Dec. 24, 2023

La Maldición De Mi Abuelo Le Quitó La Vida A La Familia Historias De Terror - REDE

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Hola. Quiero compartir una historia bastante interesante acerca de la casa de mi abuelo. Mi abuelo y yo compartimos muy poco tiempo. Cuando yo tenía once años. Falleció cuando era más pequeño. Mi madre, que es su hija, tenía muchos problemas con él y con algunos familiares suyos, tales como tíos y primos. Yo nunca supe la verdadera causa de estos conflictos y es que, cuando alguien es pequeño no se entera de muchas cosas, mi madre tenía un par de hermanas. Estas, lamentablemente, fallecieron un par de años antes que mi abuelo, sin ningún tipo de enfermedad o complicación. Simplemente su salud se fue deteriorando y finalmente perdieron aquella batalla. Y lo digo de esta forma porque el principal culpable de todo esto fue mi propio abuelo. Me retrasaré un poco en mi historia. Mi abuelo toda la vida tuvo mucho dinero, tenía muchos g repres, cursos y algunos lazos con personas muy importantes del país. Siempre trató de manejarse como un empresario. Viajaba mucho y se decía que tenía incluso un par de familias más. Conoció a mi abuela en un restaurante y pasado el tiempo se casaron y tuvieron tres hijas, mi madre, que era la mayor, y sus dos hermanas que aún cuando tuvieron la desgracia de padecer aquel mal que les impusieron, eran muy jóvenes. Aún debido a su trabajo, mi abuelo siempre estaba fuera de casa muy rara vez veía a su familia, incluso había temporadas que permanecía a mucho tiempo fuera. Por esto mismo descuidó demasiado a su familia y a pesar de que el dinero no hacía falta y tenían muy buen sustento. Siempre hizo falta la presencia de un padre. Mi abuela falleció bastante joven. No tenía ni siquiera sesenta años cuando se fue al parecer, padeció una extraña enfermedad y años después, cuando yo aún era muy pequeño y mi abuelo había entrado a la tercera edad y o ponía todavía se dedicaba a sus negocios y pasaba mucho tiempo trabajando, Así que sus hijas decidieron hablar con él para que dejara el trabajo y buscara disfrutar de su dinero y de su vejez. Pero él se había negado a esa petición y empezó a tener diferencias con sus hijas. Por lo mismo se distanciaron y con el paso del tiempo, también comenzaron a tener diferencias entre ellas. Cada una de sus hijas tenía su propia casa. A excepción de mi mamá, Nosotros toda la vida tuvimos que rentar y en ocasiones había temporadas muy malas en el trabajo de mi mamá. En los últimos años de vida de mi abuelo, este decidió hablar con sus hijas y tratar de quedar en un buen acuerdo. Él decía que no quería morir e irse enojado con su familia. Así que, tras el acuerdo y además algunas dificultades que atravesábamos en casa, mi madre decidió que nos fuéramos a vivir con mi abuelo, ya que también debíamos cuidarlo. Nunca tuvo enfermedades. Era una persona bastante sana y muy pocas veces se enfermaba o caía en cama. Cuando llegamos a vivir a su casa, el ambiente era muy agradable. Comenzó a ser el abuelo que nunca había tenido. Sin embargo, nos dábamos cuenta de que había muchas personas que iban a buscarlo a la casa. No teníamos idea, porque simplemente iban a verlo y se encerraba un buen rato en su despacho. Él defendía mucho sus cosas. Decía que no quería que estuviéramos jugando en su cuarto o tratáramos de intervenir en sus asuntos. Pero fue inevitable descubrir cuál era la verdad. Mi madre lo cuidaba demasiado, ya que prácticamente los últimos cinco años de su vida se los pasó en cama y necesitaba ayuda para poder realizar todas sus actividades. Durante este período, mi madre pudo darse cuenta de los tratos oscuros y todo lo terrible que ocultaba mi abuelo. Resulta que con el paso del tiempo, mi madre descubrió que mi abuelo pertenecía a una especie de secta satánica, una secta que era bastante secreta, pero también era muy famosa en aquel mundo de la magia negra. Ella evidentemente, estaba devastada al enterarse de todo esto, pero no se lo diría a mi abuelo hasta algún tiempo después. Ella también sabía que si tenía diferencias con él, quizá nos echaría de la casa y no tendríamos a donde ir. Así que decidió guardarse todo eso hasta más adelante. En varios de sus libros de mi abuelo. Él guardaba fotografías, información e incluso algunos apuntes de todo lo que solían hacer en esta secta. Por respeto, no mencionaré todas las cosas que ella pudo encontrar en libros, cuadernos, carpetas y demás sitios pero simplemente puedo decir que todo lo que venía ahí era una información bastante fuerte. Incluso en estos tiempos, es demasiado sensible para muchas personas. Mi madre guardaba todo esto, al igual que algunos libros que hablaban de satanismo y de magia negra. Lo estaba preparando para cual cuando se llegara el día de hablar de todo esto. Claro, también quería hablarlo con mis tías, pues la persona que pensaban que era mi abuelo no lo era en realidad y todo lo que pensaban que sabían de él nunca fue así. Antes de que mi mamá pudiera hablar tan siquiera con mis tías. Sobre todo esto, ellas perdieron la vida y fue mucha coincidencia el hecho de que ambas se fueron el mismo día y casi a la misma hora, pero con un mes de diferencia. Ellas comenzaron a sentirse mal Un día empezaron a vomitar mucho, Tenían dolores muy fuertes y frecuentes de estómago que las llevaron al hospital. Ambas casi empezaron a sentirse mal al mismo tiempo, a pesar de que no vivían juntas, compartían los mismos síntomas. De hecho, a ambas les dieron el mismo diagnóstico. Al parecer sufrían una enfermedad estomacal, pero esto no fue así. Con el paso del tiempo y una vez que falleció mi abuelo, supimos que mis tías habían muerto por una maldición que teníamos mi abuelo. De hecho, mi abuela se había ido por las mismas circunstancias y a continuación lo comparto. Cuando mi abuelo era muy joven, es decir, unos veinte años, solía juntarse mucho con un amigo que tenía mucho dinero este le platicó que toda la riqueza que tenía era gracias a sus contactos y sus ofrendas. Mi abuelo, en el afán de obtener todo eso, decidió meterse a este tema. Resultó que su amigo estaba en una secta satánica, había hecho muchos pactos con satanás y había recibido mucha riqueza, pero todo siempre a cambio de algo perdió a mucha de su familia, ya que él solía ofrecerlos en sus tratos oscuros. Poco a poco, fue perdiendo a mucha de su familia, ya que todo tiene una consecuencia y a mi abuelo le había ido exactamente igual. Resulta que, gracias a sus tratos, ahora había perdido a su esposa e hijas. En la casa de mi abuelo siempre había demasiada actividad paranormal, pero para él era algo sumamente habitual. De hecho, solía jugar mucho conmigo al respecto. Me hacía bromas sobre la muerte y muchas otras cosas delicadas que no estaría muy bien decirle a un niño. Me decía que los duendes algún día me llevarían al bosque y me perderían, y también que debía tener mucho cuidado, ya que alguien dormía conmigo debajo de mi cama. En una ocasión pude ser testigo de las actividades muy fuertes que había en su casa, cuando mis tías ya habían perdido la vida y nos encontrábamos muy cercanos a las fechas en las que mi abuelo se puso mal y falleció un día. Mi mamá tuvo que trabajar toda la noche. Ella trabajaba de enfermera en una clínica. Entonces era recurrente que no estuviera en casa. A mí no me gustaba quedarme solo con mi abuelo, ya que me contaba muchas historias de terror que había tenido en su vida. Aquel día él se quedó dormido. Yo me encontraba jugando en la sala. Tenía unos diez años, Tenía una colección de muñecos como aquellos que salen en las caricaturas, los que son como soldados. Estaba en el suelo acostado jugando. Cuando de repente sentí una mano que tocó mi cuello. Pude observar una silueta que se reflejaba en el piso. Aquella mano estaba helada y se sentía como una mano bastante delgada, como si fuera de una niña o de una mujer. Yo no le tomé mucha importancia. De algún modo pensé que podía hacer mi abuelo, a pesar de que él siempre se encontraba en su cama. Seguí jugando y al poco rato escuché como atrás de mí se sentó en el sillón. Ese sillón hacía bastante ruido cuando alguien se sentaba sobre él, Así que fue muy fácil darme cuenta de que alguien se encontraba a mis espaldas. Mis muñecos empezaron a temblar y sentirse calientes. Era como si algo dentro de ellos vibrara, pero eso no podía ser, ya que esas figuras eran de plástico y no tenía nada por dentro. Para mí fue muy raro e inesperadamente. Una de mis figuras salió por el suelo. Era como si se deslizara con algo, pero rápidamente. En ese instante fue cuando decidí salir corriendo. Pero al levantarme y salir rápidamente pude observar la figura de un hombre vestido con un traje café que brillaba con la luz de los focos. Se encontraba sentado en aquel sillón ruidoso. Tenía un sombrero que le cubría la mitad de la cara pero extrañamente, todas sus extremidades y rostros se veían borrosas, es decir, que tanto sus manos como su cara estaban borrosas y, por más, que fueron segundos pude darme cuenta de estos detalles. Fue algo muy sorprendente. Solamente podía gritar y salir corriendo mi sorpresa y susto fue aún más grande cuando al salir corriendo, me tropecé con una persona era mi abuelo. Increíblemente se encontraba de pie y me miró con una mirada muy furiosa. Solamente me pudo gritar una y otra vez gritaba al aire y preguntaba a la nada por mi por qué Mira ma Ore tenía que entrometerse en todo. Yo no lograba entender lo que estaba pasando. Me encontraba llorando desconsoladamente y escuchaba una voz que yo podría jurar que hacía vibrar la casa. Esa voz increíblemente gruesa, repetía el nombre de mi abuelo una y otra vez sin parar y de forma cada vez más intensa. Mi abuelo comenzó a hacer una especie de oración en un idioma que no comprendía yo. Lo único que pude hacer fue correr hacia mi cuarto, cerrar la puerta y al entrar a mi cuarto, ahí me encontraría una vez más a aquel hombre. En esta ocasión estaba de pie en la esquina de mi cuarto y su silueta parecía brillar. Como momentos antes. Únicamente se podía observar el brillo de su traje y de sus ojos. No podía salir de mi cuarto por más desesperación que tenía en abrir. Tuve que tirarme al suelo y cerrar mis ojos. Pasaron unos momentos que para mí fueron eternos y todo aquello pasó a mi edad y con la ausencia de un padre sin hermanos y sólo en una casa maldita. Ese acontecimiento fue muy traumante. Mucho tiempo traté de pensar que todo había sido un sueño, una pesadilla, pero no fue así. A la mañana siguiente que llegó mi madre, yo sentí una paz enorme. Hablé con ella de lo sucedido y fue aquel día en el que ella decidió hablar con mi abuelo sobre todo lo que sabía. Yo estuve en mi cuarto. Durante toda esa discusión solamente podía escuchar los gritos y el llanto de mi madre. Al terminar todo eso, ella entró a mi habitación y me abrazó Al día siguiente como ella se temía, nos mudamos, ya que mi abuelo nos había corrido de su casa. Sinceramente, en aquel tiempo fue lo mejor. Estuvimos unos meses rentando en una casa muy cercana a la de mi abuelo, ya que la escuela también se encontraba cerca, al igual que el trabajo de mi mamá. Poco tiempo después falleció mi abuelo. Supuestamente había sido por cassas sns naturales. Un día le llamaron a mi madre de un número que ella no conocía, y la persona que le dio la noticia de su muerte tampoco era alguien que ella conocía. Nunca supimos quién era realmente. Así que posteriormente a la muerte de mi abuelo, tuvimos que regresar a aquella casa, ya que, a pesar de todos los problemas y las diferencias que hubo en la familia, había dejado esa propiedad a nombre de mi madre y en parte era algo obvio, porque no tenía a quien más dejarle la casa. Regresamos y tratamos de limpiar y tirar todo lo relacionado a la vida y a las creencias que tenía mi abuelo. Encontramos otras muchas cosas acerca del culto que él llevaba a cabo, como, por ejemplo, algunas figuras y objetos bastante extraños que parecían no tener una forma definida. Nunca supimos si era buena idea tocar todo aquello, pero lo único que queríamos era empezar de nuevo y tratar de olvidar todo lo que había acontecido por extraño que parezca en aquella isla donde yo había visto esa figura aquella noche había quedado plasmada una figura como si hubieran quemado algo ahí. Por más que tratamos de quitar aquello. Fue imposible. Ni siquiera pintando pudimos evitar aquella plasmación. Fueron unos tiempos bastante complicados todas las noches sin excepción. Yo soñaba con mi abuelo y en mi sueño a él lo veía más alto de lo habitual. Él me miraba como aquella noche y comenzaba a reírse de mí, pero era como si su risa fuera cambiando y al final fuera más gruesa e intimidante. Mi madre comenzó a llevarme a terapia, ya que constantemente me encontraba muy mal. Comencé a perder el interés en la escuela. No dormía bien y tampoco tenía mucho interés en comer bien. Ambos bajamos mucho de peso. Ella comenzó a lucir cansada de su rostro y yo empecé a tener muchos problemas de salud. Aquella casa era sumamente fría y oscura. Mi abuelo tenía la idea de poner cortinas demasiado gruesas en las ventanas NN. Nunca fue Fue muy fanático de la luz o del sol tenía un pésimo carácter. Cuando se trataba de abrir las cortinas, casi siempre se mantenían las luces encendidas. Al poco tiempo podíamos observar ante nuestros propios ojos cómo se abrían y se cerraban las puertas. Es decir, entrábamos a la cocina y la puerta se cerraba por sí sola. Las ventanas también solían estar abiertas cuando regresábamos a la casa, al igual que la puerta principal. Hubo muchas ocasiones en las que llegábamos y la puerta estaba abierta. Llegamos a pensar que alguien entraba a robar, pero nunca nos hacía falta algo. Simplemente se abría por sí sola. Las llaves del baño también se abrían solas, pero éramos capaces de escuchar el rechinar de la llave como cuando le das vuelta con la mano. Nunca tuvimos mascotas. Al pasar los años que estuvimos ahí, solamente llegamos a tener un perro y unos pájaros, pero éstos se enfermaban al poco tiempo y posteriormente perdían la vida. Era muy común encontrar en la entrada prór principal palomas en un estado bastante terrible e incluso muchas de ellas evitaban volar cerca de la casa. En muchas ocasiones escuchábamos pasos en la azotea, pero se escuchaba como si fueran zapatos de madera y las pisadas se prolongaban a lo largo de la casa. El techo tenía una forma como la casa de las caricaturas. Entonces era muy difícil, por no decir imposible que alguien estuviera caminando arriba Mi madre y sus hermanas fueron criadas en un ambiente ateo. Nunca profesaron ninguna religión, y es por eso que mi madre no acudía con nadie para poder remediar lo que estaba pasando en la casa, ya que ella no creía en esas cosas. Era bastante evidente que lo que sucedía ahí era por culpa de mi abuelo que algo más estaba ahí. Pero, sin embargo, ella siempre me educó de la misma forma que la educaron a ella. Simplemente esos acontecimientos tenían una explicación. No practicábamos oraciones y ese tipo de cosas, aunque yo estoy seguro de que con el paso del tiempo mi madre fue cambiando sus creencias, pues el hecho de que ella se molestara con mi abuelo por descubrir sus creencias era una prueba contundente de que, así como mi madre creía en el bien, también creía en el mal. Y su orgullo era la defensa del miedo que, al igual que yo, ella también estaba experimentando. Yo estaba a punto de cumplir trece años. Ya habían pasado un par de años desde que falleció mi abuelo y estaba dispuesto a investigar un poco acerca de lo que era el satanismo. Recurría diversos libros, pero el que yo quería leer era uno de mi abuelo. Era un libro del cual solía hablar mi abuelo. Él les decía a sus hijas que ese era uno de sus tesoros más preciados, que siempre había sido su deseo el que lo enterraran con ese libro, ya que ahí venía escrita toda la verdad acerca de la humanidad y también contenía el mensaje que él quería dejar a su descendencia. Claro que nunca les habló más allá de ese libro, pero evidentemente, nunca les dijo que contenía temas de hechicería, de satanismo y de magia negra. Era un libro que él había estado escribiendo durante toda su vida. Relataba experiencias en sus cultos y algunos rituales que pueden hacerse para poder obtener riqueza y todas las cosas que deseo un ser humano. Encontré este libro en el sótano que tenía la casa entre unas cajas bastante pesadas que parecían ser parte de la casa, y es por eso que no nos habíamos percatado de él. Pero de cierta forma yo llegué a pensar que este libro quería que yo lo encontrara. Era muy extraño que nadie más a lo largo de todos esos años no pudiera dar con él. En el trabajo de mi madre también comenzaban a suceder fenómenos paranormales ella todas las mañanas en el desayuno. Me contaba todo lo que sucedía en su turno y una mañana me comentó que uno de los pacientes de la clínica le había comentado que ella tenía una sombra más oscura de lo normal, que tuviera mucho cuidado con las s personas con las que convivía, porque, al parecer, cargaba con algo muy pesado. No sé cómo, pero aquella persona logró ver la enorme maldición que nos había dejado mi abuelo. Gracias a su ambición y su egoísmo, toda su familia fue muriendo de a poco y fue acabando con todo lo que algún día ya había logrado construir, que era una familia. Incluso perdió a su mujer y terminó sus últimos días de la manera más triste posible. Sólo asustado y resignado a que toda la riqueza que algún día tuvo no pudo compartirla con nadie. Mi madre también fue víctima de todo esto. Lamentablemente, al año siguiente la perdí un día. Ella fue a dormir y nunca más despertó. Es un día que ha borrado mi memoria en señal de defensa, pero tengo absolutamente marcados todos los días y acontecimientos que pasamos en aquella casa. Mi madre sabía muy en el fondo que esto pasaría, así que decidió contactar a un primo lejano que ella tenía por parte de mi abuela. Él fue quien se encargó de mí cuando sucedió lo de mi madre. Fue por mí y ha sido a lo largo de todos estos años como un padre para mí, ya que nunca conocí a mi verdadero padre. Con el tiempo llegué a pensar que incluso la maldición y el castigo lo había alcanzado a él. También en casa del primo de mi madre, estaba completamente prohibido hablar de mi abuelo. También había hecho mucho mal a esa familia, ya que muchas personas también habían fallecido y cuando yo llegué, parece que empeoró, ya que las mascotas que tenían en esa casa, lamentablemente, también se fueron mi papá. Como solía llamarle al primo de mi mamá. También estuvo en momentos muy complicados de salud y años posteriores murió. Ahora yo me encuentro con veintiséis años y no sé si todo lo malo que hizo mi abuelo también me vaya a alcanzar. Relato escrito y adaptado por Hugo de Gante