Dec. 5, 2025

La Noche De La Caza Militar: Operativo Fallido - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me asignaron a un operativo que según nuestros superiores nos llevaría hasta una base, donde un grupo del narco guardaba armas y víveres. La información era poca, pero decían que había movimiento constante entre los árboles, y señalaban esta parte de la sierra como una ruta usada para vigilar caminos de terracería que conectaban con otras zonas. No esperaba nada distinto a lo que ya había visto en otros operativos, solo una caminata larga, un avance lento entre terreno irregular y la revisión de varias cuevas o chozas improvisadas, donde normalmente encontrábamos mochilas, radios y algunos restos de campamentos recientes.

0:47 Me mantuve atento mientras subíamos por la vereda, porque el sargento insistía en que había actividad cerca y debíamos evitar cualquier descuido. Nos movimos en fila, cada quien con el arma lista y revisando el entorno conforme avanzábamos. El terreno tenía mucha vegetación y eso dificultaba ver más allá de unos metros, así que el sargento pidió que redujéramos la distancia entre nosotros. Él iba al frente con otro compañero y yo ocupaba el tercer lugar, junto a un cabo que no dejaba de mirar hacia arriba, por si alguien intentaba sorprendernos desde alguna rama. Seguimos avanzando hasta que noté una línea tenue de humo que subía entre las copas de los árboles. No formaba una columna grande, más bien parecía una fogata que estaba por apagarse. El sargento la vio también. Levantó la mano para indicar que nos detuviéramos y luego señaló hacia el humo para que nos preparáramos a rodear el área. Caminamos hacia esa dirección mientras revisábamos el piso y los troncos cercanos. Cada paso levantaba hojas secas y piedras sueltas. No escuchábamos voces ni movimientos, lo que me pareció extraño. Si de verdad se trataba de un campamento del narco. Por lo general, esos grupos dejaban vigías, perros o algo que indicara presencia humana. Pero aquí no había nada. Solo el crujido de las ramas bajo nuestras botas.

2:20 Pero aún así seguí las órdenes. Cuando llegamos al origen del humo, vimos tres chozas hechas con madera vieja y amarradas con cuerdas. Una fogata ardía débilmente en medio del espacio. No había mochilas, armas o contenedores que indicaran actividad criminal reciente. El sargento hizo una señal para que revisáramos el lugar. Me acerqué a la primera choza y noté que en la entrada colgaban varias bolsas pequeñas hechas de tela. No tenían adornos. solo estaban amarradas con un nudo simple al mover una de ellas escuché el golpeteo de algo duro dentro y eso me alertó no quise abrirla porque no sabíamos si contenía algo peligroso así que solo la dejé como estaba y seguí avanzando dentro de la choza había una mesa formada por dos tablas clavadas sobre troncos cortos encima de esas tablas había varios cráneos acomodados en fila eran cráneos humanos Me agaché para revisarlos sin tocarlos y confirmé que eran reales. No parecían piezas de museo ni imitaciones, eran restos recientes. En el suelo había huesos largos, posiblemente de brazos o piernas, mezclados con otros más pequeños. Parecían haber sido limpiados o hervidos, aunque no encontré ningún contenedor que explicara su estado. También vi líneas trazadas en las paredes internas de la choza con pintura seca de color oscuro.

3:54 No eran símbolos que yo reconociera, solo figuras hechas, con estilo de pentagrama. Lo que más me llamó la atención fue que no había señales de violencia reciente. No había casquillos, no había rastros de pelea. No había nada que conectara esas chozas con el narco. Todo era demasiado callado. para hacer un lugar donde ellos se movieran. Salí para informar al sargento, pero estaba revisando la segunda choza con otros dos soldados. Me hizo una seña para que guardara silencio, así que esperé cerca de la fogata apagándose. Mis compañeros se acercaron también y comentaron que no habían encontrado radios, teléfonos, droga o armas. El cabo dijo en voz baja que esto no parecía un campamento de narcos, sino otra cosa.

4:47 Preferimos mantenernos atentos mientras el sargento terminaba su revisión. Entonces escuché pasos lentos detrás de las chozas. No eran pasos pesados ni apresurados, sino arrastres cuidadosos sobre la tierra. Miré hacia el sonido y vi salir a varias ancianas. Todas tenían la espalda encorvada y caminaban apoyándose en bastones o en sus propias piernas rígidas. Lo que más llamó mi atención fueron sus ojos totalmente negros, sin reflejo alguno, y sus uñas largas que sobresalían varios centímetros. Eran uñas gruesas, curvas, que parecían capaces de rasgar madera. Sus brazos eran delgados y su piel estaba llena de arrugas profundas, que se marcaban más cuando cerraban y abrían los dedos. Una de ellas avanzó hasta quedar frente a nosotros. Su voz sonaba fuerte y clara, a pesar de su edad. Nos dijo en tono firme que esa zona no nos pertenecía y que no debíamos cruzar más allá de donde estábamos. Lo dijo sin temblor ni interrupciones. El sargento levantó el arma sin apuntarle directamente, solo para mantener control. Otros dos soldados hicieron lo mismo, pues ninguno de mis compañeros tomó en serio a esas ancianas No imaginaban que algo así pudiera representar un peligro. Para ellos solo eran mujeres mayores que vivían apartadas de todos. El sargento dio la orden de avanzar y rodearlas para asegurar el perímetro. Las ancianas no

6:21 se movieron. Permanecieron en línea observándonos sin parpadear. El soldado que iba detrás de mí levantó el arma un poco más y apretó los dientes. No entendí si estaba nervioso o molesto. pero se adelantó unos pasos sin esperar la orden. El sargento le dijo que mantuviera su posición, pero él se tensó y colocó el dedo sobre el gatillo, como si quisiera que supiéramos que no le intimidaba nada de lo que tenía enfrente. Cuando el soldado disparó, el estruendo quebró la quietud del lugar. El disparo dio en el suelo cerca de una de las ancianas, levantando tierra y astillas de madera. Ellas no retrocedieron, No hicieron un gesto ni dieron un paso atrás. Solo se quedaron ahí, mirándonos como si nada hubiera ocurrido. El disparo resonó entre los árboles y todavía no terminaba de caer la tierra levantada cuando una de las ancianas dio un salto hacia el soldado que lo hizo. No lo vi retroceder ni levantar el arma. Todo ocurrió en un movimiento tan directo que no hubo reacción posible. La anciana le abrió el pecho con las uñas. y la camisa se abrió en dos mientras caía de espaldas soltando el rifle. La sangre le bajó en línea recta por el torso, y ella se apartó sin decir una palabra. Solo se le quedó viendo como si esperara que siguiera moviéndose. El sargento gritó que abriéramos fuego, y todos disparamos al mismo tiempo. Las ancianas

7:52 se movieron entre las chozas con rapidez. No se arrastraban ni corrían como alguien que huye del peligro. Avanzaban en línea recta, se escondían detrás de una pared y luego salían por otro costado, cambiando de posición sin perder tiempo. Las balas rompían madera, levantaban polvo y pasaban entre los troncos, pero ninguna daba en ellas. El sargento quiso tomar una mejor posición y corrió hacia un tronco caído mientras ordenaba que cubriéramos la entrada de la choza principal. yo disparaba en ráfagas cortas tratando de controlar la respiración pero ellas aparecían y desaparecían sin darnos oportunidad de un tiro limpio hacia alguna de ellas de una de las chozas salió otra anciana distinta a las demás era más alta y sus uñas eran más gruesas y largas no caminaba encorvada avanzaba con la espalda recta y los brazos a la altura del cuerpo Pasó por la fogata apagándose sin perder ritmo.

8:59 Ella no necesitaba esconderse para evitar los tiros. Se dirigió hacia nosotros, sin alterar la expresión del rostro. Cuando se detuvo a unos metros, nos dijo en un tono firme, relatado de manera indirecta, que nadie saldría de ese sitio y pagaríamos nuestro error. Su voz no temblaba ni se elevaba, pero nos quedó claro que era una advertencia. El cabo que estaba frente a mí dio dos pasos atrás, al ver que la anciana no respondía a los disparos. Las balas pegaban en el piso o en la madera detrás de ella, pero ninguna la alcanzaba. No sabíamos si esquivaba los tiros o si simplemente avanzábamos sin precisión, pero nos resultaba imposible entender cómo podía caminar entre fuego abierto sin recibir un solo impacto. Los soldados que estaban a mi derecha intentaron flanquearla, Pero antes de que lo lograran, otras dos ancianas salieron de los costados de las chozas. No gritaron ni hicieron ruido. Atacaron directamente. Una de ellas se lanzó sobre un compañero que estaba apuntando hacia la anciana alta.

10:09 Le desgarró la espalda con un movimiento rápido. Vi como su chaleco se abrió en una línea larga y la tela cayó hacia los lados, mientras perdía fuerza en las rodillas, pues no alcanzó a reaccionar. Quiso girar para dispararle, pero cayó boca abajo y la tierra se llenó con su sangre. La anciana lo empujó con el pie y regresó hacia las chozas sin mirar atrás. Otro soldado corrió hacia mí, pidiéndome que cubriera el lado izquierdo, porque las ancianas estaban entrando desde varios ángulos. Cuando giré, vi a uno de mis compañeros ser tomado por los brazos desde dentro de una choza. Solo alcancé a ver sus botas levantarse. mientras lo arrastraban hacia la oscuridad del interior. El rifle golpeó el marco de madera antes de desaparecer también. Quise correr hacia él, pero otra anciana salió por el lado contrario y tuve que retroceder para no quedar atrapado entre ellas.

11:08 El sargento gritó mi nombre y me ordenó buscar cobertura. corrí hacia una roca grande cerca de la orilla del campamento me tiré detrás de ella y disparé sin control en dirección a las chozas las balas rebotaron en la madera pero nada más no podía distinguir si las ancianas seguían moviéndose o si estaban esperando a que saliera de mi posición escuchaba los disparos de mis compañeros intercalados con gritos cortos que se detenían de repente Eso me indicaba que el equipo estaba cayendo más rápido de lo que podíamos reaccionar. Me atrevía a asomarme solo un segundo. Vi a dos soldados derribados cerca de la fogata. Uno sangraba del cuello y el otro estaba inmóvil con el chaleco roto.

11:55 El cabo trataba de mantener una línea de fuego junto al sargento, pero cada vez que intentaban retroceder, una anciana salía de la oscuridad y les obligaba a cambiar de dirección. Las chozas se habían convertido en un laberinto, donde ellas se movían sin esfuerzo. No necesitaban coordinarse entre sí. Actuaban como si todas supieran exactamente desde dónde atacar. Una anciana salió por detrás de un árbol y corrió hacia el sargento. Él disparó varias veces, pero ninguna bala la detuvo. Ella lo golpeó en el pecho con ambas manos y lo lanzó contra la pared de una choza. Su espalda golpeó con fuerza y cayó de rodillas. Quiso levantarse, pero la anciana lo sujetó del rostro con una sola mano y lo arrastró hacia la entrada de la choza principal. No escuché un grito ni un disparo. Solo vi como su cuerpo desaparecía en la oscuridad. La línea se quebró por completo.

12:54 El cabo gritó que nos replegáramos, aunque ya casi no quedaba nadie a quien ordenar. Un soldado trató de correr hacia la vereda por donde habíamos llegado. Pero dos ancianas lo alcanzaron. Una lo tomó por el brazo y la otra le clavó las uñas en el costado. Cayó hacia adelante, mientras ellas lo arrastraban hacia un claro. No pude hacer nada más que disparar hacia donde estaban, pero mis tiros solo golpearon los troncos alrededor. Vi a otro compañero correr hacia la roca donde yo estaba, pero tropezó y cayó antes de llegar. Una anciana se abalanzó sobre él y lo detuvo con un golpe seco, y su cuerpo quedó inmóvil.

13:37 Sentí como mi respiración se aceleraba mientras miraba el caos que se formaba alrededor. No quedaba formación, no quedaba estrategia ni línea defensiva. Éramos piezas sueltas tratando de sobrevivir, sin entender qué enfrentábamos. El cabo, viendo que yo seguía con vida, corrió hacia un claro para intentar atraer a las ancianas lejos de mi posición. Levantó el arma y disparó mientras avanzaba entre los árboles. Yo quise seguirlo, pero una sombra cayó desde arriba. Una anciana descendió sobre él con un salto directo y lo empujó contra el suelo con una fuerza que no había visto antes. Se sentó sobre su espalda, Le tomó la cabeza y lo inmovilizó mientras intentaba levantarse sin éxito. Cuando vi al cabo tirado bajo el peso de esa anciana, entendí que no tenía forma de ayudarlo.

14:30 Ya no quedaba nadie más de mi equipo, ni un solo compañero que pudiera cubrirme mientras intentaba sacarlo de ahí. La anciana lo sostuvo del cuello con una mano y lo presionó contra el suelo hasta que dejó de mover los brazos. Ella levantó la cabeza y giró en mi dirección. Fue suficiente para que supiera que debía salir de ahí en ese instante. No esperé a ver si venía hacia mí. Me levanté de golpe y corrí hacia una pendiente cubierta de ramas y piedras sueltas. Cada paso que daba levantaba tierra. El arma golpeaba mi chaleco mientras evitaba caer entre raíces que sobresalían del suelo. Detrás de mí escuché los pasos de las ancianas. No eran pasos pesados, sonaban como arrastres firmes que iban aumentando de velocidad. No quise voltear, pues mi único objetivo era ganar distancia, antes de que se acercaran lo suficiente como para alcanzarme. El aire entraba y salía de mis pulmones, tan rápido que sentía un ardor constante en la garganta, pero no bajé el ritmo. pues sabía que si disminuía aunque fuera un segundo, me derribarían igual que a los demás. Al llegar a la parte más inclinada de la pendiente, una rama se quebró bajo mi pie y casi perdí el equilibrio. Recuperé la postura apoyándome con la mano en el suelo, pero ese segundo de retraso fue suficiente. Una de las ancianas apareció a

16:02 mi lado con un movimiento seco y me cortó el brazo con las uñas. Sentí el desgarro en la piel y vi la línea abierta. La sangre salió de inmediato y el ardor se extendió hasta el hombro, pero no me detuve. Usé la mano sana para empujarme hacia adelante y seguir corriendo. Si me quedaba a ver la herida, no tendría oportunidad. La pendiente terminaba en una zona de rocas grandes. Algunas tenían espacio suficiente entre ellas como para esconderme. Elegí una grieta estrecha entre dos piedras altas, me metí de lado apretando los hombros y me acomodé lo más adentro que pude. La sangre de mi brazo goteaba en el suelo y traté de presionar la herida con la manga rota, pero el dolor seguía igual. Escuché como las ancianas bajaban por la pendiente. Algunas piedras rodaron al ser empujadas por sus pies y una de ellas chocó contra la roca que tenía justo encima de mí. Pero me quedé inmóvil. De verdad que jamás había sentido ese miedo en mi vida. Una pasó tan cerca que escuché el roce de su ropa contra la piedra. Se detuvo frente a mi escondite. Vi sus pies arrugados y sus uñas chocaron contra la superficie de la roca cuando extendió la mano.

17:19 Clavó las uñas en la piedra y la raspó. Si avanzaba un poco más me encontraría sin dificultad, pero no respiré durante varios segundos. La anciana inclinó la cabeza hacia un costado, como si quisiera oír algo. Me mantuve quieto y no moví las piernas ni el brazo herido. Ella raspó nuevamente la roca y luego se alejó unos pasos. Escuché cómo se reunían cerca de la base de la pendiente y sus pasos se movían en círculos, como si revisaran cada hueco. Pasó un tiempo que no puedo medir, pues yo solo escuchaba sus movimientos. y esperaba que alguna se alejara lo suficiente como para darme oportunidad de salir.

18:03 Cuando oí que una se dirigía hacia la parte alta del terreno, supe que ese era el momento. Me deslicé con cuidado hacia afuera de la grieta. La manga seguía pegada a la herida por la sangre seca. Caminé agachado entre las rocas hasta encontrar un punto desde donde pudiera bajar sin hacer ruido. Llegué a un borde que daba al barranco, La caída no era vertical, pero lo bastante inclinada, como para entender que rodaría más que descender. Miré hacia atrás, solo para asegurarme de que ninguna anciana estuviera a la vista. No vi movimientos, así que me dejé caer. Mi cuerpo golpeó la tierra seca y comencé a rodar cuesta abajo. Piedras, ramas y golpes en las costillas me hicieron perder el aliento varias veces. Cuando logré detenerme, tenía tierra en el rostro y un corte en la ceja, pero seguía consciente.

19:00 Me levanté de inmediato porque sabía que el ruido de mi caída podría atraerlas. Seguía avanzando entre arbustos densos, y cada vez que levantaba la mano para apartar una rama, sentía el dolor en el brazo herido, pues de nuevo la sangre seguía bajando hacia el codo y caía en gotas. No había forma de detenerla, así que solo apretaba los dientes y continuaba moviéndome. El terreno se volvió más plano y los árboles se hicieron menos abundantes. Dejé de escuchar pasos detrás de mí. No escuchaba arrastres ni golpes de uñas contra la tierra. Pero, aún así, seguí mirando hacia los lados, en caso de que alguna se hubiera adelantado por otra ruta. Caminé hasta encontrar un área más despejada.

19:47 Ahí saqué la radio que llevaba en el chaleco, di mi ubicación aproximada y pedí apoyo inmediato. No dije nada sobre las ancianas, me limité a informar que el operativo había sido atacado y que no quedaban sobrevivientes más que yo. La voz del otro lado sonó confundida porque no teníamos reportes de grupos armados en esa zona. Repetí mi solicitud. Y después de insistir, confirmaron que enviarían un equipo de extracción. Seguí caminando hasta encontrar un punto alto, desde el cual pudiera ver el movimiento del apoyo cuando llegara. Me acomodé entre unos arbustos y presioné la herida con ambas manos para contener la sangre. Mientras esperaba, repasé lo que había visto.

20:35 No necesitaba interpretarlo ni buscarle explicaciones. Había visto a esas ancianas moverse, atacar y arrastrar a mis compañeros sin mostrar cansancio ni miedo. Sabía lo que había ocurrido y lo contaría tal como lo viví, aunque supiera que nadie lo aceptaría, como un informe creíble. Cuando finalmente me recogieron, les expliqué lo sucedido. Algunos no ocultaron su incredulidad y otros solo tomaron notas sin interrumpirme. Les dije lo que debía decir con cada detalle que recordaba pues solo conté lo que había pasado en esas chozas y cómo perdimos al equipo completo.

21:16 Al poco tiempo salí del ejército, pues no podía seguir mi vida ahí, con lo que me había ocurrido. No fue un ataque armado, del que si quedas vivo te recuperas. Ese día fue algo distinto, algo de lo que aún no tengo explicación real. Quizá fueron brujas que hicieron pacto con el diablo o nahuales que tenían ese aspecto, pero lo que tengo muy claro es Es que el miedo que sentí ese día jamás lo he vuelto a sentir. Hasta el día de hoy sigo convencido de que esas ancianas siguen ahí, moviéndose entre esas mismas rocas y chozas, esperando que alguien vuelva a cruzar esa zona, y sé que recuerdan que escapé.