Oct. 24, 2023

La Aparición Que Ayudaba Y Le Quitaba La Vida A Los Pacientes Historias De Terror - REDE

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La aparición del hospital. Mi nombre es Ruth. Vivo con mis tres hermanos varones y mi madre. Ella se separó hace varios años de mi padre. Mantengo una relación con él, pero no tan profunda como lo es con mi mamá. Ella tuvo un accidente automovilístico hace como cinco años. Mi madre iba cruzando una avenida principal de Guadalajara cuando un auto se pasó el alto y la aventó. Por fortuna, ella está con vida. En esa época vivimos un período difícil porque ella tuvo que restablecerse e ir a rehabilitación. Le llevó más de un año poder caminar sin depender de ningún aparato. En el momento en que ocurrió el accidente, yo tenía veinte años. Fue complicado apoyarla como necesitaba, porque en ese tiempo me encontraba estudiando la Universidad fue necesario que pidiera licencia por un semestre para poder servir de apoyo. No sé si fue esa la causa por la que mi padre se fue de la casa, pero tengo el recuerdo de que a él no le importó mucho todo el proceso que mi madre vivió en aquella época. Después del año, mi mamá estaba casi recuperada. Sin embargo, no quedó bien del todo. Constantemente se quejaba de su rodilla derecha. Decía que le dolía mucho y que le costaba trabajo apoyarse con esa pierna. Con el paso de los años, se le fue haciendo el problema más fuerte. De nuevo fue necesario llevarla al traumatólogo para que diera el diagnóstico. Le tomó unas radiografías y nos dijo que su rótula estaba completamente desgastada, probablemente como secuela del accidente de auto que tuvo, así que nos dijo que era necesario operar y poner una prótesis de rodilla enseguida que tuvimos el dictamen del médico, concluimos que no iba a ser fácil que le hicieran la cirugía de manera privada porque tenía un costo muy elevado a así que comen a r los trámites en el seguro social. Ahí también el especialista coincidió con el médico particular con el que la había llevado. Le hicieron todos los exámenes para su cirugía. Por desgracia, pasaba el tiempo y el seguro nunca nos daba una fecha para la realización de la cirugía. Acompañé a mi madre a hablar con el traumatólogo para preguntarle el motivo por el que no la operaban. El doctor me respondió que la decisión no dependía de él, sino que el jefe de consulta de traumatología era el que determinaba quién se operaba y cuándo. Me dijo que lo mejor era ir a hablar con ese médico. Así lo hice. Al día siguiente. Volví al seguro por la mañana para encontrarlo en su oficina. Me trató con amabilidad. Me explicó que todas las cirugías se habían retrasado por efecto de la pandemia por covid porque la clínica cuarenta y seis había sido un hospital exclusivo para esa enfermedad, por lo que tenían un rezago de cirugías. Sólo estaban operando a los casos de urgencia, Pero me dijo que le sacara una copia a la orden de mi madre y que la metería entre esos casos especiales. Creo que solamente me dio una salida fácil porque quedó de hablarme por teléfono para avisar la fecha de cirugía, que incluso podía ser en sábado o domingo, le aclaré que no teníamos ningún problema. Así, me quedé por más de un año esperando esa llamada que nunca llegó, mientras que a mi madre cada vez le costaba más trabajo caminar, siempre que le revisaba su rodilla, la veía más hinchada y deforme un tío me recomendó que la llevara al hospital de Zapopán. Era el hospital civil de ese municipio. Me comentó que ahí trataban a los pacientes con calidez y les hacían sus tratamientos con más rapidez. Hice un poco de desidia porque el hospital me quedaba retirado. Tardaba en llegar más de una hora en auto, pero cada vez que veía a mi mamá caminar con tanta dificultad, pensé que era necesario hacerlo. En cuanto le comenté de ir al hospital. Me dijo que sí. Comenzamos con todos los trámites. El traumatólogo nos dijo que era urgente realizar la cirugía a mi mamá. En pocos días nos dieron una fecha para operarla. Fue un martes a las seis de la mañana cuando la citaron para internarla. Mientras le realizaban la operación, mis hermanos estuvieron conmigo una vez que salió de quirófano y la subieron a piso. La jefa de enfermeras me dijo que era necesario que fuese una mujer quien atendiera a mi mamá, porque ella estaría en una sala que compartiría con otras tres mujeres y que no era cómodo para ellas que un hombre estuviese en la sala por ser la única mujer en la familia. Me tocó a mí cuidar de ella dos noches y tres días. El día martes que la operaron estuvo en piso aproximadamente como a las cinco de la tarde. Me instalé con ella. Lo bueno era que había un catri al lado de su camilla. Podría descansar un poco. La primera noche estuvo tranquila, pero cuando pasaban de las dos de la mañana comenzó a quejarse de dolor. Poco a poco fue subiendo de intensidad. Fui a la central de enfermeras para pedirles que le administraran a mi madre un calmante para el dolor, pero no había nadie. Esperé unos minutos. Creí que en poco tiempo llegaría alguna enfermera. Sin embargo, no sucedió así. Empezaba a sentirme desesperada de ver a mi mamá sufriendo vi a una enfermera que pasó caminando por el pasillo. Me dejé ir hacia ella. Vi cuando se fue hasta el final del pasillo cerró la puerta de una habitación le Toqué sin que nadie respondiera. Lo hice con más fuerza hasta que me abrió. Una enfermera joven de cabello castaño de inmediato le dije la situación de mi madre. Ella, sin dudarlo, se fue detrás de mí. Revisó su expediente. Me dijo que iría por el medicamento. No tardó ni unos minutos. Le puso la solución en el suero. Al poco tiempo, mi madre comenzó a calmarse hasta que se quedó profundamente dormida. Cuando salí a agradecerle a la enfermera, no la encontré ya no quise buscarla. Pensé que más tarde tendría la oportunidad de hacerlo. Como mi mamá se había dormido, yo también pude hacerlo. Me acomodé en el catre y pude dormir un poco más de tres horas a las seis de la mañana llegó una enfermera. Preguntando por el estado de mi madre. Ella despertó con dificultad. Aún estaba bajo los efectos del calmante que le habían dado. La enfermera, en turno, iba con su relevo. Le dijo el nombre de mi madre y lo que le había recetado. El médico de guardia le estaba entregándole estafeta. Cuando intervine le dije que en la madrugada le habían puesto un calmante para el dolor. No supe que le pusieron, pero la enfermera había puesto la solución en el suero. La enfermera lo negó. Dijo que ella no le había dado otro medicamento más que el sugerido por el médico. Me dijo que quizás me había confundido. Le dije que no sucedió así. Ella no le había puesto el calmante, sino otra enfermera me preguntó el nombre de ella. Le dije que no lo sabía. Quiso decirme a modo de regaño, que le hubiese preguntado su nombre. Así sabría de quién se trataba y la sancionarían por darle a los pacientes medicamentos que no están recetados por el médico. El asunto fue que ella negó todo. Mi madre no pudo secundar mi comentario porque ni siquiera se acordaba de lo sucedido. Fue cuando pensé que le habían dado un medicamento muy fuerte que, por fortuna, no tuvo ninguna consecuencia. En el transcurso del día, mi madre estuvo más tranquila. Le estuvieron dando sus medicamentos a tiempo, lo que permitió que el dolor no regresara. Ese día llegó una paciente a la sala en la que nos encontrábamos. Ella acababa de ser operada y estaba en proceso de recuperación. Me llamó la atención. Su color extremadamente pálido. Además, aún se encontraba bajo los efectos de la anestesia. Cuando llegó la enfermera a tomarle sus signos vitales, me acerqué a ella para preguntarle si esa paciente se encontraba bien, porque se le veía de un color muy demacrado. Ella me respondió que era normal. Acababa de salir de quirófano y no todas las personas reaccionaban igual. Me quedé tranquila con su comentario. Lo extraño era que no había ningún familiar a su lado. Durante el día todo estuvo tranquilo. La mujer joven que llegó de quirófano no despertó. En ocasiones me acercaba para ver si todavía estaba respirando y todo se mantuvo normal. Hacía poco tiempo que la enfermera había checado a cada una de las pacientes le revisó los signos vitales a la que había llegado por la mañana. Todo se mantuvo bajo una normalidad. Hubo un momento en que mi mamá comenzó a quejarse por dolor. De nuevo fui a la central de enfermeras. En esta ocasión sí había varias de ellas. Me acerqué a una para decirle que mi madre se sentía mal. Ella revisó su expediente y me dijo que todavía no le tocaba ningún medicamento. Se iba a esperar un poco. Si por algo su dolor aumentaba, me dijo que regresara con ella. Le expliqué a mi mamá lo que la enfermera me había dicho. Ella me respondió que sí le dolía en la zona de la cirugía, pero que el dolor era tolerante, Así que decidimos esperar. No se pudo dormir Por lo mismo, yo trataba de platicarle cosas triviales para que se distrajera. Un poco después de un rato, comenzó a quejarse la mujer que había llegado por la mañana, me acerqué a su cama para ver si la podía auxiliar. Vi su nombre en el registro se llamaba Luz. Ella empezó a tener síntomas de vómito. Se encontraba boca arriba, así que me acerqué con ella y traté de ponerla de lado para que, en caso de que vomitara, no se fuera a asfixiar con su propio vómito. La acomodé y comenzó a vomitar sangre, Me asusté y salí a buscar a una de las enfermeras. Otra vez no había nadie en la central de enfermeras. Me regresé a la habitación, pero vi que ella no dejaba de aventar sangre. Me salí casi corriendo a buscar a cualquier enfermera iba corriendo por el pasillo. Cuando de nuevo me encontré con la enfermera de la noche anterior, le dije que se apresurara que una paciente se encontraba mal. Ella me siguió sin decirme nada para ese Entonces la mujer se encontraba bañada en sangre en un estado de inconsciencia. Le dio los primeros auxilios, pero no pudo hacer nada por ella. A los pocos minutos la paciente se quedó sin vida. La enfermera, cuyo nombre desconocía, se quedó por unos instantes viéndola con tristeza. Yo me acerqué a ella para decirle que había hecho todo lo que estuvo a su alcance. Además, fue la única que respondió al llamado, porque en la central no había ninguna enfermera. Ella no me respondió nada. Se quedó viendo a la difunta y se retiró. Sentí una sensación extraña cuando me acerqué a la enfermera. Creí que se debía por estar tan de cerca con la muerte. Antes de que se fuera le pregunté su nombre. Sólo me respondió que se llamaba María y se fue Pensé que ella se iba a encargar de dar la noticia que había una paciente muerta, pero no sucedió así. Pasaron casi dos horas hasta que llegó una enfermera a la que le correspondía el turno. Se sorprendió mucho al darse cuenta de que estaba muerta. Salió con rapidez a informar al médico. En poco tiempo ya estaban rodeando a la mujer un grupo de médicos y de enfermeras. Lo primero que pensé fue que ya para que cuando realmente se necesitaron, la única que corrió en su auxilio fue María, la enfermera del turno se acercó a mí. Me preguntó si yo había notado algo anormal en la paciente. Le respondí que sí había sucedido. Le conté que la fui a buscar, pero no estaba así que María fue quien la ayudó, pero no no pudo hacer nada por ella. La enfermera se extrañó mucho. Me dijo que en ese turno no había nadie con ese nombre. Me preguntó por los apellidos de ella, pero le dije que no me había dicho nada más. Se fue al lado de los médicos y comenzaron a comentar entre ellos. Yo no alcanzaba a entender lo que decían, porque hablaban en voz muy baja. Una vez que hicieron todo lo necesario para llevarse el cuerpo, la sala se quedó tranquila para ese momento ya iba a amanecer, así que todos habíamos dormido muy poco por la mañana con el cambio de turno. La enfermera que le asignaron a mi madre era muy amable y platicadora. Cuando fue a ponerle su medicación, me empezó a preguntar cómo habían sucedido los hechos en la madrugada. Cuando le conté lo ocurrido, se me quedó viendo con los ojos muy abiertos. Le pregunté qué le sucedía. Antes de responderme me dijo que le describiera a la enfermera María. Cuando le conté cómo era ella. La enfermera mu r su cabeza como negando algo detuvo mi charla. Ella ya no me permitió continuar. Me dijo que ya sabía de quién se trataba. Esa enfermera no era real, sólo era una aparición. Le dije que yo la había visto y era de verdad. Ella lo siguió negando. Me dijo que tuviera mucho cuidado, porque cada vez que esa enfermera se acercaba a un paciente, éste moría le dije que eso no era verdad. Ella había sido la única que le hizo caso a mi madre cuando tuvo mucho dolor y que ella estaba viva la enfermera. Ya no quiso decirme nada. Se salió de la sala sin decirme nada. Sin embargo, me hizo dudar con lo que me había dicho más tarde. Fue el médico que operó a mi madre. Cuando la revisó, le dijo que tenía un poco de fiebre, por lo que se quedaría una noche más a observación para ver si su prótesis no era rechazada por su cuerpo. Nos explicó que era normal que tuviese fiebre porque porque ahora mi ma mi ma dre tenía un objeto extraño en su cuerpo, lo mejor era mantenerla en observación. Si la fiebre cedía al día siguiente, la darían de alta. No me agradó para nada que darnos un día más, porque yo contaba con que ese día ya nos íbamos. Además, ya me sentía muy cansada, pero no tuvimos otra opción más que aceptar la decisión que tomó el doctor. Estuve al pendiente de la fiebre de mi mamá. Cada que la enfermera le ponía el termómetro le preguntaba cuánto había tenido de temperatura en todas las ocasiones la fiebre ya no volvió a subir. Me. Quedé tranquila, sabiendo que sólo había sido una reacción normal de su cuerpo y no era que hubiese rechazado la prótesis. Durante la tarde, mi mamá estuvo muy platicadora. El médico le dijo que era necesario que empezara a dar unos pasos, porque si no caminaba no la iban a dar de alta. Así que ella hizo el intento de levantarse y caminar con ayuda de la andadera que le compré. Mi mamá pasó la tarde muy bien, así que me quedé tranquila con la idea de que a el día siguiente ya nos íbamos a casa, sólo que nos encontrábamos consternadas por la paciente que había fallecido. Antes del cambio de turno, llegó la enfermera para hablar conmigo. Me dijo que tuviese cuidado con la enfermera que rondaba los pasillos por la madrugada. Ella ya no era una persona que perteneciera a este mundo. La había visto en varias ocasiones cuando le asignaban el turno de la noche. Por lo regular solía aparecerse en la madrugada. Aún no terminaba de contarme sobre la enfermera. La interrumpí para decirle que, cuando más la necesitaba, ella había ayudado a mi madre, ya que nadie se encontraba en la central de enfermeras. Además, la había visto como cualquier persona normal. Quizás sólo se trataba de un malentendido. No le quise decir que sentía algo extraño cuando estuve cerca de ella, pero dudaba de todo lo que me decía. Después que le hice mi comentario, la enfermera se encogió de hombros. Me dijo que si no le creía, no podía hacer nada por nosotros. Sin embargo, me dijo que tuviésemos cuidado porque cada vez que alguien decía haberla visto, moría una persona en esa habitación. Después que la enfermera terminó de decirme eso, se marchó. No había creído del todo lo que me había dicho, aunque sí me sembró la duda. Unos minutos después llegó la enfermera del turno de la noche que se encargaría de atender a mi madre. Se presentó con el nombre de Mirela. Le pregunté que dónde la podía encontrar en la madrugada, porque las dos noches anteriores, alrededor de las dos de la mañana, no lograba encontrar a alguien que nos ayudara. Ella se sonrió y me dijo que eso no pasaría. Estaría al pendiente de los pacientes que le habían asignado. Cuando llegó la noche, estábamos muy cansadas. Mi madre se durmió muy temprano. Aunque me sentía cansada, no me pude dormir. Intenté leer un libro sin lograr concentrarme, Me salí por un rato de la habitación para distraerme un poco. El el hono tal era muy pequeño y no había mucho que hacer. El guardia me dijo que no podía salir de la zona de hospitalización porque todo estaba cerrado y si salía ya no me iba a permitir la entrada. No tuve otra opción que Regresarme iba rumbo a la habitación. Cuando vi a María, la enfermera, ella entró a otra habitación de enfermos. Me fui de inmediato para ver qué hacía. Comenzó a revisar los signos vitales. A una paciente le suministró un medicamento en el suero, lo que cualquier enfermera realizaba. Me encontraba a un lado de la puerta tratando de que no me viera. No me pareció que hiciera cosas distintas a las otras enfermeras. Revisó a las otras pacientes sólo las miró y salió del cuarto. Ella me vio que estaba en el umbral de la puerta. Sólo me hizo un saludo moviendo su cabeza con una leve sonrisa y se fue hacia el pasillo. Me fui detrás de ella para ver en dónde se metía En cuanto llegué al pasillo, ella ya no no estaba, había desaparecido, o al menos se so creí porque no escuché que cerraran ninguna puerta. Comencé a revisar cada puerta por debajo se veía que no había ninguna luz encendida. Me regresé confundida. No tenía la menor idea de qué estaba sucediendo. Cuando entró la enfermera a cargo de mi madre, le dio su medicamento ya se iba a retirar. Me acerqué a ella para preguntarle sobre la enfermera que rondaba por la noche en los pasillos del piso. Ella me dijo que sólo era un rumor que se había corrido entre todos los trabajadores del hospital, pero que sabía muy poco sobre ella. Le dije que yo la había visto por las noches, pero no tenía la seguridad si de verdad se trataba de alguna aparición. Miréla. La enfermera me dijo que ella no tenía mucho tiempo trabajando en ese hospital. A ella le dijeron que hace varios años una enfermera de nombre María había muerto a causa de un paro cardiaco. No pudieron salvarla y que esa enfermera creía que aún estaba en su turno. Pero también me dijo que a ella no le constaba nada, porque eso se lo había dicho otra compañera de trabajo y se retiró. No sabía qué pensar al respecto. De pronto vi que las enfermeras comenzaron a correr. Salí al pasillo para ver qué ocurría. Los médicos que estaban de guardia llegaron enseguida. Después de unos minutos salió el equipo de médicos y enfermeras. En el momento en que pasó una de ellas le pregunté qué había pasado me dijo que la paciente de la cama ocho había fallecido. Enseguida que se retiraron, fui a asomarme al cuarto. Era la misma mujer que María había atendido y había muerto. Me fui al lado de mi madre para cuidarla. Tuve miedo de que María fuera y le pusiera un medicamento. Otra vez ya no me pude dormir con el miedo a que regresara. Sólo la VI que pasó por el pasillo. Una vez más eran casi las tres de la mañana entró a uno de los cuartos. Ya no quise seguir porque tuve miedo de nuevo la VI cuando pasó de regreso hacia el pasillo del fondo, me fui detrás de ella para ver en dónde se metía. Me quedé sorprendida. Esta vez sí, alcancé a verla. Ella se desvaneció y desapareció. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. Con mayor razón, regresé al lado de mi mamá, pero a María ya no la volví a ver. Al día siguiente, muy temprano, a las ocho de la mañana pasó el médico que había operado a mi madre iba junto con otros médicos practicantes, dio de alta a mi mamá junto con todas las indicaciones para sus cuidados y con cita para quince días. Cada vez que recuerdo ese hecho del hospital, me salta una duda. En el hospital, las enfermeras decían que ella aparecía sólo para dar muerte a algunos pacientes, pero en mi experiencia con mi madre fue para ayudarla. Creo que ella aparece para ayudar al que más lo necesita, para calmar un dolor muy fuerte o para darle la muerte a un paciente y que pueda descansar en paz. No sabré la verdad, pero el hecho es que vi al fantasma de la enfermera del hospital relato adaptado por Adriana Cuevas