Logramos Deshacernos De Un Bruja Historias De Terror - REDE

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La bruja demonio. Esto que les contaré. Me sucedió tiempo atrás. Creo que tenÃa entre veinte y veintidós años de edad. Tuve una de las experiencias más aterradoras que me llevó hasta el lÃmite de mi cordura. Recuerdo bien que fue una noche de las más oscuras y tormentosas que he vivido, incluso hasta se podÃa sentir el terror que estaba por Desatarse estaba de visita con un primo en su nueva casa, en un poblado no muy lejos de moro León Guanajuato. Mi primo me habÃa invitado con la intención de que le apoyara con la mudanza y que me quedara el fin de semana con él. TenÃa poco de haberse independizado de sus padres y me dijo que se sentÃa solo. Ãl habÃa ganado un buen dinero trabajando en Estados Unidos. El año pasado logró juntar lo suficiente como para comprarse una casita pequeña en una zona apartada. Al principio pensé que se trataba de una broma cuando me dijo el lugar que habÃa conseguido. Se trataba de un ejido llamado los huesos. Era un lugar conocido por sus innumerables leyendas y misterios que recorrÃan sus calles y casas abandonadas. Incluso la casa que habÃa conseguido fue un remate porque ya tenÃa tiempo abandonada, como apenas la habÃa adquirido. No contábamos con luz eléctrica, asà que por la noche la casa se veÃa más tétrica con veladoras por todos lados. Yo llevaba conmigo una lapto pequeña, asà que nos entretuvimos mirando pelÃculas y escuchando música. A las diez de la noche. Las calles estaban desiertas, ni un alma se veÃa alrededor. El silencio era casi total, con la excepción de los grillos y algún búho que se escuchaba de fondo y o s o s ss sentarnos un rato fuera de la casa a fumar un cigarrillo, tomar unos tragos y platicar un poco. TenÃamos cerca de media hora cuando de pronto, desde un extremo de la calle, sobre el empedrado, vimos que una figura oscura se movÃa lentamente por el medio de la calle. Ambos nos quedamos en silencio. Yo trataba de identificar qué era aquello que se veÃa. Cuando mi primo me dijo que parecÃa ser alguien que está vincado conforme pasó el rato. Me di cuenta de que si era eso, parecÃa ser una persona cubierta con un velo negro desde la cabeza hasta los pies. Pasó frente a la casa, arrastrándose lentamente ninguno de los dos mencionó palabra alguna. Cuando la figura estaba escaso cinco metros de nosotros, pude oÃr un susurro. Las palabras no las escuché con claridad, pero casi puedo jurar que estaba rezando. Minutos después, cuando se alejó lo suficiente como para que no nos escuchara platicar, le pregunté a mi primo qué habÃa hacia aquella dirección. Mi primo me comentó que habÃa un cementerio. Estaba algo abandonado y parecÃa ser que era exclusivo del ejido los huesos. Ambos llegamos a la conclusión de que quizás se trataba de una manda que tenÃa que cumplir a aquella persona, Asà que no quisimos darle mayor importancia. Al dÃa siguiente, muy de madrugada, un gallo se paró a un lado de la ventana y cantó tan fuerte que nos despertó a ambos. Aún me sentÃa crudo por todo lo que habÃamos tomado. Mi primo tuvo la idea de prepararnos algo para sentirnos mejor, solo que tendrÃamos que ir a comprar las cosas a unas calles de donde estábamos. Al llegar al lugar, se encontraban varias personas allà parecÃan ser lugareños de los huesos. Se les veÃa alterados e inquietos. Escuchaba varias de ellos preguntándose uno al otro si la habÃan visto pasar por su casa y qué tan cerca pasó de ella. Ambos nos llamó la atención la conversación, asà que no nos contuvimos y preguntamos si habÃa sucedido algo en particular que no nos diéramos cuenta. La señora de las Verduras fue quien me contestó. Me contó que la noche anterior habÃa sido vista andar por las calles doña soledad. Esta señora no era poca cosa. Al contrario, se trataba de la bruja del lugar y que por ella, desde hace varias décadas, le pusieron ese nombre al ejido por las noches, Se vestÃa de negro y pasaba frente a las casas, rezaba misas negras, en las cuales invocaba a los demonios para que la siguieran hasta el cementerio. Ahà la perdÃan de vista y no la volvÃan a ver, sino hasta dÃas después, nadie se atrevÃa a preguntarle algo o buscarla para ver si se le ofrecÃa algo. Si lo hacÃan, esta mujer jamás les contestaba pocas veces se le veÃa caminar de dÃa y siempre lo hacÃa cubierta de pies a cabeza y aunque hiciera mucho calor, siempre iba de negro. A mà me pareció, en cierto modo entretenido escuchar sus historias, por estar poniendo atención a lo que decÃan los vecinos. Se me habÃa olvidado que Ãbamos a comprar verdura. Después de un rato de regreso a casa, notamos que nuevamente aquella persona regresaba del cementerio, seguÃa cubierta por un velo negro y justo se detuvo frente a la casa. Ambos nos quedamos en silencio, esperando a que continuara su camino, pero parecÃa estarnos esperando. Mi primo me dijo que no le hiciera caso y continuáramos. Pasamos a menos de un metro de ella. Cuando de pronto sentà que me agarraba de la pierna con ambas manos y me decÃa varias cosas. Yo le pedà que me soltara por más que me sacudÃa. No lo hacÃa. Quise alejarla con mis manos, pero algo en su ropa no me dejaba sostenerla. Mis manos resbalaban aquella. Señora seguÃa aferrada a mi pierna. Cuando vi que mi primo se acercó con una cubeta llena de agua. La mujer me soltó y continuó su camino como si nada hubiese pasado. Mi primo le insultó varias veces amenazándola con mojarla. Me comentó que entre los comentarios de los lugareños habÃa escuchado que decÃan que sólo la mojaran para que se tranquilizara o se fuera rápido. Le pregunté si puso atención en lo que me decÃa la bruja, pero mi primo dijo que no era raro, pues entre sus palabras, pude escuchar mi nombre. La noche llegó y después de un largo dÃa acomodando los muebles y abriendo las últimas cajas, pensé que nos merecÃamos otro descanso como el de ayer. Nos sentamos ss en el pórtico a esperar que nos diera sueño. Cuando nuevamente escuchamos ruidos del otro extremo de la calle. Era la bruja, pero a diferencia del dÃa anterior, ahora estaba de pie y caminaba más rápido. Mi primo me apuntó al balde con agua. Yo lo tenÃa listo por si era necesario usarlo. La bruja se acercó al pórtico y se mantuvo quieta. No podÃa verle los ojos, pero estaba seguro de que nos estaba observando. SentÃa un inquietante cosquilleo en la nunca los bellos de mis brazos se erizaron de algún modo. Me hizo sentir muy incómodo con su presencia. Le dije a mi primo que no buscáramos problemas y que lo mejor serÃa meternos a la casa. Creo que él sentÃa lo mismo que yo. Agarramos las cosas y las metimos a casa. Mientras lo hacÃamos, la bruja no se movÃa de su lugar. Encendimos algunas velas para no quedar tan oscuras. De vez en cuando veÃamos por la ventana, sólo para darnos cuenta de que ella seguÃa de pie. La atmósfera se volvÃa cada vez más densa dentro de la casa. Mi primo me decÃa que se sentÃa observado aún dentro de la casa y era una sensación que compartÃamos. Intentábamos distraernos un poco poniendo música desde la lapto y contando anécdotas de cuando éramos pequeños, todo con el fin de evadir el miedo. Todo eso ayudó en algo, pero la presencia de la bruja en el exterior era muy inquietante, como para olvidarla pasaban de las doce y aquella mujer parecÃa una estatua Ni el viento la mesÃa. TemÃamos que si nos Ãbamos a dormir, pudiera hacernos algo. La noche avanzaba lentamente y aunque tratábamos de dormir, el sueño no llegaba. Los minutos parecÃan eternos y la angustia crecÃa dentro de nosotros. Finalmente nos resignamos a pasar la noche en vela, esperando a que amaneciera y la bruja se marchara. Mi primo preparó algo de café, pues la noche serÃa larga. La baterÃa de la laptop ya estaba cerca de agotarse, por lo que decidÃa apagarla. Yo cerré las puertas y ventanas de los demás cuartos con el fin de evitar algo inesperado. En medio de ese silencio sepulcral se escuchó de pronto un ruido que venÃa del exterior. Nos levantamos del suelo rápidamente para mirar por la ventana. La bruja ya no estaba se habÃa ido por fin aliviados y contentos. Platicábamos sobre cómo nos sentÃamos cuando de pronto se escuchó como alguien tocaba la puerta con los nudillos, nos miramos entre nosotros sabÃamos que quizá habÃamos festejado antes de tiempo le dije a mi primo que mejor no abriera, que nos mantuviéramos alejados y fingiéramos que no escuchamos nada. Pero el llamado de la puerta se volvió de pronto en un golpeteo constante y luego más fuerte que antes, como si golpeara con ambas manos con las palmas abiertas. Entonces a mi primo se le ocurrió la idea de que abriéramos la puerta y le echáramos el balde de agua. Si esa bruja querÃa pelea, se la darÃamos. Ya estábamos cansados de ella y de la situación era necesario actuar, ya los golpes a la puerta seguÃan. Nos preparamos con todo. Ãl abrirÃa la puerta y yo la mojarÃa. SentÃa miedo, pero, en cierto modo, algo de satisfacción al saber que por fin la pondrÃamos en su lugar. Mi primo comenzó a contar hasta tres con su mano. En cuanto abrió la puerta, aventé el agua para mojarla, pero no habÃa nadie ahÃ. El agua cayó sobre el pórtico, empapando la entrada y parte de la puerta. Una fuerte ventisca entró a la casa. Las puertas y ventanas se abrieron de golpe. Mi primo, por más esfuerzo que hizo, no podÃa cerrar la puerta. ParecÃa que algo la detenÃa. Le ayudé a empujarla y por fin logramos cerrarla. Entre los dos las veladoras se habÃan apagado con excepción de una sola la que tenÃamos en una esquina. Concentramos la mirada en aquella veladora. Era la única luz en la oscura noche, Me acerqué a ella para sostenerla entre mis manos. Y cuando estuve a punto de tomarla, una figura oscura se materializó ante nuestros ojos. No habÃa duda. Se trataba de aquella bruja que se habÃa metido Al momento en que entró la ventisca. Mi primo se atrevió a Hablarle le pidió perdón si la habÃamos ofendido o agredido, pero la bruja parecÃa no estar convencida. Entonces de reojo vi la olla de café que aún tenÃa algo de lÃquido. Pensé que quizás ganarÃamos algo de tiempo si actuaba rápido. La bruja levantó su brazo y apuntó a mi primo. De pronto él se dejó caer al suelo se quejaba de un intenso dolor. Fue tanto que comenzó a vomitar. Vi que esa era la oportunidad, tomé la olla y la arrojé a la bruja, empapándola desde el brazo hasta el hombro. La mujer se quejó de dolor. No sé si era porque aún estaba caliente o porque fue mojada. No me importó. Yo corrà hacia mi primo y lo ayudé a levantarse. Me dijo que no se sentÃa bien. Trataba de darle palabras de aliento, pero a la vez querÃa huir de ahà de alguna manera. Logramos salir de la casa. Corrimos por la calle en dirección a la casa donde los vecinos estaban reunidos anteriormente. En ese momento pensé en que alguien nos podrÃa ayudar, pero sentà un intenso dolor en mi espalda. Era como si me clavaran algo en el cuerpo. Tuve que dejar caer a mi primo y yo caà con él al suelo. Me retorcÃa de dolor mientras miraba hacia atrás, sólo para ver a la bruja parada justo detrás de mÃ. Su presencia era aterradora. Entonces me di cuenta de que donde la habÃa logrado mojar con el café, ya no tenÃa algún velo que le cubriera. De hecho, se veÃan los huesos de su brazo y de su mano. Debajo de ese velo nunca hubo algo vivo. ParecÃa ser que sólo era una calavera. Aquello no era una bruja, sino un demonio. Traté de levantarme y alejarme de ella. Arrastré a mi primo como pude la bruja demonios acercó lentamente hacia mÃ. Su figura, envuelta en un velo negro, parecÃa distorsionarse y contorsionarse mientras se movÃa de la nada. Susurros incomprensibles y sin sentido llenaban el aire, pero entre ellos escuché mi nombre. SabÃa que estaba en peligro y que quizás serÃa mi final. Desesperadamente busqué algo con que defenderme. Encontré una ramarrota en el suelo y la agarré con fuerza. Aquella cosa soltó una risa malévola y extendió su mano huesuda hacia mÃ, apretando mi cuerpo con una fuerza sobrehumana. Mis huesos crugieron y mi respiración se volvió dificultosa. Estaba perdiendo la conciencia, sintiendo cómo mi vida se desvanecÃa lentamente. Justo cuando pensé que todo estaba perdido, escuché un grito proveniente de mi primo, miré hacia dónde estaba él y vi que se habÃa logrado liberar. ParecÃa que su desesperación y coraje habÃan logrado romper momentáneamente el control que ejercÃa sobre él con el peso de o. Su cuerpo se dejó caer sobre la bruja demonio haciéndola caer al suelo. El golpe contra el pavimento provocó que la cabeza envuelta en el velo se separara del cuerpo. Mi primo tomó la rama que yo habÃa encontrado y golpeó repetidamente el cráneo en el piso. Los gritos de coraje de mi primo provocaron que las luces de las demás casas se encendieran, Las puertas se abrieron y los vecinos salieron para ver qué estaba ocurriendo. Me acerqué a mi primo y lo agarré de los brazos para tranquilizarlo. Le decÃa repetidamente. Ya pasó, ya se acabó como si hubiera despertado de un trance. Mi primo volvió en sà y miró a su alrededor. Nadie decÃa nada. Relatamos nuestra terrorÃfica experiencia a quienes se acercaron. Hubo un vecino que se acercó al velo de la cabeza y al sacudirlo salieron partes de hueso. Hecho, añicos trajeron un sacerdote de moro león para vender decir lo que quedó del cuerpo y cuando le echó el agua bendita, sólo salió polvo. Nos comentaron que los demonios usaban principalmente cementerios para hacer contacto con su hogar. Además, nos recomendaron que lo ideal serÃa alejarnos por un tiempo hasta que las cosas se tranquilizaran. Yo comprendà el motivo de él por qué todas las casas alrededor de mi primo estaban abandonadas. Mi primo volvió por un tiempo con sus padres, pero aún querÃa regresar a vivir allÃ. La casa sigue en pie hasta ahora con seguros por todas las puertas y con sus cosas adentro, esperando el momento en que la puedan habitar. Aún asÃ, yo he llegado a escuchar que aún por las noches se escuche el andar de aquella bruja demonio. No sé si sea buscando venganza o si sea otra, pero de lo que si estoy seguro, es que yo no volveré jamás a ese lugar. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








