Aug. 8, 2023

La Leyenda Del Brujo Del Panteón Historias De Terror - REDE

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La leyenda del brujo del Panteón. Mi nombre es susana y vivía en el municipio de Tlajomulco. Antes de irme a vivir junto con mis padres y mi hermano a este lugar, rentábamos una casa en la colonia de Fresno, en Guadalajara. A mi papá le dieron la oportunidad de comprar una casa por medio del infonavit. Buscamos establecernos dentro de Guadalajara, pero el costo de las casas estaba muy elevado. En cambio, como Tlajomulco era un municipio que estaba en crecimiento, el precio de las viviendas era otro, así que mi papá no tuvo otra opción que comprar una casa en Trajumulco. Esta localidad ya forma parte de la zona metropolitana de Guadalajara, pero como era un municipio muy grande, todo nos quedaba muy lejos. Recuerdo que nos cambiamos de casa. El primero de octubre del dos mil quince, nuestra nueva casa se encontraba más lejos de lo que creía. Estaba muy cerca de la cabecera de Trajomulco, que era el centro del pueblo, por lo que podíamos llegar caminando a la parte céntrica. Con el paso de los días, nos fuimos adaptando a nuestra nueva vivienda. Me gustaba salir por las tardes a caminar al centro de Tlajomulco, porque todavía conservaba tradiciones y costumbres de un pueblo, como se acercaban las festividades del día de muertos. Escuché una muchacha que dijo que en octubre comenzaban las visitas nocturnas en el panteón municipal. A cada lugar nuevo que voy me gusta conocer su panteón, así que este no sería la excepción. Me acerqué con la chica para preguntarle sobre la visita al panteón. Ella de forma amable me dijo que durante los meses de octubre y noviembre se realizaban visitas por la noche. Un guía platicaba las leyendas. De ahí le pregunté si tenía algún costo. Ella me dijo que no era gratis. Me comentó que esa noche había un recorrido por si quería ir eran las seis de la tarde. Aún tenía tiempo para asistir, porque el recorrido comenzaba a las ocho de la noche y tenía una duración de dos horas. A las ocho estaba lista para comenzar. Invité a mi hermano y a mis papás para que fuéramos juntos, pero a ellos no les interesó oir afuera del panteón. Comenzaron a juntarse varias personas. Llegó un hombre como de cuarenta años. Se presentó con el nombre de Miguel y empezamos a caminar al interior del cementerio. Fueron varias las leyendas que nos contó Miguel, pero hubo dos en particular que se me quedaron grabadas. Una era la leyenda del niño que lloraba al interior de una tumba. Se escuchaba su llanto sofocado por estar debajo de la superficie. Ese lugar de descanso en el que lloraba no le pertenecía. Era la del hombre que lo había hacedo vecinado. La otra leyenda, que me sorprendió mucho fue la de un brujo muy reconocido que realizaba todo tipo de ritualeas. Incluso el guía. Nos dijo que tenía la facultad de transformarse en varios tipos de animales. Nunca se supo la forma en que murió. Lo que contó Miguel fue que se le ha visto saltar de tumba en tumba durante la madrugada, principalmente cuando se acerca el día de muertos los días santos y vísperas de Navidad. Hay quienes dicen que vieron la losa de cemento recorrida como si alguien lo hubiese abierto. Casi a las diez de la noche se terminó el recorrido. El guía nos dijo que cualquier duda podíamos acercarnos a él. Era parte de su trabajo atender a todos los interesados en conocer la cultura de este municipio. Mientras regresaba hacia mi casa, me alcanzó Miguel me preguntó de dónde era por qué no me conocía. Le dije que era nueva en la localidad y que se me había hecho fascinante la manera en la que les daban vida a sus muertos. El guía me dijo que no eran simples inventos de alguien. Había personas que podían dar testimonio de lo que ocurría en el panteón de primera mano estaba el velador y el vigilante, que eran los que aseguraban que ellos habían visto al brujo y que escucharon al niño llorar. Le agradecí su atención y di vuelta en la esquina para llegar a mi casa. En realidad aún faltaban como cinco cuadras más. Sólo le dije al guía que vivía a la vuelta para que me dejara en paz. Era un desconocido y no confiaba en él. Cuando llegué a mi casa, mis padres estaban preocupados por mí. El tiempo se me había ido muy rápido, ya casi iban a ser las once de la noche. Les platiqué de dónde venía, pero ellos sólo se centraron en que no era seguro que caminara sola. Y en la noche mi hermano estaba en la sala. Cuando comenzó a sentirse mal. Se agarraba el estómago porque le dolía mucho enseguida, la comenzó a vomitar antes de cambiarnos a vivir al fraccionamiento nuevo, teníamos un auto, pero para poder comprar la casa, mi papá tuvo que venderlo porque con el dinero que le prestaba infonavid no fue suficiente. Mi madre dijo que era necesario que un médico viniera a ver a mi hermano, porque cada vez se sentía más mal. Mi papá y yo fuimos al centro para ver si había alguna farmacia abierta, pero todo estaba cerrado. Le pregunté a una persona que pasaba por ahí si había algún doctor que pudiera ver a mi hermano a esa hora. Ella de inmediato nos dijo que no. El doctor sólo venía por las mañanas de lunes a viernes y que los fines de semana no daba consulta. Mi papá le preguntó a qué otro lugar podía ir porque su hijo estaba enfermo. La señora nos dijo que al día siguiente abrían a las nueve de la mañana la farmacia de similares. En ella había un médico que lo podría revisar. Sin embargo, si teníamos tanta urgencia en que alguien viera a mi hermano, podíamos llevarlo con el curandero. Era un señor que curaba con medicina herbolaria. Mi padre le pidió la dirección a esa señora quedaba muy cerca de ahí, así que fuimos por mi hermano para llevarlo a consultarlo con ese hombre que, según la señora, era muy atinado en aliviar a las personas. Cuando llegamos a la casa para llevar a mi hermano con el médico tradicional, a mi mamá le pareció una buena idea, porque ella siempre estaba en desacuerdo en tomar medicina al ópata. Ella prefería tratarse con medicina natural, así que le dio gusto que en esta ocasión le hiciéramos caso. No tardamos en llegar con el señor que nos recomendaron. Él se presentó como Ramón. Vivía en una casa sencilla con techo de teja. Nos dijo que teníamos que pasar a mi hermano a la otra habitación para revisarlo. En la entrada había un perro de color negro que se nos quedó viendo con atención. Pensé que en algún momento nos podría morder, pero no era su intención. El curandero Ramón le recetó unas hierbas a mi hermano para que las tomara en forma de té también unas cápsulas con medicina natural en su interior. Antes de retirarnos, nos dijo que le iba a hacer una limpia a mi hermano porque lo más probable era que se había enfermado de espanto o que su sombra estaba dañada. Todo estaba bien hasta que nos dijo eso el curandero porque mi papá salió de ahí molesto. Dijo que si el hombre creía que con eso mi hermano se iba a aliviar, estaba equivocado. Mi mamá trató de calmarlo. Le dijo que no se perdía nada. Si lo que le hizo el curandero no le servía al día siguiente lo podría ver un médico, pero mi papá se fue diciendo una serie de cosas que prefiero no repetirlas. Antes de llegar a casa, me di cuenta de que el perro del curandero nos había seguido. Se fue detrás de nosotros como si ya nos conociera. En cuanto vio que lo volteamos a ver, se dio la vuelta y se regresó durante la noche. Mi madre estuvo atendiendo a mi hermano le dio sus cápsulas y sus test También le puso compresas en la frente y en el estómago. Mojaba el trapo en una infusión y después se lo ponía en su cuerpo por la mañana. Mi hermano estaba muy mejorado. Iban a ser las siete de la mañana cuando le dijo a mi mamá que tenía hambre. La temperatura y el dolor de estómago se habían ido. Ya. No fue necesario llevar a mi hermano al médico, porque se alivió muy pronto para irme a la Universidad. Tenía que tomar el camión, que pasaba muy cerca del panteón, por lo que caminaba por fuera del cementerio para esperar el transporte. Me tenía que salir muy temprano para poder llegar a tiempo a mis clases. Todavía está oscuro cuando estaba esperando el camión. Mientras caminé por la puerta principal del panteón, vi algo que se movía entre las tumbas. No pude ver de qué se trataba, porque al interior del cementerio no había luz. Sólo escuché que alguien caminaba muy rápido y se oyeron las hojas secas que crujían cuando las pisaba. No me pude quedar a averiguar de qué se trataba, porque vi que se aproximaba mi camión y si perdía la ruta tendría que esperar el siguiente por más de veinte minutos, así que corría a la parada. Cuando ya iba arriba del camión, vi que entró al panteón, el perro negro de Ramón, el curandero. Por la noche me salí a caminar un rato por el centro del pueblo. Me senté en una banca que había en un parque. Me quedé durante un rato, viendo a los transeúntes pasar, noté que el pueblo de Tralajumulco estaba relativamente cerca de Guadalajara. Todavía pervivían muchas costumbres de un poblado tradicional. De pronto me di cuenta que se sentó en la banca Ramón el curandero me preguntó cómo se encontraba mi hermano. Le agradecí por el trabajo que realizó, porque muy pronto se le había notado su mejoría. El hombre sonrió amablemente se despidió de mí, pero antes de retirarse me dijo que tuviera mucho cuidado con lo que decían alguno de los miembros de mi familia, porque el viento todo escuchaba y llevaba esas palabras a las personas menos indicadas. Eso fue todo lo que dijo y se marchó. Me quedé intrigada con su comentario. Quise alcanzarlo para preguntarle a qué se refería, pero ya lo había perdido de vista a la mañana siguiente. No me levanté temprano porque era sábado. Me quedé hasta tarde en mi habitación. Escuché cuando mi mamá le dijo a mi padre de algo que había encontrado afuera de la casa. Me levanté para ver qué estaba sucediendo. Mi mamá estaba muy alterada. Nos dijo que cuando salió a barrer la calle, había en la banqueta una señal extraña. Era una cruz hecha con tierra negra. Mi mamá nos dijo que era una brujería lo que nos habían hecho porque la tierra con la que hicieron la cruz era con tierra de panteón. Me asomé a la calle. En efecto, estaba señalada una cruz grande como de medio metro sobre la banqueta. Sin decir nada agarré la escoba y me puse a barrerlo. Cuando mi mamá vio que la había quitado, gritó muy fuerte. Me dijo que no era la manera de retirarla, pero ya lo había hecho. Lo único que no pude quitar fue un círculo de cera negra que estaba en el centro de la cruz. Puse el contenido que barría en una bolsa de plástico y no lo quise meter a la casa porque que y quiere trasladar la maldición hacia el interior. La dejé en la cochera. Mi mamá se fue de inmediato al templo. Dijo que iría por agua bendita para rociar en el lugar donde pusieron la cruz. Era la primera vez que tenía contacto con la brujería. No tenía la menor idea del significado de ese maleficio que nos hicieron, ni tampoco supe quién lo había hecho, porque Teníamos poco tiempo viviendo en ese lugar y no habíamos tenido ningún problema con algún vecino. Al poco tiempo llegó mi mamá con un poco de agua. Bendita la puso en el mismo lugar en el que pusieron la cruz. Al mismo tiempo murmuró unas oraciones. Ella se quedó más tranquila cuando hizo ese ritual. Nos dijo que esa era la manera de contraatacar cuando alguien quiere hacer daño. Ese día nos quedamos tranquilos porque creímos que todo había terminado. Sólo había sido un mal momento. Sin embargo, por la noche nos pasó una situación que nos dio mucho miedo. Estábamos viendo una película en la sala de la casa. Teníamos las luces apagadas para sentirnos como en el cine. Empezamos a escuchar un silbido muy bajo En un principio creímos que el sonido venía de la calle. Luego lo oímos al interior de la casa. Detuvimos la película y encendimos las luces para ver de qué se trataba. Cada vez el sonido se hacía más fuerte. Todos buscamos en el interior de cada habitación para ver de dónde provenía ese sonido, pero no pudimos encontrarlo. Después de unos minutos dejó de escucharse. Nos quedamos los cuatro sentados en la sala, pero ya no volvió a oírse. Ya no quisimos terminar la película. Nos retiramos a nuestras habitaciones a dormir. No tenía sueño, así que me entretuve jugando videojuegos. De pronto escuché un ruido afuera de la casa. Me dio la impresión de que alguien estaba rondando. Pensé que se trataría de un perro porque había visto que había muchos perros callejeros en esa zona, pero no era un animal. Lo único que pude ver fue la silueta de un hombre de estatura no muy alta. No me fue posible ver más porque la lámpara pública estaba descompuesta. Además, no teníamos el foco de la cochera encendido. Tenía abierta la cortina de mi cuarto para tratar de ver quién estaba afuera. No sé si la persona que estaba afuera se dio cuenta de que yo estaba asomada en la ventana. Supongo que no, pero con una agilidad sorprendente, comenzó a moverse de un lado hacia otro, como si fuera un animal desesperado. De pronto se detuvo y levantó su rostro. Cerré de inmediato la ventana y la cortina. Sin embargo, empecé a escuchar que él trataba de subir. Pensé que sería un ladrón con una pistola o un arma punso cortante y ante eso no tenía con qué defenderme. No sé cómo le hizo para llegar a hasta mi balcón. Lo cierto era que alcanzaba a distinguir que alguien estaba afuera. Las cortinas que tenía eran muy delgadas y desde mi cama podía ver la silueta como se movía con sigilo. Salí de mi cuarto para decirle a mis padres lo que sucedía, pero ellos ya se habían dado cuenta de la presencia de esta persona. Escucharon cuando él saltó a mi balcón. Mi padre no dudó en hablarle a la policía, pero ellos nunca llegaron. El hombre no duró mucho tiempo en mi balcón. Después de unos minutos escuchamos cuando saltó y se marchó. Mi padre hizo el intento de salir para ver si se había ido pero mi madre no se lo permitió. Le dijo que no se expusiera esa noche. La pasamos muy mal, porque cualquier sonido que oíamos creíamos que se trataba del mismo ladrón, aunque no entiendo por qué lo hizo de haber querido meterse lo lo hubiera podido hacer porque mi ventanal no tenía protecciones con sólo romper el cristal pudo haber estado dentro o también pensó que la vivienda estaba deshabitada y cuando vio que no fue así, decidió irse. Cuando amaneció era domingo y mi madre estaba acostumbrada a que asistiéramos a misa ese día. No fue la excepción, aunque le dijimos que queríamos dormir por la mala noche que pasamos. Ella dijo que era necesario para que Dios nos protegiera y más por aquel signo satánico que nos habían dejado en la banqueta. Nos fuimos juntos. Sólo habíamos caminado dos cuadras. Cuando vimos a un grupo de gente reunida. La policía estaba ahí. Mi mamá me dijo que no fuera a ver de qué se trataba, pero mi padre y yo sí quisimos hacerlo de cierta manera. Los dos creímos que ese suceso estaba relacionado con la misma persona que había intentado meterse a la casa. Lo que vimos fue dantesco. Estaba una mujer muerta, pero le habían dañado su rostro. Nos fuimos de lugar sumamente afligidos. Mis padres, al igual que yo, creímos que se trató de la misma persona que estuvo rondando la casa de regreso a la iglesia. Ya no quisimos pasar por el mismo sitio. No supimos si las autoridades se habían llevado el cuerpo o qué le había ocurrido. Lo que sí nos dimos cuenta fue de que era muy común encontrar un cuerpo sin vida en esa localidad, porque la mayoría naturalizaron el evento. Cada quien siguió con su vida como si nada hubiera pasado. Mi madre me mandó a la tortillería para comer mientras me despachaban escucha a dos mujeres que decían que de nuevo el brujo había hecho de las suyas. Me dio pena entrometerme en su conversación, pero no podía quedarme con la duda. Le les pregunté a quién se refería. Las dos chicas se me quedaron viendo extrañadas por meterme en su plática. Les platiqué lo que nos pasó en la noche en mi casa con lo que les dije ellas de inmediato tuvieron confianza. Me dijeron que había un brujo sepultado en el cementerio del pueblo, pero que él aún seguía vivo cada noche. Salía de su tumba y andaba dentro del panteón. En ocasiones salía para matar a alguien. Sin que les preguntara, me dijeron que en ocasiones salía del cementerio a cobrar una deuda o sólo estar con su familia. Él era familiar del curandero del pueblo. Les pregunté si era el mismo con el que habíamos llevado a mi hermano. Ellos me dijeron que era el único que había en el pueblo. Las demás eran mujeres curanderas. Agradecí a las chicas su información y me fui sobresaltada De ahí. De alguna manera creía que todo lo que nos había pasado era cosa del grande, pero o de su familiar muerto, porque a partir que fuimos con él, comenzaron a pasarnos ese tipo de cosas. Cuando llegué a la casa y le conté a mis padres lo que me habían comentado. Mi papá de inmediato intervino diciendo que esas tonterías del imaginario pueblerino no podían suceder. De nuevo se puso a discutir sobre las creencias de esas personas. Ya no quise continuar con la charla. Le dije a mi mamá que no tenía hambre y me fui a mi habitación Ese día no salí de mi cuarto hasta en la noche. Les dije a mis padres que iría un rato al centro. Ellos no estuvieron de acuerdo. Me dijeron que me podía pasar algo malo como a la mujer que encontramos muerta en la calle. Me dijeron que sí, quería salir Irían conmigo. Así que todos fuimos al jardín, al centro del pueblo. Tomamos una nieve, nos quedamos otro rato y nos marchamos a nuestro regreso comenzó a hacer seguirnos un hombre de estatura baja. Yo fui la primera que lo vio. Me dio miedo porque se me hizo muy parecido al de la noche anterior aceleramos el paso. Mi padre se detuvo a confrontarlo, pero el hombre no le respondió nada. Se abalanzó sobre él mi papá Lo único que pudo hacer fue defenderse. Hubo un momento que creí que se trataba de un animal en un acto de desesperación. Mi mamá le aventó del agua bendita que traía en su bolso. Nunca supe por qué ella traía una botellita de esa agua, pero el hombre se fue y dejó de atacar a mi padre. Fue necesario llamar a la ambulancia para que se lo llevara al hospital. Mi padre salió vivo de ese ataque, pero ya no fue el mismo. Al poco tiempo murió de un paro cardiaco. El médico dijo que esa era una enfermedad silenciosa que en muchas ocasiones no daba síntomas, pero yo, yo creo que todo fue consecuencia del ataque de aquel día. Esa fue la última vez que estuvimos en el pueblo desde aquella trágica ocasión no volvimos a regresar a ese lugar. La casa que había comprado mi papá la traspasamos por medio de una arrendadora. Nunca supe cuál fue la causa de querer hacernos daño De alguna manera le di credibilidad a lo que habían dicho de aquel brujo que después de muerto, seguía apareciéndose. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas