July 3, 2023

La Bruja Devoradora De Demonios Historias De Terror - REDE

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La bruja devoradora de demonios. Una vez conocía una bruja, una de verdad de esas que viven en una choza a mitad de la nada, con su altar para hacer sacrificios y con una vasija en la que prepara brebajes. Además, era una bruja muy poderosa. Demasiado tenía conocimiento tan antiguo que era capaz de enfrentar a los demonios que ni los exorcistas se atreven a enfrentar. Esa bruja no sólo expulsaba demonios, sino que podía devorarlos para hacerse cada vez más fuerte. Ella tenía más de trescientos años. Podía vivir una cantidad de tiempo indefinida mientras siguiera comiendo demonios. No le daba juventud. Ella se veía como la persona más anciana que se puedan imaginar. Tenía arrugas sobre las arrugas, pero se mantenía sana gracias a la energía demoníaca ella era de Tabasco, en el municipio de Huimanguillo. Decía que su madre había vivido casi cuatrocientos años y que la madre de su madre vivió más de quinientos años. La bruja también tenía una hija. Esa hija nació en mil novecientos veinticinco. La dinastía de la bruja se remontaba hasta la abuela de su tatarabuela que, según sus palabras, había sido una de las sacerdotisas fundadoras del culto de la serpiente emplumada hace tres mil doscientos años. Todo el conocimiento que la bruja poseía había sido heredado de madre a hija hasta llegar a ella. Por eso podía enfrentar demonios, porque su conocimiento venía directamente de Quetzarcuatle Yo a esa bruja la conocí en mil novecientos setenta y cinco, cuando yo tenía veinte años. Lo que sucedió fue que yo estaba buscando a su hija y le estaba buscando porque yo creía que la hija de la Bruja era mi madre madre. Cuando cumplí dos años, mi madre se marchó y me dejó con mi padre. Eso es todo lo que yo sabía de mi madre. Mi papá jamás me dio detalles a él lo mataron en el verano del sesenta y ocho. No era estudiante, ya tenía cuarenta y tres años, pero él escondió a dos estudiantes que estaban huyendo de los guantes blancos. Cuando lo descubrieron, lo mataron. Tuve la suerte de que ese día yo no estaba en casa. Me encontraba con unos tíos, porque mi primo y yo estábamos en la misma secundaria y mis tíos habían pasado por nosotros a la escuela. En fin, mi padre muere y yo no sabía nada de mi madre. Como pude, fui tratando de averiguar quién había sido la última novia de mi padre. Esa debía ser mi mamá. Tardé varios años porque, al parecer, mi padre nunca le habló a nadie de la familia sobre mi madre. Nunca la conocieron. Los únicos que pudieran saber eran los viejos amigos de papá. Después de buscarlos. Y finalmente, cuando tenía veinte años, obtuve un hombre y una ciudad. Viajé hasta wimanguillo a buscar a la última novia de mi padre, la bruja. Se enteró que yo estaba buscando a su hija y me mandó a llamar la bruja y yo estuvimos hablando. Me dijo que su hija ya no vivía en esa ciudad. Yo le conté cuál era mi motivo para buscarla. La bruja que aún no me decía que se dedicaba eso. Recordaba que mi padre y su hija habían tenido una relación, pero me aseguró que ellos nunca tuvieron un hijo. Yo pude sentir sinceridad en sus palabras y le creí antes de marcharme me preguntó por qué estaba buscando a mi madre si ella me había abandonado. Le respondí que, sin importar lo que ella había hecho era mi madre y seguro, tuvo motivos para irse a mí. No me importaban esos motivos. No le estaba buscando para reclamar ni para pedir explicaciones. Yo solamente quería conocerla. Cuando le di esa respuesta, se me salió una lágrima. La bruja rápido se acercó hacia mí y con uno de sus largos dedos, tomó la lágrima con mucho cuidado camino hasta un espejo y lanzó la lágrima contra el cristal yo me quedé estupefacto sin entender lo que estaba pasando. La bruja puso la mano sobre el espejo y empezó a hablar en un dialecto. Honestamente no sé cuál. Después el espejo hizo algo. La bruja pudo meter la mano a través de éste y sacó otra lágrima. Fue conmigo, Me dijo que confiara y me puso la lágrima en el ojo. En ese momento tuve una visión. Era una mujer de unos treinta y tantos. Estaba sentada afuera de una casa tomando una cerveza. Al paso de unos segundos, la visión desapareció. Después la bruja me dijo se llama Clara vive en Fresnillo. Es tu madre y en ese momento me dijo que era una bruja. Yo no quise hacer preguntas y antes de irme me dijo que le había caído bien. Me fui directo a Fresnillo. Tardé unos días en dar con mi madre. Escuché su historia, la entendí, no la juzgué. Yo le conté todo lo que había pasado con mi papá. Estuve en Fresnillo por nueve meses, aproveché cada día para estar con mi madre y después volví a Huimanguillo para platicar con la bruja. En esa primera conversación me dijo que ella había nacido en el año de mil seiscientos cuarenta y dos. Puedo entender que esto es muy difícil de asimilar. Yo solo cuento lo que me dijo la bruja. Ella decía que cuando los españoles llegaron a estas tierras, todavía vivían su madre y su abuela. También me contó que todas las brujas tuvieron la necesidad de estarse moviendo de forma con sus porque la Iglesia Católica estaba detrás de todas ellas no querían dejar a ninguna con vida para pasar desapercibidas. Cada una andaba por su cuenta. Su abuela decidió ir a ayudar a los mayas que se encontraban en Tabasco y su madre intentó esconderse en Yucatán. Su abuela murió en mil quinientos diecinueve durante la batalla de Centra, y su madre murió en mil seiscientos ochenta y tres en un puerto. Cuando un grupo de piratas llegaron a saquear la ciudad. La Bruja también se estuvo moviendo. Buscaba pueblos que, de preferencia fueran pequeños donde no hubiera tanta presencia de la iglesia. Ahí se quedaba hasta que llamaba la atención y tenía que moverse. Cada que tenía la oportunidad expulsaba demonios que invadían cuerpos de personas. En mil setecientos noventa llegó por primera vez a la ciudad de México. Ahí conoció a un tal pedro de la Portilla. Él trabajaba recaudando impuestos. La Bruja de Ons dice que él fue el verdadero artíficio de la independencia de México, porque murió en prisión por conspirar contra el Virreinato, cosa de la que se enteró el cura Hidalgo unos meses antes de dar las famosas campanadas el grito de dolores. Cuando la Bruja terminó de contarme eso estaba por llegar a la puesta de sol, así que me despedí y fui a donde pasaría la noche. Volví al día siguiente. En esta segunda plática, le pregunté qué tipo de trabajos hacía ella. Jaló un poco de aire y me dijo que eran muchísimos. Dijo que en sus mejores años podía resucitar a las personas que tenían menos de cuatro horas de muertos. Para poder hacer eso, le pedía permiso a que ttalcoatl para hablar con chippettotec Dios de la muerte. También podía influir sobre el clima, lanzar maldiciones, hacer amares, abrir caminos, enterramientos, salaciones en dulce s Kiromancia y algunas prácticas milenarias, tal como la manipulación de las lágrimas, que fue lo que hizo para darme la visión de mi madre, y también podía establecer comunicación con el fuego. Le interrumpí para poder hacerle algunas preguntas sobre la herbolaria. Yo quería saber qué tan cierto era eso de que las brujas preparaban brebajes. Ella me pidió que la acompañara al fondo de su choza. Ahí tenía una especie de holla muy grande. Quise acercarme, pero dijo que no me lo recomendaba porque estaba preparando una maldición que un cliente había encargado. Esa maldición llevaba cuatro días asentándose y todavía le faltaban otros siete. Esta maldición era una mezcla de un demonio con una plaga y un cáncer en la olla. Tenía gallinas negras, cuervos, ruda, alacranes, cucarachas y beleño negro. Rápidamente cambié el vino porque no me sentía cómodo. Le pregunté por qué sus prácticas estaban tan relacionadas con quetzalcoatl y ahí me contó lo que les dije antes que la abuela de su tatarabuela fue una de las sacerdotisas de primera generación en culto a la serpiente emplumada. Eso y el hecho de que comiera demonios para vivir me daban mucha curiosidad, pero temía preguntar. Lo único que quise preguntar es cómo le hacía la bruja para enfrentar a los demonios y devorarlos. Me contó que lo más difícil era el primer paso, es decir, encontrar a los demonios a las personas poseídas. La única forma era esperar a que alguien acudiera a ella para pedir ayuda, porque no había forma de detectarlo forzosamente. Se tiene que hacer un ritual para saber la presencia de un demonio. Cuando yo conocí a la Bruja, ya habían pasado veinticinco años desde la última vez que había devorado un demonio y antes de ese pasaron casi sesenta años. Pero una vez que se tiene un posible candidato, había que someterlo al ritual. Lo primero era acostarlo en el suelo en medio de un doble hexagrama. Uno de los hexagramas debe estar hecho con hilo verde y el otro con hilo azul. Ambos hilos deben estar suspendidos el suelo. Para eso se clavan doce palos santos y los hilos se amarran a los palos. Después, alrededor del doble hexagrama, se deben dibujar ciertos símbolos, unas cejas, flamígeras, once pares de ojos, garras obladas hacia abajo y todos los símbolos deben estar entrelazados con una serpiente dibujada con sangre de la bruja. Eso se hace como campo de contención. Un demonio no puede escapar mientras esté dentro del doble hexagrama con los símbolos aquí. Evidentemente, si no hay presencia de ningún demonio, la persona podrá simplemente saltar los hilos e irse a su casa. En el caso contrario, el demonio va a luchar por lograr que el cuerpo se aleje, porque sabrá que está siendo sometido a un ritual para sacarlo de ese cuerpo. Mientras el demonio lucha, hay que lanzar ceniza del popocatepetl. Mientras se invoca a que sal cuatlo, la persona debe quedar completamente cubierta de ceniza. Después, la bruja debe tomar un bastón cubierto con cascabeles tomados de la cola de muchas serpientes. Ese bastón lo va a golpear contra el suelo. Los impactos del bastón contra el suelo van debilitando al demonio poco a poco. Finalmente, cuando llega el momento, la bruja debe tomar un artefacto muy único y especial. Recuerdo que me dijo el nombre, pero está en un dialecto y no puedo pronunciarlo. Este era la figura de un jaguar con un penacho. Estaba hecho de un mineral verdoso. Ese artefacto se coloca en la boca y se jala aire a través de él como si fuera un popote. Al hacerlo se produce un sonido idéntico al rugido de un jaguar. Me dijo que cuando el artefacto es utilizado estando cerca de una persona poseída por un demonio encerrado en un doble hexagrama, el demonio es opcionado, forzado a salir del cuerpo de la persona y obligado a pasar por el interior del artefacto, siendo así absorbido por la bruja. Así terminó nuestra conversación de ese día. Volví a hablar con ella en otras seis ocasiones, pero ya no tocamos cosas interesantes. Hablamos de la vida y de eso. Después volví a la Ciudad de México para continuar con mis estudios. Durante las vacaciones estuve yendo a visitar a mi madre, a Fresnillo y cuando finalmente me gradué, volví a buscar a la bruja, pero no le encontré. Tampoco estaba su choza. Pregunté, pero nadie supo darme razón de ella y ya nunca volví a saber de ella. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras