Los Casi Inmortales Historias De Terror - REDE

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Los casi inmortales. Siempre fui amante de la historia antigua, mientras más atrás, en el tiempo más me llama la atención Sumeria, Egipto, Roma, China. Por eso, cuando entré a leórico colegio militar, supe que lo que yo querÃa era ser escribiente. Y actualmente tengo más de veinte años trabajando de escribiente dentro del ejército mexicano. No es un trabajo que sea muy conocido. Lo que la población general conoce del ejército son solamente dos cosas, los soldados y los médicos. Pero en realidad hay muchas ramas de trabajo como ingenieros y, como es mi caso, escribiente. Algo que me enseñó. Uno de los maestros que tuve uno que ya falleció hace tiempo, fue que para poder ser un buen escribiente habÃa que leer más allá de las exigencias para que, cuando un alto rango no solicitara un escrito, ese escrito fuera tan sólido que causara una buena impresión a quien lo solicitara, no que sólo cumpliera con lo requerido, sino que fuera un paso más allá. Desde que ese maestro me dijo esas palabras, yo empecé a buscar y rebuscar información en cientos de libros enfocados, sobre todo a la rama militar. Ahora leo de todo, pero en aquel entonces estaba aún estudiando. Es muy importante que escuchen bien lo que les voy a explicar para que entiendan las historias que voy a compartir. En uno de tantos libros, cuyo tema central era cómo los soldados espartanos habÃan influido sobre todo el mundo griego y sobre cómo esa influencia habÃa cambiado las reglas del juego de aquella época. En ese libro cuyo nombre sinceramente no recuerdo. Después de la plaga que azotó Atenas allá por el cuatrocientos treinta antes de nuestra era y también después de la muerte de Periques, algunos soldados atenienses empezaron a acudir con con las sacerdotisas a solicitar algo peculiar. Ellos querÃan una especie de garantÃa respecto a las batallas. Esa petición no estaba enfocada a ganar como tal los enfrentamientos, sino que querÃan no morir y, en caso de hacerlo, que la muerte no fuera dolorosa. Ante el aumento de este tipo de peticiones, las sacerdotisas desarrollaron algo que cumpliera con cubrir las necesidades de los soldados. Lo que empezaron a hacer fue escribir bendiciones en pedazos de papel. Esas bendiciones eran guardadas por los soldados en alguna pieza de sus armaduras y asà se sentÃan más seguros al ir a una batalla. Cabe aclarar que eso de las bendiciones se mantenÃa en secreto de forma muy hermética para evitar que la información llegara a los enemigos. Lo que les voy a contar a continuación no lo leà en ese libro, sino que se trata de mis propias deducciones, a las cuales llegado tras muchos años de estudio. Casi trescientos años después, cuando Roma se apoderó de Grecia, la práctica de las bendiciones llevadas a la guerra es adoptada por algunos soldados romanos en algún punto de la historia. El emperador chino Wu de la DinastÃa han desarrolló cierto interés en establecer contacto con otras civilizaciones que pudieran estar ubicadas más allá de las fronteras del Oeste, mucho más allá de las aldeas de las tribus bárbaras. Entonces el ejército chino, de forma pacÃfica, estableció una ruta que atravesaba desde China, pasando por los territorios que hoy son Irán, hasta llegar a los dominios del Imperio Romano. De esa manera, entre el intercambio de culturas, la práctica de las bendiciones salió de Roma y llegó hasta China después. De ahà es sumamente complicado, por no decir imposible seguir el rastro de la práctica de bendiciones en papel. Sin embargo, es un hecho que esas prácticas terminaron llegando al continente americano con los esclavos africanos que trajeron los españoles. Claro que para ese punto la práctica ya se habÃa vuelto todavÃa más oculta, secreta y hermética, porque el rey de España era un rey católico y eso de andar pidiendo papeles con escritos que le proporcionaban cualidades mágicas al papel se podrÃa considerar brujerÃa, cosa que la Santa Inquisición castigaba con la muerte. Aunque en América todo ese ocultismo, sumado al sincretismo que sufrieron todas las creencias no católicas hicieron que la práctica de las bendiciones fuera cambiando hasta que ya no era una sacerdotisa la que escribiera la bendición en un papel, sino que una bruja era la que escribÃa la bendición en la piel del solicitante. Y todo esto pudiera aparentar una carencia de fundamentos. Sin embargo, los criminales aquÃ, de México, de Colombia y del Salvador llevan utilizando esas prácticas desde hace muchas décadas como escribiente. Es muy común que algunos elementos se acerquen conmigo para contarme historias. Su frase siempre es la misma. Tal vez esto te sirva para cuando escribas, y asà me he hecho con una considerable recopilación de historias peculiares que les han ocurrido a elementos del ejército de diferentes rangos, desde los que andan de tropa hasta los generales más importantes. Lo más probable es que la inmensa mayorÃa de todos esos relatos nunca salgan a la luz, porque suelen incluir información que no puede ser revelada, ya que hay operaciones que no son de conocimiento público. Por lo tanto, si yo revelo tales historias, podrÃa meterme en serios problemas. Sin embargo, en esta ocasión puedo compartir tres historias que tienen que ver precisamente con todo lo que les expliqué. Las historias estarán tal cual me las dijeron a mÃ. Por eso están narradas como si la persona las estuviera contando. Primera historia. Entré al ejército en el dos mil diecisiete, cuando hubo cambio de gobierno. Se hicieron muchos cambios. Sobre todo lo que se hizo fue cambiar elementos de ubicación por aquello de que muchos ya estaban coloidos con los cárteles. En ese cambio, a mà me tocó moverme para aguas calientes en el cuartel al que llegué me tocó quedar bajo el mando del cabo. Herrera era un señor que ya estaba en sus últimos años antes de jubilarse y como todos los que están o han estado en el ejército saben la gran mayorÃa de las veces, para subir de tropa a cabo hay que ser la mano derecha del cabo que va a dejar el puesto. Asà que en una ocasión que el cabo habÃa cometido un error y el sargento estaba llegando para llamarle la atención delante de todos nosotros. Entonces tuve la brillante idea de que en cuanto llegó el sargento gritando y cuestionando al cabo de inmediato di un paso al frente y me eché la culpa. Todos incluyendo al cabo, sin mover demasiado la cabeza. Se me quedaron viendo sin entender lo que estaba haciendo. El sargento se paró frente a mà y me preguntó si yo estaba completamente seguro de lo que estaba diciendo. Respondà que sÃ. Luego me preguntó si estaba consciente de cuál era la sanción y también respondà que sÃ. Después de eso, el sargento se fue. La sanción era económica. Se retenÃa un porcentaje importante del sueldo durante cierta cantidad de meses. Como en ese momento yo no tenÃa esposa ni hijos. La sanción no me significó algo grave. Después de eso me gané toda la confianza del cabo y aseguré mi subida de rango cuando él se retirara. Desde finales del dos mil diecinueve hasta principios del dos mil veinte se estuvieron dando reportes en diferentes áreas del paÃs en las que los soldados reportaban que las balas no surtÃan efecto contra los enemigos. El primer reporte y el segundo claro que se tomaron en serio. Pero cuando en un lapso de cuatro meses hubo más ora diez reportes en Estados diferentes, ya no se podÃa seguir ignorando esa situación. No recuerdo cuáles eran todos los Estados, pero si me acuerdo que habÃa reportes en Zacatecas, Durango, Nayarit y Oaxaca, esa información no era pública ni siquiera dentro de las filas del ejército. A mà me dijo el cabo porque ya me traÃa de su mano derecha, pero en realidad, muy poca gente sabÃa. De hecho, ahà en el Cuartel, sólo mi cabo estaba enterado. Los otros cabos no. El cabo sabÃa por qué. Su hermano, que era sargento, estaba ubicado en Zacatecas, donde hubo uno de esos reportes. En una ocasión, el cabo me dijo que su hermano le contó que en Oaxaca, la Guardia Nacional, mientras andaba detrás de una cabeza pesada del narco, tuvieron un enfrentamiento con las mismas particularidades. Los enemigos no sufrÃan ningún daño cuando se les disparaba. Cuando los altos mandos de la Guardia na Ons reportaron eso a la secretarÃa, se les dieron los reportes que el ejército habÃa levantado en los diferentes Estados dándose cuenta que se trataba de algo que no solamente se estaba expandiendo, sino que podÃa representar una amenaza real. El Hermano del Cabo le dijo que uno de los altos mandos de la Guardia Nacional antes habÃa sido un general muy importante del ejército, que ya le habÃa hecho frente a situaciones que salÃan del rango de la normalidad y que, cuando andaba en eso, el Gobierno le permitÃa hacer ciertas cosas. A ese alto mando de la Guardia Nacional le autorizaron armar un grupo con aquellos mismos permisos, con tal de que diera resultados. Contó el Hermano del Cabo que el equipo que formó ese alto mando llegó a la región de Oaxaca, donde habÃan levantado un reporte. Interrogaron a los militares que hicieron ese reporte. Después se adentraron en la sierra y veinticuatro horas después regresaron al cuartel cargando una bruja muerta que después de que mataron a esa bruja, ya pudieron matar a los criminales a Balazos. Segunda historia. Hace muchos años, cuando yo andaba en mis treintas, nos mandaron a realizar un operativo en la Huazteca del Estado de Hidalgo. El área en el que estábamos acampando estaba cerca de los huertos de un señor ya de avanzada edad. Unos pocos elementos, yo incluido. SolÃamos ir hasta la casa de ese señor para que nos permitiera usar su baño, porque aunque uno se acostumbra a hacer sus necesidades en la intemperie, no hay nada como tener la privacidad de un baño. El señor muy amable, siempre nos dejaba pasar. El motivo por el cual estábamos ahà era porque nos habÃan enviado a encontrar y quemar sembradÃos de la hierba, la que se conoce como lechuga del diablo. Un dÃa nos avisan por radio que debemos movernos al cerro del Tecolote. Es un imponente cerro, cubierto de árboles y hasta un rÃo hay en el lugar. Nos iban a mandar para allá porque, al parecer, la persona que organizaba todos los cultivos que nosotros andábamos quemando se escondÃa en una de las muchas cuevas que habÃa en las inmediaciones de ese cerro. El dÃa que nos andábamos yendo, el señor salió de su propiedad montado en un caballo porque tenÃa que bajar al pueblo a comprar unas cosas. Se dio cuenta que estábamos quitando el campamento y nos preguntó a dónde Ãbamos esa información. No la dábamos, pero como ya tenÃamos casi un mes acampando ahà le habÃamos tomado cierta confianza al señor, asà que le dijimos entonces. El señor nos comentó que debÃamos tener mucho cuidado porque en ese cerro vivÃa una bruja muy peligrosa. Por respeto, le tomamos la palabra y le dimos las gracias por la advertencia. Claro que no nos tomamos muy en serio lo que nos dijo. Estando en el cerro, mientras nos desplazábamos para encontrar el lugar donde acamparÃamos, encontramos un sembradÃo que estaba camuflado en una ladera muy inclinada. Hicimos lo nuestro y decidimos montar ahà mismo el campamento. Claro, con su respectiva guardia. En la noche de las diez a las doce notamos que habÃa muchas aves volando y haciendo ruido por encima del cerro, cosas que al menos yo no lo veÃa normal, porque no lo habÃa visto antes. Es importante mencionar que, aunque en conjunto todo el ruido que escuchamos era tÃpico de los pájaros, entre todo ese cúmulo de ruidos mezclados, habÃa uno que nos llamó mucho la atención. Era un ruido que le daba un aire al gruñido que hacen los gatos cuando están enojados y se van a pelear con otro gato. Lo más raro era que el sonido venÃa de arriba del cielo, donde estaban volando todas las aves en la madrugada. A eso de las dos de la mañana, las aves ya nos sobrevolaron el cerro, El cielo estaba despejado y varios de nosotros estábamos viendo las estrellas. De pronto. Yo noté que una de las estrellas era diferente a las demás, era de color naranja y se movÃa, cosa que resultaba demasiado extraño. Toqué el hombro del compañero que tenÃa al lado y le dije sobre eso. Ãl me respondió nombre. Eso no es una estrella, es una bruja. Mi abuela me contaba que les gustaba hacerse bolas de fuego muy diminutas para engañar y, utilizando su magia, hacen como que se mezclan entre las estrellas, seguà viendo esa supuesta bruja moverse por media hora hasta que simplemente la luz naranja se apagó y ya no vi nada. Antes de las cuatro de la mañana, un extraño ruido nos hizo entrar en la alerta. El sonido provenÃa de los árboles que estaban relativamente cerca. Algo estaba ahÃ. Despertamos a los que estaban en su turno de descansar y nos preparamos para enfrentar una posible emboscada. En eso alcanzamos a distinguir a una mujer que salió entre los árboles y se quedó parada mirando en nuestra dirección le grito dintamos que éramos el ejército mexicano y le ordenamos que se acercara a nosotros muy despacio que sà intentaba cualquier cosa. Ãbamos a disparar. La mujer movió su cuerpo de una forma muy extraña, como si estuviera contorsionándose. Luego, utilizando sus brazos y piernas, se subió al tronco de un árbol que tenÃa al lado y la perdimos de vista cuando se mezcló entre las ramas y hojas. Fue una escena irreal. El sargento apuntó su arma y dio un disparo hacia el árbol. En ese momento de entre las hojas y ramas, salió volando un enorme pajarraco y se alejó rumbo a la cima del cerro. Al dÃa siguiente empezamos a revisar las cuevas que Ãbamos encontrando. Todas estaban vacÃas. Al tercer dÃa, mientras hacÃamos un recorrido, escuchamos que un vehÃculo se estaba acercando rápido. Nos escondimos entre los árboles y cuando la camioneta estuvo a nuestro alcance, disparamos a las ruedas y salimos todos. Al mismo tiempo rodeando a los que iban en la camioneta los bajamos, les quitamos las armas y los llevamos a nuestro campamento, donde comenzamos a interrogarlos. QuerÃamos que nos dijeran dónde encontrar el que organizaba todo, pero no decÃan nada. Debo admitir que aguantaron muy bien el interrogatorio, pero, como siempre pasa, en algún momento ya no podÃan y empezaron a hablar. Mantuvieron el hecho de que ni siquiera conocÃan a esa persona. Entonces, al preguntarles qué estaban haciendo en el cerro nos dijeron que iban a visitar a la Bruja. Automáticamente recordamos lo que nos habÃa dicho el señor de la Huerta, eso, de que en el cerro vivÃa una bruja. Les preguntamos para qué querÃan ver a una bruja. Lo que nos respondieron era que la Bruja les daba una protección, que los hacÃa inmunes a las balas, ya que habÃan escuchado que nosotros andábamos por el lugar. Por eso los habÃan enviado a pedirle protección a la bruja. Dijeron que la protección se las daba en forma de lÃquido, que era una especie de agua. Se tenÃan que poner un poco de esa agua en la frente y con eso quedaban protegidos. Por supuesto, no creÃmos el general tomó sus armas y al momento en que jaló el gatillo, comprobamos que uno de ellos no era inmune a las balas. Otro dijo que en ese momento no tenÃan la protección que por eso estaban yendo con la bruja, que lo dejáramos vivir. Nos llevarÃa al lugar donde se encontraba la bruja. El tipo iba a seguir hablando, pero el sargento lo cayó de un disparo. Asà terminó aquello. No nos topamos con más criminales y tampoco encontramos nada en ninguna cueva. Sin embargo, tomando en cuenta que habÃamos visto a una mujer moverse de una forma tan extraña antes de que apareciera un enorme pájaro sumado a que esos delincuentes y el señor de la finca mencionaron a una bruja, tal vez y sólo tal vez la mujer que vimos nosotros pudiera haber sido esa bruja nota del escribiente, como pudieron escuchar en las dos historias. Lo que me contaron aquellos elementos. Parece confirmar lo que les dije antes, que miembros del crimen organizado acuden a las brujas para obtener esa protección especial y los vuelve una amenaza bastante grande y difÃcil de vencer, porque en medio de una balacera, cómo le ganas a alguien que es inmune a las balas. Y asà como estos testimonios, tengo otros que hablan de enfrentamientos con criminales que poseen alguna habilidad que no es posible de explicar sin tomar en cuenta la existencia de brujas. Como todo buen mexicano, me sé muchas cosas que se dicen sobre las brujas. Una de esas cosas es que son las brujas las que crean a los nahuales. Por eso me surgió la duda de que si las brujas podÃan otorgar cierta inmunidad a los humanos, tal vez era posible que también pudieran darles esa misma cualidad a los nahuales. Con esa idea en la cabeza, me puse a releer entre todas las historias raras que tengo anotadas hasta que encontré una que confirmó mi teorÃa. Tercera historia. En mil novecientos setenta y uno, cuando ya tenÃa poco de haber ingresado al ejército por azares del destino al cuartel donde yo estaba, llegó una orden habÃa que ir a montar guardia a una zona bastante remota de la ciudad. Un sargento nos mandó llamar a varios soldados para asignarnos esa guardia. IrÃamos puros soldados rasos. El sargento no irÃa con nosotros. De hecho, tampoco iba a ir un cabo. Lo que el sargento nos dijo fue que se estaba construyendo un nuevo cuartel en una ciudad vecina y que, si hacÃamos bien, la encomienda a nosotros nos enviarÃan aquel cuartel. Ya como cabos, eso nos pareció bastante bien, porque subir de rango en el ejército no es algo que sea tan fácil. El sargento asignó como lÃder a un soldado al que les decÃamos el X, porque su apellido era Jiménez con X en lugar de J y como uno de los sargentos se apellidaba Jiménez con J. Al soldado le decÃamos el x. Entonces el X. Qué iba a hacer Nuestro lÃder en aquella guardia le preguntó al sargento cuáles iban a hacerlos pormenores de la misión. Lo que el sargento le respondió fue que, ya teniendo la Guardia montada, podrÃamos deducir por nuestra cuenta el motivo por el cual nos estaban enviando a aquella zona. Preparamos nuestras cosas, tomamos sus vehÃculos y antes de irnos, el sargento se acercó al lÃder y algo le dijo en voz baja. Ninguno del equipo alcanzó a escuchar. Después de eso nos fuimos Cuando salimos de las áreas pobladas, tardamos más de tres horas en llegar hasta el lugar donde tenÃamos que montar la guardia, improvisamos un campamento y organizamos los turnos en los que todos harÃamos descansos. Mientras cenábamos, el lÃder nos dijo que el sargento le habÃa dicho que si al pasar cuarenta y ocho horas no pasaba nada en el lugar, podÃamos retirarnos un compañero. Quiso saber a qué se referÃa con eso de que si no pasaba nada, el lÃder dijo que el sargento no se lo especificó, que sólo dijo eso. Otro compañero le preguntó bueno, pero y si pasa algo a lo que el lÃder le respondió. Nos vamos a quedar aquà hasta que ya no pase nada. Las primeros veinticuatro horas transcurrieron sin ninguna novedad y eso fue lo que estuvimos reportando por radio cada dos horas pasadas. Esas veinticuatro horas ya le tocaba a lÃder tomarse un descanso, pero antes de retirarse a dormir, nos dijo que si algo pasaba que no avisáramos por radio, que lo despertáramos a él primero y ya él decidirÃa si avisar o no. Nos pareció una orden medio rara. Pero si esa era la orden, simplemente la Ãbamos a seguir. Y ya todos los soldados estábamos dispersos en doce binomios. Cuatro de los binomios estaban ubicados a ciento cincuenta metros del campamento, cada uno en direcciones diferentes norte, este sur y oeste. Otros cuatro binomios estaban a cien metros del campamento, pero en las direcciones intermedias noreste, noroeste, sureste y suroeste, los últimos cuatro binomios estaban a cien metros en las direcciones intermedias, es decir, estaban a doscientos metros el campamento. De esa forma, tenÃamos cubierta un área total de cuatrocientos metros cuadrados alrededor del campamento. Mi vinomio y yo éramos el segundo punto en dirección noroeste, es decir, que estábamos a doscientos metros el campamento. Arteaga se apellidaba mi binomio. Estábamos platicando de cualquier tonterÃa. Cuando me preguntó si yo era un hombre de fe, respondà que desde niño siempre me inculcaron la religión católica, pero en realidad yo nunca me habÃa puesto a reflexionar sobre Dios. Le devolvà la pregunta. Entonces me mostró que llevaba consigo un collar con una cruz que le habÃa regalado. Su abuela me dijo que se lo habÃa dado unos dÃas antes de morir y que le dijo que mientras lo llevara puesto nada le pasarÃa. Yo no conocà a mi abuela porque ella murió antes de que yo naciera y por eso, siempre que alguien mencionaba a su abuela, yo solÃa hacer preguntas al respeto. Sin embargo, antes de que me vino mio y yo pudiéramos seguir platicando. Escuchamos un fuerte rugido bastante agudo que nos hizo apuntar nuestras armas teniendo el dedo en el gatillo listos para disparar arteaga. Bajó lentamente el arma para acercar su mano a la linterna. La encendió y la apagó dos veces rápidamente. Era nuestra manera de decirle a los binomios cercanos. Estamos al pendiente no nos res respondieron con la misma señal. Los minomios que estaban apostados en dirección norte y los que, al igual que nosotros, estaban en dirección noroeste, pero ubicados en nuestra posición y en el campamento, pero ubicados entre nuestra posición y el campamento. No habÃan pasado ni cinco minutos cuando el rugido se volvió a escuchar lo que sea que estuviera produciendo ese sonido seguÃa ahà en algún lugar. El sonido no se volvió a repetir esa noche temprano por la mañana, cuando todos estábamos comiendo un poco. El lÃder preguntó si alguien habÃa logrado reconocer al animal que se habÃa escuchado durante la madrugada, pero ninguno de nosotros tenÃa idea de qué tipo de animal habrÃa podido hacer semejante sonido. Los animales salvajes siempre son un peligro, sobre todo si son grandes y rápidos. La mejor manera de que los animales no se conviertan en una amenaza escasándolos. El lÃder nos mandó a cinco a r arrieros visar los alrededores, no sólo el perÃmetro, sino más allá para ver si el animal andaba cerca y mandarlo a dormir. Antes de que llegara la noche a un kilómetro de donde habÃa estado apostado un binomio, encontramos unas huellas bastante extrañas. ParecÃan de una persona descalza, pero con una diferencia imposible de ignorar. Las huellas tenÃan garras. Regresamos al campamento y le informamos al lÃder. Ãl se nos quedó viendo y levantó una ceja. Nos preguntó si estábamos seguros de lo que le estábamos diciendo. Cómo evidentemente, era algo muy difÃcil de creer. Nos dijo que lo lleváramos para que él pudiera ver las huellas, ya que el lÃder comprobó lo que le habÃamos dicho. Volvimos al campamento, él le comentó a todos que andaba cerca un animal raro, que sin duda alguna era un animal muy grande y de seguro peligroso, que lo más probable era que se tratara de un animal bastante territorial y que por eso nuestra pressa no le agradaba. Al terminar de hablar, volvió a vernos a los que habÃamos encontrado la huella y nos dijo verdad. Nosotros no creÃamos que las huellas fueran de un animal. TenÃan una forma bastante humana, como mucho pudieran ser de un primate, pero los primates no tienen garras. De todas formas. Si el general habÃa nombrado lÃder al x era por algo asà que no le llevamos la contra y respaldamos sus palabras. El lÃder nos dijo a todos que, durante la guardia nocturna, si tenÃan, aunque fuera la mÃnima sospecha de que ese animal pudiera estar cerca para atacarnos, que no dudáramos en dispararle que si resultaba no ser ese animal, que de todas formas, posiblemente el ruido de los disparos pudiera Ahuyentarlo llegó la noche, cuando estaba tomando mi turno de descanso. Me desperté al escuchar disparos. Salà de la casa de campaña con arma en mano. Los otros tres compañeros que también estaban en su turno de descanso igual estaban en alerta. Utilizamos la radio para preguntarle al lÃder qué debÃamos hacer algo aquitado. Nos respondió que fuéramos con el binomio apostado en dirección suroeste y que nos quedáramos ahÃ. Los cuatro corrimos rápido. Llegamos con el binomio y allà estuvimos los seis cubriendo en todas direcciones, mientras escuchábamos que los demás compañeros estaban en movimiento. Asà pasaron diez minutos hasta que el lÃder dio la orden de que nos concentráramos en el campamento de inmediato. Me di cuenta que faltaba un elemento, el que habÃa sido mi binomio la madrugada que escuchamos, el rugido se suponÃa que él debió haber estado en el tiempo de descanso, al igual que yo, pero decidió pasarle el turno a otro compañero y por eso no habÃa tomado el descanso. Cuando nos tocaba a los dos, le pregunté al lÃder dónde estaba. Entonces extendió su mano y nos mostró que tenÃa el collar que le pertenecÃa estaba manchado de sangre. El compañero con el que estuvo dijo que una criatura habÃa salido de la nada y se lo habÃa llevado, que los disparos que habÃamos escuchado fueron los que él dio intentando detener a la criatura, pero no pudo hacer nada. Como todo estaba demasiado oscuro. El compañero no estaba seguro de haber dado con las balas, pero en caso de que si le hubiera dado, no le causó ningún daño, Todos nos quedamos en silencio. Unos segundos. Entonces el lÃder habló. Hace ocho meses un grupo de trece elementos desapareció en esta zona. Cuando vinieron a buscarlos, solamente encontraron el vehÃculo volteado y pedazos de sus cuerpos. Nuestras miradas se centraron en el lÃder porque se supone que ninguno de nosotros sabÃa nada sobre el motivo por el cual nos habÃan enviado ahÃ. El lÃder continuó hablando. El Gobierno federal tiene planes para esta zona. Por eso nos enviaron a nosotros para neutralizar a lo que sea que mató al grupo anterior. Eso me dijo el sargento justo antes de partir para acá. Uno de los compañeros le cuestionó el por qué no nos habÃa dicho nada. La respuesta que obtuvo fue que no habÃa palabras para explicarnos que estábamos ahà para matar a una cosa que habÃa sido capaz de despedazar a doce soldados armados. Eso explicaba por qué nos iban a subir de rango a todos. Cuando termináramos la guardia, el lÃder volvió a hablar. Vamos a esperar a que salga el sol y empezaremos a preparar todo para que al caer nuevamente la noche. Estemos listos para matar a esa cosa. Llegó la noche. El lÃder nos organizó de la siguiente manera. Ãl, junto con veintiuno elementos, nos dispersarÃamos formando un cÃrculo de doscientos cincuenta metros alrededor del campamento. Ahà se quedaron seis elementos con la instrucción de ir todos juntos, corriendo hacia la primera dirección de la que se escucharan disparos hasta la una de la madrugada. Todo transcurrió sin novedad, hasta que el agudo chirrido resonó por toda el área. La criatura estaba cerca. PodÃamos ser atacados en cualquier momento y asà pasó de pronto a mi izquierda, a treinta metros de mi posición, Uno de los elementos dio un grito de aviso y empezó a disparar en menos de un segundo. Yo ya habÃa dejado mi punto para correr hacia el compañero listo para disparar. De hecho, vi que todos dejaron sus posiciones para acercarse y ayudar. Sin embargo, tan pronto como me movà tres pasos, pude ver una grotesca criatura, dar un brinco y caer de manera brutal sobre el compañero. En ese momento todo se volvió en Cámara lenta. No sé si fue por la adrenalina o por el terror que el monstruo me causaba. Lo siguiente que les voy a decir, aunque sean muchas cosas. Todo ocurrió en menos de diez segundos. Luego de caer sobre el compañero que le habÃa disparado, la criatura corrió en dirección de otro elemento y le clavó las garras en el estómago. Luego a un elemento que estaba muy cerca lo golpeó con una de sus extremidades haciéndolo caer bruscamente. Yo querÃa jalar el gatillo y empezar a disparar, pero mi dedo no obedecÃa. Un compañero que sà estaba disparando. Le acertó un tiro en la cabeza desde una distancia de unos diez metros, pero el impacto no le hizo nada. Lo único que pasó fue que la criatura, tomando una postura de animal a cuatro patas, corrió a toda velocidad hacia él y lo embistió de forma violenta. Los disparos seguÃan cayendo sobre la bestia, pero parecÃa que era inmune a todo daño. Mientras yo seguÃa congelado sin siquiera poder correr para ponerme a salvo. Los demás elementos estaban siendo masacrados. Vi cómo esa cosa le arrancó la pierna a alguien uno por uno. Ese monstruo fue matando a todos los celos. CreÃa que sólo quedaba yo de pie. De hecho, esa cosa volteó a verme, pero antes de que se lanzara contra mÃ, el lÃder comenzó a gritarle y a dispararle mientras le escupÃa todos los insultos que se sabÃa la criatura. Cuando volteó a verme, estaba erguida sobre sus dos patas. Tomó postura de animal a cuatro patas y empezó a caminar muy despacio hacia el lÃder mientras recibÃa los impactos de bala sin que le hicieran daño. En eso hubo una explosión tan fuerte que perdà el conocimiento. Cuando desperté lo hice de golpe y muy agitado. Ya habÃa salido el sol. A unos cuantos pasos de distancia estaba el lÃder sentado sobre una piedra. Ãl volteó a verme y me habló eres un desgraciado. Con mucha suerte, esa cosa te ignoró tal vez por qué no le disparaste ni una sola tita, vez o tal vez porque te orinaste encima da igual felicidades. Solo tú y yo quedaban vivos con mucha dificultad. Me puse de pie y vi que efectivamente habÃa matado a más de veinte hombres, pero no veÃa el cadáver de la criatura por ninguna parte. Volté con el lÃder y sin voltear a verme, me dijo era humano. Esa muta cosa era humano. Por ahÃ, en algún lugar están sus pedazos mezclados con los restos de los soldados. Lo que me estaba diciendo no tenÃa ningún sentido. Yo habÃa visto esa cosa. La tuve a menos de cinco metros de distancia. Era un monstruo, no tenÃa nada de humano. El lÃder volvió a verme y me dijo que cuando lo hizo volar en pedazos con las granadas quedaron partes del monstruo. Por todos lados, pero cuando empezó a salir el sol, todas esas partes se transformaron en partes humanas. También me dijo que ya habÃa informado por radio que la misión habÃa concluido y que no tardaban en llegar por nosotros. Cuando estuvimos de regreso en el cuartel a l l a mà me lle a r r a una sala de interrogatorios, mientras que al lÃder lo llevaron con el general. Un par de oficiales de alto rango. Fueron quienes me interrogaron. Yo les describà todo lo que vi Cuando terminé de relatarles lo ocurrido. Uno de ellos me dijo muy bien. Ahora vas a decirnos la verdad, porque el elemento Jiménez nos dijo que mientras todos se enfrentaban la emboscada, tú te quedaste congelado del miedo. Cuando el oficial mencionó la palabra emboscada, supe lo que me iba a pasar. Fui sometido a procedimientos torturosos por nueve horas hasta que me obligaron a memorizarme la versión que ellos querÃan que describiera como declaración. Lo que firmé con puño y letra fue que, estando en la zona, habÃamos sido emboscados por un grupo de cincuenta enemigos que todos peleamos hasta lograr neutralizar la amenaza que, desafortunadamente, sólo mi lÃder y yo habÃamos logrado salir con vida. Cuando finalmente firmé lo que o los oficiales me ordenaron, fui sacado de la sala de interrogatorios y llevado a que me revisaron médico. Después de tantos años. Esta es la primera vez que tengo el valor de contar la verdad de lo que pasó en aquella zona. Y lo hago porque ha pasado mucho tiempo desde que dejé el ejército. En cuanto al x lo último que supe de él fue que sà lo ascendieron de rango y se lo llevaron a Chihuahua. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








