La Noche Que Mi Compañero Y Yo Arrestamos A Un Muerto Historias De Terror - REDE

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Caso demonÃaco. Siempre que escucho la sirena de alguna patrulla y empiezan a ahullar los perros, no puedo evitar que me vengan los recuerdos de algo extraño que me tocó vivir muchos años atrás, cuando era efectivo de la SecretarÃa de Seguridad pública en mi ciudad, en el Estado de Tamaulipas. En ese tiempo era muy joven. Apenas pasaba de los veinte años ya con preparatoria terminada y mi uno setenta y dos de estatura me ayudaron a ser aceptados sin ninguna dificultad en la corporación. Esto claro para descontento de mis padres, que soñaban que fuera abogado como mi abuelo, entendÃa su preocupación, porque cabe mencionar que mi ciudad siempre se ha caracterizado por ser una de las más violentas de todo el paÃs. Hoy, en la actualidad, ya con el Internet, lo que sucede aquà se sabe en todas partes. Ser policÃa era un riesgo. Cada que salÃa a trabajar. Me encomendaba mucho a Dios por todos los peligros que yo sabÃa que existÃan en esta profesión. Puedes encontrar de todo, pero nunca sales esperando vivir una situación paranormal. Mi historia comienza una noche que recorrÃa las calles en una patrulla policÃaca. Pasaban de las diez y todo transcurrÃa en relativa calma. Recuerdo que era un invierno en vÃsperas de Navidad. Por lo mismo, las calles estaban desiertas. Minutos después, mi compañero recibió por el radio el reporte de un sospechoso armado que merodeaba algunas casas muy cerca de las orillas de la ciudad. Con las torretas encendidas, nos dirigimos al lugar. Si en la ciudad el pavimento era pésimo, en las orillas. Las calles de tierra nos impedÃan avanzar con rapidez. Cuando llegamos a la dirección, serÃan alrededor de las once de la noche, sin luz eléctrica y muchos baldÃdos. El lugar se veÃa desolado. Con las luces de la unidad pudimos ver que, efectivamente, una persona que, a pesar del frÃo estaba en pantalones cortos, descalzo y sin camisa, se tambaleaba a mitad de la calle de manera peligrosa. Portaba un cuchillo con el cual tiraba atajos al aire, como si peleara con alguien de vez en cuando se lo ponÃa en la garganta, como si se fuera a auto lesionara. Los pocos perros que habÃa le ladraban con insistencia, pero él ni se inmutaba. ParecÃa ser que estaba bajo los influjos de alguna sustancia, porque sus movimientos eran extraños. Nos paramos frente a él a unos cuantos metros. Nos dimos cuenta de que estaba completamente tatuado. Ni siquiera hizo el intento de correr. Al contrario, caminó hacia nosotros diciendo un montón de cosas que no entendÃamos. Tuvimos que bajarnos portando nuestras armas. El individuo nos gritaba con una voz ronca. Tengo que estar aquÃ. Yo solo cumplo las órdenes del diablo. RepetÃa una y otra vez mientras nos señalaba el cuchillo. Luego de apuntarle y pedirle que se calmara, aventó el arma, alzó las manos, se tiró al suelo, cruzando sus manos atrás de su espalda. Gritó que si podÃamos, nos lo lleváramos cuando lo esposamos. Me di cuenta que estaba lleno de cicatrices e incluso tenÃa algunas pequeñas heridas abiertas, de las cuales le salió un poco de sangre de color muy oscuro con la que manchó mi uniforme. Entre mi compañero y yo lo pusimos de pie en ese momento nos dimos cuenta que era muy alto, más de como lo habÃamos visto hasta ParecÃa que habÃa crecido en cuestión de minutos por la temperatura que habÃa en el ambiente. Su cuerpo estaba helado, Su piel era muy clara, puedo decir pálida. TenÃa ojeras y algunos moretones en la cara, asà como en brazos y piernas. Hicimos sin r de rogarlo, pero no respondÃa a las preguntas con cordura. Endureció su mirada mientras nos decÃa cosas extrañas. Yo soy la comida del diablo, o los espÃritus oscuros están ahà en la casa sobre mi cuerpo. Nada de lo que decÃa tenÃa sentido para nosotros. Batallando un poco lo subimos a la patrulla, cerramos la puerta y con linternas en mano, caminamos unos metros hacia una construcción muy deteriorada. Estaba metida prácticamente entre el monte en medio de la oscuridad. Era una casa muy grande, en completo abandono. Casi era una obra negra. TenÃa dos pisos, pero la parte de arriba se miraba sin techo. Todo estaba sin enjarre. Las ventanas estaban enrejadas, pero no tenÃa vidrios y no habÃa cerca. El terreno colindaba con los rieles del tren. SuponÃamos que ahà era la casa de aquel tipo, porque el hombre volteaba constantemente para allá. Estaba invadida por las grafitis. En la mayorÃa de las paredes no tenÃa luz. La hierba se notaba muy crecida y todo alrededor estaba lleno de escombro. Además, habÃa basura por todas partes. Mi compañero de patrullaje se quedó atrás a unos quince metros de la unidad para vigilar la entrada, asà como al detenido. Mientras yo me disponÃa a entrar en la vivienda con arma y linterna en mano, un olor animal muerto invadÃa el ambiente. Además, podÃa sentirse el peligro, como policÃa sabÃa cuando las cosas andaban mal. Aún asà llegué hasta la entrada. Cuando lucé con la linterna hacia el interior, claramente miré una sombra salà rápido del alcance de mi vista. No hizo ningún ruido ni tumbó ninguna cosa. Fue como si hubiera volado Grité que era policÃa, pero nadie respondió. Por eso con mucho cuidado entré al igual que afuera dentro todo era grafitis. En la pared de enfrente se podÃan leer frases dedicadas al diablo palabras ofensivas, maldiciones y blasfemias. Algunas se podÃan leer porque estaban en español, pero otras palabras estaban en otro idioma. Cuando alucer el suelo, me di cuenta que estaba parado en medio de un gran dibujo. Era un cÃrculo lleno de signos y letras del cual me salà lo más rápido que pude todo alrededor. Estaba lleno de veladoras. Empecé a sospechar que ese lugar se utilizaba para hacer rituales. En otras paredes habÃa dibujos de muchos diablos o demonios, negros y rojos, con diferentes aspectos, pero todos horribles, algunos bastante bien dibujados, hasta me parecÃa que me clavaban la mirada. Cada uno tenÃa su nombre. Creà escuchar un susurro muy a lo lejos después de pensarlo un poco sin meterme o no caminé por un pasillo rumbo al cuarto de enseguida. Volté un momento para ver la linterna de mi compañero que seguÃa afuera y asà no sentirme completamente solo. Cuando regresé la mirada al pasillo, miré claramente como una sombra. Se metÃa a otro cuarto. Apuntando con mi nueve milÃmetros, caminé despacio. Me daba cuenta que mientras más me adentraba más frÃo se ponÃa el ambiente para ese entonces ya respiraba más rápido. Al sentirme solo empecé a imaginar algunas cosas que me podÃan suceder si era atacado por la espalda. Cuando ingresé a ese cuarto, también estaba vacÃo. No habÃa nada material, pero puedo asegurar que alguien estaba ahà oculto entre la oscuridad y me miraba lo podÃa sentir, pero inexplicablemente no lo podÃa ver escuché un ruido en un cuarto que se encontraba más adentro de esa oscura construcción. Caminé con cautela hacia allá. Ahà si se escuchaban pisadas, aunque no miraba a nadie, llegué a pensar que pudieran ser ratas, pero tampoco las veÃa. TenÃa la esperanza de que fuera un gato o un perro. Le pedà a Dios que no resultara ser algo paranormal, como un fantasma o un espÃritu, porque no sabrÃa cómo actuar. Cuando puse atención, me di cuenta que en el suelo habÃa animales muertos, gallinas, palomas, gatos y otros que no supe lo que eran, pero todos eran de color negro. Eso reforzaba mi creencia de que en ese lugar hacÃan rituales al diablo. Seguramente todos esos animales eran de sacrificio. Ahà me dio un escalofrÃo muy fuerte, aunque estaba preparado para enfrentar varias situaciones asà como peligros. Nunca me imaginé verme parato en medio de una construcción abandonada en penumbras y rodeado de animales muertos. Apenas me iba a dar media vuelta. Cuando miré una silueta meterse al último cuarto que podÃa ver, sentÃa que aquello lo que fuera estaba intentando llevarme hacia alguna parte. En especÃfico, empecé a escuchar algunos ruidos para donde se oÃan. Apuntaba mi linterna, pero no miraba nada. ParecÃa que los ruidos venÃan de todas partes. Era como si alguien estuviera jugando conmigo. Pasaban los minutos. Yo me sentÃa cada vez más tenso. Me di la vuelta para regresar, pero al hacerlo desconocà el lugar. Alucé para un lado y luego hacia el otro. No conocÃa el camino. ParecÃa ser otra casa. Me sentÃa sofocado y me empezaba a desesperar. Traté de Calmarme apunté la linterna hacia un lugar fijo y caminé despacio extrañado. Pasaba por un cuarto luego otro sin encontrar el final. Hoy llegar a la salida. Tampoco miraba ventana para poder ver el exterior. No podÃa evitar sentirme nervioso porque pasaban los minutos y seguÃa caminando por los mismos lugares. Me llegué a sentir vulnerable, atrapado como en un laberinto. Empecé a caer en desesperación. Le grité a mi compañero, pero al parecer no me escuchaba asÃ. Seguà por unos minutos más hasta que encontré las escaleras. No tenÃa de otra subà para ubicarme y asà poder encontrar la salida. A media escalera. Escuché voces a alguien que venÃa hacia mÃ, me detuve y grité que era de la policÃa. Todo quedó en completo silencio. Seguà caminando, pero nunca encontré a nadie. Todo arriba era soledad. Con desesperación. Busqué las luces de las torretas hasta que las ubiqué. Le grité a mi compañero para que entrara por mÃ, el cual sorprendido, me dijo que estaba bien y volvà a bajar las escaleras. Caminé por algunos cuartos brincando los animales muertos. En medio de ese terrible olor y el inquietante silencio, deseaba salir lo más rápido posible. De ahÃ, al paso de unos minutos, me volvió el alma al cuerpo cuando mire la linterna de mi compañero. Al verlo a él le pedà que saliéramos de inmediato, porque se me figuraba que nos podÃamos perder de nuevo salimos y al llegar a la patrulla nos dimos cuenta que el detenido habÃa desaparecido. Lo único que habÃa quedado en el asiento de atrás eran las esposas de seguridad. Todo hacÃa suponer que alguien lo hubiera ayudado, porque las puertas sólo se abrÃan por fuera. Después de patrullar unos minutos por los alrededores, no encontramos nada. Regresamos rumbo a la base. Tomamos un poco de aire y calmarme porque me sentÃa muy tenso. Apenas nos habÃamos alejado unos minutos cuando de nueva cuenta llegó el reporte que la misma persona armada estaba escandalizando. Detuve la patrulla. Miré a mi compañero sorprendido y preocupado cómo lo estaba yo, pero tenÃa que atender el reporte. Asà que di vuelta dirigiéndome de nueva cuenta, hacia allá en el camino, nos preguntábamos cómo era posible que hicieran el reporte a la delegación si en toda esa área, donde estaba la construcción abandonada, no habÃa luz, por lo tanto, no habÃa teléfono. Cuando llegamos al mismo lugar, ahà estaba de nuevo ese hombre. ParecÃa que se repetÃa la misma escena con el cuchillo en la mano tirando tajos al aire. Cuando nos miró camino, rumbo a la construcción abandonada. Aceleré para alcanzarlo y detenerlo antes de bajarme. Apenas logré agarrar la linterna corriendo llegué a la puerta de esa construcción, pero ya no estaba esta vez. Mi compañero se ofreció a acompañarme. Yo estuve de acuerdo porque lo que habÃa vivido mi minutos antidos entonces en ese lugar me habÃa dejado muy nervioso. Empezamos a caminar por el mismo pasillo donde me habÃa perdido. A mi compañero se le hizo que el lugar era más grande de lo que aparentaba. También notó que toda la construcción estaba invadida de una mala vibra y el frÃo que se sentÃa era intenso. Revisamos gran parte del interior cuarto por cuarto, pero estaba completamente solo mi rastro de aquel hombre. Pensábamos que seguramente estaba oculto en uno de los cuartos. Llegamos al final, pero lo que encontramos me causó un fuerte escalofrÃo. HabÃa una figura horrible, Era un diablo con las manos extendidas. Al verlo asÃ, de pronto casi me da un infarto e incluso estuve a punto de dispararle. Esa figura estaba rodeada de muchas veladoras humeantes como si las acabaran de apagar. Además de unos animales muertos en una mesa. Ese cuarto era el más frÃo. Ãbamos a salir de ese cuarto, pero nos detuvimos y nos quedamos en silencio. Se podÃa escuchar una voz con un timbre extraño para luzar con mi linterna descubrà una salida que yo no habÃa visto la primera vez que estuve dentro. Al salir, miramos que estaba parado el mismo hombre. En medio de toda esa oscuridad nos miraba y se reÃa apuntándole con mi pistola. Le grité que se tirara al suelo. Luego de unos segundos lo hizo y logramos esposarlo. Revisamos toda el área sin encontrar a nadie. El único era él. Para regresar a la patrulla mejor, caminamos por fuera pegados a la pared porque ya no quisimos entrar a la extraña construcción. El detenido comenzó a reÃrse sin motivo aparente escucharlo, me erizaba la piel. Yo volteaba nervioso para todas partes e incluso hacia arriba de los árboles, siempre alerta por si veÃa a alguien me sentÃa cansado. HabÃa sido una noche de muchos sobresaltos. Por lo mismo, estaba a punto de soltar al detenido y alejarnos de ahÃ, porque cada minuto la situación se volvÃa más intolerable. Caminamos varios minutos sin llegar a ningún lado. La construcción parecÃa interminable. Le dije a mi compañero que eso no me gustaba hasta parecÃa que le dábamos vueltas. Entonces nos detuvimos. Le preguntamos al detenido qué estaba pasando. Nos respondió el diablo. No va a dejar que me lleves. Puedes caminar por hora sin llegar a ninguna parte mejor déjame ir. Yo pertenezco aquà mi deber como policÃa. Me impedÃa soltarlo. Le dije que no y avanzamos. Un poco más. De pronto aparecieron las luces de las torretas. Me sentà aliviado de nuevo cuenta. Lo subimos a la patrulla enfilándonos rumbo a la delegación. Mi compañero dio el aviso de que llevábamos un detenido. De vez en cuando volteaba a verlo por el retrovisor porque sentÃa su mirada frÃa aparte. Llevaba una sonrisa que me ponÃa nervioso. No parpadeaba los segundos que me le quedaba mirando. No se notaba que respirara. Además, empezó a despedir un olor horrible como el que habÃa dentro de aquella construcción. Nos faltaban unas cuantas cuadras para llegar a la delegación. Cuando de nueva cuenta recibimos el reporte de una persona armada, Precisamente en el mismo lugar de donde venÃamos, mi compañero y yo nos miramos extrañados. Al menos yo pensé que podrÃa ser el mal viviente que habÃa ayudado a escapar la primera vez al detenido. Voltea al retrovisor y no miré a nadie. Frené rápidamente mientras volteaba para la parte trasera de la patrulla, sólo para comprobar que el detenido no estaba. Nos bajamos de prisa asustado. Abrà la puerta trasera, pero ya no estaba ahÃ. Mi compañero abrió la cajuela. No habÃa nada. No era posible. HabÃa desaparecido. Llegamos a la delegación tan pálidos que nos notaron enseguida que algo nos habÃa sucedido. Al contarles, obviamente no nos creyeron. Fuimos motivo de burla por parte de algunos compañeros, nosotros insistentes, estábamos contando todo lo que nos habÃa pasado. En eso entró un reporte el mismo que nosotros habÃamos escuchado. Todos nos quedamos serios y eso ayudó para que nos creyeran. De primero, nadie querÃa atender el reporte. Luego algunos oficiales nos miraron con morbo. Nos convencieron para regresar al sitio mencionado. Pero ahora, en tres patrullas todo el trayecto. Fuimos comentando que este era un caso demonÃaco, porque ninguna persona normal podÃa desaparecer Asà de la nada llegamos y nos paramos frente a aquella siniestra construcción. Dejamos las luces encendidas de las tres patrullas apuntando hacia el interior y nos bajamos. Ãramos seis policÃas. Algunos de ellos comentaron que en esa construcción espantaban porque otros elementos ya habÃan contado cosas similares, pero nunca les habÃan creÃdo. Lo primero que se me hizo raro fue que no estuviera el delincuente con el cuchillo. Además, el olor cada vez era más repugnante. Lastimaba la nariz Al olerlo, entramos todos a la construcción. Primero con cautela, caminamos juntos, después nos dispersamos por parejas y asà poder abarcar todo más rápido. Después de unos minutos nos volvimos a encontrar un compañero. Nos preguntó por la fisionomÃa de la persona que habÃamos arrestado, también por su vestimento y señas particulares. Al darles toda la información, apuntó con su dedo hacia un cuarto. Nos dijo que ahà estaba nuestro detenido, que lo podÃamos ir a ver y que no nos fuéramos a asustar incrédulo caminé hacia allá, seguido por mi compañero. Dudando un poco, entré al cuarto que me habÃa dicho mi compañero era el mismo donde estaba la figura grotesca del diablo que ella habÃamos visto. Al la luzar con la linterna, me persigné sorprendido porque descubrà el cuerpo de aquel hombre. Estaba ahà tirado boca arriba. No habÃa duda era él. Lo reconocà por los tatuajes que tenÃa en todo el cuerpo, además de su corte de pelo, el color y el estilo de su pantalón corto. Lo más espantoso de todo era que esa persona aparentaba llevar más de tres dÃas muerto. Ya reflejaba signos de descomposición. Era él el que despedÃa aquel insoportable dolor. No lo podÃamos creer. Nosotros le habÃamos hablado e incluso tocado y subido dos veces a la patrulla, las mismas veces que habÃa desaparecido. Mi compañero incrédulo lo revisó una y otra vez hasta convencerse de que era el mismo. Me miró y me aseguró que eso era cosa del diablo, porque no habÃa otra explicación. Un compañero policÃa nos comentó que tal vez las sombras que miré la primera vez que estuve ahà y que me llevaron al final de la construcción pudo ser él tratando de avisarme que ahà estaba su cuerpo. Después de pasar el reporte al departamento, nos retiramos Al presentarme a mi siguiente turno. Supe por las investigaciones que se hicieron con los vecinos que esa persona tenÃa varios dÃas viviendo en esa construcción abandonada. También se supo que ya tenÃa tres dÃas que no lo habÃan visto. Con ese ya eran dos cuerpos los que encontraban en esa construcción. Los pocos vecinos del lugar no se atrevÃan a salir por las noches porque de esa construcción salÃan gritos espantosos y en ocasiones se miraban entrar y salir a personas encapuchadas en cuestión de quién hizo el reporte a la delegación fue un misterio, porque ningún vecino aceptó haber llamado. Algunos aseguraron que escuchaban ladrar a los perros, pero nunca miraron a nadie. Nunca más volvió a entrar a ese reporte, pero acepto que cada que se escuchaba el radio sonar sentÃa un ligero escalofrÃo. Esta y algunas otras cosas consideradas paranormales me tocaron vivir cuando me desempeñé como policÃa. Ahora, después de muchos años, aún lo recuerdo y lo puedo contar a detalle, porque al principio no podÃa recordaba todo aquello y me daba terror a hacerlo. Relato escrito y adaptado por gato negro








