LA COSA (La Criatura Del Bosque Que Se Llevó A Mi Amigo) Historias De Terror - REDE

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La cosa del bosque. Todo comenzó con un sueño demasiado escalofriante. De hecho, era una pesadilla en toda regla, la cual ocurrÃa en la casa de mi amigo. Esteba curiosamente en la pesadilla. La casa de mi amigo estaba ubicada en lo más profundo del bosque. A su alrededor. La oscuridad envolvÃa todo un gran árbol. Se alzaba cerca de la casa, cuyo tronco era negro. Como la misma negrura de la noche de su retorcida madera, colgaba un columpio, el cual se movÃa lentamente por el viento. No veÃa a mi amigo por ninguna parte. Regresé al interior de la casa, pero ahà tampoco lo hallé. TenÃa la necesidad de encontrarlo, asà que volvÃa afuera de nuevo. El columpio ya nos estaba moviendo. A pesar de que el viento seguÃa meciendo. Las ramas de los árboles. Grité el nombre de mi amigo esperando que me respondiera. De repente, el columpio cobró vida propia y empezó a balanzarse de una forma descontrolada. Sus cadenas crujieron hasta que el columpio se desprendió del árbol y salió volando hacia el interior del bosque, desvaneciéndose entre las sombras. En ese instante, Esteban salió de entre los árboles. Su rostro estaba pálido y en sus brazos cargaba a su perro. Un trapo ensangrentado cubrÃa la cabeza del animal, lo que me hizo saber que la mascota estaba muerta. Mi amigo dejó al perro sobre la tierra y se esfumó. De repente. Yo me acerqué al perro y le quité el trapo de la cabeza. Lo que descubrà era que el animal no tenÃa la cabeza En su lugar, tenÃa la cabeza de un gato que se sostenÃa a su cuerpo con muchas grapas grandes que se utilizan para la madera. Entonces, la cabeza del gato abrió los ojos y me lanzó una mordida. TenÃa unos dientes tan afilados que parecÃan navajas. Logré quitar el brazo, pero alcanzó a rozarme un poco luego la cabeza del gato con una voz monstruosa. Me dijo aquÃ. En eso desperté de forma abrupta, agitado y empapado. En sudor froté mis ojos tratando de asegurarme de que todo aquello habÃa sido una simple y horrible pesadilla. En ese preciso instante escuché que golpearon a la puerta. Era mi padre, el hombre que siempre fue para mà una figura de autoridad, pero nunca una figura paterna. Me dijo que ya se iba junto con mi madre. Mencionó que habÃan dejado el dinero en el cajón del mueble de la sala y luego bajó las escaleras. Nuestra relación familiar nunca fue cercana. Solo éramos extraños como partiendo un techo sin más lazos que los de sangre. Cuando escuché el motor del auto alejarse, me dirigà hacia el baño para tomar una ducha que me quitara el sudor de encima. Mientras al caer del agua me relajaba. Mis ojos captaron una pequeña herida en mi brazo como una marca dejada por un afilado alfiler. Curiosamente, se encontraba en el mismo lugar donde el felino de mi sueño intentó hundir sus colmillos en mÃ. Intenté ignorar esa extraña coincidencia y proseguà con mi baño. Una vez terminado, fui hacia la cocina. No tenÃa hambre, pero querÃa comer algo. Saqué una hamburguesa del refrigerador y la puse a calentar en el microondas. Finalmente me hundà en el sofá de la sala y encendà la televisión subiendo el volumen bastante. Aproveché la ausencia de mis padres para poder ver una pelÃcula violenta. SabÃa que mis padres no regresarÃan en unos dÃas. HabÃan ido de viaje a celebrar su aniversario de pozo. Creo que la hamburguesa me cayó de peso porque me quedé dormido antes de que terminara la pelÃcula. Cuando desperté la casa estaba en completo silencio. Lo único que se podÃa escuchar era el suave zumbido del refrigerador. Una leve ráfaga de aire frÃo se coló por la ventana cercana al refrigerador, causando evidentemente, que me diera un ligero escalofrÃo. Nunca me ha gustado el frÃo. Fue por eso que fui a la ventana para cerrarla bien. Sin embargo, antes de cerrarla por completo, me detuve por un instante y observé el oscuro patio en cuanto hice eso, una extraña sensación de inquietud se apoderó de mÃ. No quise darle importancia y cerré la ventana asegurándome que no quedara medio abierta de las orillas, como solÃa pasar algunas veces querÃa ver otra pelÃcula, pero ese ligero frÃo que se habÃa colado en la casa ya me habÃa puesto a incómodo, por lo que decidà subir a mi habitación y ver una pelÃcula en la computadora. Me dirigà a mi cuarto y abrió el sitio web de Cuevana para buscar una pelÃcula. Mi mirada se detuvo en la portada de una pelÃcula que mostraba una cabaña solitaria y un recuerdo llegó a mi mente durante nuestro último dÃa de clases antes de vacaciones en el salón de clases, habÃamos estado hablando sobre el bosque que bordeaba la carretera. Varios de mis compañeros, incluyendo a mi amigo Esteban, habÃan mencionado los relatos sobre una antigua casa en medio de aquel bosque, un lugar donde ocurrÃan sucesos inexplicables. Encontrarme con la portada de aquella pelÃcula fue un detalle curioso, al igual que inesperado. Pasaron más de diez minutos. Mientras buscaba una pelÃcula interesante y justo cuando estaba a punto de decidirme por una opción, escuché un leve movimiento proveniente de la ventana de la cocina. Supe que se trataba de esa ventana y no de la ventana de la sala, porque la ventana de la cocina hacÃa un particular rechiñido. Cuando era movida, salà de mi habitación y me dirigà hacia la cocina para averiguar por qué se habÃa abierto la ventana si, según yo, la habÃa cerrado bien. Al llegar a la cocina, encontré la ventana ligeramente abierta apenas unos dos centÃmetros de separación. Fui a pararme frente a la ventana tratando de recordar si la habÃa cerrado bien o si la habÃa dejado un poco abierta. Observé mi patio, que es a donde daba la ventana. Todo parecÃa estar en orden. Estaba la mesa de metal, las cuatro sillas, el árbol de manzanas y la barda. Me aseguré de cerrar bien la ventana y volvà a mi cuarto. No pasaron ni cinco minutos. Apenas estaba agarrando de nuevo la computadora cuando escuché otra vez que la ventana se movió con n N N N N O? N O? N? O? N O? Me acerqué a la ventana en cuanto lo hice algo en la esquina del patio me llamó la atención. Allà parado en medio de la oscuridad, pude distinguir la figura de algo. En primer vistazo me pareció una persona, pero a los dos segundos me quedó claro que, aunque tenÃa silueta humana la cabeza, tenÃa algo que no terminaba de encajar. La sombra que estaba ahà del otro lado de la ventana en la esquina del patio era una silueta oscura y misteriosa que me causaba una sensación de peligro. Me dio mucho miedo. Aquella cosa no era un objeto que yo pudiera estar confundiendo, porque en esa esquina del patio jamás habÃamos puesto nada, ni escobas, ni tubos, nada que pudiera aparentar una silueta humana. Lo que estaba ahà era algo palpable, algo que por alguna razón, estaba vigilando mi casa. Los nervios se apoderaron de mÃ, impulsándome a cerrar la ventana y regresar a mi habitación, casi corriendo apenas me acerqué a la computadora para enviar un mensaje a mis padres. Recibà una notificación. Era Esteban, mi amigo, quién me preguntaba si siempre sà me habÃa quedado solo en mi casa. Confirmé su pregunta con un simple sÃ. Esteban, quien vivÃa escasos diez minutos de distancia en bicicleta, me ofreció llevar su control para jugar videojuegos juntos. Respondà que por el momento no me apetecÃa jugar, pero qué agradecerÃa su compañÃa en casa. Incluso sà solo era para ver una pelÃcula. Le mencioné que tenÃa una caja llena de doritos y latas de Dr. Pepper esperando en el refrigerador. Era el refresco favorito de los dos. Esteban dijo que no tardaba y que salÃa para mi casa. Antes de que se desconectara. Le pedà si podÃa traer la pistola de su padre. Intrigado, Esteban me preguntó para qué querÃa rÃa yo un arma en ese momento. Entonces le dije que habÃa visto algo en el patio de mi casa, algo que parecÃa estar vivo. Mi amigo me preguntó si se trataba de algún animal. Le expliqué que no. Al principio pensé que era una persona, pero ahora estaba casi seguro de que se trataba de otra cosa. Me dijo que verÃa si encontraba el arma y, de ser asÃ, la llevarÃa a mi casa. Luego se desconectó. Regresé a la cocina y me asomé por la ventana hacia el patio, donde la figura oscura seguÃa presente. No se movÃa ni tan siquiera un solo milÃmetro. Estuve ahà parado vigilando esa misteriosa sombra hasta que tocaron a la puerta. SabÃa que era Esteban, asà que me apresuré a abrir rápidamente. Lo llevé a la cocina para que pudiera presenciar aquello de lo que le habÃa hablado. Cuando Esteban se asomó, pudo ver la figura que estaba parada en la esquina. Lo primero que hizo Esteban fue preguntar si tenÃa una linterna. Esteban me dijo que debÃamos salir y dirigir la luz hacia la sombra para ver si se dispersaba o permanecÃa en su lugar. Ãl pensó que si la luz de la linterna era suficiente para asustar la figura, significarÃa que no representaba ningún peligro. Si permanecà inmóvil, eso serÃa una señal más que suficiente para entender que lo que estaba ahà parado era una amenaza real. Esteban añadió que al iluminarla, saldrÃamos de dudas y finalmente descubrirÃamos qué era esa cosa. Me pareció una buena idea. Busqué en la cocina, pero no encontré nada, tampoco en mi cuarto ni el de mis papás. Entonces recordé que mi madre solÃa guardar cosas en un pequeño espacio que quedaba en la parte baja de la pared que colinda con la escalera. Movà el sillón que estaba recargado ahà y busqué. En ese lugar encontré un una linterna. No tenÃa pilas, pero en mi cuarto habÃa pilas, asà que las puse y volvà a la cocina. Con la linterna lista abrimos las puertas de la cocina que daba al patio, le atravesamos el bote de basura para que no se fuera a cerrar y salimos un poco solo lo suficiente como para poder aluzar la esquina del patio. La respuesta de la sombra fue trepar de forma contorsionada la barda y huyó desvaneciéndose en la oscuridad. Sin embargo, eso era lo menos importante en ese momento, porque lo que habÃamos presenciado estaba muy lejos de pertenecer a este mundo. La criatura medÃa alrededor de un metro setenta, Su piel era grisácea, casi blanca y era anormalmente delgada. En su cuerpo resaltaban penas de un color turquesa que parecÃan ser las arrugas de ropa mal planchada. No alcanzamos a ver su rostro, ya que, en cuanto apuntamos la luz en su dirección, giró la cabeza de manera inhumana, de la misma manera en la que lo harÃa un búho antes de que pudiera decir cualquier cosa. Esteban ya tenÃa un pie dentro de la casa. Yo también me apuré a entrar aseguramos la puerta y cerramos las cortinas de la ventana de la cocina. Nos quedamos mirándonos sorprendidos y confundidos con muchas interrogantes a las que no les podÃamos dar respuesta. Ninguno de nosotros querÃa quedarse en mi casa, pero Esteban no habÃa logrado encontrar el arma de su padre. La idea de salir de mi casa para irnos a quedar a la suya, sabiendo que esa monstruosidad podÃa seguir acechando afuera quedó descartada. De inmediato Decidimos qué era mejor esperar hasta el dÃa siguiente para decidir qué hacer. Fuimos a la sala y encendà el televisor. No querÃamos ver nada. Simplemente necesitábamos que el ruido nos distrajera un poco de la Nos sentamos cada uno en un sillón y estuvimos ahÃ. Quise contarle sobre la pesadilla que habÃa tenido, pero la situación ya estaba bastante fea como para ponerme a contar una pesadilla, asà que no le dije nada. Estuvimos en el televisor en silencio hasta que nos quedamos dormidos en la mañana mientras desayunábamos un cereal. Esteban me preguntó cuánto tiempo estarÃan de viaje a mis padres. Le respondà que por lo menos una semana, que me habÃan dejado bien surtida la despensa y algo de dinero para cualquier cosa. Esteban me comentó que su padre habÃa tenido que viajar por trabajo y que su madre lo acompañaba. Además, sus hermanos mayores se encontraban visitando a unos parientes. Ambos estábamos solos conscientes de que la criatura podrÃa regresar a mi casa en cualquier momento decidimos irnos a su casa de una vez, aprovechando que era de dÃa y era poco probable que la criatura se apareciera. Mientras estuviera el sol en el cielo, me dirigà a mi habitación y tomé dos mochilas, en las cuales empacamos todo lo que pudimos. Antes de partir. Tomé el dinero que mis padres me habÃan dejado en el cajón del mueble. Eran alrededor de mil quinientos pesos y justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, Esteban me recordó que también lleváramos la linterna. Por precaución, cerré la casa con cuidado, asegurándome de dejar todo bien cerrado. Luego tomamos nuestras bicicletas y empezamos a pedalear hacia su casa. Durante el trayecto, consideramos la opción de llamar a nuestros padres para contarles lo que habÃamos presenciado. Sin embargo, no quisimos hacerlo, ya que no nos creerÃa. Incluso podrÃan enojarse pensando que intentábamos gastarle una broma de mal gusto. Por esa razón decidimos no hacer la llamada en ese momento. Quise comentarle sobre mi pesadilla, pero cuando apenas lo iba a hacer, Esteban me dijo que estarÃa bien comer unos hok docks y que la salchicha la cocináramos en el asador que él tenÃa en su patio. Asà que, antes de llegar a su casa, pasamos a la tienda a comprar carbón. A eso de las cuatro de la tarde estábamos en su patio comiendo tranquilamente. Desde ahà podÃamos ver a la distancia algunos delgados y altos árboles del bosque que atravesaban la carretera en medio de nuestras conversaciones. Esteban me contó que en las afueras del bosque habÃa un columpio que su padre habÃa instalado para él y sus hermanos cuando eran niños. En aquel entonces solÃan visitarlo cada fin de semana y pasaban tardes enteras ahà jugando en ese columpio curioso. Le pregunté por qué no habÃan quitado el columpio cuando dejaron de ir. En l ese momento, el semblante de Esteban cambió y se puso bastante serio, como nunca lo habÃa visto. Me confesó que dejaron de ir al bosque, no porque ya no disfrutaran del columpio, sino porque una tarde el bosque los habÃa expulsado forzándolos a nunca más volver para retirar el columpio. Le pedà a Esteban que me explicara. Entonces mi amigo tomó un respiro y me preguntó si recordaba las leyendas que circulaban acerca de la vieja casa en el bosque. Yo le respondà que sÃ. Entonces él me aseguró que todas esas leyendas eran ciertas, que dentro de esa casa habitaba un monstruo, una criatura maligna, que habÃa intentado llevarse a uno de sus hermanos varios años atrás. Por esa razón decidieron no volver al bosque, temerosos de lo que pudiera suceder si se acercaban nuevamente a ese lugar. Dejé de ver mi hot dog y centré la mirada en Esteban para preguntar si lo que me estaba diciendo era verdad. Ãl solo añadió que estaba pensando que la cosa que habÃamos visto en mi patio era el mismo monstruo que vivÃa en la vieja casa del bosque. Una vez más, tuve la intención de platicarle mi sueño, pero no pude. Lo que pasó fue que el perro de mi amigo empezó a ladrar como enojado. Esteban comentó que seguramente era un gato que a su perro le gustaba mucho perseguirlos. Terminamos de comer y entramos a la casa a ver una pelÃcula. A eso de las siete pedimos una pizza. No cenamos dentro de la casa ni tampoco en el patio. Subimos al techo de la casa para tomar aire fresco, porque esa noche fue calurosa y en la casa de mi amigo no habÃa aire acondicionado. Nos encontrábamos sentados en la losa contemplando las estrellas, mientras entablábamos una conversación de esas que tienes cuando se te viene ideas locas a la cabeza. Esteban me preguntó si creÃa en la posibilidad de que existieran otros planetas habitados. Le dije que simplemente desconocÃa. La respuesta, que era algo que no me preocupaba demasiado porque en el caso de que si hubiera vida en otros planetas, eso no afectaba A mi dÃa. Continuamos haciendo varios comentarios sobre el tema e incluso Esteban mencionó la idea de que tal vez la criatura que habÃamos visto en mi patio provenÃa de algún lugar más allá de nuestro planeta. De repente, el perro de Esteban comenzó a ladrar con furia interrumpiendo nuestra conversación. Nos acercamos a la orilla para averiguar a quién la ladraba. Fue entonces cuando vimos una imagen impactante. La misma criatura que habÃamos visto la noche anterior en mi casa habÃa trepado la barda de la propiedad de Esteba agarró a su perro y se dirigió hacia el bosque. Dato que la casa de mi amigo estaba en la esquina, la criatura pudo evitar pasar frente a la casa de algún vecino. Esa cosa era rápida, pero no demasiado. La tuvimos a la vista durante unos breves, diez segundos antes de que desapareciera en la distancia de inmediato. Al asociar el perro de mi amigo y el bosque sumado a lo que me habÃa platicado sobre el columpio, tuve una sensación muy desagradable que estaba ligada a la pesadilla. Ambos estábamos impactados, pero cuando reaccionamos, mi amigo me comentó que tenÃamos que ir a ayudar a su perro. Yo lo último que querÃa era ir detrás de esa cosa. Sin embargo, sabÃa que ese perro habÃa sido un regalo del abuelo de mi amigo que le habÃa dado unos dÃas antes de que falleciera. Ese perro era muy importante para Esteban si él querÃa ir a intentar rescatar a su perro yo debÃa ayudarlo. Mi amigo bar jó rápidamente del techo y entró a su casa. Lanzaba objetos de un lado a otro mientras buscaba cualquier cosa que pudiera servirnos para defendernos. Agarró un destornillador para él y a mà me entregó un martillo. Tomamos la linterna y salimos apresuradamente para montar en nuestras bicicletas. Nos dirigimos a toda velocidad hacia el bosque, justo cuando estábamos a punto de adentrarnos entre los árboles. Esteban detuvo su bicicleta y yo hice lo mismo. No sabÃa lo que ocurrÃa del suelo. Recogió el collar de su perro y al voltear hacia mi dirección, su rostro palideció un poco siguiendo su mirada. Me di cuenta de que él estaba mirando algo que estaba detrás de mà a tan sólo unos escasos, tres o cuatro metros de distancia, se alzaba el columpio del que Esteban me habÃa hablado anteriormente. Lo raro era que se mecÃa de manera algo intrigante, como si alguien lo estuviera usando, Pero estaba claro que no habÃa nadie allà esa noche. El calor era sofocante y no habÃa corrientes de aire. No habÃa una explicación lógica para el movimiento del columpio. Algo muy extraño estaba ocurriendo ahà Hubo un ruido. Fue como el sonido de un tronco rompiéndose venÃa del interior del bosque. A los pocos segundos el sonido se repitió, pero sonaba más lejos y a la vez más fuerte. No sabÃa explicarlo con precisión. Entonces se escuchó una voz distorsionada que decÃa definitivamente no era la voz de una persona, por lo menos no la de una persona normal. Justo en el momento que escuchamos esa voz, el columpio se detuvo de golpe quedándose inmóvil. Pude sentir cómo se me secaba la boca debido a la impresión. Lo siguiente que sucedió fue que las cuerdas que sostén en el columpio se rompieron, haciendo que el columpio cayera al suelo. Voltea hacia Esteban para pedirle que regresáramos a su casa. Sin embargo, la mirada en sus ojos dejaba claro que, a pesar de su miedo, estaba decidido a adentrarse en el bosque para encontrar a su perro. Le pregunté a Esteban sobre esa criatura. Ãl me respondió que ni él ni nadie sabÃa mucho acerca de ese monstruo. Recordaba vagamente que, cuando ocurrió el incidente con uno de sus hermanos, su padre mencionó que la criatura tenÃa una cabeza similar a la de un gato, pero eso era todo lo que sabÃa. Esteban encendió la linterna y comenzó a pedalear lentamente su bicicleta hacia el interior del bosque. Nos movÃamos despacio debido al terreno irregular y nuestra visión se limitaba a lo que la tenue luz de la linterna podÃa alumbrar todo lo que quedaba. Más allá de esa luz, estaba oculto en la oscuridad del bosque. En determinado momento se me cayó el martillo que Esteban me habÃa dado. SÃ, me di cuenta, pero no quise detenerme a levantarlo A mà Me orgà a salir de ahÃ, asà que no querÃa perder tiempo en eso. Mientras más nos adentrábamos en el bosque, fuimos notando que la temperatura iba cayendo a los tres minutos. Ya no se sentÃa caluroso y unos cuatro minutos después empezó a enfriar. Mientras seguÃamos pedaleando, nos damos una luz a la distancia. Era como un foco del color del ámbar. Esa luz estaba en la misma dirección en la que nosotros nos estábamos moviendo. Solo que con la peculiaridad que estaba a la altura que fácilmente debÃa superar los tres metros, la tenue luz parecÃa mecerse en el aire como si estuviera colgado del tronco de un árbol de la nada. Un nudo se formó en mi estómago. TenÃa la misma sensación que me habÃa despertado aquella horrible pesadilla la noche que se fueron mis padres. En lo más profundo de mi ser sabÃa que continuara adentrándonos en el bosque. Era una pésima idea. Estaba seguro de que, si decidÃa dar la vuelta Esteban no se habrÃa molestado en absoluto. Sin embargo, no podÃa abandonarlo con un avance cauteloso. Nos acercamos a la misteriosa luz de color ámbar. Como habÃamos pensado, la luz estaba sujeta al tronco de un árbol por una cuerda, pero no era cualquier cuerda. Era la misma que habÃa sostenido el columpio que pertenecÃa a Esteban, aquel columpio que habÃamos dejado atrás al adentrarnos en el bosque. Pero eso no era tan extraño como la luz misma. Esta no provenÃa de un foco, sino de un ojo resplandeciente. Este era bastante grande, quizás unas tres veces más grande que un ojo humano, quizás era un animal. Dirigà mi mirada hacia Esteban y noté que estaba claramente desconcertado y preocupado. Nos quedamos en silencio durante unos segundos tratando de procesar lo que estábamos viendo. Me acerqué a Esteban y temblando de miedo, le susurré. Tenemos que alejarnos de aquÃ. No espera. Hay algo me dijo. Mientras me señalaba hacia una dirección apuntó la linterna para poder examinar mejor lo que habÃa notado Cuando nos acercamos. Fue evidente que eran los restos de un animal considerablemente grande, posiblemente un oso, aunque según lo que nosotros tenÃamos entendido, en aquel bosque no habÃa presencia de animales de semejante tamaño. Los restos estaban acomodados en una fila, extremidades pelo, órganos, colmillos y garras ordenados perfectamente de menor a mayor tamaño. La expresión en el rostro de Esteban me indicaba que si en ese momento le sugerÃa que regresáramos, él accederÃa de inmediato. Sin embargo, antes de que pudiera decirle, escuchamos el ladrido de su perro. Resonando en la distancia. Mi amigo, impulsado por la angustia, le gritó a su perro en medio de un silencio ensordecedor. Mientras esperábamos escuchar el ladrido que nos indicara la ubicación del perro, fuimos sorprendidos por una voz cultural. Era la misma voz extraña que habÃa escuchado en mis pesadillas. La voz pronunció una palabra. A pesar de lo frÃo que se sentÃa el bosque, Yo sentÃa cómo el sudor recorrÃa mi cuello. Escuchamos un ruido extraño, volteamos rápido y la linterna nos permitió ver que la cosa que se habÃa llevado al perro estaba caminando hacia nosotros. No podÃamos ir hacia fuera del bosque, porque en esa dirección estaba la cosa tuvimos que pedalear rápidamente hacia el interior del bosque. Nunca en mi vida habÃa pedaleado la bicicleta tan rápido como esa noche. Como el terreno era bastante irregular y debido a la velocidad, el manubrio se movÃa de una forma frenética. Mientras yo intentaba controlarlo para no caerme, estuvimos avanzando durante lo que pareció una eternidad, como yo iba enfrente, pero Esteban era el que llevaba la linterna. Prácticamente no podÃa ver nada al frente. Fue por eso que no logré esquivar un árbol y choqué de lleno. Luego Esteban chocó contra mÃ. Los dos quedamos tirados en la tierra sin aliento. Debido al impacto. Mi amigo, con mucho esfuerzo, logró levantarse, intentó jalarme para que me pusiera de pie, pero en cuanto lo hice volvà a caer de rodillas y vomité. Me desplomó sobre mi espalda, sintiendo mi cabeza entumesida como no llevaba casco. Pegué bastante fuerte y es más, aunque podÃa ver que Esteban me gritaba y me hacÃa señas, yo no lograba escucharlo batallé, pero luego de un momento pude recuperarme. Las bicicletas ya no servÃan. La de mi amigo no estaba tan mal, pero la mÃa se les afuó una llanta. Asà que, luego de apuntar la linterna hacia atrás y asegurarnos de que la cosa no estuviera cerca, empezamos a caminar a paso veloz. Mientras nos movÃamos, escuchamos otra vez ese ruido raro que nos habÃa hecho darnos cuenta que la cosa nos estaba acechando. Asà que nuevamente sabÃamos que la criatura estaba cerca, pero por más que Esteban apuntó la linterna en todas direcciones. No vimos nada. Entonces nos volvió a hablar. En un principio la voz escuchaba bastante lejos, pero cuando se volvió a oÃr sonaba un poco más cerca. Eso nos hizo pensar que ahora aquella cosa estaba delante de nosotros. Pero luego habló otra vez y se volvió a escuchar lejos. No entendÃamos nada. La desesperación nos hizo perder el control. La voz de la criatura comenzó a resonar desde todas las direcciones, lejana y cercana al mismo tiempo, era como si estuviera en todas partes a la vez rodeándonos con el eco de su macabra voz. De repente, la linterna comenzó a fallar su brillo, parpadeaba rápidamente, disminuyendo y aumentando de forma errática. Luego se apagó por completo durante unos segundos. Cuando la luz volvió, la criatura estaba parada a unos cinco árboles de distancia frente a nosotros por mero instinto. Esteban le arrojó la linterna y el destornillador a la criatura y ambos comenzamos a a correr desesperadamente. Mientras huÃamos a toda velocidad, no nos atrevimos a mirar atrás, pero podÃamos escuchar los pasos rápidos y pesados de la criatura. Corrimos tan rápido como pudimos sintiendo que nuestros corazones estallarÃan en cualquier momento. El miedo nos impulsaba a seguir adelante. El sonido de nuestra respiración agitada se mezclaba con los pasos intimidantes de la criatura. Esta venÃa justo detrás de nosotros. El sonido que hacÃan sus pisadas, era parecido al que hacen los caballos con sus pezuñas. Cuando creÃmos que ya nos iba a alcanzar Esteban me jalos del brazo y de forma abrupta, cambiamos la dirección en la que Ãbamos corriendo. Pudimos escuchar que esa cosa impactó contra un árbol, lo que lo detuvo por unos instantes, pero luego siguió persiguiéndonos. Ya me dolÃan mis piernas y sentÃa que en cualquier momento me serÃa imposible correr más. En ese instante nos encontramos con un imponente árbol justo al frente de nosotros. Para evitar chocar contra él, me movÃa hacia la derecha y Esteban lo hizo hacia la izquierda. Ahora estábamos corriendo uno al lado del otro, pero con los árboles interponiéndose entre nosotros al mirar de reojo, me di cuenta de que la criatura se estaba acercando cada vez más a Esteban. Un nudo se formó en mi garganta y casi al borde de las lágrimas le grité que corriera más rápido. Entonces fue cuando escuchamos el sonido de un vehÃculo. SabÃamos que estábamos cerca de la carretera. Si lográbamos llegar allÃ, tal vez podrÃamos escapar de aquella cosa Reuniendo las últimas fuerzas que nos quedaban. Continuamos corriendo y finalmente salimos a la carretera. Corrimos con la suerte de que la criatura no salió del bosque, no nos persiguió más allá de la carretera. Esteban y yo nos quedamos tirados tratando de tranquilizarnos mientras nos caracajeábamos de nervios y seguÃamos temblando de miedo. Estuvimos ahà como diez minutos luego nos levantamos y empezamos a hacer señas a los autos a ver si alguien nos hacÃa el favor de acercarnos a la casa de mi amigo. Tuvimos la fortuna de que uno de nuestros maestros iba de paso y se detuvo para que subiéramos en el camino. Nos preguntó por qué estábamos en la orilla de la carretera de Madrugada, visiblemente agotados y con golpes y raspones por todo el cuerpo. Esteban quiso hablar, pero yo me le adelanté. Le dije al maestro que el perro de mi amigo se habÃa metido al bosque. Corrimos para alcanzarlo, pero a pesar de que cruzamos todo el bosque, no logramos encontrarlo debido a toda la situación con el monstruo. Mi amigo se habÃa olvidado por un momento de su mascota, pero en cuanto lo mencioné, su cara cambió de cansado aten Finalmente, el maestro nos dejó en casa de Esteban. Le dimos las gracias y nos metimos. Ambos nos desplomamos en el suelo de la sala. HabÃamos escapado del oscuro bosque y de la criatura que nos querÃa matar. Después de beber casi diez litros de agua, nos sentamos en la sala de su casa y finalmente le conté a Esteban sobre mi pesadilla. Aquello lo dejó pensativo. Ambos estábamos convencidos de que el hecho de que yo hubiera tenido ese sueño no era una mera coincidencia. No recuerdo exactamente cuándo nos quedamos dormidos, pero al abrir los ojos pude ver cómo la luz del sol iluminaba la casa. Se escuchaban los sonidos cotidianos de los automóviles y la bulliciosa actividad de la ciudad. Pasamos todo el dÃa y la tarde viendo televisión y comiendo sin mencionar una sola vez lo que habÃamos vivido en el bosque. Ambos estábamos evitando tocar ese ese tema. Luego, alrededor de las once de la noche, el teléfono de la casa comenzó a sonar. Eran los padres de Esteban y se les notaba preocupados. Nos dijeron que habÃan intentado llamar la noche anterior, pero que no habÃamos respondido. Les explicamos que nos encontrábamos en el techo y por eso no habÃamos escuchado el teléfono. Nos informaron que ya venÃan de regreso y que llegarÃan en un máximo de cuatro horas mientras esperábamos. Su llegada serÃa la una treinta de la madrugada. Cuando fui un momento a la cocina para agarrar una de las latas de Dr. Pepper que habÃa llevado de mi casa. Cuando me di la vuelta para volver a la sala con Esteba, pude escuchar el sonido del agua goteando en el fregadero. Me giré y fui a cerrar la llave, pero en cuanto lo hice, se volvió a abrir sola de nuevo en voz alta. Le dije a mi amigo que su llave estaba goteando y que no podÃa hacer cerrarla, que asà la iba a dejar. También le pregunté si querÃa una Doctor Pepper, pero no me contestó. Lo único que escuché fue que se azotó la puerta de la entrada. Cuando volteé, mi amigo ya no estaba en la sala, Fui a la puerta y salà para ver dónde estaba. Al abrir la puerta, lo que presencié fue que mi amigo Esteban estaba siendo arrastrado por esa espeluznante criatura llevado con rapidez hacia el oscuro bosque. Intenté gritar para pedir ayuda, pero mi cuerpo parecÃa paralizado, desconectado de mi voluntad en ese momento, cuando la criatura y Esteban desaparecieron de mi vista, finalmente pude reaccionar y me apresuré a correr detrás de ellos. Sin embargo, un automóvil estuvo a punto de atropellarme frenando bruscamente para evitar el accidente. Los ocupantes del vehÃculo salieron rápidamente. Eran los padres de este con palabras entrecortadas y lleno de pánico. Les expliqué lo que acababa de presenciar, que una criatura con cabeza de gatos se habÃa llevado a mi amigo y que lo habÃa arrastrado en dirección del bosque. Su padre se apresuró a subir al automóvil y arrancó a toda velocidad en dirección al bosque. Era evidente que ellos conocÃan bien a qué criatura me referÃa. La misma que años atrás habÃa intentado llevarse a otro de sus hijos, la madre de Esteban y yo nos quedamos en su casa despiertos y llenos de preocupación esperando el regreso del padre. Las horas pasaron lentamente hasta que finalmente el sol volvió a iluminar el horizonte. Cuando finalmente se abrió la puerta, esperábamos ver a Esteban y a su padre estar sanos y salvos. Pero desgraciadamente, mi amigo no regresó. El que entró fue su papá sosteniendo al perro ya muerto. El animal tenÃa la cabeza tapada con la playera que mi amigo llevaba puesta. El papá de mi amigo dijo que sólo encontró al perro sin vida y la playera el papá de un compañero de la escuela era policÃa. A él se le pidió ayuda para que buscaran a mi amigo. En ese mismo dÃa, más de treinta personas recorrimos ambos lados del bosque. Lo hicimos despacio para evitar pasar por alto cualquier cosa. Nos tardamos casi ocho horas, pero no encontramos nada. A medida que los dÃas se convirtieron en semanas y las semanas en meses, las esperanzas se fueron desvaneciendo hasta que tanto yo como los padres de mi amigo empezamos a considerar la posibilidad de que nunca lo encontrarÃamos. Cuando se cumplió exactamente un año de la desaparición de mi amigo, sus padres y yo fuimos al lugar de donde habÃa estado el columpio para dejar el algunas de sus pertenencias. Estuvimos ahà en silencio durante veinte minutos. Luego, la madre de mi amigo rompió en llanto y se tiró al cielo, maldiciendo al bosque y culpándolo. Cuando la madre logró tranquilizarse y cuando ya nos estábamos yendo un aterrador grito, nos hizo voltear al bosque. Era la voz de Esteban ParecÃa asustado. Relato anónimo escrito y adaptado por Ramiro contreras








