscuras. No sabíamos para dónde caminar cuando empezaron a tocar la ventana de manera insistente, pero como sabíamos lo que le había pasado a mi mamá, no volteamos hacia allá, No sé, Juan, pero yo me la pasé rezando, así como estábamos de nendo espaldas hacia la ventana. Nos quedamos hasta que por fin amaneció desvelados, asustados y esperando que toda actividad paranormal desapareciera. Salimos de ahí. Yo no estaba dispuesto a pasar una noche más. No regresamos hasta pasados unos quince días, que fuimos a limpiar la casa para poder rentarla. Cuando entramos todavía se sentía aquella sensación de pesadez. No era necesario quedarnos otra noche para comprobar que la bruja seguía siendo la dueña de la casa. Aún estando seguros de eso, la pusimos en renta. No tardó mucho en que un matrimonio joven con dos niños pequeños fueron a ver la casa y la rentaron por los vecinos. Nos enteramos que salieron espantados a los dos días. Aseguraron que una mujer sin cabeza asustaba a sus hijos y por las noches les tocaban las ventanas, escuchaban ruidos y miraban sona. Dejaron todas sus cosas, las cuales, al final del mes mandaron recoger con una mudanza. Mis hermanos me convencieron de que vendiera esa casa para no estar batallando, y así lo hice. Al paso de unos meses, me llamó una persona interesada al ponernos de acuerdo, me compró la casa, al igual de quienes me la vendieron. Al recibir el pago, salió hu yendo de ahí sin querer saber nada de ella. Obviamente, no le comenté lo que ahí ocurría. Él la compró a ciegas, así como lo había hecho yo. Tal vez como todos lo hacen hasta el día de hoy. Esa casa existe, al igual que la casa de Enseguida, la que se quemó y murieron los ancianos. Ignoro si suceden cosas paranormales, por lo menos, la que fue mi casa se encuentre igual. Por lo mismo, lo más seguro es que esa bruja se siga apareciendo a menos hasta que alguien se anime escarbe y saque sus huesos. Los domingos, cuando me reúno con mis hermanos para almorzar, comentamos cómo pudo ser posible que viviéramos algunos años en ese lugar, haciendo apenas unos niños. La vieja foto aquella que encontré en una caja olvidada y que dio pie para que viviera esa experiencia tan espantosa. En la primera oportunidad que tuve, la destruí tratando de dejar en el pasado todo aquello, aunque sea sólo eso, porque olvidarlo nunca podré. Nunca supimos quién era esa mujer, pero ahora el solo hecho de pensar que estuvimos durmiendo en una casa donde habitaba una bruja y sigamos la mayoría vivos. Es una bendición relato escrito y adaptado por gato negro