Aug. 26, 2023

La Criatura Sin Brazos Historias De Terror - REDE

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El sexto sentido de mi madre. Voy a contarles una serie de experiencias que le pasaron a mi madre hace ya varios años, justo antes de que yo naciera. Todo esto me lo contaron mis padres, quienes pasaron por un mal momento en aquellos días. Quiero ser énfasis que trate de contarles lo mejor que pueda esto y que se comprenda que eran otros tiempos muy diferentes a los que ahora vivimos. Mis padres vivían en unos departamentos cerca de la zona minerva. En el año mil novecientos ochenta y dos tenía un poco de casados y muchas ganas de estrenarse como papás. Afortunadamente, ambos lograron quedar embarazados de una pequeña a quien le pusieron el nombre de Lucía. Mi madre la describe como muy alegre y simpática. Lloraba poco por las noches y no era muy exigente, pero al pasar los días comenzó a presentar una serie de cos complicaciones en el corazón que le fueron agraviando la salud. Ella sólo duró cuatro meses con vida y el último mes fue en el hospital. Para mi madre fue lo más doloroso, por lo que pudo pasar a tal grado que le costó bastante reponerse. No fue sencillo para los dos salir adelante y sobre todo mi padre, quien era el que tenía que cuidar de mi mamá. Las cosas se complicaron más cuando una noche mi madre se levantó sin decir nada mi padre, al darse cuenta de su larga ausencia, fue en su búsqueda y le encontró en la habitación de la bebé sostenía en sus brazos una toalla enredada. Mientras le daba pecho, ella le había dicho que la había escuchado llorar y se levantó a atenderla Esta situación no sólo pasó una noche, sino varias más. Conforme los días transcurrieron, mi madre adoptó la toalla enredada como su nueva bebé y mi padre le llamaba la bebé falsa. La situación se volvió cada vez más como morada debido a que, una ocasión por atender las necesidades del bebé falso, se quemó la comida y la cocina estuvo a punto de incendiarse. Allí fue cuando mi padre tomó la dura decisión de internar a mi madre en un hospital psiquiátrico. Después de una serie de pruebas psicológicas y estudios determinaron que mi madre estaba pasando por un proceso de duelo muy severo. Las alucinaciones ya estaban ocupando el espacio de la realidad y sólo era cuestión de tiempo de que la perdiéramos si no la atendían. Mi padre no tuvo otra opción más que hacerlo. No obstante, le hicieron saber a ambos que el tratamiento que llevarían a cabo tendría secuelas debido a que la mayoría de los medicamentos eran experimentales, como no había otra opción. Se optó por esa decisión. Al cabo de un tiempo y con las medicinas tomadas, mi madre comenzó a presentar cierta mejoría. Mi padre la visitaba cada dos días para ver cómo evolucionaba y su conducta ya estaba haciendo la de antes. Mi madre ya no presentó otra crisis igual a la anterior y por ello, con el pasar del tiempo y mientras siguiera en mejores condiciones, saldría del psiquiátrico, todo parecía marchar sobre ruedas. El medicamento parecía que no había causado efectos secundarios y mi madre estaría lista para rehabilitarse en casa, pero le comentaron que por un lapso de dos años no podría embarazarse debido a que el bebé podría presentar una serie de problemas e inclusive el aborto espontáneo. Hasta aquí todo parecía estar dentro de lo normal. Dos años después de haber dejado el medicamento, mis padres ya estaban embarazados de mí y una noche, mientras los dos estaban acostados mirando la televisión, ella aprovechó para comentarle a mi padre que tenía una extraña sensación de que algo la vigilaba durante las noches. Decía que cuando se despertaba a medianoche había había alguien parado a su lado. Era difícil saber su complexión o su rostro, pues todo estaba muy oscuro y no lo alcanzaba a notar. Fue entonces que decidió no dormir para averiguar de quién se trataba. Mi padre ya estaba dormido y ella se mantuvo despierta leyendo, pero no pasaba nada. Ella temía que la enfermedad hubiera regresado y sólo quería cerciorarse de que todo estaba en orden. Pero fue cuando entonces logró ver una extraña silueta que pasaba de largo de una habitación a la otra. Miró a mi padre, que estaba a su lado y dormía profundamente. Tomó la linterna que había preparado para esa ocasión y se atrevió a revisar por sí sola. Intentó encender la luz, pero el apagador no funcionaba. Todo parecía estar bastante silencioso y tranquilo y no aparentaba que hubiera alguien más allí. Y justo cuando se dio por vencida, escuchó un llanto muy familiar proveniente de la otra habitación. Dejó caer la linterna, no podía creer lo que estaba escuchando. A ella le comentaron las secuelas que podría tener y una de ellas se trataba de las alucinaciones visuales y auditivas. Sabía que no podía ser cierto aquello, por lo que se regresó a su cuarto con mi padre mientras seguía escuchando a la bebé llorar. No lo resistió más, así que terminó cubriéndose la cabeza por completo con la almohada mientras lloraba por la desesperación. Mi padre nunca se dio cuenta de todo lo que había ocurrido, sino hasta la mañana siguiente, que encontró a mi madre en el baño. Le preguntó qué le pasaba y ella sólo decía que no podía dejar de escuchar a un bebé llorando. Mi padre pensó que lo mejor sería llevarla a casa de su hermana para que descansara alejada de todo lo que le recordara a la bebé anterior, pero mi madre insistió en quedarse. Fue entonces que le pidió ayuda a su hermana, quien con mucho gusto, llegó a ayudar junto con su hija. Esto ayudó mucho para que las cosas se relajaran. Por varios días, mi madre ya tenía con quién platicar. Por la parte de mi padre estaba más tranquilo de que no pasara una crisis que no pudiera atender. Entonces, una noche, mientras que todos se estaban por acostar, mi madre se ofreció para llevar a dormir a la niña a la habitación de la bebé. Ella tenía tan solo cinco años de edad y era muy traviesa como se la pasaba brincando y jugando con los juguetes de la bebé. Mi madre le comentó que si se mantenía en silencio y tranquila le contaría un cuento y ella obedeció rápidamente. Ya cuando estaba lista para dormir. La niña le preguntó a mi madre qué era lo que pasaba después de que moríamos. Ella se sorprendió por la pregunta, pues no se imaginó que tuviera una duda. Así, su sobrina ta n n n n n. La de explicarle lo mejor que pudo, comentándole que se iban al cielo si habían sido personas buenas o si eran personas malas. Se iban al infierno. Fue cuando la niña le dijo algo más escalofriante es que la persona que veo no tiene brazos y se sienta en la cama. Mi madre nos dijo que los bellos de los brazos se le erizaron de miedo. Miró hacia una de las esquinas de la cama que le había apuntado su sobrina y precisamente se encontraba sumida. Se levantó y le pidió a la niña que la siguiera para sacarla de allí, pero la niña insistió en que no pasaba nada, debido a que cuando llegaron a la casa de visita, ella lo había visto en todas las habitaciones y siempre se la pasaba detrás de mi madre. Y es que ese hombre le decía que estaba allí para cuidar del bebé. Mi madre se quedó pensativa, así que se levantó para pedirle ayuda a su hermana y luego se quedó observando la ventana. Se mantuvo inmóvil y en silencio por varios minutos. La niña, por más que le hablaba a mi madre, no le respondía. Entonces fue corriendo por mi papá y por su mamá para que vieran lo que estaba pasando. Mi madre despertó del trance y se fue rápidamente a su habitación, dejando allí a todos sin saber qué había sucedido. Al día siguiente, mi padre tuvo que llevar al médico. A mi madre debido a que no podía decir una sola palabra, se le diagnosticó un mutismo selectivo por una impresión fuerte, ella le escribió a mi padre lo que había pasado, lo cual fue que cuando escuchó decir esto a su sobrina, miró el reflejo de una persona en el vidrio de la ventana no se quería mover ni parpadear, pues no quería perderlo de vista y precisamente aquella persona no tenía abrazos. Tuvo tanto miedo que esto le afectó y no podía hablar, Así que, por indicaciones de los doctores, sugirieron que lo que restaba del embarazo se quedara a descansar. Al parecer, esto sería lo mejor por su salud y del bebé, ya que no podían suministrarle medicamentos para que se relajara, pero las cosas no fueron tan sencillas como las esperaban. Mi madre se encontraba descansando al día siguiente. Por la tarde tenía programada la cesárea. Ella tenía que descansar lo mejor que pudiera para el día siguiente, así que se mantuvo lo más tranquila que pudo. Se encontraba en un hospital particular, por lo que tenía una habitación exclusiva para ella y en eso sonidos de pasos la desconcertaron. Se supone que no debía haber nadie más con ella. Fue cuando, detrás de su cortina, pudo ver la silueta de una persona que estaba de pie. Le dio las buenas noches y después le preguntó si se le ofrecía algo. La cortina comenzó a moverse por sí sola y por un lado, pudo ver a un hombre que la miraba fijamente. Tomó el botón de ayuda y lo presionó varias veces, pero nadie acudía a su ayuda. La cortina se abrió lentamente. Era un hombre de piel blanca, con barba larga y sin brazos. Ella quería gritar, pero nuevamente se quedó sin voz. No podía moverse mucho debido a que tenía un sedante ligero para poder dormir y las piernas no le respondían. Aquel hombre se acercó y recostó su cabeza sobre el vientre de mi madre y luego la miró. Él le dijo en voz baja que había algo mal con ella. Después, el hombre sin brazo se alejó y todo volvió a la normalidad. Dice mi madre que en un principio todo parecía ser un sueño. Era como si el tiempo se hubiera parado por unos minutos. Una enfermera encendió la luz y encontró a mi madre a l y llorando, le preguntó qué había sucedido, pero ella no supo qué decirle. Al día siguiente, justo antes de que entrara a Quirófano, mi madre le contó todo a mi padre y le pidió que le dijera al doctor que había algo mal con ella, que quizás no habían visto. Él trató de tranquilizarla, diciéndole que todo estaba preparado para cualquier eventualidad, pero que aún así. La intuición o sexto sentido de mi madre era algo que se le tenía que prestar atención. Horas después le informaron a mi padre que yo había nacido sano, pero se había presentado una complicación, pues dentro de mi madre encontraron un tumor llamado teratoma, el cual consistía en una bola de carne con pelos y dientes que estaba creciendo dentro de ella Esto pasó inadvertido todo el tiempo debido que cuando se le realizaba un eco a mi madre, mi cuerpecito lo tapaba, además de que en aquel entonces no tenían el equipo necesario para detectarlo. Afortunadamente, pudieron extirparlo a tiempo. A partir de ese entonces en casa todo se relajó sonará raro, pero muchos años después de que me lo platicaron, me quedo pensativo por todo lo que pasaron mis padres para que yo estuviera aquí. Pero no es lo único que me deja pensativo, sino que existe un mundo que no vemos con nuestros sentidos y que sólo se percibe con un sentido extra. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo