July 7, 2023

La Niña Nahual Historias De Terror - REDE

La Niña Nahual Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

La niña. Nahual. La historia que les voy a contar me ocurrió hace más de treinta años, cuando yo era un muchacho de unos veintitantos. Estábamos a mitad del año, debía ser finales de junio. Había bastante lluvia debido a una tormenta eléctrica muy fuerte que estaba azotando la ciudad. Por cierto, estaba viviendo en el Estado de Oaxaca y al menos desde que yo era niño, nunca se había visto una tormenta de semejantes magnitudes. Mi familia era dueña de unas vacas y las habíamos dejado ahí por el cerro. Por eso las llevábamos y las dejábamos en ese lugar, así que no tuvimos remedio más que salir en plena tormenta para traer a las vacas para ir de nuestro terreno. Hasta el cerro. Eran casi cuatro kilómetros En un día normal mover las vacas desde un punto hasta el otro nos toma la barba dos horas, pero con la tormenta eléctrica seguro nos tomaría mucho más que eso. Mi papá y yo salimos de la casa y nos fuimos lo más rápido que pudimos hasta donde estaban las vacas. Íbamos a pie. Cuando llegamos al lugar, las vacas estaban dispersas, pero afortunadamente pudimos reunirlas y empezamos el camino de regreso. Habíamos avanzado poco. Cuando pudimos ver que un rayo impactó en el suelo en algún tramo del camino de tierra, supimos que se debía a los árboles. De todos modos, teníamos que apurarnos para regresar. Después de una hora estábamos pasando por el cuerpo de agua. Cuando las vacas se empezaron a poner nerviosas, algo las inquietaba nunca antes se habían puesto así. En ese tramo del camino pasábamos por ahí todos los días. Debido a la tormenta, la visibilidad no era la de siempre. En lo que mi papá mantenía alineadas a las vacas, yo me adelanté un poco para ver qué era lo que causaba ese comportamiento. En ellas me encontré con muchísimos peces tirados por todo el camino de tierra. Cuando mi papá y yo pasamos hacia el cerro, no había ningún pes y no deberían haber, porque en ese cuerpo de agua no había ningún pez. Desde hace muchísimos años. Algunos de los peces todavía se retorcían intentando respirar. Otros estaban partidos en pedazos. Regresé con mi papá para contarle lo de los peces y él se puso muy serio. Yo no entendía, pero entonces mi papá me comentó que esa era una señal de que un oalde agua estaba cerca y solían ser muy violentos. Yo había escuchado alguna vez que mi abuelo mencionó algo sobre los navales de agua, pero no tenía idea que fueran peligrosos. De pronto entre los sonidos del trueno y del viento alcanzamos a distinguir. Otro sonido era el llanto de un niño y no parecía estar lejos. Mi papá dijo que yo buscara al niño mientras él se adelantaba con las vacas. Caminé sobre el lodo moviendo la maleza y luchando contra el viento, hasta que, cerca de unas rocas, encontré a una niña que parecía de entre once y trece años. Estaba recostada en el suelo, hecha, bolita y llorando. Me apresuré a llegar con ella y le extendí la mano diciéndole que era muy peligroso que estuviera ahí que teníamos que irnos de inmediato. No me había percatado, pero ella no tenía ropa, así que me quité lo que llevaba para cubrirme, que era una frazada a la que le había hecho un agujero para meter la cabeza. Me quité eso y se lo di para que se tapara. Tardamos unos minutos en alcanzar a mi papá y a las vacas. Luego nos fuimos a la casa, en lo que mi papá guardaba las vacas. Yo llegué a la niña a la casa con mi mamá, la pobre. En cuanto entramos se tiró al suelo. Estaba empapada de pies, a cabeza despeinada enlodada y temblando de frío. Mi mamá preguntó quién era la niña, porque no se la hacía conocida. Mi madre conocía a la gente de la zona y si ella decía que esa niña no era de ahí es porque era verdad. Mi mamá le preguntó si alguien le había hecho daño el estado en el que la encontré daba mucho que pensar. Tal vez se la habían robado de otro lado y por alguna razón la terminaron abandonando, quizá por la tormenta eléctica o tal vez por el nagua. Al de agua. Era extraño que los peces como ella hubieran aparecido de repente. La niña no decía nada, sólo nos miraba con desconfianza. En eso entró mi padre, ya había guardado las vacas. Miró a la niña y sin acercarse a ella, le le preguntó no se había visto al nahual. Ella no habló, pero movió la cabeza afirmando que había visto al monstruo. Por más que le insistimos para que nos dijera dónde vivía y poder llevarla a su casa. Después de que pasara la tormenta ella no nos respondió. Mi mamá llevó a la niña a su cuarto para ver si de casualidad encontraba ropa vieja que pudiese Quedarle estuvo ahí con ella un rato mientras mi papá y yo nos tomábamos un café. Cuando mi mamá salió, estaba muy preocupada. Había dejado a la niña dormida en la cama, pero al momento en que le estaba ayudando a vestirse, se dio cuenta que la niña tenía marcas extrañas en el cuerpo. Parecía que sus padres la maltrataban demasiado. Tenía golpes, quemaduras y cicatrices. A la mañana siguiente, mi padre salió al pueblo a ver si escuchaba que alguien estuviera buscando a una niña perdida o se había rumores de alguna niña desaparecida o robada. Cua cua cuan n n cual nuno cosa que nos diera alguna pista de quién era el familiar de esa niña. Mis papás no la querían regresar solo, así sobre todo por las marcas de violencia que tenía en el cuerpo. Lo que mis papás querían era primero hablar con esa familia para saber qué era lo que pasaba con la niña. Tampoco confiaban en la policía ni en el gobierno. Toda esa gente era mala y quién sabe qué podrían hacerle a la niña si le entregaban con ellos. Mientras mi papá estaba en el pueblo, yo me quedé con las vacas y mi mamá trató de darle de comer a la niña, pero no quiso probar bocado de ningún tipo. La niña intentó escapar, pero yo le corté el paso. Cuando le pregunté a dónde iba, dijo que necesitaba ir a un sitio y que tenía que ir sola. Tuve que ponerme en plan pesado y no la dejé ir a ningún lado. Volví a meterla a la casa dentro. Mi mamá le preguntó a dónde quería ir. La niña contestó que tenía hambre, pero que necesitaba comer pescado. Yo le comenté que si en verdad necesitaba comer pescado, yo podría acompañarla por unos peces y luego regresaríamos a casa para que mi mamá se los cocinara. Habíamos caminado por dos kilómetros cuando se empezaron a escuchar ruidos extraños en los alrededores. No reconocía el sonido. Le dije a la niña que lo sentía, pero no íbamos a continuar. Teníamos que regresar porque el día anterior ella había visto un agual y era probable que la criatura todavía estuviera cerca. Regresamos a la casa y al poco tiempo llegó. Mi padre comentó que en el pueblo no se decía nada sobre la niña perdida de paso. Preguntó por qué la pequeña estaba de mal humor. Le contamos que la niña necesitaba comer pescado, a lo cual mi padre reaccionó de forma extraña, pero no dijo nada. Al día siguiente comenzó a llover. Desde temprano, el cielo estaba totalmente cubierto de nubes negras parecían ser remanentes de la tormenta eléctrica. Aún así, mi padre salió. Cuando regresó traía unos pescados. La niña se los pidió a mi papá pero le dijo que si quería comer, tenía que confesar la verdad. Eso me pareció mal por parte de mi padre y se lo dije, pero él dijo ella es una hual. En ese momento creí que mi padre estaba loco. Entonces la niña confesó que había llegado a la región junto con su hermano. Estaban llevando peces para comer en el lugar donde pensaban esconderse, pero un rayo impacto justo sobre ellos. No sabía si su hermano había quedado muerto en el fondo del agua o si la había dejado ahí. Pensando que ella había muerto, yo no podía creer lo que estaba escuchando. Incluso creí que la niña simplemente le estaba siguiendo el juego a mi papá para que le diera los peces, pero vi a la niña tan seria que empecé a creer. Mi madre se alejó de ella y fue con mi papá. Luego le preguntó a la niña si era peligrosa, pero respondió que no, que en todo caso sería peligrosa en su forma de nahual, pero que no podía transformarse a voluntad. Mi papá le dijo a mi madre que cocinara los peces para que la niña comiera algo. Después le dijo a la niña que se sentara y que después de cenar podía irse. Cuando la niña terminó de comer, nos dio las gracias por haberla ayudado el día de la tormenta eléctrica y se marchó para siempre. Relato escrito y adaptado por Ramiro Contreras