La Muerte Negra Me Persigue Historias De Terror - REDE

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La muerte negra me persigue. Mi nombre es Rebeca Corrales y resido en la ciudad de Guadalajara. Quiero compartir con ustedes una experiencia realmente perturbadora que vivà debido a una decisión que parecÃa inofensiva en su momento, pero que rápidamente se convirtió en una pesadilla. Esta experiencia ocurrió hace varios años, poco después del dÃa de muertos, cuando aún se podÃan ver los arreglos en las calles de esta festividad, mi pareja y yo estábamos en la etapa previa a la boda y la emoción del evento estaba presente en todo momento. En esas fechas estábamos inmersos en la búsqueda del lugar perfecto para realizar nuestra sesión de fotos prenupciales. QuerÃamos capturar un momento inolvidable en un escenario único e inusual. Fue entonces, cuando surgió la curiosa idea de realizar esta sesión en el famoso panteón de Belén. Al principio parecÃa ser una elección intrigante y, a pesar de que se trataba de un campo santo, pensamos que su arquitectura histórica y sus esculturas podrÃan brindar un toque singular y misterioso a nuestras fotografÃas. Una amiga me consiguió una antigua cámara profesional para darle un toque vintage a las fotos. Era raro, pero sentÃa una emoción mezclada de entusiasmo y curiosidad. Me fui lo más temprano posible, pues mi objetivo era explorar el panteón por adelantado y que no hubiera gente que me estorbara para captar el mejor momento. Mi intención era descubrir los lugares que podrÃan ser ideales para capturar nuestros momentos más felices. Al llegar allÃ, aún se encontraban puestos arreglos. El dÃa de muertos. De alguna manera daba un toque tradicional que con la arquitectura se creaba una atmósfera enigmática. Mientras caminaba por los pasillos frente a mà habÃa un par de muertes. Ambas estaban vestidas. Una de ellas tenÃa un traje negro con un sombrero de copa. Sin duda se trataba de un catrÃn, mientras que la otra tenÃa un vestido negro con olanes y tenÃa el rostro cubierto con un velo negro. Les tomé una fotografÃa. Me parecieron realmente fascinantes. A medida que avanzaba, noté que algunas habitaciones permanecÃan abiertas, mostrando fotografÃas que capturaban cómo era el panteón en su estado original. Intrigada, decidà entrar y explorar el lugar con detenimiento Al salir de la habitación, experimenté un escalofrÃo inexplicable que recorrió mi espina dorsal, una sensación que me inquietó, pero no quise darle demasiada importancia. Tomé un vistazo a mi alrededor y quedé impresionada por la estética del pasillo, lo que me llevó a dar unos cuantos pasos y capturar una fotografÃa para recordar el momento. Con el tiempo tuve la oportunidad de explorar las otras exposiciones sin que nadie me molestara la suerte de haber llegado a tiempo. Realmente se hizo evidente. Las alas presentaban un ambiente tranquilo y casi mágico, lo que me permitió sumergirme en la historia que las fotografÃas contaban. Desde mi posición en el pasillo divisé un rincón que parecÃa perfecto para tomar algunas fotografÃas memorables. Asà que saqué mi cámara y comencé a hacer varios disparos. Me aventuré a inspeccionar el resto del panteón. Asà mismo, continué tomando más fotos. Algunos de los mausoleos estaban desgastados por el paso del tiempo y la naturaleza, lo que le daba un aire de abandono y misterio. Cada rincón parecÃa tener una historia propia y el silencio sólo era interrumpido por el susurro del viento entre los árboles y el ocasión al canto de los pájaros. Pero a medida que mi sesión fotográfica y de exploración continuaba, comencé a experimentar sensaciones inexplicables. La temperatura parecÃa descender bruscamente y el aire se volvÃa más denso a mi alrededor. En varias ocasiones me pareció escuchar susurros, suaves y pasos que no se podÃan atribuir a nadie, pues estaba completamente sola. No faltarÃa mucho para que llegaran los turistas, asà que atribuà a que quizás era el eco de otros cuartos. Aún asÃ, los susurros y los pasos eran cada vez más cercanos A mà y cada vez que me daba la vuelta para comprobar no veÃa nadie cerca no podÃa controlarme. Comencé a sentirme extraña y un poco mal. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, asà que decidà tomar las últimas fotos e irme a casa. Aquella sensación de que me vigilaban disminuyó en cuanto me alejé de las exposiciones, pude sentir un gran alivio en el pecho, asà que decidà quedarme un poco más. Poco a poco me hice la idea de que esa sensación era simplemente mi imaginación por el entorno en el que me encontraba. Me sentà un momento en una de las bancas para revisar la Cámara. Entonces de reojo pude ver una sombra oscura que parecÃa moverse a mi lado. Tiré abruptamente con la intención de ver qué habÃa cerca de mÃ, pero no habÃa nada. Tomé la decisión de irme lo más pronto posible. Comencé a sentirme ansiosa. Cuando llegué a casa, tuve la inquietante sensación de que algo me estaba siguiendo. Al estar con mi pareja, me daba algo de consuelo. Eventualmente nos retiramos a descansar, aunque no puedo negar que la inquietud persistÃa mientras nos acostábamos para dormir. Un estruendo repentino nos sacó de nuestro sueño. Sonó como si algo de gran peso se hubiera caÃdo y se hubiera hecho añicos. Mi pareja y yo nos levantamos para investigar qué podrÃa haber sido. Al encender la luz, me encontré aterroriza la da al ver la cámara fotográfica hecha pedazos en el suelo. HabÃa caÃdo desde la mesa, donde la habÃa dejado, pero era imposible que se hubiera caÃdo sola, ya que no estaba al borde de la mesa. Surgió la idea de mi pareja de que tal vez alguien habÃa entrado a la casa, asà que buscó en cada rincón sin encontrar nada fuera de lo común. Justo en ese momento una punzada intensa me atravesó la cabeza. El dolor era tan insoportable que me vio obligada a caer al suelo. Mi pareja se aproximó a mà para preguntarme cómo estaba. Le pedà un poco de agua, pero al tratar de tragarla sentà como si hubiera ingerido gasolina ardiente. Mi pareja me alzó en sus brazos y me llevó a la cama. Cuando encendió la luz en la habitación, apenas pude entreabrir los ojos y vislumbré una figura extraña junto a la cama. Al principio, mi vista estaba borrosa y asumà que era la cortina, pero al enfocar mejor, me di cuenta de que se trataba de una mujer vestida de negro con su rostro oculto. Le pregunté a mi pareja quién era esa presencia, pero al girarse, él me dijo que no habÃa nadie. Puso su mano en mi frente y me dijo que estaba ardiendo en fiebre. Sugirió que tal vez mis sentidos estaban alterados debido a la fiebre y estaba experimentando alucinaciones. Me llevó al médico, conduciéndolo más rápido que pudo durante todo el trayecto. Mantuve una expresión seria. No podÃa apartar la mirada del retrovisor. Era increÃble no poder creer lo que yo estaba viendo en el asiento trasero sentado. La mujer de vestido negro estaba allÃ. Era algo que mi pareja parecÃa no ser capaz de ver de repente sentà un sacudón en la pierna y volvà la vista hacia el lado. Mi pareja me estaba hablando, aunque no podÃa oÃr su voz. Sus palabras se volvÃan incomprensibles, su su su tono de voz se volvÃa cada vez más grave, hasta que finalmente no pude oÃrlo más. Perdà el conocimiento. En varias ocasiones, en momentos abruptos, recobraba la conciencia y puedo recordar que él me sostenÃa entre sus brazos, mientras que la figura de la mujer de negro permanecÃa a su lado como compañÃa. En otra ocasión me encontré recostada en una camilla y la mujer seguÃa allà a mi lado. No podÃa estar segura si sus ojos estaban posados sobre mÃ. No podÃa saber si me miraba por su velo, pero su cabeza estaba inclinada hacia mà de manera inquietante. Desperté una mañana. No recuerdo con exactitud qué dÃa era, pero pude ver a mi pareja a mi lado lucÃa cansado, pero estaba despierto. Me comentó que los médicos no habÃan encontrado nada en particular y atribuÃan todo a las tensiones propias de los preparativos de la boda. Ãltimamente habÃa estado experiento un agotamiento extremo y mi pareja estaba al tanto de esto desde hacÃa tiempo. Fue en ese momento que decidà compartirle lo que habÃa experimentado durante mi fiebre alta la visión de aquella misteriosa mujer que parecÃa no haberme abandonado en ningún momento. Al relatarle esto, noté un cambio repentino en el semblante de mi pareja, como si mis palabras hubieran tocado una fibra sensible. Me confesó que habÃa ocurrido algo realmente curioso. Mientras yo me encontraba recuperándome en la camilla en repetidas ocasiones, las enfermeras le habÃan comentado que una mujer vestida de negro habÃa entrado a visitarme. A pesar de lo inusual de la situación, no les pareció extraño, ya que, según sus descripciones, cuando yo recobraba la conciencia, la saludaba como si fuera una vieja amiga. Pero lo que realmente capturó mi atención fue cuando me dijo que quer que habÃa pasado varios dÃas sin que yo despertara y durante ese tiempo decidió revelar las fotografÃas que yo habÃa tomado con la Cámara, con la esperanza de que al menos algunas imágenes se hubieran salvado. Fue en ese instante cuando mi pareja me mostró tres fotografÃas que habÃan logrado ser reveladas. En cada una de ellas pude notar un detalle desconcertante. El vestido negro de la catrina que se alzaba en la entrada del panteón parecÃa extenderse en tres partes y deslizarse sutilmente hacia el interior de las habitaciones, donde estaban las exposiciones, curiosamente, justo en la dirección de la que yo habÃa salido momentos antes. La sensación que esto me causó fue como si esa figura lugubre estuviera siguiendo mis pasos, como si estuviera tejiendo una especie de conexión en cada habitación de la que habÃa salido y donde habÃa tomado las fotos. La misma imagen se repetÃa. El vestido negro de la catrina se desplegaba como si me persiguiera A medida que los dÃas transcurrÃan ya me encontraba de vuelta en casa. SeguÃa teniendo la inquietante sensación de que la mujer vestida de negros estaba cerca. Constantemente le preguntaba a mi pareja si también podÃa verla, pero él siempre me decÃa que no. Durante las noches, los objetos parecÃan crujir y moverse por sà solos, y yo tenÃa la perturbadora sensación de que alguien se sentaba al borde de nuestra cama y acariciaba mi cabello. La acumulación de estas experiencias me abrumaba y me sumÃa en una sensación de agobio debido a toda esta actividad paranormal que me rodeaba mi pareja propuso que consultáramos a un especialista en este tipo de asuntos. Estaba preocupada de que la fecha de nuestra boda se acercara y este problema siguiera sin resolverse. Siguiendo su sugerencia, decidimos buscar la ayuda de un conocido br del mercado San Juan de Dios, cuyos servicios habÃan sido altamente recomendados por su habilidad para resolver problemas como estos de manera rápida y efectiva. Con este propósito, en mente llevamos también las fotografÃas con nosotros, esperando que fueran una pieza clave en la búsqueda de respuestas. Noté que el Brujo se mostró extremadamente sorprendido al contemplar las fotografÃas, pero mi asombro fue aún mayor cuando supo de inmediato de quién se trataba. Me preguntó si tenÃa conocimiento de que el panteón habÃa utilizado auténticos esqueletos en la creación de los katrines y las katrinas. La verdad es que yo no lo sabÃa. Simplemente habÃa considerado que eran maniquÃes sumamente elaborados. Fue entonces cuando el Brujo me explicó que estas imágenes tenÃan una conexión con la Katrina y que esta figura estaba siguiéndome igual como lo hacÃa con muchas otras personas. Pero pero en mi caso habÃa un matiz especial. ParecÃa que habÃa desarrollado cierta fascinación al capturarla en una fotografÃa, lo que me permitÃa verla de manera más nÃtida. La Katrina nunca dejarÃa de seguirme, pero si realmente deseaba poner fin a estas apariciones, debÃa desprenderme de las fotografÃas nos deshicimos de inmediato de ellas. Quemamos las tres fotografÃas con la esperanza de que esta acción pusiera fin a la situación. Todo parecÃa indicar que las cosas comenzaban a tomar un rumbo favorable. La sensación de que la katrina me seguÃa dejó de atormentarme, a pesar de las palabras del brujo que aseguraba que ella permanecerÃa a mi lado hasta el final de mis dÃas. Esa presencia ya no la sentÃa. De la misma manera, decidimos tomar las fotografÃas en otro lugar, evitando cargar nuevamente con esa situación que nos habÃa afectado. No querÃamos arrastrar ese peso con nosotros. Una vez más, lengua de brujo








