Sept. 27, 2023

Los Casi Inmortales Historias De Terror - REDE

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Los casi inmortales. Siempre fui amante de la historia antigua, mientras más atrás, en el tiempo más me llama la atención Sumeria, Egipto, Roma, China. Por eso, cuando entré a leórico colegio militar, supe que lo que yo quería era ser escribiente. Y actualmente tengo más de veinte años trabajando de escribiente dentro del ejército mexicano. No es un trabajo que sea muy conocido. Lo que la población general conoce del ejército son solamente dos cosas, los soldados y los médicos. Pero en realidad hay muchas ramas de trabajo como ingenieros y, como es mi caso, escribiente. Algo que me enseñó. Uno de los maestros que tuve uno que ya falleció hace tiempo, fue que para poder ser un buen escribiente había que leer más allá de las exigencias para que, cuando un alto rango no solicitara un escrito, ese escrito fuera tan sólido que causara una buena impresión a quien lo solicitara, no que sólo cumpliera con lo requerido, sino que fuera un paso más allá. Desde que ese maestro me dijo esas palabras, yo empecé a buscar y rebuscar información en cientos de libros enfocados, sobre todo a la rama militar. Ahora leo de todo, pero en aquel entonces estaba aún estudiando. Es muy importante que escuchen bien lo que les voy a explicar para que entiendan las historias que voy a compartir. En uno de tantos libros, cuyo tema central era cómo los soldados espartanos habían influido sobre todo el mundo griego y sobre cómo esa influencia había cambiado las reglas del juego de aquella época. En ese libro cuyo nombre sinceramente no recuerdo. Después de la plaga que azotó Atenas allá por el cuatrocientos treinta antes de nuestra era y también después de la muerte de Periques, algunos soldados atenienses empezaron a acudir con con las sacerdotisas a solicitar algo peculiar. Ellos querían una especie de garantía respecto a las batallas. Esa petición no estaba enfocada a ganar como tal los enfrentamientos, sino que querían no morir y, en caso de hacerlo, que la muerte no fuera dolorosa. Ante el aumento de este tipo de peticiones, las sacerdotisas desarrollaron algo que cumpliera con cubrir las necesidades de los soldados. Lo que empezaron a hacer fue escribir bendiciones en pedazos de papel. Esas bendiciones eran guardadas por los soldados en alguna pieza de sus armaduras y así se sentían más seguros al ir a una batalla. Cabe aclarar que eso de las bendiciones se mantenía en secreto de forma muy hermética para evitar que la información llegara a los enemigos. Lo que les voy a contar a continuación no lo leí en ese libro, sino que se trata de mis propias deducciones, a las cuales llegado tras muchos años de estudio. Casi trescientos años después, cuando Roma se apoderó de Grecia, la práctica de las bendiciones llevadas a la guerra es adoptada por algunos soldados romanos en algún punto de la historia. El emperador chino Wu de la Dinastía han desarrolló cierto interés en establecer contacto con otras civilizaciones que pudieran estar ubicadas más allá de las fronteras del Oeste, mucho más allá de las aldeas de las tribus bárbaras. Entonces el ejército chino, de forma pacífica, estableció una ruta que atravesaba desde China, pasando por los territorios que hoy son Irán, hasta llegar a los dominios del Imperio Romano. De esa manera, entre el intercambio de culturas, la práctica de las bendiciones salió de Roma y llegó hasta China después. De ahí es sumamente complicado, por no decir imposible seguir el rastro de la práctica de bendiciones en papel. Sin embargo, es un hecho que esas prácticas terminaron llegando al continente americano con los esclavos africanos que trajeron los españoles. Claro que para ese punto la práctica ya se había vuelto todavía más oculta, secreta y hermética, porque el rey de España era un rey católico y eso de andar pidiendo papeles con escritos que le proporcionaban cualidades mágicas al papel se podría considerar brujería, cosa que la Santa Inquisición castigaba con la muerte. Aunque en América todo ese ocultismo, sumado al sincretismo que sufrieron todas las creencias no católicas hicieron que la práctica de las bendiciones fuera cambiando hasta que ya no era una sacerdotisa la que escribiera la bendición en un papel, sino que una bruja era la que escribía la bendición en la piel del solicitante. Y todo esto pudiera aparentar una carencia de fundamentos. Sin embargo, los criminales aquí, de México, de Colombia y del Salvador llevan utilizando esas prácticas desde hace muchas décadas como escribiente. Es muy común que algunos elementos se acerquen conmigo para contarme historias. Su frase siempre es la misma. Tal vez esto te sirva para cuando escribas, y así me he hecho con una considerable recopilación de historias peculiares que les han ocurrido a elementos del ejército de diferentes rangos, desde los que andan de tropa hasta los generales más importantes. Lo más probable es que la inmensa mayoría de todos esos relatos nunca salgan a la luz, porque suelen incluir información que no puede ser revelada, ya que hay operaciones que no son de conocimiento público. Por lo tanto, si yo revelo tales historias, podría meterme en serios problemas. Sin embargo, en esta ocasión puedo compartir tres historias que tienen que ver precisamente con todo lo que les expliqué. Las historias estarán tal cual me las dijeron a mí. Por eso están narradas como si la persona las estuviera contando. Primera historia. Entré al ejército en el dos mil diecisiete, cuando hubo cambio de gobierno. Se hicieron muchos cambios. Sobre todo lo que se hizo fue cambiar elementos de ubicación por aquello de que muchos ya estaban coloidos con los cárteles. En ese cambio, a mí me tocó moverme para aguas calientes en el cuartel al que llegué me tocó quedar bajo el mando del cabo. Herrera era un señor que ya estaba en sus últimos años antes de jubilarse y como todos los que están o han estado en el ejército saben la gran mayoría de las veces, para subir de tropa a cabo hay que ser la mano derecha del cabo que va a dejar el puesto. Así que en una ocasión que el cabo había cometido un error y el sargento estaba llegando para llamarle la atención delante de todos nosotros. Entonces tuve la brillante idea de que en cuanto llegó el sargento gritando y cuestionando al cabo de inmediato di un paso al frente y me eché la culpa. Todos incluyendo al cabo, sin mover demasiado la cabeza. Se me quedaron viendo sin entender lo que estaba haciendo. El sargento se paró frente a mí y me preguntó si yo estaba completamente seguro de lo que estaba diciendo. Respondí que sí. Luego me preguntó si estaba consciente de cuál era la sanción y también respondí que sí. Después de eso, el sargento se fue. La sanción era económica. Se retenía un porcentaje importante del sueldo durante cierta cantidad de meses. Como en ese momento yo no tenía esposa ni hijos. La sanción no me significó algo grave. Después de eso me gané toda la confianza del cabo y aseguré mi subida de rango cuando él se retirara. Desde finales del dos mil diecinueve hasta principios del dos mil veinte se estuvieron dando reportes en diferentes áreas del país en las que los soldados reportaban que las balas no surtían efecto contra los enemigos. El primer reporte y el segundo claro que se tomaron en serio. Pero cuando en un lapso de cuatro meses hubo más ora diez reportes en Estados diferentes, ya no se podía seguir ignorando esa situación. No recuerdo cuáles eran todos los Estados, pero si me acuerdo que había reportes en Zacatecas, Durango, Nayarit y Oaxaca, esa información no era pública ni siquiera dentro de las filas del ejército. A mí me dijo el cabo porque ya me traía de su mano derecha, pero en realidad, muy poca gente sabía. De hecho, ahí en el Cuartel, sólo mi cabo estaba enterado. Los otros cabos no. El cabo sabía por qué. Su hermano, que era sargento, estaba ubicado en Zacatecas, donde hubo uno de esos reportes. En una ocasión, el cabo me dijo que su hermano le contó que en Oaxaca, la Guardia Nacional, mientras andaba detrás de una cabeza pesada del narco, tuvieron un enfrentamiento con las mismas particularidades. Los enemigos no sufrían ningún daño cuando se les disparaba. Cuando los altos mandos de la Guardia na Ons reportaron eso a la secretaría, se les dieron los reportes que el ejército había levantado en los diferentes Estados dándose cuenta que se trataba de algo que no solamente se estaba expandiendo, sino que podía representar una amenaza real. El Hermano del Cabo le dijo que uno de los altos mandos de la Guardia Nacional antes había sido un general muy importante del ejército, que ya le había hecho frente a situaciones que salían del rango de la normalidad y que, cuando andaba en eso, el Gobierno le permitía hacer ciertas cosas. A ese alto mando de la Guardia Nacional le autorizaron armar un grupo con aquellos mismos permisos, con tal de que diera resultados. Contó el Hermano del Cabo que el equipo que formó ese alto mando llegó a la región de Oaxaca, donde habían levantado un reporte. Interrogaron a los militares que hicieron ese reporte. Después se adentraron en la sierra y veinticuatro horas después regresaron al cuartel cargando una bruja muerta que después de que mataron a esa bruja, ya pudieron matar a los criminales a Balazos. Segunda historia. Hace muchos años, cuando yo andaba en mis treintas, nos mandaron a realizar un operativo en la Huazteca del Estado de Hidalgo. El área en el que estábamos acampando estaba cerca de los huertos de un señor ya de avanzada edad. Unos pocos elementos, yo incluido. Solíamos ir hasta la casa de ese señor para que nos permitiera usar su baño, porque aunque uno se acostumbra a hacer sus necesidades en la intemperie, no hay nada como tener la privacidad de un baño. El señor muy amable, siempre nos dejaba pasar. El motivo por el cual estábamos ahí era porque nos habían enviado a encontrar y quemar sembradíos de la hierba, la que se conoce como lechuga del diablo. Un día nos avisan por radio que debemos movernos al cerro del Tecolote. Es un imponente cerro, cubierto de árboles y hasta un río hay en el lugar. Nos iban a mandar para allá porque, al parecer, la persona que organizaba todos los cultivos que nosotros andábamos quemando se escondía en una de las muchas cuevas que había en las inmediaciones de ese cerro. El día que nos andábamos yendo, el señor salió de su propiedad montado en un caballo porque tenía que bajar al pueblo a comprar unas cosas. Se dio cuenta que estábamos quitando el campamento y nos preguntó a dónde íbamos esa información. No la dábamos, pero como ya teníamos casi un mes acampando ahí le habíamos tomado cierta confianza al señor, así que le dijimos entonces. El señor nos comentó que debíamos tener mucho cuidado porque en ese cerro vivía una bruja muy peligrosa. Por respeto, le tomamos la palabra y le dimos las gracias por la advertencia. Claro que no nos tomamos muy en serio lo que nos dijo. Estando en el cerro, mientras nos desplazábamos para encontrar el lugar donde acamparíamos, encontramos un sembradío que estaba camuflado en una ladera muy inclinada. Hicimos lo nuestro y decidimos montar ahí mismo el campamento. Claro, con su respectiva guardia. En la noche de las diez a las doce notamos que había muchas aves volando y haciendo ruido por encima del cerro, cosas que al menos yo no lo veía normal, porque no lo había visto antes. Es importante mencionar que, aunque en conjunto todo el ruido que escuchamos era típico de los pájaros, entre todo ese cúmulo de ruidos mezclados, había uno que nos llamó mucho la atención. Era un ruido que le daba un aire al gruñido que hacen los gatos cuando están enojados y se van a pelear con otro gato. Lo más raro era que el sonido venía de arriba del cielo, donde estaban volando todas las aves en la madrugada. A eso de las dos de la mañana, las aves ya nos sobrevolaron el cerro, El cielo estaba despejado y varios de nosotros estábamos viendo las estrellas. De pronto. Yo noté que una de las estrellas era diferente a las demás, era de color naranja y se movía, cosa que resultaba demasiado extraño. Toqué el hombro del compañero que tenía al lado y le dije sobre eso. Él me respondió nombre. Eso no es una estrella, es una bruja. Mi abuela me contaba que les gustaba hacerse bolas de fuego muy diminutas para engañar y, utilizando su magia, hacen como que se mezclan entre las estrellas, seguí viendo esa supuesta bruja moverse por media hora hasta que simplemente la luz naranja se apagó y ya no vi nada. Antes de las cuatro de la mañana, un extraño ruido nos hizo entrar en la alerta. El sonido provenía de los árboles que estaban relativamente cerca. Algo estaba ahí. Despertamos a los que estaban en su turno de descansar y nos preparamos para enfrentar una posible emboscada. En eso alcanzamos a distinguir a una mujer que salió entre los árboles y se quedó parada mirando en nuestra dirección le grito dintamos que éramos el ejército mexicano y le ordenamos que se acercara a nosotros muy despacio que sí intentaba cualquier cosa. Íbamos a disparar. La mujer movió su cuerpo de una forma muy extraña, como si estuviera contorsionándose. Luego, utilizando sus brazos y piernas, se subió al tronco de un árbol que tenía al lado y la perdimos de vista cuando se mezcló entre las ramas y hojas. Fue una escena irreal. El sargento apuntó su arma y dio un disparo hacia el árbol. En ese momento de entre las hojas y ramas, salió volando un enorme pajarraco y se alejó rumbo a la cima del cerro. Al día siguiente empezamos a revisar las cuevas que íbamos encontrando. Todas estaban vacías. Al tercer día, mientras hacíamos un recorrido, escuchamos que un vehículo se estaba acercando rápido. Nos escondimos entre los árboles y cuando la camioneta estuvo a nuestro alcance, disparamos a las ruedas y salimos todos. Al mismo tiempo rodeando a los que iban en la camioneta los bajamos, les quitamos las armas y los llevamos a nuestro campamento, donde comenzamos a interrogarlos. Queríamos que nos dijeran dónde encontrar el que organizaba todo, pero no decían nada. Debo admitir que aguantaron muy bien el interrogatorio, pero, como siempre pasa, en algún momento ya no podían y empezaron a hablar. Mantuvieron el hecho de que ni siquiera conocían a esa persona. Entonces, al preguntarles qué estaban haciendo en el cerro nos dijeron que iban a visitar a la Bruja. Automáticamente recordamos lo que nos había dicho el señor de la Huerta, eso, de que en el cerro vivía una bruja. Les preguntamos para qué querían ver a una bruja. Lo que nos respondieron era que la Bruja les daba una protección, que los hacía inmunes a las balas, ya que habían escuchado que nosotros andábamos por el lugar. Por eso los habían enviado a pedirle protección a la bruja. Dijeron que la protección se las daba en forma de líquido, que era una especie de agua. Se tenían que poner un poco de esa agua en la frente y con eso quedaban protegidos. Por supuesto, no creímos el general tomó sus armas y al momento en que jaló el gatillo, comprobamos que uno de ellos no era inmune a las balas. Otro dijo que en ese momento no tenían la protección que por eso estaban yendo con la bruja, que lo dejáramos vivir. Nos llevaría al lugar donde se encontraba la bruja. El tipo iba a seguir hablando, pero el sargento lo cayó de un disparo. Así terminó aquello. No nos topamos con más criminales y tampoco encontramos nada en ninguna cueva. Sin embargo, tomando en cuenta que habíamos visto a una mujer moverse de una forma tan extraña antes de que apareciera un enorme pájaro sumado a que esos delincuentes y el señor de la finca mencionaron a una bruja, tal vez y sólo tal vez la mujer que vimos nosotros pudiera haber sido esa bruja nota del escribiente, como pudieron escuchar en las dos historias. Lo que me contaron aquellos elementos. Parece confirmar lo que les dije antes, que miembros del crimen organizado acuden a las brujas para obtener esa protección especial y los vuelve una amenaza bastante grande y difícil de vencer, porque en medio de una balacera, cómo le ganas a alguien que es inmune a las balas. Y así como estos testimonios, tengo otros que hablan de enfrentamientos con criminales que poseen alguna habilidad que no es posible de explicar sin tomar en cuenta la existencia de brujas. Como todo buen mexicano, me sé muchas cosas que se dicen sobre las brujas. Una de esas cosas es que son las brujas las que crean a los nahuales. Por eso me surgió la duda de que si las brujas podían otorgar cierta inmunidad a los humanos, tal vez era posible que también pudieran darles esa misma cualidad a los nahuales. Con esa idea en la cabeza, me puse a releer entre todas las historias raras que tengo anotadas hasta que encontré una que confirmó mi teoría. Tercera historia. En mil novecientos setenta y uno, cuando ya tenía poco de haber ingresado al ejército por azares del destino al cuartel donde yo estaba, llegó una orden había que ir a montar guardia a una zona bastante remota de la ciudad. Un sargento nos mandó llamar a varios soldados para asignarnos esa guardia. Iríamos puros soldados rasos. El sargento no iría con nosotros. De hecho, tampoco iba a ir un cabo. Lo que el sargento nos dijo fue que se estaba construyendo un nuevo cuartel en una ciudad vecina y que, si hacíamos bien, la encomienda a nosotros nos enviarían aquel cuartel. Ya como cabos, eso nos pareció bastante bien, porque subir de rango en el ejército no es algo que sea tan fácil. El sargento asignó como líder a un soldado al que les decíamos el X, porque su apellido era Jiménez con X en lugar de J y como uno de los sargentos se apellidaba Jiménez con J. Al soldado le decíamos el x. Entonces el X. Qué iba a hacer Nuestro líder en aquella guardia le preguntó al sargento cuáles iban a hacerlos pormenores de la misión. Lo que el sargento le respondió fue que, ya teniendo la Guardia montada, podríamos deducir por nuestra cuenta el motivo por el cual nos estaban enviando a aquella zona. Preparamos nuestras cosas, tomamos sus vehículos y antes de irnos, el sargento se acercó al líder y algo le dijo en voz baja. Ninguno del equipo alcanzó a escuchar. Después de eso nos fuimos Cuando salimos de las áreas pobladas, tardamos más de tres horas en llegar hasta el lugar donde teníamos que montar la guardia, improvisamos un campamento y organizamos los turnos en los que todos haríamos descansos. Mientras cenábamos, el líder nos dijo que el sargento le había dicho que si al pasar cuarenta y ocho horas no pasaba nada en el lugar, podíamos retirarnos un compañero. Quiso saber a qué se refería con eso de que si no pasaba nada, el líder dijo que el sargento no se lo especificó, que sólo dijo eso. Otro compañero le preguntó bueno, pero y si pasa algo a lo que el líder le respondió. Nos vamos a quedar aquí hasta que ya no pase nada. Las primeros veinticuatro horas transcurrieron sin ninguna novedad y eso fue lo que estuvimos reportando por radio cada dos horas pasadas. Esas veinticuatro horas ya le tocaba a líder tomarse un descanso, pero antes de retirarse a dormir, nos dijo que si algo pasaba que no avisáramos por radio, que lo despertáramos a él primero y ya él decidiría si avisar o no. Nos pareció una orden medio rara. Pero si esa era la orden, simplemente la íbamos a seguir. Y ya todos los soldados estábamos dispersos en doce binomios. Cuatro de los binomios estaban ubicados a ciento cincuenta metros del campamento, cada uno en direcciones diferentes norte, este sur y oeste. Otros cuatro binomios estaban a cien metros del campamento, pero en las direcciones intermedias noreste, noroeste, sureste y suroeste, los últimos cuatro binomios estaban a cien metros en las direcciones intermedias, es decir, estaban a doscientos metros el campamento. De esa forma, teníamos cubierta un área total de cuatrocientos metros cuadrados alrededor del campamento. Mi vinomio y yo éramos el segundo punto en dirección noroeste, es decir, que estábamos a doscientos metros el campamento. Arteaga se apellidaba mi binomio. Estábamos platicando de cualquier tontería. Cuando me preguntó si yo era un hombre de fe, respondí que desde niño siempre me inculcaron la religión católica, pero en realidad yo nunca me había puesto a reflexionar sobre Dios. Le devolví la pregunta. Entonces me mostró que llevaba consigo un collar con una cruz que le había regalado. Su abuela me dijo que se lo había dado unos días antes de morir y que le dijo que mientras lo llevara puesto nada le pasaría. Yo no conocí a mi abuela porque ella murió antes de que yo naciera y por eso, siempre que alguien mencionaba a su abuela, yo solía hacer preguntas al respeto. Sin embargo, antes de que me vino mio y yo pudiéramos seguir platicando. Escuchamos un fuerte rugido bastante agudo que nos hizo apuntar nuestras armas teniendo el dedo en el gatillo listos para disparar arteaga. Bajó lentamente el arma para acercar su mano a la linterna. La encendió y la apagó dos veces rápidamente. Era nuestra manera de decirle a los binomios cercanos. Estamos al pendiente no nos res respondieron con la misma señal. Los minomios que estaban apostados en dirección norte y los que, al igual que nosotros, estaban en dirección noroeste, pero ubicados en nuestra posición y en el campamento, pero ubicados entre nuestra posición y el campamento. No habían pasado ni cinco minutos cuando el rugido se volvió a escuchar lo que sea que estuviera produciendo ese sonido seguía ahí en algún lugar. El sonido no se volvió a repetir esa noche temprano por la mañana, cuando todos estábamos comiendo un poco. El líder preguntó si alguien había logrado reconocer al animal que se había escuchado durante la madrugada, pero ninguno de nosotros tenía idea de qué tipo de animal habría podido hacer semejante sonido. Los animales salvajes siempre son un peligro, sobre todo si son grandes y rápidos. La mejor manera de que los animales no se conviertan en una amenaza escasándolos. El líder nos mandó a cinco a r arrieros visar los alrededores, no sólo el perímetro, sino más allá para ver si el animal andaba cerca y mandarlo a dormir. Antes de que llegara la noche a un kilómetro de donde había estado apostado un binomio, encontramos unas huellas bastante extrañas. Parecían de una persona descalza, pero con una diferencia imposible de ignorar. Las huellas tenían garras. Regresamos al campamento y le informamos al líder. Él se nos quedó viendo y levantó una ceja. Nos preguntó si estábamos seguros de lo que le estábamos diciendo. Cómo evidentemente, era algo muy difícil de creer. Nos dijo que lo lleváramos para que él pudiera ver las huellas, ya que el líder comprobó lo que le habíamos dicho. Volvimos al campamento, él le comentó a todos que andaba cerca un animal raro, que sin duda alguna era un animal muy grande y de seguro peligroso, que lo más probable era que se tratara de un animal bastante territorial y que por eso nuestra pressa no le agradaba. Al terminar de hablar, volvió a vernos a los que habíamos encontrado la huella y nos dijo verdad. Nosotros no creíamos que las huellas fueran de un animal. Tenían una forma bastante humana, como mucho pudieran ser de un primate, pero los primates no tienen garras. De todas formas. Si el general había nombrado líder al x era por algo así que no le llevamos la contra y respaldamos sus palabras. El líder nos dijo a todos que, durante la guardia nocturna, si tenían, aunque fuera la mínima sospecha de que ese animal pudiera estar cerca para atacarnos, que no dudáramos en dispararle que si resultaba no ser ese animal, que de todas formas, posiblemente el ruido de los disparos pudiera Ahuyentarlo llegó la noche, cuando estaba tomando mi turno de descanso. Me desperté al escuchar disparos. Salí de la casa de campaña con arma en mano. Los otros tres compañeros que también estaban en su turno de descanso igual estaban en alerta. Utilizamos la radio para preguntarle al líder qué debíamos hacer algo aquitado. Nos respondió que fuéramos con el binomio apostado en dirección suroeste y que nos quedáramos ahí. Los cuatro corrimos rápido. Llegamos con el binomio y allí estuvimos los seis cubriendo en todas direcciones, mientras escuchábamos que los demás compañeros estaban en movimiento. Así pasaron diez minutos hasta que el líder dio la orden de que nos concentráramos en el campamento de inmediato. Me di cuenta que faltaba un elemento, el que había sido mi binomio la madrugada que escuchamos, el rugido se suponía que él debió haber estado en el tiempo de descanso, al igual que yo, pero decidió pasarle el turno a otro compañero y por eso no había tomado el descanso. Cuando nos tocaba a los dos, le pregunté al líder dónde estaba. Entonces extendió su mano y nos mostró que tenía el collar que le pertenecía estaba manchado de sangre. El compañero con el que estuvo dijo que una criatura había salido de la nada y se lo había llevado, que los disparos que habíamos escuchado fueron los que él dio intentando detener a la criatura, pero no pudo hacer nada. Como todo estaba demasiado oscuro. El compañero no estaba seguro de haber dado con las balas, pero en caso de que si le hubiera dado, no le causó ningún daño, Todos nos quedamos en silencio. Unos segundos. Entonces el líder habló. Hace ocho meses un grupo de trece elementos desapareció en esta zona. Cuando vinieron a buscarlos, solamente encontraron el vehículo volteado y pedazos de sus cuerpos. Nuestras miradas se centraron en el líder porque se supone que ninguno de nosotros sabía nada sobre el motivo por el cual nos habían enviado ahí. El líder continuó hablando. El Gobierno federal tiene planes para esta zona. Por eso nos enviaron a nosotros para neutralizar a lo que sea que mató al grupo anterior. Eso me dijo el sargento justo antes de partir para acá. Uno de los compañeros le cuestionó el por qué no nos había dicho nada. La respuesta que obtuvo fue que no había palabras para explicarnos que estábamos ahí para matar a una cosa que había sido capaz de despedazar a doce soldados armados. Eso explicaba por qué nos iban a subir de rango a todos. Cuando termináramos la guardia, el líder volvió a hablar. Vamos a esperar a que salga el sol y empezaremos a preparar todo para que al caer nuevamente la noche. Estemos listos para matar a esa cosa. Llegó la noche. El líder nos organizó de la siguiente manera. Él, junto con veintiuno elementos, nos dispersaríamos formando un círculo de doscientos cincuenta metros alrededor del campamento. Ahí se quedaron seis elementos con la instrucción de ir todos juntos, corriendo hacia la primera dirección de la que se escucharan disparos hasta la una de la madrugada. Todo transcurrió sin novedad, hasta que el agudo chirrido resonó por toda el área. La criatura estaba cerca. Podíamos ser atacados en cualquier momento y así pasó de pronto a mi izquierda, a treinta metros de mi posición, Uno de los elementos dio un grito de aviso y empezó a disparar en menos de un segundo. Yo ya había dejado mi punto para correr hacia el compañero listo para disparar. De hecho, vi que todos dejaron sus posiciones para acercarse y ayudar. Sin embargo, tan pronto como me moví tres pasos, pude ver una grotesca criatura, dar un brinco y caer de manera brutal sobre el compañero. En ese momento todo se volvió en Cámara lenta. No sé si fue por la adrenalina o por el terror que el monstruo me causaba. Lo siguiente que les voy a decir, aunque sean muchas cosas. Todo ocurrió en menos de diez segundos. Luego de caer sobre el compañero que le había disparado, la criatura corrió en dirección de otro elemento y le clavó las garras en el estómago. Luego a un elemento que estaba muy cerca lo golpeó con una de sus extremidades haciéndolo caer bruscamente. Yo quería jalar el gatillo y empezar a disparar, pero mi dedo no obedecía. Un compañero que sí estaba disparando. Le acertó un tiro en la cabeza desde una distancia de unos diez metros, pero el impacto no le hizo nada. Lo único que pasó fue que la criatura, tomando una postura de animal a cuatro patas, corrió a toda velocidad hacia él y lo embistió de forma violenta. Los disparos seguían cayendo sobre la bestia, pero parecía que era inmune a todo daño. Mientras yo seguía congelado sin siquiera poder correr para ponerme a salvo. Los demás elementos estaban siendo masacrados. Vi cómo esa cosa le arrancó la pierna a alguien uno por uno. Ese monstruo fue matando a todos los celos. Creía que sólo quedaba yo de pie. De hecho, esa cosa volteó a verme, pero antes de que se lanzara contra mí, el líder comenzó a gritarle y a dispararle mientras le escupía todos los insultos que se sabía la criatura. Cuando volteó a verme, estaba erguida sobre sus dos patas. Tomó postura de animal a cuatro patas y empezó a caminar muy despacio hacia el líder mientras recibía los impactos de bala sin que le hicieran daño. En eso hubo una explosión tan fuerte que perdí el conocimiento. Cuando desperté lo hice de golpe y muy agitado. Ya había salido el sol. A unos cuantos pasos de distancia estaba el líder sentado sobre una piedra. Él volteó a verme y me habló eres un desgraciado. Con mucha suerte, esa cosa te ignoró tal vez por qué no le disparaste ni una sola tita, vez o tal vez porque te orinaste encima da igual felicidades. Solo tú y yo quedaban vivos con mucha dificultad. Me puse de pie y vi que efectivamente había matado a más de veinte hombres, pero no veía el cadáver de la criatura por ninguna parte. Volté con el líder y sin voltear a verme, me dijo era humano. Esa muta cosa era humano. Por ahí, en algún lugar están sus pedazos mezclados con los restos de los soldados. Lo que me estaba diciendo no tenía ningún sentido. Yo había visto esa cosa. La tuve a menos de cinco metros de distancia. Era un monstruo, no tenía nada de humano. El líder volvió a verme y me dijo que cuando lo hizo volar en pedazos con las granadas quedaron partes del monstruo. Por todos lados, pero cuando empezó a salir el sol, todas esas partes se transformaron en partes humanas. También me dijo que ya había informado por radio que la misión había concluido y que no tardaban en llegar por nosotros. Cuando estuvimos de regreso en el cuartel a l l a mí me lle a r r a una sala de interrogatorios, mientras que al líder lo llevaron con el general. Un par de oficiales de alto rango. Fueron quienes me interrogaron. Yo les describí todo lo que vi Cuando terminé de relatarles lo ocurrido. Uno de ellos me dijo muy bien. Ahora vas a decirnos la verdad, porque el elemento Jiménez nos dijo que mientras todos se enfrentaban la emboscada, tú te quedaste congelado del miedo. Cuando el oficial mencionó la palabra emboscada, supe lo que me iba a pasar. Fui sometido a procedimientos torturosos por nueve horas hasta que me obligaron a memorizarme la versión que ellos querían que describiera como declaración. Lo que firmé con puño y letra fue que, estando en la zona, habíamos sido emboscados por un grupo de cincuenta enemigos que todos peleamos hasta lograr neutralizar la amenaza que, desafortunadamente, sólo mi líder y yo habíamos logrado salir con vida. Cuando finalmente firmé lo que o los oficiales me ordenaron, fui sacado de la sala de interrogatorios y llevado a que me revisaron médico. Después de tantos años. Esta es la primera vez que tengo el valor de contar la verdad de lo que pasó en aquella zona. Y lo hago porque ha pasado mucho tiempo desde que dejé el ejército. En cuanto al x lo último que supe de él fue que sí lo ascendieron de rango y se lo llevaron a Chihuahua. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras