Le Pedí Ayuda A Un Nahual Para Salvar A Mi Mamá Historias De Terror - REDE

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El milagro de los nahuales. Esta historia que mi padre me contó, la cual él aprendió de mi abuelo cuando era niño es un tesoro de recuerdos que ahora comparto con ustedes. Cabe destacar que actualmente mi abuelo tiene al Zheimer. Lo que les contaré son las palabras de mi padre, quien ha guardado esta historia por años. Es vital ponerlos en contexto sobre el lugar donde vivió mi abuelo en su infancia y adolescencia. Esto con el fin de comprender completamente lo que sucedió hace más de ochenta años. La madre de mi abuelo quedó viuda y se encontraron sin un lugar para vivir en su búsqueda desesperada. Llegaron a una comunidad llamada El treinta y cinco en el Estado de Michoacán. Se trataba de una pequeña aldea escondida en las profundidades. Por varios dÃas la pobreza era una constante y muchas veces durante esa época tuvieron que dormir a la intemperie y alimentarse de lo que encontraban en los árboles y en la tierra. Pero bien dicen que Dios se presenta cuando más se necesita. En su momento más crÃtico, una compasiva mujer de la comunidad les ofreció una choza a medio construir para que se quedaran temporalmente con el tiempo. La dueña de la choza falleció y, como no habÃa herederos que reclamaran la propiedad, mi abuelo y su madre se quedaron viviendo allÃ, estableciendo su hogar. En el treinta y cinco. Durante varios años, mi abuelo se dedicó a hacer favores a los vecinos o a trabajar para ellos, ganando asà algo de dinero o comida para llevar a casa. Su madre. Por otro lado, se ocupaba de lavar y reparar la ropa de otras personas. Juntos ganaban lo suficiente para sobrevivir dÃa a dÃa, pero las cosas se complicaban cuando uno de los dos se enfermaba, ya que el cuidado del enfermo recaÃa sobre el otro, impidiendo asà que hubiera ingresos durante ese tiempo. La situación se volvió especialmente crÃtica cuando la madre de mi abuelo enfermó gravemente. A pesar de todos los remedios que le administraban, su salud no mostraba mejorÃa. El dinero se estaba agotando rápidamente y su madre necesitaba urgentemente medicamentos o un milagro para recuperarse. Fue entonces cuando una vecina le sugirió a mi abuelo que si estaba buscando un milagro, conocÃa a alguien que podrÃa ayudarlos, pero habÃa un inconveniente para encontrar esa ayuda. Necesitaban dejar la Comunidad de el treinta y Cinco y aventurarse más profundamente en el cerro hasta llegar a un pueblo más pequeño llamado el Chiripique. Allà encontrarÃan el milagro que tanto anhelaban, Pero habÃa una advertencia importante. La gente del treinta y Cinco evitaba adentrarse demasiado en el cerro debido a las historias que circulaban sobre los nahuales que vivÃan allÃ. A pesar de las rancias y el peligro, a mi abuelo no le importó. Lo único que deseaba era la recuperación de su madre y si eso significaba adentrarse en lo desconocido, estaba dispuesto a hacerlo. Se preparó con lo que tenÃa a su alcance, un machete, una estaca, algo de comida y agua. La vecina le prometió que cuidarÃa de su madre mientras él se aventuraba hacia el CHIRIPIQUEUE con valentÃa y determinación. Se adentró en el misterioso cerro, siguiendo las indicaciones proporcionadas por la vecina y esperando encontrar el milagro que tanto necesitaban. Mi abuelo siguió su viaje llevando consigo las instrucciones escritas de a quién debÃa buscar. Según las indicaciones, la persona que necesitaba encontrar era joven y postrada en cama como resultado del milagro con el que habÃa sido bendecida. Curiosamente, al final del mensaje habÃa una nota que decÃa por favor, no le tengas miedo. Es una buena persona. Mi abuelo encontró intrigante este mensaje y se preguntó por qué deberÃa tener miedo de alguien que estaba confinado a una cama. Mientras se adentraba más en el cerro, notó que el ambiente era diferente al del pueblo. El treinta y cinco, Aunque habÃa explorado un poco en su infancia, tuvo una repentina sensación de que estaba siendo observado. Siempre habÃa mantenido un gran respeto por el bosque. Afortunadamente, encontró el sendero que lo llevarÃa a el Chiripique, pero en su camino se encontró con una señal peculiar. Dos flechas indicaban los nombres de los pueblos, pero bajo la que señalaba hacia su destino, alguien habÃa tallado las palabras tierra de nahuales con algún objeto afilado. Mi abuelo A partir de ese momento mantuvo su machete en la mano listo para cualquier eventualidad. Durante su travesÃa permaneció alerta a cualquier ruido. En cierta ocasión se encón la entró con un ciervo cerca de su camino. Los ojos rojos del animal lo observaron mientras caminaba como si el siervo estuviera perplejo Al ver a un humano en ese lugar. Mi abuelo decidió ignorar al siervo para no perturbarlo, pero en un instante escuchó una voz preguntándole qué haces aquÃ. Las palabras resonaron claramente en su mente y al voltearse vio a una mujer desnuda detrás de él, donde antes estaba el siervo. ParecÃa tener cierta edad, no tan anciana, pero mostraba señales de madurez. Mi abuelo quedó atónito por un momento tratando de entender cómo no la habÃa visto antes. Finalmente se dio cuenta de que probablemente era un nahual entre tartamudeos y temor. Mi abuelo le explicó hacia dónde se dirigÃa. La mujer parecÃa indiferente a su presencia y escuchó atentamente. Durante la conversación, mi abuelo notó que el rostro de la mujer aún mantenÃa ciertos sus rasgos del siervo que habÃa visto anteriormente. Al final de su explicación, la mujer le dijo que se mantuviera en el sendero y todo estarÃa bien Si le obedecÃa. Le pidió que se diera la vuelta y continuara su camino, y mi abuelo siguió sus instrucciones. Sin dudar. En segundos vio cómo el siervo pasaba corriendo a su lado y se adentraba en el bosque. En ese momento sintió una extraña calma y la sensación de que los nahuales le habÃan dado su aprobación para seguir adelante. Se detuvo en un par de ocasiones para descansar, consciente de que no llegarÃa a el chiripicue ese mismo dÃa. Finalmente, decidió buscar un lugar donde pasar la noche, pero a medida que avanzaba la tarde se dio cuenta de que el bosque se volvÃa cada vez más siniestro. Los ruidos se intensificaban, las sombras se multiplicaban y la sensación de ser observado se hizo más intensa. Incapaz de encontrar un lugar adecuado para dormir en el suelo de vi vida a los depredadores nocturnos, optó por buscar un árbol donde pudiera pasar la noche. Se apresuró a encontrar las mejores ramas para poder descansar un poco y para ello tuvo que abandonar el sendero. Finalmente encontró un árbol alto y grande. Se subió buscando una posición cómoda para descansar. A pesar del agotamiento, no podÃa dejar de pensar en su madre enferma. TemÃa que pudiera ser demasiado tarde y que todo su esfuerzo fuera en vano. A medida que cerraba los ojos intentando conciliar el sueño. Una serie de ruidos extraños resonaron debajo del árbol. Mi abuelo se despertó confundido y miró hacia abajo, percatándose de que algo se movÃa entre la hierba No era una sola entidad. ParecÃan ser varias. Su corazón latió con fuerza cuando se dio cuenta de que eran personas emergiendo de la oscuridad. Hablaban en voz baja entre ellas, pero mi abuelo no pudo comprender sus palabras. Permaneció en silencio, observando mientras buscaban algo en el suelo. Entonces uno de ellos se agachó y, con un estremecimiento aterrador, comenzó a transformarse. Su cuerpo se cubrió de pelo oscuro, Su rostro se alargó de manera inhumana y sus manos se convirtieron en garras prominentes. Mi abuelo se dio cuenta de que estaba presenciando una transformación de un hual fascinado y aterrorizado. Al mismo tiempo, siguió observando. Cuando la transformación estuvo completa, el Nahual se alejó seguido por los demás. Mi abuelo estaba tan concentrado en lo que veÃa que no notó a la lechuza que se posaba a su lado. Ãsta lo miraba fijamente hasta que mi abuelo se sobresaltó por su presencia. Ambos se quedaron mirándose durante unos momentos hasta que finalmente la lechuza habló. Te dije que te mantuvieras en el sendero dijo ella. Mi abuelo se dio cuenta de que estaba hablando con la mujer Nahual y trató de explicarle por qué habÃa dejado el camino. La lechuza le indicó que no se moviera de allà hasta que saliera el sol y luego retomara el sendero por un largo rato. Mi abuelo se quedó inmóvil mirando a la oscuridad en espera de que la lechuza regresara. Hasta que se quedó dormido. Mi abuelo despertó repentinamente por una sacudida en el árbol. Trató de identificar qué era, pero una segunda sacudida provocó que dirigiera la mirada a un costado. Se dio cuenta de que algo se movÃa cerca. Un par de enormes garras estuvieron a punto de alcanzarlo. Se asomó por un costado del tronco y vio al ser que estaba causando todo este alboroto un hombre con las patas de un lobo y el rostro de un humano. El nahual habÃa notado la presencia de mi abuelo en el árbol y comenzó a saltar y golpear las ramas para hacerlo caer. Mi abuelo se dio cuenta del peligro inminente y decidió saltar del árbol para escapar. Tan pronto como el Nahual trepó hacia donde estaba mi abuelo, se dió cuenta de que él ya estaba lejos. Corriendo a toda velocidad en la oscuridad, Mi abuelo corrÃa sin rumbo, sin saber si estaba siendo perseguido o no. Escuchaba ruidos inquietantes detrás de él y al voltearse vio que el Nahual estaba a punto de alcanzarlo corrió con todas sus fuerzas aterrado por los gruñidos del ser que le pisaba los talones, tropezó con una roca y rodó por el suelo, desorientado e incapacitado para correr. Debido a una lesión en el pie, intentó levantarse para seguir huyendo. En ese momento, el Nahual hizo su aparición. Estaba justo al lado del sendero, pero en lugar de atacarlo, simplemente lo observaba como si ahora considerara mi abuelo inalcanzable. Mi abuelo quedó petrificado sin entender completamente lo que estaba sucediendo, mientras el nahual lo observaba, mientras él se alejaba cojeando hacia Chiripiqueue el nahual finalmente se dio la vuelta y desapareció en la oscuridad, dejando a mi abuelo confundido y agradecido por haber escapado de su ataque. A pesar del miedo y la confusión, mi abuelo siguió cojeando por el sendero decidido a llegar a Chiripique y cumplir con la misión que lo habÃa llevado. Tan lejos. Mi abuelo, con la piel erizada y los nervios a flor de piel, apenas y podÃa mantener la calma. Cualquier sonido lo mantenÃa en alerta máxima mientras continuaba avanzando por el oscuro sendero. Después de horas de caminata. Finalmente, ante sus ojos aparecieron una serie de luces que correspondÃan al poblado de Chiripicu habÃa llegado a su destino. A pesar de que Chiripique no era tan grande como el treinta y cinco, la gente del lugar estaba levantada temprano sorprendidos de ver a alguien que venÃa del sendero. Mi abuelo decidió preguntar por la persona que podÃa realizar milagros y rápidamente le indicaron a hacia dónde debÃa ir. Curiosamente, cuando llegó se encontró con una pequeña multitud de personas de otros poblados que también habÃan acudido en busca de ayuda. Mi abuelo, ahora un poco más tranquilo, se sentó y esperó su turno. Estaba hambriento y agotado. HabÃa perdido la comida que llevaba consigo cuando saltó del árbol y no tenÃa ni idea de cómo regresarÃa al treinta y cinco. En ese momento, una mujer se acercó y lo miró fijamente. Ãl la reconoció de inmediato como la nahual que le habÃa recomendado seguir el sendero. Ella se dio cuenta de la situación de mi abuelo y le indicó que la siguiera. Entraron a la pequeña casa que parecÃa completamente normal por dentro. La mujer le pidió a mi abuelo que se sentara en una silla y le aseguró que pronto le darÃan algo de comer. A los pocos minutos, la mujer regresó con un plato grande de comida. Mi abuelo la devoró en cuestión de segundos, sintiendo cómo la energÃa regresaba a su cuerpo cansado y hambriento. Después, la mujer le dijo a mi abuelo que conocerÃa a su hijo él podÃa ayudarlo con su predicamento, pero le pidió de favor una cosa que no le tenga miedo. Estas palabras ahora parecÃan tener más fuerza, pues era la segunda vez que las habÃa escuchado. Cuando mi abuelo entró en la habitación, se dio cuenta de que habÃa una persona sentada en la cama. Al observarla detenidamente, se percató de que se trataba de un niño, aunque inusualmente parecÃa más alto de estatura que un niño promedio. Mi abuelo se sentó a un lado de la cama observándolo y el niño también lo miraba a él. La mujer nahual habló y le explicó la situación al niño, quien simplemente asintió con la cabeza y luego se dirigió a mi abuelo. El niño le preguntó a mi abuelo su nombre. Mi abuelo se quedó sorprendido al escuchar su voz, que no era la de un niño, sino más bien la de una persona madura. Una vez superado su desconcierto, mi abuelo respondió. Entonces el niño se arrodilló en la cama y le pidió a mi abuelo que no se alejara. Se desabrochó la camisa y cuando estuvo a punto de abrirla, le advirtió a mi abuelo que, si querÃa que su madre se recuperara, era necesario que siguiera sus instrucciones al pie de la letra. Mi abuelo, asegurando que lo harÃa, observó con asombro cómo el niño abrÃa la camisa revelando en su pecho el rostro de una persona anciana. La figura no abrÃa la boca ni respiraba, pero el rostro con los ojos cerrados era claramente visible. El niño acercó un vaso al pecho y de uno de los ojos del rostro surgió lo que parecÃan ser lágrimas. La mujer tomó el vaso, vertió su contenido en un gotero y se lo entregó a mi abuelo. Mi abuelo no pudo contener su curiosidad y le preguntó al niño de la forma más respetuosa qué le habÃa sucedido. El niño le contó que algunos años atrás, mientras regresaba a casa, caminando junto a un barranco, resbaló y cayó, no habÃa nadie cerca para ayudarlo, asà que se quedó varias horas con un fuerte dolor en el pecho. Pensó que se habÃa lastimado gravemente, pero al llegar a casa y desvestirse, se sorprendió al descubrir el rostro de una persona joven en su pecho. HabÃa tenido una especie de visión en la que comprendió que debÃa ayudar a la gente con este milagro que se le habÃa concedido, pero cada vez que daba lágrimas de su pecho a alguien, el rostro de la persona en su pecho envejecÃa y su propio rostro se volvÃa cada vez más joven era como si su pecho perdiera juventud y se la devolvÃa al suyo. Mi abuelo quedó impactado por esta historia. Nunca habÃa imaginado algo asÃ. Se sintió un poco incómodo al recibir el gotero y buscó entre sus pertenencias para dar algo a cambio, pero tanto la mujer Nagual como el niño le dijeron que no era necesario. Le explicaron a mi abuelo que para que surtiera efecto la medicina, era necesario tomar seis gotas al dÃa y que pronto notarÃa los resultados. Preocupado, mi abuelo preguntó a la mujer Nahual si habÃa otro camino. Debido a los peligros que habÃa enfrentado. Ella le explicó que mientras no abandonara el sendero, estarÃa a salvo. Cuando se encontró con mi abuelo al principio de su viaje, ella fue quien informó a los demás nahuales que no atacaran a nadie que estuviera en el sendero. Por eso, cuando mi abuelo volvió al sendero, el nahual que lo perseguÃa no lo atacó. El bosque en el cerro esconde ciertos secretos que no quieren que se rebelen, y uno de ellos es la historia del niño. Por eso son muy cuidadosos con la gente que se adentra desde otros poblados con un poco más de confianza y ánimos. Se aventuró de regreso al poblado del treinta y cinco. Le tomó el mismo tio tiempo regresar hasta su hogar, pero esta vez pasó la noche en el sendero, llevando consigo alimentos y cobertores que le obsequió la mujer nahual. Al llegar a casa, le dio el medicamento a su madre, quien, por fortuna aún estaba con vida. Ella se recuperó al dÃa siguiente como si nada le hubiera ocurrido. Por varios años, mi abuelo conservó el gotero como un sÃmbolo del milagro que le concedieron. La vida de su madre se alargó tanto que vivió más de cien años. Mi abuelo se fue del treinta y cinco cuando cumplió veinticuatro años y a partir de entonces hizo su vida en otros lugares. Hoy en dÃa, mi abuelo sigue con vida, pero tiene al zeimer y ya no reconoce a nadie, pero su historia se la contó a mi padre, quien se ha encargado de transmitirla a toda la familia. La increÃble experiencia de mi abuelo con los nahuales sigue siendo parte de nuestra memoria familiar. Relato eso grito y adaptado por lengua de brujo








