La Bruja De Temascaltepec Historias De Terror - REDE

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Terror en Temascaltepec cuando era una niña de tan sólo ocho años, mi pequeño pueblo de Temascaltepec se vio envuelto en un misterio inquietante que aún me perturba. La noticia corrió rápidamente entre los vecinos y todos señalaban con desconfianza a Don Fernando, conocido como Don fer O, el pollero dueño de un negocio de venta de pollos recién matados. Al principio no entendÃa por qué la gente estaba tan enfadada con él, pero mi madre finalmente me reveló los detalles escalofriantes que rodeaban a este hombre. Temascaltepec era un lugar pintoresco, pero también frÃo y comúnmente bañado por la lluvia. En esos años, el pueblo parecÃa un rincón alejado del bullicio de la ciudad. Aunque éramos pocos habitantes en comparación con una ciudad. Nunca faltaba la actividad y el ajetreo entre nuestras calles, pero todo cambió. Don Fer era una persona con un aspecto misterioso y reservado. Era alguien a que todos conocÃamos. Su negocio de venta de pollos era reconocido en el pueblo, pero se decÃa que algo turbio se escondÃa tras esa fachada. Siempre que se le veÃa, parecÃa seguirle un aire siniestro y la gente comentaba que habÃa algo extraño en su comportamiento. Aún asà parecÃa ser que a la gente no le importaba mucho el comportamiento de Don Fer, pues los pollos que vendÃa eran muy económicos y buenos. Un dÃa, un rumor inquietante se esparció por todo el pueblo. Se decÃa que varias personas habÃan desaparecido, ancianos, jóvenes y niños. Era mucha la gente fue algo extraño. La gente desaparecÃa dentro de sus hogares. Al poco tiempo que se dieron a conocer estas desapariciones. La gente se encerraba en su casa con candados y n cans adenas. Mi madre, que quiso asegurarse de protegerme, se quedaba conmigo todas las noches a dormir. De este modo, las desapariciones disminuyeron, pero curiosamente, a su vez, también la venta de pollo recién muerto del negocio de Don Fea. El rumor se propagó hasta llegar a oÃdos de Don fer A, quien acusaban de realizar actos de brujerÃa. Ãl aseguraba que no tenÃa nada que ver con dichas desapariciones. Aún asà lo tachaban con teorÃas escalofriantes que involucraban rituales, oscuros y sacrificios. Mi madre, tratando de protegerme de lo que estaba pasando. Sólo mencionaba vagamente que Don Fer estaba siendo investigado por la desaparición de personas, pero la policÃa no tenÃa pruebas suficientes para acusarlo. A medida que pasaban los dÃas, las calles de Temascaltepec se llenaron de murmullos y desconfianzas. La convivencia entre vecinos se desvanecÃa. Ya no se sabÃa en quién se rÃa podÃa confiar. Aquellos que solÃan frecuentar el negocio de Don Fer se mantenÃan alejados temerosos de ser la próxima vÃctima. El pueblo, ya cansado de esta situación, se convocó a una reunión para girar una orden, para meterse a la pollerÃa, a la fuerza, sobre todo para revisar qué era lo que estaba ocurriendo en ese lugar. Entre esa gente. Estaba mi madre, Don Fer, nunca mostró alguna resistencia, asà que los dejó entrar para que revisaran el lugar de pies a cabeza. En repetidas ocasiones fue interrogado sobre lo que hacÃa adentro. Ãl les explicó pacientemente todo lo que hacÃa hasta que alguien le preguntó algo que a nadie se le habÃa ocurrido. Fue mi madre quien le preguntó dónde consigue sus pollos. Don Fer le dijo que una vieja anciana le llevaba la mayorÃa de ellos. Ãl sólo pagaba la entrega y realizaba el trabajo. Después la mayorÃa se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Era probable que estaban acusando al hombre equivocado y que quizás la anciana que les hizo mención tenÃa algo que ver con las desapariciones. Le preguntaron de dónde era aquella mujer, pero él no tenÃa ni idea. Mientras que todo esto pasaba, mi hermano y yo nos quedamos en casa a esperar a nuestra madre. Mi madre le habÃa dicho a mi hermano que no se me separara. Nos habÃa dejado en la sala mirando televisión, pero mi hermano siempre ha sido distraÃdo. No se dio cuenta. Cuando me fui a mi habitación a jugar un rato, yo estaba concentrada jugando con mis muñecas. Cuando escuché que alguien me estaba hablando desde mi closet. Me desconcertó mucho escuchar aquella voz. No habÃa sonado como mi hermano o como mi madre, pero sà sonó como una anciana. Yo me acerqué para ver si habÃa escuchado bien, y de pronto la vi estaba escondida. Entre mis vestidos. Se podÃa ver la figura de una h anciana que me invitaba a acercarme más. Su rostro era tan arrugado y senil que no podÃa creer ver a una persona tan vieja. A mà me dio mucha desconfianza, por lo que le pedà que se fuera si no le gritarÃa a mi hermano. Pero ella se rió diciéndome que no me escucharÃa nadie. Abrió la puerta del clóset y dio un par de pasos fuera de éste. Se me quedó mirando y me dijo que no tenÃa nada que temer, que sólo le diera la mano y juntas volarÃamos. Y cuando le dije que no, aquella anciana insistió ofreciéndome muchas cosas. Mi corazón latÃa tan rápido y mi mente estaba llena de confusión y de miedo. SabÃa que no podÃa confiar en ella. Retrocedà lentamente hacia la puerta de mi habitación manteniendo mis ojos fijos en la anciana. Ella sólo se reÃa al ver lo que intentaba hacer, asà que le dije. Lo siento, señora, pero no puedo ir con usted. Mi mamá me está esperando y debo quedarme aquÃ. Dije con una voz temblorosa. La anciana frunció el ceño y su mirada se volvió más intensa. Me dijo que no fuera tonta y que me llevarÃa a un lugar maravilloso donde tendrÃa todo lo que habÃa deseado. Abrió la palma de su mano y de ella brotaron un par de dulces. Remató diciéndome que podÃa darme juguetes y mucho más. No no quiero nada de eso, sólo quiero que te vayas. Respondà tratando de contener el miedo que se apoderaba de mÃ. Entonces la anciana soltó una risa maliciosa y su semblante cambió. Ahora se veÃa más siniestra. Me dijo que me arrepentirÃa por haberla rechazado. En ese momento, mi hermano entró corriendo a la habitación. Alertado por el tono de mi voz. Al ver a, la anciana también se sorprendió. Mi hermano podrÃa ser distraÃda, pero era más valiente que yo, asà que se acercó a ella y le preguntó quién era y qué hacÃa ahÃ. La anciana sólo lo miró de pies a cabeza y le dijo que no le servirÃa ni para un caldo. Se molestó más y de pronto su cuerpo se hizo más grande. Mi hermano no se sentÃa intimidado, asà que le pidió que se fuera por donde vino, pero la anciana lo ignoraba. Ella bufó como si fuera un toro, abrió la boca y de ella salió un rugido terrible como el de un león. Mi hermano tomó un frasco de mi mostrador y se lo arrojó golpeándola en el rostro. La anciana retrocedió un poco y se metió al closet. Cuando nos acercamos a revisar el closet, ya no encontramos nada. Cuando mi madre regresó a casa, le contamos lo que habÃa sucedido. Ella preocupada llamó a la policÃa para informar sobre la presencia de la anciana en nuestra casa y lo que habÃa odo ocurrido en el closet. Aunque en el pueblo ya se sospechaba de la anciana, este evento fue una pista más importante para las autoridades. Los dÃas siguientes estuvieron tensos. Mientras que la policÃa investigaba, Mi madre sacó todo dentro del clóset y lo acostó boca abajo para que nadie pudiera salir de ahÃ, no sólo el mÃo, sino también el de ella y de mi hermano. Con el paso de los dÃas, los demás vecinos hicieron lo mismo. El incidente con la anciana aumentó aún más el miedo y la paranoia en el pueblo. Todos estábamos convencidos de que algo oscuro y sobrenatural, sin lugar a dudas, estaba ocurriendo en Temascaltepec. Las noches eran especialmente aterradoras que sobre todo era cuanto más desaparecÃa gente. El sonido de la lluvia golpeando los techos de las casas sólo agregaba una sensación de inquietud en el ambiente, pues se decÃa que la anciana, a quien ya le llamaban Bruja, ahora andaba en el techo de las casas. Mientras tanto, en mi familia la tensión era palpable. Mi madre decidió reforzar las medidas de seguridad de nuestra casa, instalando nuevas cerraduras y alarmas. No querÃa alejarse de nosotros y más ahora que estábamos amenazados por la bruja. Además, pidió a mis abuelos quienes vivÃan en otro municipio cercano que vinieran a quedarse con nosotros un tiempo. Mi abuelo, siendo un hombre mayor, pero valiente, se ofreció a vigilar la casa durante las noches. Un par de dÃas pasaron y se corrió el rumor de que habÃan desaparecido dos niños de mi edad de sus casas. Incluso los llegué a conocer. Se llamaban Arturo y Valentina. Ambos eran hermanos. Lo que más intrigaba a todos es que su familia no tenÃa closet alguno. También se decÃa que don Fer se encontraba preparando s todo en su pollerÃa para el dÃa siguiente. Cuando alguien tocó su puerta al abrir se dio cuenta que era la anciana a quien le traÃa un par de gallinas. Don Fer no se mostró temeroso y actuó con tranquilidad, a pesar de que ya sabÃa quién era aquella mujer le pagó y metió a las gallinas a su casa. Rápidamente llamó a la policÃa a quienes estaban cerca, pero al patrullar el área no encontraron nada. Don Fer nos platicó esto. Le preguntó a mi madre el paradero de los padres, a quienes les habÃan robado a sus hijos. Fue horrible ver cómo en vez de sus hijos les devolvÃan gallinas. Don Fer se quedó esa noche en nuestra casa a platicar cómo se sentÃa y lo que habÃa vivido varios dÃas atrás. Nos contó que estaba por preparar tres gallinas. Tomó la primera y la colocó sobre un tocón de madera para darle fin a su vida. A apenas levantó de nero cuchillo, cuando de pronto la mirada de la gallina no parecÃa quitarle la vista de encima a Don Fer. Esto le pareció sumamente extraño. Casi todas las gallinas luchaban por escaparse, pero esta no parecÃa tener las ganas de hacerlo. No quiso parar a su trabajo, asà que de un solo movimiento le quitó la vida. Las siguientes dos gallinas fue algo similar. Ninguna puso resistencia. Entendió con más claridad lo que estaba ocurriendo cuando una noche escuchó el llanto de una niña. Buscó por todas partes donde pudiera estar, pero jamás la encontró. Su llanto seguÃa escuchándose, apagó las luces y seguÃa aún. Entonces la vio a un lado del tocón de madera se acercó y tenÃa la misma mirada de la gallina de hace dÃas. Don Fer se sentÃa terrible y juró que detendrÃa la bruja de alguno u otro modo. Al poco tiempo nos enteramos que Don fer habÃa desaparecido, dejó la pollerÃa y su casa abierta. No se sabÃa dónde habÃa ido y al mismo tiempo, la amenaza sobre Temascaltepec, que también desapareció. La bruja ya nunca más hizo su aparición. No se volvió a saber de ella. Con el paso del tiempo, la tranquilidad regresó. La presencia amenazante de la anciana conocida como la bruja se desvaneció. La vida volvió a la normalidad, aunque la memoria de aquellos eventos inquietantes permaneció en la mente de todos los habitantes, dejando una huella que no se pudo olvidar por mucho tiempo. Ya han pasado muchos años desde ese entonces, yo ahora soy adulta. Sigo viviendo en este pintoresco pueblo. Aquellos recuerdos oscuros y perturbadores se convirtieron en anécdotas que les he compartido a mis sobrinos. Con el tiempo, la historia de la Bruja se convirtió en una leyenda más de nuestra localidad. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo








