La Bruja Tlahuelpuchi Historias De Terror - REDE

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La bruja tla hubo el puche. Mi abuelo tenÃa una casa de campo. Cuando era niño, solÃamos visitarlo durante las vacaciones. Nos encantaba pasarla allÃ, pues mi abuelo solÃa ponernos a ayudarlo, a atender las guÃas de SandÃa o cualquier otra fruta que hubiera cosechado. Mi abuelo tenÃa incluso un viñedo y hacÃa vino de la manera tradicional. Mezclaba uvas con granada y jugo de arándanos. A veces nos daba a probar un poco rebajado con jugo de naranja. Mi abuelo era originario de Tlaxcala, pero su casa de campo estaba en Baja California Norte, en una zona vinÃcola. Mis padres y mis dos hermanas éramos originarios de California. VivÃamos por ese motivo y como Ãbamos tan seguido, no nos llamaba tanto la atención. En cambio, ir con mi abuelo nos encantaba porque, aparte de todas las actividades que hacÃamos, nos contaba excelentes historias de aparecidos de hombres lobo que él llamaba nahuales. Durante unas vacaciones largas, mi abuelo nos llevó a pasarla en su casa de campo, pues nos llevó la noticia que estaba criando chivos y borregos. Mi abuelo antes de los animales, sólo tenÃa un par de gallinas, un caballo. Estábamos emocionados de poder alimentar a los nuevos animales de mi abuelo. Durante las dos primeras noches pusimos una casa de campaña cerca de una arboleda en el patio principal de la casa de mi abuelo. Durante ambas noches escuchamos una especie de aleteo entre los árboles. Era un sonido que nos causaba miedo, sobre todo cuando iluminamos el árbol con una linterna nos pareció haber visto un buitre enorme. De hecho, la segunda noche nos regresamos a la casa de mi abuelo diciendo que tenÃamos miedo. Mi abuelo nos tranquilizó diciendo que sólo se trataba de una simple ave, que no tenÃamos por qué temer. Sin embargo, al dÃa siguiente amaneció un borrego muerto. No hubiese sido algo extraño, sino era por la manera en que murió. El animal quedó seco como si alguien le hubiera drenado la sangre y todo el lÃquido vital, dejando el puro pellejo pegado a los huesos. Esto puso en alarma a mi abuelo, que le ordenó a un señor que trabajaba con él en la casa que tuviera cuidado, pues si andaba por ahà un animal salvaje era peligroso para nosotros como medida preventiva, nos prohibieron jugar en el campo. Nos tuvimos que entretener jugando dentro de la casa de mi abuelo. No habÃa tanto problema, pues la casa en sà es lo bastante amplia y antes de aquellas vacaciones, pues jamás nos tocó experimentar algo aterrador en la casa de mi abuelo. Una tarde, mientras jugábamos en una de las tres salas, mi hermana, la más chica, lanzó un grito de desesperación. Como suele ser muy bromista. No le quisimos hacer mucho caso. Sin embargo, mi otra hermana también se echó a gritar. Mientras apuntaba en dirección a uno de los roperos, vi la cabeza de una bruja asomarse. No puedo llamarle de otra manera, pues su rostro era pálido y amarillento. TenÃa largos cabellos y del cuello le colgaban como tripas. Su cara mostraba Malicia y yo, que no encontré explicación, no se me ocurrió hacer otra cosa que salir corriendo dejando a mis hermanas atrás. Por suerte, mis hermanas me siguieron. No tardó en llegar mi abuelo. Junto a mi madre, les contamos lo que vimos y ellos se fueron a revisar la sala. Dijeron que no vieron nada. Mi madre no nos creyó. Culpó a las historias de mi abuelo. Dijo que éstas nos estimulaban la imaginación y por eso veÃamos visiones pronto. Mi madre también notó ciertas cosas raras. Por ejemplo, un dÃa la encontramos contándole a mi abuelo que vio un gato montés con cara de humano. Nos impresionó mucho la expresión en la cara de mi madre. Nunca la habÃamos visto. Asà de espantada. No obstante, apenas nos vio guardó silencio y fingió una sonrisa después del avistamiento de la bruja en el Ropero las cosas en la casa de campo de mi abuelo tomaron un giro más inquietante aún cuando veÃamos que mi madre sentÃa miedo, seguÃa intentando hacernos creer que nada de esas historias sobre brujas eran reales. Tal vez hacÃa eso por querer parecer firme y no tuviéramos miedo, pero era imposible hacernos creer que no era cierto que algo extraño estaba ocurriendo en la casa de mi abuelo. Un dÃa, mientras ayudaba a mi abuelo a alimentar a los animales es, escuché unos ruidos extraños provenientes del establo. Me acerqué con cautela y descubrà que el caballo de mi abuelo estaba muy inquieto pateando y relinchando de manera descontrolada. Su mirada reflejaba un profundo terror, como si estuviera viendo algo que nosotros no podÃamos percibir. Me apresuré a llamar a mi abuelo y juntos tratamos de calmar al animal, pero parecÃa imposible en ese momento. Mi abuelo mencionó algo sobre la presencia de un atlahuelpuchi. Mi abuelo nos explicó que el atlahuelpuchi era una criatura mitológica en la cultura mexicana, especialmente en la región de Tlaxcala, de donde ella era originaria. Según las historias, se trataba de una bruja que se transformaba en animal durante la noche para alimentarse de la sangre de los animales y de las personas. Al escuchar estas palabras, sentà un escalofrÃo recorrer mi espalda y recordé los relatos de mi abuelo sobre los hombres lobo y los nahuales. Medida que pasaban los dÃas, los sucesos extraños se volvÃan cada vez más frecuentes y perturbadores. Mi madre continuaba viendo al gato montés con rostro humano y mi abuelo encontraba animales muertos en circunstancias similares a la del borrego. Además, empezamos a notar que durante la noche, los ruidos misteriosos y los aleteos se intensificaban alrededor de la casa. Un dÃa mientras nos encontrábamos jugando cerca de un corral, vimos la cara de la misma mujer que se salió del ropero aquella vez se encontraba en cuclillas y debajo de ella uno de los chivos de mi abuelo con el pescuezo abierto. La mujer succionaba la sangre del animal. Cuando nos vio su rostro se tornó amenazador, dejó al animal que estaba atacando y se dirigió de inmediato en dirección nuestra. Nosotros espantados, comenzamos a gritar y a correr en dirección de la casa. La bruja no nos siguió. Simplemente se quedó parada mirándonos sus ojos. Eran algo en verdad horrible. No sé de qué manera explicarlo. Era como si no tuvieran un reflejo humano y sólo proyectaran un vacÃo de una criatura sin alma. Mientras nos metÃamos la escuchamos lanzar sonidos como los de un animal, cosa que me pareció demasiado grotescos. Estos sonidos sentÃa algo raro en los oÃdos, como si me fueran a sangrar, como sabÃamos que mi madre no nos iba a creer. Nos fuimos directamente con mi abuelo, que se encontraba aplastando uvas. Le estaba contando mi abuelo acerca de la bruja cuando entró corriendo. Mi abuelo muy asustado, decÃa que una vÃbora venenosa habÃa mordido al señor que le ayudaba a mi abuelo. Cerca de las milpas, mi madre lo encontró retorciéndose del dolor. Cerca de las milpas, mi abuelo mantuvo la calma y con ayuda de mi madre, subieron al hombre en su camioneta. Nos indicaron que nos encerráramos. Como yo soy el mayor, intenté imitar el comportamiento de mi madre y, a pesar de que acabábamos de ver una bruja en los alrededores, me quise hacer el fuerte y les dije a mis hermanas que mientras nos quedáramos en la sala principal, todo estarÃa bien. Cuando uno es niño, es ingenuo y habÃa cosas en la casa de mi abuelo que no noté de inmediato, pero aquella vez que nos quedamos solos, me di cuenta y asà cuando mi abuelo y mi madre nos dejaron solos, noté que cada puerta, tanto de la sala como de las habitaciones, habÃa unas tijeras formando una cruz, además de varias hojas de palma seca. En aquel entonces no entendà qué significado tenÃa aquello, pero hoy en dÃa sé que las tijeras en forma de cruz son usadas para impedir el paso a las brujas. Pueden imaginarse a un grupo de hermanos que sólo son niños, a quien acecha una terrible bruja. Vampiro Chamos como tocaban a la puerta y después escuchábamos la voz de mi madre. Mis hermanas estuvieron a punto de abrir más. Yo les dije que no abrieran, que no creÃa que mi madre hubiera llegado asà como asÃ. Además, la camioneta de mi abuelo hace bastante ruido y no escuché el motor. Les indiqué que se asomaran por la ventana. Mi hermana menor fue la única que se acercó. Ella nos dijo que no habÃa nadie allà afuera. Lo que vi del otro lado de la ventana fue nada. En un principio, sólo el campo y los árboles a la lejanÃa el camino, que no era otra cosa que una brecha de piedra y tierra estaba a punto de alejarme de la ventana. Cuando veo a esta especie de gatos salir de entre los árboles acercándose hasta la puerta y de manera sobrehumana a tocar el timbre, yo me eché para atrás, pues vi con mis propios ojos. El gato tenÃa la cara de una mujer por más que desearÃa desder me. QuedarÃa corto de palabras, pues no encuentro palabras para explicar aquello que se supone no deberÃa existir. Era simplemente como si se mezclaran la cara de una mujer en el cuerpo de un gato enorme. La criatura lanzaba unos extraños sonidos. La criatura arañaba desesperadamente la puerta tratando de abrirse paso hacia adentro. Mi corazón latÃa desbocado mientras buscaba una solución. Lo único que se me ocurrió fue decirles a mis hermanas que nos fuéramos a la habitación de mi abuelo, pues dentro de esa habitación tenÃa varios crucifijos en todos los muros. Les dije a mis hermanas que se pusieran a rezar, tal como mi madre nos rezaba en las noches. Rezamos todos al mismo tiempo. No sé cuánto tiempo habrá pasado. Sólo recuerdo que cuando estaba por caer el sol, escuché la camioneta de mi abuelo y salimos de inmediato a recibirlos. Les contamos lo que acababa de ocurrir y para ese momento, mi madre ya no pudo seguir fingiendo. No sabÃa por qué aquella criatura nos acechaba. Mi abuelo le dijo que, desgraciadamente, habÃan encontrado una especie de choza dentro de los lÃmites de su terreno. La echaron abajo él y dos hombres que le ayudaban. Mi abuelo juraba que la choza se veÃa abandonada y dentro sólo habÃan encontrado los cadáveres de varios animales. Mi madre y él supieron que la bruja buscaba venganza. Debido a este desafortunado incidente, mi abuelo mandó llamar a una curandera que no logró la gran cosa. Mi abuelo prefirió vender su casa de campo. Hoy en dÃa, pienso que mi abuelo ya llevaba algún tiempo sufriendo los ataques de aquella bruja pues las tijeras en cada puerta eran una forma de protección. Por suerte, nadie resultó afectado por el acecho de esa bruja la falla en el rancho de mi abuelo. Mi nombre es Soy originario de Tamaulipas, lugar donde he vivido prácticamente toda mi vida. Cuando era niño, solÃa pasar los veranos en el rancho de mi abuelo. A diferencia de otras personas que visitan este tipo de lugares por motivos recreativos, yo lo hacÃa como un castigo y es que siempre fui un muchacho inquieto y vago mi madre con tal de no batallar conmigo. Siempre que tenÃa oportunidad. Le llamaba mi abuelo o alguno de mis tÃos que vivÃan allá. La vida en el rancho es dura y no es que mi abuelo o mis tÃos me trataran mal. Al contrario, siempre fueron amables conmigo, me dieron buenos consejos y enseñanzas. En el rancho habÃa una gran variedad de tareas y responsabilidades que debÃa cumplir. Mi abuelo siempre fue un hombre trabajador y nos enseñaba el valor del esfuerzo y la dedicación. Aunque al principio me costaba adaptarme con el tiempo, aprendà a apreciar la importancia de cada labor, aun cuando no me gustara. Una de las tareas más comunes era el cuidado y alimentación de los animales. HabÃa vacas, caballos, gallinas y otros animales que requerÃan atención diaria. Me encargaba de ordeñar las vacas, asegurándome de que estuvieran cómodas y bien alimentadas. También me ocupaba de la limpieza de los establos y de reparar cualquier cercado dañado. Además, habÃa un extenso campo de cultivo en el rancho Durante la temporada de siembra ayudaba a preparar la tierra, plantar las semillas y asegurarme de que recibieran suficiente agua y nutrientes. Durante la cosecha participaba en la recolección de los cultivos como maÃz, frijoles y calabazas. Jamás estaba en paz y cada que podÃa me escapaba al campo hasta llegar a una zona donde el terreno mostraba varias grietas pequeñas. Después de los quince años dejé de ir por dos años. No fui hasta que cumplà dieciocho que no quise hacer trámites a la universidad y en castigo me mandaron de nuevo al rancho de mi abuelo. Las cosas habÃan cambiado. El lugar que antaño fue verde y bello lucÃa gris y árido. Muchas de las cosechas se abandonaron y ahora mi abuelo sólo se dedicaba sólo a la crianza de cerdos, pues decÃa que era el animal que más ganancias otorgaba, ya que nada se desperdiciaba, ninguno de sus hijos ya vivÃa con él y sólo le acompañaban un par de personas que se encargaban de atender tanto a los cerdos como a mi abuelo, quien, de ser una persona robusta y alta, lucÃa demasiado esbelto y cansado. Sentà pena de verlo asÃ. DecÃan que tenÃa diabetes, cosa que era rara, pues él llevaba una dieta muy saludable, además de ser una persona muy activa. Ahora dependÃa de un bastón e incluso en viajes un poco más largos. Era necesario llevarlo en una silla de ruedas. A mi abuelo le dio mucho gusto verme en y en esta ora no me puso a atender animales ni sembradÃos, sino a realizar trabajo de restauración en su casa, cosas sencillas como cubrir goteras o pintar algunas habitaciones. Le pregunté a mi abuelo sobre él por qué un cambio tan radical en las tierras, si sólo me ausente dos años y hasta dónde recordaba todo era verde y su siembra muy productiva, a lo que mi abuelo respondió que todo era culpa de las malditas grietas que, al parecer, habÃan desviado el cauce de los mantos acuáticos dejando seca la tierra. Parece como si una maldición hubiera surgido del fondo de la tierra. Dijo mi abuelo. No sabÃa por qué decÃa eso mi abuelo, pero apenas tuve oportunidad. Fui caminando hasta la zona donde se encontraba la falla. Apenas llegué y noté que la tierra era aún más árida En ese lugar. El suelo estaba tan seco que ni siquiera las hormigas habitaban en él. Me sorprendió ver el tamaño de las grietas hasta donde yo recordaba. Sólo eran unas pequeñas lÃneas y ahora fácilmente cabrÃa un autobús por la fisura. Me acerqué a la orilla con cuidado y no alcancé a ver el fondo. Sentà vértigo y un miedo profundo se apoderó de mÃ. Me alejé de la grieta y caà sobre mi trasero. Intenté controlarme, pues no tenÃa sentido sentir miedo. Nunca antes le tuve miedo a las alturas o algo parecido saqué un cigarro de un estuche que escondÃa dentro de mi cartera y después de un par de caladas me tranquilicé, pero comencé a notar cierto sonido dentro de la grieta, algo parecido al sonido que hacen los sapos durante el temporal de lluvias. Sólo que este sonido era más fuerte como si lo emitiera algún animal más grande. Me acerqué un poco a la grieta. No demasiado, pues no deseaba pasar otro episodio de vértigo. Sólo me acerqué lo suficiente para ver dentro. En el fondo, vi dos enormes ojos redondos brillando con la luz del sol eran amarillos como los de un gato, pensando en que tal vez algún gato montés se hubiera refugiado dentro de la grieta. Preferà alejarme y regresar a la finca de mi abuelo. Más cuando estuve a punto de partir, vi algo enorme salir brincando de la grieta. Los rayos del sol no me dejaron ver bien que era sólo vi la silueta alejarse de mÃ. En ese momento regresé corriendo y al llegar me encontré con una de las personas que ayudaban a mi abuelo, quien, después de escucharme que estaba en las grietas, pareció asustarse. Me dijo que no era buena idea acercarse a ese lugar, pues habÃan visto demonio salir del fondo de la tierra que él mismo los habÃa visto arrastrar un par de cerdos. Como si nada. Escuché la historia de este hombre. No obstante, no quise creerle si bien habÃa visto algo. Me negué a creer que era obra de algún criptido o demonio. Los animales salvajes son igualmente aterradores. No quise contarle mi encuentro, pues no deseaba contribuir con lo que creÃa era una fantasÃa. Simplemente me limité a prometerle que no volverÃa a acercarme a ese lugar. El resto del dÃa me dediqué a atender los encargos de mi abuelo. Llegó la noche y, como terminé muy cansado. Apenas toqué la cama me quedé dormido. Soñaba con el par de ojos que vi dentro de las grietas en mi sueño, algo me arrastraba dentro de la tierra y justo cuando iba cayendo, escuché una explosión que terminó por despertarme. El sonido habÃa sido real. Sonaba como la detonación de un arma de alto calibre. Me puse de pie. Después caminé en dirección a la sala, donde ya se encontraba mi abuelo. Ãl me dijo que vio una explosión en el chiquero. Agarramos una linterna gigante que tenÃa y me pidió que cargara la escopeta. Cuando salimos de la casa, ya nos esperaban los hombres de mi abuelo, cada uno armado con un machete y un par de linternas. Uno de ellos dijo que los causantes de ese estallido habÃan sido los demonios que salÃan de las grietas. Apenas dijo esto, Mi abuelo le indicó que callara y que no emitiera un juicio hasta no estar seguros de ver que era lo que estaba ocurriendo. En realidad, llegamos al corral y nos encontramos con algo espantoso. Uno de los cerdos habÃa explotado asustando el resto que corrÃan desbocados hacia el campo. Primero revisamos bien el perÃmetro para ver que no habÃa nadie más en el campo. Enseguida de que nos percatamos que no habÃa nadie, los dos hombres se dieron a la tarea de llevar a los cerdos hasta un chiquero más pequeño, pero más seguro, mientras mi abuelo y yo revisábamos los trozos del cerdo que estalló. Lo primero que hicimos fue buscar algún casquillo por si acaso habÃa sido obra de alguna detonación o algún explosivo, pero no encontramos nada por más que buscamos. Todo era grasa, sangre y trozos de carne regados por el chiquero. Me puse a limpiar cuando mi abuelo lanzó un grito y apuntando hacia el campo, me pidió que mirara. Era esa maldita criatura de ojos redondos. No alcanzábamos a distinguirlo bien, pero su piel parecÃa entre gris y verde yba erguido. Arrastraba un trozo de la carne del cerdo la criatura. Al percatarse que la vimos, dejó de lado el trozo de carne y comenzó a producir ese horrible gorgoteo. ParecÃa como si produjera palabras en otro tipo de lengua desconocida para nosotros. En ese momento llegaron los hombres de mi abuelo. Es uno de esos demonios. Gritaron yo sin pensarlo dos veces casi por instinto apunté la escopeta en dirección a la criatura y jalé el gatillo, pero mi tiro se perdió en la oscuridad. Uno de los hombres me dijo que las armas de fuego no funcionan contra los demonios y que lo mejor era huir de allÃ, ponernos a salvo y rezar porque el demonio no viniera por nosotros. Comenzamos la marcha mientras yo cubrÃa nuestra huida con la escopeta, aunque sabÃa que no tenÃa sentido alguno. Si en verdad a esa criatura fuera lo que fuera, le eran inmunes las armas de fuego. No vi que nos viniera siguiendo aún asÃ. Cuando llegamos a la finca, mi abuelo estaba muy mal. Tuve que inyectarle insulina, pero no pude estabilizarlo. Entonces me pidió que lo llevara al hospital. Me entregó las llaves de una de sus camionetas. Yo no era tan experimentado para manejar. Por suerte, la camioneta era automática y no me fue tan difÃcil manejar. Llegamos bien al hospital, donde atendieron rápido a mi abuelo. Pasé toda la noche en vela, asustado tanto por la salud de mi abuelo como por la criatura que vimos. Cuando regresamos a mi a mi abur é lo quiso conducir, a pesar de que se veÃa un débil. Pienso que tal vez no confiaba mucho en mi habilidad para manejar de regreso. En el rancho nos encontramos a los hombres atendiendo a los chiqueros. Después de preguntarle a mi abuelo sobre su estado, nos guiaron para mostrarnos unas extrañas pisadas en el mismo lugar donde vimos al demonio. La noche anterior, mi abuelo dio la orden de mantener a los cerdos en el chiquero que estaba más cerrado hasta que no encontraran una solución contra los ataques de ese demonio. Mi abuelo durmió el resto del dÃa y yo me dediqué a realizar tareas dentro de la finca. Aún me sentÃa consternado. Mi mente luchaba por encontrar un motivo racional para los acontecimientos que estaban ocurriendo, pues me negaba a creer en la existencia de demonios o criptidos. Llegó la noche y después de darle de cenar a mi abuelo, me fui a la cama cerca de las dos de la madrugada. Escuché chillar a los cerdos de manera desesperada, Me levanté de súbito y fui a buscar a mi abuelo, quien me entregó la escopeta y me pidió que fuera sólo a ver que estaba ocurriendo de nuevo. Cuando llegué al chiquero, estaban los dos hombres de mi abuelo me dijeron que vieron al demonio intentando forzar las puertas del corral, pero que uno de ellos le alcanzó a golpear en una pierna con ayuda de un azadón. Mientras me contaban esto, escuchamos de nuevo un estallido. Esta vez, el sonido venÃa de la parte de la finca donde mi abuelo guardaba sus vehÃculos. Nos dirigimos allà y al llegar lo vimos era una criatura bÃpeda de al menos dos metros de altura. TenÃa los ojos inyectados en sangre piel escamosa. No sabrÃa cómo describir lo mejor, pues no hay ser sobre la tierra que se le compare. Se acercó hacia nosotros, tomó del hombro a uno de los hombres de mi abuelo y lo arrastró hasta perderse. En la penumbra de la noche, escuchamos los gritos del pobre desgraciado en la lejanÃa. No obstante, no hicimos el menor esfuerzo por intentar rescatarlo, pues poco o nada podÃamos hacer contra un ser como ese. Mi abuelo terminó vendiendo los cerdos y rematando el rancho. Murió poco después de un año de estos acontecimientos. Los doctores dijeron que fue a causa de complicaciones de la diabetes, pero él solÃa decir que no existÃa noche en que no soñara con el demonio que terminó con su rancho. El cadáver de su trabajador nunca fue localizado, aunque claro nadie se atrevió a buscar dentro de las grietas. Yo hasta la fecha no sé qué era esa criatura. He visto programas en la televisión acerca de seres de aspecto reptiloide y, aunque son parecidos, no puedo compararlos. No sé el origen real de esa criatura. Pero de algo Estoy seguro. Ese tipo de seres habitan en lo más profundo de la tierra y son probablemente de las criaturas que las personas en la antigüedad llamaron demonios. Cruce de caminos. Hace tiempo migré de Estado, esto a causa de la violencia que se vivÃa del lugar del que soy originario, que es guerrero. Viajé entonces hasta un pueblito de Veracruz, donde estuve vagando por un tiempo sin conseguir un trabajo fijo. Aunque no tenÃa familia a quien mantener me sentÃa bastante desesperado por encontrar un empleo, para conseguir comida cada dÃa y también lograr cambiar mis ropas, que para ese momento estaban muy viejas. Un dÃa en Córdoba conocà a un hombre que tenÃa cafetales. Yo creo que me vio en tan mal estado que me invitó a desayunar y mientras comÃa, mandó a un ayudante a traerme ropa. El hombre se llama Fernando. Me llevarÃa unos escasos cinco años de edad. Me ofreció trabajar en uno de sus plantaciones. Acepté sin pensarlo dos veces. Fui llevado entonces a una de las plantaciones en el campo. Era una plantación grandÃsima. Abarcaba una gran extensión en la sierra. Yo estaba acostumbrado a la vida del campesino, pues en guerrero siempre trabajé en la siembra allá, fuera de frijol o maÃz, me permitieron vivir en una choza junto a otras personas. La vida en la plantación resultó ser un cambio radical para mÃ, aunque seguÃa siendo un trabajo duro y exigente. La diferencia era que ahora tenÃa un empleo estable y un techo sobre mi cabeza. Los primeros dÃas fueron agotadores, pero poco a poco me fui adaptando a la rutina y aprendiendo las labores especÃficas de trabajar en los cafetales. Con el tiempo fui ganándome la confianza de mis compañeros y del dueño de la plantación, Fernando. Me di cuenta de que era un hombre justo y preocupado por el bienestar de sus trabajadores. No sólo nos proporcionaban un lugar para vivir, sino que también nos aseguraba comida suficiente y un salario justo por nuestro trabajo. A medida que pasaban los meses empecé a familiarizarme con los procesos de cultivo del café. Aprendà a reconocer las diferentes variedades de café, a realizar la cosecha en el momento adecuado y a procesar los granos correctamente. Me sentÃa orgulloso de contribuir a la producción de un producto tan apreciado y valorado en todo el mundo. Comencé a tomar gusto por las caminatas en el campo. Primero las realizaba rodeando toda la plantación. Más con el tiempo, comencé a caminar cada vez más lejos. Un dÃa llegué hasta un cruce de caminos donde estaba un letrero que el tiempo ya habÃa borrado los nombres de los poblados que indicaban las flechas. Uno de los dos caminos llevaba hacia la carretera y otro hasta un poblado abandonado. Tomé la dirección de este último, pues la curiosidad me llamaba camino un par de kilómetros. El lugar, al parecer, no habÃa sido demasiado grande. Una docena de chozas ya destruidas por las inclemencias del tiempo, un pozo de agua en una plaza abandonada y una capilla con el tejado derrumbado por aquellos dÃas. El clima estaba frÃo y con humedad. CaÃan pequeñas lloviznas, asà que una neblina cubrÃa todo el lugar. El sol se veÃa débil entre las nubes. Miré de repente al cielo y vi algo que me dejó impactado. Era la silueta de una mujer suspendida en el aire. Miré más de dos veces pensando que mi mente me jugaba una broma, pero cuando la vi moverse, no lo dudé, pensando que se trataba de una bruja. Salà corriendo de esa pequeña comunidad abandonada. Justo iba llegando al cruce de caminos. Cuando sentà que algo me tomó del tobillo, miré para ver quién me habÃa agarrado. Se trataba de un hombre de unos treinta años. Estaba muy delgado, tenÃa la piel quemada y los labios secos. Me pidió ayuda y yo decidà llevarlo a la plantación. El hombre mostraba padecer amnesia, pues no recordaba ni su propio nombre. Sólo decÃa haber sido atacado por algo maligno, de lo que no querÃa hablar, pues le hacÃa sentir mal. Los peones decÃan que al hombre lo atacaron las brujas y que deberÃamos sacarlo de la plantación, pues no sabÃamos si vendrÃan a buscarlo y nos arriesgábamos a que nos maldijeran la tierra y se nos echara a perder todo el trabajo. Yo, en cambio, les pedà que tuvieran compasión de ese hombre y es que no podÃa dejar de reflejarme en él. Yo mismo me vi como el cuando huà de mi comunidad. Les dije a los peones que tuvieran un poco de piedad de aquel hombre que, ya que estuviera mejor, probablemente recuperarÃa la memoria y lograrÃa volver a casa. Hablé con el patrón y él no tuvo problema alguno con que le brindáramos hospitalidad a ese extraño. Con el pasar de los dÃas, el hombre comenzó a recuperar la memoria. DecÃa llamarse Rogelio y haber trabajado en un ingenio azucarero. No recordaba nada más que eso, solo que después de una fiesta tuvo un encuentro con algo maligno. De regreso a su casa, comenzó a ayudarnos en la plantación y en todo lo que podÃa. Todo iba normal hasta que entrado diciembre. Varios rumores se comenzaron a regar entre los peones. DecÃan que escuchaban serpientes en los tejados de las chozas y que habÃan escuchado hablar a un tecolote en una de las bodegas del cafetal. Una noche yo me levanté al baño y cuando iba de camino a mi cama, escuché unos aullidos, algo raros. No era el sonido que harÃa un animal, sino como si una persona lo hiciera. Seguà el sonido ayudándome de una lámpara de aceite, pero el sonido parecÃa alejarse cada vez más. El sonido me llevó hasta donde se encontraba el cruce de caminos y poco antes de llegar vi a este hombre que rescaté estaba hincado con los ojos en blanco y hacÃa esos sonidos dos tan raro eran tan exagerados que casi podÃa percibir cómo se lastimaba la garganta al producirlos. Sentà un escalofrÃo recorrer todo mi cuerpo aquel hombre parecÃa poseÃdo. No me dejé dominar por el miedo. Intenté acercarme a él más. El hombre se puso en pie y me jaloneó con una fuerza sobrehumana. Forcejé inútilmente contra él por un rato cuando menos lo esperé. Sentà como me arrojó contra unos matorrales. Perdà el conocimiento durante unos momentos y cuando volvà en mÃ, busqué mi lámpara cosa que fue demasiado difÃcil, pues la penumbra en el campo es mayor, sobre todo cuando no hay luna llena. Cuando logré encontrar y encender mi lámpara todo, estaba bastante extraño. Intenté ubicarme, pero no veÃa el cruce de caminos por ningún lado. Todo era hierba alta. Caminé torpemente hasta que di con una brecha. Era un camino que se me hizo conocido. Era el camino que Lleno llevaba más allá del poblado abandonado. Sentà miedo en verdad no podÃa entender. La única explicación era que ese extraño sujeto me arrastró hasta allÃ. Intenté llenarme de valor y seguà la brecha. Me sentÃa bastante mal aparte de todo el miedo que intentaba reprimir, miraba el aceite que le quedaba mi lámpara y sabÃa que de un momento a otro se consumirÃa totalmente. Caminé lo más pronto posible. Pronto llegué hasta el poblado abandonado, donde encontré que muchas de las chozas se encontraban iluminadas. Escuché cánticos extraños. Intenté no mirar dentro de las chozas, pero me fue imposible. Lo que vi dentro de una de esas casas no era otra cosa que una reunión de brujas en todo su esplendor. No me detuve a ver qué es lo que hacÃan exactamente, pero tanto los sonidos como las sombras reflejadas bien podrÃan ser resumidas a una blasfemia total. No tardé en salir del poblado. Comencé a sentir un poco de alivio. Desgraciadamente, mi suerte no mejorarÃa, pues me encontré cara a cara con algo que sólo puede ser definido como una pesadilla viviente cerca del cruce de caminos. Vi un bulto que al principio pensé más cuando me acerqué. Escuché la voz de una mujer hablando en un lenguaje desconocido. Para mà parecÃa una especie de lengua indÃgena. Con el último destello de mi lámpara iluminé el arbusto, entonces la vi era la cabeza de una mujer unida a un cuerpo de serpiente. MantenÃa la cabeza erguida. Me miraba con una mirada demonÃaca. Sus ojos parecÃan hechos de pura sangre. Me eché hacia atrás. Escuchaba como esa horripilante criatura seguÃa hablando mientras se movÃa entre la hierba. En ese momento, el aceite de la lámpara se consumió totalmente sin un arma que utilizar para defenderme. Me aferré a pedir ayuda de o quien pareció escuchar mis rezos, pues de un momento a otro, vi varias luces frente a mà eran los peones del cafetal que, armados con muchas linternas, un par de rifles y machetes cubrieron la zona. Yo corrà en dirección hacia ellos les indiqué en qué dirección habÃa visto esa especie de bruja serpiente rápidamente, la ubicaron y enseguida le dieron un par de tiros que no le hicieron nada. Aquella criatura lanzó un chillido horrible. En ese momento, uno de los hombres dijo que las balas no nos servirÃan contra ese ser y si querÃamos acabar con ella tendrÃamos que usar el afilado acero de los machetes. Dos de los hombres más valientes se acercaron a la bruja. Mordió a uno que lanzó un grito de desesperación. El otro hombre aprovechó que mantenÃa sus colmillos ocupados para de un tajo. El cuerpo de serpientes se retorció hasta que de repente se dejó de mover. Los hombres armaron una pila con troncos y ramas que encontraron cerca del cruce de caminos. La bañaron con aceite. Luego pusieron la cabeza y el cuerpo de la criatura y le prendieron fuego. Mientras esto ocurrÃa, varias aves comenzaron a sobrevolar la zona. Los peones decÃan que también se trataban de brujas y que lo mejor serÃa dejar esa tierra, pues si habÃa más de una serÃa más difÃcil defenderse. Asà pues, regresamos a la plantación aquella noche. Todos pensamos que las cosas empeorarÃan. No obstante, con el pasar de los dÃas, las cosas se calmaron, aunque de aquel extraño hombre ya no volvimos a saber nada. Se decÃa entre los campesinos que la verdadera identidad de ese hombre era la del mismÃsimo demonio que estaba buscando almas para alimentar a sus brujas. Del cruce de caminos. Tampoco se supo nada, pues aunque evitamos pasar por allà por mucho tino tiempo, tarde o temprano, cruzamos por allÃ, pero el letrero ya no se encontraba en ese lugar, además de que ya ninguna choza se mantenÃa en pie. De hecho, no existÃa rastro alguno de que hubiera estado un poblado macario. La siguiente historia me la contó mi abuela Paterna, que era originaria de Ameca Jalisco, México. Ameca es una encantadora ciudad ubicada en el Estado de Jalisco se encuentra en el corazón de la región conocida como los Altos de Jalisco, rodeada de hermosos paisajes naturales y montañas, conocida como la Perla de los Altos Ameca. Es reconocida por su rica historia, su arquitectura colonial y su gente amable y hospitalaria. El centro de la ciudad está lleno de calles empedradas y coloridas fachadas que evocan la tradición y el encanto de la época colonial. En la época en que mi abuela era pequeña, la mayorÃa de las personas se dedicaban a dos cosas, a la pesca o al trabajo de campo, sobre todo en los ingenios azucareros. Mi abuela era la más pequeña de una familia de cinco hijos. Siendo ella mi bisabuela era una persona bastante conflictiva. Se dice que padecÃa algún tipo de desorden mental. DecÃan que quedó asà desde que mataron a su esposo en la guerra Cristera y casi siempre estaba molesta, además de que siempre despreció a mi abuela, pues decÃa que las niñas traÃan mala suerte al hogar. A causa de este rechazo, mi abuela fue adoptada por un tÃo abuelo cuya mujer no habÃa podido tener hijos y ya eran bastante mayores como para poder procrear. Ellos La aceptaron con alegrÃa y amor, lo mismo que mi bisabuela le negó. El tÃo abuelo se llamaba Santiago. Trabajaba como albañe en la casa. VivÃa también otro tÃo abuelo que se llamaba Macario, a quien se le consideraba el vago del pueblo, pues aunque seguido lo contrataban en los ingenios, tenÃa fama de borracho y pendenciero. Mi abuela se llamaba Concepción y su tÃa Herminia la cuidaba con esmero. Prácticamente la trataba como una muñeca. Le mandaba a hacer vestidos. Le contrató un tutor para que le enseñara a leer, escribir y a realizar operaciones matemáticas, cosa que no se les permitÃa a todas las mujeres de esa época. Tampoco dejaba que se le acercara a Macario, a quien se les conocÃan varios tocamientos indebidos a otras jovencitas. Mi abuela recuerda que Macario era bromista y que jamás le faltó al respeto. Le daba pena ver que su tÃo caÃa embrutecido por la bebida en un rincón del Sahuán. Varias veces ella misma le hecho una cobija encima, pues sentÃa pena de que pasara frÃo. Macario solÃa viajar a los ingenios en los que trabajaba usando una vida bicicleta y, como era de esperarse en más de una ocasión se cayó y golpeó fuertemente. Ya era un hombre de casi cincuenta años que gastaba todo lo que ganaba en la cantina y lo que le sobraba en aguardiente de mala calidad, pero su hermano Santiago siempre veÃa por él decÃa que si no lo ayudaba a él, quién. Un tiempo no regresó a casa y el tÃo Santiago estuvo preocupado, pues no lo veÃan ni siquiera en las cantinas. No fue hasta mi abuela y su tÃa caminaban por el mercado a realizar las compras que le vieron el brazo de una mujer iba bien vestido y aseado. Al verlas, se acercó y, pidiendo disculpas, a la tÃa le dijo que se habÃa juntado con esta mujer de nombre Mariana, de quien estaba enamorado. Ahora trabajaba en una fábrica de costales y vivÃa en un rancho que se llamaba Santuario, que muy pronto nos visitarÃa y les darÃa una compensación por haberle ayudado. Tan dice mi abuela que la mujer de mi tÃo parecÃa una mujer de mala nota y era, en efecto, una dama sacada de uno de los burdeles que existÃan en la carretera. Ese dÃa prosiguieron su camino, realizaron las compras y después volvieron a casa. A pesar de la promesa dicha por el tÃo Macario, jamás los visitaron, los volvieron a ver un par de domingos en misa y desayunando en los puestos del mercado. Luego no supieron nada de ellos. Para esto, mi abuela, que ya era una adolescente, habÃa entrado a trabajar a una fondita del mercado, era rebelde y le gustaba pasear por el campo. Aún cuando esto le traÃa problemas con su tÃa. A su madre ni siquiera la visitaba, pues decÃa que el par de veces que quiso hacerlo esta la maltrató. Le dijo groserÃas y prácticamente la corrió de la casa. Sus hermanos, en cambio, de vez en cuando le compraban ropa o le daban dinero, a veces la llevaban de paseo al rÃo. Ocurrió, pues, que mi abuela, en una de sus tantas escapadas al campo, vio a Macario en un estado lamentable. Sus ropas eran las de un vagabundo y se encontraba muy flaco. Prácticamente la piel pegada a los huesos no corrió a hablarle, pues vio algo sospechoso. Llevaba con él un largo cuchillo y un raro libro entre manos. Dice mi abuela que recordaba perfectamente un árbol de enorme tronco muy frondoso, con ramas retorcidas era difÃcil no distinguirlo, pues ninguno de los otros árboles se le parecÃa. Macario clavó el cuchillo en el árbol. Después se cortó la palma de la mano y, recitando una especie de maldición, cubrió el tronco con su sangre y enseguida vio salir a alguien del árbol. Dice mi abuela que esa persona no podrÃa ser otra que no fuera el prÃncipe de las Tinieblas. Era parecido a un monje todo de negro. Lo único que vio mi abuela fue que aquel extraño hombre vestido de negro le extendió una hoja que Macario procedió a firmar. Mi abuela sintió tanto miedo que se echó a correr de regreso a casa. A pesar de que su tÃa le preguntaba una y otra vez sobre lo que le ocurrÃa. Mi abuela le decÃa que simplemente estaba cansada con el pasar de los dÃas, mi abuela y sus dos tÃos fueron testigos de sucesos extraños. Macario habÃa dejado todas sus cosas en la casa de su hermano, incluyendo su bicicleta misma que colgaba en uno de los muros de la sala, también un sofá individual donde se sentaba a beber aguardiente. Una noche vieron como si alguien se sentara en el sillón. Incluso escucharon la madera a rechinar lo mismo el sonido del vaso de metal que usaba Macario, como si no fuera poco a los minutos. La bicicleta, suspendida en un gancho comenzó a girar por sà sola, como si alguien la PEDALEARA esto los asustó demasiado que decidieron mandar traer ara de la parroquia. Bendijo la casa arrojando agua bendita y realizando oraciones, aunque después de la bendición del cura dejó a todos más tranquilos y pareció calmar la actividad paranormal. Nadie tenÃa noticias de Macario. El tÃo Santiago recorrió varias haciendas e ingenios pero no sabÃa nada de él ni de la mujer con la que se habÃa juntado hasta que un dÃa uno de ellos, amigo de borrachera de Macario, dijo haberlo visto cerca del lago, estaba cubierto de sangre y se veÃa bastante mal. El TÃo Santiago se dirigió de inmediato al lugar. Encontró a Macario convaleciente deliraba con ayuda de otros dos hombres lo llevaron a su casa y es que, pese a ser un hombre muy esbelto, era bastante alto. DecÃa mi abuela que al menos media un metro noventa. Cuenta mi abuela que duró varios dÃas ardiendo de fiebre, decÃa incoherencias. Hablaba sobre venganza y algo sobre una bruja que le den la vida. Después de una semana, Macario mejoró de su fiebre, pero su mente no volvió a estar bien. Se veÃa paranoico, sufrÃa delirio de persecución, temblores y pérdida de la memoria. Constantemente hablaba de que el diablo vendrÃa a cobrarle una deuda, Lo mantenÃa encerrado en la casa, pero cada que podÃa se escapaba en dirección al lago. En una de esas veces que se escapó, mi abuela se quedó sola en la casa con su tÃa. Entonces tocó a la puerta un hombre muy extraño a quien vieron por la ventana. Iba vestido con un traje negro, con un moño y sombrero de copa. Era el catrÃn que no es otro ente que el mismÃsimo demonio. El sujeto preguntó por Macario, pero la TÃa Herminia sabÃa que no podÃa tratarse de alguien bueno y no le quiso abrir completamente la puerta. Le dijo que no estaba Macario y que hacÃa mucho, que no sabÃa nada de él. En eso, el extraño CatrÃn le pidió que no le echara mentiras, que sabÃa perfectamente que Macario allà vivÃa, que tenÃa una deuda que saldar y no se irÃa hasta que no saliera. La TÃa Herminia cerró la puerta. Entonces dice mi abuela que les llegó un olor a azufre demasiado intenso y, por más, que lo intentaron, no distinguÃan el rostro del sujeto. ParecÃa estar envuelto en una profunda oscuridad. Lo que hicieron enseguida fue ir por una enorme cruz de madera y agua bendita que dejó el cura. Cuando bendijo la casa, comenzaron a rezar la magnÃfica un rezo que solÃan rezar. Cuando sentÃa miedo, la tÃa Herminia roció la puerta con el agua Bendita. Cuenta mi abuela que vieron cómo salÃan chispas y el catrÃn del otro lado lanzó una maldición y después salió corriendo del zaguán. En ese momento, mi abuela, concepción le contó de la vez que vio al tÃo Macario realizando un extraño ritual en un árbol en el campo. Era obvio que Macario habÃa realizado un pacto con el maligno y ahora éste, después de haberle otorgado su favor, estaba dispuesto a arrastrar su alma al infierno. Fueron en busca del cura, le contaron lo sucedido y se ofreció a recibir a Macario para escuchar su confesión. Apenas lo encontráramos. Lo vieron charlando con un lanchero. Intentamos decirle que los acompañara, que conocÃan su problema y el señor Cura podrÃa ayudarlo. Al principio se negó. DecÃa que tanto mi abuela como Herminia eran cómplices del catrÃn, pero después de prometerle que le darÃan algo de aguardiente, accedió a ir con ellos. El señor Cura pidió que lo dejaran a solas con Macario. Luego de una hora de plática, Macario salió solo se veÃa cabizbajo, aunque más cuerdo. No quiso decir palabra alguna en todo el camino, pero una vez llegaron a la cuadra en que estaba la casa, se puso frenético. No querÃa seguir. Gritaba que el diablo vendrÃa por él. En eso llegó Sandra con otros dos hombres. Le quisieron persuadir amenazándole con llevarlo a encerrar a un manicomio en Guadalajara. Desafortunadamente, no pudieron detenerlo, pues una fuerza sobrehumana se apoderó de él, empujó a los tres hombres y salió corriendo hacia el campo. Mi abuela dice que todos corrieron tras él, no sólo el tÃo Santiago y los dos hombres, sino que muchos chismosos del pueblo. Lo mismo, mi abuela y su tÃa Herminia lo alcanzaron justo en el lugar que lo habÃa visto yo en ese mismo árbol. No alcanzaron a tomar a Macario, pues del árbol salieron varios brazos que lo atraparon de inmediato. En eso apareció el catrÃn y, acercándose a las personas, esbozó una sonrisa perversa y ante los ojos de las personas, Macario desapareció dejando un grito desgarrador. Dice mi abuela que, después de la desaparición de Macario, cortaron y quemaron el árbol mar marcando rs la zona en la que ocurrieron los hechos prohibiendo a las personas acercarse supieron por parte de un lanchero que era amigo de él, que Macario hizo un pacto con el diablo para que su suegro muriera, ya que le culpaba de que su mujer lo abandonara. Tiempo después, cada cierto tiempo, en la casa del tÃo Santiago por las noches, se podÃa escuchar como si Macario se sentara en su sillón y como pedaleaba su bicicleta con prisa, como si intentara salir del infierno los árboles que se mueven. De joven vivÃa en un rancho en Zacatecas y fui testigo de una tragedia y un suceso paranormal, un lugar muy bonito adentrado en la sierra. Esto trae ventajas como desventajas, por ejemplo, podrÃas disfrutar de la naturaleza y, por más, que hiciera sol El calor no era tan fuerte gracias a los bosques de árboles que nos rodeaban. Por otra parte, se tenÃa que tener cuidado con los animales salvajes como leones de montaña, pumas, coyotes, entre otros. El dueño del rancho era un tÃo abuelo. No poseÃa mucho ganado y aunque poseÃa muchas hectáreas, no toda la tierra la labraba. Por este motivo no trabajaban muchas personas con él. Solo dos primos y yo entre nosotros sacábamos adelante el trabajo tanto el manejo de la tierra como el cuidado del terreno. Y es que en diversas ocasiones hubo robo de ganado como el ataque de coyotes en el rancho. Nunca habÃamos pasado nada paranormal. Escuchábamos historias de otras personas acerca del avistamiento de nahuales de brujas flotando por los aires con forma de esferas de fuego, o incluso decÃan haber visto candiles caminando entre los árboles. Pero nosotros nada. HabÃamos visto sólo los peligros reales, como animales salvajes o enfrentamiento con ladrones. Un dÃa todos se fueron a una fiesta a otro rancho. Mi tÃo no querÃa dejar sola a la tierra, pues se acababan de perder unos borregos y pensábamos que todo era obra de algunos ladrones. Yo me ofrecÃa quedarme a cuidar, pues en lo personal no me gustaban mucho las fiestas. Me dejaron un caballo y una pistola escuadra. Aquel dÃa sólo tendrÃa que estar al pendiente de la tierra, además de alimentar al ganado. Llevé el caballo desde un dÃa antes y es que mi casa quedaba en los lÃmites del rancho. Cuando iba cabalgando en dirección a los corrales, aprovechando que traÃa el caballo, tomé un camino diferente. Por lo regular, tomaba un camino despejado, una brecha de tierra que no contaba con muchos árboles. Este camino rodeaba bastante y era más tardado el otro camino. TenÃas que caminar por un rÃo seco y o r uzar varios lugares que a pie no serÃa posible de ida cerca de una zona que está aún un poco más despejada. El caballo comenzó a ponerse un poco nervioso, pero después de jalarle las riendas, siguió trotando normal serÃan mis nervios pero cuando llegué a los corrales me sentà observado, incluso escuché como si el viento mencionara mi nombre. No sé si serÃa porque estaba solo o porque estaba nublado, pero una sensación de vacÃo me invadió. El ganado también comenzó a mostrarse inquieto. Entonces me puse atento para cualquier cosa que pudiera pasar. Caminé alrededor de los corrales en busca de algún animal salvaje. No vi nada el dÃa. Estaba nublado y demasiado callado, ni siquiera un ave Surcando los cielos terminé las tareas, me trepé en el caballo y me dispuse a partir en dirección a la casa de mi tÃo, ya que me habÃa encargado que me quedara allà hasta que ellos llegaran. Iba a medio camino. Cuando el caballo se alteró de mas, casi estuvo a punto de tirarme tan inquieto estaba que me bajé y lo intenté tranquilizar. Comencé a hablarle bonito al oÃdo de reojo. Vi algo moverse rápidamente de inmediato me volteé a mirar qué era lo que ocurrÃa. Lo que mis ojos vieron no tenÃa explicación. Juro que vi un pequeño árbol moverse. Era un movimiento lento y torpe. También escuché unas vocecitas burlonas. Este sonido terminó por enloquecer al caballo, que comenzó a correr desbocado. Se perdió al lado izquierdo del camino, dejándome allà en medio del bosque. Intenté llamar al caballo, pero nada pudo hacerlo. Volver maldije mientras dirigÃa mi vista hacia el árbol que se movÃa, Entonces pude ver que no se trataba de un árbol, sino algo más aterrador. Era una criatura a la que hasta el dÃa de hoy no puedo encontrarle explicación alguna. Me dirÃa cerca de dos metros se arrastraba con unos brazos que para parecÃan ramas. ParecÃa que no tenÃa piernas. Estaba cubierto de una gruesa capa de musgo y suciedad del campo. Su rostro era lo más aterrador. Debajo de la cara le crecÃan unos huesos que parecÃan ramas de árbol. Sus ojos estaban vacÃos. No le vi boca alguna, pero sà producÃa un sonido horrible, parecido al de algún animal salvaje como un alce. Comencé a caminar hacia atrás, pues aún cuando aquella cosa no era muy rápida, me aterraba su forma. No le encontraba explicación alguna a este suceso. Segundos después comencé a ver como si todos los árboles a los lados del camino se movieran y murmuraban entre ellos, todo el ambiente se puso denso. Una oscuridad descendió en esa parte del campo y yo sin caballo. Lo único que se me ocurrió fue sacar el arma. Fuese lo que fuese que me estuviera cazando, No le serÃa fácil atraparme. Primero le descargarÃa todo los tiros en la pistola. La cosa que parecÃa hecha de ramas habÃa desaparecido. Me alejé del camino caminando en la misma dirección que se habÃa ido el caballo. Llegué a la brecha cerca del anochecer. La luz ya estaba a punto de caer completamente. No traÃa linterna ni nada y como el cielo estaba nublado, ni siquiera la luna me alumbrarÃa y no sabrÃa cómo orientarme para llegar a la casa de mi tÃo. Por fortuna, a unos pocos pasos me encontré al caballo, comiendo hierbas, me trepé en él y me dirigà a la casa de mi tÃo. Cerca de las dos de la madrugada llegó mi tÃo con su mujer y mis primos. Les conté lo que me habÃa ocurrido, pero no me creyeron. Al contrario, se rieron de mi historia, me dijeron que ya no tomara mezcal y que dejara de cortar hongos. Preferà no intentar convencerlos total Yo sabÃa lo que habÃa visto. Me acosté en la sala de la casa de mi tÃo, pero no logré dormir. No podÃa quitarme de la cabeza la figura de aquella que criatura intentaba encontrarle una explicación a lo que me habÃa ocurrido. Era como si en esa zona del campo la realidad fallara y criaturas de otra dimensión vivieran allà como a los tres dÃas. Uno de mis primos llegó con un relato parecido al mÃo decÃa haber visto algo que asustó a su caballo, que habÃa visto cómo los árboles se movÃan y susurraban, pero él, a diferencia de mÃ, regresó de inmediato en lugar de querer atravesar ese lugar. Mis demás primos ya no se burlaron de mà dos testimonios parecidos. Era demasiada coincidencia como para que dijeran que eran habladas mÃas. Mi tÃo nos dijo que nos mantuviéramos alejados de esa zona. Obedecimos a mi tÃo. Desafortunadamente, la sombra que se cernÃa sobre esa zona nos alcanzó en el rancho. Un dÃa yo me encontraba limpiando los comederos. Cuando comencé a notar que alguien me hablaba en los corrales, me asomé a ver si era uno de los muchachos, pero no habÃa a nadie, sólo a los animales. Seguà trabajando, pero cada cierto tiempo escuchaba el mismo sonido que producÃa aquella aterradora criatura con forma de raÃces. Mi tÃo mismo también fue testigo de que algo extraño estaba ocurriendo en sus tierras. Ahora todos estaban intrigados por lo que estaba sucediendo en ese lugar y comenzaron a considerar la posibilidad de que realmente hubiera algo inusual en el campo. Mi tÃo nos mandó llamar. Nos vimos en su casa a un viernes a mediodÃa. Mi tÃo nos explicó que la única manera en que podrÃamos alejar el mal de nuestra tierra era llegar a la raÃz del mismo. Asà que nos pidió organizarnos para ir hasta la zona en que yo fui testigo de aquella criatura. Nos armamos con machetes, pistolas y cuchillos. Yo les dije que lo mejor era ir a pie, pues los caballos no se quedarÃan quietos. Al final decidimos llevarlos, pero amarrarlos antes de llegar a ese lugar, pues, como he dicho antes, habÃa tramos en los que no era posible a r sin la ayuda de un caballo. No era temporal de lluvia, ya era invierno y por todo el rancho, la hierba estaba seca, las hojas de los árboles habÃan caÃdo. Sin embargo, cuando llegamos a la zona, todo estaba húmedo, lleno de musgo y apestaba a podrido. Amarramos a los caballos y seguimos a pie. Llegamos al cruce de caminos donde vÃa la criatura Estábamos alertas, pero los fenómenos paranormales no cumplen caprichos y no se aparecen cada que uno lo desea. Asà pues, no vimos nada durante un rato. Aún asÃ, estuvimos atentos, mirando cada rincón del lugar en la búsqueda de algún objeto extraño. Encontramos los cadáveres de tres chivos mismos que se nos habÃan perdido, parecÃan haber sido atacados por un animal salvaje. Era el mismÃsimo demonio. No encuentro manera alguna de describirlo. Era como si ese ser con forma de raÃces, sólo hubiera estado incubando todo ese tiempo y ahora caminaba erguido. Su cabeza estaba coronada por dos cuernos como los de una cabra y su rostro era la mezcla del mismo animal y un ser humano. Los que llevaban pistola intentaron disparar, pero ningún arma pudo ser accionada. En cambio, los que cargábamos machete nos le dejamos ir. El demonio se esfumó entre la maleza. Sus movimientos eran antinaturales y causaron pánico entre nosotros, que casi de inmediato nos echamos para atrás. Cuando llegamos hasta los caballos. Nos dimos cuenta que mi tÃo no nos seguÃa agarramos valor y tres de nosotros regresamos a ver qué ocurrÃa. Encontramos a mi tÃo tirado en el suelo. Temblaba y decÃa incoherencias, se habÃa enloquecido. Lo llevamos cargando hasta su casa y después lo llevamos al hospital. Estuvo internado varios dÃas. Dijo el médico que padecÃa un tipo de fiebre alcohólica, cosa que no era verdad, pues mi tÃo ni siquiera toma tomaba alcohol. Tuvieron que mudarse a Zacatecas Capital para que pudiera ser atendido, pero mi tÃo ya no volvió a ser el mismo. El encuentro con aquel demonio terminó con su cordura. Yo, por mi parte, también me mudé a la capital para poder estudiar y asà olvidarme de aquel extraño suceso ninguno de los hijos de mi tÃo quiso hacerse responsable de las tierras, asà que su mujer las vendió. Hoy en dÃa, ya soy muy viejo, pero aún asà recuerdo lo ocurrido en las tierras de mi tÃo abuelo. Aún no le encuentro explicación. Tal vez simplemente hay lugares malditos en los que el demonio aprovecha una brecha para poder entrar la pintura de mi abuelo. La siguiente historia me ocurrió allá por los años setenta. Yo era un adolescente de apenas quince años y aunque estaba muy desarrollado, no tenÃa mucha malicia y en varias cosas solÃa ser muy ingenuo. Toda mi familia vivÃa en una vecindad antigua de Guadalajara, exactamente cerca de San Andrés. TenÃa muchos parientes, sobre todo primos, con los que cada tarde solÃa salir a jugar ya fuera al fútbol, a las Canicas o al trompo, DependÃa mucho de la temporada que fuera. Incluso podÃa simplemente quedarte correteando en la vecindad, y es que el lugar era bastante extenso. ParecÃa como si el propio edificio fuese una pequeña ciudad. Yo solÃa imaginar que lo era. Caminaba por los largos pasillos y subÃa todas las escaleras que encontraba de todas las personas que vivÃan en la vecindad. Con quien más me gustaba estar era con mi abuelo, y es que él solÃa contar las mejores historias de fantasmas o aparecidos, además de que solÃa mostrarnos fotos y poseÃa una colección de juguetes antiguos con los que nos dejaba jugar. A veces recuerdo que tenÃa un circo de juguete de hojalata donde los muñecos estaban hechos con una especie de esferas ovaladas de cristal. HabÃa payasos, domadores animales y un maestro de ceremonias. Mi abuelo era muy querido por toda la vecindad. Casi siempre tenÃa lleno el patio de la vecindad de niños, lugar donde contaba sus historias. Al atardecer un dÃa, noté en su departamento que tenÃa un cuadro detrás de un ropero estaba cubierto con una bolsa negra y cinta. Le pregunté a mi abuelo sobre la imagen que poseÃa ese cuadro y él me dijo que algún dÃa me lo enseñarÃa, que lo guardaba porque era valioso. HabÃa sido hecho a mano por un artista europeo que no fue muy reconocido. Quiso mostrármelo un cumpleaños mÃo Me hubiera gustado tener a mano una cámara fotográfica para no tener que describirlo con simples palabras. La pintura era de lo más extraña. En el paisaje se apreciaba una vieja capilla. A lo lejos, justo frente a ella una laguna y en la orilla unas personas mitad perro mitad humano. También habÃa otra persona que parecÃa transformarse en una especie de árbol. Lo que más me impactó de aquellas imágenes era la manera en que se les dibujó el rostro a las personas, pues se les veÃa en agonÃa. Cuando le pregunté a mi abuelo acerca del significado de la pintura, él me comentó era muy creyente del chamanismo que él lo conocÃa cuando vivÃa en su pueblo, pues el artista en cuestión estaba de paso por una comunidad indÃgena donde vivÃa un brujo que decÃa conocer la guarida de unos nahuales. Mi abuelo me juraba que tanto el paisaje como las personas plasmadas en él existÃan y el artista vivió cerca de un mes en la Sierra Madre occidental a la intemperie, esperando al momento exacto en que la transformación se llevaba a cabo. De todas las historias que me habÃa contado mi abuelo, esta era la que más me aterró mi mente de niño no lograba concebir. Además, la mirada de esas personas mostraba que no lo disfrutaban, sino que lo sentÃan como una condena. Con el pasar de los dÃas creció mi fascinación por el cuadro de mi abuelo y cada que podÃa le pedÃa que me permitiera verlo y, si le era posible, que me contara acerca de los nahuales, y mi abuelo con gusto, me los mostraba y me contaba acerca de estos seres. Ãl me decÃa que los nahuales que plasmó el artista no eran como esa especie de chamanes, sino que estos brujos se habÃan entregado tan de lleno a sus ritos y al vivir tanto de forma animal, perdieron su condición humana y por ellos se veÃan asà sus rostros. También me contó que atacaban a la gente y de no ser porque el artista era muy precavido, hubiera muerto sin terminar su pintura. Mi abuelo me prometÃa que me llevarÃa a su pueblo y me enseñarÃa él lugar exacto donde el artista hizo su pintura. Pasaron los dÃas y mi abuelo enfermó de gravedad, impidiendo que lograra cumplir su promesa. Duró varios dÃas en agonÃa, pero no quiso que lo llevaran al hospital. Ãl decÃa que deseaba morir en su propio hogar y como aquella vecindad fue el lugar en el que mayor tiempo vivió. Eligió que esa vieja construcción fuera su lecho de muerte. Fueron dÃas tristes. Mi madre quiso que nos mudáramos a su departamento, pues era más grande, además de que mi abuelo querÃa que nos quedáramos con sus pertenencias y, sobre todo, dijo que deseaba que me quedara con sus juguetes y el cuadro de los nahuales en el departamento de mi abuelo asustaban y no creo que fuera a causa de él. Ese edificio era tan viejo que llevaba ya varias almas en sus cimientos. No dudo que en otros lugares de la Vecindad asustaran, pero a mà sólo me tocó atestiguarlo en su departamento. Lo lo lo or curioso fue que no ocurrió nada hasta que no murió mi abuelo. A veces pienso que tal vez la energÃa de mi abuelo lograba neutralizar a esos entes. Lo primero que notamos fue que a veces, cuando despertábamos, estaba el circo de juguete de mi abuelo fuera de su lugar, puesto a mitad de la sala. Como si alguien hubiera estado jugando el cuadro de mi abuelo, decidà colgarlo en uno de los muros de la sala. Mi madre, quien era muy observadora, lo quitó en varias ocasiones, pues decÃa que las figuras dentro del paisaje cambiaban de lugar e incluso a veces mostraban sonrisas macabras. Yo al principio no lo noté y es que solÃa ser bastante distraÃdo, pero apenas me contó esto mi madre. Yo también fui testigo de cómo los hombres árbol. Mi madre quiso quitar el cuadro y en su lugar colocar una cruz de metal que también perteneció a mi abuelo. Aquel enorme crucifijo, mantuvo en paz y tranquila da o o nuno nuestro hogar por un tiempo hasta que entrado el invierno. La Cruz se comenzó a caer de la pared, cosa que era bastante difÃcil, ya que por la parte de atrás habÃa una especie de tornillo que quedaba bien fijada a la pared y para quitarla harÃa falta poner algo de fuerza para zafarlo. Mi madre, que era muy supersticiosa, decÃa que eso era cosa del diablo y me ponÃa a rezar el rosario con ella. Recuerdo que un diecinueve de noviembre hacÃa bastante frÃo. Mi madre descansaba al dÃa siguiente, asà que nos quedamos hasta tarde en la sala viendo pelÃculas en una casetera que le prestaron. En eso comenzamos a escuchar como las campanitas que suenan en las cajitas musicales. El sonido venÃa de un baúl donde guardábamos algunas de las pertenencias de mi abuelo. Mi madre tuvo el valor de abrir el baúl y lo que vimos dentro no tenÃa explicación racional alguna. Dentro estaba el circo de juguete abierto y las figuras ovaladas se movÃan por sà solas, giraban y se elevaban. Mi madre dio un grito y de inmediato me tomó de la mano. Luego nos metimos al cuarto. Tomó un rosario y una botella de agua bendita, pero cuando se acercó de nuevo al baúl, el circo de juguete estaba cerrado y la actividad paranormal se detuvo. Mi madre mandó traer a un cura para que bendijera la casa. No sé si esto habrá terminado con la actividad paranormal, pues en los siguientes meses ocurrieron muchas cosas entre las cuales nos mudamos a una casa. Mi madre volvió a casarse y yo me fui de la casa. Al año me junté con mi entonces pareja, cargué con las cosas que me dio mi abuelo. Entre ellos. El cuadro habÃa salvado estas cosas en varias ocasiones, ya que mi madre las tiró sin haberme consultado. Ella creÃa que estaban embrujadas y yo pensaba que lo que estaba embrujado era el departamento. Y yo tenÃa razón, pues en todos los lugares donde estuve el cuadro se mantuvo tal y como lo recuerdo, no se movÃan las figuras ni cambiaban sus miradas de agonÃa. Tanto mi pareja como yo estábamos obsesionados con conocer el lugar que habÃa sido plasmado en la pintura, motivo por el cual nos propusimos ir un fin de semana en busca de ese lugar. Les pregunté a varios de mis tÃos y a mi madre si sabÃan de qué lugar provenÃa mi abuelo. SabÃamos que venÃa de michoacán, de una zona muy pegada a la sierra, pero mis tÃos me dijeron que el lugar en el que él vivió en su juventud no era un pueblo ni un rancho, sino una especie de comunidad. Viajamos a un pueblo cercano, rentamos una cabaña y, en cuanto pudimos, pedimos información Para llegar a la comunidad de donde era originario mi abuelo. Tuvimos que caminar un par de kilómetros por una brecha de tierra y al llegar encontramos un lugar abandonado, lleno de casas vacÃas. Algunas eran simples tiras de campaña, otras casas hechas con troncos y tejados. No encontramos a ninguna persona a quien preguntarle si habÃa conocido a mi abuelo o si conocÃan el lugar de la pintura. Cerca de unos árboles, vimos un letrero que decÃa laguna. Tomamos ese sendero, pues al fin y al cabo nos quedaban varias horas de luz y fácilmente alcanzábamos a regresar sin contratiempos. Caminamos cerca de media hora hasta que vimos a lo lejos. Una pequeña torre era la capilla que aparecÃa en el cuadro de mi abuelo. La laguna estaba casi seca y era extraño no escuchar ni aves, ni ver ningún animal, ni siquiera una rata de campo. Nos quedamos sentados sobre un tronco. En eso comenzamos a escuchar unos berridos. Pronto nos giramos en dirección hacia donde provenÃa el sonido. Vimos entonces a dos criaturas horribles. ParecÃan dos becerros, pero con rasgos humanos. Incluyendo la piel. Uno de ellos estaba comiendo el vientre del ojo. Nos echamos hacia atrás. No podÃamos creer lo que veÃamos caminando un par de metros. Otro sonido llamó nuestra atención. Era una especie de grito de ayuda. El sonido venÃa de unos árboles. Vimos a los seres del cuadro de mi abuelo. ParecÃan como si su piel se hubiera transformado en corteza de árbol. Sus ojos nos miraban, pedÃan ayuda. Me sentà enloquecer y eché a correr. De inmediato regresamos a la cabaña, pero a primera hora nos regresamos a Guadalajara. Conté esta historia a varios de mis familiares y aunque mi pareja me acompañaba, sólo lograba que se burlaran de mÃ. No me creÃan. Mis nervios tardaron en recuperarse. Tuve sueños horribles durante varios meses sueños en los que veÃa a esos becerros, mitad hombre, mitad humano. Fue tal mi miedo que hasta me deshice del cuadro de mi abuelo. En la actualidad he logrado superar mi miedo. No obstante, deseo nunca haber indagado en el origen de mi abuelo, pues ese tipo de cosas se te quedan clavadas en la mente y ya no se borran jamás la cabra en el campamento. Mi nombre es Pierre Soy originario de Canadá. Durante un tiempo estuve encargado de un grupo de niños en un campamento de verano en el campo. Por motivos de protección a la identidad de los organizadores, prefiero mantener en el anonimato nombres, ubicaciones y demás. Sólo puedo decir que ocurrió en Columbia Británica y que el lugar se llevaba a cabo en un rancho que se dedicaba a la siembra de todo tipo de vallas, Los dueños poseÃan una gran extensión de campo traviesa, donde los árboles son más frondosos. En esa zona construyeron varias cabañas para recibir a los niños. El lugar contaba también con una laguna minúscula y un riachuelo que la alimamenta. Pese aquel trabajo de cuidador y organizador requiere que la persona sea de una personalidad extrovertida, de muy buen ánimo, sonriente y sociable. Yo, en realidad no era asÃ. Suelo ser una persona solitaria, pero cuando tuve que cumplir con estas exigencias, digamos que sentÃa que me ponÃa una máscara para atender las actividades de los niños. De todas las actividades, sólo habÃa dos que me gustaba contar historias en la fogata y las caminatas a campo traviesa. Por lo regular, soy un hombre solitario, no hacÃa mucha amistad con los otros encargados de grupo. Solo llegué a intercambiar un par de palabras con una chica que se encargaba del grupo de niñas. Siempre he tenido esta idea loca en la cabeza en la que pienso que la gente me ve como algo raro por no tener apellidos y por haber salido de un hospicio. Es estúpido, pues las personas no lo saben si acaso solo no tan raro que no tengo apellidos. Ahora bien, durante una temporada los dueños pensaron que serÃa buena idea abrir un campamento de paso en la lejanÃa, allá hasta donde limitaban las tierras del rancho con tierra salvaje. Se erigieron dos cabañas grandes y admitir a un público más grande, especÃficamente para adolescentes y adultos, construidas con madera antigua y en medio de un claro rodeado de árboles altos y oscuros, reposaban las dos cabañas. Estas cabañas estaban destinadas a albergar a los visitantes que buscaban una experiencia más aventurera y aislada en medio de la naturaleza. El dÃa en que llegaron los primeros visitantes al campamento de paso sentà una extraña sensación de inquietud. Mientras los niños del campamento principal disfrutaban de sus actividades habituales, Yo me encargaba de mostrarles el camino a las cabañas y asegurarme de que tuvieran todo lo que necesitaban. A medida que avanzaba la noche, esa sensación de inquietud se intensificaba. Me fue un poco complejo funcionar como animador de un público más adulto con los niños. Me era fácil, pues sus mentes son más sencillas en cambio con los adultos era otra cosa. Por suerte, pusieron a la única chica del campamento a la que le hablaba como mi apoyo, a quien llamaremos Jennifer. Jennifer era igual de callada que yo, aunque sà que sabÃa tratar con todo tipo de persona durante el camino cada que nos encontrábamos a solas, me decÃa que no le parecÃa buena idea que hubieran abierto el campamento en esa zona, pues desde antemano era sabido que allà debajo encontraron los huesos de cierto grupo de viajeros que databan de la época de la colonia y que además escuchó de boca de uno de los carpinteros que vieron espectros rondando la zona. Yo escuché a Jennifer sin intentar interrumpirla y después de un minuto de incómodo silencio, le comenté que yo no creÃa en fantasmas, al menos no pensaba que todo el mundo cuando fuera capaz de verlos y que hasta ese dÃa yo jamás habÃa visto algo realmente sobrenatural. Jennifer me dijo que lo le contaron los carpinteros. Iba más allá de simples apariciones de fantasmas, ni de objetos que se pierden o puertas que se abren solas, sino que hay algo mal con la tierra. Por último, Jennifer dijo que esperaba que nada malo nos pasara y mientras decÃa esto, se sacó un medallón de la Blusa. Reconocà el sÃmbolo porque el orfanato en el que crecà era católico era la llave de San Benito. EntendÃa que ese sÃmbolo ofrecÃa protección contra todo aquello que es de origen maligno. Después de mediodÃa de caminata, tomando un par de descansos, llegamos al campamento mismo que previamente fue arreglado para recibirnos El dÃa estuvo lleno de actividades recreativas comunes en ese tipo de campamentos. En la noche llegó el turno de llevar a dormir a nuestros invitados. Yo me quedé ordenando todo aquello que quedó desordenado en el campamento. Entonces noté que una ráfaga de viento demasiado extraña como para que pasara desapercibida, cruzó entre los árboles más próximos al campamento. No sé cómo describirlo. Simplemente era como si algo invisible flotara simplemente entre las ramas. Segundos después noté este sonido extraño en el aire, como cuando juntas el bullicio de una granja de animales siendo atacados por una bestia salvaje y en ese momento sentà como si algo invisible estuviera parado frente a mÃ. Mirándome en ese momento corrà en dirección a la cabaña y a medio camino. Jennifer me detuvo. Me pregunto sobre lo que me ocurrÃa. DecÃa que me veÃa pálido. Le expliqué lo mejor que pude todo lo que me ocurrió. Minutos antes, frente al área de fogatas, Jennifer me pidió que la acompañara, pues deseaba realizar una especie de oración para alejar la oscuridad en esa tierra. Yo no querÃa regresar. Era la primera vez que experimentaba algo asà y mi mente se debatÃa entre aceptar aquello que no tiene explicación o aferrarse a buscarle una explicación lógica. Jennifer insistió pidiéndome que no sintiera miedo y yo terminé aceptando, pues me avergonzaba un poco mostrarme acobardado ante una chica. Nos acercamos entonces y lo único que vimos fue un grupo muy numeroso de ratas corriendo entre dos árboles. Jennifer dio un salto demostrando la repulsión que sentÃa hacia estos roedores. Regresamos a la cabaña. Cada uno se fue a dormir a la que le correspondÃa, pero yo no pude dormir. Escuchaba ese sonido aterrador entre los árboles, mirando la penumbra por la ventana, imaginándome como algo o alguien me observara. A la mañana siguiente reanudamos nuestras actividades. Yo me sentÃa bastante cansado a causa del insomnio. No podÃa concentrar. En otras ocasiones ya habÃa padecido insomnio en el pasado, pero no me sentÃa tan mal como en esa ocasión. Jennifer y yo descubrimos una serie de pisadas en la periferia del campamento. ParecÃan las huellas de un cuadrúpedo. Dijimos que tal vez se trataba de algún alce o venado. Ella quiso hacerme creer que lo ocurrido la noche anterior fue quizá por la presencia de estos animales. Según ella, a veces producÃan ciertos sonidos extraños. Aunque mi mente no aceptaba la explicación de Jennifer, preferÃa sentir con la cabeza y no discutir con ella. El dÃa transcurrió en total tranquilidad hasta el atardecer cerca de las seis. Un grupo de jovencitos corrieron asustados para buscarme. Yo me encontraba fumando un cigarrillo. Los chicos se veÃan bastante asustados. DecÃan haber visto varios pares de ojos brillantes entre los árboles. Yo lo seguà de inmediato. Para mi sorpresa, la zona en la que decÃan haber visto los ojos era la misma que la noche anterior. HabÃa escuchado ese extraño sonido allà entre los árboles. Vimos a este insecto súper raro llevaba en la espalda la forma de mil pares de ojos. Segundos después tenÃamos a esta cabra gigante lanzando unos extraños gruñidos que no son habituales en este tipo de animales. Los muchachos entraron en pánico y corrieron a refugiarse en el campamento. Yo también entré en pánico, pero yo, en lugar de reaccionar corriendo, me quedé petrificado. Ese animal no se veÃa natural. La cabra se quedó quieta y callada. Su color negro era algo impresionante. Nunca habÃa antes un animal con tal intensidad en su color negro, ni siquiera los caballos de color azabache que tenÃamos en el campamento principal para esto. Jennifer llegó asustada hablándome yo seguÃa sin poder moverme, y ella, al ver a aquel animal, lanzó un grito. Este animal no pertenecÃa al rancho principal y no era algo común por esas tierras tan frÃas. Ante nuestros ojos, el animal se paró en dos patas y comenzó a caminar hacia nosotros. La manera en que se movÃa no correspondÃa a la que se esperarÃa de estos animales. Sus pasos no eran torpes. Caminaba erguido, como lo harÃa cualquier otra persona para este momento. Yo recuperé el movimiento y Jennifer me jaló hacia atrás. En ese momento el cielo parecido tornarse de negro y segundos después escuchamos una voz gutural a la cual no entendimos palabra alguna. No era como si la cabra hablara, sino como si la voz viniera desde sus adentros, pues no movÃa el hocico. Notamos esta negrura envolviendo a la cabra, Jennifer sacó su medalla y comenzó a rezar, pero las cosas comenzaron a comportarse de una manera aún más extraña a nuestras espaldas. Se agolparon los muchachos del campamento que no dejaban de gritar. Es la cabra negra de los bosques gritabas. En ese momento, la cabra dio una maroma y se perdió en el follaje enseguida. Les pregunté a los chicos que sabÃan de qué se trataba, a lo que ellos respondieron que escucharon esa leyenda. En una noche de historias con una anterior guÃa, Jennifer y yo nos mostramos firmes y valientes. Indicamos a los campistas que nos reuniéramos todos en una sola cabaña. En ese punto se soltó una tormenta bastante fuerte, tal parecÃa que nos atacara un huracán. Yo hablé por radio al rancho para ver si podÃan mandar algún vehÃculo que nos sacara de allÃ. No les dije que ocurrÃa algo de manera sobrenatural, sino que con la lluvia los tejados de las cabañas amenazaban con caerse. Para nuestra mala suerte, me dijeron que no era posible mandar algún vehÃculo, ya que con la lluvia habÃan caÃdo varios árboles que obstruÃan el camino. Lo único que quedaba por hacer era rezar para que los tejados resistieran y, una vez pasada la tormenta regresar, ellos mandarÃan los vehÃculos hasta donde pudieran llegar. Nos cambiamos a la segunda cabaña, ya que ésta tenÃa un tejado más firme y era el lugar más seguro de ese lado del campamento. Varios chicos y chicas del campamento decÃan haber visto cosas horribles entre la tormenta, criaturas de pesadilla que no se atrevÃan a describir. Fue una noche bastante difÃcil de sobrellevar y de nuevo no pude dormir. En la mañana, la tormenta bajó su intensidad, dejando sólo una pequeña brisa constante. Me llamaron por el radio indicándome que moviera a los chicos que estarÃan esperando cerca de un kilómetro de distancia. Aquella vez no salió nadie herido. Yo pedà que me dejaran únicamente en el área de niños. Con el tiempo cerraron ese campamento alterno, ya que ocurrieron varios avistamientos más, además de algunos accidentes. Hoy en dÃa, creo que existen lugares donde on la realidad muestra debilidad y criaturas de otra dimensión más hostil que la nuestra se filtran para acecharnos. No sé qué era lo que ocurrÃa realmente en esa zona. Algunos compañeros dicen que todo es a causa de una bruja, pero yo no lo creo. Lo que allà ocurre va más allá de toda explicación. Lo único que puedo decir es que hay una zona de penumbra posada en esa parte del campamento Primates. Un par de años atrás, formé parte de un grupo de exploradores en el bosque de Monte Cristo, ubicado en el departamento de Santa Ana El Salvador, en Centroamérica. Mi nombre es Valeria y no soy originaria de El Salvador, sino de Belice. Por aquel entonces estaba realizando mi tesis estudia antropologÃa y deseaba indagar en una leyenda que escuché durante una investigación de campo. La leyenda hablaba acerca de una especie de comuna donde vivÃan unas personas dedicadas de lleno a la hechicerÃa y los rituales satánicos. Según la leyenda, las personas hicieron un hallazgo en la espesura del bosque y a causa de ello la oscuridad terminó por consumirlos, dejando intacta tanto la casa como demás objetos que encontraron. Yo pensaba que las historias eran exageradas y no esperaba encontrar la gran cosa. Más con que encontrara evidencia de que algunas personas sobrevivieron allà en medio del bosque y que formaban una comunidad, tendrÃa material suficiente para redactar mi tesis. Siempre he creÃdo que tengo un don especial que me hace atraer lo desconocido, y es que en mi familia han existido varios clarividentes famosos que, por motivos de seguridad, prefiero mantener sus nombres en el anonimato. Lo mismo mi apellido que, al no ser común de inmediato, me pondrÃa en la mira de todas esas personas que están buscando manchar la reputación de mi familia. El caso es que conseguà un par de guÃas, además de que un par de compañeras quisieron venir conmigo. A ellas les encantaba ir a la travesÃa de vez en cuando y hasta donde yo tenÃa entendido. Una de ellas ya poseÃa bastante experiencia en las búsquedas de campo traviesa. Conseguimos alojamiento en una especie de hostal. El único en un poblado pequeño a las afueras del bosque lo atendÃa a una mujer de cincuenta años que se encontraba en muy buena forma fÃsica. Era una persona bastante sociable y amable. Se ofreció a hacernos el desayuno por un precio que daba risa. Nos dijo que no acostumbraba a recibir muchas visitas en aquel poblado, pues las personas preferÃan tomar la ruta principal, que era Santa Ana o incluso en Matepán famosos por su turismo arqueológico colonial. Me pregunto sobre él por qué no elegà aquella ruta. Siendo yo estudiante de antropologÃa, yo le respondà que en realidad estaba buscando una comuna abandonada por una leyenda que escuché y deseaba hacer mi tesis acerca de ella. Cuando la mujer escuchó mi objetivo en el bosque, arqueó las cejas en un gesto negativo y enseguida, me dijo que no me recomendaba ir en dirección de ese lugar, pues mucha gente que se aventuró en el pasado jamás habÃa regresado. Dos de esas personas. Eran millonarios, gente a la que invirtieron grandes sumas de dinero en su búsqueda, pero no lograron encontrar nada de ellos. Ni siquiera un cabello A esas personas. DecÃa la mujer parecÃa habérselas tragado la tierra. Lo mismo a un par de detectives privados que también los buscaron. Yo me limité a sonreÃr. Luego le pedà permiso para tomar nota de cuánto me estaba contando, pues era información valiosa para mi tesis. La mujer me dijo que sÃ, pero que seguÃa pensando que no deberÃamos buscar esa casa. Le dije que no sentÃa miedo, pues éramos un buen grupo, pero que le agradecerÃa mucho si podÃa hacerme el favor de señalarme en un mapa la dirección exacta donde se encontrarÃa esa casona. Al ver a la mujer que no habrÃa manera de desanimarme, me dijo que me harÃa un mapa, pero que también me darÃa algunas indicaciones que ella creÃa podÃan salvarnos la vida. Se trataba de una especie de medallón con una cruz y varias frases en latÃn, además de que nos dijo que intentáramos siempre regresar a la brecha principal y si nos llegábamos a escuchar el sonido de un chimpancé, nos alejáramos de inmediato del área, siempre regresando hacia la brecha. Las advertencias de la mujer me parecieron exageradas. Si bien imaginaba que existÃa cierta histeria colectiva entre la gente, no podÃa creer hasta qué punto llegaba. Y es que por aquel entonces, mi pensamiento acerca de lo paranormal se limitaba a ur creer en energÃas que a veces se hacÃan presente, pero sólo ocasionaban que las cosas se movieran, o que, de vez en cuando miraras un espectro que la mayorÃa de veces era una especie de sombra que no se movÃa. No obstante, la historia de la mujer acerca de escuchar un chimpancé en un bosque no me lo podÃa creer. Tomé nota de cuanto me dijo y pensé en la posibilidad de que un primate se hubiera escapado de la cabaña de un rico excéntrico y este fuera el verdadero origen del terror entre la población. Yo creo que la mujer miro en mi rostro la incredulidad, pues apenas vio que terminé de escribir, me dijo no me crees. Le juro que lo que ocurre allá adentro está más allá de nuestra comprensión. La familia que allà vivÃa era gente extraña con un poder que logró abrir un portal entre el bajo astral y nuestro mundo, dejando entrar a criaturas que no son de aquÃ. Una vez que la mujer me dio su regaño, además de que no pensábamos pasar mucho tiempo dentro del bosque, sólo querÃa encontrar la casona tomar fotos y notas. Ya luego nos irÃamos cosa de un dÃa o dos. A la mañana siguiente nos dispusimos a partir nos adentramos en el bosque de Monte Cristo, A medida que avanzábamos por el sendero, la densidad de la vegetación aumentaba y el ambiente se volvÃa más oscuro y silencioso. A pesar de la belleza natural que nos rodeaba, no podÃa evitar sentir una ligera sensación de inquietud, quizás influenciada por las historias que habÃa escuchado. Seguimos las indicaciones de la mujer de los tal y nos dirigimos hacia la brecha principal. Caminamos durante varias horas, a medida que nos adentrábamos más en el bosque, el ambiente parecÃa volverse cada vez más opresivo. De pronto comencé a notar marcas entre los árboles, algo dentro de mà Me decÃa que estábamos cerca en menos de veinte minutos, nos encontramos con un enorme enrejado tapeado por láminas de hojalata de esos que se usaban en la publicidad de las tiendas. La reja rodeaba una enorme extensión de terreno. Caminamos alrededor buscando una posible entrada, pero tardamos en localizar una parte por la que pudiéramos entrar sin tener que escalar la enorme reja, y es que hasta donde estaba la puerta tenÃa varias cadenas gruesas con los candados por dentro. Uno de los guÃas encontró que en una zona se habÃa escarbado por debajo. Pudimos entrar fácilmente desde ese lugar. Me maravillé ante la construcción, que, a pesar de estar muy vandalizada, era hermosa y enorme. La construcción era como esas que solÃan pasar en las pelÃculas donde retrataban haciendas en los Estados Unidos, al menos la construcción principal, pues eran varias, como si de una pequeña comunidad se trata y es que yo me imaginaba que cuando hablaban de una comuna se trataba de una serie de cabañas o casas de campaña, pero al parecer, aquel lugar les pertenecÃa a personas adineradas. A medias de los edificios. Estaba una pequeña capilla labrada en piedra al edificio. No lo coronaba una cruz, sino otro sÃmbolo bastante extraño, una especie de estrella de cinco puntas con la punta individual invertida. Al adentrarnos descubrimos varias cosas de lo más extraño. Por ejemplo, habÃa pequeñas cruces de madera con animales clavados a ellas y al fondo de la construcción, sobre una silla estaba una especie de mono disecado con varias joyas incrustadas en diversas partes del cuerpo, además de llevar una capa roja y una especie de corona de picos. Esa escultura blasfema nos causó repulsión. Algunos de los animales crucificados eran demasiado frescos como para no dejar de imaginar que hay allà aún vivÃa alguien que se dedicaba a ese arte macabro. Le dije al resto del grupo que deberÃamos andar con cuidado, ya que era muy probable que hubiese alguien en esa zona, tal vez un brujo solitario. Tomé nota lo mejor que pude de cuanto vi. En cambio, el resto del grupo no soportó estar dentro de esa capilla blasfema, y es que el aroma si era algo insoportable. Cuando salà de la capilla nos dirigimos a la construcción principal. Esta casa estaba tal y como se platicaba entre la gente intacta parecÃa como si su historia se hubiera congelado, Los muebles seguÃan en el mismo lugar donde los dejaron. No supimos cómo hacer para poder entrar, pues las puertas estaban prácticamente selladas y no nos atrevimos a romper alguna de las ventanas, asà que nos limitamos a observar desde afuera de la casa. Mientras revisábamos la cocina, escuchamos una especie de aullido sonaba de manera fuerte para para crÃa hacer de un animal muy grande. No pasaron ni dos minutos. Cuando nuevamente escuchamos ese aullido sonaba más cercano, nos pusimos alertas e intentamos identificar de dónde habÃa venido el sonido. Uno de los guÃas dijo haberlo escuchado en las ramas de un enorme roble y el otro dijo que el sonido venÃa del tejado de la casa. Tomamos la decisión de regresar de inmediato, pues los aullidos comenzaron a sonar de una manera constante y cada vez más cercanos. Salimos por donde entramos. Creo que el primer kilómetro lo recorrimos sin el mayor inconveniente, pero después de un rato, uno de los guÃas se puso alerta y nos indicó que no nos separamos, pues sentÃa que nos acechaba un animal grande. No acababa de decirnos esto. Cuando ese maldito aullido sonó sobre nuestras cabezas, una de mis compañeras comenzó a gritar con desesperación. Cuando volteamos a verla, no podÃamos creer lo que estábamos presenciando un animal parecido a un simio, un primate, que parecÃa mezclado con un ser humano, sin pelo en ninguna parte de su cuerpo. Jaló tan fuerte del cabello de mi compañera que le arrancó de tajo parte de su cuero cabelludo. Todos nos echamos para atrás y ninguno se animó a enfrentar a ese primate. La simple imagen de esa criatura es suficiente para hacerme sentir que iba a enloquecer. Intentamos correr, pero otras dos criaturas aparecieron de la nada. La desesperación se adueñó de nosotros, pero entonces recordé lo que me indicó la mujer del hostal saqué el medallón e intenté mencionar las frases en latÃn. Esto logró hacer que las criaturas se alejaran. En ese momento supe que no se trataba de un simple animal, sino algo de origen sobrenatural. Aprovechamos que las criaturas se alejaron para correr. No nos detuvimos hasta llegar al camino principal y una vez allà no paramos hasta el res egresar a los tal llegando la dueña de los tal ya nos esperaba. En la entrada llamó al único médico del poblado que de inmediato atendió a mi compañera. Fue tal la conmoción que no me di cuenta que perdà mi bolso donde cargaba mis notas y demás cosas. Cuando le conté acerca de lo que vimos, la mujer me dijo que eso no era lo peor, pero que aún asà tuvimos mucha suerte en salir vivos de allà nos quedamos también esa noche, pues estábamos muy conmocionados acerca de los que nos acababa de ocurrir. Muchas cosas me daban vueltas en la cabeza, como el porqué de los animales crucificados o esa momia de un primate o si aún vivÃa alguien en esa comuna, o quienes habÃan sido aquellas personas ese tipo de preguntas eran las que querÃa responder pero a fin de cuentas, tal como llegué me fui, ya que no pudimos entrar en la casa a la mañana siguiente, me encontré con que los guÃas se habÃan ido lo mismo hicimos nosotras. Ya ni quise investigar en él poblado. A veces he tenido la idea loca de regresar, pero quién, en su sano juicio, regresarÃa a un lugar como ese. Relatos escritos y adaptados por Mauricio Farfán








