Aug. 22, 2023

La Sombra De La Muerte Historias De Terror - REDE

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Relato de un médico cirujano. Nota de lengua de brujo. La siguiente narración ha sido proporcionada con la máxima confianza por parte de un profesional de la medicina con el fin de salvaguardar su privacidad. El nombre del individuo no fue mencionado en ningún momento. Cabe destacar que las prácticas llevadas a cabo en las experiencias descritas fueron realizadas siguiendo los procedimientos establecidos. Nota del médico. Antes de contar mi experiencia, quiero hacer mención de que lo que escucharán es sólo por experiencia personal y percepción propia. No busco ofender a nadie ni mucho menos menospreciarlo y sin más. Esta es mi historia. Ser médico es abrir una ventana a una serie de experiencias paranormales que pocos pns pueden comprender nos encontramos en el límite entre la vida y la muerte y en ocasiones esta última parece estar tan cerca en la sala de operaciones que incluso el cirujano más hábil se ve superado por su presencia. Desde que inicié con la profesión médica, he tenido encuentros con la muerte que me han dejado sin palabras. Cada una de estas experiencias han sido un recordatorio poderoso de lo frágil que es la línea que separa la vida de él más allá y de cómo uno, teniendo el suficiente conocimiento, puede hasta vencer a la muerte. La primera vez que me enfrenté a la muerte de cerca fue durante mi primer año de residencia en el hospital. Un paciente mayor ingresó con una enfermedad grave y con un pronóstico sombrío. Pase días y noches cuidando de él, ajustando medicamentos y monitoreando sus signos vitaleas. Su familia estaba desesperada por un milagro, pero yo sabía que sus posibilidades eran escasas. Una noche, mientras caminaba por el pasillo del hospital y hacía mis rondas, vi una sombra en el extremo del corredor parpadeé y la sombra desapareció. Pensé que quizás se trataba de una de las enfermeras que estaba administrando medicamentos. Ya estaba cansado, pues llevaba más de cuarenta horas de jornada laboral anhelaba descansar un poco, así que decidí finalizar mis rondas con el paciente al que había estado cuidando con tanto esmero. Mi mente estaba agotada y mis sentidos parecían jugar trucos conmigo debido a la fatiga. Al abrir la puerta de la habitación, noté cómo la cortina se elevaba hasta el techo como si una corriente de aire hubiera entrado de manera repentina. Esto me desconcertó, ya que normalmente mantenemos cerradas las ventanas por cuestiones de seguridad. Me acerqué a la ventana con la intención de cerrarla, pero en ese momento mi atención fue capturada por algo inusual. El monitor del ritmo cardiaco del paciente estaba apagado o al menos no emitía el característico zumbido que indicaba su funcionamiento. Mi pulso se aceleró y mi experiencia como médico me decía que algo no estaba bien. A medida que mis ojos se posaban en el paciente, sentí que el ambiente se volvía más denso como si la atmósfera misma supiera lo que estaba ocurriendo. Actúe de inmediato. Revisé los signos vitales del paciente, pero un escalofrío recorrió mi espalda cuando noté que no tenía pulso rápidamente saqué mi estetoscopio y lo coloqué sobre el pecho del paciente, buscando desesperadamente algún indicio de vida. El silencio parecía aplastante, mientras mis oídos capturaban sólo el eco de mis propios latidos. A medida que cada segundo pasaba, el peso de la situación se volvía a mal abrumador. Sabía que algo terrible había ocurrido, pero mi mente se negaba a aceptarlo por completo. Me enfoqué en tratar de encontrar cualquier signo, cualquier señal que pudiera brindarme una pista sobre lo que había pasado. De pronto percibí que había movimiento detrás de mí. Podía sentir una presencia, algo que pude ver por el rabillo de mi ojo estaba paralizado luchando contra el impulso de voltear mi mente estaba llena de preguntas y temores, pero una extraña calma también se apoderó de mí. Finalmente, mi paciente había fallecido en silencio y en soledad. El entorno volvió a la normalidad. El calor y el zumbido de las máquinas retomaron su lugar, pero el impacto de lo que había sucedido estaba resonando en mi mente. En ese momento recordé la sombra que había visto en el pasillo. Ya había escuchado a ar historias sobre la muerte en el hospital y cómo entraba a las habitaciones de los enfermos y se los llevaba. Cerré los ojos unos instantes. Respiré un poco y pensé de qué manera decirle a sus familiares. Sé que está maldecirlo, pero siendo mi primer año de residencia, le había adquirido un sentimiento especial a mi paciente. A pesar de todos mis conocimientos y preparación, el encuentro con la muerte seguía siendo algo inquietante y misterioso. Sabía que ésta no sería la última vez que enfrentaría esa línea delicada entre la vida y la muerte. En otra ocasión, en plena madrugada, recibió una llamada urgente de la enfermera. En turno, el tono de su voz ya me advertía que la situación era crítica. Sin perder tiempo, me apresuré a llegar a la habitación del paciente. Este tenía su piel pálida y sus labios azules. Le hacía falta aire y su cuerpo luchaba por obtenerlo. Empecé a trabajar de manera frenética para estabilizarlo. Ajustaba a los monitores, administré medicamentos. Hacía lo que se me ocurría pero a pesar de mis esfuerzos, sus signos vitales continuaban debilitándose. Era como si algo evitara que yo lo ayudara. De pronto vi algo que me hizo detenerme en seco. La misma sombra que había visto antes se manifestó nuevamente esta vez. Su presencia era más cercana, más intensa. Me le quedé observando esta vez la podía ver sin problema. No se movía a escondidas. Simplemente avanzó hacia mi paciente. Miré a las dos enfermeras que me acompañaban y ellas no se habían precatado de ella. Tuve una sensación de desaliento. A pesar de mis esfuerzos. Sabía que no le ganaría jamás a la muerte, pero algo en mí me motivaba a ganarle a lo desconocido, a enfrentarme a aquel que todos le temían. Yo sabía que cada segundo que tenía a mi paciente conmigo se volvía crucial para mantenerlo con vida. Mis sentidos se agudizaron. Sentía una mezcla extraña de sentimientos y emociones. Sabía que no podía permitir que esa asombra oscura dictara el destino de mi paciente. Así que redoblé mis esfuerzos empleando cada recurso y conocimiento que recordaba. Me di cuenta que la sombra bailaba de un lado a otro del paciente. Pude sentir que dentro de la habitación se libraba una lucha. La sombra permanecía firme y yo no me dejaría ganar era como si el tiempo se hubiera detenido por un instante. Finalmente, después de una intensa batalla y con el corazón en la garganta, logré estabilizar al paciente. Sus signos vitales comenzaron a fortalecerse gradualmente y la sombra pareció disiparse poco a poco la habitación, que antes había estado llena de tensión y desesperación, ahora respiraba un suspiro de alivio, aunque la sombra de la muerte aún se dejaba sentir en el aire. Pero ahora más leve, yo estaba muy cansado, agitado. Mantuve ambas manos en la camilla pensando en todo lo que había sucedido. De pronto, la voz de una de las enfermeras hizo que despertara del trance. Lo salvó. Doctor la miré apenas estaba comprendiendo sus palabras. Cuando me di cuenta que había vencido a la muerte. Al salir de la habitación, me dejó una extraña sensación. Compartí minuciosamente toda mi experiencia con una colega médica con quien solía reunirme para comer y conversar. Le. Narré en detalle todo lo que había experimentado y lo que mis sentidos habían captado en esa situación. Ella con varios años de experiencia en comparación conmigo, me compartió que había enfrentado circunstancias similares en el pasado, Pero lo que más me inquietaba era el impacto que esto podría tener en mí, ya que se decía que aquellos que desafiaban a la muerte de esa manera enfrentaban un destino inevitablemente oscuro. Mi colega me contó que llegó un momento en el que se daba por vencida no podía ser juez entre el destino y la vida. Yo, en cierto modo, sentía que mi deber era preservar la vida. Como médico, el tiempo en casa es un lujo raro y fugaz. A menudo llegas exhausto y apenas tienes energía para cambiarte de ropa antes de volver al hospital. En aquel día, en particular, no sabía ni qué hora era ni cuándo me dejé caer en la cama y caí en un profundo sueño. De repente, mi cuerpo comenzó a sacudirse como si un frío penetrante hubiera tomado posesión de mí. A pesar de no ser temporada de que cle imagélido, sentía que mis huesos estaban siendo invadidos por un frío más intenso A tientas. Busqué la manta y me la arrojé por encima para quitarme esa sensación. Aún así sentía mucho frío. Abrí los ojos y mi mirada se encontró con la silueta oscura que estaba de pie a un lado de la cama. Yo estaba en un estado de parálisis silenciosa. Una presión oprimía mi pecho. Entonces, como una ráfaga, la sombra se desplazó velozmente por mi habitación. Encontró la puerta cerrada, pero eso no supuso un impedimento. Se abrió sola en cuestión de segundos. El ambiente cambió drásticamente. La presión que había sofocado Mi ser empezó a disiparse gradualmente, como si el aire pesado se hubiera evaporado. Finalmente pude respirar con normalidad. Me quedó completamente claro de que aquello había sido una advertencia. Era como si la sombra me hubiera comunicado sin palabras que no era sabio desafiar el orden natural de las cosas. Después de esa amarga experiencia, los encuentros con las sombras se convirtieron en una constante en mi vida. Era consciente de su presencia, la percibía mientras se ambulaba por los pasillos del hospital y a veces incluso dentro de las habitaciones de los pacientes. A medida que el tiempo pasaba, esa entidad oscura se volvía más visible y palpable. Aquella experiencia había dejado su huella en mí y A pesar de la inquietud que me generaba, no podía ignorar su existencia. En realidad, llegué a sentir que mis manos estaban atadas en relación a mis deberes. Como médico, a medida que realizaba mis rondas y atendía a los pacientes, siempre estaba consciente de esa sombra en el rincón de mi visión periférica. A veces incluso la veía junto a las camas de los pacientes más graves, como si estuviera esperando en silencio. Mi capacidad para concentrarme en mi trabajo se veía mermada por esa constante sensación de su presencia. En medio de esta situación, mi colega me preguntó si había considerado la posibilidad de una limpieza espiritual o buscar ayuda de un chamán, pero en mi interior esa no parecía ser una solución. Sentía que enfrentar a la sombra era mi responsabilidad. Fue entonces que mi colega me sugirió hablar con alguien que había pasado. Por lo mismo me llevó a conocer a otro colega en otro hospital. Esa persona me habló sobre sus experiencias similares y me explicó cómo enfrentar el problema. Me ayudó a entender cómo funcionaba la sombra y qué se podía hacer al respecto. Sus historias se sintieron cercanas y me hicieron ver que no estaba solo en esto. Aprendí que la sombra tenía reglas y límites que yo también debía respetar. Las charlas con él fueron esclarecedoras. Aprendí que no era sólo una lucha contra la sombra, sino un esfuerzo por entenderla. Mi colega me mostró cuánto intervenir y cuándo dejarla seguir su camino. Siempre he tenido en cuenta el respeto por la vida y la muerte explorar ese aspecto poco conocido del mundo. Se volvió menos aterrador. Me sentí más fuerte y listo para enfrentar los desafíos que se me presentaran y entonces pasó. Me tocó acceder a una cirugía en la cual la vida de un niño estaba entre ese borde. Pude notar la presencia de la sombra aguardando su momento. Recordé las palabras de mi colega, donde no se trataba de una lucha. Ella estaba allí por si yo fallaba, pero si era necesario dejar ir al niño, no tenía que poner un alto. Ese día fallé, no pude salvar al niño, pero de algún modo me di cuenta que la sombra espero su turno y al ver que yo me hice un lado para dejarla pasar, me di cuenta que nos comenzamos a entender. Han pasado décadas desde que comencé mi residencia y que esas experiencias se han estado repitiendo. Pero la verdad y creo que hablo por todos los médicos. Uno sabe de la existencia de este ser y en ocasiones lo ignoramos, como me ha pasado estos últimos años. Solo que cuando sabes que te debes rendir y dar paso a la naturaleza de la vida, lo haces. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo