Feb. 18, 2024

La Bruja Del Pueblo Fantasma Historias De Terror - REDE

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El pueblo fantasma me llamo Sofía y soy una joven aventurera. Siempre me ha gustado explorar lugares nuevos, salir de viaje, lanzarme en paracaídas, moverme en bicicleta para conocer más la ciudad. Así que cuando escuché hablar de la barranca de buen Titán, no pude resistir la tentación de visitarla. Cada domingo me ponía de acuerdo con mis amigos para ir a hacer ejercicio. Además, cerca de la barranca también se encontraba el parque natural de Huentitán, por lo que aprovechábamos a hacer un recorrido en la pajareada, la cual consistía en ver los distintos tipos de aves que habitaban en ese lugar. Con los miralejos, era posible admirarlos más de cerca. En una ocasión en que estábamos un grupo de personas observando las aves escuché a un hombre decir que debajo de la barranca había algo raro. Trate de escuchar su conversación para saber de qué hablaba. Como no pude escuchar con claridad, intenté acercarme al señor para preguntarle, pero de repente se salió del grupo y se marchó. Ya no tuve oportunidad de saber de qué se trataba, pero lo iba a averiguar el siguiente domingo. Ese día descendí más de lo esperado por la empinada barranca, disfrutando de la brisa fresca y el sonido del río que corría muy cerca. Mis amigos me dijeron que me esperaban en un paraje cercano al río. A ellos no les interesó tanto como a mí. Ir más allá. A medida que avanzaba, me di cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. Los pájaros dejaron de cantar y el aire se volvió más pesado. Luego vi algo que me sorprendió. Un pueblo abandonado y en ruinas. Me acerqué con cautela, pero no vi a nadie. Las casas estaban en mal estado, algunas casi destruidas que apenas mantenían en pie sus paredes, otras, con las ventanas rotas y las puertas abiertas, parecía que el lugar había sido desocupado. De repente como si los habitantes hubieran huido de algo o de alguien. De repente escuché un ruido detrás de mí, Me di la vuelta, pero no vi a nadie. Empecé a caminar más rápido, pero el sonido seguía era como si algo me persiguiera. Entonces escuché una risa siniestra, o al menos eso me pareció porque ya no volví a escuchar ese ruido raro llamó mi atención. Una de las casas se encontraba en mejores condiciones que las demás. Tenía una puerta cerrada y un tejado aún firme. Me acerqué a la entrada y noté que la cerradura estaba abierta. No pude resistir la tentación de entrar, así que la empujé y la puerta se abrió con un chirrido. Al ingresar a la casa, descubrí que en su interior estaba en un estado muy bueno, lo cual era extraño dadas las condiciones de las demás casas. El suelo estaba limpio y parecía haber sido barrido recientemente. En la sala de estar había un sofá y una mesa de madera a ambos n ns muy bien cuidados, así como una lámpara encendida que daba una luz amarillenta y mortecina. Me di cuenta de que la casa estaba habitada y eso me causó expectación. Comencé a caminar lentamente explorando el lugar, atravesé la sala y entré en la cocina, donde encontré una taza de café aún caliente y un plato de comida. Sin terminar sobre la mesa, me di cuenta de que alguien había estado allí recientemente. De repente sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo y una sensación de miedo se apoderó de mí. Creo que fue porque escuché un ruido proveniente del piso superior, como si alguien estuviera caminando. Tuve la intención de salir de la casa, pero algo extraño me impulsó a subir las escaleras. Cuando llegué a la parte alta, vi una puerta cerrada. La casa comenzó a sentirse más oscura y siniestra a medida que avanzaba hacia ella y sentí que algo muy fuerte. Me atraía hacia la puerta, pero a la vez me invadió un fuerte presentimiento de que no debería estar allí. Llegué a la puerta y la abrí lentamente. La habitación estaba en penumbra iluminada sólo por la luz que se filtraba a través de las persianas cerradas. En el centro de la habitación había una mesita de noche y sobre ella había una fotografía enmarcada de una mujer. La mujer de la foto era bonita de cabello oscuro y ojos claros, pero algo en su mirada me inquietó. Parecía que me observaba como si supiera que estaba allí. De repente escuché un ruido detrás de mí, como si alguien estuviera respirando en mi cuello. Me di la vuelta, pero no vi a nadie allí. El miedo comenzó a invadirme. Sentí que debía irme de la casa de inmediato. Volteé para ver, por último, la fotografía de la mujer. Me acerqué a ella y la tomé en mis manos examinando su rostro detalladamente. De pronto como comencé a escuchar un ruido muy fuerte que provenía del exterior, grité sin poder permanecer por más tiempo en esa casa, así que salí corriendo por las escaleras. Una vez fuera me detuve para recuperar el aliento. Me di cuenta de que la casa no era un lugar seguro y que había algo oscuro y malvado allí. Dentro me fui rápido de la vivienda todavía temblando de miedo en mi huida. No me di cuenta de que había tomado la fotografía de la mujer. No fue hasta que me reuní con mis amigos. Cuando vi la foto en mi bolsillo, les conté mi experiencia y se las mostré. Todos se sintieron intrigados por la historia y me pidieron que regresara a la casa para investigar más, pero yo tenía miedo de volver allí. Ya no lo hice. Sólo me llevé la fotografía conmigo. Quise saber más sobre esa mujer, así que comencé a hacer preguntas a los lugareños y a investigar para averiguar quién era ella. En realidad, no pude encontrar nada hasta que un día, por una casualidad extraña, estaba a punto de comenzar mi ejercicio en el parque de Huentitán. Unas mujeres que también se ejercitaban comenzaron a hablar del pueblo fantasma. Me acerqué a ellas para preguntarles al principio tuvieron desconfianza de mí. Cuando les expliqué el motivo de mi interés, comenzaron a platicarme la leyenda que existía sobre ese pueblo que, al parecer, no era tan común. Descubrí que el nombre de la mujer era Lucía y que había sido una habitante del pueblo fantasma de Huentitán. Sin embargo, las mujeres no me pudieron decir más sobre su vida o su muerte. Yo quería saber más acerca de Lucía y el motivo por el que decidió quedarse en esa casa en Ruinas. Caí a la cuenta de que me sucedía algo extraño. Por un lado, tenía miedo de regresar a ese lugar y, por el otro, había algo que me impulsaba a hacerlo, como si una fuerza de atracción me jalara ahí. Antes de bajar a la barranca, pregunté a las personas de buen Titán sobre el pueblo. La mayoría de ellas no sabían mucho al respecto. Entre la gente que pregunté había una mujer de edad avanzada que tenía un puesto de dulces. Ella me dijo que sabía algo sobre el pueblo olvidado sobre él cayó una maldición. Por eso quedó en ruinas. Ella me habló vagamente de una mujer. Le mostré la foto que me había traído. Me dijo que no la había conocido, pero era muy probable que se tratara de ella. Mientras indagaba, me pasó algo extraño. Comencé a sentir la presencia de una persona que me estaba observando, alguien malvado y oscuro. Escuché risas siniestras en la distancia y vi sombras moverse a mi alrededor. Comprendí que tenía que ser cuidadosa, pero mi obsesión con Lucía y el pueblo fantasma me impulsaba a seguir adelante. En el fondo, creo que Lucía buscó la manera de atraerme a ese lugar. Por eso puso todos los elementos para llegar a ella. También me di cuenta que la señora sabía más, pero que había sido cautelosa al darme información hasta que supo el motivo por el cual quería saber más del pueblo. Así fue, como me dijo, que Lucía había sido la causante de que la gente cayera en desgracia, ya que practicaba la brujería y la magia negra, las personas del pueblo le temían y evitaban hablar con ella. Un día sucedió algo terrible. La gente del pueblo comenzó a enfermarse y a morir de manera inexplicable. Pronto corrió el rumor de que Lucía era la causante de las enfermedades y de la muerte. La gente se unió para expulsarla. La mujer se fue, pero juró que volvería para hacer que todos pagaran por lo que le habían hecho. La mujer que me platicó esa historia me dijo que era todo lo que sabía Aunque me habían pasado cosas extrañas, mi curiosidad no pudo ser contenida. Regresé al pueblo fantasma de Huentitán y entré de nuevo en la casa de Lucía. Esta vez me di cuenta de que algo había cambiado. La casa se sentía más oscura y siniestra que antes y pude sentir una presencia maligna a mi alrededor. Comencé a revisar los objetos y papeles que encontré allí tratando de descubrir más sobre la vida de ella. Fue cuando encontré un libro antiguo lleno de extrañas inscripciones y hechizos. Lo leí con curiosidad. De repente me di cuenta de que algo se había desatado en la casa. Las puertas comenzaron a cerrarse por sí solas y habían sombras que se movían A mi alrededor. Escuché risas y susurros siniestros. Sentí que algo me estaba persiguiendo. Entonces vi a una mujer en la distancia. Pensé que podría ser Lucía parada en la oscuridad. Mirándome fijamente, corrí tratando de escapar, pero algo me detuvo. Una mano Fría me agarró el brazo. Escuché la voz de Lucía susurrándome al oído, diciéndome que no podía irme y que debía quedarme con ella para sí me volteé para ver si era ella. En efecto, Lucía estaba frente a mí. Su belleza había sido reemplazada por un rostro pálido con una mirada y sonrisa siniestra. Ella me miró fijamente a los ojos. En ese momento tuve mucho miedo de quedarme para siempre en ese lugar. Poco a poco comencé a darme cuenta de que estaba atrapada allí, incapaz de escapar de la oscuridad, que parecía envolverme, pero eso no era todo. Comencé a ver a las personas que habían habitado ese lugar sombras que caminaban sin rumbo por las calles desoladas del pueblo. También percibí que no estaba sola en ese lugar y que los espíritus de los que habían muerto allí todavía estaban presentes. A medida que pasaba el tiempo, me sentía cada vez más atrapada en el pueblo fantasma de Huentitán. Lucía había sido la causante de mi encierro y su poder crecía cada vez más. Incluso pensé que no habría escapatoria para mí. No sé si para qué que ella fuera más poderosa. Era necesario que un ser humano con vida estuviese presente, porque cada vez veía más manifestaciones del poder de Lucía. Con lo que no contaba a ella era que les había comentado a mis amigos lo del pueblo abandonado. Ellos en su momento estuvieron desganados de hacerlo. No le dieron crédito a lo que les decía, ni siquiera al ver mis ganas de ir de nuevo a ese lugar. Sin embargo, cuando mis padres comenzaron a preguntar por mí, ellos pensaron que era posible que estuviese en ese poblado, así que bajaron en mi búsqueda. Lo que yo no supe en aquel momento fue que cuando ellos vieron al pueblo, se sorprendieron de ver sombras oscuras que caminaban sin rumbo, por lo que se regresaron a buscar ayuda, ya que ellos no tenían la capacidad de enfrentarse a fuerzas desconocidas. Fue cuando cayeron a la cuenta de que todos los que les dije había sido cierto tiempo. Después, mis amigos me dijeron que acudieron con alguien que supiera de embrujos y de magia ne negra. Primero fueron con un sacerdote, pero él no quiso involucrarse. Les dijo que tenía mucho trabajo por las fiestas patronales de Huentitán. Quizás cuando pasaran las festividades él podría acompañarlos desesperados. Ellos fueron con un chamán. Cuando le expusieron la situación, él les creyó. Les dijo que era necesario bajar al lugar porque a distancia no se podía hacer nada, aunque también les dijo que no sería barato ir hasta la orilla del río Santiago y realizar los rituales. Con la ayuda de mis padres, pudieron ir a la mañana siguiente antes del amanecer. Mientras bajaban la barranca. Todavía se escuchaban los sonidos que emiten los animales silvestres y la neblina, que había bajado mucho en el momento en que llegaron al poblado. Uno de mis amigos me dijo que el chamán se sorprendió mucho. Les comentó que había dudado de lo que le habían contado, pero que era más real de lo que él imaginaba. Tendrían que utilizar otro método para lograr combatir el mal. Les dijo a mis amigos que era necesario buscar el cementerio del lugar y encontrar la tumba de esa mujer era la única manera de revertir la maldición. Al llegar al panteón, era casi imposible encontrar las tumbas casi estaban cubiertas por la tierra, ya que el cementerio se encontraba muy cerca del río. Lo más probable era que en algún momento en que subió el nivel del agua, cubrió por completo las tumbas, llevándose las cruces y las lápidas. Fue cuando el chamán se desesperó un poco pero conforme avanzaron hasta el final de las tumbas. Encontraron una en particular que mantenía unas flores frescas. Él dedujo que esa era la tumba indicada. Se paró frente a la lápida. Les dijo a mis amigos que comenzaran a escarbar. Era necesario obtener un hueso del esqueleto de Lucía o un objeto de ella. No fue fácil escarbar en la profundidad del pozo, pero lo consiguieron un trozo de tela raído por el paso de la ono. El tiempo fue suficiente para empezar el ritual. El hombre llevaba consigo un tambor pequeño que comenzó a tocar al mismo tiempo que recitaba palabras incomprensibles. La reacción de Lucía fue inmediata. Un viento fuerte que levantaba mucha tierra comenzó a cubrirlos. Sentía cómo los granos de arena golpeaba la piel de mis amigos y del chamán. Sin embargo, él continuó sin detenerse. La fogata que habían encendido con el mismo propósito del ritual quedó apagada de inmediato. De pronto se levantó una sombra oscura y siniestra que los quería cubrir por completo. Uno de mis amigos fue lanzado hacia un árbol. Los demás corrieron a protegerse. Sólo el chamán enfrento al mal, porque Lucía ya no sólo era una bruja. Parecía que se había convertido en un ser poderoso, que era capaz de destruir al que se opusiera a su propósito volver a estar viva. Mis amigos me contaron que que de de repente todo se quedó en calma como si no hubiese ocurrido nada en el cementerio. El chamán estaba desconcertado. Les dijo a mis amigos que el poder de Lucía era más fuerte de lo que él creía por el momento era necesario retirarse y buscar otra manera de combatirla. Uno de mis mejores amigos le dijo que eso no era posible. Yo estaba atrapada en ese lugar siniestro. No me podían dejar por más tiempo. Quizás la siguiente vez que volvieran, yo estaría muerta el chamán. Le dijo a mi amigo que tenía razón en lo que le decía, pero sí se quedaban más tiempo. No sólo no me podrían rescatar, ellos también estarían en peligro inminente. Lo que les dijo el hombre fue que necesitaban regresar y poner en práctica un ritual más poderoso, pero que en ese momento no contaba con los elementos necesarios. Así que ellos se regresaron y yo me quedé por más tiempo en un mundo oscuro y siniestro, porque me sentía como que estaba en una especie de limbo en el que a cada instante iba perdiendo la conciencia poco a poco. Otro de mis amigos me dijo que aquel día se retiraron del lugar con la sensación de frustración y tristeza, sabiendo que no habían podido ayudarme. El chamán les dijo que antes de regresar de nuevo, era necesario investigar más a fondo, no sólo a Lucía, sino también a la gente que había vivido en ese lugar, porque él se había encontrado con un pueblo cuyas fuerzas oscuras eran muy poderosas, por lo que creyó pertinente estar más preparados para que el ritual no fallara De nuevo. En las indagaciones que hicieron mis amigos descubrieron que también los residentes del pueblo practicaban rituales de magia negra y que Lucía había sido la más poderosa. De igual manera, se enteraron de que la muerte de ella fue misteriosa. Algunos rumores sugerían que la habían asesinado. Todos estos elementos permitieron preparar la nueva forma de combatir a Lucía y poder avanzar. De acuerdo a lo que me dijeron mis amigos, cuando el chamanco r de nuevo el ritual, se comenzó a sentir una presencia oscura y siniestra alrededor, como si alguien estuviera tratando de interrumpirlos. A pesar de todo, el chamán continuó recitando las oraciones. En esta ocasión la ceremonia la hicieron por la noche. Al inicio se comenzaron a escuchar voces misteriosas alrededor de ellos, como si los antiguos habitantes estuvieran tratando de comunicarse con mis amigos y el chamán. Los susurros eran débiles y apenas audibles, pero a medida que avanzaban en el ritual se volvieron más claros. Se comenzó a sentir una energía negativa. Unas sombras oscuras y difusas se movían al fondo del pueblo. A medida que avanzaban en el ritual, éstas se hicieron más definidas, pero también siniestras. Hubo un momento en que una de las sombras se hizo tan grande y densa que mis amigos y el chamán comenzaron a sentirse mal. La sombra comenzó a moverse de mí manera violenta y furiosa. Mis amigos me dijeron que pudieron sentir el resentimiento de la sombra, la cual trataba de hacerles daño. Sin embargo, el chamán continuó con su propósito. Lo último que hizo fue levantar fuego en una antorcha y hablar en un idioma desconocido para obligar al espectro a marcharse del lugar y que regresara al espacio al que pertenecía las tinieblas. Después que conversé con mis amigos, coincidió en que, mientras ellos y el chamán se enfrentaron a la fuerza oscura, yo comencé a sentirme muy mal. Sentí la manera en que perdía mi fuerza y mi vitalidad, lo que no me permitía mantenerme consciente. Vi cómo la sombra siniestra se acercó a mí para tratar de quedarse con mi alma o con mi cuerpo. La sombra me envolvió por completo cayendo en la oscuridad y la nada, quedando inconsciente como en un trance. Mientras eso sucedía conmi go o o rra, mis amigos y el chamán pudieron ver la forma en que Lucía se hizo corpórea frente a ellos. Ella estaba furiosa y resentida. Se negaba a dejar este mundo en un instante en el que el chamán sacó un objeto redondo que comenzó a brillar. Fue cuando la Bruja retrocedió y se desvaneció en la oscuridad. En ese preciso momento pude recuperar mi conciencia. Vi cuando mis amigos y el chamán entraron en la habitación de la casa de Lucía. Yo me sentía feliz de poder dejar ese lugar, pero todavía tenía mucho miedo. Pude recordar muy pocas cosas de lo que ocurrió. Después de lo sucedido, me sentía débil y confundida. El chamán le dijo a mis amigos que se apartaran de mí. Aunque daba esencia de Lucía en mí, Él hizo un conjuro que hizo que el espíritu de la Bruja se fuera de mi cuerpo. El chamán me dijo que fue posible hacerlo porque Lucía se encontraba debilitada en otras circunstancias hubiese sido casi imposible hacerlo. Poco a poco, comencé a sentirme mejor y emprendimos la huida de ese lugar. Antes de irme volteé hacia lo que había sido un pueblo próspero el humo de la fogata y lo derruido del lugar hizo que lo viera peor que en un principio. Nos fuimos del lugar con la consigna de no regresar jamás luego de lo acontecido. Ya no fui la misma. Es cierto que el chamán logró sacar el espíritu de lucía de mi cuerpo, pero hubo una parte en mi memoria que quedó marcada todavía despierto, sudando y temblando, incapaz de sacudirme, la sensación de miedo y una oscuridad profunda que me deja con escalofríos. A menudo tengo recuerdos y sensaciones que no me pertenecen porque no los he vivido como si una parte de la Bruja estuviese tratando de vivir en mí. Cuento con las protecciones que me proporcionó el chamán porque me dijo que las iba a necesitar, así como una serie de rituales, y qué hago por la noche antes de dormirme, evitando que durante mi descanso aparezca esa mujer. Hasta ahora, ella no se ha manifestado, pero vivo con la incertidumbre de que algo inesperado ocurra. Aprendí a la mala que no debo inmiscuirme en cosas que no me atañen y no tengo el poder para controlarlas. Vivo de cierta manera tranquila, solo con un poco de incertidumbre de que Lucía pueda regresar. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas