La Leyenda Del Brujo Del Panteón Historias De Terror - REDE

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La leyenda del brujo del Panteón. Mi nombre es susana y vivÃa en el municipio de Tlajomulco. Antes de irme a vivir junto con mis padres y mi hermano a este lugar, rentábamos una casa en la colonia de Fresno, en Guadalajara. A mi papá le dieron la oportunidad de comprar una casa por medio del infonavit. Buscamos establecernos dentro de Guadalajara, pero el costo de las casas estaba muy elevado. En cambio, como Tlajomulco era un municipio que estaba en crecimiento, el precio de las viviendas era otro, asà que mi papá no tuvo otra opción que comprar una casa en Trajumulco. Esta localidad ya forma parte de la zona metropolitana de Guadalajara, pero como era un municipio muy grande, todo nos quedaba muy lejos. Recuerdo que nos cambiamos de casa. El primero de octubre del dos mil quince, nuestra nueva casa se encontraba más lejos de lo que creÃa. Estaba muy cerca de la cabecera de Trajomulco, que era el centro del pueblo, por lo que podÃamos llegar caminando a la parte céntrica. Con el paso de los dÃas, nos fuimos adaptando a nuestra nueva vivienda. Me gustaba salir por las tardes a caminar al centro de Tlajomulco, porque todavÃa conservaba tradiciones y costumbres de un pueblo, como se acercaban las festividades del dÃa de muertos. Escuché una muchacha que dijo que en octubre comenzaban las visitas nocturnas en el panteón municipal. A cada lugar nuevo que voy me gusta conocer su panteón, asà que este no serÃa la excepción. Me acerqué con la chica para preguntarle sobre la visita al panteón. Ella de forma amable me dijo que durante los meses de octubre y noviembre se realizaban visitas por la noche. Un guÃa platicaba las leyendas. De ahà le pregunté si tenÃa algún costo. Ella me dijo que no era gratis. Me comentó que esa noche habÃa un recorrido por si querÃa ir eran las seis de la tarde. Aún tenÃa tiempo para asistir, porque el recorrido comenzaba a las ocho de la noche y tenÃa una duración de dos horas. A las ocho estaba lista para comenzar. Invité a mi hermano y a mis papás para que fuéramos juntos, pero a ellos no les interesó oir afuera del panteón. Comenzaron a juntarse varias personas. Llegó un hombre como de cuarenta años. Se presentó con el nombre de Miguel y empezamos a caminar al interior del cementerio. Fueron varias las leyendas que nos contó Miguel, pero hubo dos en particular que se me quedaron grabadas. Una era la leyenda del niño que lloraba al interior de una tumba. Se escuchaba su llanto sofocado por estar debajo de la superficie. Ese lugar de descanso en el que lloraba no le pertenecÃa. Era la del hombre que lo habÃa hacedo vecinado. La otra leyenda, que me sorprendió mucho fue la de un brujo muy reconocido que realizaba todo tipo de ritualeas. Incluso el guÃa. Nos dijo que tenÃa la facultad de transformarse en varios tipos de animales. Nunca se supo la forma en que murió. Lo que contó Miguel fue que se le ha visto saltar de tumba en tumba durante la madrugada, principalmente cuando se acerca el dÃa de muertos los dÃas santos y vÃsperas de Navidad. Hay quienes dicen que vieron la losa de cemento recorrida como si alguien lo hubiese abierto. Casi a las diez de la noche se terminó el recorrido. El guÃa nos dijo que cualquier duda podÃamos acercarnos a él. Era parte de su trabajo atender a todos los interesados en conocer la cultura de este municipio. Mientras regresaba hacia mi casa, me alcanzó Miguel me preguntó de dónde era por qué no me conocÃa. Le dije que era nueva en la localidad y que se me habÃa hecho fascinante la manera en la que les daban vida a sus muertos. El guÃa me dijo que no eran simples inventos de alguien. HabÃa personas que podÃan dar testimonio de lo que ocurrÃa en el panteón de primera mano estaba el velador y el vigilante, que eran los que aseguraban que ellos habÃan visto al brujo y que escucharon al niño llorar. Le agradecà su atención y di vuelta en la esquina para llegar a mi casa. En realidad aún faltaban como cinco cuadras más. Sólo le dije al guÃa que vivÃa a la vuelta para que me dejara en paz. Era un desconocido y no confiaba en él. Cuando llegué a mi casa, mis padres estaban preocupados por mÃ. El tiempo se me habÃa ido muy rápido, ya casi iban a ser las once de la noche. Les platiqué de dónde venÃa, pero ellos sólo se centraron en que no era seguro que caminara sola. Y en la noche mi hermano estaba en la sala. Cuando comenzó a sentirse mal. Se agarraba el estómago porque le dolÃa mucho enseguida, la comenzó a vomitar antes de cambiarnos a vivir al fraccionamiento nuevo, tenÃamos un auto, pero para poder comprar la casa, mi papá tuvo que venderlo porque con el dinero que le prestaba infonavid no fue suficiente. Mi madre dijo que era necesario que un médico viniera a ver a mi hermano, porque cada vez se sentÃa más mal. Mi papá y yo fuimos al centro para ver si habÃa alguna farmacia abierta, pero todo estaba cerrado. Le pregunté a una persona que pasaba por ahà si habÃa algún doctor que pudiera ver a mi hermano a esa hora. Ella de inmediato nos dijo que no. El doctor sólo venÃa por las mañanas de lunes a viernes y que los fines de semana no daba consulta. Mi papá le preguntó a qué otro lugar podÃa ir porque su hijo estaba enfermo. La señora nos dijo que al dÃa siguiente abrÃan a las nueve de la mañana la farmacia de similares. En ella habÃa un médico que lo podrÃa revisar. Sin embargo, si tenÃamos tanta urgencia en que alguien viera a mi hermano, podÃamos llevarlo con el curandero. Era un señor que curaba con medicina herbolaria. Mi padre le pidió la dirección a esa señora quedaba muy cerca de ahÃ, asà que fuimos por mi hermano para llevarlo a consultarlo con ese hombre que, según la señora, era muy atinado en aliviar a las personas. Cuando llegamos a la casa para llevar a mi hermano con el médico tradicional, a mi mamá le pareció una buena idea, porque ella siempre estaba en desacuerdo en tomar medicina al ópata. Ella preferÃa tratarse con medicina natural, asà que le dio gusto que en esta ocasión le hiciéramos caso. No tardamos en llegar con el señor que nos recomendaron. Ãl se presentó como Ramón. VivÃa en una casa sencilla con techo de teja. Nos dijo que tenÃamos que pasar a mi hermano a la otra habitación para revisarlo. En la entrada habÃa un perro de color negro que se nos quedó viendo con atención. Pensé que en algún momento nos podrÃa morder, pero no era su intención. El curandero Ramón le recetó unas hierbas a mi hermano para que las tomara en forma de té también unas cápsulas con medicina natural en su interior. Antes de retirarnos, nos dijo que le iba a hacer una limpia a mi hermano porque lo más probable era que se habÃa enfermado de espanto o que su sombra estaba dañada. Todo estaba bien hasta que nos dijo eso el curandero porque mi papá salió de ahà molesto. Dijo que si el hombre creÃa que con eso mi hermano se iba a aliviar, estaba equivocado. Mi mamá trató de calmarlo. Le dijo que no se perdÃa nada. Si lo que le hizo el curandero no le servÃa al dÃa siguiente lo podrÃa ver un médico, pero mi papá se fue diciendo una serie de cosas que prefiero no repetirlas. Antes de llegar a casa, me di cuenta de que el perro del curandero nos habÃa seguido. Se fue detrás de nosotros como si ya nos conociera. En cuanto vio que lo volteamos a ver, se dio la vuelta y se regresó durante la noche. Mi madre estuvo atendiendo a mi hermano le dio sus cápsulas y sus test También le puso compresas en la frente y en el estómago. Mojaba el trapo en una infusión y después se lo ponÃa en su cuerpo por la mañana. Mi hermano estaba muy mejorado. Iban a ser las siete de la mañana cuando le dijo a mi mamá que tenÃa hambre. La temperatura y el dolor de estómago se habÃan ido. Ya. No fue necesario llevar a mi hermano al médico, porque se alivió muy pronto para irme a la Universidad. TenÃa que tomar el camión, que pasaba muy cerca del panteón, por lo que caminaba por fuera del cementerio para esperar el transporte. Me tenÃa que salir muy temprano para poder llegar a tiempo a mis clases. TodavÃa está oscuro cuando estaba esperando el camión. Mientras caminé por la puerta principal del panteón, vi algo que se movÃa entre las tumbas. No pude ver de qué se trataba, porque al interior del cementerio no habÃa luz. Sólo escuché que alguien caminaba muy rápido y se oyeron las hojas secas que crujÃan cuando las pisaba. No me pude quedar a averiguar de qué se trataba, porque vi que se aproximaba mi camión y si perdÃa la ruta tendrÃa que esperar el siguiente por más de veinte minutos, asà que corrÃa a la parada. Cuando ya iba arriba del camión, vi que entró al panteón, el perro negro de Ramón, el curandero. Por la noche me salà a caminar un rato por el centro del pueblo. Me senté en una banca que habÃa en un parque. Me quedé durante un rato, viendo a los transeúntes pasar, noté que el pueblo de Tralajumulco estaba relativamente cerca de Guadalajara. TodavÃa pervivÃan muchas costumbres de un poblado tradicional. De pronto me di cuenta que se sentó en la banca Ramón el curandero me preguntó cómo se encontraba mi hermano. Le agradecà por el trabajo que realizó, porque muy pronto se le habÃa notado su mejorÃa. El hombre sonrió amablemente se despidió de mÃ, pero antes de retirarse me dijo que tuviera mucho cuidado con lo que decÃan alguno de los miembros de mi familia, porque el viento todo escuchaba y llevaba esas palabras a las personas menos indicadas. Eso fue todo lo que dijo y se marchó. Me quedé intrigada con su comentario. Quise alcanzarlo para preguntarle a qué se referÃa, pero ya lo habÃa perdido de vista a la mañana siguiente. No me levanté temprano porque era sábado. Me quedé hasta tarde en mi habitación. Escuché cuando mi mamá le dijo a mi padre de algo que habÃa encontrado afuera de la casa. Me levanté para ver qué estaba sucediendo. Mi mamá estaba muy alterada. Nos dijo que cuando salió a barrer la calle, habÃa en la banqueta una señal extraña. Era una cruz hecha con tierra negra. Mi mamá nos dijo que era una brujerÃa lo que nos habÃan hecho porque la tierra con la que hicieron la cruz era con tierra de panteón. Me asomé a la calle. En efecto, estaba señalada una cruz grande como de medio metro sobre la banqueta. Sin decir nada agarré la escoba y me puse a barrerlo. Cuando mi mamá vio que la habÃa quitado, gritó muy fuerte. Me dijo que no era la manera de retirarla, pero ya lo habÃa hecho. Lo único que no pude quitar fue un cÃrculo de cera negra que estaba en el centro de la cruz. Puse el contenido que barrÃa en una bolsa de plástico y no lo quise meter a la casa porque que y quiere trasladar la maldición hacia el interior. La dejé en la cochera. Mi mamá se fue de inmediato al templo. Dijo que irÃa por agua bendita para rociar en el lugar donde pusieron la cruz. Era la primera vez que tenÃa contacto con la brujerÃa. No tenÃa la menor idea del significado de ese maleficio que nos hicieron, ni tampoco supe quién lo habÃa hecho, porque TenÃamos poco tiempo viviendo en ese lugar y no habÃamos tenido ningún problema con algún vecino. Al poco tiempo llegó mi mamá con un poco de agua. Bendita la puso en el mismo lugar en el que pusieron la cruz. Al mismo tiempo murmuró unas oraciones. Ella se quedó más tranquila cuando hizo ese ritual. Nos dijo que esa era la manera de contraatacar cuando alguien quiere hacer daño. Ese dÃa nos quedamos tranquilos porque creÃmos que todo habÃa terminado. Sólo habÃa sido un mal momento. Sin embargo, por la noche nos pasó una situación que nos dio mucho miedo. Estábamos viendo una pelÃcula en la sala de la casa. TenÃamos las luces apagadas para sentirnos como en el cine. Empezamos a escuchar un silbido muy bajo En un principio creÃmos que el sonido venÃa de la calle. Luego lo oÃmos al interior de la casa. Detuvimos la pelÃcula y encendimos las luces para ver de qué se trataba. Cada vez el sonido se hacÃa más fuerte. Todos buscamos en el interior de cada habitación para ver de dónde provenÃa ese sonido, pero no pudimos encontrarlo. Después de unos minutos dejó de escucharse. Nos quedamos los cuatro sentados en la sala, pero ya no volvió a oÃrse. Ya no quisimos terminar la pelÃcula. Nos retiramos a nuestras habitaciones a dormir. No tenÃa sueño, asà que me entretuve jugando videojuegos. De pronto escuché un ruido afuera de la casa. Me dio la impresión de que alguien estaba rondando. Pensé que se tratarÃa de un perro porque habÃa visto que habÃa muchos perros callejeros en esa zona, pero no era un animal. Lo único que pude ver fue la silueta de un hombre de estatura no muy alta. No me fue posible ver más porque la lámpara pública estaba descompuesta. Además, no tenÃamos el foco de la cochera encendido. TenÃa abierta la cortina de mi cuarto para tratar de ver quién estaba afuera. No sé si la persona que estaba afuera se dio cuenta de que yo estaba asomada en la ventana. Supongo que no, pero con una agilidad sorprendente, comenzó a moverse de un lado hacia otro, como si fuera un animal desesperado. De pronto se detuvo y levantó su rostro. Cerré de inmediato la ventana y la cortina. Sin embargo, empecé a escuchar que él trataba de subir. Pensé que serÃa un ladrón con una pistola o un arma punso cortante y ante eso no tenÃa con qué defenderme. No sé cómo le hizo para llegar a hasta mi balcón. Lo cierto era que alcanzaba a distinguir que alguien estaba afuera. Las cortinas que tenÃa eran muy delgadas y desde mi cama podÃa ver la silueta como se movÃa con sigilo. Salà de mi cuarto para decirle a mis padres lo que sucedÃa, pero ellos ya se habÃan dado cuenta de la presencia de esta persona. Escucharon cuando él saltó a mi balcón. Mi padre no dudó en hablarle a la policÃa, pero ellos nunca llegaron. El hombre no duró mucho tiempo en mi balcón. Después de unos minutos escuchamos cuando saltó y se marchó. Mi padre hizo el intento de salir para ver si se habÃa ido pero mi madre no se lo permitió. Le dijo que no se expusiera esa noche. La pasamos muy mal, porque cualquier sonido que oÃamos creÃamos que se trataba del mismo ladrón, aunque no entiendo por qué lo hizo de haber querido meterse lo lo hubiera podido hacer porque mi ventanal no tenÃa protecciones con sólo romper el cristal pudo haber estado dentro o también pensó que la vivienda estaba deshabitada y cuando vio que no fue asÃ, decidió irse. Cuando amaneció era domingo y mi madre estaba acostumbrada a que asistiéramos a misa ese dÃa. No fue la excepción, aunque le dijimos que querÃamos dormir por la mala noche que pasamos. Ella dijo que era necesario para que Dios nos protegiera y más por aquel signo satánico que nos habÃan dejado en la banqueta. Nos fuimos juntos. Sólo habÃamos caminado dos cuadras. Cuando vimos a un grupo de gente reunida. La policÃa estaba ahÃ. Mi mamá me dijo que no fuera a ver de qué se trataba, pero mi padre y yo sà quisimos hacerlo de cierta manera. Los dos creÃmos que ese suceso estaba relacionado con la misma persona que habÃa intentado meterse a la casa. Lo que vimos fue dantesco. Estaba una mujer muerta, pero le habÃan dañado su rostro. Nos fuimos de lugar sumamente afligidos. Mis padres, al igual que yo, creÃmos que se trató de la misma persona que estuvo rondando la casa de regreso a la iglesia. Ya no quisimos pasar por el mismo sitio. No supimos si las autoridades se habÃan llevado el cuerpo o qué le habÃa ocurrido. Lo que sà nos dimos cuenta fue de que era muy común encontrar un cuerpo sin vida en esa localidad, porque la mayorÃa naturalizaron el evento. Cada quien siguió con su vida como si nada hubiera pasado. Mi madre me mandó a la tortillerÃa para comer mientras me despachaban escucha a dos mujeres que decÃan que de nuevo el brujo habÃa hecho de las suyas. Me dio pena entrometerme en su conversación, pero no podÃa quedarme con la duda. Le les pregunté a quién se referÃa. Las dos chicas se me quedaron viendo extrañadas por meterme en su plática. Les platiqué lo que nos pasó en la noche en mi casa con lo que les dije ellas de inmediato tuvieron confianza. Me dijeron que habÃa un brujo sepultado en el cementerio del pueblo, pero que él aún seguÃa vivo cada noche. SalÃa de su tumba y andaba dentro del panteón. En ocasiones salÃa para matar a alguien. Sin que les preguntara, me dijeron que en ocasiones salÃa del cementerio a cobrar una deuda o sólo estar con su familia. Ãl era familiar del curandero del pueblo. Les pregunté si era el mismo con el que habÃamos llevado a mi hermano. Ellos me dijeron que era el único que habÃa en el pueblo. Las demás eran mujeres curanderas. Agradecà a las chicas su información y me fui sobresaltada De ahÃ. De alguna manera creÃa que todo lo que nos habÃa pasado era cosa del grande, pero o de su familiar muerto, porque a partir que fuimos con él, comenzaron a pasarnos ese tipo de cosas. Cuando llegué a la casa y le conté a mis padres lo que me habÃan comentado. Mi papá de inmediato intervino diciendo que esas tonterÃas del imaginario pueblerino no podÃan suceder. De nuevo se puso a discutir sobre las creencias de esas personas. Ya no quise continuar con la charla. Le dije a mi mamá que no tenÃa hambre y me fui a mi habitación Ese dÃa no salà de mi cuarto hasta en la noche. Les dije a mis padres que irÃa un rato al centro. Ellos no estuvieron de acuerdo. Me dijeron que me podÃa pasar algo malo como a la mujer que encontramos muerta en la calle. Me dijeron que sÃ, querÃa salir IrÃan conmigo. Asà que todos fuimos al jardÃn, al centro del pueblo. Tomamos una nieve, nos quedamos otro rato y nos marchamos a nuestro regreso comenzó a hacer seguirnos un hombre de estatura baja. Yo fui la primera que lo vio. Me dio miedo porque se me hizo muy parecido al de la noche anterior aceleramos el paso. Mi padre se detuvo a confrontarlo, pero el hombre no le respondió nada. Se abalanzó sobre él mi papá Lo único que pudo hacer fue defenderse. Hubo un momento que creà que se trataba de un animal en un acto de desesperación. Mi mamá le aventó del agua bendita que traÃa en su bolso. Nunca supe por qué ella traÃa una botellita de esa agua, pero el hombre se fue y dejó de atacar a mi padre. Fue necesario llamar a la ambulancia para que se lo llevara al hospital. Mi padre salió vivo de ese ataque, pero ya no fue el mismo. Al poco tiempo murió de un paro cardiaco. El médico dijo que esa era una enfermedad silenciosa que en muchas ocasiones no daba sÃntomas, pero yo, yo creo que todo fue consecuencia del ataque de aquel dÃa. Esa fue la última vez que estuvimos en el pueblo desde aquella trágica ocasión no volvimos a regresar a ese lugar. La casa que habÃa comprado mi papá la traspasamos por medio de una arrendadora. Nunca supe cuál fue la causa de querer hacernos daño De alguna manera le di credibilidad a lo que habÃan dicho de aquel brujo que después de muerto, seguÃa apareciéndose. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








