La Maldición De Mi Abuelo Le Quitó La Vida A La Familia Historias De Terror - REDE

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Hola. Quiero compartir una historia bastante interesante acerca de la casa de mi abuelo. Mi abuelo y yo compartimos muy poco tiempo. Cuando yo tenÃa once años. Falleció cuando era más pequeño. Mi madre, que es su hija, tenÃa muchos problemas con él y con algunos familiares suyos, tales como tÃos y primos. Yo nunca supe la verdadera causa de estos conflictos y es que, cuando alguien es pequeño no se entera de muchas cosas, mi madre tenÃa un par de hermanas. Estas, lamentablemente, fallecieron un par de años antes que mi abuelo, sin ningún tipo de enfermedad o complicación. Simplemente su salud se fue deteriorando y finalmente perdieron aquella batalla. Y lo digo de esta forma porque el principal culpable de todo esto fue mi propio abuelo. Me retrasaré un poco en mi historia. Mi abuelo toda la vida tuvo mucho dinero, tenÃa muchos g repres, cursos y algunos lazos con personas muy importantes del paÃs. Siempre trató de manejarse como un empresario. Viajaba mucho y se decÃa que tenÃa incluso un par de familias más. Conoció a mi abuela en un restaurante y pasado el tiempo se casaron y tuvieron tres hijas, mi madre, que era la mayor, y sus dos hermanas que aún cuando tuvieron la desgracia de padecer aquel mal que les impusieron, eran muy jóvenes. Aún debido a su trabajo, mi abuelo siempre estaba fuera de casa muy rara vez veÃa a su familia, incluso habÃa temporadas que permanecÃa a mucho tiempo fuera. Por esto mismo descuidó demasiado a su familia y a pesar de que el dinero no hacÃa falta y tenÃan muy buen sustento. Siempre hizo falta la presencia de un padre. Mi abuela falleció bastante joven. No tenÃa ni siquiera sesenta años cuando se fue al parecer, padeció una extraña enfermedad y años después, cuando yo aún era muy pequeño y mi abuelo habÃa entrado a la tercera edad y o ponÃa todavÃa se dedicaba a sus negocios y pasaba mucho tiempo trabajando, Asà que sus hijas decidieron hablar con él para que dejara el trabajo y buscara disfrutar de su dinero y de su vejez. Pero él se habÃa negado a esa petición y empezó a tener diferencias con sus hijas. Por lo mismo se distanciaron y con el paso del tiempo, también comenzaron a tener diferencias entre ellas. Cada una de sus hijas tenÃa su propia casa. A excepción de mi mamá, Nosotros toda la vida tuvimos que rentar y en ocasiones habÃa temporadas muy malas en el trabajo de mi mamá. En los últimos años de vida de mi abuelo, este decidió hablar con sus hijas y tratar de quedar en un buen acuerdo. Ãl decÃa que no querÃa morir e irse enojado con su familia. Asà que, tras el acuerdo y además algunas dificultades que atravesábamos en casa, mi madre decidió que nos fuéramos a vivir con mi abuelo, ya que también debÃamos cuidarlo. Nunca tuvo enfermedades. Era una persona bastante sana y muy pocas veces se enfermaba o caÃa en cama. Cuando llegamos a vivir a su casa, el ambiente era muy agradable. Comenzó a ser el abuelo que nunca habÃa tenido. Sin embargo, nos dábamos cuenta de que habÃa muchas personas que iban a buscarlo a la casa. No tenÃamos idea, porque simplemente iban a verlo y se encerraba un buen rato en su despacho. Ãl defendÃa mucho sus cosas. DecÃa que no querÃa que estuviéramos jugando en su cuarto o tratáramos de intervenir en sus asuntos. Pero fue inevitable descubrir cuál era la verdad. Mi madre lo cuidaba demasiado, ya que prácticamente los últimos cinco años de su vida se los pasó en cama y necesitaba ayuda para poder realizar todas sus actividades. Durante este perÃodo, mi madre pudo darse cuenta de los tratos oscuros y todo lo terrible que ocultaba mi abuelo. Resulta que con el paso del tiempo, mi madre descubrió que mi abuelo pertenecÃa a una especie de secta satánica, una secta que era bastante secreta, pero también era muy famosa en aquel mundo de la magia negra. Ella evidentemente, estaba devastada al enterarse de todo esto, pero no se lo dirÃa a mi abuelo hasta algún tiempo después. Ella también sabÃa que si tenÃa diferencias con él, quizá nos echarÃa de la casa y no tendrÃamos a donde ir. Asà que decidió guardarse todo eso hasta más adelante. En varios de sus libros de mi abuelo. Ãl guardaba fotografÃas, información e incluso algunos apuntes de todo lo que solÃan hacer en esta secta. Por respeto, no mencionaré todas las cosas que ella pudo encontrar en libros, cuadernos, carpetas y demás sitios pero simplemente puedo decir que todo lo que venÃa ahà era una información bastante fuerte. Incluso en estos tiempos, es demasiado sensible para muchas personas. Mi madre guardaba todo esto, al igual que algunos libros que hablaban de satanismo y de magia negra. Lo estaba preparando para cual cuando se llegara el dÃa de hablar de todo esto. Claro, también querÃa hablarlo con mis tÃas, pues la persona que pensaban que era mi abuelo no lo era en realidad y todo lo que pensaban que sabÃan de él nunca fue asÃ. Antes de que mi mamá pudiera hablar tan siquiera con mis tÃas. Sobre todo esto, ellas perdieron la vida y fue mucha coincidencia el hecho de que ambas se fueron el mismo dÃa y casi a la misma hora, pero con un mes de diferencia. Ellas comenzaron a sentirse mal Un dÃa empezaron a vomitar mucho, TenÃan dolores muy fuertes y frecuentes de estómago que las llevaron al hospital. Ambas casi empezaron a sentirse mal al mismo tiempo, a pesar de que no vivÃan juntas, compartÃan los mismos sÃntomas. De hecho, a ambas les dieron el mismo diagnóstico. Al parecer sufrÃan una enfermedad estomacal, pero esto no fue asÃ. Con el paso del tiempo y una vez que falleció mi abuelo, supimos que mis tÃas habÃan muerto por una maldición que tenÃamos mi abuelo. De hecho, mi abuela se habÃa ido por las mismas circunstancias y a continuación lo comparto. Cuando mi abuelo era muy joven, es decir, unos veinte años, solÃa juntarse mucho con un amigo que tenÃa mucho dinero este le platicó que toda la riqueza que tenÃa era gracias a sus contactos y sus ofrendas. Mi abuelo, en el afán de obtener todo eso, decidió meterse a este tema. Resultó que su amigo estaba en una secta satánica, habÃa hecho muchos pactos con satanás y habÃa recibido mucha riqueza, pero todo siempre a cambio de algo perdió a mucha de su familia, ya que él solÃa ofrecerlos en sus tratos oscuros. Poco a poco, fue perdiendo a mucha de su familia, ya que todo tiene una consecuencia y a mi abuelo le habÃa ido exactamente igual. Resulta que, gracias a sus tratos, ahora habÃa perdido a su esposa e hijas. En la casa de mi abuelo siempre habÃa demasiada actividad paranormal, pero para él era algo sumamente habitual. De hecho, solÃa jugar mucho conmigo al respecto. Me hacÃa bromas sobre la muerte y muchas otras cosas delicadas que no estarÃa muy bien decirle a un niño. Me decÃa que los duendes algún dÃa me llevarÃan al bosque y me perderÃan, y también que debÃa tener mucho cuidado, ya que alguien dormÃa conmigo debajo de mi cama. En una ocasión pude ser testigo de las actividades muy fuertes que habÃa en su casa, cuando mis tÃas ya habÃan perdido la vida y nos encontrábamos muy cercanos a las fechas en las que mi abuelo se puso mal y falleció un dÃa. Mi mamá tuvo que trabajar toda la noche. Ella trabajaba de enfermera en una clÃnica. Entonces era recurrente que no estuviera en casa. A mà no me gustaba quedarme solo con mi abuelo, ya que me contaba muchas historias de terror que habÃa tenido en su vida. Aquel dÃa él se quedó dormido. Yo me encontraba jugando en la sala. TenÃa unos diez años, TenÃa una colección de muñecos como aquellos que salen en las caricaturas, los que son como soldados. Estaba en el suelo acostado jugando. Cuando de repente sentà una mano que tocó mi cuello. Pude observar una silueta que se reflejaba en el piso. Aquella mano estaba helada y se sentÃa como una mano bastante delgada, como si fuera de una niña o de una mujer. Yo no le tomé mucha importancia. De algún modo pensé que podÃa hacer mi abuelo, a pesar de que él siempre se encontraba en su cama. Seguà jugando y al poco rato escuché como atrás de mà se sentó en el sillón. Ese sillón hacÃa bastante ruido cuando alguien se sentaba sobre él, Asà que fue muy fácil darme cuenta de que alguien se encontraba a mis espaldas. Mis muñecos empezaron a temblar y sentirse calientes. Era como si algo dentro de ellos vibrara, pero eso no podÃa ser, ya que esas figuras eran de plástico y no tenÃa nada por dentro. Para mà fue muy raro e inesperadamente. Una de mis figuras salió por el suelo. Era como si se deslizara con algo, pero rápidamente. En ese instante fue cuando decidà salir corriendo. Pero al levantarme y salir rápidamente pude observar la figura de un hombre vestido con un traje café que brillaba con la luz de los focos. Se encontraba sentado en aquel sillón ruidoso. TenÃa un sombrero que le cubrÃa la mitad de la cara pero extrañamente, todas sus extremidades y rostros se veÃan borrosas, es decir, que tanto sus manos como su cara estaban borrosas y, por más, que fueron segundos pude darme cuenta de estos detalles. Fue algo muy sorprendente. Solamente podÃa gritar y salir corriendo mi sorpresa y susto fue aún más grande cuando al salir corriendo, me tropecé con una persona era mi abuelo. IncreÃblemente se encontraba de pie y me miró con una mirada muy furiosa. Solamente me pudo gritar una y otra vez gritaba al aire y preguntaba a la nada por mi por qué Mira ma Ore tenÃa que entrometerse en todo. Yo no lograba entender lo que estaba pasando. Me encontraba llorando desconsoladamente y escuchaba una voz que yo podrÃa jurar que hacÃa vibrar la casa. Esa voz increÃblemente gruesa, repetÃa el nombre de mi abuelo una y otra vez sin parar y de forma cada vez más intensa. Mi abuelo comenzó a hacer una especie de oración en un idioma que no comprendÃa yo. Lo único que pude hacer fue correr hacia mi cuarto, cerrar la puerta y al entrar a mi cuarto, ahà me encontrarÃa una vez más a aquel hombre. En esta ocasión estaba de pie en la esquina de mi cuarto y su silueta parecÃa brillar. Como momentos antes. Ãnicamente se podÃa observar el brillo de su traje y de sus ojos. No podÃa salir de mi cuarto por más desesperación que tenÃa en abrir. Tuve que tirarme al suelo y cerrar mis ojos. Pasaron unos momentos que para mà fueron eternos y todo aquello pasó a mi edad y con la ausencia de un padre sin hermanos y sólo en una casa maldita. Ese acontecimiento fue muy traumante. Mucho tiempo traté de pensar que todo habÃa sido un sueño, una pesadilla, pero no fue asÃ. A la mañana siguiente que llegó mi madre, yo sentà una paz enorme. Hablé con ella de lo sucedido y fue aquel dÃa en el que ella decidió hablar con mi abuelo sobre todo lo que sabÃa. Yo estuve en mi cuarto. Durante toda esa discusión solamente podÃa escuchar los gritos y el llanto de mi madre. Al terminar todo eso, ella entró a mi habitación y me abrazó Al dÃa siguiente como ella se temÃa, nos mudamos, ya que mi abuelo nos habÃa corrido de su casa. Sinceramente, en aquel tiempo fue lo mejor. Estuvimos unos meses rentando en una casa muy cercana a la de mi abuelo, ya que la escuela también se encontraba cerca, al igual que el trabajo de mi mamá. Poco tiempo después falleció mi abuelo. Supuestamente habÃa sido por cassas sns naturales. Un dÃa le llamaron a mi madre de un número que ella no conocÃa, y la persona que le dio la noticia de su muerte tampoco era alguien que ella conocÃa. Nunca supimos quién era realmente. Asà que posteriormente a la muerte de mi abuelo, tuvimos que regresar a aquella casa, ya que, a pesar de todos los problemas y las diferencias que hubo en la familia, habÃa dejado esa propiedad a nombre de mi madre y en parte era algo obvio, porque no tenÃa a quien más dejarle la casa. Regresamos y tratamos de limpiar y tirar todo lo relacionado a la vida y a las creencias que tenÃa mi abuelo. Encontramos otras muchas cosas acerca del culto que él llevaba a cabo, como, por ejemplo, algunas figuras y objetos bastante extraños que parecÃan no tener una forma definida. Nunca supimos si era buena idea tocar todo aquello, pero lo único que querÃamos era empezar de nuevo y tratar de olvidar todo lo que habÃa acontecido por extraño que parezca en aquella isla donde yo habÃa visto esa figura aquella noche habÃa quedado plasmada una figura como si hubieran quemado algo ahÃ. Por más que tratamos de quitar aquello. Fue imposible. Ni siquiera pintando pudimos evitar aquella plasmación. Fueron unos tiempos bastante complicados todas las noches sin excepción. Yo soñaba con mi abuelo y en mi sueño a él lo veÃa más alto de lo habitual. Ãl me miraba como aquella noche y comenzaba a reÃrse de mÃ, pero era como si su risa fuera cambiando y al final fuera más gruesa e intimidante. Mi madre comenzó a llevarme a terapia, ya que constantemente me encontraba muy mal. Comencé a perder el interés en la escuela. No dormÃa bien y tampoco tenÃa mucho interés en comer bien. Ambos bajamos mucho de peso. Ella comenzó a lucir cansada de su rostro y yo empecé a tener muchos problemas de salud. Aquella casa era sumamente frÃa y oscura. Mi abuelo tenÃa la idea de poner cortinas demasiado gruesas en las ventanas NN. Nunca fue Fue muy fanático de la luz o del sol tenÃa un pésimo carácter. Cuando se trataba de abrir las cortinas, casi siempre se mantenÃan las luces encendidas. Al poco tiempo podÃamos observar ante nuestros propios ojos cómo se abrÃan y se cerraban las puertas. Es decir, entrábamos a la cocina y la puerta se cerraba por sà sola. Las ventanas también solÃan estar abiertas cuando regresábamos a la casa, al igual que la puerta principal. Hubo muchas ocasiones en las que llegábamos y la puerta estaba abierta. Llegamos a pensar que alguien entraba a robar, pero nunca nos hacÃa falta algo. Simplemente se abrÃa por sà sola. Las llaves del baño también se abrÃan solas, pero éramos capaces de escuchar el rechinar de la llave como cuando le das vuelta con la mano. Nunca tuvimos mascotas. Al pasar los años que estuvimos ahÃ, solamente llegamos a tener un perro y unos pájaros, pero éstos se enfermaban al poco tiempo y posteriormente perdÃan la vida. Era muy común encontrar en la entrada prór principal palomas en un estado bastante terrible e incluso muchas de ellas evitaban volar cerca de la casa. En muchas ocasiones escuchábamos pasos en la azotea, pero se escuchaba como si fueran zapatos de madera y las pisadas se prolongaban a lo largo de la casa. El techo tenÃa una forma como la casa de las caricaturas. Entonces era muy difÃcil, por no decir imposible que alguien estuviera caminando arriba Mi madre y sus hermanas fueron criadas en un ambiente ateo. Nunca profesaron ninguna religión, y es por eso que mi madre no acudÃa con nadie para poder remediar lo que estaba pasando en la casa, ya que ella no creÃa en esas cosas. Era bastante evidente que lo que sucedÃa ahà era por culpa de mi abuelo que algo más estaba ahÃ. Pero, sin embargo, ella siempre me educó de la misma forma que la educaron a ella. Simplemente esos acontecimientos tenÃan una explicación. No practicábamos oraciones y ese tipo de cosas, aunque yo estoy seguro de que con el paso del tiempo mi madre fue cambiando sus creencias, pues el hecho de que ella se molestara con mi abuelo por descubrir sus creencias era una prueba contundente de que, asà como mi madre creÃa en el bien, también creÃa en el mal. Y su orgullo era la defensa del miedo que, al igual que yo, ella también estaba experimentando. Yo estaba a punto de cumplir trece años. Ya habÃan pasado un par de años desde que falleció mi abuelo y estaba dispuesto a investigar un poco acerca de lo que era el satanismo. RecurrÃa diversos libros, pero el que yo querÃa leer era uno de mi abuelo. Era un libro del cual solÃa hablar mi abuelo. Ãl les decÃa a sus hijas que ese era uno de sus tesoros más preciados, que siempre habÃa sido su deseo el que lo enterraran con ese libro, ya que ahà venÃa escrita toda la verdad acerca de la humanidad y también contenÃa el mensaje que él querÃa dejar a su descendencia. Claro que nunca les habló más allá de ese libro, pero evidentemente, nunca les dijo que contenÃa temas de hechicerÃa, de satanismo y de magia negra. Era un libro que él habÃa estado escribiendo durante toda su vida. Relataba experiencias en sus cultos y algunos rituales que pueden hacerse para poder obtener riqueza y todas las cosas que deseo un ser humano. Encontré este libro en el sótano que tenÃa la casa entre unas cajas bastante pesadas que parecÃan ser parte de la casa, y es por eso que no nos habÃamos percatado de él. Pero de cierta forma yo llegué a pensar que este libro querÃa que yo lo encontrara. Era muy extraño que nadie más a lo largo de todos esos años no pudiera dar con él. En el trabajo de mi madre también comenzaban a suceder fenómenos paranormales ella todas las mañanas en el desayuno. Me contaba todo lo que sucedÃa en su turno y una mañana me comentó que uno de los pacientes de la clÃnica le habÃa comentado que ella tenÃa una sombra más oscura de lo normal, que tuviera mucho cuidado con las s personas con las que convivÃa, porque, al parecer, cargaba con algo muy pesado. No sé cómo, pero aquella persona logró ver la enorme maldición que nos habÃa dejado mi abuelo. Gracias a su ambición y su egoÃsmo, toda su familia fue muriendo de a poco y fue acabando con todo lo que algún dÃa ya habÃa logrado construir, que era una familia. Incluso perdió a su mujer y terminó sus últimos dÃas de la manera más triste posible. Sólo asustado y resignado a que toda la riqueza que algún dÃa tuvo no pudo compartirla con nadie. Mi madre también fue vÃctima de todo esto. Lamentablemente, al año siguiente la perdà un dÃa. Ella fue a dormir y nunca más despertó. Es un dÃa que ha borrado mi memoria en señal de defensa, pero tengo absolutamente marcados todos los dÃas y acontecimientos que pasamos en aquella casa. Mi madre sabÃa muy en el fondo que esto pasarÃa, asà que decidió contactar a un primo lejano que ella tenÃa por parte de mi abuela. Ãl fue quien se encargó de mà cuando sucedió lo de mi madre. Fue por mà y ha sido a lo largo de todos estos años como un padre para mÃ, ya que nunca conocà a mi verdadero padre. Con el tiempo llegué a pensar que incluso la maldición y el castigo lo habÃa alcanzado a él. También en casa del primo de mi madre, estaba completamente prohibido hablar de mi abuelo. También habÃa hecho mucho mal a esa familia, ya que muchas personas también habÃan fallecido y cuando yo llegué, parece que empeoró, ya que las mascotas que tenÃan en esa casa, lamentablemente, también se fueron mi papá. Como solÃa llamarle al primo de mi mamá. También estuvo en momentos muy complicados de salud y años posteriores murió. Ahora yo me encuentro con veintiséis años y no sé si todo lo malo que hizo mi abuelo también me vaya a alcanzar. Relato escrito y adaptado por Hugo de Gante








