Sept. 19, 2023

La Muerte Negra Me Persigue Historias De Terror - REDE

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La muerte negra me persigue. Mi nombre es Rebeca Corrales y resido en la ciudad de Guadalajara. Quiero compartir con ustedes una experiencia realmente perturbadora que viví debido a una decisión que parecía inofensiva en su momento, pero que rápidamente se convirtió en una pesadilla. Esta experiencia ocurrió hace varios años, poco después del día de muertos, cuando aún se podían ver los arreglos en las calles de esta festividad, mi pareja y yo estábamos en la etapa previa a la boda y la emoción del evento estaba presente en todo momento. En esas fechas estábamos inmersos en la búsqueda del lugar perfecto para realizar nuestra sesión de fotos prenupciales. Queríamos capturar un momento inolvidable en un escenario único e inusual. Fue entonces, cuando surgió la curiosa idea de realizar esta sesión en el famoso panteón de Belén. Al principio parecía ser una elección intrigante y, a pesar de que se trataba de un campo santo, pensamos que su arquitectura histórica y sus esculturas podrían brindar un toque singular y misterioso a nuestras fotografías. Una amiga me consiguió una antigua cámara profesional para darle un toque vintage a las fotos. Era raro, pero sentía una emoción mezclada de entusiasmo y curiosidad. Me fui lo más temprano posible, pues mi objetivo era explorar el panteón por adelantado y que no hubiera gente que me estorbara para captar el mejor momento. Mi intención era descubrir los lugares que podrían ser ideales para capturar nuestros momentos más felices. Al llegar allí, aún se encontraban puestos arreglos. El día de muertos. De alguna manera daba un toque tradicional que con la arquitectura se creaba una atmósfera enigmática. Mientras caminaba por los pasillos frente a mí había un par de muertes. Ambas estaban vestidas. Una de ellas tenía un traje negro con un sombrero de copa. Sin duda se trataba de un catrín, mientras que la otra tenía un vestido negro con olanes y tenía el rostro cubierto con un velo negro. Les tomé una fotografía. Me parecieron realmente fascinantes. A medida que avanzaba, noté que algunas habitaciones permanecían abiertas, mostrando fotografías que capturaban cómo era el panteón en su estado original. Intrigada, decidí entrar y explorar el lugar con detenimiento Al salir de la habitación, experimenté un escalofrío inexplicable que recorrió mi espina dorsal, una sensación que me inquietó, pero no quise darle demasiada importancia. Tomé un vistazo a mi alrededor y quedé impresionada por la estética del pasillo, lo que me llevó a dar unos cuantos pasos y capturar una fotografía para recordar el momento. Con el tiempo tuve la oportunidad de explorar las otras exposiciones sin que nadie me molestara la suerte de haber llegado a tiempo. Realmente se hizo evidente. Las alas presentaban un ambiente tranquilo y casi mágico, lo que me permitió sumergirme en la historia que las fotografías contaban. Desde mi posición en el pasillo divisé un rincón que parecía perfecto para tomar algunas fotografías memorables. Así que saqué mi cámara y comencé a hacer varios disparos. Me aventuré a inspeccionar el resto del panteón. Así mismo, continué tomando más fotos. Algunos de los mausoleos estaban desgastados por el paso del tiempo y la naturaleza, lo que le daba un aire de abandono y misterio. Cada rincón parecía tener una historia propia y el silencio sólo era interrumpido por el susurro del viento entre los árboles y el ocasión al canto de los pájaros. Pero a medida que mi sesión fotográfica y de exploración continuaba, comencé a experimentar sensaciones inexplicables. La temperatura parecía descender bruscamente y el aire se volvía más denso a mi alrededor. En varias ocasiones me pareció escuchar susurros, suaves y pasos que no se podían atribuir a nadie, pues estaba completamente sola. No faltaría mucho para que llegaran los turistas, así que atribuí a que quizás era el eco de otros cuartos. Aún así, los susurros y los pasos eran cada vez más cercanos A mí y cada vez que me daba la vuelta para comprobar no veía nadie cerca no podía controlarme. Comencé a sentirme extraña y un poco mal. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, así que decidí tomar las últimas fotos e irme a casa. Aquella sensación de que me vigilaban disminuyó en cuanto me alejé de las exposiciones, pude sentir un gran alivio en el pecho, así que decidí quedarme un poco más. Poco a poco me hice la idea de que esa sensación era simplemente mi imaginación por el entorno en el que me encontraba. Me sentí un momento en una de las bancas para revisar la Cámara. Entonces de reojo pude ver una sombra oscura que parecía moverse a mi lado. Tiré abruptamente con la intención de ver qué había cerca de mí, pero no había nada. Tomé la decisión de irme lo más pronto posible. Comencé a sentirme ansiosa. Cuando llegué a casa, tuve la inquietante sensación de que algo me estaba siguiendo. Al estar con mi pareja, me daba algo de consuelo. Eventualmente nos retiramos a descansar, aunque no puedo negar que la inquietud persistía mientras nos acostábamos para dormir. Un estruendo repentino nos sacó de nuestro sueño. Sonó como si algo de gran peso se hubiera caído y se hubiera hecho añicos. Mi pareja y yo nos levantamos para investigar qué podría haber sido. Al encender la luz, me encontré aterroriza la da al ver la cámara fotográfica hecha pedazos en el suelo. Había caído desde la mesa, donde la había dejado, pero era imposible que se hubiera caído sola, ya que no estaba al borde de la mesa. Surgió la idea de mi pareja de que tal vez alguien había entrado a la casa, así que buscó en cada rincón sin encontrar nada fuera de lo común. Justo en ese momento una punzada intensa me atravesó la cabeza. El dolor era tan insoportable que me vio obligada a caer al suelo. Mi pareja se aproximó a mí para preguntarme cómo estaba. Le pedí un poco de agua, pero al tratar de tragarla sentí como si hubiera ingerido gasolina ardiente. Mi pareja me alzó en sus brazos y me llevó a la cama. Cuando encendió la luz en la habitación, apenas pude entreabrir los ojos y vislumbré una figura extraña junto a la cama. Al principio, mi vista estaba borrosa y asumí que era la cortina, pero al enfocar mejor, me di cuenta de que se trataba de una mujer vestida de negro con su rostro oculto. Le pregunté a mi pareja quién era esa presencia, pero al girarse, él me dijo que no había nadie. Puso su mano en mi frente y me dijo que estaba ardiendo en fiebre. Sugirió que tal vez mis sentidos estaban alterados debido a la fiebre y estaba experimentando alucinaciones. Me llevó al médico, conduciéndolo más rápido que pudo durante todo el trayecto. Mantuve una expresión seria. No podía apartar la mirada del retrovisor. Era increíble no poder creer lo que yo estaba viendo en el asiento trasero sentado. La mujer de vestido negro estaba allí. Era algo que mi pareja parecía no ser capaz de ver de repente sentí un sacudón en la pierna y volví la vista hacia el lado. Mi pareja me estaba hablando, aunque no podía oír su voz. Sus palabras se volvían incomprensibles, su su su tono de voz se volvía cada vez más grave, hasta que finalmente no pude oírlo más. Perdí el conocimiento. En varias ocasiones, en momentos abruptos, recobraba la conciencia y puedo recordar que él me sostenía entre sus brazos, mientras que la figura de la mujer de negro permanecía a su lado como compañía. En otra ocasión me encontré recostada en una camilla y la mujer seguía allí a mi lado. No podía estar segura si sus ojos estaban posados sobre mí. No podía saber si me miraba por su velo, pero su cabeza estaba inclinada hacia mí de manera inquietante. Desperté una mañana. No recuerdo con exactitud qué día era, pero pude ver a mi pareja a mi lado lucía cansado, pero estaba despierto. Me comentó que los médicos no habían encontrado nada en particular y atribuían todo a las tensiones propias de los preparativos de la boda. Últimamente había estado experiento un agotamiento extremo y mi pareja estaba al tanto de esto desde hacía tiempo. Fue en ese momento que decidí compartirle lo que había experimentado durante mi fiebre alta la visión de aquella misteriosa mujer que parecía no haberme abandonado en ningún momento. Al relatarle esto, noté un cambio repentino en el semblante de mi pareja, como si mis palabras hubieran tocado una fibra sensible. Me confesó que había ocurrido algo realmente curioso. Mientras yo me encontraba recuperándome en la camilla en repetidas ocasiones, las enfermeras le habían comentado que una mujer vestida de negro había entrado a visitarme. A pesar de lo inusual de la situación, no les pareció extraño, ya que, según sus descripciones, cuando yo recobraba la conciencia, la saludaba como si fuera una vieja amiga. Pero lo que realmente capturó mi atención fue cuando me dijo que quer que había pasado varios días sin que yo despertara y durante ese tiempo decidió revelar las fotografías que yo había tomado con la Cámara, con la esperanza de que al menos algunas imágenes se hubieran salvado. Fue en ese instante cuando mi pareja me mostró tres fotografías que habían logrado ser reveladas. En cada una de ellas pude notar un detalle desconcertante. El vestido negro de la catrina que se alzaba en la entrada del panteón parecía extenderse en tres partes y deslizarse sutilmente hacia el interior de las habitaciones, donde estaban las exposiciones, curiosamente, justo en la dirección de la que yo había salido momentos antes. La sensación que esto me causó fue como si esa figura lugubre estuviera siguiendo mis pasos, como si estuviera tejiendo una especie de conexión en cada habitación de la que había salido y donde había tomado las fotos. La misma imagen se repetía. El vestido negro de la catrina se desplegaba como si me persiguiera A medida que los días transcurrían ya me encontraba de vuelta en casa. Seguía teniendo la inquietante sensación de que la mujer vestida de negros estaba cerca. Constantemente le preguntaba a mi pareja si también podía verla, pero él siempre me decía que no. Durante las noches, los objetos parecían crujir y moverse por sí solos, y yo tenía la perturbadora sensación de que alguien se sentaba al borde de nuestra cama y acariciaba mi cabello. La acumulación de estas experiencias me abrumaba y me sumía en una sensación de agobio debido a toda esta actividad paranormal que me rodeaba mi pareja propuso que consultáramos a un especialista en este tipo de asuntos. Estaba preocupada de que la fecha de nuestra boda se acercara y este problema siguiera sin resolverse. Siguiendo su sugerencia, decidimos buscar la ayuda de un conocido br del mercado San Juan de Dios, cuyos servicios habían sido altamente recomendados por su habilidad para resolver problemas como estos de manera rápida y efectiva. Con este propósito, en mente llevamos también las fotografías con nosotros, esperando que fueran una pieza clave en la búsqueda de respuestas. Noté que el Brujo se mostró extremadamente sorprendido al contemplar las fotografías, pero mi asombro fue aún mayor cuando supo de inmediato de quién se trataba. Me preguntó si tenía conocimiento de que el panteón había utilizado auténticos esqueletos en la creación de los katrines y las katrinas. La verdad es que yo no lo sabía. Simplemente había considerado que eran maniquíes sumamente elaborados. Fue entonces cuando el Brujo me explicó que estas imágenes tenían una conexión con la Katrina y que esta figura estaba siguiéndome igual como lo hacía con muchas otras personas. Pero pero en mi caso había un matiz especial. Parecía que había desarrollado cierta fascinación al capturarla en una fotografía, lo que me permitía verla de manera más nítida. La Katrina nunca dejaría de seguirme, pero si realmente deseaba poner fin a estas apariciones, debía desprenderme de las fotografías nos deshicimos de inmediato de ellas. Quemamos las tres fotografías con la esperanza de que esta acción pusiera fin a la situación. Todo parecía indicar que las cosas comenzaban a tomar un rumbo favorable. La sensación de que la katrina me seguía dejó de atormentarme, a pesar de las palabras del brujo que aseguraba que ella permanecería a mi lado hasta el final de mis días. Esa presencia ya no la sentía. De la misma manera, decidimos tomar las fotografías en otro lugar, evitando cargar nuevamente con esa situación que nos había afectado. No queríamos arrastrar ese peso con nosotros. Una vez más, lengua de brujo