La Secta Del Gran Desierto De Altar Historias De Terror - REDE

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La oscuridad del desierto. Si observan la imagen que está en la pantalla, es casi cien por ciento probable que piensen que se trata de una fotografÃa sacada en Egipto o en Arabia. Sin embargo, la foto que están viendo fue tomada el veintisiete de junio del dos mil dieciocho en México. Se trata del gran desierto de altar, una vasta extensión que abarca tres municipios, Puerto Peñasco, Plutarco, ElÃas Calles y San Luis RÃo Colorado, todos en el estado de Sonora. Es increÃble pensar que se puede cruzar la frontera a través de este desierto, aunque no es mi intención recomendarlo, Sólo quiero compartir esta curiosidad. Lo más asombroso es que aquÃ, en este árido lugar, se encuentra una gran diversidad de especies de animales y plantas. Es uno de los desiertos más ricos en biodiversidad en todo el mundo. En las arenas de ese desierto se encuentra el volcán del Pinacate, el cual ha existido desde hace más de un millón de años. Si un desierto arenoso con un volcán no fuera lo suficientemente inusual. Además, en la zona se pueden encontrar concentraciones de agua dulce, pero eso no es todo. El gran desierto de altar es el territorio ancestral de los Tohono otam, quienes posiblemente representan el primer asentamiento humano en todo el continente americano. Estas personas han habitado estas arenas desérticas desde tiempos ancestrales y, aunque en la actualidad no todos se consideran una tribu unificada, comparten una diversidad lingüÃstica interesante. Algunos hablan español, otros inglés y algunos manejan ambos idiomas su estilo de vida es similar al de cualquier otro pueblo de sonora, lo que demuestra su adaptación y a y a rras región. Dentro de los tohono Ota hay una variante que son los pápagos. Aquà las cosas se vuelven un poco confusas, porque tohono odam hay tanto en México como en Estados Unidos. Pero no hay pápagos en Estados Unidos. Solo hay en México. La división se da porque unos son más puros que otros. Algo asà claro que yo no soy historiadora. Yo me llamo César vivo en phonix Arizona. Soy hijo de migrantes. Mis padres tuvieron mucha suerte y por eso yo pude entrar a la universidad allá por el dos mil diecisiete. Fue durante mi etapa universitaria cuando entablé una amistad con una joven perteneciente a los Tonoota y todo lo que estoy contando ahora es lo que ella me explicó. Asà que, continuando con la historia, los Tonoodam se consideran a sà mismo como una nación dividida en doce distritos. De hecho, tienen un s espons con el que se identifican ese escudo. Son doce plumas en referencia a los doce distritos. Con todo el desastre que fue mover las fronteras de México con Estados Unidos, once de los distritos quedaron de aquel lado y sólo uno quedó en México. Por eso muchas de su gente habla inglés. Los tohono odam a dÃa de hoy todavÃa realizan sus rituales ancestrales ojos del mundo. Se limitan a conservar las tradiciones que implican rituales moralmente aceptables, como danzas y ese tipo de cosas. Pero lo cierto es que conservan por lo menos un ritual que implica sacrificios de sangre. Es cierto que es probable que nadie dentro de la etnia Tohono Odam admita que existen esos rituales y es posible que muchos de ellos ni siquiera estén conscientes de esto, ya que, según mi entendimiento, solo ciertos individuos con cierto tipo de ancestros pueden llevar a cabo esos rituales más oscuros, pero independientemente de lo que vayan a negar aquellos que sean parte de la etnia. Yo sólo diré lo que vi porque yo pude presenciar uno de esos rituales. Ese ritual del que sinceramente no sé el nombre. Es muy oscuro y para ello serÃa imposible realizarlo sin la ayuda de los delincuentes. Los que lo realizan piden cuota tanto a los polleros como a los nabos, y la cuota son personas. Pero ya llegaremos a eso. Hay que regresar a. Cuando conocà a la muchacha, me reservaré su nombre para no exponerla créanme cuando les digo que no hay muchas personas de su etnia que puedan estudiar la Universidad, porque para ello dependen de una beca que les da el Gobierno. Asà que estábamos en una clase. Cuando se me cayó mi pluma y rodó hacia donde ella estaba, le pedà si podÃa hacerme el favor de pasarme mi pluma. Dijo que sÃ. Cuando se agachó para tomarla, pude ver que de su cuello colgaba algo bastante peculiar. Se parecÃa una trapa sueños. Cuando me dio la pluma, le pregunté qué era lo que llevaba, puesto me respondió que era un amuleto de protección que le habÃa regalado su abuela antes de ingresar a la Universidad. Aunque hablaba inglés por su acento, me di cuenta que no era de familia estadounidense. Le dije mi nombre, que era hijo de padres mexicanos y le pregunté si ella también Me dijo que la respuesta era un tanto complicada y se rió. Le pedà que al salir me acompañara a la cafeterÃa y me contara. Ella aceptó. Después de eso hablamos español entre nosotros. No me gustaba la muchacha. Es sólo que el collar que llevaba Me llamó muchÃsimo la atención. Por supuesto que ya habÃa visto atrapasueños, pero nunca me habÃa tocado ver a alguien que usara uno de collar. Estando en la cafeterÃa, me contó todo lo que les dije al principio, lo del desierto de altar y de las personas que viven en la zona. Movido por la curiosidad, le pregunté si ellos creÃan en Dios o si tenÃan sus propias deidades ella compartió conmigo una historia que su abuela solÃa contarle. Para el pueblo de ella, el volcán Pinacate tenÃa un significado trascendental, pues era el lugar donde creÃan que el mundo habÃa sido creado. Era el epicentro de sus raÃces y el hogar de su principal deidad. Itoy. Hace muchÃsimo tiempo, tras un diluvio, Litoy se encontraba en el volcán Pinacate, junto al gran espÃritu coyote y juntos crearon cuatro grupos de personas. Los de piel blanca, amarilla, negra y roja también dieron vida a seres sin piernas y con brazos cortos, a quienes enviaron a vivir en el agua, marcando asà el ninicio de un nuevo mundo. Con el tiempo, la población de personas comenzó a aumentar de manera considerable en los dominios de la deidad, por lo que el Dios Hito y tomó una decisión. Creó cuatro entidades para reducir las poblaciones. La primer criatura fue la serpiente o un mod después fue creado é el semidiós águila y finalmente fue creado el demonio Nubik. A esas cuatro criaturas se les dio la tarea de reducir a los habitantes del mundo hasta que quedaran menos de la mitad. Esta acción provocó que la gente se tornara en contra del dios y ITOI y se la arreglaron para matarlo, pero él resucitó debido a su naturaleza divina. Esto sucedió en cuatro ocasiones, pero cada vez que lo mataban, él volvÃa a la vida, dándose cuenta que ella no habÃa manera que los humanos volvieran a adorarlo. El dios ito y se fue al volcán Pinacate y allà se recluyó durante mucho tiempo. En una cueva estando dentro, meditó mucho hasta que tomó la decisión de eliminar a los pueblos que habÃa creado. Cuando salió de aquella cueva dentro del volcán Pinacate, traÃa consigo a una nueva gente de un color diferente a los cuatro primeros que habÃa creado. Esa nueva gente eran los Tohono. Oda el Dios y toy encomendó a los Tohono odam la tarea de ayudar a las cuatro criaturas a exterminar a todas las personas. Aunque intentaron eliminar a todos, algunas personas lograron escapar con la ayuda de otro Dios que les permitió cruzar el agua y huir en los dominios del Dios y toy Solamente quedaron unas pocas personas de color rojo a los que se les predonó la vida luego de que se inclinaran ante él. Después de estos eventos, los tohó no odam se convirtieron en los custodios del territorio que antes protegÃa el dios itoe. El dios les entregó los recursos naturales del desierto y les enseñó a utilizar las medicinas y preparar alimentos. También les transmitió las canciones y ceremonias que debÃan realizar para rendirle tributo de toda la historia que me contó la muchacha. Tres aspectos en particular captaron mi atención y me intrigaron profundamente. La primera anomalÃa en esta historia es el hecho de que la deidad principal y toy supuestamente creó a los humanos de cuatro colores diferentes. Esto resulta sumamente llamativo y sorprendente, ya que los cuatro colores mencionados no corresponden a los colores de piel nativos del continente americano. En ese momento histórico, estos colores de piel no existÃan originalmente en el continente americano cuya población tenÃa predominantemente una tonalidad morena o cobriza, también conocida como color rojo. No encuentro ninguna explicación para que una historia de un pueblo o o o un unos siete mil años de antigüedad conociera de la existencia de personas con otra tonalidad de piel diferente a ellos. La segunda anomalÃa habla de un diluvio y de una variante de la especie humana que fue destinada a vivir en las profundidades del agua. Creo que es obvio que el relato se estaba refiriendo a las sirenas y a los machos de esa especie como sea que se llame. Se supone que los primeros registros escritos de las sirenas provienen de Irak y tatan de aproximadamente hace tres mil quinientos años. Por lo tanto, resulta difÃcil de entender como un asentamiento humano ubicado a más de doce cero kilómetros de distancia de Irak, con una antigüedad de alrededor de siete mil años, estarÃa hablando de sirenas mucho antes que ellos. Además, el hecho de que esta historia también mencione el diluvio, un evento que también aparece en la Biblia y en otras culturas antiguas, plantea más interrogantes. Parece poco prspro que un asentamiento tan antiguo y lejano tuviera conocimiento de un evento registrado en otras culturas. La tercera anomalÃa en la historia que me contó la muchacha es el detalle de que otro Dios ayudó a los humanos de piel blanca, negra y amarilla a huir cruzando el agua, lo que indica que tenÃan conocimiento de la existencia de otras tierras. Más allá de lo que podÃan ver. Ese detalle de que habÃa otras masas de tierra además de los tres continentes que están juntos. Se supone que solamente pudo ser posible hasta que los vikingos llegaron a Canadá en el siglo XII. No me explico cómo un pueblo en México pueda hablar de otras tierras, del otro lado del agua en una época en la que ni siquiera se tiene claro y por lo menos habÃa otras culturas en el mismo territorio. Todos los dÃas yo le preguntaba cosas sobre su gente y asà fue que nos volvimos muy buenos amigos. Luego, o unos diez meses, la muchacha me tuvo la suficiente confianza como para invitarme a conocer el lugar donde vivÃa ella. Debido a la universidad, estaba de Rumi con otras muchachas, pero su casa estaba en México. Cuando me invitó, me aclaró que para poder llegar, tendrÃamos que atravesar el desierto hasta el otro lado de la frontera, porque su casa estaba en sonora, dentro del desierto de altar. Curiosamente, le pregunté por qué no podÃamos simplemente cruzar la frontera por la carretera y luego dirigirnos al pueblo. Ella me dijo que, debido a la presencia del crimen organizado, era más seguro atravesar el desierto que arriesgarnos en la carretera. También me aclaró que casi nunca habÃa patrullas de migración por el área que cruzarÃamos. Además, en caso de que nos encontráramos una, me aseguró que no tendrÃamos problemas porque, yendo hacia México, ella tenÃa un documento de identificación que le daba el derecho de cruzar caminando por esa área y volver a Estados Unidos. Ambos podÃamos comprobar que vivÃamos allá. Asà que sólo hacÃa falta que yo me decidiera. Luego de pensármelo unos dÃas, me decidà y nos fuimos. Salimos en la mañana. Empezamos a caminar a eso de las once de la mañana. El trayecto resultó ser realmente agotador y pasamos más de ocho horas caminando hasta llegar a la Comunidad donde ella vivÃa. A pesar de que nunca antes habÃa experimentado tanto calor en mi vida, la vista durante el camino era simplemente increÃble. La belleza del desierto y su naturaleza imponente me dejaron maravillado y cada paso valió la pena al poder disfrutar esa visión espectacular. Finalmente, cuando llegamos a la Comunidad, habÃa gente esperándonos porque mi amiga les habÃa avisado de mi visita. Lo primero que hicieron fue darme agua y puedo asegurar que sabÃa a Gloria, aunque habÃamos llevado agua para la caminata por el desierto, la que yo llevaba se me terminó antes de llegar a la mitad del camino, por lo que mi amiga tuvo que compartirme la suya. Ella no iba tan sedienta lo que probablemente se debÃa haber nacido y crecido en medio del desierto. Esto le permitió adaptarse a esa condición. Llegamos justo a tiempo para la cena y tanto la familia de mi amiga como el resto de las personas en la comunidad habÃan preparado una cena especial. No se trataba sólo de celebrar mi visita, sino principalmente la de mi amiga, ya que ella era la primera en su comunidad en asistir a la Universidad. Por este motivo, cada vez que podÃa visitarlos hacÃan una fiesta para celebrar su logro. La cena era todo un festÃn. Yo, a pesar de ser hijo de migrantes, como nuestra situación económica era medianamente alta, estaba acostumbra a la gastronomÃa estadounidense, es decir, comprar comida hecha o precocinada en lugar de comprar los ingredientes para preparar la comida. En fin, lo central del festÃn era un guisado de carne de res con salsa roja y nopales. La gente que vivÃa en el lugar se mantenÃa de la venta de ganado, asà que tenÃan carne de muy buena calidad. En cuanto a las bebidas, me ofrecieron un alcohol que nunca antes habÃa probado. Puedo afirmar que era lo más fuerte que habÃa tomado en mi vida, incluso más que un tequila o un mezcal. Me dijeron que ese licor lo sacaban del maguey divino. Esa era la clase de cosas que yo querÃa escuchar. A eso habÃa ido a conocer más sobre lo que ellos consideraban sagrado. Asà que, mientras bebÃa un poco de ese licor, pregunté qué era el maguey divino. Me contaron que se trataba de una planta que solamente crecÃa debajo de las arenas del desierto y y que, al igual que todas las plantas, ese maguey sagrado daba un fruto al que ellos le decÃan la flor sagrada. Platicamos algunas cosas más, pero no demasiado, porque el licor que estábamos bebiendo era mucho más fuerte de lo que estaba acostumbrado. Me hizo sentir cansado y con sueño y decidà retirarme a descansar. Al dÃa siguiente, cuando desperté a eso, de las diez de la mañana ya estaban todos levantados. El papá de mi amiga me invitó a dar un recorrido que hacÃan los hombres de la Comunidad cada mañana. La caminata era ir a dar una vuelta de tres horas en el desierto, revisando a los alrededores de la Comunidad para asegurarse que todo estuviera en orden. Mientras hacÃamos el recorrido, nos encontramos con un grupo de quince personas estaban cruzando el desierto para ingresar a Estados Unidos de forma ilegal. Los hombres con los que yo iba los pararon y a la persona que que los llevaba le pidieron una clave para dejarlos pasar, ya que la persona que los llevaba dijo la palabra clave. Los dejaron que siguieran su camino. Algunos coyotes enviaban personas a través del territorio de la Comunidad, ya que era menos probable toparse con los agentes de migración en esa zona que en otras. Sin embargo, los coyotes debÃan pagar un impuesto por cada persona que mandaban por ahà cada tres dÃas cambiaban la palabra clave. Cuando el coyote pagaba el impuesto recibÃa la palabra clave Y asÃ, cuando la gente del lugar se encontraba con el caminador, este les decÃa la palabra clave y lo dejaban continuar sin problemas. Por otro lado, si atrapaban a alguien cruzando sin conocer la palabra clave, significaba que no iba de parte de un coyote, lo que podÃa traer problemas. Cuando pregunté qué pasaba. Si se encontraban a alguien cruzándose sin permiso, no dijeron nada. L solo levantaron un poco, sno sus camisas. Para que yo viera que todos andaban armados. Es importante mencionar que todo el dinero que recaudaban por los impuestos no se los queda la Comunidad, dado que ellos podÃan mantenerse con el ganado que tenÃan destinaban el dinero recaudado a otros miembros de la etnia que se encontraban en condiciones de escasos recursos en otras partes de Sonora. Luego, cuando ya casi habÃamos terminado de cubrir el perÃmetro, pude ver a lo lejos que habÃa una camioneta con personas armadas en la parte de atrás. Lo que me dijeron sobre eso es que asà era más fácil cruzar gente al otro lado. Por ahà también era más fácil cruzar mercancÃa. Me dijeron que inclusive los nagos les pagaban un impuesto para poder cruzar por sus tierras. Yo hice un comentario suponiendo que a ellos de seguro les cobraban mucho más dinero que a los coyotes, pero me respondieron que no, que el impuesto que le cobraban a esa gente no era dinero. Cuando pregunté qué era entonces lo que les cobraba. Evitaron responderme directamente y me informaron que ella era hora de regresar, porque seguramente la comida ya estarÃa lista. Durante la comida. Pregunté acerca de la flor sagrada. Me dijeron que el efecto que esa flor tenÃa en los humanos no era el mismo que tenÃan las personas en la antigüedad. Los ancestros la utilizaban para poder comunicarse con el Dios y toy que esa flor sagrada contenÃa un néctar que al ingerirlo hacÃa que la mente se alineara con el Universo y de esa forma era posible comunicarse con el Dios. Pero no cualquiera podÃa hacer uso de la flor sagrada, que el licor que se preparaba del maguey divino fue preparado por primera vez en tiempos de sus ancestros como una especie de prueba para saber quién era apto para poder ingerir el néctar de la flor sagrada cuando habÃa que consultar al Dios y y todo do los hombres se ponÃan a beber el licor y el último que quedara en pie era el que serÃa quien estableciera contacto. Hubo más de uno que intentó ingerir el néctar de la flor sagrada sin antes pasar por la prueba del licor del magate divino, pero todos aquellos que lo intentaron murieron porque no tuvieron la fortaleza necesaria para soportar la energÃa del néctar dentro de su cuerpo. Todo lo que me contaban parecÃa ser demasiado especÃfico como para tratarse de meras historias de sus antepasados, porque esas historias, más que darle una explicación mÃstica a las cosas, les daba un sentido lógico o por lo menos lógico desde el punto de vista de la forma en la que ellos veÃan las cosas. Después de la comida, me llevaron a ver cómo manejaban el ganado y después de eso fue la cena. Cada vez que comÃan se sentaban todos juntos ya fuera para el desayuno. La comida o la cena siempre lo hacÃan al aire libre frente a sus casas en grandes mesas colocadas juntas para que todos tuvieran un lugar. Los hombres se sentaban de un lado y las mujeres del otro. Curiosamente, a pesar de que ponÃan asientos en los extremos de la mesa, nadie ocupaba esos lugares. Las mesas estaban orientadas en dirección este a oeste. El asiento colocado al extremo de la mesa del Estado Este era destinado para que el dios y toy pudiera acompañarlos durante las comidas, aunque no siempre estuviera presente. Reservaban ese lugar en señal de respeto, ya que el dios podÃa llegar sin previo aviso. En cuanto al asiento del otro extremo, el del lado oeste estaba destinado para el demonio Nubick, quien también tenÃa la posibilidad de probar los alimentos. Me llamó la atención esta elección, ya que recordaba que el dios y Toy habÃa creado a cuatro criaturas, incluyendo al demonio Nubick. Por ello pregunté por qué no dejaban lugares para los otros tres seres, incluso para el espÃritu coyote. Me contaron que, después de que se estableció la paz en los dominios del dios Itoy, cada ser tomó un lugar. Los tojo no otan poblaron el desierto. La serpiente se convirtió en el guardián de las arenas. El águila se convirtió en el guardián de las montañas, el h oc ox se convirtió en el guardián del dÃa y el coyote se convirtió en el guardián de la noche. Por otro lado, el demonio Nubic fue enviado para ser el guardián del agua. Su función era asegurarse de que nadie de las otras tierras, ni las personas de los otros colores de piel ni sus dioses se acercaran a su territorio. Era una tarea muy importante, posiblemente la tarea más importante y esencial para mantener la paz en los dominios del dios y toy, Sin embargo, Nubick no lo vio de él de esa manera. Ãl sintió que, debido a su naturaleza destructiva, lo habÃan enviado a resguardar las aguas como una manera de mantenerlo alejado de las personas, como si fuera una especie de exilio pacÃfico. Eso lo molestó mucho. Asà que en una ocasión que personas de piel blanca estaban cruzando las aguas del norte. No los detuvo. Esas personas llegaron a unas tierras muy alejadas de los dominios de Aitoy, pero si ya estaban ahÃ, solamente era cuestión de tiempo para que se desplazaran y se acercaran. La actitud de Nubick fue interpretada como una traición por parte de ITOI, lo que provocó un enfrentamiento entre ambos. Sin embargo, ninguno de los dos salió ganador de este combate y toy podÃa resucitar cada vez que Nubick lo mataba. Pero Nubick, al ser un demonio creado con energÃa de muerte, era inmortal y no podÃa ser derrotado. Cuando el dios y el demonio el entendieron que su enfrentamiento serÃa eterno, dejaron de pelear, pero eso no significaba que habrÃa paz. Todo lo contrario. Nubick frustrado por no poder acabar con itoy mató al espÃritu coyote, dejando a la noche sin guardián y el demonio Nubic tomó ese lugar. Nubick le exigió a Tohón o Odam que le rindieran tributo, bajo la advertencia de que si no lo mantenÃan contento, se devorarÃa a todo aquel que caminara por las arenas del desierto durante la noche. Por eso, en la comunidad le dejaban un lugar en la mesa para mantener la paz con él. Era una historia bastante oscura. Inclusive me dejó una sensación extraña en el cuerpo. TodavÃa no daba la siguiente cucharada a mi cena cuando se pudo escuchar un grito desgarrador que asustó a los niños y a mà también. Cuando pregunté qué habÃa sido eso, sólo dijeron que Nubick estaba molesto gritos que habÃamos escuchado eran de migrantes que se habÃan convertido en la cena del demonio. Me sugirieron que terminara rápidamente mi cena para irme a acostar, ya que, al ser foráneo, podÃa llamar la atención de Novick, lo cual no serÃa nada bueno para mÃ. Terminé lo que tenÃa en el plato y me retiré a acostar. Pero no pude dormir. Pasaron como tres horas en las que yo solamente miraba el techo sin poder cerrar los ojos debido a los nervios, ya no escuchaba ningún ruido, porque las personas de ahà se dormÃan temprano. De pronto escuché una conversación. Era alguien de ahà de la Comunidad hablando por radio con otra persona. Se escuchaba un poco lejos, asà que no alcanzaba a distinguir lo que estaban diciendo. Pero lo que a mà me llamó la atención fue que ahà en la comunidad tuvieran un radio. El lugar que me estaban prestando para dormir estaban cerca de la ventana, asà que me pegué todo lo que pude a esta. Lo hice sin levantarme para que no se fueran a dar cuenta que yo estaba despierto. De todos modos, no logré entender nada. Luego de unos cinco minutos la conversación terminó, pero no hubo silencio. El hombre que estuvo hablando por radio empezó a hacer algo como que estaba despertando a otros hombres y entre todos algo estaban haciendo como no podÃa asomarme. Solo estaba escuchando pasos ruidos, murmullos, se estaban organizando. Después de quince minutos escuché el inconfundible sonido de una camioneta. Acercándose al lugar, me arriesgué y decidà asomarme por la ventana. Con mucho cuidado. HabrÃa apenas una rendija para poder observar lo que estaba sucediendo. Eran varios hombres en movimiento. Todos parecÃan estar ocupados con algo importante. Desde mi perspectiva, estaban de espaldas. Por eso no pude ver sus rostros. Pude notar que uno de ellos sostenÃa el radio que yo habÃa escuchado antes. La camioneta se detuvo cerca de la entrada de la comunidad y de ella descendieron hombres armados con el corazón latiendo aceleradamente. Me alejé sigilosamente de la ventana y me puse de pie, asegurándome de que todos en la casa estuvieran profundamente dormidos, Decidà investigar qué estaba ocurriendo afuera. Con precaución me dirigà hacia la puerta principal. SabÃa que no podÃa abrirla, ya que el más mÃnimo ruido alertarÃa a los habitantes de la casa en su lugar, me pegué a la puerta y apoyé mi oreja para intentar escuchar mejor lo que estaba sucediendo. Recuerdo cosas como fue más pronto esta vez. La misma cuota de siempre se echó a siete. Esas tres cortas frases fueron lo único que alcancé a distinguir con claridad, poco pero suficiente como para intrigarme. Después se abrió otra puerta. Hubo un forcejeo algo cayó al piso más conversación. Se cerró una puerta, se cerró la otra. Encendió la camioneta arrancó y se fue. Los hombres seguÃan murmurando. Un par de ellos levantaron lo que se habÃa caÃdo. Lo sé porque un instante sus voces cambiaron un poco como si estuvieran haciendo esfuerzo. Se escuchó que algo le prendieron fuego. Hubo unos quejidos de una mujer como si estuviera tapada la boca, cosa que me hizo pensar mucho. Los murmullos se fueron alejando, se estaban yendo llevándose consigo a la mujer. Cuando ya no pude escuchar nada. Abrà la puerta sin hacer ruido y salà a lo lejos pude ver que los hombres iban caminando con antorchas encendidas. Tuve la intención de ir a despertar a mi amiga, pero no lo hice porque tal vez su padre y l bar entre esos hombres. Mientras lo seguÃa permanecÃa atento a mi entorno memorizando puntos de referencia para no perderme en caso de tener que regresar rápidamente. Luego de caminar como por media hora, se detuvieron los dos hombres que llevaban a la mujer y uno con antorcha se quedaron en el centro. Los otros cuatro hombres que llevaban antorcha los rodearon. El hombre del centro con la antorcha la clavó en la arena. Luego con mucha fuerza, hundió sus manos en la arena y cuando la sacó, sostenÃa en sus manos, algo que a la luz de las antorchas parecÃa ser de color púrpura. No alcanzaba a distinguir la forma que eso tenÃa, pero tomando en cuenta todas las cosas que me habÃan platicado, no me fue difÃcil llegar a la conclusión de que eso que el hombre habÃa sacado era la flor sagrada. Después continuaron caminando como por unos cuarenta minutos y volvieron a detenerse. Se acomodaron de la misma forma. Los hombres que sostenÃan a la mujer y el que llevaba la flor quedaron en el centro y los otros cuatro los rodearon. Pero dejaron más espacio en el centro, mucho más espacio. En realidad, el hombre que llevaba la flor clavó con fuerza su antorcha en la arena y luego acercó la flor al fuego. Pero por más extraño que pueda sonar, la flor no se quemó, sino que empezó a cristalizarse. Lo sé porque antes de que la acercara al fuego, yo podÃa ver la flor porque las antorchas la iluminaban. Pero después de que la acercó al fuego, yo podÃa ver la flor porque la luz que le llegaba rebotaba como si se tratara de un espejo. Estando la flor cristalizada, el hombre de alguna manera la clavó sobre la antorcha. Eso apagó el fuego y se pudiera decir que la antorcha se convirtió en un centro cuya punta era la flor cristalizada. Luego el hombre se puso a cavar en la arena justo entre el centro y la mujer. Pasaron como tres minutos. Entonces, desde abajo de la arena, sacó un esqueleto con la misma cristalización de la flor. Ese esqueleto, a pesar de que a simple vista me pareció que era de una persona. Cuando pude ver mejor, noté que el cráneo era un poco alargado, además de que tenÃa un hueso que no tienen los humanos. Ese hueso unÃa la parte trasera de su cráneo con la parte alta de la espalda, por alguna razón que no logró entender el esqueleto estaba todo junto. El hombre acomodó el esqueleto de tal forma que lo sentó cruzado de piernas y no le costó nada de trabajo para que se quedara en esa posición. Ya con el esqueleto de cristal acomodado, el hombre tomó el centro y con mucha delicadeza, incrustó uno de los pétalos de la flor cristalizada en la frente de la mujer. No le atravesó la cabeza. Solamente hizo eso para sacar un poco de sangre. Después de unos segundos, el hombre retiró el centro de la frente de la mujer y asÃ, manchado de sangre, colocó el centro sobre la cabeza del esqueleto de cristal. Las cosas se empezaron a poner más sombrÃas, porque luego los hombres que tenÃan agarrada a la mujer la hincaron y estiraron uno de sus brazos. El otro hombre levantó el centro, gritó algo en su dialecto y luego dejó caer el centro sobre el brazo de la mujer. La flor de cristal atravesó todo el brazo. El hombre del centro caminó hasta ponerse detrás del esqueleto de Cristal, volvió a decir algo en su dialecto. Después de eso, agarró el centro con una sola mano y lo apuntó hacia la mujer. Lentamente fui retrocediendo sin despegar mi vista del frente. Me alejé mucho. Luego medà la vuelta y empecé a correr trastos tanto de recordar todos los puntos de referencia para evitar perderme corrà sin parar durante aproximadamente una hora. Estaba agitado y tosiendo, ya que el esfuerzo y la tensión iban pasando factura a mi cuerpo. Una señora salió porque me escuchó toser. Me pregunto por qué estaba afuera. Yo todavÃa tratando de recuperar el aliento. Le dije que habÃa tenido una muy mala pesadilla. La señora me pidió que fuera con ella. La acompañé a su cocina. Y ella me preparó un té que me relajó desde el primer sorbo. La señora me comentó que casi nunca recibÃan visitas que antes de mà habÃan pasado nueve años desde que la última vez que una persona externa estuvo en el lugar, ella me dijo que el desierto no era un lugar para cualquiera que podÃa dar miedo que a lo mejor. Por eso yo habÃa tenido la pesadilla, porque el desierto escondÃa muchas cosas oscuras, pero a nadie le gustaba a hablar de esas cosas mucho menos delante de una visita. Yo solo la escuché atentamente mientras bebÃa mi té. Cuando lo terminé, le agradecà a la señora por su amabilidad y me fui a acostar. No pasaron ni treinta segundos cuando me quedé profundamente dormido. Supongo que fue la combinación del cansancio por haber corrido en el desierto y el té tan relajante que me habÃa preparado al amanecer mi amiga vino a despertarme para el desayuno. Al verla me invadió una sensación de alivio antes de salir de la casa. Le comenté que tenÃa que volver a mi hogar, que el lugar estaba muy bien y que le agradecÃa de corazón haberme llevado, pero que el desierto me superaba y que necesitaba regresar a la ciudad. Ella sintió comprensivamente y me dijo sà entiendo cómo te sientes asà me sentà yo la primera vez que dejé el desierto para ir a la ciudad. No te preocupes. Después del desayuno nos regresamos, salimos y fuimos directamente a las mesas para comer. Mientras estábamos ahÃ, no podÃa evitar sentirme incómodo de estar sentado al lado de los hombres. Después de haber presenciado lo ocurrido la noche anterior, no tenÃa idea de quiénes habÃan participado en el ritual y quiénes no, ya que no estuve lo suficientemente cerca como para distinguir sus rasgos faciales. Pero aún asà me sentÃa perturbado por lo sucedido. Mi amiga aprovechó el momento oportuno para decirles que ese mismo dÃa nos regresarÃamos, que se le habÃa olvidado que tenÃamos un examen pendiente y que era importante que estuviéramos de vuelta a tiempo. Ese fue el pretexto perfecto para nuestra partida. Después de despedirnos de todos, recolecté mis pertenencias y comenzamos la caminata de regreso. Durante todo el trayecto sentà un enorme alivio de estar saliendo de aquel lugar. No tenÃa ninguna intención de volver nunca jamás, ya que el impactante y atroz ritual que habÃa presenciado me habÃa asustado demasiado. Puedo llegar a entender que las personas que forman parte de esa etnia nieguen rotundamente que ese ritual se lleve a cabo, pero yo estuve ahÃ. Yo vi el esqueleto cristalizado, yo vi la flor sagrada, yo vi el sacrificio humano. No importa que lo nieguen. Yo sé lo que vi. Mientras mi amiga y yo caminamos de regreso a los Estados Unidos, le hice una pregunta. Oye me creerÃas si te digo que los hombres de tu comunidad hacen sacrificios humanos. Mi amiga se rió dijo que sus creencias jamás les permitirÃan hacer semejante cosa. Quiso saber por qué yo le estaba haciendo esa pregunta. No tuve el valor de contarle la verdad simplemente le respondà no por nada. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








