July 23, 2023

La Peor Experiencia Que Eh Vivido En Un Hotel Historias De Terror - REDE

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El hotel Posada. Poseído relato compartido por el suscriptor Luis Eduardo. Mi nombre es Luis Eduardo. Soy originario de México. Vivo en San Francisco del Rincón, en Guanajuato y les voy a compartir mi historia, la cual espero que sea de su agrado. Yo conocí el canal por medios de Spotify y de allí me brinqué a YouTube. Recuerdo que fue hace más de dos años. Para ser exactos, el veintiuno de mayo del dos mil veintiuno era día viernes salimos de paseo a la Huazteca Potosina con varios amigos y amigas. En total éramos diez personas. Tuvimos que irnos como una pequeña caravana de dos automóviles. Encontramos un paquete muy económico para una instancia de dos días. Además, un recorrido por el lugar y desayunos incluidos todo muy normal a nuestro parecer, investigamos un poco sobre el hotel que nos tocaría dormir. Se trataba de un lugar algo antiguo, pero parecía concurrido, aunque los comentarios eran los que nos hicieron dudar un poco. Decían algo como hay pocos trabajadores te tocan a la puerta a medianoche para hacer servicio a la habitación o que te dejan las puertas abiertas mientras duermes. Fuera de eso parecía un lugar místico e interesante. El día transcurrió de manera normal. El paquete cumplió con todo lo que nos prometieron. El primer día nos llevaron a un río donde tuvimos que remar y nadar un rato, actividades que nos dejaron agotados ya en la tarde. Sólo queríamos llegar a descansar al hotel. Cuando llegamos resultó ser un hotel posada. Se trataba de una casa grande de tres pisos donde tan sólo se encontraban los dueños atendiendo a los huéspedes. En el lugar sólo estábamos registrados nosotros diez, así que teníamos el lugar para nosotros. Me di cuenta que tenían una mesa de billar, por lo que le dije a uno de mis amigos que si más tarde jugábamos, me comentó que sí, sólo quería descansar un poco. Las reglas del lugar eran simples. Nada de música fuerte. Después de las diez, si hacíamos uso de las instalaciones, procurar que no sea después de la medianoche y por nada del mundo, teníamos que usar el elevador, pues estaba en reparación de allí. En más teníamos la libertad de estar por el hotel posada como quisiéramos. Nos asignaron nuestras habitaciones, una al lado de la otra. En mi habitación quedamos dos amigos, mi hermano y yo, mientras que en la otra habitación estaban las novias de mis amigos y las demás chicas eran amigas de nosotros. Después de un rato de descanso y de bañarse, decidimos ir en busca de la cena y bebidas para tomar un rato. Cuando salimos de la ávila, la iluminación nos desconcertó un poco. El pasillo tenía una tonalidad rojiza. Las lámparas de pared todas tenían el mismo tono rojo. Le daba un poco de misterio y suspenso al lugar. Supimos que era la intención tratándose de la zona. Al llegar al ob nos dimos cuenta que no había nadie. La verdad. Lo comprendimos, ya que era atendido por una pareja ya algo mayor y al ver que éramos solo nosotros comprendimos que quizás pensaron que no ocuparíamos algo en especial. Poco antes de salir del hotel, me di cuenta que no traía mi cartera, así que les comenté que me esperaran un poco. Cuando llegué a la habitación, poco antes de abrir la puerta, escuché que alguien estaba moviendo cosas en la habitación de enfrente. Pensé que quizás ya había llegado alguien más y no nos percatamos la verdad. No le di importancia. Entré a la habitación, cerré la puerta, bus busqué mi cartera y en cuanto le encontré, salí lo más rápido posible y al abrirla, me di cuenta que la habitación de enfrente tenía la puerta abierta, estaba oscura, no habían encendido la luz. Cerré nuestra habitación sin quitar la mirada de la de enfrente. Me quedé un momento inmóvil. Algo dentro de ella me atraía. Era raro, pues me parecía inquietante, eso que sentía di un paso para ver más de cerca a ver si notaba algo dentro. Cuando de pronto un golpe en mi hombro me distrajo. Se trataba de mi hermano quien me decía que ya me había tardado. Le señalé la habitación que estaba viendo, pero la puerta ya estaba cerrada. Mi hermano me dijo que ya estaba viendo cosas que era mejor que nos fuéramos rápido. Si no cerrarían los locales de la zona y no alcanzaríamos nada. Regresamos a las dos horas. A mí ya se me había olvidado lo ocurrido. Estábamos algo tomados. Cuando llegamos al ob apenas iban a hacer las nueve. Nos dimos cuenta que no había nadie. Realmente dejaban solo el lugar. Entonces, al subir las escaleras, escuchamos ruidos en la planta baja. Supimos que ya habían regresado los sueños. Mi hermano nos comentó que bajaría para preguntarles sobre el uso de la mesa de billar. Nosotros seguimos nuestro camino a las habitaciones. Cuando llegamos al pasillo, las luces aún mantenían ese tono rojizo, pero de pronto comenzaron a parpadear y un ruido de un motor se escuchó al fondo. Se trataba del elevador, el cual parecía que ya funcionaba. Todos nos quedamos observando la puerta del elevador que al momento de abrirse no había nadie en él. Una corriente de aire helada nos atravesó. Yo sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal. Las chicas se metieron a su habitación rápidamente. Nosotros nos metimos después a nuestro cuarto, en cuanto puse las bebidas en la mesa, recordé que mi hermano aún no regresaba, así que me apresuré para ir a buscarlo. Tomé las llaves y de pronto escuché el ruido de una puerta cerrarse de golpe del otro lado. Al abrir nuestra habitación, me encontré con mi hermano en el pasillo, que miraba fijamente la habitación de enfrente. Le pregunté si pasaba algo y me dijo que la puerta de enfrente se abrió y cerró por sí sola. De pronto el elevador cerró las puertas y comenzó a bajar. Las luces comenzaron a parpadear otra vez, pero luego todo quedó a oscuras. Escuchamos cómo las chicas gritaron por la falta de luz. Todos salieron al pasillo preguntando qué había ocurrido. La verdad nos dio mucho miedo que todos terminamos en la misma habitación. A pesar de ese susto, no nos dejamos intimidar y seguimos tomando un poco más. No me di cuenta de de en qué momento pasó, pero fui el último despierto. En eso escuché que tocaron la puerta, me acerqué para preguntar qué se les ofrecía y escuché la voz del dueño, que me preguntaba si todo estaba bien. Abrí la puerta y le comenté que sí. Ya tenía rato que se había ido a la luz. El dueño se veía algo molesto. Me recordó que no teníamos que usar el elevador por ningún motivo, pero por más que le quise explicar que no habíamos ido nosotros no quiso Escucharme me entregó un par de veladoras y un puñado de velas con unos cerillos y me dijo que la luz la arreglaría hasta el día siguiente. Por la noche, escuché varios ruidos provenientes del pasillo la puerta de enfrente. Se escuchaba cómo la abrían y cerraban. Uno de mis amigos me decía que ya estaba desesperado. Varias veces se había despertado por el llanto de un bebé, el cual yo también escuché. Desde que el dueño fue a la habitación no pude dormir eran las cuatro de la mañana, cuando todos ya estábamos despiertos. Se escuchaba como si en la habitación de enfrente hubiera mucha gente. Mi hermano me comentó que lo mejor sería ir con el dueño y decirle que no éramos nosotros antes de que se molestara. Tomamos una veladora y los dos salimos del cuarto. Todo seguía oscuro y tranquilo. No pareciera que hubiera algún inquilino más aparte de nosotros. Al caminar en la oscuridad del pasillo, podíamos escuchar que alguien más estaba detrás de nosotros. Cada paso que dábamos sonaba otro más. Un par de veces me di vuelta pensando que alguno de nuestros amigos nos había seguido, pero estábamos solos. Mi corazón comenzó a latir muy rápido, así que le comenté a mi hermano que mejor nos apresuráramos. Bajamos tan rápido como pudimos las escaleras. Los pasos detrás de nosotros dejaron de escucharse. En cuanto dejamos el tercer piso, todo estaba silencioso e igual de oscuro. Cuando llegamos al lobby no había nadie. Todo estaba cerrado. En eso se escuchó cómo las bolas de Billar chocaban entre sí. Los dos nos miramos. Pude ver en sus ojos que reflejaba miedo se apresuró a subir las escaleras, pero a mí se me ocurrió que quizás estaba el dueño. Allí solo echamos un vistazo rápido. Mi hermano a regañadientes me acompañó donde tenían la mesa de Billar y al llegar nos dimos cuenta de que no había nadie. Pronto las bolas de Billar chocaron entre sí una y otra vez como si alguien las estuviera moviendo con la mano. Los dos corrimos hacia las escaleras y tras varios tropezones llegamos al tercer piso. El pasillo oscuro estaba ante nosotros y en cuanto dimos un paso, escuchamos como la maquinaria del elevador volvía a funcionar, no había luz era imposible. Las puertas del elevador se abrieron. No quise esperar a volver a sentir esa horrible sensación de escalofrío. Así que le dije a mi hermano que corriera a la habitación. En cuanto llegamos a la puerta de enfrente de nuestro cuarto, pude ver la silueta de una persona con un sombrero dentro de ella. Me quedé inmóvil. No podía quitar la mirada de esa habitación. No escuchaba nada. Todo era silencio absoluto. En eso mis piernas se movieron por sí solas hacia el cuarto oscuro. Estaba tan solo un par de pasos de entrar. Cuando sentí cómo me jalaban hacia atrás. Desperté del trance, mi hermano y mis amigos me cargaron hacia donde estaban todos reunidos. Mi amigo puso seguro a la puerta. Todos escuchamos como del otro lado. Pasaban corriendo de un lado a otro. Para mí eran muchas personas tocaron nuestra habitación sin decir nada. Sólo nos quedamos en silencio, esperando a que todo pasara, pero cuando pensamos que todo quedaría en tan solo eso, el seguro de la puerta giró lentamente y el picaporte. Después fue mi otro amigo quien corrió a sostener la puerta para que no la abriera. Todos nos asustamos algo quería entrar por la fuerza. Entonces todo quedó en silencio. Finalmente, decidimos que lo mejor era llamar a la policía y reportar lo que estaba sucediendo. Uno de mis amigos sacó su teléfono y marcó el número de emergencias. Mientras esperábamos a que llegara la ayuda, decidimos fortalecer la puerta con cualquier mueble u objeto, pesado que encontráramos. Lo que estuviera ocurriendo en el hotel estaba más allá de lo que podíamos entender. El tiempo transcurría lentamente. Cada segundo se sentía como una eternidad. Estábamos nerviosa y asustados, tratando de mantener la calma y apoyándonos mutuamente. Finalmente, escuchamos las sirenas de la policía acercarse al hoteal. Un sentimiento de alivio nos invadió, pero también la incertidumbre de lo que nos esperaba. La policía llegó rápidamente y nos encontró en la habitación. Les contamos todo lo que había sucedido, desde las extrañas luces rojas en el pasillo hasta los ruidos y las puertas que se abrían y cerraban por sí solas, aunque al principio parecían escépticos, decidieron investigar a fondo. Mientras tanto, nos llevaron a un lugar seguro y nos pidieron que esperáramos ahí. Estábamos agotados física y emocionalmente, todos nos sentamos en silencio procesando lo que acabábamos de vivir. No podíamos explicar lo que había sucedido. Sólo sabíamos que era algo fuera de común y aterrador. Pasaron varias horas de s an de n la que la policía regresara. Nos informaron que habían revisado todas las habitaciones del hotel y no encontraron a nadie más. No había señales de ninguna actividad sospechosa o de personas adicionales. Le pregunté sobre el dueño del hotel y el policía nos comentó que ya lo estaban contactando. La policía nos recomendó abandonar el hotel y buscar otro lugar para hospedarnos. Aunque todavía había muchas preguntas sin respuesta, decidimos seguir su consejo y dejar ese lugar misterioso y perturbador. Recogimos nuestras pertenencias y nos dirigimos a los automóviles sin mirar atrás. El resto de nuestro viaje a la huasteca Potosina fue tranquilo. Encontramos otro alojamiento en un lugar más concurrido y sin incidentes extraños, Aunque lo que nos ocurrió en el hotel Posada y lo que vivimos allí lo tuvimos en mente siempre durante el resto del viaje, decidimos no dejar que eso arruinara nuestra experiencia. Regresamos a casa con una historia para contar, pero también con un sentimiento de intriga y misterio sin resolver. Nunca supimos que sucedió realmente en ese hotel ni por qué experimentamos cosas tan inquietantes. Nos quedamos con muchas preguntas sin respuesta. Desde entonces, esa experiencia nos ha unido más como grupo de amigos. Hemos compartido nuestra historia con otros, aunque algunos creen que es sólo una historia de terror inventada, pero nosotros sabemos la verdad. Cabe señalar que, después de lo que nos ocurrió, me dediqué a buscar nuevamente el paquete que nos habían ofrecido y dejar mis comentarios, pero ya no lo volví a ver más relato escrito y adaptado por lengua de brujo