La Entrada Al Infierno Historias De Terror - REDE

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La entrada al infierno. Soy originaria de Atemajac de Brizuela Jalisco. Me vine de mi pueblo cuando tenÃa dieciocho años de edad. La intención de estar en Guadalajara era para estudiar en la normal y ser maestra. Mi madre le pidió de favor a su hermana Mari que me recibiera en su casa para que me apoyaran durante mi etapa de estudiante. Asà fue como llegué a una colonia que se encontraba en las faltas del Cerro del Cuatro. En aquella época, la casa de mis tÃos estaba en las orillas de la zona metropolitana. El cerro era un lugar sin habitar. Actualmente se encuentra poblado hasta llegar a la cima. Cuando tenÃamos oportunidad de ir al cerro, lo hacÃamos en familia los domingos. Principalmente nos Ãbamos caminando hasta llegar a la mitad de la colina. Ahà nos quedábamos a jugar a mis primos más pequeños. Nos gustaba llevar pelotas y correr con ellos. A mà me llamaba la atención ir a los ojos de agua. Eran pequeños pozos en los que nacÃa el agua. En una ocasión, uno de mis primos mayores me dijo que subiéramos hasta la parte más alta del cerro. Le dije que era muy cansado que yo no irÃa. Mi primo, Pepe se fue solo hasta la cima. Además, caminó hasta la parte de atrás. Ese dÃa ya nos querÃamos venir a descansar, pero él no llegaba. Mi tÃo ya iba en su búsqueda. Cuando se lo encontró a medio camino, Pepe venÃa entusiasmado. Nos dijo que del otro lado del cerro habÃa dos cuevas juntas eran muy grandes. Ãl quiso entrar para ver que habÃa en su interior, pero no se atrevió porque escuchó una voz que le habló desde adentro. Nadie creÃmos la historia de mi primo. Todos pensábamos que era parte de su imaginación para que otro dÃa lo acompañáramos, pero eso no sucederÃa. Cuando llegamos a la casa Pepe me dijo que era cierto lo que nos habÃa dicho, que no tenÃa razón para inventar lo que habÃa visto. Además, habÃa algo que no nos contó. Me dijo que vio una persona que entraba a la cueva y que ya no salió. Ya no quiso decir más porque notó que ni siquiera le creyeron. Le dije que yo sà le creÃa en otra ocasión lo podÃa acompañar para verlas. Incluso nos podÃamos quedar durante un rato para ver si entraba o salÃa alguna persona. Con el comentario que le hice Pepe se quedó más tranquilo. Lo que platicamos aquella vez quedó solo en comentario porque ya no volvimos a ir al cerro del cuatro, porque mi primo Pepe se enfermó. Comenzó a bajar de peso repentinamente. Después el cabello se le fue cayendo. Cuando lo llevaron al médico, el diagnóstico que dio no fue nada alentador. El doctor dijo que tenÃa cáncer. Estuvo en tratamiento médico durante largo tiempo, pero su condición hizo que las rutinas en casa de mis tÃos cambiaran por completo. Era más importante la salud de Pepe. Me llevó cuatro años terminar mi licenciatura en la educación, casi los mismos años para que a mi primo Pepe le dijera el médico oncólogo que su enfermedad se encontraba en remisión a toda la familia. Nos dio tanto gusto saber que Pepe se encontraba mejor. Asà que el dÃa de mi graduación fue doble celebración. Hice el examen de oposición para conseguir una plaza como maestra de primaria. Pensaba que me regresarÃa a atemajac de Brizuela a ser maestra en mi pueblo, pero la plaza que obtuve fue para bella vista. Ahà estuve durante varios años hasta que se me presentó la oportunidad de regresar a Guadalajara. Hubo una plaza para maestra en la primaria porfirio renterÃa en la colonia mezquitera otra vez pude estar cerca de mis tÃos y mis primos y mi tÃa de nuevo me ofreció su casa para que me quedara con ellos, pero en esta ocasión ya no lo quise hacer. Ya tenÃa la posibilidad de rentar un lugar para vivir. Le agradecà mucho. Les dije que sólo me permitiera quedarme en lo que conseguà una habitación en renta. En el momento en que fui a la primaria en la que trabajarÃa, me sorprendió ver que la mayor parte del cerro del Cuatro ya se encontraba poblado. Aquellos lugares a los que acostumbrábamos ir ya sólo eran viviendas. Supongo que los ojos de agua que tanto me gustaban desaparecieron. Pude encontrar una casa pequeña en renta estaba muy cerca de la primaria a la que irÃa a trabajar. La zona no era ideal porque la mayor parte de las casas que habÃan construido eran asentamientos de gente que llegó y se plantó en ese terreno y asà construyeron sus casas, por lo que las personas eran de bajos recursos económicos Esto hacÃa que hubiera drogadicción e inseguridad cua tÃa mari Supo que me irÃa a vivir al cerro del cuatro. Me dijo que tuviera mucho cuidado porque era una zona peligrosa. Le dije que lo intentarÃa unos meses. Si no me sentÃa segura, entonces le aceptarÃa su propuesta de irme a vivir a su casa. En la casa que rente habÃa varias viviendas juntas. Era una calle privada. Desde el primer dÃa que llegué, una señora joven se acercó conmigo. Me dijo que se llamaba Mercedes y que cualquier cosa que necesitara podÃa acudir con ella. Me señaló la que era su vivienda. Era cierto que la colonia era insegura, pero me fue muy bien con los vecinos que tuve en esa calle privada. De cierta manera me sentÃa protegida, porque cuando acudÃa con alguna de mis vecinas de inmediato me apoyaba. Lo que sà me dijeron fue que tratara de no salir por la noche, porque entonces me podÃa exponer a que me asaltaran. Una tarde que venÃa de la primaria, vi a varias de mis vecinas reunidas. Entre ella ellas estaba a Mercedes. Ella en cuanto me vio, me hizo una señal para que me acercara. Sin decir nada, fui hacia ellas. Escuché que estaban comentando sobre una muchacha que le habÃa pasado un evento desagradable, pero no alcancé a entender de qué se trataba. Después que las mujeres se fueron, Mercedes me dijo que la hija de otra vecina la habÃa seguido un ánima y que la perseguÃa a todas partes. Me comentó que ella habÃa ido a las dos cuevas que estaban del otro lado del cerro. Cuando Mercedes me habló sobre esas cuevas de inmediato se vino a mi mente, mi primo Pepe recordé que habÃamos dicho que irÃamos a verlas, pero por su enfermedad ya no fue posible. Le platiqué a Mercedes lo que habÃa visto mi primo. Ella me dijo que todo era verdad y que lo más probable fue que él se enfermó de cáncer porque recibió una maldición del que habitaba en la cueva. Lo que me comentó mi vecina se me hizo muy exagera. Era verdad que la enfermedad de mi primo habÃa coincidido con el tiempo en el que él vio las cuevas, pero todo era una mera casualidad. Me dijo de la hija de la vecina, de nombre Azucena, que ella sà entró a una de las cuevas. Según su testimonio, hay seres que habitan en el interior, una sirve como entrada y la otra como salida. Le pregunté a Mercedes a qué se referÃa con eso. Ella me respondió que era la entrada a otro mundo el de los muertos y que si una persona viva entraba, tratarÃan de llevarla con ellos. Por respeto y afecto que ya le tenÃa. A Mercedes no le dije que no creÃa nada de lo que me habÃa dicho, porque recordé aquella época en la que Ãbamos muy cerca de las cuevas y nunca sucedió nada como si Mercedes hubiese escuchado mis pensamientos. Me preguntó si habÃa visto últimamente a mi primo, porque una cosa era que su enfermedad estuviera en remisión, pero eso no querÃa decir que ya estuviese curado. También me preguntó sobre los detalles de cuando mi primo entró a una de las cuevas. Le dije que sabÃa muy poco hasta ese momento. Me di cuenta que no le habÃa puesto tanto interés a lo que contó pepe porque sólo lo escuché de manera superficial sin entrar en detalles. Pensé que el siguiente fin de semana irÃa para saber cuál era su estado de salud, también para que me contara todo lo sucedido. Aquella vez que vio las cuevas, me despedà de Mercedes con la idea de ver a mi primo. Me fui a mi casa y me dispuse a comer y distraerme un rato en la televisión. Muy temprano me dio sueño y me fui a dormir. No sé qué horas serÃan, pero ya era avanzada la noche cuando escuché varios gritos desfavoritos de una mujer, me levanté de inmediato para ver de quién se trataba. Creà que podrÃa ser uno de los hijos de Mercedes y que o y que que ella pedÃa ayuda para ir al hospital. Varios vecinos también se levantaron. Lo que vimos nos pareció muy trágico. Era la muchacha que me habÃa platicado Mercedes, la que entró en las cuevas. Ella estaba rasguñada de la cara, tenÃa la mirada fija en la nada, mientras en su rostro se le veÃa el pavor como si estuviera viendo un muerto. Se tapaba con sus manos, sus oÃdos como para dejar de escuchar algo que la molestaba y gritaba de una manera horrible. Uno de los vecinos que tenÃa una camioneta se ofreció a llevar a la chica al hospital. Se fueron de inmediato. Su madre se fue con ella, luego que se marcharon. Me acerqué a platicar con Mercedes. Ella me dijo que la muchacha estaba como poseÃda. Ella creÃa que los médicos del hospital no le iban a poder sanar, que necesitarÃan ir con una bruja poderosa para que la pudiera ayudar a liberarse de sus malos espÃritus. Le pregunté a Mercedes si ella conocÃa a personas que hicieran ese tipo de trabajos. Ella me respondió que sÃ. Más arriba del cerro habÃa una mujer que se dedicaba a hacer limpias, romper maleficios, dar amuletos de protección y más cosas. Me dijo que si un dÃa querÃa ir me, podÃa llevar solo que tuviera cuidado con lo que le pedÃa, porque era capaz de todo. Esa noche nos despedimos para irnos a descansar por la mañana antes de irme a trabajar. Vi que llegó en taxi la vecina era la madre de la chica que se habÃa puesto mal en la madrugada. Cuando le vi su cara, supe que las cosas no estaban bien. Otras vecinas la abordaron para preguntarle el estado de su hija. Ella se soltó llorando. Les dijo que su hija habÃa muerto. No me pude quedar a hablar con la señora, porque llevaba poco tiempo para ir a la primaria a trabajar. Sin embargo, toda la mañana estoy pensando qué pudo haber pasado en la escuela. A mà me habÃan dado la plaza de maestra en la mañana y estaba supliendo una plaza por la tarde, asà que me llevaba todo el tiempo estar en la primaria. Cuando regresé a mi casa, habÃan muchas personas reunidas en el patio interior y es que acababa de llegar el cuerpo de la muchacha en la sala de su casa. Acomodaron el ataúd y los sirios en el aire se respiraba la tristeza de esa familia. Por la noche. Saqué una de mis sillas para acompañar a mi vecina, Mercedes, estaba reunida con otro grupo de señoras. Cuando me vio se acercó conmigo. Le saqué otra silla para que se sentara a mi lado, sin que le preguntara nada. Mercedes me dijo que un espÃritu malo se habÃa llevado el alma de esa muchacha y que los médicos no pudieron hacer nada por ella porque se puso muy mal y del susto le dio un paro cardiaco. Trataron de reanimarla sin lograrlo. Mercedes bajó un poco la voz para decirme que el rostro de la muchacha estaba todo arañado y golpeado, como si alguien la hubiera atacado. Por más que la arreglaron. Se le veÃa en su rostro los estragos del sufrimiento. Me dijo que fuera a verla para que comprobara que era cierto. Le dije que no pensaba hacer eso. Nos quedamos durante varias horas acompañando a la familia de la chica recién fallecida un poco antes de la medianoche. Me fui a descansar porque al dÃa siguiente tenÃa que trabajar. Me dijeron que la misa y el entierro serÃan durante el transcurso de la mañana, por lo que no podrÃa asistir a mi regreso del trabajo. Vi a un grupo de señoras que estaban reunidas afuera de la casa de la chica. TodavÃa estaban las señales del funeral en la vivienda. Todas las flores que le habÃan regalado a la muchacha estaban regadas en la pared Me acababa de meter a mi casa cuando escuché que tocaron con fuerza en la puerta. Era merced que fue a decirme lo que habÃa ocurrido en la madrugada. Me dijo que el espÃritu de la muchacha no estaba descansando porque su alma estuvo presente en la noche. Las flores se caÃan a cada momento en la cocina de su mamá. Varios trastes se rompieron. Incluso hubo quien dijo que la habÃa visto pasar por el pasillo de su casa. Lo único que creà de todo lo que me dijo Mercedes fue que estaban muy alterados por la forma en que ella murió y que los demás eventos seguramente tenÃan una explicación que se les hizo más fácil creer que era el espÃritu de la joven. Todo lo sucedido. Me hizo recordar que tenÃa que ir a visitar a mi tÃa Mari y ver cómo estaba mi primo Pepe. Además, querÃa que me diera los detalles de aquellas cuevas que vio hace mucho tiempo. El sábado por la mañana fui a la casa de mi tÃa, le pregunté dónde estaba Pepe. Me dijo que se encontraba trabajando, pero que cada dÃa lo veÃa mal. TenÃa miedo de que el cáncer hubiera regresado, porque habÃa bajado nuevamente de peso y lo notaba muy cansado. Esa noticia me dio tristeza. Pepe y yo éramos casi de la misma edad y que él no pudiera hacer su vida normal. Me daba pena Mi tÃa me dijo que él regresaba del trabajo al mediodÃa, asà que me quedé para esperarlo. Cuando lo vi entrar a la casa, me sorprendió verlo extremadamente delgado. Incluso se le notaba un cansancio extremo. A Pepe le dio mucho gusto verme de nuevo. Le dije que necesitaba hablar con él. Me llevó a su cuarto. Ahà le pregunté por su estado de salud. Ãl me dijo que ya se habÃa hecho más pruebas para ver si el cáncer habÃa regresado. Los análisis salieron bien, pero él no entendÃa el motivo por el que sentÃa un cansancio extremo. Después que me comentó todo lo que estaba haciendo para que la enfermedad no regresara. Le dije que tenÃa que contarme todo lo que vio en las cuevas del cerro del cuatro. Le platiqué todo lo que pasaba en el lugar en el que vivÃa y la manera tan extraña en que murió. Mi vecina. Pepe me abrazó casi llorando. No esperaba que fuera a tener esa reacción. Me dijo que era la primera persona que le hacÃa caso, ya que nadie le habÃa creÃdo cuando lo contaba. Incluso preferÃa ya no decirlo para que no se burlaran de él. Pepe me platicó que aquel dÃa que llegó de las cuevas vio con claridad cuando una mujer entraba una de las Cavidades que esperó para que saliera, pero nunca lo hizo. Por esa razón, aquella vez se demoró tanto porque esperaba verla de nuevo cuando vio que no salÃa decidió entrar en el momento en que iba avanzando hacia el interior de la cueva. Empezó a sentir mucho frÃo, como si estuviera entrando a una cámara de refrigeración. Después empezó a oler muy mal, como algo echado a perder. No me pudo decir con exactitud a que olÃa. Lo que sà me comentó fue que él sà creyó, que enfermó por haber entrado a la cueva, porque habÃa algo misterioso al interior de ella. Mi primo terminó diciéndome que casi todas las noches veÃa a aquella mujer que entró en la cueva se le aparecÃa en los sueños con una mirada siniestra, al igual que su risa. Pepe me dijo que era algo más que una bruja. Era la esposa del demonio. Luego mi primo me dijo todo lo que habÃa visto. Me quedé consternada pensando en que la chica que murió habÃa sido por una causa sobrenatural. En ese momento fue cuando comencé a creer en todo lo que ocurrÃa alrededor de las cuevas. Le pregunté a Pepe si estarÃa dispuesto a acompañarme a aquel lugar en donde estaban las cavidades. El de inmediato lo negó. Me dijo que ya no regresarÃa a aquel lugar porque si por una vez que entró muy poco se habÃa enfermado tanto que no que r o r r rÃa que le pasara lo mismo que a mi vecina, él no morirÃa por la misma causa. Después de platicar me despedà de mis familiares y me fui a mi casa. Llegué cuanto comenzaba a oscurecer, hice mis planeaciones de clases de la siguiente semana. No me di cuenta que habÃan pasado varias horas y continuaba trabajando. Creo que el rosario lo rezaron y me pasó desapercibido. Escuché que tocaron a la puerta con unos golpes suaves. Creà que se trataba de Mercedes. Cuando abrà la puerta no habÃa nadie afuera. Pensé que quizás me habÃa confundido y habÃan tocado en la casa de al lado. De nuevo me metà en mi trabajo. Nuevamente tocaron a la puerta, pero en esta ocasión lo oà con más intensidad. Salà de nuevo sin ver a nadie. Mientras me quedé en el umbral de la puerta para ver de quién se trataba. Tuve la sensación de que una ráfaga de aire muy frÃo entraba a mi casa. No puedo afirmarlo con seguridad, pero a partir de ese momento comenzaron a suceder manifestaciones en mi casa. Escuchaba cómo los trastes se movÃan en el fregadero como si los estuvieran acomodando. También me daba la sensación de que alguien habÃa dentro de la casa. Lo peor que me pasó fue más tarde, cuando me encontraba en mi cama. Empezaba a quedarme dormida. En ese momento vi que alguien cruzaba por el pasillo hasta el sueño. Se me espantó. Me quedé sentada en la cama esperando ver de nuevo esa sombra que se movÃa dentro de mi casa. Fue todo lo que vivà ya. No volvieron a suceder otro tipo de eventos, pero la mañana siguiente fui con Mercedes le dije lo que me estaba pasando. Ella me comentó que se trataba de la muchacha, pero yo le dije que no creÃa que fuera ella, porque tenÃa la sensación de que era algún otro ser siniestro, algo asà como un demonio. No era la única que comenzó a presenciar cosas extrañas al interior de su vida. También los demás vecinos decÃan lo mismo. Hubo una persona que nos dijo que en la madrugada vio a un ser oscuro que se movÃa en el patio. Mercedes fue la que tuvo la iniciativa para decir que lleváramos a alguien que hiciera una limpia las casas. Quizás el alma de la chica no estaba descansando. Era necesario ayudarla para que trascendiera otro plano. Todos estuvimos de acuerdo. Mercedes llevó a la persona que ella conocÃa. Ese dÃa por la tarde llegó en cuanto ella entró a la privada. Nos dijo que todo el lugar estaba invadido de algo siniestro, un ser que no era de este mundo. Estaba cohabitando con todos. Una de las vecinas le dijo sobre la chica que habÃa muerto apenas unos cuantos dÃas. La mujer cerró los ojos tratando de concentrarse y moviendo la cabeza de un lado hacia el otro. Nos dijo que no era ella. Era algo más fuerte que probablemente fue quien le hizo daño a esa muchacha. La mujer comenzó a orar y a hacer una serie de rituales para que se fuera el ser siniestro. No era creyente de esas cosas hasta que pude ver como un espectro de color negro se hacÃa presente en el fondo del patio, se quedó parado por un rato. Después abrió desmesuradamente la boca, emitió un grito muy feo y desapareció. A partir de esa limpia que hizo a la mujer. Dejaron de pasar cosas sobrenaturales, pero todos estuvimos de acuerdo de que el espÃritu siniestro fue el que se llevó el alma de nuestra joven vecina con el paso de los dÃas, La madre de esa muchacha nos dijo que dÃas antes de que ella muriera su hija habÃa ido junto con otros dos amigos al otro lado del cerro. Ella comenzó a notarle extraña estuvo más ausente y su salud se fue deteriorando. Les platiqué a mis vecinos lo que habÃa sucedido con mi primo. Tampoco tuve la certeza de que se enfermó como por haber ido a la cueva. Con el paso de los dÃas, seguà escuchando rumores de que por el cerro del cuatro se aparecÃa un ánima. Otros decÃan que era un espectro. Alguien más decÃa que era un demonio. Lo cierto fue que nadie quisimos ir a esas cuevas. Algunas personas que las han visto dicen que son la entrada y salida del infierno, pero eso no me consta Nunca quise ir a verlas por temor de que algo malo me pasara relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








