June 30, 2023

La Bruja Del Lago De Cajititlán "La Mochis" Historias De Terror - REDE

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La bruja de Kajititlán. Mi nombre es mariana y soy originaria del pueblo de Ajijik, que se encuentra ubicado en el municipio de Hokotepec del Estado de Jalisco. Mi infancia y parte de mi juventud la pasé junto con mis padres y mis dos hermanos en ese lugar. Ajijik es muy conocido porque se encuentra a un lado de Chapala. Forma parte de los pueblos que están ubicados en la ribera del lago. Ajijit Tiene dos caras, la de los estadounidenses jubilados que se vienen a pasar sus últimos días en este pueblo. Por eso hay residencias muy bonitas. Se ha creado una comunidad como casas elegantes y costumbres de aquel país, pero también estamos los pobladores que nacimos en ese lugar y que nuestras casas son pequeños jacales humildes. Mi padre era pescador. Nuestra casa se se se encontraba muy cerca del lago de Chapala. En un principio, la pesca daba lo necesario para el sustento de las necesidades de nuestro hogar, pero después ya no fue suficiente para vivir. De eso, un amigo de mi papá le dijo que la laguna de Kajititlán era una opción para pescar. Su amigo se había cambiado a ese lugar y sacaba lo suficiente para vivir. En un inicio, a mi papá no le gustó la idea de mudarse, pero otros compañeros pescadores que también comenzaron a irse fue lo que hizo tomar la decisión de irnos a vivir a Kajititlán. Además, sólo estaba como a veinte minutos de Ajijik. Así que entre todos lo convencimos de que nos fuéramos a buscar suerte en ese pueblo para esa época. Yo había terminado la preparatoria, pero quería continuar estudiando. Pensé que me estaba acercando un poco a mi objetivo. Había dejado de hacerlo porque era necesario trasladarme a Guadalajara. No fue sencillo llegar al nuevo lugar y comenzar una nueva vida, sobre todo porque no teníamos los recursos económicos suficientes. Con el paso de los días fuimos conociendo las tradiciones de caquititlán. Era muy común ver que vendían gorditas de masa, rellenas de algún guisado. Mucha gente iba al pueblo a consumirlas. Creí que podría ser una manera de ganar dinero y ayudar con el gasto de la casa. Después que nos instalamos en una casa que quedaba cerca de la laguna, pero no tanto del poblado. Fui a hablar a uno de los negocios de comida para ofrecer mis servicios. Al principio me dijeron que no. En el momento en que llegué al último de los puestos, la señora que lo atendía me recibió con calidez y me dio el trabajo. Me comentó que era necesario que me quedara a ayudarle. Desde ese momento no lo dudé y comencé a trabajar. Mi madre también ofrecía el servicio de limpiar casas. Así lo hacía en las casas ricas de Ajijik, aunque en Cajititlan era poco probable que ella consiguiera ese trabajo, porque la mayoría de las personas eran gente humilde, igual que nosotros, pero mi mamá no dejó de insistir. Tengo el recuerdo de que nos fuimos de Ajijic un día después de Navidad. Quisimos pasar las festividades con nuestros amigos y conocidos. Para luego partir la casa. Se le había prestado un amigo de mi padre en lo que conseguía otro lugar para vivir. Aunque estaba apartada del pueblo. El lugar era bonito, sobre todo porque la vista de la laguna era muy agradable. En cuanto pasó el año nuevo, comenzó a llegar gente de otros lados. En el atrio del templo se pusieron muchos vendedores. Le pregunté a Doña Sara, la señora del local en el que trabajaba, por qué había tanta gente en el pueblo. Ella me explicó que en Cajititlán se celebraba el seis de enero el día de los Santos Reyes. Ese día se acostumbraba a sacar del templo a las tres deidades y pasearlas en la ancha al rrededor de la laguna. Me dijo que era una tradición de muchos años atrás. Por eso mucha gente venía de distintos lugares a venerar a los reyes y pedirle su favor. El cinco de enero, un día antes de la fiesta del pueblo, el atrio del templo, así como las calles a su alrededor, estaban llenas de vendedores, ambulantes y de gente. Era casi imposible caminar por ese lugar, así que preferí irme a la casa. Conforme Me alejaba del centro del pueblo. El bullicio iba disminuyendo. Comencé a sentirme tranquila. De pronto vi a lo lejos a una mujer que caminaba por la orilla de la laguna. Estaba sola y cada vez se alejaba más hacia la parte deshabitada. Me quedé por un instante mirándola para ver qué hacía caminó hasta que la perdí de vista. Cuando llegué a mi casa, le comenté a mi madre. Lo raro que se me hizo ver a esa mujer que tenía su cabeza cubierta con un velo negro a, así que como un vestido largo del mismo color. Ella me dijo que también la había visto algunos días antes. La vio que caminaba por la ribera de la laguna. Como su vestido era muy largo, estaba mojado de la parte de abajo. No le tomó interés porque pensó que era parte de las costumbres de las personas de ese pueblo. Al día siguiente, mi mamá me despertó para decirme que mi papá no había llegado a dormir. Fue muy raro, porque él no era una persona que se trasnochaba o que se quedara con alguno de sus amigos, así que pensamos que algo malo le pudo haber sucedido. Fuimos a la laguna, a la parte en la que se reunían todos los pescadores. No fue sencillo encontrarlo, porque era el día de reyes. Había mucha gente por todas partes. Yo fui la que vio a uno de sus compañeros. Él de inmediato se acercó a nosotras. Nos dijo que mi padre había tenido un accidente, se había caído de la lancha, se enredó en la red y por poco se ahogaba, pero que ya se encontraba fuera de peligro. Estaba en el hospital. Mientras nos dirigíamos hacia el hospital, mi madre me comentó que se le hacía muy extraño que mi padre le hubiese ocurrido un accidente, ya que desde pequeño era pescador y sabía nadar. En cuanto lo vimos en su camilla, nos tranquilizamos. Estaba muy pálido y asustado, pero en buenas condiciones. Le preguntamos qué sucedió para que se cayera de la lancha. Él nos respondió que todo había pasado muy rápido. Se internó en una parte más profunda de la laguna con la intención de encontrar más peces, pero se alejó de sus compañeros. De pronto comenzó a darse cuenta de que la red había atrapado muchos peces porque se puso muy pesada. Al momento que comenzó a jalarla para sacar la red, una fuerza superior a él lo tiró hacia el agua. Intentó salir de la laguna. Sin embargo, al al r lo tenía agarrado de su pierna, por lo que no le fue posible emerger. Pensó que se iba a ahogar, porque poco a poco comenzó a perder el sentido hasta que uno de los pescadores lo rescató, pero nos dijo que de esa parte no se acordaba. Nunca había visto a mi papá tan consternado y extraño porque su mirada había cambiado en poco tiempo lo dieron de alta, pero no pudo ir a pescar por un par de días porque una de sus piernas estaba lastimada. Se le había hecho un moretón grande y estaba hinchada. Él dijo que fue de la pierna que lo sujetó el ser dentro del agua. Le pregunté si lo había visto, pero me dijo que no recordaba nada. Aunque mi papá en apariencia era el mismo. Yo lo notaba extraño, ausente y distraído y a él, que le encantaba comer pescado, ya no quiso hacerlo. La mayor parte del día estaba dormido. Por la noche escuchaba que se encontraba despierto porque oía ruidos en la cocina. Arrastraba un poco su pierna, que aún no se le había aliviado por completo. Y aunque trataba de no hacer ruido, era notorio darse cuenta de que casi no dormía una noche. Escuché cuando cerraron la puerta. El reloj marcaba las dos y media de la madrugada. Me levanté para seguirlo, como nuestra casa quedaba en las afueras del pueblo. De inmediato vi su silueta que se encaminaba hacia la laguna. No entendí a qué iba al agua esas horas de la noche, porque era época de invierno. El agua estaba helada. Sin embargo, mi padre me sorprendió cuando vi que se metió a la laguna sin quitarse la ropa. Tuve miedo de que quisiera quitarse la vida, así que me fui detrás de él. En efecto, el agua estaba en un estado casi de congelamiento. De inmediato sentí que me invadía un frío que me hizo estremecer de pronto ya no vi a mi papá Me puse desesperada. Comencé a gritarle desesperada y a buscarlo debajo del agua, pero era imposible ver a través de la oscuridad. De verdad tenía miedo y desesperación de lo que pudiese pasar con él. Pensé que ya no lo vería con vida. Pasaron unos segundos que me parecieron una eternidad. De repente vi que mi papá comenzó a emerger del agua. De hecho, pasó muy cerca de mí, sin que se diera cuenta. Tenía su mirada fija en la nada. También me salí de la laguna. Él se fue rumbo a la casa, se metió a la cama y se durmió. Me fui detrás de mi padre. Después de que me cambié mi ropa, me asomé a su habitación. Estaba dormido. Lo supe porque escuché la manera tan fuerte que roncaba. A la mañana siguiente le comenté a mi madre sobre lo que hizo mi papá en la noche ella no daba a rra crédito a lo que les decía. Me dijo que se encontró su ropa mojada en el suelo y ahora lo entendía todo. Las dos nos quedamos pensando qué le sucedía a mi padre y cómo podríamos ayudarlo. Mi madre me dijo que le preguntaría una señora del pueblo que se encontraba todos los días cuando iba a trabajar. Por mi parte, también trataría de obtener información por mi cuenta. Ambas estuvimos de acuerdo que buscaríamos la forma de ayudarlo. Lo primero era buscar el motivo por el cual se comportaba, así porque creíamos que era algún efecto de su cerebro por la madrugada en la que se cayó a la laguna. Mi madre buscó información con sus vecinas y las pocas conocidas que tenía yo, con la señora con la que trabajaba haciendo corditas y con el médico del hospital. El médico me dijo que era cuestión de tiempo para que mi papá asimilara el trauma que había tenido. Cada organismo respondía distinto ante alguna situación. Era cuestión de darle un poco de tiempo. Después todo estaría bien. También me comentó que lo llevara con él para darle algún tratamiento. Su comentario me pareció genuino, pero no me convenció aparte porque no teníamos el dinero para estar esperando. No sé cuánto tiempo para que mi padre se fuera a trabajar en la casa urgía el dinero. También le platiqué a Doña Sara al final de la jornada de trabajo. Ella me dijo que quizás no sabía sobre la historia que se contaba en el pueblo le dije que nadie me había comentado nada al respecto. Ella me dijo que existía la leyenda que dentro de la laguna, desde la época prehispánica, habitaba una bruja de nombre. Mochis o Machis son los dos nombres que se le han atribuido a la mujer. Ella, desde tiempos antiguos, ha molestado a los pescadores atorando sus redes con piedras y troncos de madera hundidos o se las rompía con sus filosas uñas. Incluso decían que si alguno de los pescadores la ve directamente a los ojos, él puede ir perdiendo poco a poco su conciencia y su espíritu. Esa bruja era una ladrona de almas. Estuve muy atenta con todo lo que me contaba, Doña Sara, aunque a decir verdad se me hacía una historia llena de fantasía, pero no le dije nada. Ella continuó con su relato. Me dijo que una manera que encontraron los pescadores para calmar a la bruja era ofreciéndole obsequios para que ella los dejara trabajar. Hasta la fecha le seguían dando artículos de cerámica, algún objeto de oro o plata, y cada pescador ofrecía lo que estaba a su alcance para que la bruja les permitiera hacer su trabajo. También, Doña Sara, me comentó que alrededor de la laguna de Cajititlán había muchos pueblos que se establecieron ahí. Uno de ellos era el de San Lucas, evangelista. En ese lugar se decía que un hombre vio a la bruja durante la noche y que esa persona no logró sobrevivir. No se supo si murió del susto de ver a la bruja o que ella le arrebató la vida Antes de terminar de platicar, Doña Sara me dijo que tuviera cuidado con mi padre porque si la noche ya lo había elegido, había muy poco que hacer por él. Ella se llevaría el alma de mi papá. Después que Doña Sara me contó esa historia, tuve miedo de que a mi padre le sucediera lo mismo que al hombre del otro pueblo. En cuanto Doña Sara me dijo que por ese día había terminado mi jornada de trabajo. Fui casi corriendo a mi casa para decirle a mi madre lo que me acababan de contar y que lo más probable era que mi padre se encontraba bajo el dominio sobrenatural de esa mujer. Pero en cuanto entré a la casa, ni siquiera tuve que contárselo. Ella estaba llorando porque mi papá estaba acostado en la cama en un estado anormal. No se movía parecía que estuviese muerto. Tenía rígido todo su cuerpo. Además, tenía los ojos muy abiertos sin parpadear, pero no lo estaba porque le tomé su pulso y aún se sentía muy débil. Lo peor de todo era verle una sonrisa macabra en su rostro. No les puedo describir el miedo que me dio verlo de esa manera. La noche estaba a punto de caer. Le dije a mi madre que me habían dicho que la bruja se aparecía a altas horas de la noche o casi a puntos de amanecer. Teníamos muy poco tiempo para hacer algo por mi padre o lo perderíamos para siempre. Mi madre se encontraba muy desesperada y nerviosa. No podía pensar. Lo único que se me ocurrió hacer fue regresar de nuevo con Doña Sara. Por suerte, ella aún no se iba de su puesto de comida. Casi ni podía hablar, porque me había ido corriendo hasta ese lugar de f entrecortada. Le conté lo que sucedía con mi padre. Ella me dio un vaso con agua. Me dijo que me calmara que todavía podía rescatar el alma de mi padre. Lo único que podíamos hacer era llevarle a mi padre alguna prenda bendita de los santos reyes. Le dije que eso era casi imposible. No se podía ni caminar por el atrio del templo. Además, los habían sacado de la Iglesia para pasearlos en la ancha para que derramaran su gracia en la laguna? Además, los habían sacado de la Iglesia para pasearlos en la lancha? Doña Sara, me dijo que fuera por el sacerdote de la parroquia. Me fui a la Iglesia, pero tanto el señor Cura como el sacerdote presbítero. Estaban muy ocupados en el Festejo de los Santos Reyes. Ya no quise perder más el tiempo. Me fui a mi casa a acompañar a mi madre, porque hasta ese instante pensé que también ella y mis hermanos corrían peligro. Para ese momento, el sol ya estaba terminando de ocultarse. En cuanto llegué con mi padre, ella me dijo que mi padre había intentado levantarse y caminar, pero que no se lo había permitido. Por eso lo tenía atado de las piernas y las manos. Cuando me preguntó qué íbamos a hacer con él, le dije que lo único que traía era agua bendita que encontré en el templo, pero que nadie nos iba a poder ayudar, porque todos estaban muy ocupados en el Festejo de los Santos Reyes. Así que mi madre tomó el rosario y se puso a rezar. Nos dijo a todos que rezáramos junto con ella. Así estuvimos durante varios minutos. Antes de terminar los rezos, comenzamos a escuchar una risa siniestra afuera de la casa, mientras que en el centro del pueblo se escuchaban los cánticos a los reyes. También oímos un grito agudo que nos molestó los oídos. Mi padre, al darse cuenta de ese sonido, lo reconoció porque comenzó a moverse con intensidad tratando de safarse de las ataduras. Quizás una fuerza sobrenatural hizo que él lograra quedar libre. De inmediato se levantó y se dirigió hacia la puerta. Tanto mi madre como yo tratamos de detenerlo porque creímos que se iría a la laguna, pero no logramos que se quedara. Él siguió caminando. Fue cuando mi madre lo soltó y nos dijo que ya no podíamos hacer nada por él. Esa mujer era más poderosa que nosotros. Mi papá salió y se fue caminando hacia la laguna. Nosotros lo mirábamos irse. En el momento que él salió, se acercó con él la mujer vestida de negro con un paso lento iban avanzando. De pronto vi que Doña Sara venía con otra mujer a toda prisa. Aquella mujer era la curandera del pueblo de edad avanzada, se detuvo y comenzó a decir unas palabras desconocidas, al mismo tiempo que levantaba un manojo de ramas y hacía una especie de conjuro. De pronto, mi padre salió del dominio de la bruja Mochis porque se detuvo y trató de regresar corriendo a la casa. La bruja se enfureció y trató de dañarlo desde el lugar en el que nos encontrábamos. Vimos cómo ella flotaba. Parecía que no tenía piernas, pero de eso no estoy segura, porque el manto negro cubría sus extremidades inferiores. La curandera siguió su ritual hasta que la Bruja volvió hacia donde estábamos nosotros y exhaló un grito tenebroso. Después se marchó y se perdió en la profundidad del lago. Mi padre cayó desvanecido. Fuimos por él con el temor de que la bruja regresara, pero no fue así. Con la ayuda de Doña Sara y de la curandera lo pudimos llevar hasta la casa. Doña Sara no se marchó, se quedó con nosotros, mientras que la curandera dijo que ella se tenía que retirar. No había sido sencillo. Lo que había hecho era necesario recobrar su energía y su aura, porque lo que trató de hacer con la Bruja la había dejado en mal estado. Mi papá nunca salió de su estado inconsciente. Nos quedamos en vela cuidándolo con miedo de que la Bruja regresara en cualquier momento. No fue así, aunque a lo lejos escuchábamos sus lamentos y sus gritos. Con furia afuera. Se oía el murmullo y el cántico de los devotos a los santos reyes, así como los cohetes de festejo que no dejaban de cesar. Pero a su vez, estos sonidos se combinaban con los gritos siniestros de la Bruja. Quizás la demás gente del pueblo no se dio cuenta de ello. Sólo nosotras que vimos cómo la Bruja quiso llevarse a mi padre. De pronto. Mi papá se reincorporó me puse contenta, pensando que la pesadilla iba a terminar y que él volvería a ser la misma persona de siempre. Sin embargo, no fue así. Él se levantó para vomitar una sustancia negra y putrefacta. Así estuvo durante unos minutos después se acostó y murió. Yo quise ir a buscar al médico para que ayudara a mi padre, pero Doña Sara no me lo permitió. Me dijo que mi papá ya había fallecido, que me quedara con él en sus últimos momentos porque, aunque él había muerto, su espíritu estaba presente en esa habitación. Ella me pidió que me quedara a decirle mis últimas palabras. No pude hacer lo que Doña Sara me sugirió. Sólo me quedé parada viéndolo como en tan poco tiempo se había deteriorado su cuerpo No sé si fue superstición por lo que me dijo Doña Sara, pero sentí una oleada de aire cálido que pasó por mi cara como si fuese él. Después de que mi madre realizó los rituales funerarios a mi padre, nos fuimos de ese lugar. Regresamos a nuestra casa de Ajijique. Hace más de diez años que nos pasó ese infortunio. Hasta este momento no sé si mi padre murió producto de la impresión de ver a las noches o si de verdad ella consiguió llevarse su espíritu. Prefiero pensar que fue lo primero cada día rezo por el descanso del alma de mi papá. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas