July 13, 2023

La Noche Que Mi Compañero Y Yo Arrestamos A Un Muerto Historias De Terror - REDE

La Noche Que Mi Compañero Y Yo Arrestamos A Un Muerto Historias De Terror - REDE

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Caso demoníaco. Siempre que escucho la sirena de alguna patrulla y empiezan a ahullar los perros, no puedo evitar que me vengan los recuerdos de algo extraño que me tocó vivir muchos años atrás, cuando era efectivo de la Secretaría de Seguridad pública en mi ciudad, en el Estado de Tamaulipas. En ese tiempo era muy joven. Apenas pasaba de los veinte años ya con preparatoria terminada y mi uno setenta y dos de estatura me ayudaron a ser aceptados sin ninguna dificultad en la corporación. Esto claro para descontento de mis padres, que soñaban que fuera abogado como mi abuelo, entendía su preocupación, porque cabe mencionar que mi ciudad siempre se ha caracterizado por ser una de las más violentas de todo el país. Hoy, en la actualidad, ya con el Internet, lo que sucede aquí se sabe en todas partes. Ser policía era un riesgo. Cada que salía a trabajar. Me encomendaba mucho a Dios por todos los peligros que yo sabía que existían en esta profesión. Puedes encontrar de todo, pero nunca sales esperando vivir una situación paranormal. Mi historia comienza una noche que recorría las calles en una patrulla policíaca. Pasaban de las diez y todo transcurría en relativa calma. Recuerdo que era un invierno en vísperas de Navidad. Por lo mismo, las calles estaban desiertas. Minutos después, mi compañero recibió por el radio el reporte de un sospechoso armado que merodeaba algunas casas muy cerca de las orillas de la ciudad. Con las torretas encendidas, nos dirigimos al lugar. Si en la ciudad el pavimento era pésimo, en las orillas. Las calles de tierra nos impedían avanzar con rapidez. Cuando llegamos a la dirección, serían alrededor de las once de la noche, sin luz eléctrica y muchos baldídos. El lugar se veía desolado. Con las luces de la unidad pudimos ver que, efectivamente, una persona que, a pesar del frío estaba en pantalones cortos, descalzo y sin camisa, se tambaleaba a mitad de la calle de manera peligrosa. Portaba un cuchillo con el cual tiraba atajos al aire, como si peleara con alguien de vez en cuando se lo ponía en la garganta, como si se fuera a auto lesionara. Los pocos perros que había le ladraban con insistencia, pero él ni se inmutaba. Parecía ser que estaba bajo los influjos de alguna sustancia, porque sus movimientos eran extraños. Nos paramos frente a él a unos cuantos metros. Nos dimos cuenta de que estaba completamente tatuado. Ni siquiera hizo el intento de correr. Al contrario, caminó hacia nosotros diciendo un montón de cosas que no entendíamos. Tuvimos que bajarnos portando nuestras armas. El individuo nos gritaba con una voz ronca. Tengo que estar aquí. Yo solo cumplo las órdenes del diablo. Repetía una y otra vez mientras nos señalaba el cuchillo. Luego de apuntarle y pedirle que se calmara, aventó el arma, alzó las manos, se tiró al suelo, cruzando sus manos atrás de su espalda. Gritó que si podíamos, nos lo lleváramos cuando lo esposamos. Me di cuenta que estaba lleno de cicatrices e incluso tenía algunas pequeñas heridas abiertas, de las cuales le salió un poco de sangre de color muy oscuro con la que manchó mi uniforme. Entre mi compañero y yo lo pusimos de pie en ese momento nos dimos cuenta que era muy alto, más de como lo habíamos visto hasta Parecía que había crecido en cuestión de minutos por la temperatura que había en el ambiente. Su cuerpo estaba helado, Su piel era muy clara, puedo decir pálida. Tenía ojeras y algunos moretones en la cara, así como en brazos y piernas. Hicimos sin r de rogarlo, pero no respondía a las preguntas con cordura. Endureció su mirada mientras nos decía cosas extrañas. Yo soy la comida del diablo, o los espíritus oscuros están ahí en la casa sobre mi cuerpo. Nada de lo que decía tenía sentido para nosotros. Batallando un poco lo subimos a la patrulla, cerramos la puerta y con linternas en mano, caminamos unos metros hacia una construcción muy deteriorada. Estaba metida prácticamente entre el monte en medio de la oscuridad. Era una casa muy grande, en completo abandono. Casi era una obra negra. Tenía dos pisos, pero la parte de arriba se miraba sin techo. Todo estaba sin enjarre. Las ventanas estaban enrejadas, pero no tenía vidrios y no había cerca. El terreno colindaba con los rieles del tren. Suponíamos que ahí era la casa de aquel tipo, porque el hombre volteaba constantemente para allá. Estaba invadida por las grafitis. En la mayoría de las paredes no tenía luz. La hierba se notaba muy crecida y todo alrededor estaba lleno de escombro. Además, había basura por todas partes. Mi compañero de patrullaje se quedó atrás a unos quince metros de la unidad para vigilar la entrada, así como al detenido. Mientras yo me disponía a entrar en la vivienda con arma y linterna en mano, un olor animal muerto invadía el ambiente. Además, podía sentirse el peligro, como policía sabía cuando las cosas andaban mal. Aún así llegué hasta la entrada. Cuando lucé con la linterna hacia el interior, claramente miré una sombra salí rápido del alcance de mi vista. No hizo ningún ruido ni tumbó ninguna cosa. Fue como si hubiera volado Grité que era policía, pero nadie respondió. Por eso con mucho cuidado entré al igual que afuera dentro todo era grafitis. En la pared de enfrente se podían leer frases dedicadas al diablo palabras ofensivas, maldiciones y blasfemias. Algunas se podían leer porque estaban en español, pero otras palabras estaban en otro idioma. Cuando alucer el suelo, me di cuenta que estaba parado en medio de un gran dibujo. Era un círculo lleno de signos y letras del cual me salí lo más rápido que pude todo alrededor. Estaba lleno de veladoras. Empecé a sospechar que ese lugar se utilizaba para hacer rituales. En otras paredes había dibujos de muchos diablos o demonios, negros y rojos, con diferentes aspectos, pero todos horribles, algunos bastante bien dibujados, hasta me parecía que me clavaban la mirada. Cada uno tenía su nombre. Creí escuchar un susurro muy a lo lejos después de pensarlo un poco sin meterme o no caminé por un pasillo rumbo al cuarto de enseguida. Volté un momento para ver la linterna de mi compañero que seguía afuera y así no sentirme completamente solo. Cuando regresé la mirada al pasillo, miré claramente como una sombra. Se metía a otro cuarto. Apuntando con mi nueve milímetros, caminé despacio. Me daba cuenta que mientras más me adentraba más frío se ponía el ambiente para ese entonces ya respiraba más rápido. Al sentirme solo empecé a imaginar algunas cosas que me podían suceder si era atacado por la espalda. Cuando ingresé a ese cuarto, también estaba vacío. No había nada material, pero puedo asegurar que alguien estaba ahí oculto entre la oscuridad y me miraba lo podía sentir, pero inexplicablemente no lo podía ver escuché un ruido en un cuarto que se encontraba más adentro de esa oscura construcción. Caminé con cautela hacia allá. Ahí si se escuchaban pisadas, aunque no miraba a nadie, llegué a pensar que pudieran ser ratas, pero tampoco las veía. Tenía la esperanza de que fuera un gato o un perro. Le pedí a Dios que no resultara ser algo paranormal, como un fantasma o un espíritu, porque no sabría cómo actuar. Cuando puse atención, me di cuenta que en el suelo había animales muertos, gallinas, palomas, gatos y otros que no supe lo que eran, pero todos eran de color negro. Eso reforzaba mi creencia de que en ese lugar hacían rituales al diablo. Seguramente todos esos animales eran de sacrificio. Ahí me dio un escalofrío muy fuerte, aunque estaba preparado para enfrentar varias situaciones así como peligros. Nunca me imaginé verme parato en medio de una construcción abandonada en penumbras y rodeado de animales muertos. Apenas me iba a dar media vuelta. Cuando miré una silueta meterse al último cuarto que podía ver, sentía que aquello lo que fuera estaba intentando llevarme hacia alguna parte. En específico, empecé a escuchar algunos ruidos para donde se oían. Apuntaba mi linterna, pero no miraba nada. Parecía que los ruidos venían de todas partes. Era como si alguien estuviera jugando conmigo. Pasaban los minutos. Yo me sentía cada vez más tenso. Me di la vuelta para regresar, pero al hacerlo desconocí el lugar. Alucé para un lado y luego hacia el otro. No conocía el camino. Parecía ser otra casa. Me sentía sofocado y me empezaba a desesperar. Traté de Calmarme apunté la linterna hacia un lugar fijo y caminé despacio extrañado. Pasaba por un cuarto luego otro sin encontrar el final. Hoy llegar a la salida. Tampoco miraba ventana para poder ver el exterior. No podía evitar sentirme nervioso porque pasaban los minutos y seguía caminando por los mismos lugares. Me llegué a sentir vulnerable, atrapado como en un laberinto. Empecé a caer en desesperación. Le grité a mi compañero, pero al parecer no me escuchaba así. Seguí por unos minutos más hasta que encontré las escaleras. No tenía de otra subí para ubicarme y así poder encontrar la salida. A media escalera. Escuché voces a alguien que venía hacia mí, me detuve y grité que era de la policía. Todo quedó en completo silencio. Seguí caminando, pero nunca encontré a nadie. Todo arriba era soledad. Con desesperación. Busqué las luces de las torretas hasta que las ubiqué. Le grité a mi compañero para que entrara por mí, el cual sorprendido, me dijo que estaba bien y volví a bajar las escaleras. Caminé por algunos cuartos brincando los animales muertos. En medio de ese terrible olor y el inquietante silencio, deseaba salir lo más rápido posible. De ahí, al paso de unos minutos, me volvió el alma al cuerpo cuando mire la linterna de mi compañero. Al verlo a él le pedí que saliéramos de inmediato, porque se me figuraba que nos podíamos perder de nuevo salimos y al llegar a la patrulla nos dimos cuenta que el detenido había desaparecido. Lo único que había quedado en el asiento de atrás eran las esposas de seguridad. Todo hacía suponer que alguien lo hubiera ayudado, porque las puertas sólo se abrían por fuera. Después de patrullar unos minutos por los alrededores, no encontramos nada. Regresamos rumbo a la base. Tomamos un poco de aire y calmarme porque me sentía muy tenso. Apenas nos habíamos alejado unos minutos cuando de nueva cuenta llegó el reporte que la misma persona armada estaba escandalizando. Detuve la patrulla. Miré a mi compañero sorprendido y preocupado cómo lo estaba yo, pero tenía que atender el reporte. Así que di vuelta dirigiéndome de nueva cuenta, hacia allá en el camino, nos preguntábamos cómo era posible que hicieran el reporte a la delegación si en toda esa área, donde estaba la construcción abandonada, no había luz, por lo tanto, no había teléfono. Cuando llegamos al mismo lugar, ahí estaba de nuevo ese hombre. Parecía que se repetía la misma escena con el cuchillo en la mano tirando tajos al aire. Cuando nos miró camino, rumbo a la construcción abandonada. Aceleré para alcanzarlo y detenerlo antes de bajarme. Apenas logré agarrar la linterna corriendo llegué a la puerta de esa construcción, pero ya no estaba esta vez. Mi compañero se ofreció a acompañarme. Yo estuve de acuerdo porque lo que había vivido mi minutos antidos entonces en ese lugar me había dejado muy nervioso. Empezamos a caminar por el mismo pasillo donde me había perdido. A mi compañero se le hizo que el lugar era más grande de lo que aparentaba. También notó que toda la construcción estaba invadida de una mala vibra y el frío que se sentía era intenso. Revisamos gran parte del interior cuarto por cuarto, pero estaba completamente solo mi rastro de aquel hombre. Pensábamos que seguramente estaba oculto en uno de los cuartos. Llegamos al final, pero lo que encontramos me causó un fuerte escalofrío. Había una figura horrible, Era un diablo con las manos extendidas. Al verlo así, de pronto casi me da un infarto e incluso estuve a punto de dispararle. Esa figura estaba rodeada de muchas veladoras humeantes como si las acabaran de apagar. Además de unos animales muertos en una mesa. Ese cuarto era el más frío. Íbamos a salir de ese cuarto, pero nos detuvimos y nos quedamos en silencio. Se podía escuchar una voz con un timbre extraño para luzar con mi linterna descubrí una salida que yo no había visto la primera vez que estuve dentro. Al salir, miramos que estaba parado el mismo hombre. En medio de toda esa oscuridad nos miraba y se reía apuntándole con mi pistola. Le grité que se tirara al suelo. Luego de unos segundos lo hizo y logramos esposarlo. Revisamos toda el área sin encontrar a nadie. El único era él. Para regresar a la patrulla mejor, caminamos por fuera pegados a la pared porque ya no quisimos entrar a la extraña construcción. El detenido comenzó a reírse sin motivo aparente escucharlo, me erizaba la piel. Yo volteaba nervioso para todas partes e incluso hacia arriba de los árboles, siempre alerta por si veía a alguien me sentía cansado. Había sido una noche de muchos sobresaltos. Por lo mismo, estaba a punto de soltar al detenido y alejarnos de ahí, porque cada minuto la situación se volvía más intolerable. Caminamos varios minutos sin llegar a ningún lado. La construcción parecía interminable. Le dije a mi compañero que eso no me gustaba hasta parecía que le dábamos vueltas. Entonces nos detuvimos. Le preguntamos al detenido qué estaba pasando. Nos respondió el diablo. No va a dejar que me lleves. Puedes caminar por hora sin llegar a ninguna parte mejor déjame ir. Yo pertenezco aquí mi deber como policía. Me impedía soltarlo. Le dije que no y avanzamos. Un poco más. De pronto aparecieron las luces de las torretas. Me sentí aliviado de nuevo cuenta. Lo subimos a la patrulla enfilándonos rumbo a la delegación. Mi compañero dio el aviso de que llevábamos un detenido. De vez en cuando volteaba a verlo por el retrovisor porque sentía su mirada fría aparte. Llevaba una sonrisa que me ponía nervioso. No parpadeaba los segundos que me le quedaba mirando. No se notaba que respirara. Además, empezó a despedir un olor horrible como el que había dentro de aquella construcción. Nos faltaban unas cuantas cuadras para llegar a la delegación. Cuando de nueva cuenta recibimos el reporte de una persona armada, Precisamente en el mismo lugar de donde veníamos, mi compañero y yo nos miramos extrañados. Al menos yo pensé que podría ser el mal viviente que había ayudado a escapar la primera vez al detenido. Voltea al retrovisor y no miré a nadie. Frené rápidamente mientras volteaba para la parte trasera de la patrulla, sólo para comprobar que el detenido no estaba. Nos bajamos de prisa asustado. Abrí la puerta trasera, pero ya no estaba ahí. Mi compañero abrió la cajuela. No había nada. No era posible. Había desaparecido. Llegamos a la delegación tan pálidos que nos notaron enseguida que algo nos había sucedido. Al contarles, obviamente no nos creyeron. Fuimos motivo de burla por parte de algunos compañeros, nosotros insistentes, estábamos contando todo lo que nos había pasado. En eso entró un reporte el mismo que nosotros habíamos escuchado. Todos nos quedamos serios y eso ayudó para que nos creyeran. De primero, nadie quería atender el reporte. Luego algunos oficiales nos miraron con morbo. Nos convencieron para regresar al sitio mencionado. Pero ahora, en tres patrullas todo el trayecto. Fuimos comentando que este era un caso demoníaco, porque ninguna persona normal podía desaparecer Así de la nada llegamos y nos paramos frente a aquella siniestra construcción. Dejamos las luces encendidas de las tres patrullas apuntando hacia el interior y nos bajamos. Éramos seis policías. Algunos de ellos comentaron que en esa construcción espantaban porque otros elementos ya habían contado cosas similares, pero nunca les habían creído. Lo primero que se me hizo raro fue que no estuviera el delincuente con el cuchillo. Además, el olor cada vez era más repugnante. Lastimaba la nariz Al olerlo, entramos todos a la construcción. Primero con cautela, caminamos juntos, después nos dispersamos por parejas y así poder abarcar todo más rápido. Después de unos minutos nos volvimos a encontrar un compañero. Nos preguntó por la fisionomía de la persona que habíamos arrestado, también por su vestimento y señas particulares. Al darles toda la información, apuntó con su dedo hacia un cuarto. Nos dijo que ahí estaba nuestro detenido, que lo podíamos ir a ver y que no nos fuéramos a asustar incrédulo caminé hacia allá, seguido por mi compañero. Dudando un poco, entré al cuarto que me había dicho mi compañero era el mismo donde estaba la figura grotesca del diablo que ella habíamos visto. Al la luzar con la linterna, me persigné sorprendido porque descubrí el cuerpo de aquel hombre. Estaba ahí tirado boca arriba. No había duda era él. Lo reconocí por los tatuajes que tenía en todo el cuerpo, además de su corte de pelo, el color y el estilo de su pantalón corto. Lo más espantoso de todo era que esa persona aparentaba llevar más de tres días muerto. Ya reflejaba signos de descomposición. Era él el que despedía aquel insoportable dolor. No lo podíamos creer. Nosotros le habíamos hablado e incluso tocado y subido dos veces a la patrulla, las mismas veces que había desaparecido. Mi compañero incrédulo lo revisó una y otra vez hasta convencerse de que era el mismo. Me miró y me aseguró que eso era cosa del diablo, porque no había otra explicación. Un compañero policía nos comentó que tal vez las sombras que miré la primera vez que estuve ahí y que me llevaron al final de la construcción pudo ser él tratando de avisarme que ahí estaba su cuerpo. Después de pasar el reporte al departamento, nos retiramos Al presentarme a mi siguiente turno. Supe por las investigaciones que se hicieron con los vecinos que esa persona tenía varios días viviendo en esa construcción abandonada. También se supo que ya tenía tres días que no lo habían visto. Con ese ya eran dos cuerpos los que encontraban en esa construcción. Los pocos vecinos del lugar no se atrevían a salir por las noches porque de esa construcción salían gritos espantosos y en ocasiones se miraban entrar y salir a personas encapuchadas en cuestión de quién hizo el reporte a la delegación fue un misterio, porque ningún vecino aceptó haber llamado. Algunos aseguraron que escuchaban ladrar a los perros, pero nunca miraron a nadie. Nunca más volvió a entrar a ese reporte, pero acepto que cada que se escuchaba el radio sonar sentía un ligero escalofrío. Esta y algunas otras cosas consideradas paranormales me tocaron vivir cuando me desempeñé como policía. Ahora, después de muchos años, aún lo recuerdo y lo puedo contar a detalle, porque al principio no podía recordaba todo aquello y me daba terror a hacerlo. Relato escrito y adaptado por gato negro