La Bruja De San Cristóbal De Las Casas Historias De Terror - REDE

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La Bruja de San Cristóbal de las Casas? San Cristóbal de las Casas es considerado como un pueblo mágico que se encuentra en el Estado de Chiapas. Cuando era pequeña, no era tan turÃstico, pero con el paso del tiempo se fue dando a conocer y se convirtió en un lugar muy visitado por personas de distintas partes de la República Mexicana incluso de otros paÃses. Nacà en este pueblo, al igual que mis padres y mis abuelos, VivÃa en una parte alejada del centro, en la Colonia Maya. Aunque me quedaba un poco lejos la catedral, me gustaba ir con frecuencia al templo, asà como al parque y estar en la plaza. Le decÃa a mi mamá que me llevara, pero a veces sus ocupaciones no se lo permitÃan. Cuando crecà lo visitaba todos los dÃas. Sólo pude estudiar hasta la secundaria porque la economÃa en la casa era precaria. Tuve seis hermanos más como era la mayor. Comencé a trabajar enseguida que terminé la escuela secundaria. TenÃa quince años cuando pude entrar a trabajar como mesera en una fonda. En aquella época no era complicado que nos aceptaran en un trabajo, aunque fuéramos menores de edad. Estuve trabajando en ese lugar durante más de dos años, pero no ganaba mucho dinero y no me daba ningún dÃa de descanso. La señora decÃa que le hacÃa falta todos los dÃas. No me sentÃa contenta en ese lugar, aunque no tenÃa mucho de dónde elegir, porque la mayorÃa de los trabajos en los que me podÃan contratar era en la venta de artesanÃas, haciendo el quehacer de las casas o tortillas a mano. No me gustaba realizar ese tipo de actividades porque en mi casa también tenÃa que ayudarle a mi mamá. Un dÃa que regresaba de la fonda en la que trabajaba, noté que en un terreno cerca de mi casa estaban muchos albañiles. Me acerqué por curiosidad y le y les pregunté qué iban a hacer. Me dijeron que era un proyecto de un hotel. Se me hizo raro que lo hicieran dentro de la colonia, ya que no tenÃa nada de turÃstico. A excepción que muy cerca estaba el bosque. Mi casa colindaba con él, aunque sólo a los que vivÃamos en ese lugar nos gustaba adentrarnos en la vegetación. Me entusiasmó la idea de poder trabajar en ese hotel. Se llevaron alrededor de cuatro meses. En terminarlo quedó muy bonito le pusieron como nombre Axkhan. Cuando casi estaba terminado. Me acerqué con uno de los trabajadores para preguntarle si iban a solicitar personal para ese hotel, El Albañil. Me dijo que no lo sabÃa. Lo más seguro era que sà me señaló quién era el que estaba a cargo de la obra para que me dirigiera con él. Me acerqué con el señor cuando le dije que me interesaba trabajar en ese hotel. Ãl me dio las indicaciones con la persona con la que debÃa dirigirme. Me fui contenta de ese lugar, tan sólo por pensar en la posibilidad de or bajar ahÃ. Además, quedaba muy cerca de mi casa. Al dÃa siguiente, después de terminar mi labor del dÃa, fui al centro a pedir informes. No fue difÃcil conseguir el trabajo, pero como no tenÃa los estudios requeridos me dieron la labor de limpieza. TodavÃa faltaba más de un mes para su inauguración. Seguà trabajando en la fonda. Le avisé a la señora que dentro de un mes ya no irÃa a trabajar. Ella. Quiso persuadirme para que me quedara ofreciéndome un poco de más dinero, pero ya no quise quedarme a trabajar en la fonda. En poco menos de un mes. Comencé a laborar en el hotel. Al principio no habÃa muchos huéspedes, principalmente porque el hotel no se encontraba en la parte céntrica de San Cristóbal, pero pronto empezaron a llegar personas a hospedarse ahÃ. Mi trabajo consistÃa en arreglar las habitaciones, dejarlas limpias, lavar las toallas y sábanas. El trabajo no era pesado porque porque lo urÃa hacÃa con una lavadora. Nunca habÃa tenido una, ni sabÃa cómo usarla, pero aprendà muy pronto. Estuve arreglando las habitaciones alrededor de un año. En una ocasión en que el gerente fue al hotel, me acerqué a él para decirle que querÃa trabajar en la recepción del hotel. Ãl estuvo de acuerdo. Sólo me dijo que debÃa de aprender un poco sobre archivar documentos y llevar una relación con los huéspedes. Busqué la manera de aprender lo que me pedÃa. Asà fue manera en la que comencé a trabajar en la recepción del hotel. Solo que hubo un inconveniente. El gerente me dijo que en un inicio me darÃa el turno de noche porque era el horario en el que llegaban menos clientes. Cuando tuviera más experiencia, me cambiarÃa al turno de dÃa. No me agradó la idea de trabajar en ese horario, pero era la única forma de adquirir ese puesto. No le puse ninguna objeción. El gerente me dijo que en quince dÃas más podrÃa comenzar en mi nue nuevo puesto. Las primeras noches que estuve trabajando en el hotel me sentÃa extraña. Era muy distinto mantenerme despierta mientras los demás dormÃan en la noche Se escuchaban otro tipo de sonidos, como los de los animales nocturnos o los perros que ladraban Las primeras noches las pasé sin contratiempo. Mi trabajo consistÃa en registrar a los huéspedes desde su llegada hasta el dÃa de su partida que pagaran antes de marcharse, revisar que las habitaciones estuvieran bien aseadas y en realizar el desayuno de las personas hospedadas, porque el hotel daba como cortesÃa el desayuno gratis. Me tocaba hacerlo antes de retirarme. Era sencillo porque sólo se ofrecÃa huevo con jamón o salchicha, frijoles, hot gakes y ca fe. Dejaba todo preparado y a las ocho me iba a descansar mi relevo. Se encargaba de servir a los clientes. No era pesado hacer este trabajo, pues casi siempre habÃa muy pocas personas en el hotel. A la semana de estar trabajando en el turno nocturno. Iba a ser la una de la madrugada cuando el sueño empezó a causar estragos. Durante el dÃa habÃa dormido muy poco, por lo que tenÃa mucho sueño. Acomodé un tendido debajo del mostrador para poder descansar un rato. Esa noche sólo estaban hospedadas dos personas, una pareja en la habitación trescientos treinta. Me acomodé en mi cama improvisada y me quedé de inmediato dormida entre sueños. Empecé a escuchar que lloraba un bebé. Me desperté para ver de dónde provenÃa el llanto. ParecÃa que el pequeño no se sentÃa muy bien porque lloraba muy fuerte. Asà estuvo durante casi una hora hasta que de nuevo se quedó callado y reinó el silencio. Me acosté de nuevo para descansar Cuando oà un ruido afuera del hotel. Casi no habÃa iluminación en la parte exterior, sólo un foco en la entrada prin cinsal, el cual daba muy poca iluminación. Las puertas del hotel eran corredizas y de cristal. Me quedé parada durante unos segundos. Noté que entre las plantas que estaban en el jardÃn se movÃa alguien. No me fue posible identificar de qué se trataba alcancé a ver un animal grande o eso me pareció porque en cuanto se dio cuenta de que lo descubrÃ, corrió. Me quedé un rato más parada, viendo a través del Cristal hacia la parte exterior, sin escuchar ni ver nada. Me retiré de la puerta de Cristal y me puse a revisar de nuevo cuántas reservaciones habÃa para el siguiente fin de semana. Me distraje porque escuché el llanto de uno de los perros de alguna casa vecina. Era un ladrido lastimoso. Al escucharlo, los demás perros que habÃa en la colonia hicieron lo mismo. Primero fueron los perros más cercanos al hotel. Después se fueron escuchando más lejos hasta que la noche quedó en silencio. De nuevo eran casi las tres de la mano. Mañana ya no escuché ningún tipo de ruido extraño. Un poco antes de las siete de la mañana me puse a preparar el desayuno. Pude terminar pronto con la preparación de los alimentos. A las ocho de la mañana llegó Isabel a relevarme, le informé de lo acontecido y me fui a descansar. Ese dÃa no pude ver a los huéspedes porque salieron a desayunar. Después que me retiré, le hice el comentario a Isabel de que la pareja iba con un bebé muy pequeño. La noche siguiente ya habÃa más personas hospedadas. Eran cuatro mujeres y la pareja, que ya estaba de nuevo antes de las dos de la mañana, escuché al bebé llorar. ParecÃa que se encontraba enfermo porque tenÃa un llanto desesperado. Como me habÃa tocado ayudar a mi madre en la crianza de mis demás hermanos. SabÃa un poco de remedios para los cólicos, asà como para las enfermedades respiratorias. Pensé que podrÃa llevarles algo de las hierbas que mi madre tenÃa. No sabÃa si era prudente hacerlo, o quizás se podrÃan molestar porque no los conocÃa. Además, eran de otro Estado y desconocÃa las costumbres de ellos. Preferà no hacerlo. A la mañana siguiente no era necesario que preparara el desayuno. Los huéspedes habÃan adquirido un paquete de tours que el hotel ofrecÃa, asà que la furgoneta iba a pasar por ellos muy temprano. Se iban a ir a las tres y media de la mañana para poder visitar varios sitios turÃsticos, entre ellos palenque, que estaba a cinco horas de San Cristóbal de las Casas, por lo que sólo les dejé listos en una bolsa de plástico, un yogurt, bebible, un sándwich, una manzana y galletas. Durante la noche los dejé arreglados y los puse en el mostrador para que cuando partieran, lo recogieran y se lo llevaran. Sólo dejé en la bitácora una nota a Isabel sobre el bebé, que lloraba mucho. Le comenté que podÃa apoyarlos con medicina herbolaria si ellos estaban de acuerdo. Ese dÃa no vi a Isabel. Me pude ir más temprano a mi casa. Cuando llegué a mi casa, mis papás y mis hermanos estaban despiertos, situación que se me hizo un poco extraña, ya que por lo regular solÃan levantarse más tarde, sobre todo porque era domingo. En cuanto llegué, mi madre me abordó. Me preguntó si habÃa escuchado a los perros llorar durante la noche. Le respondà que sà lo hacÃan de una manera muy triste. Ella me tomó del brazo y me apartó para que mis hermanos no escucharan. Me dijo que, de nueva cuenta, ese demonio estaba suelto. Mi madre se referÃa al alma o espÃritu de Nedina GarcÃa, porque ella creÃa, asà como la mayorÃa de los pobladores de San Cristóbal de las casas, que en Nedina habÃa sido una bruja que murió en el año mil novecientos. TodavÃa se le seguÃa considerando como una persona que practicó la magia negra. Nuevamente le dije a mi mar madre que eso era una tonterÃa lo de creer que esa alma no estuviera descansando y que todavÃa pudiera hacer el mal. Mi mamá me dijo que si no le creÃa, ese era mi problema. Pero cuando los perros ladraban de esa manera, era porque ellos podÃan verla en ese momento recordé que también los habÃa escuchado las dos últimas noches y nunca supe por qué sucedÃa ese fenómeno de que los perros se alteraban a cierta hora de la madrugada. Pero tampoco creÃa en lo que mi mamá decÃa. Antes de retirarse, mi madre me dijo que tratara de no salir para nada del hotel durante la noche, porque podÃa encontrarme con ella y me podÃa hacer algún mal. Esa era la manera en que en Edina trabajaba. Era la forma de pensar de las personas de la edad de mi mamá, aunque algunos jóvenes también lo creÃan. Cuando estaba estudiando en la secundaria, hubo una ocasión que se celebró un congreso de historiadores en San Cristóbal de las Casas. Uno de los ponentes fue en vino a la escuela. Ãl nos contó la verdadera historia de Nedina nos dijo que ella fue una mujer joven acaudalada. TenÃa el conocimiento sobre las hierbas medicinales y remedios para curar a las personas. Le gustaba ayudar a la gente, por lo que cuando acudÃan con ella, no les cobraba dinero por aliviarlos. Las personas de menos recursos económicos eran quienes acudÃan con ella. En aquella época hubo una peste que acabó con la vida de muchas personas, entre ellas la de Nedina. Nos sobrevivió a la enfermedad y murió muy joven. Cuando ella tenÃa veinticuatro años. La habÃan enterrado en las afueras del panteón para que no pudiera contagiar a las personas que acudÃan al cementerio. Ese fue el relato que nos contó aquel historiador, por lo que cuando mi madre me decÃa que en Edina murió por ser una bruja no le creÃa, pero ella, de igual manera, no pensaba igual que yo. Aquella mañana, mi madre se habÃa alterado tan con los ladridos de los perros que levantó a mi papá y a mis hermanos para que todos se pusieran a rezar y de esa manera evitar que en Hedina les pudiera hacer un mal. Mis hermanos más pequeños estaban con los ojos muy abiertos porque creÃan todo lo que mi madre decÃa. Abracé al más pequeño y le dije que no era verdad. Los perros ladraban porque veÃan algún gato. Al dÃa siguiente sà pude ver a Isabel me acordé de preguntarle sobre el bebé que lloraba en las noches. Ella me respondió que ninguna pareja habÃa llevado a algún bebé. Le dije que estaba en un error. Ya eran dos noches en las que lo habÃa escuchado. Lo más seguro era que se trataba de la pareja que se habÃa hospedado, como Isabel me seguÃa diciendo que en el hotel no llegó ningún bebé. Revisé la relación de las personas que se habÃan hospedado. Cuando encontré a la pareja le dije que eran ellos. Isabel me dijo que sà los recordaba, pero que ellos no llevaban un bebo. Ya no quise decirle nada más. Estaba segura de haberlo escuchado. Pensé que Isabel no se habÃa fijado en esa pareja. Por eso me afirmaba que no llevaron ningún bebé. Era muy extraño, porque la noche anterior no escuché el llanto del bebé, justo cuando la pareja ya no estaba. No quise pensar más en ese asunto. Estaba convencida de haberlo escuchado y era suficiente. Esa noche estaba más tranquilo de lo normal. Se hospedaron en el hotel dos parejas de edad avanzada, por lo que muy temprano llegaron de su tour y ya no salieron de la habitación. Puse un poco de música a un sonido muy bajo para no molestar a los huéspedes. Me salà un rato al jardÃn del hotel y me senté en una de las bancas. Era noche de luna llena y el cielo estaba despejado, asà que me dispuse a disfrutar de la tranquilidad. Apenas tenÃa algunos minutos sentada cuando de repente escuché que alguien andaba afuera. Era poco común que sucediera a esas horas de la noche. Me calmé porque alcancé a ver a un perro que caminaba en la calle. De pronto no sé decir qué era, si un animal más grande o algo peor un humano. En cuatro patas se lanzó sobre el animal y se lo llevó a la oscuridad sólo pude distinguir los quejidos del animal y el llanto de inmediato. Me metà al hotel y cerré la puerta. Le puse seguro. Apagué la luz de la recepción para evitar que esa cosa me viera, porque creà que era posible que rompiera el cristal de la puerta. En unos cuantos minutos pude ver de nuevo a ese animal. Caminó por la calle alcancé a verlo con más claridad como si se diera cuenta de que lo estaba viendo. Se detuvo justo enfrente del hotel y giró su cabeza. Se quedó por un instante mirando hacia donde me encontraba. Lo pude ver era un animal que caminaba en cuatro patas con cara de humano. Inesperadamente, se levantó en dos patas o piernas y se quedó erguida. Supe que se trataba de una mujer porque vio su cuerpo desnudo empezó a caminar como una persona normal y se marchó hacia el bosque. Me esperé durante un rato para poder asomarme alcancé a distinguir cuando se internó en la zona boscosa. Lo primero que se me ocurrió fue llamar a la recepción del hotel del centro. Me respondió la encargada le dije lo que habÃa visto y que tenÃa miedo de que fuera a regresar. Creo que ella no me creyó porque me dijo que cerrara la puerta y no le abriera. Si la veÃa de nuevo colgué el teléfono sin saber qué hacer. TenÃa un gran temor de que regresara y las puertas de Cristal no la detuvieran. Estuve más de una hora atenta hacia afuera, pero no volvió a pasar. Me fui tranquilizando. Pensé en todo lo que decÃa mi madre. Quizás era el espÃritu de Nedina, ya no quise darle vueltas a la cabeza. Traté de relajarme y de no pensar en lo sucedido. Sólo pude dormir en ratos. Me despertaba a r abruptamente con la sensación de que ese ser se encontraba asomándose a través del cristal. En uno de los momentos en que me pude dormir, me despertó el llanto del bebé. Lloraba desesperadamente como si tuviera algún dolor. En esta ocasión estaba segura de que no habÃa ningún bebé dentro del hotel. De cualquier forma, subÃa a las habitaciones para tratar de identificar de dónde provenÃa el llanto en los cuartos. No era asà que subà hasta la azotea, porque el sonido venÃa de la parte más alta. Subà con una lámpara mientras más subÃa a los últimos escalones. El llanto se escuchaba más fuerte. Llegué a la parte más alta del hotel. Estaba a punto de abrir la puerta. Cuando escuché unas pisadas y un objeto en el que se tropezaban, ya no me atrevà a abrir la puerta. Me quedé atenta escuchando que alguien andaba merodeando. Además, dejé de oÃr el llanto del bebé. Me bajé de inmediato para tratar de ponerme más ser guns. Le puse llave a la puerta principal y pensé en llamarle a la policÃa, pero que les iba a decir. Sin embargo, los ruidos en la azotea cada vez fueron más intensos y le marqué a la policÃa. En poco tiempo estuvieron en el hotel. Les dije lo que sucedÃa. Ellos subieron a revisar la parte superior, lo que me generó mucha tranquilidad porque me podÃan decir lo que realmente estaba sucediendo. Después de unos minutos bajaron. Me dijeron que todo estaba en orden, no habÃa nadie arriba. Lo más seguro era que se tratara de los gatos que hicieron su desastre, porque las cosas que estaban arriba estaban movidas y regadas por todas partes. Pero que me estuviera tranquila porque no habÃa nada de qué preocuparse. No pude decirles lo que habÃa visto, porque pensé que no me iban a creer. Ellos me vieron con mucho miedo. Me dijeron que se quedarÃan unos minutos más afuera del hotel sólo para que me quedara más tranquila. Les agradecà el gesto y les dije que se podÃan quedar al interior, en la parte del comedor, pero ellos no quisieron hacerlo. Me dijeron que desde la patrulla estarÃan atentos a cualquier ruido. Me sentà un poco más segura, aunque sabÃa que sólo era una solución transitoria porque ellos se irÃan en cualquier momento mientras la policÃa estuvo afuera. No escuché nada anormal. Después me pitaron con el claxon de la patrulla. Me hicieron una señal de que se marchaban nuevamente. El miedo me empezó a invadir porque empecé a escuchar el llanto del bebé, pero ya no quise buscar más. SabÃa que el bebé no estaba dentro del hotel durante más de una hora. El llanto estuvo presente de manera intermitente. Lo escuchaba. Asà pasé la noche hasta que comenzó a amanecer. Los sonidos desaparecieron. Eran las seis de la mañana. Cuando el alba apareció en el hotel, comencé a preparar el desayun uno de los huéspedes. Esa mañana Isabel llegó un poco más temprano. Tuve tiempo para platicar con ella antes de que bajaran los huéspedes a desayunar. Le dije todo lo que aconteció en la noche. Isabel me escuchaba atenta mientras asentÃa con la cabeza. Cuando terminé de contarle todo a Isabel, ella me dijo que después que le comenté sobre el bebé llorando también a ella le habÃa impresionado el hecho, pero no quiso decirme nada que me pudiera asustar, porque sabÃa que me quedaba sola durante la noche. Ella le dijo a su madre lo que estaba sucediendo en el hotel. Su mamá le dijo que no lo tomáramos a la ligera. PodÃa ser el espÃritu de Nedina que vagaba por las noches, aunque no entendÃa por qué se escuchaba el llanto de un bebé. Le pedà a Isabel que me ayudara otra noche igual ya no era posible pasarla. Si no me verÃa en la situación de renunciar ella. Me dijo que no lo hiciera que mejor hablara con el gerente para que me cambiara de turno. Se me hizo una buena idea, asà que de inmediato le marqué al encargado. Ãl me dijo que sà me podÃa ayudar con el cambio, sólo que no serÃa en el mismo hotel. TendrÃa que hacerlo en uno que estaba en el Centro histórico de San Cristóbal de las Casas. Ya no me quedarÃa tan cerca de mi casa. No tuve objeción en aceptarlo, aunque sabÃa que para llegar al hotel tendrÃa que tomar colectivo. Acepté y esa noche ya no trabajé ahÃ. Empecé en mi nuevo lugar de trabajo, por ser un lugar más céntrico. La carga de trabajo era distinta a la noche pero no me importó. Una tarde que venÃa en el colectivo de regreso a mi casa, vi una tienda esotérica que tenÃa en el exterior varias santas muertes de un tamaño muy grande. Sin pensar lo mucho, me bajé de la furgoneta y fui a la tienda. La atendÃa a una mujer de edad madura. No sabÃa cómo iba a abordar lo que le querÃa decir. Creo que ella lo notó, porque comenzó a platicarme sobre espÃritus que no han pasado este plano, que se quedaban atorados por distintas causas. La mujer me dio la confianza para decirle todo. Por un momento pensé que se iba a reÃr de mis palabras, pero todo lo contrario. Ella me dijo que no era la primera persona que se acercaba con ella para decirle que veÃa a ese ser que yo le describÃ. Me dijo que la mayorÃa de la población creÃa que se trataba de Ennedina la Bruja, pero ella no pensaba igual, porque en Hedina fue una mujer que ayudó a las personas más bien sospechaba que se trataba de un ser maligno que logró estar en este plano porque muchas personas acudÃan a la tumba de Enedina a hacer rituales de magia negra, por lo que ella creÃa que se trataba de un demonio que habÃa logrado traspasar la barrera de la muerte porque habrÃan portales y no sabÃan cómo cerrarlos. También le platiqué sobre el bebé que lloraba durante la noche. Me dijo que probablemente las personas que hicieron rituales de magia negra sacrificaron a un bebé para lograr su cometido. Lo más seguro era que su cadáver se encontraba sepultado en el hotel. La señora me vendió un amuleto de protección y me dijo que hiciera una serie de rituales para que no me volviera a suceder lo mismo. Hice todo lo que ella me dijo y no volvà a ver a ese ente espantoso. Aunque hay noches en las que escucho a los perros llorar lastimosamente, en ocasiones se oyen muy cerca de la casa, otras veces en partes muy lejanas. Después que la mujer de la tienda Sotérica me comentó sobre la tumba de Nedina, un dÃa fui a verla. Su nombre completo era en Edina GarcÃa como adorno. TenÃa una columna alta. En la parte superior habÃa varias sirenas. Recuerdo que el historiador nos dijo que las sirenas estaban en su tumba porque a ella le gustaban mucho, aunque en San Cristóbal decÃan otras cosas respecto a las sirenas revisé alrededor del la tumba. En efecto, habÃa rastros de que en ese lugar se hacÃan rituales oscuros. También las autoridades pusieron un letrero en el que decÃa que se iba a consignar a las personas que sorprendieran realizando actos satánicos. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








