La Finca De La Bruja Historias De Terror - REDE

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La finca abandonada. Me llamo Andrés y voy a contarles una historia de cuando era más joven, habÃa un lugar al que le tenÃamos mucho miedo en Puebla. Se trataba de una finca abandonada, de la cual jamás llegué a ver que a alguien viviera allÃ. Las historias que se contaban de ella siempre nos mantenÃan al filo de la silla. Se contaba que si deseabas contactarte con un ser querido que ya haya fallecido, ese era el lugar indicado. Otros decÃan que la misma casa abandonada atraÃa a la gente y luego los desaparecÃa. Esto último pasó mucho con vagabundos, pero la historia que más nos desconcertaba a todos era que allà dentro vivÃa una bruja y que por las noches se le veÃa salir en forma de bola de fuego. Quiero contarle lo que nos pasó a nosotros la noche que decidimos ir a en invertir por nuestra cuenta. La decisión de ir a investigar la temida finca abandonada no fue fácil. Por muchos años nos asustaban con historias que habÃan sucedido afuera y dentro de ella es una casa de dos pisos que queda casi al centro del pueblo, rodeada por una gran muralla que ya le falta poco para caerse. Se contaba la leyenda de que en esa casa llegó a vivir una mujer que habÃa perdido la cordura porque su esposo la habÃa dejado y una noche le puso fin a la vida de sus dos hijos. Ella se habÃa quitado los ojos con una cuchara como castigo, pero terminó desangrada en el piso, sin que nadie la pudiera ayudar. Los dÃas pasaron y el olor a putrefacción se esparció por todo el pueblo. Cuando entraron a revisar. Se encontraron con sólo el cuerpo de la madre. El de los niños habÃan desaparecido con el tiempo. Se habló sobre una mujer que se aparecÃa por las noches recorriendo la casa en busca de sus hijos. Fue con esta historia que nos motivó a un grupo de amigos y a mà a aventurarnos una noche a inspeccionar la finca abandonada. Ãramos cuatro en total quienes decidimos inspeccionar un fin de semana aquel lugar oscuro te hacÃa temblar con el simple hecho de respirar a su alrededor. El viento soplaba tan fuerte que parecÃa silbar y hacÃa que los árboles crujieran. Era inevitable sentir cómo nuestros corazones latÃan con fuerza mientras abrÃamos el viejo portón de hierro. Fue un poco complicado. La hierba se habÃa incrustado en la puerta, haciendo difÃcil abrirla. Aparte del viento, todo estaba en silencio. Era como si el lugar estuviera detenido. En el tiempo, yo pude notar a un par de ratas escabullirse a un agujero. Avanzamos con la mayor cautela posible al jardÃn exterior se le notaban los años de abandono. Entonces tuve la extraña sensación de que alguien nos veÃa voltea a mi alrededor y no vi nada extraño. Pero al subir la mirada a la segunda planta de la casa, la oscura ventana llamó mucho mi atención. Tuve el presentimiento de que alguien estaba allÃ. Al llegar al pórtico nos detuvimos un poco para hablar entre nosotros. Me di cuenta que todos estábamos agitados. Se notaba en nuestra respiración mi amigo Jorge, quién era el mayor de todos nos amenazó con decirnos gallinas a quien se rajara. Se acercó a la puerta de la casa y la empujó. Yo creà que se caerÃa en cualquier instante, porque crujÃa con cada centÃmetro que se movÃa por dentro. Todo era más silencioso. Entonces un ruido siniestro se escuchó en el aire. Los cuatro llenos de temor nos metimos rápidamente. No supimos qué habÃa sido. Jorge sacó un par de linternas, de las cuales una se quedó él y la otra me la dio a mÃ. Nos pidió que no nos separáramos. En lo que parecÃa ser la sala de estar, se encontraba un viejo mueble de madera. TenÃa algunos platos y vasos de vidrio. Aún en él estaba tan podrido que parecÃa ser que con un solo golpe se destruirÃa en pedazos. Nos acercamos lentamente a la sala. HabÃa un par de sillas quebradas y lo que parecÃan ser los restos de un sillón. Tuve una sensación de hormigueo en el cuello. Pensé que se trataba de algún bicho o de algo que cayó del techo. Miré hacia arriba y detrás de mÃ, pero no habÃa nada. Fue cuando mis ojos se encontraron en una habitación estaba cerrada y parecÃa ser que no nos dimos cuenta de ella. No le podÃa quitar la vista. SentÃa que me atraÃa. Nunca habÃa sentido eso en mi vida. ParecÃa ser que me hablaba en eso. La puerta se abrió lentamente por dentro no se veÃa nada. Todo era oscuridad absoluta. Mi curiosidad llegó a superar el miedo que tenÃa me acerqué lentamente a la puerta entreabierta y con la linterna en mano iluminé el interior. La habitación estaba vacÃa, pero algo en el aire me hizo estremecer un escalofrÃo recorrió mi espalda y sentà que alguien me observaba el miedo se apoderó de mà cuando sentà como una mano pesada caÃa sobre mi hombro y me agitaba. Se trataba de Jorge, que me estaba hablando desde hace rato, pero yo no parecÃa escucharlo. De hecho, la habitación estaba cerrada. Fue como si hubiera entrado en una especie de trans hipnótico que me controlaba. Jorge me decÃa que tenÃa mucho rato. Hablándome, decidimos explorar el resto de la casa con cautela. Avanzamos por los pasillos polvorientos y oscuros con las linternas iluminando nuestro camino. Las paredes estaban cubiertas de grietas y humedad y el ambiente era opresivo, Cada pequeño ruido nos hacÃa saltar y cada sombra no nos par rÃa. HacÃa tomar forma amenazante. Por lo pronto todo parecÃa estar abandonado y que no pasarÃa más poco nos faltaba por recorrer la casa por completo. Subimos al segundo piso y cuando llegamos a lo que parecÃa hacer la habitación principal, se encontraba una cama desvencijada y un viejo espejo estrellado o colgado en la pared Miré mi reflejo en los fragmentos del espejo y sentà un escalofrÃo recorrer mi cuerpo nuevamente alguno estaba bien. TenÃa la extraña sensación de que algo más habÃa en la habitación. Nos quedamos un instante en la habitación, contemplando todo nuestro alrededor. Nos encontrábamos justo en el lugar donde encontraron a la mujer sin vida se podÃa sentir una energÃa negativa en el lugar que nos oprimÃa el pecho. En ese momento, un ruido sordo resonó en el pasillo, seguido de un gemido suave. Nos miramos entre nosotros como si alguno supiera lo que era ese sonido. Jorge se asomó por el pasillo, pero no vio nada en eso. La risa de un par de niños que parecÃan estar divirtiéndose, se escuchó cerca de nosotros. Pedro, quién era el más chico de todos, nos dijo que ella no querÃa estar allÃ. Incluso nos pidió casi de rodillas que ya nos fuéramos. Yo estuve a punto de decirle algo cuando escuchamos que algo se quebró en el primer piso parecÃa ser un plato o un vaso de los que se encontraban en el viejo mueble. José Luis, su hermano, le comentó que se tranquilizara. Sólo tenÃa que aguantar un poco más y ya nos irÃamos. A Jorge Se le ocurrió bajar para investigar el sonido. Yo me estaba muriendo de miedo, asà que me pareció buena idea hacerlo. Fui el último en salir de la habitación cuando sentà nuevamente ese escalofrÃo inquietante. Metà la vuelta y sobre la cama vi a una mujer arrodillada. Sobre ella traÃa puesto lo que parecÃa un vestido de harapos roto y sucio. Sus cabellos eran largos y rizados, le cubrÃan todo el rostro y en sus manos sostenÃa una cuchara. Se movÃa de manera errática y murmuraba palabras que no comprendÃa. Mientras se acercaba a mÃ, no pude evitarlo. Grité del miedo. Me fui tan rápido que no me di cuenta Cuando dejé atrás a mis amigos, sólo los escuché gritar, pero no miré hacia atrás. Bajé corriendo los escalones hacia la puerta principal. Pero al llegar, mi terror fue más grande al darme cuenta que estaba cerrada. La habÃamos dejado abierta. Yo estaba seguro de eso, pues fui yo quien la dejó. AsÃ, traté de abrirla a golpes. Jalé con todas mis fuerzas desde la manija, pero no parecÃa desistir de pronto. La habitación de un lado abrió la puerta. La oscuridad dentro de ella me estaba llamando el corazón. Me latÃa fuertemente. Yo luchaba por mantener la calma, pero nuevamente algo tomaba poder sobre mis piernas y me adentré en la habitación que se abrió. La puerta se cerró detrás de mà con un sonido sordo. Dejándome atrapado en la oscuridad, mi linterna parpadeaba débilmente y la sensación de que algo me observaba se hizo más intensa. Mis ojos acostumbraron lentamente a la penumbra. La habitación estaba cubierta de polvo y telarañas con muebles viejos y descuidados. Sobre una mesa. Vi una fotografÃa desgastada de una familia feliz parecÃa desentonar con el ambiente tenebroso. De repente, un susurro resonó sobre mi hombro. Giré en todas direcciones tratando de localizar su origen, pero no habÃa nadie más. El susurro se convirtió en voces de niños gritando sin sentido. Me dirigà a la puerta tratando de abrirla y a medida que empujaba, los susurros se hicieron más audibles. Las voces me gritaban exigiendo que saliera de allÃ. Por fin, la puerta cedió y al abrirla me encontré con un panorama que no era el que esperaba. Estaba frente a un estrecho pasillo que parecÃa interminable. Esto era ilógico. La única salida es por donde habÃa entrado. No tenÃa de otra más que caminar por el pasillo. Las paredes parecÃan moverse a mi alrededor. Sentà una presencia frÃa que se acercaba detrás de mÃ. Maldije el momento en el que me convenció Jorge de entrar a la finca. Apresuré el paso para escapar de allÃ. Finalmente llegué a otra habitación. Estaba iluminada por una tenue luz que provenÃa de una ventana rota. Se trataba de la habitación de los niños. HabÃa juguetes por todo el piso. Cuando pensé que me encontraba solo me di cuenta que habÃa una figura de nr pie junto a la ventana con la espalda hacia mÃ. Era la mujer de la cuchara, asà que no quise acercarme. Me di la vuelta y, para agregar más terror a mi situación, la puerta ya no estaba. Me estaba volviendo loco. Entonces la figura se dio la vuelta lentamente y me mostró su rostro. Me dolÃa el pecho. Sin duda me estaba dando un paro cardiaco. La mujer abrió la boca y dejó escapar un grito espeluznante que resonó en toda la habitación. Como pude, comencé a retroceder. Tropezaba con cada paso que daba, pero antes de que pudiera recuperarme, las luces parpadearon y se apagaron por completo. Me sentà atrapado. Todo era silencio. Me quedé acostado por un rato con los ojos cerrados fuertemente y comencé a rezar si habÃa algo ahà que quisiera lastimarme. No lo querÃa ver. Perdà la noción del tiempo mi mi mi mente ese lleno de imágenes horripilantes. ParecÃa que el lugar tenÃa vida propia. No sé cuánto tiempo estuve atrapado en esa pesadilla. Pero finalmente, cuando ya habÃa perdido toda esperanza, las luces de la linterna volvieron a Encenderse estaba en la habitación que me habÃa adentrado. Estaba desorientado y agotado. Corrà hacia la puerta principal y esta vez se abrió sin obstáculos. Salà corriendo de la casa. Sin mirar atrás. En el jardÃn se encontraban mis tres amigos. Los tres me reclamaron pues ya tenÃan varios minutos buscándome. Incluso Jorge estaba por ir en busca de ayuda. Despedà que saliéramos de allà lo más pronto posible. Cuando estábamos por cerrar el portón, tuve la inquietud de mirar hacia la ventana y la vi allÃ. La mujer parecÃa observarme con sus cuencas vacÃas y oscuras. Perdà las fuerzas de manera inmediata y me caà al suelo. Jorge terminó cerrando el portón por su cuenta, mientras José, Luis y Pedro me levantaban Desde aquel dÃa, ninguno de nosotros se atrevió a hablar sobre lo que experimentamos en la finca abandonada. Fue un evento que dejó cicatrices en nuestras mentes y juramos no volver a intentar una tonterÃa. AsÃ, hay lugares que deben mantenerse cerrados y perecer con el tiempo. El recuerdo de aquellos susurros y la presencia maligna en la casa sigue persiguiéndome en mis pesadillas e incluso que ya tengo hijos, prefiero evitar el paso frente a la finca por el miedo de ver aquella mujer otra vez. Espero que mi historia le sirva a alguien de lección con el fin de que comprendan que hay entes que no desean ser perturbados. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








