Las Historias Que Los Doctores Nunca Cuentan Historias De Terror - REDE

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Siete pacientes. Soy médico retirado. Trabajé durante más de cuarenta años en uno de los hospitales más viejos del paÃs, que estuvo ubicado en el Estado de Puebla, en la ciudad de Cholula. Ese hospital tiene mi edad. De hecho, yo nacà en ese hospital cuando no tenÃa ni un año de que lo habÃan inaugurado. Sé que hay hospitales cuyas estructuras pueden tener más de cien años, pero cuando yo digo que ese hospital es uno de los más viejos de México, me refiero a que tiene la misma estructura Desde que se construyó. No era otra cosa antes de ser hospital y en todos sus años su infraestructura nunca ha sido utilizada para otra cosa, que no sea la atención médica. En tantos años, tratando pacientes de todo tipo me ha tocado presenciar algunas situaciones. No quisiera decir paranormales, asà que diré que fueron cosas peculiares que pasaron. Quizá tendré unas veinte experiencias raras, pero muchas se parecen entre sÃ. Por eso sólo voy a hablar de siete pacientes cuyos casos engloban en general todo lo raro que ha ocurrido en el hospital. Paciente. Uno. Aquà no está el caso más impactante de un paciente, pero definitivamente este paciente fue el más extraño de todos. Este paciente llegó en una ambulancia con una herida de bala en el estómago se estaba desangrando. Por lo tanto, su atención era prioritaria. Esto fue a las tres de la tarde. Ya me tocaba tomar la hora de la comida, pero de ver la situación, me acerqué con las enfermeras que lo llevaban en Camilla. En eso se me acercó un compañero y me pidió que me fuera a comer, que lo atenderÃa. Me di la vuelta para irme al comedor. En eso me doy cuenta que habÃa policÃas en la ventana llenando el ingreso de un paciente. Asumà que se trataba del herido de bala. AhÃ, en la sala de urgencias habÃa unas máquinas expendedoras. Asà que fui a sacar algo, ya que los policÃas se movieron de ventanilla. Me acerqué con ellos para preguntarles qué habÃa pasado. Ellos me dijeron que el dueño de una joyerÃa les disparó. Resulta que el señor, que era alguien mayor, habÃa cerrado un momento para ir al baño. Cuando regresó del baño para abrir, se encontró con ese tipo dentro de su joyerÃa. Como no lo conocÃa. Supuso que se trataba de un latrón y abrió fuego. Luego llamó a la policÃa y a una ambulancia. La persona no llevaba consigo, ninguna identificación ni tampoco dinero. La única pertenencia que le encontraron fue un pedazo de papel mal cortado que tenÃa anotado con plumo en los números. Lo que los policÃas pensaron fue que, a lo mejor se trataba de la combinación de la caja fuerte. Por eso, antes de que llegara la ambulancia, le mostraron el papel al dueño del negocio, pero él les dijo que esa no era la combinación, que, de hecho, no podÃa ser la combinación de ninguna caja fuerte, porque las combinaciones no llevaban puntos y los conjuntos de números no podÃan ser de tres. Luego de hablar con los policÃas, me fui a comer cuando pasó mi tiempo, lo primero que hice fue ver al paciente que habÃa ingresado con la herida de bala Ya le habÃan extraÃdo el proyectil y estaban esperando que se estabilizara como habÃa una buena cantidad de pacientes esperando en urgencias mejor. Fui al consultorio y me puse a atender cuando bajó la cantidad de personas que estaban, lo cual tardó unas tres horas. Salà un momento del consultorio para ir a ver a aquel paciente. Al estarme acercando a su camilla, me encontré con que habÃa otro doctor y varias enfermeras. Yo pensé que algo se habÃa complicado, pero me di cuenta que sólo lo estaban viendo mientras murmuraban. Yo les pregunté qué estaba pasando. Una de las enfermeras dijo que, como no tenÃa identificación, los policÃas hicieron él ingreso sin nombre. Asà que las muchachas de ventanilla fueron a tomarle las huellas para tener algo que sirviera como registro de identidad, pero al querer hacerlo, notaron que el hombre tenÃa tallada las huellas tanto de los dedos como de los pies. No tenÃa legible en ninguna de las veinte huellas. Era algo demasiado inusual. Otra enfermera, Claudia, comentó sin nombres y sin huellas. Si éste se nos muere, vamos a tener que mandarlo directo a la fosa, porque es prácticamente como si no existiera en eso. El doctor que estaba ahà también habló eso. No es lo más raro como no sabÃamos su tipo de sangre para la transfusión. Se le tomó una muestra para hacer la prueba, pero los resultados no arrojaron ninguna compatibilidad con ningún tipo de sangre. Por eso, este paciente todavÃa corre mucho peligro de morir porque no pudimos hacerle la transfusión para cuando pasó lo de este paciente. Yo tenÃa como treinta años trabajor en ese hospital y era la primera vez en todo ese tiempo que escuchaba que la sangre de un paciente no era compatible con ningún tipo. Eso es imposible. Por lo mismo, supuse que la persona que hizo la prueba habÃa cometido algún error, pero el doctor me dijo que él pensó lo mismo. Por eso hizo la prueba dos veces, pero el resultado fue él mismo. Como el estado del paciente era crÃtico. Sus signos subÃan y bajaban. Tuvieron que pasar seis horas para que sus signos se estabilizaran. El problema fue que, cuando sus signos vitales dejaron de variar, quedaron en unos parámetros que no eran compatibles con la vida su presión arterial era casi inexistente, su frecuencia cardÃaca estaba bastante ausente y su respiración era demasiado baja. Aún asÃ, el paciente abrió los ojos y habló preguntando dónde estaba. Se le dijo que habÃa recibido un impacto de bala y que, debido a eso estaba en un hospital. El paciente estaba demasiado calmado. No parecÃa sentirse mal. Simplemente parecÃa como con sueño, lo que no tenÃa sentido porque se le habÃa hecho una cirugÃa para extraerle una bala deberÃa quejarse, aunque fuera un poco. Pero el paciente dijo que se sentÃa bien y pidió que lo dejáramos irse. Se le explicó que no podÃamos hacer eso para empezar, por lo de la cirugÃa. Y, en segunda, porque debÃa rendir cuentas a la policÃa debido a sus acciones. Cuando le dijimos eso, pidió un poco de agua y luego se quedó en silencio. Viendo el techo con una mirada pensativa, no lo notamos preocupado. Al cumplirse las doce horas de su ingreso, los policÃas entraron para hablar con él, pero el paciente se mostró renuente. No respondió ni una sola de las preguntas que le hicieron, ni siquiera las cosas más elementales, como su nombre o su edad. Los policÃas le advirtieron que si cuando lo diéramos de alta a uno de sus odas, nada irÃa directo a prisión, sin derecho a nada por negarse a cooperar. El paciente tampoco reaccionó a eso. Antes de irse, los policÃas se acercaron con una enfermera y le encargaron que intentara hablar con el paciente. QuerÃan saber, por lo menos un hombre para avisar a sus familiares. Todos los que sabÃamos del estado del paciente estábamos muy intrigados porque pasadas esas doce horas, sus signos seguÃan siendo los mismos. Ese paciente deberÃa haber estado inconsciente, pero no estaba despierto y cada ciertos minutos hablaba para pedir agua. No se quejaba de dolor y a pesar de haber pasado por una cirugÃa, su semblante era como si no le hubiera pasado nada. A eso de las cinco de la mañana, cuando la enfermera fue a revisar al paciente, no lo encontró. Revisó las camillas que estaban a los lados, pero nada. Entonces avisó al doctor y a las de ventanilla, pero nadie lo habÃa visto y nadie le habÃa dado el alta. La policÃa regresó varias horas después y después se le dijo que el paciente ya no estaba. Ellos lo buscaron, pero nunca apareció. En la época cuando todo sucedió, quedó simplemente como algo curioso. Pero muchos años después, cuando le conté a mis nietos, ellos me dijeron que, a lo mejor, ese paciente era un viajero del tiempo, o quizá ni siquiera era humano. Si era un viajero del tiempo, si era otro ser haciéndose pasar como humano o si en realidad era una persona normal muy extraña. La cuestión es que, asà como apareció, también desapareció. Paciente dos era una mujer de cincuenta y cinco años. Ocurrió en los noventas cuando la ambulancia nos la entregó, estaba prácticamente muerta. Tanto sus latidos como su respiración estaban en el lino. Su estado fÃsico era tan grotesco que en realidad, ella deberÃa haber llegado muerta. Lo que nos dijeron fue que la habÃan encontrado tirada en la orilla de la carretera. No sabÃan qué le habÃa pasado y la verdad en ese momento era lo que menos importaba. Lo que querÃamos era salvarla. Estuvimos intentando mantenerla con vida durante tres horas, pero al final murió sin nada más que hacer. Fue llevada al amorque del hospital para que se pudiera determinar la causa de muerte, lo que con todo respeto, era algo que nos causaba demasiada curiosidad, porque nunca habÃamos visto a una persona en ese estado. La autopsia reveló que la mujer habÃa luchado con fiereza antes de morir, pues encontraron restos de cabellos, piel y sangre entre sus uñas. También se encontró mucho daño en los órganos internos provocados por una mezcla de sal y vinagre. El detalle más fuerte de todos no lo puedo mencionar, porque pudiera resultar traumático para muchas personas. Asà que, para que puedan darse una idea, digamos que la mujer fue inducida a un parto claro que ella no estaba embarazada. Aún asà le sacaron algo como era más que evidente que existÃa un crimen. Los del amor que tomaron fotografÃas eran los noventas y estábamos hablando de un hospital que ni siquiera estaba entre los mejores del Estado, asà que las fotografÃas fueron tomadas con una cámara desechable. Lógicamente, eso lleva su tiempo. No recuerdo cuántas horas tuvieron que pasar para que las fotografÃas estuvieran listas. Estas se entregaron a la fiscalÃa en caso de que decidieran abrir una carpeta de investigación. El problema fue que el mismo dÃa que se entregaron las fotografÃas, la fiscalÃa envió a alguien a regañar a los de la morgue. Esa persona utilizó un tono poco agradable y también la palabra ineptos. Lo que pasó fue que las fotografÃas estaban en negro. Esta persona de la fiscalÃa fue al amor que a tomar las fotografÃas él mismo no pasaron ni veinticuatro horas cuando de la fiscalÃa nos informaron que el cuerpo serÃa depositado en una fosa común. Resulta que las fotografÃas que tomó el de la fiscalÃa también estaban en negro por alguna razón que sale por completo de lo posible. El cuerpo no podÃa ser fotografiado. Lo intentaron dos personas diferentes, cada una con una Cámara diferente y el resultado fue él mismo un lienzo negro. Eso tal vez pudiera estar relacionado con los incidentes que ocurrieron durante las casi cuarenta horas que el cuerpo estuvo en la morgue del hospital. El primer incidente le ocurrió el camillero que llevó el cuerpo a la morgue. Cuando iban en el pasillo que daba a las puertas del amorgue, las luces se iban apagando detrás de él. Cuando el camillero salió de la morgue, todo el pasillo estaba a oscuras. Las luces tuvieron que ser cambiadas. El segundo o te le ocurrió al compañero del amor que que realizó las primeras fotografÃas. Justo cuando se acercó para tomar fotografÃas a la grotesca herida del cuello, el cuerpo movió los ojos como si estuviera volteando directo a la Cámara. Eso asustó al compañero del susto, soltó la Cámara y ésta cayó sobre sus zapatos. Por eso la Cámara no se rompió. Cuando la Cámara golpeó contra sus zapatos, se tomó una fotografÃa, pero se los digo al final. El tercer incidente le ocurrió a la persona encargada de limpiar la morgue, una señora muy católica. En la muñeca derecha utilizaba una pulsera de la Virgen de Guadalupe, en la otra muñeca una pulsera de San Judas Tadeo y en el cuello siempre llevaba un rosario con su respectiva cruz. Ella resbaló entrando a la morgue. No le pasó nada que no pudiera ser aliviado por las mismas enfermeras. Lo extraño fue que al caerse se le reventaron las dos pulseras y el rosario es absurdo. Las pulseras eran de tela. Lo que yo creo es que la mujer, la paciente, fue vÃctima de algunas secta satánica. La han de haber sometido a un ritual muy fuerte. El ritual, por la razón que sea, no salió bien y por eso fueron a tirar a la mujer a la carretera. Esto lo digo por tres cosas. La primera son las pulseras religiosas y el rosario, que se reventaron de una manera ridÃcula y nada probable. La segunda es que el cuerpo no pudo ser fotografiado. Y la tercera es la fotografÃa que se tomó sola cuando la Cámara cayó en los zapatos del compañero. Esa fotografÃa no la vio él, sino que cuando la persona de la fiscalÃa fue a reclamar, llevó el folder donde estaban las imágenes. Una enfermera fue la que levantó el folder del piso cuando este tipo lo aventó al suelo mientras gritaba. Pero entre las fotografÃas encontró una sola que sà se podÃa ver y nos la mostró a Barbara. En esa fotografÃa se veÃa la parte de abajo de la mesa de autopsias, obviamente el piso y la parte baja de unas gavetas que estaban del otro lado de la mesa, pero habÃa un detalle que nos puso la piel de gallina. Entre la mesa y las gavetas estaba alguien parado, no una persona, porque los seres humanos no tienen pezuñas. Lo que salÃa en esa fotografÃa eran las patas del diablo. De eso no tengo duda. Por lo mismo es que creo que esa pobre mujer tuvo la mala suerte de caer en manos de una secta satánica paciente. Tres esta primera anécdota deben aprendérsela muy bien porque les pudiera servir en caso de que, desgraciadamente, se vean en la situación de tener a un familiar grave internado en un hospital. Los doctores de la vieja escuela, tanto de mi generación como anteriores, conocemos ciertos detalles que nos ayudan a estar al pendiente de un paciente o estar al pendiente de la familia del paciente. No sea qué se deba, pero cuando algo muy malo le va a pasar a una persona, su sentido del olfato es capaz de avisarle, lo que es bueno, porque aunque los pacientes no saben que algo les va a pasar, cuando detectan algo con el olfato, avisan y si el doctor tiene el conocimiento cómo era mi caso, podÃamos actuar. Me llegó a pasar con muchos pacientes, pero les hablaré de uno. Una noche llegó a urgencias una señora de unos cuarenta años. No le dolÃa nada, no tenÃa ninguna herida ni golpe, pero ella decÃa que se sentÃa muy extraña, además de que percibió un olor muy fuerte y muy feo un olor que nadie más podÃa percibir más que ella. Como yo ya tenÃa experiencia con esas situaciones. Cuando me dijo eso, yo de inmediato le ingresé no porque supiera exactamente lo que le iba a pasar, pero yo estaba previniendo para cuando le pasara eso ya hubiera enfermera cerca. Dicho y hecho, a los veinte minutos de haberla puesto en una camilla, la mujer empezó a convulsionar. Se necesitó de un doctor y de dos enfermeras para poder controlar la convulsión. A los ocho dÃas de estar internada y en un estado delicado. Cuando le estoy revisando la intravenosa, la paciente me dice que ella se siente mejor que hasta podÃa percibir un olor a flores. La mujer iba a morir. Ese dÃa. Cuando un paciente que está grave y repentinamente dice que le llega un olor como a flores, significa que morirá nunca falla. Lo que hice fue pedirle a los familiares de la mujer que estuvieran con ella. Claro que a la familia no les dije lo que iba a pasar, para no ponerlos nerviosos ni tampoco a la paciente. Antes del anochecer, la mujer murió de un infarto paciente cuatro. Eso del olor a flores no es la única manera que los doctores de la vieja escuela nos podÃamos dar cuenta que un paciente iba a morir. HabÃa un paciente que estaba en coma, tenÃa en ese estado tres meses. En todo ese tiempo no habÃa habido ningún cambio. Un dÃa, un familiar del paciente se acercó conmigo para pedirme si podÃa hacer que alguien limpiara el lugar donde estaba el paciente. Yo le pregunté por qué me estaba pidiendo eso si todo el hospital se limpiaba cada dÃa. Lo que me respondió fue que habÃa una mosca de esas panteoneras volando por encima del paciente que, por más que intentó espantarla, la mosca no se iba. Le dije que no se preocupara que en ese mismo momento iba a ir a buscar a alguien para que fuera a revisar por qué habÃa una mosca ahÃ. Pero claro que no hice nada de eso. No tenÃa caso, porque cuando una mosca de esas grandes pasa mucho tiempo volando por encima de un paciente, significa que va a morir en unas pocas horas. Paciente cinco. Una última manera en la que los doctores de aquella época podÃamos anticipar la muerte de un paciente. AhÃ, en el hospital le decÃamos el último despertar es cuando un paciente está demasiado grave y a la familia se le ha avisado que el paciente va a morir, sólo que no sabemos cuándo. Lo que ocurre con el último despertar es que una mañana ese paciente en tal mal estado despierta como si nada, como si lo que tenÃa tan grave hubiera desaparecido por arte de magia, nada le duele, le regresa el apetito hasta se pone de buen humor, eso sin explicación médica. Cuando eso ocurre, significa que al paciente solamente le quedan veinticuatro horas de vida. El término oficial de esta condición es lúcido exterminar. Pero que exista un término médico no significa que exista una explicación, porque al menos hasta cuando yo terminé mis dÃas. Como personal médico, nunca se encontró una explicación de por qué pasaba eso con los pacientes en etapas terminales. Aquà me va a disculpar la gente de ciencia, pero lo que yo pienso y que es producto de tantos años de experiencia y de ver que eso le pasaba a muchos pacientes. Lo que yo pienso es que ocurre cuando el alma se da cuenta que la muerte está por llegar e intenta reanimar el cuerpo para que la persona pueda pasar unos últimos momentos agradables con su familia. Puede sonar un poco ortodoxo, pero de hecho, el padre de la medicina Hipócrates llegó a conclusiones similares en su época paciente seis. Existe un fenómeno intrigante que se observa con frecuencia en los accidentes de tráfico, especialmente en atropellos, es la pérdida de calzado, ya sea uno o ambos zapatos, por parte de las vÃctimas. Esta pérdida, incluso en casos donde los zapatos están firmemente atados con cordones, se debe a las tremendas fuerzas resultantes de una colisión, es decir, la energÃa cinética del vehÃculo. El movimiento en el momento del impacto se transfiere al cuerpo de la vÃctima, sacudiéndolo incluso ocasionando qué pulseras y anillos se desprendan. Yo he hablado con expertos sobre esto, no sólo con los compañeros del amor que sino con forenses que conozco por fuera. Ellos dicen muchas cosas, como, por ejemplo, la influencia de fuerzas fÃsicas, las cuales actúan según el tipo de colisión y el atropellamiento en cuestión. También me han dicho que el cuerpo humano al momento del impacto entre en un Estado de choque resultando en una disminución de la temperatura corporal y en la reducción del tamaño de las extremidades, particularmente de los pies, lo que provoca que los zapatos se salgan. Esos son los argumentos cientÃficos. Claro que la ciencia no puede explicar por qué las personas que llegan a urgencias con ambos zapatos sobreviven, pero a los que les falta un zapato o dos siempre muere. No son teorÃas mÃas. Esas afirmaciones las hago basado en todos mis años de experiencia. Bajo ese hecho irrefutable, yo he buscado explicaciones menos convencionales. El tema lo he platicado con personas que se dedican a cosas esotéricas y ellos me han dicho que ese fenómeno se produce debido a la obra negativa. Yo no entiendo mucho del tema, pero trataré de explicarlo. Creo que todos sabemos que nuestro cerebro funciona con electricidad. Eso es un hecho, asà que, según estas personas esotéricas. La electricidad que viaja por el cuerpo es una electricidad diferente. Es algo asà como electricidad viva. Esa electricidad viva produce un magnetismo biológico. Ese magnetismo hace que cargas eléctricas ajenas al cuerpo, entren por las manos y salgan por los pies. Como una especie de circuito. Cuando una persona recibe un impacto demasiado fuerte, como es el ser ando atropellado, el circuito se interrumpe de forma abrupta, al mismo tiempo que la energÃa vital de la persona se reduce. Si la reducción no es excesiva, la electricidad del cerebro puede mantener cerrado el circuito, pero si la energÃa vital quedó en niveles mÃnimos crÃticos. El cerebro no puede hacer nada lo que produce un cortocircuito. Esas energÃas son las que hacen que uno o dos zapatos salgan volando. En una ocasión hubo un accidente a las afueras de la ciudad. Un autobús embistió a dos motociclistas. Al momento del suceso no hubo ningún muerto. Los dos motociclistas llegaron igual de graves al hospital. El cuadro de ambos era múltiples heridas, fracturas, por lo menos un órgano comprometido. De verdad estaban graves en ese momento. A mà me habÃan asignado a dos practicantes. A nosotros no nos tocó atender como tal la emergencia. Ayudamos en algo, pero no nos involucramos. Sin embargo, cuando llegaron los motociclistas, uno llevaba ambos tenis y al otro le faltaba el tenis izquierdo. Yo les dije a los practicantes que prestaron mucha atención a ese detalle porque el motociclista que habÃa llegado sin el tenis iba a morir. Ellos, por supuesto, no entendÃan cómo yo podÃa hacer ese diagnóstico si apenas los estaban ingresando. Mientras ambos motociclistas estaban siendo atendidos, el que llegó con sus dos tenis empezó a empeorar, lo que, por supuesto, causó que los practicantes me dijeran que yo me habÃa equivocado. Mi respuesta sólo fue el silencio. Al final, el que llegó con sus dos tenis pudo ser estabilizado y, tal como yo habÃa dicho, el que llegó sin el tenis izquierdo terminó muriendo. Los practicantes estaban intrigados. Lo que yo les dije fue lo mismo que acabo de explicar antes que, por supuesto, hay conjeturas cientÃficas, pero la experiencia apunta a que todo tiene una explicación que vamos a ya paciente siete, vamos a cambiar de paciente, pero no de tema, porque el asunto de perder un zapato tenis chancla lo que sea ese fenómeno tiene una variante y esa es cuando se pierden ambos pares del calzado. Cuando eso ocurre, la muerte es inevitable, pero con todo respeto para los difuntos y para sus familiares. Ese es el menor de los problemas, al menos en lo que respecta al personal médico. Cuando ambos zapatos se desprenden, es un aviso de que el alma o espÃritu del paciente no se va a ir, El fantasma va a aferrarse al mundo de los vivos. Y aquà pueden ocurrir dos cosas. La primera es que el fantasma se quede en las instalaciones del hospital. Pero la segunda, que es la más peligrosa, implica que ese fantasma se adhiera a alguien del personal y lo persiga hasta su casa. Tuve un colega que se volvió la loco. Debido a eso llegó un accidentado sin calzado. Evidentemente murió, pero se empezó a aparecer en la casa de un doctor, especÃficamente el doctor que habÃa estado presente cuando el accidentado murió. El fantasma de esa persona no era agresivo, pero hostigaba al doctor de una forma muy insistente. Un dÃa simplemente el colega abrumado por tener un fantasma en su casa, tuvo un brote de locura y ya no pudo regresar a ser él mismo. Pero continuando con el caso de un paciente que me tocó atender a mÃ, lo que pasó fue que una niña iba saliendo del kinder. La mamá estaba distraÃda. La niña se le suelta de la mano y corre para cruzar la calle. La niña intentó atravesar justo cuanto un carro iba pasando el conductor cuando la vio intentó frenar, pero era demasiado tarde cuando la niña llegó al hospital. Estaba demasiado grave. A mà me tocó atenderla, pero no habÃa mucho que se pudiera hacer. Solamente calmar el dolor y esperara que muriera. Si hubiera sido un adulto, nos hubiera dado más tiempo para intentar salvarle. Pero los cuerpos de los niños son frágiles. No resisten cosas como esas. Fue la primera vez que me tocó atender a una persona atropellada Por eso el detalle de que llegara sin sus zapatos lo pasé por alto. No tenÃa idea de que eso fuera algo relevante. Una noche, como cualquier otra, alrededor de las diez, mientras yo estaba yendo a prepararme un café porque me habÃa tocado guardia, empecé a tener una sensación rara. Los pasillos me parecÃan más largos. Las luces molestaban mi vista. Además de que me sentÃa observado. Tomé mi café. Continué con mis actividades, pero esa sensación extraña se mantenÃa. Cuando el reloj marcó la medianoche, yo realizaba mi rutina de revisión de pacientes. Escuché pasos a esas horas ya no estaban permitidas las visitas, asà que supuse que se trataba de una enfermera o o de otro doctor. Pero prestando atención, me di cuenta que los pasos que se estaban escuchando eran de pies descalzos. Eso me hizo voltear hacia el otro lado del pasillo para ver quién andaba ahÃ. Pero en cuanto me giré, los pasos dejaron de escucharse. Terminé de revisar a los pacientes. Todos estaban bien. Fui a prepararme un café en el camino me encontré con una enfermera y le comenté lo de los pasos. A ella se le hizo raro. Una hora después, cuando le tocó a otro doctor ir a revisar a los pacientes, también comentó que habÃa escuchado pasos. Lo único que se nos ocurrió fue que, a lo mejor de alguna forma, un indigente se habÃa metido al hospital. Sin que nadie se diera cuenta de ser el caso. TenÃamos que encontrarlo para sacarlo antes de que hiciera algo, asà que la enfermera, el otro doctor y yo fuimos a revisar a ver qué encontrábamos. También le avisamos al guardia para que estuviera al pendiente. Esa noche nadie encontró nada fuera de lo normal. La siguiente ocasión que me tocó estar de guardia, se volvieron a escuchar los pasos y la próxima vez de nuevo lo mismo. Lo raro era que en esos pasos no se escuchaba cuando me tocaba guardia, por supuesto que yo no fui el único en notar los pasos. Sólo se escuchaban durante mis guardias. Entre pláticas. Salió ese tema y una enfermera que ella tenÃa bastantes años. Ahà en el hospital, me preguntó si antes de empezar a escuchar los pasos se me habÃa muerto. Un paciente le respondà que sà y le conté de la niña atropellada. La enfermera me preguntó si esa niña habÃa llegado con zapatos o sin zapatos. Yo no entendà su pregunta y quise saber qué tenÃa que ver eso. La enfermera sólo me repitió su pregunta. Yo me puse a hacer memoria y le dije que la niña atropellada habÃa llegado sin zapatos. Ahà fue la primera vez que me explicaron lo que pasaba con ese o tipo de pacientes y el misterio que se escondÃa detrás. La enfermera dijo que los pasos que se escuchaban eran los pasos del fantasma de la niña que se andaba paseando por el hospital, que sólo se escuchaba cuando yo estaba presente porque habÃa sido mi paciente. También me contó que yo habÃa tenido mucha suerte, en primera porque, al parecer, el fantasma de la niña era completamente inofensivo y en segunda, porque el fantasma no me habÃa seguido a mi casa. Esas son todas las historias. Quiero dejar muy en claro que haber vivido esas experiencias no me hace especial ni nada parecido. La gran mayorÃa de los doctores han tenido por lo menos un par de experiencias que rozan en lo paranormal, ya sea con pacientes o con otras situaciones. La cuestión es que los doctores prefieren no hablar, porque ha ocurrido que doctores que cuentan sus experiencias, son fechados de poco profesionales y algunos están perdidos sus trabajos. Por eso casi todos prefieren guardar silencio. En mi caso, yo me animé a contar todo porque ya estoy retirado relatos escritos y adaptados por Ramiro contreras








