La Niña Nahual Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
La niña. Nahual. La historia que les voy a contar me ocurrió hace más de treinta años, cuando yo era un muchacho de unos veintitantos. Estábamos a mitad del año, debÃa ser finales de junio. HabÃa bastante lluvia debido a una tormenta eléctrica muy fuerte que estaba azotando la ciudad. Por cierto, estaba viviendo en el Estado de Oaxaca y al menos desde que yo era niño, nunca se habÃa visto una tormenta de semejantes magnitudes. Mi familia era dueña de unas vacas y las habÃamos dejado ahà por el cerro. Por eso las llevábamos y las dejábamos en ese lugar, asà que no tuvimos remedio más que salir en plena tormenta para traer a las vacas para ir de nuestro terreno. Hasta el cerro. Eran casi cuatro kilómetros En un dÃa normal mover las vacas desde un punto hasta el otro nos toma la barba dos horas, pero con la tormenta eléctrica seguro nos tomarÃa mucho más que eso. Mi papá y yo salimos de la casa y nos fuimos lo más rápido que pudimos hasta donde estaban las vacas. Ãbamos a pie. Cuando llegamos al lugar, las vacas estaban dispersas, pero afortunadamente pudimos reunirlas y empezamos el camino de regreso. HabÃamos avanzado poco. Cuando pudimos ver que un rayo impactó en el suelo en algún tramo del camino de tierra, supimos que se debÃa a los árboles. De todos modos, tenÃamos que apurarnos para regresar. Después de una hora estábamos pasando por el cuerpo de agua. Cuando las vacas se empezaron a poner nerviosas, algo las inquietaba nunca antes se habÃan puesto asÃ. En ese tramo del camino pasábamos por ahà todos los dÃas. Debido a la tormenta, la visibilidad no era la de siempre. En lo que mi papá mantenÃa alineadas a las vacas, yo me adelanté un poco para ver qué era lo que causaba ese comportamiento. En ellas me encontré con muchÃsimos peces tirados por todo el camino de tierra. Cuando mi papá y yo pasamos hacia el cerro, no habÃa ningún pes y no deberÃan haber, porque en ese cuerpo de agua no habÃa ningún pez. Desde hace muchÃsimos años. Algunos de los peces todavÃa se retorcÃan intentando respirar. Otros estaban partidos en pedazos. Regresé con mi papá para contarle lo de los peces y él se puso muy serio. Yo no entendÃa, pero entonces mi papá me comentó que esa era una señal de que un oalde agua estaba cerca y solÃan ser muy violentos. Yo habÃa escuchado alguna vez que mi abuelo mencionó algo sobre los navales de agua, pero no tenÃa idea que fueran peligrosos. De pronto entre los sonidos del trueno y del viento alcanzamos a distinguir. Otro sonido era el llanto de un niño y no parecÃa estar lejos. Mi papá dijo que yo buscara al niño mientras él se adelantaba con las vacas. Caminé sobre el lodo moviendo la maleza y luchando contra el viento, hasta que, cerca de unas rocas, encontré a una niña que parecÃa de entre once y trece años. Estaba recostada en el suelo, hecha, bolita y llorando. Me apresuré a llegar con ella y le extendà la mano diciéndole que era muy peligroso que estuviera ahà que tenÃamos que irnos de inmediato. No me habÃa percatado, pero ella no tenÃa ropa, asà que me quité lo que llevaba para cubrirme, que era una frazada a la que le habÃa hecho un agujero para meter la cabeza. Me quité eso y se lo di para que se tapara. Tardamos unos minutos en alcanzar a mi papá y a las vacas. Luego nos fuimos a la casa, en lo que mi papá guardaba las vacas. Yo llegué a la niña a la casa con mi mamá, la pobre. En cuanto entramos se tiró al suelo. Estaba empapada de pies, a cabeza despeinada enlodada y temblando de frÃo. Mi mamá preguntó quién era la niña, porque no se la hacÃa conocida. Mi madre conocÃa a la gente de la zona y si ella decÃa que esa niña no era de ahà es porque era verdad. Mi mamá le preguntó si alguien le habÃa hecho daño el estado en el que la encontré daba mucho que pensar. Tal vez se la habÃan robado de otro lado y por alguna razón la terminaron abandonando, quizá por la tormenta eléctica o tal vez por el nagua. Al de agua. Era extraño que los peces como ella hubieran aparecido de repente. La niña no decÃa nada, sólo nos miraba con desconfianza. En eso entró mi padre, ya habÃa guardado las vacas. Miró a la niña y sin acercarse a ella, le le preguntó no se habÃa visto al nahual. Ella no habló, pero movió la cabeza afirmando que habÃa visto al monstruo. Por más que le insistimos para que nos dijera dónde vivÃa y poder llevarla a su casa. Después de que pasara la tormenta ella no nos respondió. Mi mamá llevó a la niña a su cuarto para ver si de casualidad encontraba ropa vieja que pudiese Quedarle estuvo ahà con ella un rato mientras mi papá y yo nos tomábamos un café. Cuando mi mamá salió, estaba muy preocupada. HabÃa dejado a la niña dormida en la cama, pero al momento en que le estaba ayudando a vestirse, se dio cuenta que la niña tenÃa marcas extrañas en el cuerpo. ParecÃa que sus padres la maltrataban demasiado. TenÃa golpes, quemaduras y cicatrices. A la mañana siguiente, mi padre salió al pueblo a ver si escuchaba que alguien estuviera buscando a una niña perdida o se habÃa rumores de alguna niña desaparecida o robada. Cua cua cuan n n cual nuno cosa que nos diera alguna pista de quién era el familiar de esa niña. Mis papás no la querÃan regresar solo, asà sobre todo por las marcas de violencia que tenÃa en el cuerpo. Lo que mis papás querÃan era primero hablar con esa familia para saber qué era lo que pasaba con la niña. Tampoco confiaban en la policÃa ni en el gobierno. Toda esa gente era mala y quién sabe qué podrÃan hacerle a la niña si le entregaban con ellos. Mientras mi papá estaba en el pueblo, yo me quedé con las vacas y mi mamá trató de darle de comer a la niña, pero no quiso probar bocado de ningún tipo. La niña intentó escapar, pero yo le corté el paso. Cuando le pregunté a dónde iba, dijo que necesitaba ir a un sitio y que tenÃa que ir sola. Tuve que ponerme en plan pesado y no la dejé ir a ningún lado. Volvà a meterla a la casa dentro. Mi mamá le preguntó a dónde querÃa ir. La niña contestó que tenÃa hambre, pero que necesitaba comer pescado. Yo le comenté que si en verdad necesitaba comer pescado, yo podrÃa acompañarla por unos peces y luego regresarÃamos a casa para que mi mamá se los cocinara. HabÃamos caminado por dos kilómetros cuando se empezaron a escuchar ruidos extraños en los alrededores. No reconocÃa el sonido. Le dije a la niña que lo sentÃa, pero no Ãbamos a continuar. TenÃamos que regresar porque el dÃa anterior ella habÃa visto un agual y era probable que la criatura todavÃa estuviera cerca. Regresamos a la casa y al poco tiempo llegó. Mi padre comentó que en el pueblo no se decÃa nada sobre la niña perdida de paso. Preguntó por qué la pequeña estaba de mal humor. Le contamos que la niña necesitaba comer pescado, a lo cual mi padre reaccionó de forma extraña, pero no dijo nada. Al dÃa siguiente comenzó a llover. Desde temprano, el cielo estaba totalmente cubierto de nubes negras parecÃan ser remanentes de la tormenta eléctrica. Aún asÃ, mi padre salió. Cuando regresó traÃa unos pescados. La niña se los pidió a mi papá pero le dijo que si querÃa comer, tenÃa que confesar la verdad. Eso me pareció mal por parte de mi padre y se lo dije, pero él dijo ella es una hual. En ese momento creà que mi padre estaba loco. Entonces la niña confesó que habÃa llegado a la región junto con su hermano. Estaban llevando peces para comer en el lugar donde pensaban esconderse, pero un rayo impacto justo sobre ellos. No sabÃa si su hermano habÃa quedado muerto en el fondo del agua o si la habÃa dejado ahÃ. Pensando que ella habÃa muerto, yo no podÃa creer lo que estaba escuchando. Incluso creà que la niña simplemente le estaba siguiendo el juego a mi papá para que le diera los peces, pero vi a la niña tan seria que empecé a creer. Mi madre se alejó de ella y fue con mi papá. Luego le preguntó a la niña si era peligrosa, pero respondió que no, que en todo caso serÃa peligrosa en su forma de nahual, pero que no podÃa transformarse a voluntad. Mi papá le dijo a mi madre que cocinara los peces para que la niña comiera algo. Después le dijo a la niña que se sentara y que después de cenar podÃa irse. Cuando la niña terminó de comer, nos dio las gracias por haberla ayudado el dÃa de la tormenta eléctrica y se marchó para siempre. Relato escrito y adaptado por Ramiro Contreras








