La Familia Fue La Que Nos Embrujó Historias De Terror - REDE

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Nos embrujaron a mi mamá y a mÃ. Desde que era pequeña, vivÃa en Yamai, un pueblo de Jalisco ubicado en la ribera de Chapala. CreÃa que la casa pertenecÃa a mis padres, porque siempre vivimos en ese lugar, hasta que mi papá se enfermó de un problema renal. En aquella época tenÃa dieciséis años. Cuando comenzaron las vueltas al hospital. Era necesario ir a Ocotlán, porque ahà estaban los especialistas. Todo inició cuando le hicieron a mi papá un examen general de orina. Fue por su revisión anual. La doctora notó una anomalÃa en el resultado y le mandó a hacer más estudios. Cuando se dieron cuenta sus riñones no se encontraban en buen estado, TenÃa insuficiencia renal. Le dieron distintos tipos de tratamientos para intentar salvarlos, pero no fue posible. Mi papá estuvo en protocolo para donación de órganos. Fue un camino largo y difÃcil para que se concrete un donador compatible con él. Le comenté a mi papá que le donaba uno de mis riñones, pero él se negaba a hacerlo. Me dijo que no tenÃa derecho a afectar. Mi salud era muy joven. Aún asà insistÃ. Cuando acudió a consulta, fui con él para decirle al médico que querÃa donar uno de mis órganos. Sin embargo, el médico me dijo que no podÃa hacerlo porque era menor de edad. Ese dÃa salà muy triste del consultorio. TenÃa la esperanza de poder ayudar a mi papá y no era posible. Mientras lograban conseguir un donante para mi papá, lo dializaron a partir de que le hicieron este procedimiento. Su calidad de vida disminuyó mucho. Me daba mucha tristeza ver cómo su cuerpo se deterioraba más. Fueron poco menos de dos años los que estuvimos asà hasta que la vida de mi papá llegó a su fin. Me quedé solamente con mi madre. No tenÃa hermanos, por lo que las dos tratamos de salir adelante a la semana que habÃa muerto a mi mi padre tocaron a la puerta. Era una notificación legal en la que se nos pedÃa que desalojáramos la casa a la brevedad posible, porque los dueños estaban reclamando su propiedad. No supe qué decir. Cuando recibà esa nota, mi mamá habÃa salido a hacer unas compras, asà que la noticia nos sorprendió. Después que regresó, mi mamá le dije lo que habÃa ocurrido, luego que ella leyó la notificación. Lo único que dijo fue un no puede ser y se sentó en el sillón. Me dijo que la casa habÃa pertenecido a mis abuelos paternos. Ellos le dijeron a mi papá que la casa era de él. Sin embargo, nunca hicieron un testamento. No la heredaron de manera legal, sólo de palabra. Uno de los hermanos de mi abuelo reclamó la casa como su hija era abogada. Ãl argumentaba que la propiedad le pertenecÃa. Sólo estaba esperando que muriera el último de los hijos de su hermano para reclamar lo que era suyo. En la nota decÃa que tenÃamos un mes para desocupar la vivienda. Mi madre se asesoró de una abogada, pero cuando ella hizo la investigación pertinente, dijo que todo era legal. No habÃa mucho por hacer. La propiedad estaba en nombre del hermano de mi padre. La abogada dijo que probablemente él se valió de ciertas artimañas para lograr sacarle la firma a mi abuelo. Ya no quisimos indagar más La casa en la que vivà desde que nacà no nos pertenecÃa. Mi mamá dijo que tendrÃa que buscar un trabajo para poder salir adelante y poder pagarme mis estudios. Le comenté que yo también trabajarÃa. Empezamos a buscar una casa en renta. Pudimos pagar una que estaba cerca de la carretera, en las afueras del pueblo. Cerca de la casa habÃa un restaurante. Entramos a trabajar en ese lugar. Estuvimos un tiempo tranquilas, sacando nuestros gastos sin tantas complicaciones, hasta que un dÃa mi mamá se desvaneció en el restaurante. La llevé al médico dijo que probablemente tenÃa un problema en el corazón. Después que le hicieron los estudios necesarios, el médico dijo que era una miocardiopatÃa. Fue el motivo por el cual mi mamá se desmayó y se sentÃa cansada. El doctor dijo que era porque los músculos cardÃacos estaban dañados. Le dio un tratamiento a mi mamá. Cada mes tendrÃa que acudir a la consulta médica. En caso de que el tratamiento no fuera suficiente, tendrÃa que realizarse una cirugÃa para la implantación de un marcapasos. El médico le explicó a mi mamá los cuidados que debÃa de tener, asà como la dieta que debÃa seguir. Mi mamá estaba preocupada porque tenÃa que cuidarse mucho. Le dije que no se preocupara. Pronto cumplirÃa la mayorÃa de edad y podrÃa conseguir un mejor empleo. Seguimos trabajando en el restaurante, pero a mi mamá cada vez se le hacÃa más pesado, se le hinchaban las piernas, se sentÃa débil y fatigada. Cuando fuimos de nuevo a consulta, el médico nos dijo que ya era tiempo de poner un marcapasos, pero la cirugÃa tenÃan que hacerla en la ciudad de Guadalajara en centro. Médico nos dio el pase para que la atendieran en ese hospital. Le dije a mi patrona lo que estaba ocurriendo con mi madre. Ella se portó muy accesible. Me comentó que tenÃa una casa que no estaba usando, no estaba en las mejores condiciones, pero nos podÃa servir para habitarla por unos dÃas. Le agradecà mucho su apoyo. Hice los preparativos para irnos a Guadalajara, estábamos a punto de salir de la casa. Cuando tocaron a la puerta, era un mensajero del hermano de mi abuelo en el que dejaba un citatorio para que mi mamá se presentara a firmar un documento legal. Le dije que mi madre no estaba en condiciones de realizar ese tipo de diligencias, que ya cuando regresáramos nos encargarÃamos de eso. El hombre estaba desesperado. Me dijo que sólo era cuestión de asistir a la firma. En dos dÃas después nos marcharÃamos al hospital. Le le le dije que no era posible y nos fuimos. La verdad era que estaba muy molesta con esa persona, asà que no me importó no ir con mi mamá a la firma. En el despacho a nuestra llegada a Guadalajara, pedà un taxi para que me llevara a la colonia Mexicalzingo. En pocas ocasiones cuando era niña habÃa ido a la ciudad. La conocÃa muy poco. Cuando nos adentramos en la Mancha urbana, se me hizo muy grande y ruidosa. Me dio temor estar en un lugar desconocido. Llegamos por la tarde a la colonia. Era una casa muy antigua que se encontraba cerca de la iglesia de Mexicalzingo. La casa estaba llena de polvo y olor a humedad. Se notaba que hacÃa mucho tiempo que nadie la habitaba. Lo que restaba del dÃa me puse a limpiarla y dejarla en condiciones habitables. Cuando acomodé nuestras pocas pertenencias, empecé a sentirme más cómoda. Al dÃa siguiente acudà con mi mamá al hospital. El cardiólogo dio fecha para la cirugÃa. Dijo que mi madre era candidata para ponerle un marcapasos. De esa manera iba a mejorar su calidad de vida. Nos dijo que en una semana la iba a operar, pero era necesario hacerle los estudios preoperatorios para ver la condición de su organismo. Fui a pedir a recepción las citas. Le dieron una cita para cada dÃa para los análisis completos de laboratorio, el electrocardiograma, la radiografÃa y otros estudios más. Hablé con mi patrona para decirle que no podrÃamos regresar pronto. Ella me dijo que no me preocupara la casa. La podÃamos usar el tiempo que fuera necesario y si necesitaba más dinero, ella me podÃa adelantar un poco de mi sueldo le dije que por el momento no lo requerÃa. La casa era muy grande. Después que acomodé a mi mamá en su habitación, fui a recorrerla. HabÃa un cuarto que tenÃa balcón y su ventana daba al parque de la colonia. Al lado habÃa una tienda enorme que vendÃa juguetes. Al otro lado era un local que reparaba lavadoras y artÃculos para el hogar, por lo que no tenÃa ningún vecino. Eran casi las nueve de la noche. Me quedé un rato en el balcón para tratar de sentirme parte de esa ciudad casi desconocida. Mientras observaba hacia el exterior, sentà una ráfaga de viento que venÃa del interior de la casa. Me volteé y vi que la cortina se movÃa. Entré para revisar de dónde provenÃa la corriente de aire. HabÃa un cuarto que tenÃa la puerta y la ventana abierta. Se me hizo bastante raro porque no habÃa abierto ninguna ventana. Cerré todo y me regresé a mirar a la calle. Estuve durante varios minutos. De pronto sentà la presencia de alguien. Pensé que se trataba de mi mamá. Me metà a la casa para buscarla. TenÃa la sensación de que alguien estaba todo el tiempo detrás de mÃ. Cuando entré al cuarto de mi madre, ya se habÃa dormido. No pude entender por qué sentÃa que habÃa alguien más en la casa. Encontré en la sala un estante de libros. Comencé a buscar uno que llamara mi atención. Cuando iba a agarrarlo, uno de ellos se cayó sin ninguna explicación posible. Me agaché para recogerlo. Cuando estaba hincada recogiendo las hojas que se habÃan salido de su interior. Sentà como si alguien me pusiera su mano sobre mi cabeza. Me querÃa levantar y no podÃa hacerlo. Fueron unos segundos que intenté zafarme de esa fuerza desconocida hasta que me soltó y me incorporé. Me giré hacia todos lados, pero no habÃa nadie a mi alrededor. Era una situación extraña lo que me ocurrÃa después de ese suceso comencé a tener miedo. No sabÃa a qué. TenÃa la impresión de que habÃa alguien que me observaba habÃa acondicionado otra habitación para dormir aparte, preferà irme al cuarto de mi mamá. A su vez vigilaba que estuviera bien. En el cuarto estaba un sofá Me acomodé en él. No tenÃa sueño, pero sabÃa que tenÃa que descansar. Hubo un momento en que me quedé dormido. Luego de un buen rato de insomnio, tuve un sueño recurrente en el que una mujer me perseguÃa. CorrÃa en una llanura hasta que ya no tenÃa salida. Llegaba al borde de un acantilado. La mujer era de cabello largo y oscuro. TenÃa unas manos siniestras. Llegaba sonriendo y me aventaba al vacÃo. Desperté abruptamente. Sentà como si realmente estuviera cayendo, aunque lo que me pasó fue que me caà del sillón. Pensé que sólo era por la pesadilla. Nuevamente comencé a quedarme dormida. El mismo sueño sucedÃa una y otra vez hasta que preferà quedarme despierta vi el reloj eran las cuatro de la mañana. Mi madre sà podÃa descansar. DormÃa profundamente un ruido en una de las habitaciones me alteró más mi sistema nervioso. Se escuchaba que tocaban en la puerta. Dieron tres golpes. Primero pensé que se trataba de la puerta principal. Me envolvà en la cobija y me fui a asomar afuera. No habÃa nadie. Después escuché que era en la parte de arriba. Tocaron nuevamente en la puerta. Fui hasta esa habitación con claridad. Me di cuenta que los golpes venÃan del interior de ese cuarto. Tuve miedo a abrirla. Preferà ignorarla e irme con mi madre. Era el único lugar en el que me sentÃa segura. Mi mamá se levantó muy temprano. Me despertó para que nos fuéramos al hospital. Salimos con prisa porque ya casi eran las siete de la mañana afuera. HabÃa movimiento de comerciantes que llevaban su mercancÃa al mercado que estaba a un lado del parque. Cuando salimos de la casa, un señor que llevaba su verdura en un diablo se nos quedó mirando sorprendido al vernos a la pasada. Mi madre lo saludó. Ãl ni siquiera respondió de lo asombrado que estaba un camión. Pasaba por la avenida y nos llevaba hasta centro médico. Pronto estuvimos en el hospital. Después que salimos, le dije a mi mamá que fuéramos al centro a conocer ya habÃa ido cuando era muy chica, pero tenÃa recuerdos. Vagos caminamos durante toda la mañana por el centro. Mi madre quiso entrar a la catedral a rezar una oración. Después entramos al mercado de San Juan de Dios. En ese lugar habÃa venta de todo tipo de artÃculos, desde su venires para los turistas, fruta verdura, artÃculos de piel, joyerÃa, tenis y muchas cosas más. Me quedé impresionada por la cantidad de cosas que vendÃan Sin darme cuenta. Entramos en un pasillo en el que vendÃan hierbas medicinales, amuletos, artÃculos para atraer la abundancia y muchas cosas esotéricas. Era curioso porque esos locales eran atendidos por mujeres que nos querÃan leer la mano. Una de las mujeres se salió de su negocio y me tomó por sorpresa la mano. Quise zafarme, pero ella me la retuvo. Estaba leyendo mi futuro de pronto me la soltó de inmediato. Le pregunté qué pasaba. Ella me dijo que nada y se metió a su puesto. Nos fuimos del mercado un poco desconcertadas. Mi mamá me preguntó qué le pasó. A la mujer le respondà que no supe por qué se comportó de esa manera. Antes de entrar a la casa, mi mamá quiso sentarse en una de las bancas que estaban en el parque. Era temporada de pitayas y mi mamá quiso comerse una mientras las degustamos. Miré a la casa que estábamos habitando estaba descuidada, aunque le quedaban reminiscencias de que fue una vivienda bonita. De repente vi a alguien que estaba en la ventana. Era la silueta de una persona. Me levanté de la banca. Le dije a mi mamá que la viera habÃa alguien dentro de la casa. Cuando mi madre la vio hasta la pitaya, se le cayó tratando de darle una explicación lógica. Pensé que alguien de la familia de mi patrona habÃa entrado en el parque. HabÃa un teléfono público. Le marqué a mi patrona para preguntarle si habÃa mandado a alguien a la casa. Ella me dijo que no. En Guadalajara ya no tenÃa familia. Además, nadie tenÃa la llave. Me preguntó qué estaba sucediendo. Cuando le dije ella rápido, me dijo que llamara de inmediato a la policÃa. Le pregunté a un señor que pasaba cómo le hacÃa para hablarle a la patrulla. Ãl me dijo cómo hacerlo. A los pocos minutos estuvo la patrulla enfrente de la casa. Le dije al oficial lo que habÃa sucedido. Ellos entraron primero a la casa. La revisaron sin encontrar a nadie. Me dijeron que se iban a quedar un rato más enfrente de la vivienda. Por si algo se me ofrecÃa, tenÃa mucho miedo de entrar, porque lo único que pude corroborar con la presencia de la policÃa que sà habÃa alguien dentro de la casa. Sin embargo, no era de este mundo. No sabÃa si mi mamá no se daba cuenta de lo que sucedÃa o preferÃa hacer como si no pasaba nada. Entramos a la casa. Desde el momento en que ingresamos la casa se sintió helada como si estuviéramos dentro de un refrigerador. Era extraño porque afuera no hacÃa tanto frÃo. Mi mamá dijo que se debÃa a que era una casa muy grande y no habÃa gente dentro de ella. El calor de la estufa de las mismas personas hacÃa que una vivienda tuviera más calidez. Se me hizo razonable, aunque no creÃa que esa fuera la razón principal por la que sentÃa ese frÃo. Me dio la sensación de que era como el frÃo de un muerto. Estuvimos en la casa el resto del dÃa me sentÃa más tranquila, pero no podÃa quitarme la idea de que habÃa alguien dentro. Los ruidos extraños continuaron, se escuchaban pasos en el piso de arriba como si hubiera una persona caminando por todas partes. Aunque no hubo más manifestaciones por la noche, era cuando más actividad. HabÃa la cuarta noche. La pasé peor porque una puerta de los cuartos se abrió y se azotó sin motivo alguno. Mientras trataba de dormir. Sentà como si alguien estuviera oprimiendo mi garganta. Me costaba trabajo respirar por un momento pensé que iba a morir. Después que me pude incorporar, me aventaron uno de los objetos que estaba en nà el tocador. Mi madre se despertó. Me preguntó qué estaba pasando. Le dije todo lo que ocurrÃa. Ella era muy creyente en los seres de otro mundo. Se sentó sobre la cama y me dijo que ella habÃa notado cosas extrañas. No me quiso decir para que no me diera temor. Me dijo que desde el momento en que entró por primera vez a la casa, sintió la presencia de un espÃritu. La noche anterior vio que alguien pasó por el pasillo. Cuando la puerta estaba abierta, vio una sombra negra que la cruzó. Mi madre me estuvo diciendo todo lo que vio. También le conté lo que me sucedió. Le dije que no podÃamos quedarnos en esa casa. TenÃamos que irnos. Ella me comentó que no tenÃamos el dinero suficiente para sufragar nuestra estancia. Además, no sabÃamos por cuántos dÃas Ãbamos a estar ahà y aún faltaba la cirugÃa. Era verdad lo que mi mamá me dijo. Me sugirió que fuera de nuevo al mercado de San Juan de Dios con la señora que quiso leer mi mano, que le dijera todo lo que me sucedÃa. Sin esperar más tiempo. Por la mañana me fui al mercado, no quedaba tan lejos de donde vivÃa. Quise que mi mamá me acompañara, pero ella me dijo que se sentÃa muy cansada. PreferÃa quedarse a dormir. En cuanto llegué al puesto de la señora que vendÃa hierbas, ella me dijo que sabÃa que iba a regresar. Le pregunté por qué. Me respondió que me estaban sucediendo hechos extraños. Le dije que por eso habÃa acudido con ella. La señora me pidió que pasara dentro de su local. Me sentó en una silla pequeña. Ella también se sentó enfrente. Tomó mi mano. Después que hizo su lectura. Me dijo que habÃa un espÃritu que me estaba siguiendo. Era el de una mujer que estaba muerta. Le comenté que ella no me seguÃa. Ya estaba en la casa. Cuando llegué, ella movió su cabeza negando todo. Me dijo que ese espÃritu era el de una mujer que habÃan asesinado y que me habÃan hecho un trabajo, Me habÃan quitado mi espÃritu a tanta vez del aliento y lo habÃan encerrado en el sepulcro de esa mujer. No era ella la que me estaba siguiendo, Era parte de mi alma la que estaba dentro del ataúd. Por eso estaban conectados los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Luego que la mujer me dijo no lo podÃa creer, le pregunté por qué alguien me pudo haber hecho eso. La mujer me respondió que pensara en alguien que me quisiera dañar. O me tuviera mucho coraje de inmediato. Pensé en el hermano de mi abuelo y en su hija, que era abogada, como no encontró una manera de que mi madre le firmara. Acudieron a la brujerÃa. Me dio tanto coraje tan sólo de pensar que eran ellos los que nos hicieron esa maldad. La señora del Mercado de San Juan de Dios me dijo que si ya tenÃa la seguridad de saber quién me habÃa hecho ese trabajo, podÃa empezar a trabajar para lograr sacar mi espÃritu de esa tumba. No iba a ser sencillo a hacerlo, pero intentarÃa conseguirlo. La señora me pidió que hicieran un cÃrculo con cal que tuviera como diámetro, al menos dos metros, con seis velas de color blanco, poner en el centro del cÃrculo dos triángulos invertidos para que quedara la forma de la estrella de David. Me dijo que pusiera al centro de esa estrella un espejo y encima la medalla de San Benito. El propósito de la medalla era para que San Benito me ayudara a alejarme de ese espÃritu, ya que este santo fue conocido por realizar exorcismos y ser protector contra las fuerzas del mal. El poder que tenÃa esa medalla era porque de un lado tenÃa una cruz y del otro la imagen del santo, asà como una inscripción en latÃn que era una oración poderosa en contra de las fuerzas del mal. Empecé en la noche cuando salió la luna. La mujer me pidió que lo hiciera al aire libre, por lo que dibujé el cÃrculo en el patio ya tenÃa todos los elementos que me habÃa dicho. Comencé el ritual. Después que encendà las velas, tenÃa en mi mano un puñado de o sal de grano que fui regando al interior del cÃrculo. Mientras caminaba por fuera de él, arrojaba la sal dije unas palabras en latÃn excus signos mal, sacra, luz, hinchisulfate. Estuve repitiendo en varias ocasiones esta frase. Continué caminando alrededor del cÃrculo. En apariencia no sucedió nada. Lo hice por una hora y me fui a descansar. Mi mamá me observaba desde el interior de la casa. No supe cuál fue el motivo, pero me sentÃa muy cansada. Me quedé dormida. En cuanto me acosté, tuve una serie de sueños espantosos. El peor fue cuando me vi dentro de un ataúd. Estaba encerrada sola. Cada vez me hacÃa falta el aire estaba a punto de morir cuando desperté, Pero lo que vi fue peor. Me observaba dormir una espectro negro. Estaba completamente oscuro. TenÃa a mi lado la medalla de San Benito y un amuleto de protección que me dio la señora del Mercado. Apreté con fuerza la medalla mientras repetÃa en mi mente las palabras en latÃn que dije durante el ritual la sombra oscura no se iba. Pensé que le podÃa hacer daño a mi mamá porque estaba parada a un lado de ella, pero no fue asÃ. Estuvo parada durante unos segundos. Después se fue justo en el momento en que se marchó. Empecé a oler un aroma a flores, el olor a humedad y mojo. Se habÃa marchado. Mi mamá estaba muy asustada. Le pregunté si percibÃa ese olor. Ella me dijo que sÃ. Me acosté a un lado de ella por qué estaba temblando. Pensé que era porque se habÃa asustado la arrope y nos quedamos dormidas. Esa noche pude dormir sin tener ninguna pesadilla. Desaparecieron los seres siniestros. Me desperté porque me di cuenta que mi madre tenÃa mucho frÃo. La tapé con la cobija y la abracé. Me dijo que se sentà muy cansada, Se quedó dormida, respiraba con dificultad. Me asusté. Lo único que se me ocurrió fue ir por un médico de una farmacia similar al l l o fue de inmediato. Revisó a mi mamá me comentó lo que ya sabÃa, que estaba muy delicada del corazón que me fuera a llevarla a urgencias médicas. De inmediato tomé un taxi y me fui a centro médico. La internaron de urgencia. Estuve más de tres dÃas en el hospital. Mientras mi madre se recuperaba por la noche. TenÃa la sensación de que alguien rondaba en los pasillos del hospital, sobre todo en la madrugada, cuando los médicos y las enfermeras solÃan descansar. Lo. Ãltimo que vi fue la sombra de una mujer que se quedó por unos segundos en el umbral de la puerta de la habitación en la que nos encontramos. Después de esa ocasión no volvà a sentir la presencia de nadie. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








