La Llorona En La Ciudad De México Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
El origen de la llorona de diferentes formas ha existido en el pensamiento colectivo mexicano. La imagen de la llorona se dice de una mujer de cabello largo, vestida de blanco, que vaga en las orillas de un rÃo o lago o en las calles de la ciudad, en búsqueda de sus hijos, que ella misma asesinó. Principalmente nuestras abuelas o tÃas fueron las encargadas de decirnos, cuando éramos pequeños, que nos portáramos bien, sino la llorona vendrÃa por nosotros y nos llevarÃa para sustituir a los hijos que perdió. Esa leyenda ha atravesado los tiempos. Todas las generaciones las reconocen. En lo personal le tenÃa miedo, aunque nunca la vi ni tampoco ninguno de mis primos hermanos ni amigos me dijeron que de verdad tenÃan evidencia de que existÃa o que la habÃan visto aún asÃ, creÃamos en lo que nos decÃan nuestros familiares. Soy originario de Guadalajara. Estuve casado por más de ocho años. En los primeros años de matrimonio. Todo estuvo bien hasta que nuestros respectivos trabajos nos abrumaron tanto y nuestra relación se rompió por un cúmulo de detalles que ya no fue posible que continuáramos juntos. Me divorcié de mi esposa. Tuvimos una niña de nombre Jimena. Ella tenÃa siete años. Su madre fue la que se quedó con la custodia, aunque llegamos a acuerdos en los que me permitÃa verla todos los fines de semana. Desde el viernes, Jimena se iba conmigo y la regresaba con su mamá los domingos por la tarde. Por el tipo de trabajo que tenÃa que realizar en casa era posible que la llevara y la recogiera a la primaria, por lo que la relación con mi hija era muy buena. Como soy diseñador gráfico, comencé a trabajar en un estudio de publicidad. Con el paso del tiempo fueron mejorando mis ingresos, pero no como me hubiese gustado, ganaba lo necesario para cubrir mis gastos y los de mi hija. En una ocasión, mi jefe inmediato me dijo que se abrÃa una oportunidad de trabajar en la Ciudad de México para un proyecto más grande. Era una muy buena posibilidad de mejorar. Además, la renta del departamento iba incluida. Todo estaba muy bien. Lo único que no me gustó fue alejarme de mi hija. Andrea, mi ex esposa, no le agradó que me tuviera que ir porque ya no la iba a apoyar con la niña y tenÃa razón, aunque significaba aumentar mi sueldo. Contra todo, acepté la propuesta y me cambié de residencia. Recuerdo que me fui en los primeros dÃas de septiembre. El departamento estaba ubicado en la calle de la República de Cuba, en el centro histórico. Casi enfrente del departamento estaba una escuela primaria de nombre licenciado Miguel Serrano. Por un momento pensé que serÃa estupendo que mi hija se viniera a vivir conmigo y poder tenerla en esa primaria. Pero primero tenÃa que conocer esta nueva ciudad. El primer dÃa que llegué a la Ciudad de México me sentà desorientado. SabÃa que era cuestión de tiempo para adaptarme, porque la primera noche despertaba a cada momento mejor. Me levanté para ver un poco la televisión empezaba a quedarme dormido. Estaba cayendo en un sueño profundo cuando un sonido extraño me despertó. Fue un grito largo, pausado y doloroso. No tenÃa la menor idea de qué se trataba la habitación en la que dormÃa. TenÃa un balcón que daba a la calle. Me asomé por la ventana sin poder ver nada. Esa noche estaba lloviendo la lluvia. No me permitÃa ver con claridad hacia afuera. Me quedé por unos minutos para ver si podÃa identificar qué habÃa provocado ese sonido, que me impresionó mucho. De nuevo lo volvà a escuchar. Era un sonido perturbador que hacÃa eco con la lluvia. Me quedé atento, pero ya no lo oà otra vez. Sin embargo, me causó un poco de temor porque se conjugaron varios elementos, la oscuridad, la lluvia, los relámpagos, un lugar extraño y la soledad. Al dÃa siguiente tenÃa cita a las nueve de la mañana en mi nuevo trabajo el estudio de diseño que daba a unas cuantas cuadras. Por eso rentaron el departamento que estaba habitando por la cercanÃa del sitio de trabajo. Salà un poco antes de las ocho de la mañana para conocer un poco del lugar. Varios niños iban con su uniforme a la primaria que estaba en la misma. Calle Llamó mi atención una placa que estaba en la pared de cantera que decÃa según la tradición. Aquà estuvo la casa de la Malinche y su marido, Juan Jaramillo, fechada con el año de mil quinientos veintisiete. Después supe que en Coyoacán habÃa otra casa en la que vivió la Malinche con Hernán Cortés. Mientras caminaba hacia mi lugar de trabas bajo, me sentà un poco raro por ver tantos edificios históricos tan altos. Estaba acostumbrado a caminar por el Centro Histórico de Guadalajara, que contaba con lugares abiertos. Después de salir de trabajar, me dedicaba a caminar por las partes más emblemáticas de la ciudad. Me parecÃa extraordinario ver tantos edificios históricos. En una de esas caminatas me entretuve en plaza a la meda sin darme cuenta. Se me hizo tarde. Me sucedió porque habÃa mucha gente por todas partes, lo que me hizo pensar que era más temprano. Me fui con rapidez de ese lugar porque comenzó a llover. Inició con una lluvia suave que fue subiendo de intensidad. Al principio iba casi corriendo, pero cuando me di cuenta de que estaba completamente mojado, decidà caminar despacio y disfrutar de la lluvia conforme, me alejé de la alameda a las calles. Se quedaron vacÃas. Ahà sÃ, me percaté de que ya eran casi las doce de la noche. Empecé a caminar con rapidez porque el centro de Guadalajara era muy inseguro. No sabÃa si también en esa parte de la ciudad. Antes de meterme al edificio, un relámpago iluminó el cielo provocó que volteara a mirar hacia la parte alta de la primaria. Me sorprendà de ver a una mujer vestida de blanco. Fue casi instantáneo porque en cuestión de segundos dejé de verla. No supe si fue mi imaginación o de verdad habÃa visto a alguien. Entré al edificio y me fui a mi departamento enseguida. Me bañé para quitarme. La ropa mojada seguÃa pensando en lo que acababa de ver, aunque no tenÃa la certidumbre de lo que realmente habÃa pasado. Ya más tranquilo y con la ropa seca, me fui al balcón para observar de nuevo hacia la azotea de la primaria. Desde esa altura era posible ver hasta el fondo, pero la lluvia no me permitió ver casi nada. Me sentÃa muy cansado, me acosté y casi de inmediato me quedé profundamente dormido. No sé cuánto tiempo llevarÃa dormido cuando de nuevo me despertó ese lamento penetrante y lastimoso. Me desperté de inmediato tratando de identificar de dónde provenÃa, pero casi imposible conseguirlo, porque la lluvia hacÃa mucho ruido al caer en las láminas de metal que estaban en el negocio de al lado. Por segunda vez lo escuché ahora sà estaba seguro de lo que se trataba. Era un clamor perturbador. Lo oà tres veces después sólo se oyó el ruido del agua. De nuevo me estaba desvelando y eso no me agradaba, porque al dÃa siguiente tenÃa muchas actividades laborales por realizar en el estudio de diseño. Me estaba adaptando muy bien con el trabajo, sobre todo con Guillermo, un compañero de trabajo que se mostró muy amable. Me apoyaba en todas mis dudas. Aún no le tenÃa la confianza suficiente para comentarle lo que estaba sucediendo cerca del edificio en el que me hospedaba. Esa tarde. Traté de no irme tan lejos de mi departamento, pero esa vez no llovió. Esperaba escuchar de nuevo el mismo Lamento, pero no sucedió. TenÃa la claridad para ver hacia la azotea de enfrente. No vi nada anormal. Asà que fue la primera noche que pude dormir más tranquilo. Estaba próximo por un puente, por el dieciséis de septiembre. Le dije a Andrea que me permitiera traer a Jimena conmigo. La ciudad estaba muy bonita por las fiestas patrias y querÃa estar cerca de mi hija. Sentà que tener a alguien tan familiar conmigo me darÃa más tranquilidad. Andrea estuvo de acuerdo sólo que tenÃa que ir por ella y llevarla de regreso. Le pedà que me ayudara viniendo con mi hija. Les pagarÃa los pasajes y se podrÃan quedar conmigo. Tanto Andrea como yo estábamos conscientes de que tenÃamos que llevar una relación cordial en favor de Jimena. Ya no quisimos estar juntos, pero seguÃamos siendo. Los padres de mi pequeña. Ellas llegaron un viernes por la noche las fui a recoger a la central de autobuses. Jimena iba fascinada por ver tantos adornos por todas partes. Andrea me dijo que tenÃa una amiga que vivÃa en esa ciudad. PreferÃa quedarse con ella para que pudiera estar con la niña todo el tiempo. Me agradó tener el tiempo sólo para mi hija. Llevé a Andrea a casa de su amiga enseguida. Me fui con Jimena a conocer otros lugares. Estuvimos caminando durante mucho tiempo hasta que vi a mi pequeña muy cansada. Nos fuimos al departamento. Antes de entrar al edificio, Jimena me preguntó quién era la señora que estaba en la parte de arriba de la primaria. Ella me apuntó con su mano. Cuando volteé a donde ella me indicaba no pude ver a nadie. Le dije que quizás se habÃa confundido porque eran dÃas festivos y no habÃa clases, pero pensé que quizás se trataba de alguna persona que se quedaba a cuidar las instalaciones, aunque se se me hizo raro que fuera una mujer, por lo regular eran hombres. Los veladores le dije a Jimena que lo más probable fue que vio a la persona que cuidaba del lugar. Ella se quedó conforme con la respuesta que le di y se olvidó del asunto. Sin embargo, no me quedé tranquilo, porque también la habÃa visto en otra ocasión. Ese dÃa la pasamos muy bien, aunque se nos hizo muy tarde. Jimena enseguida se quedó dormida. Aproveché para trabajar un poco porque tenÃa que entregar un proyecto. El siguiente lunes. No habÃan pasado más de dos horas cuando comenzó a llover ligeramente. Al poco tiempo escuché el mismo Lamento. No quise distraerme en buscar respuestas, pero la tercera vez que escuché lo mismo se oyó muy cerca como si hubiese sido afuera del edificio. Incluso Jimena se despertó ella de inmediato. Me preguntó si se trataba de la llorona. No habÃa relacionado el Lamento con ese ser mÃtico que, por lo visto, todas las generaciones la conocÃan, porque ni Andrea ni yo le habÃamos hablado de ella. Le respondà que no era la llorona. Probablemente eran unos gatos que se peleaban porque el vecindario estaba lleno de ellos. Mi hija me dijo que no eran gatos. Era la llorona, pero el cansancio la venció y se quedó de nuevo dormida. En ese momento me di cuenta de que habÃa pasado por alto tantos detalles. Dejé mi trabajo por un lado y comencé a investigar sobre los orÃgenes de la llorona. Era extraño porque siempre supe de su existencia y de que esa mujer fue una madre que habÃa ahogado a sus hijos. Por eso era un alma en pena. Sin embargo, era todo lo que sabÃa. Me encontré con información sorprendente. Según las páginas de Internet que visité decÃa que habÃa varias vertientes respecto al origen de la llorona. Una de ellas era de principios prehispánicos. La vinculaban con los dioses aztecas. Otras decÃan que era después de la conquista. Se trataba de la diosa siguacoatl que gritaba por todos sus hijos que iban a sufrir por la conquista de los españoles y porque tendrÃan que marcharse de ese lugar tan querido. Aunque la leyenda más conocida era la de una mujer indÃgena que se enamoró de un conquistador español con el que tuvo tres hijos, pero este hombre se avergonzaba de ella, la dejó para casarse con una mujer española rica. Cuando la mujer se enteró de su traición, ahogó a sus hijos en el rÃo para después quitarse la vida. Con el paso del tiempo se le relacionó a esta mujer indÃgena con la malinche, ya que ella tuvo un hijo con Hernán Cortés, que él le arrebató ningún llanto ni lamento valieron para que le regresara a su hijo. Después que leà el nombre de Malinche, empecé a relacionar la casa en la que ella vivió con esa mujer que se veÃa en la azotea. Aunque se me hacÃa imposible creerlo. Dejé de leer en la computadora y me fui a la ventana. La abrà para salir al valr y tomar un poco de aire fresco, pero me encontré con algo macabro. En esta ocasión pude verla era una mujer vestida de blanco, con su cabello largo que le llegaba hasta la cintura. De repente, ella se dio cuenta de mi presencia porque volteó su cara hacia donde me encontraba. En ese momento. Ella abrió su boca y pude darme cuenta que era ella quien emitÃa ese lamento tan siniestro mentirÃa si les dijera que no tuve miedo, cerré la ventana de inmediato y también las cortinas. Aunque el Lamento se siguió escuchando, lo único que pensé fue en proteger a mi pequeña para que no se fuera a despertar asustada, pero ella no la escuchó. El domingo por la tarde llevé a Jimena y a su madre a la central de autobuses. Mi hija me decÃa que se querÃa quedar conmigo, le comenté que harÃa lo necesario para que se viniera a vivir a mi lado. Jimena, no muy conforme, se despidió y se marchó junto con su madre. Esa noche estaba inquietara por lo que habÃa visto recientemente, aunque también tenÃa mucha curiosidad de saber más sobre esa mujer. Me quedé hasta tarde en el balcón tratando de ver más allá de la oscuridad de la azotea, pero no sucedió nada. La mujer no se dejó ver ni tampoco se escucharon sus lamentos. El lunes me fui más temprano a la oficina. TenÃa muchos pendientes. Mientras caminaba me encontré con dos niños que se preparaban para entrar a la escuela. Alcancé a escuchar que uno de ellos le platicaba a su mamá que habÃa visto a la señora Vestida de blanco que caminaba entre los pasillos. Su hermano también dijo lo mismo que la habÃa visto que salÃa de un salón para entrar a otro. Me atrevÃa a acercarme a ellos con el permiso de su mamá. Les dije que también me habÃa pasado lo mismo. Les indiqué el lugar de mi departamento. Los niños de inmediato le dijeron a su madre que si era cierto lo que decÃan. Al interferir en su plática, le daba más fuerza a su comentario, Aunque a su madre no le agradó que lo hiciera. Me dijo que no alimentara la imaginación de sus hijos. Me sentÃa inquieto por lo que habÃan dicho los pequeños en la oficina. Guillermo lo notó. Se acercó para preguntarme si todo estaba bien. No pude ocultarlo. Le platiqué lo que me estaba pasando. No podÃa creer que en tan pocos dÃas que llevaba viviendo en la ciudad de México, me estuviera pasando ese hecho perturbador. Tuve desconfianza de que mi compañero de trabajo no me creyera y se burlara de mi actitud tan infantil. Lo contrario, él se puso muy serio. Me dijo que tuviera mucho cuidado con esa llorona, porque era la más antigua. Le pregunté si habÃa varias. Ãl me respondió que sÃ. Le comenté que desde niño mi abuela me asustaba con la llorona para que me portara bien. Sin embargo, nunca se me apareció. Siempre Creà que sólo se trataba de un mito que las personas adultas usaban para mantenernos asustados. Guillermo me dijo que cuando era niño, sus padres lo llevaron de vacaciones a valle de Bravo. En ese lugar fue donde la vio estaba del otro lado del lago caminando por la orilla. Nadie más pudo verla. Por eso no le creyeron. Sin embargo, mientras daban un paseo en la lancha, él la pudo ver a través del agua. Ella lo seguÃa desde lo profundo del lago. Desde aquella ocasión empezó a creer en la existencia de la llorona y de otros seres que muchas veces sólo conocÃamos a través de los comentarios de los adultos. Después que platiqué con Guillermo, tenÃa sentimientos encontrados. Por un lado, me sentÃa tranquilo porque me di cuenta que no me estaba volviendo loco. Por el otro, me inquietaba saber por qué se me aparecÃa esa mujer. Le comenté a Guillermo mi temor. Cuando la veÃa, él me dijo que no me preocupara. Ella no venÃa por mÃ, sino por algún pequeño que se quisiera llevar. No quise decirle que tenÃa una hija que me iba a visitar con frecuencia. Preferà no seguir con esa plática porque me estaba ponido siendo más nervioso. Una tarde que regresaba del trabajo, llamó mi atención que habÃan varias personas afuera de la primaria que estaba enfrente de mi departamento. También estaban tres patrullas. Le pregunté a una señora qué estaba ocurriendo. Ella estaba muy nerviosa. Me dijo que a uno de los niños de la escuela no lo encontraban. Su madre lo habÃa llevado a clases y cuando fue a recogerlo, ya no estaba. La señora me señaló quién era la mamá de ese pequeño. Ella estaba destrozada. Me quedé por unos minutos después me fui a mi departamento Desde el balcón podÃa ver lo que sucedÃa la policÃa estuvo mucho tiempo haciendo las investigaciones, se quedaron más tiempo indagando con los vecinos. No supe que pasó, porque me fui a dormir en otra ocasión que iba al trabajo, alcancé a escuchar entre las madres que iban a llevar a sus hijos que al pequeño se lo habÃa llevado. Su padre lo habÃa robado porque su mamá no le permitÃa a verlo. No supe realmente qué sucedió, pero los niños de la primaria decÃan que la llorona se lo habÃa llevado. Tardé un poco más de dos meses en ver de nuevo a Jimena. No era fácil hacerlo porque me tenÃa que adaptar a los tiempos de Andrea. Quise ir para Guadalajara, pero los compromisos en el trabajo no me lo permitieron. De nuevo le dije a Andrea que trajera a mi hija. Ella aceptaba de buena gana porque le pagaba el transporte. Además, Andrea siempre habÃa querido irse a vivir a la Ciudad de México porque tenÃa familiares y amigos que eran de esta ciudad. Fue un fin de semana del mes de noviembre cuando pude ver a Jimena de nuevo. Esta vez preferà llevarla a uno de los tantos museos de la ciudad. Por la noche nos acomodamos a ver una pelÃcula en la sala, pusimos almohadas en la alfombra y nos quedamos hasta muy tarde sin darnos cuenta. Nos quedamos dormidos, hasta que de nuevo me despertó ese espantoso lamento que me candaba en lo profundo del alma. No sólo me originaba miedo, sino que podÃa sentir el dolor de esa mujer que transmitÃa a través de ese quejido. Esta vez, mi hija no lo escuchó. Lo que me dio tranquilidad. Sin embargo, me sobresalté cuando oà por segunda vez el clamor de esa mujer muy cercano como si estuviera fuera del departamento. De pronto tocaron a la puerta. Fueron tres golpes fuertes que hicieron que me sobresaltara. Era muy extraño porque no tenÃa amigos a excepción de Guillermo, pero él nunca me visitaba. De nuevo. Escuché que tocaron en la puerta con más intensidad. No tenÃa la menor intención de abrirla. Sólo fui para saber de quién se trataba. Me asomé por la mirilla, pero no habÃa nadie afuera. Sin embargo, me llamó la atención ver un hilo de agua que corrÃa por debajo de la puerta. Me fui corriendo a donde estaba mi pequeña, pero ella ya se habÃa levantado. Caminaba hacia la ventana del balcón de inmediato corrÃa hacia ella y la abracé. Estaba como hipnotizada porque salió de ese estado y me preguntó qué estaba pasando. Le respondà que todo estaba bien, aunque necesitábamos salir de urgencia. A otro lado. No lo pensé. Dos veces le llamé por teléfono a Guillermo le pedà que nos permitiera quedarnos esa noche en su casa. No le tenÃa tanta confianza como para quedarme a dormir ahÃ. Pude haberme ido a un hotel, pero no lo quise hacer porque si esa mujer de nuevo se aparecÃa, no sabrÃa qué hacer. En cambio, sentÃa el apoyo de Guillermo. TenÃa la sensación de que él me ayudarÃa en caso de necesitarlo. Ãl aceptó con gusto. SabÃa muy poco de la vida de Guillermo. Pensé que tenÃa una familia, pero no fue asà vivÃa solo, por lo que nos sentimos muy cómodos en su casa. No escuchamos ningún tipo de lamento ni vi nada fuera de lo normal. A la mañana siguió la. Nos fuimos de la casa de Guillermo. Le agradecà por el favor que me hizo. Cuando Ãbamos hacia el departamento, me di cuenta de que me podrÃa pasar lo mismo con esa mujer que desapareció su hijo. Hablé con Andrea para que se llevara a mi hija de regreso a Guadalajara. A ella no le encantó la idea de irse antes. No le quise decir el verdadero motivo, porque no me iba a creer. Le puse como excusa un trabajo urgente que habÃa salido ya. No quise exponer a mi hija en realidad ni siquiera tenÃa la certeza de lo que realmente habÃa sucedido. Todo se basaba en su posiciones. Preferà ir a ver a mi hija a Guadalajara y que ya no me visitara para no arriesgarla. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








