Oct. 2, 2023

La Bruja Que Robó Más De 20 Niños Historias De Terror - REDE

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La Bruja del Pino. Esto que voy a contar me lo contaron a mí hace más de diez años. En aquel entonces yo vivía en una localidad llamada Pino Barranco. Por cuestiones de privacidad, me reservaré tanto el Estado de la República como el municipio al que pertenece esta localidad como tal. En la localidad no había ninguna leyenda de que pasaran cosas, pero sí había historias sobre los pinos que rodeaban a la localidad. Se hablaba de ruidos de pasos que en la tierra aparecían huellas raras que no eran de animales, sino como de bestias. Pero había una historia muy fuerte e impactante que no se le contaba a los niños. Pero por alguna razón, mis padres y mis abuelos decidieron contármela bajo el dicho de no hablar de la historia. Pero, como es evidente, yo no quiero que la historia quede en el orio. Por eso decidí contarla. La historia es sobre la bruja, que vivía dentro del pino más viejo del área. No se decía que la bruja vivía cerca de ese pino, ni tampoco arriba del pino. Literalmente, ella vivía dentro del tronco. La historia es la siguiente. Se dice que, antes de que la zona fuera habitada por las primeras personas de la Comunidad, hace ya como ciento cincuenta años o un poco más, todo el lugar le pertenecía a una bruja. Ella hacía y deshacía a su antojo, sacrificaba animales y practicaba rituales. Pero entonces un día llegó un sacerdote al lugar. Estaba buscando un sitio para construir una iglesia, como era de esperarse. Eso no le agradó nada a la bruja. Primero se le apareció al sacerdote y le advirtió que si no se daba la vuelta y se iba ya, no podría hacerlo nunca. Pero el sacerdote la ignoró por completo y fingió que ni siquiera había visto a la bruja. La bruja enfureció tanto que atacó al sacerdote y le quitó la vida. Pocas son las brujas que tienen el valor de realizar semejante acto. Eso tiene una razón de ser y es que todo aquel que se mete con un enviado de Dios se vuelve el centro de atención en el mal sentido. Dios dejó caer un rayo sobre la bruja y del impacto quedó atrapada dentro del tronco del pino más viejo del lugar. Dios la dejó atrapada allí hasta el día del juicio final. Pero si las brujas son buenas en algo, es en salirse con la suya. Así que, aunque la bruja no logró liberarse totalmente del castigo. Sí logró no permanecer del todo. Encerrada cada cierta cantidad de lunas llenas, la bruja podía liberarse de su prisión durante toda la noche desde que se ponía el sol hasta que volvía a salir. La primera vez que se liberó estuvo a punto de acabar con toda la l localidad que apenas se estaba levantando, quemó la iglesia embrujó al sacerdote para que se volviera loco. Se robó como a nueve niños. Los niños que no fueron robados enfermaron muy fuerte. Algunos inclusive murieron porque no había doctor. Fue un episodio muy oscuro en la localidad que, repito, apenas se estaba terminando de asentar. La fe de las personas era muy grande porque, a pesar del terrible ataque no se fueron del lugar trabajaron todos juntos para reconstruir la iglesia y consiguieron a otro sacerdote porque el que se volvió loco por culpa de la Bruja terminó saltando de un barranco. Pero eso no fue lo peor que hizo la Bruja. El peor ataque que ha realizado esa Bruja ocurrió en la época que mis abuelos eran niños. En esa ocasión, las cosas estuvieron muy graves porque la luna llena que marcaba la liberación de la Bruja coincidió con el solsticio de invierno, que es el día del año en que hay menos luz solar para las seis de la tarde. Ya estaba oscuro y la oscuridad duró más de trece horas. Para el colmo de los males, la luna llena no era solamente luna llena, sino que durante unos minutos la luna estuvo pintada de color rojo. Yo sé que eso es un eclipse lunar. Pero en aquellos tiempos, ni mis abuelos ni la demás gente sabían lo que era. Para ellos, lo único que significaba era una muy mala señal que presagiaba qué cosas terribles sucederían. Y así pasó. Para empezar, desde que el sol se puso, la gente empezó a sentirse mareada, pero en cuanto a la luna empezó a teñirse de rojo. A los niños les empezó a picar mucho la cabeza, tanto que se rascaban hasta sacarse sangre. Conforme la luna se iba poniendo roja. Iban pasando más cosas. Luego de que los niños empezaran a rascarse la cabeza, lo que pasó fue que toda la comida de todas las casas se echó a perder. Luego los animales se empezaron a poner histéricos. Estaban corriendo por toda la localidad como si alguien o algo los estuviera persiguiendo. Además, mientras corrían y hacían ruidos, la gente podía ver cómo el pelaje de los animales se iba cayendo por pedazos. Los eclipses no duraron tanto. Al paso de unos cuantos minutos, la luna volvió a su color normal, pero en ese momento se escuchó un grito tan fuerte que todos tuvieron que taparse las orejas porque dolía escucharlo. La mamá de mi abuelo no pudo taparse los oídos porque estaba cargando a un bebé y después de un tiempo de estarlo escuchando, las orejas le empezaron a sangrar. Cuando el grito terminó, todo lo que era de Cristal estaba hecho pedazos y la mamá de mi abuelo ya había quedado sorda para siempre. Tanto mi abuelo como mi abuela cuentan que cuando el grito terminó, se empezaron a escuchar pasos en los techos de todas las casas. Al mismo tiempo, marcas de rasguños aparecían por dentro, en las paredes y en el piso dentro de las casas. La situación se puso tan fea que la gente tuvo que salir. Los bebés lloraban, los hombres volteaban a todas partes. Los niños seguían rascando sus cabezas con desesperación, mientras las mamás trataban de calmarlos. Todo era un caos, una locura, tal cual entonces la bruja apareció. Era una mujer pálida y delgada no llevaba puesto nada de ropa. Su cabello estaba completamente sucio, sus ojos tenían un tono amarillento y los huesos sobresalían de su piel como si fuera una persona muy enferma. A pesar de tener un cuerpo esquelético, parecía estar embarazada. Sus dedos terminaban en uñas que se curvaban sobre sí mismas, una criatura espantosa, una abominación olvidada por Dios. A pesar de que cada cierto tiempo la bruja se liberaba y atacaba a la localidad, casi nunca se mostraba físicamente solían dar como bola de fuego. De hecho, era tan poco común verla que solamente los que en ese entonces eran los más viejos la reconocieron, porque ellos la habían visto cuando eran niños. Toda la gente estaba helada del miedo. Fue tanta la impresión que el silencio se apoderó de la localidad. Los bebés estaban tan asustados que no podían llorar. Mi abuela siempre dijo que ella quería correr, pero no podía moverse. Pero eso ya no era por el miedo, sino porque habían sido embrujados. Claro que en ese momento mi abuela no lo sabía. Eso lo supieron después cuando la gente anciana mencionó que cuando se había aparecido antes, todas las personas que la vieron quedaron congeladas hasta que el sol salió. Pero como esa información nunca la compartieron con el resto de la localidad. Nadie supo que no debían voltear a ver a la bruja y toda la gente cayó presa de ese embrujo. Por supuesto que la situación no iba a ser desaprovechada por la bruja, porque todavía faltaban muchas horas para el amanecer. Así que se tomó todo con calma. Primero caminó hacia uno de los niños que era amigo de mi abuelo. En cuanto lo tomó de la mano, el niño pudo moverse por más que gritó, lloró, jaloneó y pataleó. No pudo liberarse de la Bruja, la cual lo arrastró hasta perderse entre los pinos. Toda la gente lo estuvo escuchando, llorar y gritar hasta que dejó de hacerlo. Entonces la Bruja regresó e hizo lo mismo a otro niño, luego a otro, después a otro. Inclusive se llevó a un bebé. Fue una masacre. Hubo más de veinte víctimas esa noche. Finalmente, el sol salió, la Bruja regresó a su árbol y las personas quedaron liberadas del embrujo. Pero ya no había que hacer lo. Peor de todo era que la gente sabía perfectamente que, pasado cierto tiempo la Bruja volvería a atacar. Eso les generaba una sensación de impotencia muy fuerte. Pasaron los días, semanas, meses, y con cada minuto que pasaba significaba que faltaba un minuto menos para que la Bruja pudiera volver entonces yo les pregunté por qué no habían ido a tirar el pino. Me dijeron que era tanta la fe que tenían que si Dios había castigado a la bruja encerrándola en el tronco, era porque Dios sabía por qué hacía las cosas hasta que alguien cambió todo. Durante una misa en la que se estaba hablando precisamente de cómo los caminos de Dios son misteriosos y de que sus tiempos son perfectos, un joven muy molesto se puso de pie y acusó a Dios de ser malo. El joven alegaba que si era tan amoroso como la Biblia decía, no dejaría una bruja tan peligrosa en un tronco del que se podía salir para matar niños. Las palabras de ese joven hicieron que otras personas empezaran a murmurar. El joven continuó hablando y al final dijo que él ya estaba harto de estar esperando a que Dios hiciera algo. Renegó de Dios y luego dijo que él mismo se encargaría de la Bruja. El sacerdote se quedó sin palabras mientras el joven salía de la iglesia, pero mientras la gente murmuraba, otras personas se pusieron de pie y fueron detrás del joven. Lo que hicieron fue prenderle fuego a ese pino. Fue algo peligroso, porque el fuego se salió un poco de control y se quemaron muchos otros pinos. Al final, el fuego desapareció y sólo quedaron cenizas. Cuando llegó la luna llena que marcaba el despertar de la Bruja. Nada pasó. La bruja no volvió y desde ahí la localidad pudo vivir en paz, al igual que aquel joven. Yo me pregunto por qué si la solución era tan fácil. Por qué Dios nunca hizo nada para ayudar a esa pobre gente, el niño, la lechuza y la bruja. Cuando yo era pequeño, vivía en una colonia popular de aquel entonces distrito federal. Nuestra casa era sencilla, igual que todas las de la calle, una de dos cuartos chicos con un baño y un pequeño espacio en el centro que servía como cocina, sala y comedor. Eran las tres cosas. Al mismo tiempo como en la casa, éramos seis personas. Vivíamos algo apretados. Mi hermana menor, que aún era bebé, dormía en el cuarto de mis papás. En el cuarto donde yo dormía, había dos camas. Mi hermano y yo dormíamos en una cama y mi hermano mayor dormía en otra cama. Nadie tenía demasiada privacidad. Quizás eso influyó para que todos en la casa nos lleváramos bastante bien. Si bien no éramos pobres porque nunca nos faltó comida en la mesa, tampoco llegábamos a clase media. Todos en la colonia éramos de clase baja. Al fondo de la colonia había una vecindad. Ahí vivían los que tenían menos recursos. Así fue por muchos años hasta que a la vecindad llegó a vivir. Una mujer extraña, llegó con una maleta, con un gran pájaro blanco enjaulado y con un niño que cargaba su mochila. A los pocos meses que ella llegó en la colonia, se empezó a escuchar que a la gente de la vecindad le estaba yendo bien que veían cómo la gente llegaba con su mandado bien surtido para la semana. Hubo unos cuantos a los que enterarse de eso les generó envidia, pero a la gran mayoría nosotros, incluidos, nos dio gusto saber que otras personas estaban mejorando en su calidad de vida. Nuestros padres siempre nos enseñaron que nunca hay que envidiar el prosperar ajeno y ellos siempre nos ponían el buen ejemplo. Pero cuando los vecinos de la colonia empezaron a preguntar el porqué les estaba yendo bien, nos dimos cuenta que todas las respuestas apuntaban a lo mismo. A la mujer que llegó con el ave y con el niño. Esa mujer decía ser bruja blanca y les dijo a los demás de la vecindad que le comentaran a la gente de dinero que conocieran sobre ella que si le llevaban clientes, ella les daría una comisión. Al principio, como es normal, se mostraron algo incrédulos, pero un niño que trabajaba boleando zapatos. En el centro le comentó un señor sobre la Bruja y le dijo que si se animaba a ir, que dijera que él lo había mandado. A la semana siguiente, el señor fue a ver a la Bruja, se hizo una limpia, pagó, se fue la Bruja. Fue a tocar la puerta del Cuarto donde vivía el niño y le dio algo de dinero. Los padres del niño quisieron tomar el dinero, pero la Bruja les dijo que el dinero era sólo para el niño, no para ellos. Rápidamente se corrió la voz en la vecindad. Entonces todos empezaron a hablar de la Bruja con sus patrones y con la gente que conocían. Por eso, a todos les empezó a ir bien prácticamente al mismo tiempo, porque todos le estaban consiguiendo clientes A la Bruja. No faltó quien se enterara de eso y quisiera conseguirle clientes a la Bruja, pero ella dejó muy en claro que el dinero sólo lo repartiría a la gente de la Vecindad, porque eran ellos quienes tenían que escuchar cuando hacía sus rituales y quienes debían soportar los olores cuando preparaba pociones. No pasó mucho tiempo para que la misma gente de la colonia quisiera acudir con la Bruja a pedir trabajos, pero nadie de ahí podía pagar los precios. La Bruja cobraba mucho bajo el argumento que sus trabajos nunca fallaban. La gente de la Vecindad siempre hablaba maravillas de ella. Decía que había sido enviada por el cielo, pero la gente que vivía alrededor de la Vecindad cerca no tenía muy buena opinión sobre esa mujer. Lo primero, lógicamente, es pensar que esa gente de los alrededores cercanos tenían envidia y seguro así era, pero eso no quitaba el hecho de que, entre todas las cosas que decía había un parque, por lo menos a mis padres, a mis hermanos y a mí si nos hacía dudar sobre aquella bruja. Lo primero que decían era que, a pesar de que todos sabíamos que la mur mujer había llegado con un niño, nadie lo había vuelto a ver nunca salía de la casa a jugar con nosotros niños de la vecindad. Tampoco iba a la escuela. Ese niño debería haber tenido unos nueve años, con lo cual era raro no verlo salir nunca. Lo otro que decían era aquel pájaro de la señora que era una lechuza blanca. Todas las madrugadas salía volando de la Vecindad y se la pasaba dándole vueltas a la colonia durante una o dos horas. Eso no era lo raro, sino que aquellos que la habían podido ver en la madrugada aseguraban que esa lechuza tenía los ojos rojos y brillantes como si fueran dos pequeñas bolas de fuego. Pero a pesar de que eso sí generaba ciertas dudas. La verdad era que nosotros no queríamos juzgar a la señora porque ni siquiera la conocíamos. Pasó el tiempo y llegó la fecha del cumpleaños de mi papá. Nosotros sólo hacíamos dos celebraciones al año Navidad y el cumpleaños de mi papá, que era en junio. Nada de otros cumpleaños ni Año Nuevo, ya que el dinero no daba para más y como mi papá era el que mantenía la casa. Lo justo era celebrarlo a él le hicimos su fiesta. Mi mamá preparó mole, había refrescos música y esas cosas todos estábamos en el patio. A eso de las dos de la mañana, mi hermana menor, la Bebé, empezó a apuntar al cielo y a balbucear cosas. Al principio le ignoramos, pero como estaba muy insistente, decidimos voltear para arriba para saber qué era lo que le estaba llamando la atención. Entonces pudimos ver una enorme lechuza blanca de ojos brillantes. Recuerdo muy bien que aquello nos dio tan mala espina que apagamos la música, nos metimos a la casa y todos nos fuimos a dormir esa madrugada. Comprobamos lo que algunas personas habían estado diciendo. Quiero aclarar que esa fue la única vez que nosotros vimos a la lechuza, no solíamos nunca desvelarnos. Sólo lo hacíamos en el cumpleaños de Papá y en Navidad. Pero antes de Navidad, específicamente en noviembre, llegaron varios camiones del ejército a la colonia y cerraron todas las calles. Mis papás rápidamente bloquearon las puertas y ventanas y escondieron a mi hermana porque, como apenas había pasado un año desde la matanza en Tlatelolco, lo primero que pensaron mis padres fue que el ejército había llegado a ser lo mismo. Pero el único lugar al que entraron los soldados fue a la Vecindad. Hicieron una redada ahí, se llevaron a la Bruja y se fueron Nunca supimos a ciencia cierta que había pasado exactamente, pero entre las habladurías de la gente salió que uno de los dos clientes de la Bruja le había pedido matar a un político del PRI. Los rumores dicen que de alguna manera el Gobierno se enteró que la Bruja había sido la responsable, pero dejando de lado las conspiraciones, lo más fuerte fue lo que encontraron dentro del Cuarto, donde vivía la Bruja, Y eso se sabe por qué Los soldados no se llevaron nada, sólo rompieron cosas, ya que se fue el ejército. La gente de la Vecindad entró al lugar de la Bruja y vieron al niño sentado en una esquina. El niño estaba vivo, pero estaba encadenado. Sus manos las tenía clavadas a la silla y tenía una corona de espinas a la altura de los ojos. El niño estaba sangrando, pero no se quejaba. Parecía no sentir dolor. La gente empezó a ver la manera de soltar al niño, pero él les pedía que, por favor, no lo soltaran, que así estaba bien, que sólo necesitaba comer y tomar agua. Pero, pero obviamente, la gente no lo iba a dejar ahí. Así que le quitaron la corona de espinas y luego las cadenas. Cabe aclarar que todo el tiempo el niño estuvo gritando para que lo dejaran ahí. En cuanto le quitaron la última cadena, el niño se desplomó y murió. Cuando eso pasó la lechuza se movió de forma tan brusca que hizo que su jaula se cayera. Así se pudo liberar con su pico, tomó la corona de espinas y se fue volando. Nadie nunca supo que era lo que la bruja le estaba haciendo al niño la anciana. Hay una antigua leyenda que ha existido aquí donde vivo durante años. Se trata de la leyenda de una bruja, pero cabe aclarar que no toda la gente conoce la leyenda, porque cuando aqu ello sucedió fue tan terrible y tan espantoso que la gente acordó que solamente sería contada a aquellos que presenciaran lo paranormal y que quisieran una explicación. Esto lo decidieron de esa manera, porque toda la gente de aquella época estaba convencida de que lo que había sucedido era tan macabro que no debía saberse si no era absolutamente necesario. Por eso sé que todo aquel que conozca la leyenda que voy a platicar ha visto lo que pasa y por eso le consta que es completamente real. Claro que hasta hoy no eran muchas las personas que supieran lo que ocurrió. Yo se los cuento para que la historia no se pierda en estos momentos. Yo tengo sesenta y tres años. Los acabo de cumplir en el mes de agosto y cuando a mí me contaron la historia, apenas tendría unos dieciséis. En aquel entonces yo solía pasar muchísimo tiempo con mis abuelos paternos. Como yo era el nieto mayor, siempre me conso sintieron, lo que generó un vínculo especial entre nosotros. De hecho, yo me iba a quedar a dormir en su casa viernes y sábados como ellos toda su juventud. Siempre hicieron ejercicio y nunca fueron de consumir demasiada azúcar. Llegaron a su vejez bastante sanos, tanto que cuando yo los visitaba, podían desvelarse hasta las tres o cuatro de la mañana. Yo llegaba el viernes después de la preparatoria y me iba hasta el domingo después del almuerzo, lo que hacíamos todo el tiempo era jugar juegos de mesa. A ambos siempre les gustó jugar. Dominó tan buenos que nunca pude ganarles ni una sola partida en nada de lo que jugábamos. En una ocasión serían las once de la noche. Cuando un ruido me hizo voltear hacia la ventana. Ahí estaba la rama seca de un árbol golpeando el vidrio porque el viento estaba moviéndola, algo que pudiera sonar completamente ordinario. El problema era que mis abuelos no no tenía ningún árbol. Aquello era demasiado extraño como para fingir que no había pasado. De hecho, no tuve la necesidad de hacer ninguna pregunta. Mis abuelos entendieron de inmediato que ya estaba esperando una explicación. Entonces me contaron la leyenda. Es una historia larga, pero les aseguro que nunca han escuchado nada como lo que les voy a decir. Hace mucho tiempo en la ciudad vivió una señora que nunca pudo tener hijos, así que cuando su esposo murió, ella quedó como una anciana solitaria. Para compensar su soledad, empezó a ser muy amistosa con los niños todos los días. Preparaba dulces y lo regalaba. A pesar de ser una mujer ya mayor. Se las ingenió para montar unos columpios improvisados en su patio y siempre tenía la reja del pasillo abierta para que los niños pudieran pasar a jugar cuando quisieran. Aquello impactó tanto en los niños que cuando uno no aparecía sus padres o s ya sabían que si iban a la casa de la anciana, ahí encontrarían a su hijo jugando con otros niños. Por lo mismo, los padres comenzaron a hacer algo descuidados. No les preocupaba estar al pendiente de sus hijos, porque sabían que a todos les gustaba ir ahí para comer dulces y a los columpios. Los niños dejaron de estar jugando en las calles y en la barranca, lo cual era un pequeño respiro de alivio, porque esos eran lugares peligrosos para jugar. Así pasaron dos años hasta que un niño desapareció sin ninguna explicación. Nadie sabía nada, ni la familia ni los otros niños. Los padres hablaron con todos los niños y varios de ellos dijeron que si lo habían visto en los columpios, algunos incluso habían estado jugando con él, pero nadie supo a dónde se fue. Después de ahí, por supuesto, fueron a hablar con la señora, pero no pudieron acercarse a la casa porque un enorme perro se los impidió. La señora tuvo que salir para hablar con ellos. Los adultos ya sabían que la señora tenía un perro grande, pero nunca lo habían visto así de agresivo. Ella les explicó que el perro estaba ahí para cuidar a los niños, ya que ella era muy mayor para cuidarlos. El perro era completamente dócil con los niños, pero no permitía que ningún adulto aparte de ella se acercara a la casa. Era por la seguridad de los niños. En eso los papás del desaparecido pudieron ver que varios niños que en ese momento estaban jugando en la casa se acercaban con el perro y el animal se tiraba al suelo para que le rascaran. La barriga Parecía un cachorro con los niños. Eso hizo que los padres descartaran que algún extraño se hubiera acercado a la casa para llevarse al niño. De todas maneras, le preguntaron a la señora si ella había visto algo raro. Lo que la anciana les responde era que ella todo el día estaba en la cocina preparando dulces, aguas de fruta y aperitivos para los niños que sólo salía para darles seso en realidad, ella no estaba al pendiente, Pero si el perro no había ladrado, es que nadie se había acercado. Los padres del niño creyeron en las palabras de la anciana todo lo que decía era coherente. Además, la conocían desde que ellos eran niños. Se dio aviso a las autoridades, se buscó al niño en todos lados, menos en la casa de la anciana, ya que ella no tenía la fuerza para detener al perro. Unos días después, la anciana escarbó un poco en la tierra que tenía frente a su casa como que estaba plantando un árbol, aunque en realidad nadie vio que era lo que estaba colocando debajo de la tierra. Para sorpresa de todos los niños y también de los adultos, el árbol creció demasiado rápido en cuestión de dos meses. Ya era grande, muy frondoso y daba frutos, pero la velocidad de crecimiento del árbol no fue lo único que llamó la atención. El tronco del árbol era de un color algo peculiar, por lo menos no era un color común ahí en la región, era del color del café con leche. Las hojas del árbol también tenían un color peculiar. Eran de color café oscuro, casi negro, y los frutos que daba eran unos que nadie había visto antes. Parecían ciruelas, pero de color miel mucha gente fue a probar, pero a ningún adulto le gustó el sabor. Sólo a los niños. Al paso de algunas semanas, todos los niños comenzaron a tener pesadillas. En estas veían al niño desaparecido. Eso levantó las sospechas de los adultos. Pero las pesadillas se volvieron tan fuertes que los niños empezaron a vomitar del miedo y en ese vómito, los niños sacaban los frutos enteros de aquel árbol. Ahí supieron que la anciana tenía el logo hb que ver con lo que estaba pasando. Así que los adultos se reunieron y se pusieron de acuerdo para irle a exigir explicaciones a la anciana. Iban muy molestos y su molestia creció más cuando el perro no los dejó pasar. Uno de ellos llevaba un arma y silenció al animal. Ya sin el perro llegaron hasta la puerta y empezaron a golpear, pero nadie abrió. Entre varios hombres arrancaron la puerta y todos entraron dispuestos a lo que fuera, pero no había nadie ahí. Lo único que encontraron fue una casa en terribles condiciones. Había gusanos, ratas y enormes cucarachas gordas por todas partes. El olor era tan fuerte que muchos no soportaron y tuvieron que salir de la casa para no vomitar las vasijas en las que la anciana preparaba lo que les daba A los niños se veían asquerosas. Los que sí pudieron tolerar el olor encontraron la ropa de aquel niño que había desaparecido. Los que sí pudieron tolerar el olor corrieronron a la casa y encontraron la ropa que aquel niño desaparecido llevaba puesta el último día que fue visto cuando salieron de la casa con las ropas en mano, tanto los papás del niño desaparecido como el resto de los adultos entendieron que la anciana había sido la responsable, ya con la certeza de que la anciana le había hecho algo a aquel niño, sumado a que el resto de los niños habían tenido pesadillas con el niño desaparecido. Después de que comieron los frutos del extraño árbol, todos voltearon a mirarlo. En ese momento, los padres del niño desaparecido se dieron cuenta que el tronco del árbol era del color de la piel de su hijo, que las hojas eran del color del cabello de su hijo y que los frutos que brotaban del árbol era del color de sus ojos. De inmediato se organizaron para conseguir herramientas cualquier cosa que les ayudara a tumbar el árbol. Se tardaron hasta altas horas de la madrugada, pero lo consiguieron. Una vez que tumbaron el árbol y escarbaron en la tierra, descubrieron que lo que estaba enterrado eran pequeños huesos. La anciana de la que ya nunca se supo nada había sido una bruja. No supieron si todo el tiempo lo había sido o si se había convertido en una cuando enviudó, pero eso era lo menos importante. La gente horrorizada quemó el árbol al perro y la casa. Al tercer día. De haber hecho eso, empezaron a suceder cosas extrañas. Durante las noches. Aquel árbol que habían tirado y quemado aparecía en algunas casas ya no frondoso, sino seco y con las ramas caídas, las cuales, al ser movidas por el viento, golpeaban las ventanas la bruja del barro. Lo que voy a contar es una historia particular, porque es bastante parecida a una de las leyendas más populares de México, a la de la Llorona. Sin embargo, conforme vayan escuchando, se darán cuenta que, así como les sonará muy similar, al mismo tiempo le sonará diferente. La historia comienza muchos años atrás, cuando mi papá apenas era un niño de aproximadamente diez años de edad. Mi papá tenía un hermano mayor por dos años de nombre Rómulo, y un hermano menor por cuatro años de nombre Omar. En ese entonces, la familia de mi papá vivía en un pequeño poblado de michoacán y su sustento era el ganado. Lo utilizaban tanto para comer como para vender rómulo, y mi papá siempre se iban a trabajar con mi abuelo. Ahí con las vacas y con los marranos. Mi abuela y Omar se encargaban de los gallos y de las gallinas. Mi abuelo rómulo y mi papá Todos los días, después de estar trabajando desde las cuatro de la mañana hasta las cuatro de la tarde, caminaban hasta un pequeño afluente del río Balsas, que está como a diez minutos de donde tenían los animales. Ahí se metían a refrescarse y también sacaban algunos peces para la cena. En una ocasión, mi abuela les dijo a sus hijos que nunca se les fuera a ocurrir ir a los ríos solos, porque para ir siempre tenían que estar acompañados de un adulto, porque el río era peligroso para los niños. Así que les contó la historia cuando los españoles y la Iglesia aún andaban en México. En uno de los muchos poblados que estaban a las orillas del río Balsas, una mujer fue acusada de brujería. Específicamente decían que la mujer embrujaba a los niños y hacía que ellos caminaran dormidos hasta el río para ahogarlos. Fue juzgada, ejecutada y su cuerpo fue arrojado al río Balsas. Un año después, la mujer empezó a aparecerse en todos los poblados cercanos a ese río y la bruja ha sido responsable de cientos de muertes de niños ahogados. Una historia muy fuerte para contársela a dos niños, pero mi abuelo lo hizo para que tanto mi padre como su hermano entendieran y les quedara claro que nunca debían acercarse al río estando solos. Así quedó en una ocasión de muchas que mi abuelo y sus hijos estaban ahí en el afluente del río. Se dieron cuenta de que el entorno se sentía mucho más tranquilo de lo habitual. No había pájaros cerca y los peces no se acercaban a la superficie ni a las orillas. En eso, mi papá, que estaba sentado en unas piedras y tenía los pies dentro del agua, se asusta y cae en el agua. Mi abuelo, que estaba nadando a unos metros de ahí rápido, le dijo a mi tío rómulo que saliera del río y fuera a sacar a mi papá del agua, estando los tres en la orilla. Mi abuelo le preguntó a mi papá qué era lo que había pasado. Mi papá le dijo que en el reflejo del agua pudo ver que una mujer estaba parada detrás de él. Mirándolo. El abuelo le pidió que le describiera a la mujer que vio. Mi papá la describió de piel morena, con ropas un poco azules, casi grises y con el cabello largo. No pudo ver su rostro porque el cabello se lo tapaba. Además, dijo que las manos de la mujer estaban cubiertas de barro El abuelo supo de inmediato que se trataba de la bruja que ahogaba a los niños y les dijo que si él pudo verla reflejada en el agua, era porque la bruja allí estaba. Pero como mi papá y su hermano estaban siendo cuidados por mi abuelo que por eso la bruja no se manifestó del todo. Después de eso estuvieron mucho tiempo sin acercarse al afluente del río. Tuvieron que pasar dos años para que se les pasara el susto y empezaran a ir de nuevo con frecuencia al agua. Mientras todo esto pasaba, Omar, el más chico de mis tíos, empezó a tener comportamientos raros. El abuelo nunca se dio cuenta porque se la pasaba tras bajando, pero mi abuela sí lo notó desde el principio. Primero empezó a jugar solo. Eso pudiera parecer algo normal en un niño pequeño que no puede jugar con sus hermanos porque están trabajando. Pero la cuestión era que mi tío, Omar, siempre jugaba con los pollitos, Los correteaba o hacía cualquier cosa, pero él siempre que quería jugar, salía con los pollos. Por eso a mi abuela se le hizo raro cuando Omar salía de la casa a jugar solo, sin siquiera acercarse ni voltear a ver a los pollos. Cuando mi abuelo le preguntó por qué ya no jugaba con los pollos. Su respuesta fue que tenía una amiga y que jugaba con ella. En estos tiempos, si un niño responde una cosa como esa, lo primero es pensar que se trata de un amigo imaginario. Pero en aquella época ese término no existía. Y cuando un niño empezaba a jugar solo diciendo que sí estaba jugando con alguien, lo primero que se pensa barba era que el niño estaba embrujado o que estaba viendo al diablo. Cualquiera de las dos cosas era terrible para una familia tan católica como lo era la familia de mi papá Viendo la situación y temiendo lo peor, mi abuela no le comentó nada a mi abuelo porque, aunque nadie puede negar que era muy buen padre, también era muy duro y solucionaba las cosas a su manera, cosa que a mi abuela no le gustaba. Por eso lo que hizo mi abuela fue dejar que el tiempo pasara mientras vigilaba lo que el tío Omar andaba haciendo. Como al paso de dos meses, la situación no mejoraba. En una ocasión que fueron a la Iglesia del Pueblo. Al terminar la misa, mi abuela se acercó con el párroco para platicarle lo que estaba pasando. Luego de escucharla, el sacerdote le hizo unas recomendaciones a mi abuela desde que versículos de la Biblia debía rezar en la noche hasta dónde poner un poco o de agua bendita que él mismo le dio una madrugada. A eso de las dos o tres de la mañana hubo un fuerte golpe en la puerta que despertó a mis abuelos, los cuales, por cierto, no tenían el sueño especialmente ligero. Mi abuelo rápido se levantó, fue por su escopeta y se dirigió hacia la puerta. La puerta no estaba abierta, pero de la mitad para abajo tenía un agujero, como si alguien la hubiera roto de un golpe muy fuerte. La casa donde vivía no era demasiado grande. Aún así, había tres o cuatro lugares donde alguien se podría esconder el abuelo con escopeta en mano. Revisó la casa listo para disparar, pero no encontró a nadie ni nada movido dentro de la casa. El único lugar donde no revisó bien fue en el cuarto, donde dormían sus hijos. Sí entró y revisó debajo de la cama, pero no movió las sábanas para no despertarlos, ya habiendo descartado que alguien se hubiera metido. Regresó a la puerta y la abrió para revisar afuera, Pero en cuanto el aire de afuera entró a la casa, a mi abuelo le llegó un fuerte olor a barro eso lo hizo reaccionar. Dejó caer su escopeta y corrió al cuarto donde dormían sus hijos. Casi aventó la puerta, jaló las sábanas y descubrió que Omar, el machico no estaba ahí dormido Rápidamente. Fue con la abuela la levantó de la cama y le dijo que se fuera a cuidar a los niños, que Omar no estaba y que él iba a salir a buscarlo. Antes de que mi abuela pudiera decir una palabra, el abuelo ya estaba fuera de la casa corriendo hacia la afluente del río. Eso pasó entre finales de julio y principios de agosto, que son los tiempos en los que más llueve por acá. Por eso la noche estaba muy oscura, porque toda la luz que podría dar la luna era opacada por las sopas, esas nubes que cubrían todo el cielo. Una vez que mi abuelo llegó al afluente del río, se puso a gritar el nombre de mi tío mientras recorría la orilla, apurado por la desesperación. Finalmente, luego de estar buscando por más de una hora, mi abuelo encontró a mi tío Omar. Estaba flotando boca abajo siendo llevado por la corriente. El abuelo lo sacó y lo acostó sobre la orilla. Era demasiado tarde estaba muerto. Mi abuelo, completamente roto por la pérdida de su hijo, lo cargó y se fue caminando hasta la iglesia. Ahí estuvo tocando las puertas hasta que el párroco salió. Le mostró el cuerpo, le dijo lo que había pasado y le pidió que lo dejara enterrarlo de una vez que no quería que su esposa viera el cuerpo porque le causaría mucha impresión, y así se hizo. El abuelo regresó a la casa. Casi hasta la noche del día siguiente llegó a pestan alcohol. Nunca en su vida había bebido tanto como esa vez. Lo que le dijo a mi abuela fue que, cuando llegó al afluente del río, vio como un coyote estaba arrastrando a Omar, que logró salvarlo del coyote, pero que entre la desesperación y el susto, Omar se había caído al río y se había pegado en la cabeza que la corriente lo arrastró y que ella no lo pudo alcanzar. Esa mentira hizo que mi abuela simplemente aceptara que su hijo había muerto. Con esa mentira no se cuestionó nada. Mi abuela falleció primero que mi abuelo y fue durante el funeral que el abuelo le contó la verdad a la familia sobre lo que había pasado con el tío Omar. El abuelo estaba convencido que la bruja lo mató porque cuando encontró el cuerpo, tenía barro saliéndole de la boca y de las orejas. El mismo barro que se decía que aquella bruja siempre traía en las manos cuando se aparecía el fantasma de la bruja. Lo que voy a compartir en los próximos minutos es la historia de la única ocasión en la que he experimentado algo que innegablemente está dentro de lo que sólo se puede catalogar como una genuina experiencia paranormal. Yo siempre he vivido en la ciudad. Lo único que sabía de los pueblos era lo que veía en películas de Pedro Infante. Cabe aclarar que no soy tan viejo. Lo que pasa es que mi madre siempre tenía la tele en el canal de Televisa. Ahí pasaban las películas de Pedro Infante. En una ocasión que íbamos a tener unos días de descanso en la fábrica porque un trabajador puso una queja que su trabajo era peligroso. Al día siguiente llegaron los de protección civil y clausuraron la fábrica hasta que cumpliera con las normativas de seguridad. Además, como amonestación, los obligaron a pagarnos a todos, aunque la fábrica no estuviera laborando como era mucho lo que la fábrica tenía que hacer para volver a operar fácil, tendríamos una semana libre. Así que uno de mis amigos nos comentó a mí y a otro que él se iba a ir a su pueblo, que justo eran las fechas festivas por allá y que, si queríamos, podíamos acompañarlo. Yo estaba indeciso, pero ya entre los dos me convencieron y nos fuimos. Ese pueblo era demasiado rural. No había drenaje. Otro detalle es que las casas sólo tenían dos puertas, la de entrada y la que da al patio. Los cuartos y los baños no tenían puerta. Sólo estaban ahí con una cortina. En los días que estuve ahí no dormí en cama. Solo la gente que tiene mejor condición económica tiene camas en su casa. El resto de la gente duerme en hamacas y en las salas también haya macas para sentarse. La celebración a la que llegamos era la fiesta más importante del año y el pueblo estaba de fiesta durante una semana completa. Nosotros sólo alcanzamos cuatro días. Todavía nos quedaban dos días para estar ahí en el pueblo antes de regresar a la ciudad. En el primero de esos dos días, mientras estábamos almorzando, pregunté qué clase de historias se contaban ahí. Eso me llamaba mucho la atención. La respuesta que obtuve fue que, en realidad, ese pueblo era bastante tranquilo, que no ocurrían demasiadas cosas, pero que tenían una leyenda que decía que en el cementerio estaba enterrada una bruja. Esa leyenda era del tiempo de los abuelos, de la gente más vieja del pueblo. A mí me pareció bastante curioso, porque hasta donde yo tenía entendido, las brujas no podían ser enterradas en campo Santo, porque se supone que tienen pacto con el Diablo. De hecho, cuando yo era niño, mi mamá me contaba una historia que una vez una bruja fue enterrada en campo Santo y que durante las noches la bruja se salía de su tumba porque estar ahí era un tormento para ella. Eso se los dije a los que estaban en la mesa, que eran mis dos amigos y los padres del amigo que era de ese pueblo. Me dijeron que, efectivamente, las brujas muertas no podían ser colocadas en tierra bendita porque se salían de sus tumbas. Y si una bruja viva es peligrosa, una bruja muerta lo es muchísimo más. Pero para evitar que eso sucediera, lo que hizo la gente que enterró a la bruja fue colocar cadenas benditas alrededor de la tumba. De esa manera era totalmente imposible que el cuerpo de la bruja pudiera salir. Sin embargo, el fantasma de la Brujas se salía del panteón y se iba a vagar entre las zonas de los árboles que atravesaba la carretera de tierra, que era el único camino para entrar y salir del pueblo. Les pregunté si era peligroso ir a ver la tumba de la bruja. Me dijeron que no, que, de hecho, la lápida no tenía nada de especial, que estaba mezclada entre todas las lápidas, que las cadenas estaban colocadas en la caja debajo de la tierra. Terminando el almuerzo, todos fuimos al panteón para ver la famosa tumba. No sé por qué, pero yo esperaba que la lápida tuviera escrita alguna leyenda o advertencia, algo que indicara que ahí estaba enterrado el cuerpo de una bruja, pero la frase que tenía era dios ama a todo su rebaño y ama más a la oveja negra. Entiendo el mensaje que ese escrito quiere transmitir, pero la verdad fue un poco decepcionante. Finalmente llegó el día de regresar a la ciudad. Mi amigo se despidió de sus padres, subimos al auto y empezamos el camino de regreso. Un dato importante es que el auto en el que estábamos viajando no era tan viejo, pero ya tenía sus años. Era del dos mil ocho. Mientras salíamos del pueblo y nos adentrábamos en el camino de tierra que pasaba por en medio de una enorme zona cubierta por muchísimos árboles, se empezó a nublar y comentamos que de seguro nos iba a agarrar la lluvia antes de llegar al cruce, donde el camino de tierra se volvía pavimento. Cinco minutos después estaba cayendo un aguacero fuerte. Lo bueno era que el camino de tierra era casi todo recto, por lo cual, aunque la visibilidad era reducida, se podía conducir bien. De todos modos, no podíamos ir tan despacio para evitar que las llantas se quedaran atoradas en el lodo que se estaba haciendo. Y más adelante, no sé si fue ocasionado por la lluvia, pero el camino, poco a poco se empezó a llenar de neblina. Luego las luces del carro enron a fallar se apagaban y se volvían a encender de forma intermitente. Para este punto, mis amigos y yo nos estábamos poniendo algo nerviosos en eso. Entre la neblina empezamos a ver cómo siluetas estaban paradas a los costados del camino, pero esas siluetas desaparecían en cuanto el carro pasaba al lado de ellas. Mi amigo que era del pueblo nos dijo que nos abrocháramos bien los cinturones, porque lo que estaba pasando no era normal, que, según lo que contaba la gente del pueblo, lo que estaba pasando eran manifestaciones provocadas por aquel fantasma de la Bruja. Lo vimos tan serio y tan preocupado que no le hicimos preguntas y simplemente nos pusimos los cinturones. Entonces mi amigo pisó el acelerador. El carro se estaba moviendo muy feo y se notaba bastante que mi amigo se estaba esforzando mucho para no perder el control. Yo iba en el asiento del copiloto. Mi amigo, que iba en la parte de atrás, golpeó mi asiento y me dijo que volteara. Cuando lo hice, pude ver una silueta blanca, pero no del mismo blanco que la neblina. Se notaba bien, la silueta tenía la forma de una mujer y se estaba acercando al carro. La silueta nos alcanzó. Logramos salir de la neblina y llegar a la carretera de Asfalto antes de que la silueta de la mujer nos alcanzara hasta el día de hoy. Me pongo a pensar qué hubiera pasado, si aquella cosa nos hubiera alcanzado la bruja del sendero, si me permiten, voy a empezar diciendo que nunca he sido realmente un creyente en cosas relacionadas con espíritus o lo misterioso, y supongo que soy escéptico a mi manera claro que creo en cosas como el karma y en el destino, pero también creo en la ciencia. Soy un poco raro. Entonces, bajo mi perspectiva medio escéptica, les voy a contar algo que sucedió en el lugar donde yo crecí. El sitio. Me lo reservo. Sólo diré que no era una ciudad pero tampoco era para decirle pueblo era algo como medio y medio en ese lugar todos se conocían entre sí. No había mucha delincuencia. Yo inclusive me atrevería a decir que no había nada, si acaso algún disturbio ocasionado por borrachos, pero ciertamente por lo general no pasaba de eso. Algunas veces los vecinos se hacían maldades unos con otros y recuerdo una ocasión muy específica en la que, debido a una mujer infiel, ella y su amante terminaron tres metros bajo tierra, luego de que el esposo los descubriera, por lo mismo de que el lugar solía estar en paz y tranquilidad casi todo el tiempo, a mí me gustaba ir a caminar a las afueras hasta los enderos, los que llevaban al poblado de al lado. En ese entonces yo no estudiaba. Sólo terminé hasta sexto de primaria. Ahí no teníamos secundaria. El que quería estudiar tenía que cruzar dos poblados y llegar a la ciudad. Yo prefería trabajar y ayudar a mi mamá. Nosotros teníamos una tienda que mi mamá atendía, pero como ella tenía unos problemas de espalda, yo me hice cargo de la tienda para que ella pudiera descansar la rutina. Era la siguiente. Yo me levantaba eso de las cuatro treinta de la mañana, que era a la hora que mi papá se iba a trabajar. Nos tomábamos un café juntos. Luego lo acompañaba a la parada del camión. Él se iba al trabajo, yo me iba a caminar. Regresaba a casa para tener la tienda abierta a las siete treinta, porque nunca faltaba la señora que no le alcanzaba a hacer el honcho a su hijo y antes de dejar al niño a la primaria, a las ocho de la mañana, pasaba a la tienda a comprarle. Aunque fuera un yo y unas galletas, La tienda se quedaba abierta hasta las diez de la noche, que era la hora en la que mi padre regresaba del trabajo y ya que se cerraba la tienda, nos sentábamos a cenar luego a dormir para el día siguiente, repetir la rutina y así cada día. En una de tantas ocasiones, mientras yo andaba caminando por el sendero a eso de las cinco y cuarto de la mañana, tuve que detenerme porque sentí que al zapato se le había metido una piedra. Mientras estaba allí quitándome el zapato para sacar la piedra en la penumbra completamente solo de repente, tuve una sensación rara, una que ni siquiera sabía que existía, porque no la había sentido antes. Era como si supiera que ahí donde estaba sentado había otra persona, pero no podía verla. Yo no tenía ni siquiera a los catorce años, así que, como era normal, sentí un poco de miedo. Me apuré a ponerme otra vez el zapato y empecé a caminar de regreso. Ahí fue cuando escuché un crujido en las hojas, quizás a unos treinta o cuarenta metros de distancia. Lo primero que pensé fue que, de seguro era un animal, como un perro, porque los pasos de un animal de este tamaño no se pueden escuchar desde tan lejos. Lo primero que pensé fue que, de seguro era un animal. Ahí en la zona no había demasiada fauna y, de hecho, aunque la lógica me decía que debía ser un animal, por más que trataba de pensar en qué tipo de animal pudiera ser. No recordaba haber visto en esa área a ningún animal lo suficientemente grande como para ser escuchado desde tan lejos. En eso me pareció escuchar una voz. No sé por qué no se me había ocurrido pensar que pudiera tratarse de una persona. Claro que eso era todavía peor, porque para ese momento yo llevaba muchos meses caminando por ahí todos los días a la misma hora y en todo ese tiempo no me había cruzado nunca la ondo ninguna persona. Así que pensar en que pudiera ser una persona solamente me puso más nervioso de lo que ya estaba. En eso volví a escuchar que una voz habló, pero en esa segunda ocasión la voz la escuché mucho más cerca, tanto que pude oír las palabras exactas. Ven Acá me decía si bien, el sendero no estaba cubierto en su totalidad por la oscuridad tampoco habían salido todavía los primeros rayos del sol. Esto hizo que la sangre se me fuera hasta la punta de los pies. En situaciones así, el cerebro se desconecta y sólo queda el instinto, así que solo me giré entonces la vi a una distancia corta de mí. Era una silueta como de mi estatura completamente negra. No se podía distinguir ningún detalle. Me esforcé en tratar de saber si era hombre o mujer, si era un señor o una anciana, pero no en eso. El bulto se movió un poco en mi dirección. Eso fue suficiente para sacarme el peor susto que me he llevado en toda mi vida. Me di la vuelta y traté de huir, pero casi volando no había avanzado ni veinte metros cuando me tropecé y caí lo bueno fue que no me fui hasta el suelo, Sólo caí de rodillas. Por eso me pude poner de pie rápido y seguir corriendo. Mientras corría, decidí voltear para ver si ya me había alejado lo suficiente de aquella cosa, pero me topé con que detrás de mí no había ningún bulto negro. Ahora era una bola de colores la que me estaba siguiendo y se estaba acercando. No entendía lo que estaba pasando, pero no dejé de correr. Hasta que estuve en mi casa. Mi madre se dio cuenta que entré muy aquitado. Ella estaba en la cocina limpiando los frijoles, ya que mi padre le había pedido unas enfrijoladas para la cena. Sin decirme ni preguntarme nada, me dio una tortilla n gonzal y un vaso con agua. Sólo me miraba esperando a que yo le contara y lo hice le dije todo tal cual había pasado. Estaba igual de sorprendida que yo me dijo que en todos los años que ella llevaba viviendo ahí, nunca había sabido de nadie que hubiera contado haberse topado con algo como eso, ni en el sendero ni en ninguna otra parte. El día transcurrió normal. En la noche que regresó mi papá del trabajo. Durante la cena, mi mamá me pidió que le contara. El hombre criado a la antigua se mostró serio ante lo que le conté, pero eso no significaba que no me creyera, sino todo lo contrario. Mi padre no se explicó a mi mamá y a mí que, cuando él era muy niño como de unos siete años, al ser el hijo mayor, mi abuelo lo mandó a trabajar el lugar donde trabajaba. Estaba a dos horas caminando. Este pasaba sobre el sendero justo en un punto medio entre el poblado de a junto. Ahí en su trabajo había un señor como de más de cien años. Él ya no hacía nada, pero como era un hombre de confianza del patrón, estaba ahí para supervisar y esas cosas. En una ocasión, ese señor contó que en el sendero había una bruja enterrada, que ella era una empleada del patrón y que nadie sabía que era una bruja, pero en una ocasión la encontraron tratando de comerse a un bebé. La mujer tenía toda la boca dislocada para poder abrirla de más y que el bebé le cupiera. No hubo ninguna necesidad de investigar si la mujer practicaba brujería. Todos ahí en la región sabían que las brujas se comían a los bebés, así que la mataron. Intentaron enterrar el cuerpo de la bruja en el cementerio, pero el sacerdote se los negó. Les dijo que las personas que trabajaban con el innombrable no tenían derecho a ser enterrados en campo Santo. Entonces, como no había otro lugar donde enterrarla optó por arrastrar el cuerpo por el sendero hasta un punto alejado. Ahí se hizo un pozo y la bruja muerta fue puesta ahí. El problema fue que cometieron el error de colocar el cadáver de la bruja viendo hacia arriba, cuando lo correcto es enterrarlas viendo hacia abajo. Eso se hace así porque luego de cierto tiempo, las brujas reviven y, sabiendo que están enterradas, comienzan a acabar para salir. Si se entierra hacia abajo, la Bruja seguirá acabando enterrándose más en la tierra, pero si se comete el error de enterrarla hacia arriba, terminará saliendo de la tierra. Yo le pregunté a mi papá si él creía que lo que me había perseguido había sido aquella bruja. La respuesta de mi padre me dejó helado. Él dijo no sé, pero en la mañana que el camión iba por el sendero cayó en un bache que nunca antes había estado ahí, la bruja del parque. Esta historia comienza con la peor pesadilla que he tenido en toda mi vida. En esa pesadilla, yo estaba en el parque sentado recargado en el tronco de un árbol. De repente apareció alguien. Era una anciana con un largo cabello gris, vestía ropas negras y parecía estarme mirando sus manos y brazos. Estaban en un muy mal estado algunas partes del codo hacia abajo las tenía con la piel desprendida. La cosa empeoraba hacia las manos, las cuales no tenían nada de piel ni de carne. Sus manos estaban en los puros huesos. La anciana tenía una sonrisa que se extendía por el ancho de toda su cara. Sus dientes eran de un color desagradable y algunos estaban incluso oscurecidos. Sus ojos eran pozos oscuros con unas ojeras muy marcadas. La anciana permaneció unos minutos ahí parada mirándome hasta que se torció de una forma horrible y así torcida, corrió en mi dirección desperté del susto. La pesadilla me pareció demasiado rara. No era la primera que tenía, pero si era la primera en la que aparecía el parque al que solía ir a distraerme. Este estaba dos minutos de donde yo vivía. Ese parque no es muy grande en absoluto. Probablemente podría dar la vuelta a todo el parque en tan sólo diez minutos. Tratando de dejar de pensar en la pesadilla, fui a enjuagarme la cara. Eran las cuatro y media de la mañana. Yo salía de la casa para irme a la prepa hasta las seis y media y faltaban dos horas. Aproveché para bañarme desayuné e inclusive me dio tiempo para encender el Xbox y hacerme una torre de Mortal Kombat nueve. Al salir de la escuela, mi novia y yo fuimos a caminar un rato al parque. Estando ahí, le platiqué sobre la pesadilla que había tenido. De hecho, la llevé al árbol en el que yo estaba recargado durante la pesadilla. Tres días después, mi novia me dijo que ella había tenido una pesadilla, la cual ocurría en el parque, en el mismo árbol, aunque la pesadilla no era la misma, porque mi novia no vio a la anciana en sí. La pesadilla de ella era que estaba en el parque y trataba de huir de algo, pero no sabía de qué. La cuestión era que, por más que corría siempre regresaba al mismo árbol. Nos pareció curioso, pero supimos que ella había tenido esa pesadilla, porque yo le había contado la mía. Claro que de haber sido ese el caso, ella debería haber visto a la anciana en su pesadilla, cosa que no pasó. Pasó un mes. Uno de los vecinos hizo una fiesta. Yo invité a mi novia a eso de las ocho de la noche. Mi novia y yo no salimos de la fiesta para ir al parque, como el lugar estaba bien en el humildo, o no era peligroso estar ahí de noche fuimos a sentarnos en el árbol como a los veinte minutos. De repente escuchamos algo que nos asustó a ambos. Lo mejor que puedo describirlo es como una sonrisa. Como dije, el parque no era particularmente grande. Además, el vecino que tenía la fiesta era el jefe de Manzana, así que toda la gente estaba ahí, tal vez al igual que nosotros. Podía ver a alguien más en el parque, pero en todo caso hubieran sido de nuestra edad. Pero la risa que escuchamos era la risa de una mujer adulta. De eso estábamos seguros los dos mientras estábamos allí inmóviles y en silencio. Después de haber escuchado esa risa, vimos una figura a lo lejos era delgada y caminaba de manera extraña. Era como si necesitara bastón quien fuera tenía ambas manos en su pecho como si estuviera sosteniendo algo, también la cabeza inclinada hacia un lado. Además, cojeaba hacia donde estábamos. Eso fue más que suficiente para que mi novia y yo nos pusiéramos de pie. No corrimos, pero nos apresuramos para salir del parque y regresar a la fiesta donde estaban todos los demás. Ya no salimos de ahí hasta que los papás de mi novia llegaron por ella. Seis meses después. Yo tenía poco de haber terminado con mi novia, no por problemas, sino porque, debido al trabajo de su papá se habían tenido que ir a vivir a otro Estado. Así que yo estaba triste un domingo, siendo las cuatro de la mañana como no podía dormir, salí de la casa y me fui al parque. Me senté en el tronco del mismo árbol Luego, de un rato de estar ahí, escuché la misma risa que la otra noche era exactamente la misma carcajada. Me quedé congelado por un segundo luego empecé a voltear hacia todos lados, pero por más que miraba en todas direcciones, la silueta no estaba por ninguna parte. De todas formas, decidí ponerme de pie y sin dejar de mirar hacia todos lados, empecé a caminar hacia la salida del parque, cuando ya estaba cerca aquella silueta. Entró al parque cojeando entonces se escuchó la risa otra vez. Estaba claro que la silueta era la que se estaba riendo. Me di media vuelta y corrí en otra dirección. Había dos salidas en el parque, la que quedaba en dirección de mi casa y la que daba hacia la avenida. Estaba llegando hacia esa otra salida cuando la silueta entró por ahí dando su carcajada, me frené, miré hacia atrás y como no venía nadie por más absurdo que pueda sonar. Volví a correr hacia la salida que daba a mi casa, pero me detuve en el árbol porque tuve una especie de flashback. Recordé aquel sueño que había tenido mi novia donde corría y corría, pero siempre llegaba al mismo árbol. Me pasó por la cabeza que si seguía intentando salir del parque, aquella silueta me seguiría bloqueando la salida, entonces decidí quedarme en el árbol. En realidad, no tenía ningún plan. No sabía qué hacer para salir de la situación en la que estaba ahí. Me quedé recargado Cuando la silueta llegó por uno de los costados, al pasar por debajo de una de las lámparas dejó ver su figura oscura y pude ver que se trataba de una anciana con cabello plateado que caía en hebras largas. Vestía en ropas oscuras. Sus manos y brazos estaban en pésimo estado desde el codo hacia abajo. La piel estaba desprendida. En varios sitios, la situación era aún peor hacia las manos, que estaban sin piel ni carne, solo huesos en su rostro. La anciana llevaba una sonrisa que se extendía por toda su cara. Tuve un dellabó aquello era calcado de la pesadilla que me había despertado a las cuatro y media de la mañana hace tantos meses. Entonces supe que era lo siguiente que iba a ocurrir. La anciana permaneció unos momentos ahí parada mirándome hasta que se torció de una forma horrible y así torcida corrió en mi dirección. Estuvo a punto de agarrarme pero de alguna manera logré quitarme y corrí Ahora sí pude salir del parque y llegar a mi casa. Estando dentro me asomé por la ventana y en la esquina, que era la única parte de la calle que no estaba iluminada, pude ver aquella silueta oscura y también pude escuchar cómo se carcajeaba. Creo que está de más decir que no volví a entrar a ese parque ni siquiera haciendo de día. Nunca supe de otro vecino que hubiera tenido una experiencia similar a la que yo tuve aquella vez en la que puedo afirmar sin temor equivocarme que estuvo a punto de agarrarme un un una bruja, la bruja de Navidad. Las fechas de sembrina suelen siempre estar bajo el concepto de festividad y de convivencia familiar, Si bien aquí en la casa mis padres nunca fueron mucho de ir a visitar parientes en esas fechas. De todas maneras, nos las pasamos bien. Mi mamá preparaba una buena cena, poníamos música y después de la medianoche se armaba el karaoke casi hasta el amanecer una celebración en toda regla. Las cosas cambiaron cuando en marzo del dos mil ocho mis padres se divorciaron. Ni mis hermanos ni yo nos dimos cuenta, pero al parecer tenían muchos años llevándose mal, pero se aguantaban por nosotros. Una mañana simplemente ya no pudieron y se divorciaron. Después de eso, como es normal, las cosas en la casa se pusieron muy mal, no entre mis papás, porque ellos no pelearon ni discutieron. De hecho, la noticia nos la dieron de manera muy civilizada y tranquila. En la cena. Nos dijeron que ellos ya se habían separado y que mi papá se iba a ir a vivir a otro lado. Pero ni mis hermanos ni yo supimos procesar bien lo que estaba pasando. A nosotros sí nos afectó mucho, así que el ambiente en la casa era pésimo. Siempre había silencio. Nosotros siempre estábamos de mal humor. Mi mamá por más que trataba de animarnos. Nosotros no queríamos. Así pasaron los meses y llegó el mes de diciembre. Mi mamá compró la decoración de Navidad. Ya saben, esferas luces y el pino la verdad. No quisimos ayudarle con nada porque no nos interesaba ninguna fiesta. Entonces las cosas raras comenzaron antes de que terminara la primera semana de diciembre. Una noche a mí me dio muchísimo insomnio. Tuve que levantarme y bajar a la cocina para ver si comiendo algo. Me daba sueño. Cuando llegué a la cocina, ahí estaban mis dos hermanos, a los tres nos había dado insomnio a la misma noche. Estuvimos ahí en la cocina tomando jugo de manzana y comiendo doritos. Platicamos y nos preguntamos sobre el insomnio, pero lo cierto era que no teníamos idea de por qué nos había dado a los tres la misma noche. El viernes de la segunda semana, mientras nos estábamos alistando para ir a la escuela, yo a la preparatoria y mis hermanos a la secundaria, mi hermano menor nos preguntó si habíamos agarrado sus tijeras. Los dos dijimos que no, pero sólo por descarte revisamos. Entonces nos dimos cuenta que nuestras tijeras tampoco estaban dentro de nuestras mochilas. Los tres intercambiamos miradas confusas, pero no teníamos tiempo de hablar al respecto. Se nos estaba haciendo tarde, cuando regresamos acá mientras estábamos haciendo nuestras respectivas tareas. Algo comentamos sobre lo que pasó con las tijeras, pero nada importante. A mitad de la siguiente semana, mi mamá nos mandó a hablar ella quería saber quién de nosotros había colocado el regalo que estaba debajo del pino. Le dijimos que no habíamos ido nosotros. Ella como que no nos creyó, agarró el regalo y lo abrió dentro. Estaban las tijeras que se nos habían perdido, pero estaban quebradas. Mi mamá se quedó serio. Unos momentos se dio cuenta que nosotros no habíamos ido. El diecinueve de diciembre. Lo recuerdo bien, porque fue el último día del año que yo fui a la prepa, todos los aparatos eléctricos de la casa se volvieron locos desde la televisión hasta el refrigerador, pasando por los focos, el microondas, mi laptop, la lavadora y los celulares de mis hermanos. Lo primero que pensamos fue que, a lo mejor se trataba de do una falla en la luz, pero el hecho de que mi laptop y los celulares de mis hermanos fallaran descartó esa idea. El día siguiente, el veinte, fue un día que podría describir como un día salado. Mi mamá se hizo una cortada mientras cocinaba. Mi hermano menor se resbaló y casi se cae por las escaleras. Al de en medio le salió una piedra en los frijoles y casi se atraganta. A mí. Lo que me pasó fue que me quedé sin celular. No mencioné que mi celular hubiera fallado, al igual que los de mis hermanos. Eso es porque en ese momento yo no tenía mi celular. Lo había dejado en un local para que lo arreglaran a mí. Me tocaba ir a recoger mi celular. El día veinte se suponía que ya lo tendrían listo para dármelo, pero cuando llegué me di cuenta que ahí estaba una patrulla. Me acerqué a ver qué era lo que estaba pasando. Resultó que acababan de robar ahí y se llevaron todos los celulares, obviamente, también en el mío. Al día siguiente, mi mamá, mis hermanos y yo amanecimos agripados con todos y sueltos el estómago. Lo bueno era que en la casa había dos baños uno en cada piso. Creo que para este punto ya era más que evidente que algo estaba pasando tanto con nosotros como con la casa. Había una sensación rara, como si alguien más aparte de nosotros estuviera viviendo ahí. De hecho, ese día, cuando mi mamá estaba poniendo a la mesa, colocó cinco platos. Lo siguiente que pasó fue que, mientras mi mamá limpiaba la casa, encontró pequeños gusanos blancos en todas las esquinas de toda la casa. Mi mamá estaba harta y fue a buscar a una señora que era Rara. La conocíamos como Doña Saca, pero hacía cosas con ángeles y santos católicos. Ella era una especie como de Bruja, pero hacía cosas todo con ángeles y santos católicos, pero hacía cosas que no se ven en la Iglesia. Doña Saca llegó a nuestra casa con una lima que es como un limón, pero bastante más grande. Puso la lima en la mesa lo partió a la mitad. Luego las dos mitades las partió en cuatro, cada una quedando ocho partes, sacó una bolsita de canela molida y la vació sobre las ocho partes de la lima. Luego le pidió sala a mi mamá y también puso sal sobre las partes de Lima. Cada una de las ocho partes las colocó en lugares diferentes de la casa. Nos dijo que no debíamos tocarlas por nada del mundo y que al día siguiente ella regresaría a revisar. Le hicimos caso y ni siquiera nos acercamos a los lugares donde Doña Saca había puesto las partes de Lima. Al día siguiente que regresó, juntó todas las partes y armó la lima completa. Estuvo ahí haciendo cosas con las manos y Luego l le dijo a mi mamá que una bruja estaba viviendo dentro de la casa. Eso fue algo que definitivamente no estábamos esperando escuchar. No tenía sentido. La casa era de dos pisos, pero no era una mansión. No había ningún lugar en donde una persona pudiera esconderse por tantos días sin que ninguno nos diéramos cuenta. Doña saca le explicó a mi mamá que la bruja que teníamos en la casa no era una bruja humana, sino que era una bruja del mundo espiritual. Por eso no podíamos Verla. Dijo que las brujas espirituales se alimentan de emociones negativas como tristeza, dolor, rencor cosas como esas, Así que ella estaba convencida de que todo el ambiente opaco que fuimos acumulando desde el divorcio creció tanto que terminó por llamar la atención de una bruja espiritual de todas las cosas anormales y raras que habíamos notado estaban sns ocasionadas por el hecho de que teníamos una bruja viviendo en la casa. También nos dijo que no teníamos nada de que asustarnos que, aunque lo que nos estaba diciendo podía parecer serio, en realidad habíamos tenido mucha suerte porque la bruja que estaba en la casa no era mala ni peligrosa, porque, de serlo ya alguien hubiera resultado gravemente herido o enfermo. Nos dejó en claro que ella no podía hacer nada para sacar a la bruja de la casa, que ella se iría cuando el ambiente mejorara, porque esa era la única forma de que desapareciera la energía de la que se alimentaba la bruja. Tuvimos que esforzarnos mucho para que las cosas mejoraran. El primer paso fue que Papá estuviera presente en la cena de Navidad y también en Año Nuevo. Siguieron pasando cosas raras durante unos tres o cuatro meses, pero finalmente todo volvió a la normalidad. Relatos escritos y adaptados por Ramiro Contreras