La Aparición Que Ayudaba Y Le Quitaba La Vida A Los Pacientes Historias De Terror - REDE

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La aparición del hospital. Mi nombre es Ruth. Vivo con mis tres hermanos varones y mi madre. Ella se separó hace varios años de mi padre. Mantengo una relación con él, pero no tan profunda como lo es con mi mamá. Ella tuvo un accidente automovilÃstico hace como cinco años. Mi madre iba cruzando una avenida principal de Guadalajara cuando un auto se pasó el alto y la aventó. Por fortuna, ella está con vida. En esa época vivimos un perÃodo difÃcil porque ella tuvo que restablecerse e ir a rehabilitación. Le llevó más de un año poder caminar sin depender de ningún aparato. En el momento en que ocurrió el accidente, yo tenÃa veinte años. Fue complicado apoyarla como necesitaba, porque en ese tiempo me encontraba estudiando la Universidad fue necesario que pidiera licencia por un semestre para poder servir de apoyo. No sé si fue esa la causa por la que mi padre se fue de la casa, pero tengo el recuerdo de que a él no le importó mucho todo el proceso que mi madre vivió en aquella época. Después del año, mi mamá estaba casi recuperada. Sin embargo, no quedó bien del todo. Constantemente se quejaba de su rodilla derecha. DecÃa que le dolÃa mucho y que le costaba trabajo apoyarse con esa pierna. Con el paso de los años, se le fue haciendo el problema más fuerte. De nuevo fue necesario llevarla al traumatólogo para que diera el diagnóstico. Le tomó unas radiografÃas y nos dijo que su rótula estaba completamente desgastada, probablemente como secuela del accidente de auto que tuvo, asà que nos dijo que era necesario operar y poner una prótesis de rodilla enseguida que tuvimos el dictamen del médico, concluimos que no iba a ser fácil que le hicieran la cirugÃa de manera privada porque tenÃa un costo muy elevado a asà que comen a r los trámites en el seguro social. Ahà también el especialista coincidió con el médico particular con el que la habÃa llevado. Le hicieron todos los exámenes para su cirugÃa. Por desgracia, pasaba el tiempo y el seguro nunca nos daba una fecha para la realización de la cirugÃa. Acompañé a mi madre a hablar con el traumatólogo para preguntarle el motivo por el que no la operaban. El doctor me respondió que la decisión no dependÃa de él, sino que el jefe de consulta de traumatologÃa era el que determinaba quién se operaba y cuándo. Me dijo que lo mejor era ir a hablar con ese médico. Asà lo hice. Al dÃa siguiente. Volvà al seguro por la mañana para encontrarlo en su oficina. Me trató con amabilidad. Me explicó que todas las cirugÃas se habÃan retrasado por efecto de la pandemia por covid porque la clÃnica cuarenta y seis habÃa sido un hospital exclusivo para esa enfermedad, por lo que tenÃan un rezago de cirugÃas. Sólo estaban operando a los casos de urgencia, Pero me dijo que le sacara una copia a la orden de mi madre y que la meterÃa entre esos casos especiales. Creo que solamente me dio una salida fácil porque quedó de hablarme por teléfono para avisar la fecha de cirugÃa, que incluso podÃa ser en sábado o domingo, le aclaré que no tenÃamos ningún problema. AsÃ, me quedé por más de un año esperando esa llamada que nunca llegó, mientras que a mi madre cada vez le costaba más trabajo caminar, siempre que le revisaba su rodilla, la veÃa más hinchada y deforme un tÃo me recomendó que la llevara al hospital de Zapopán. Era el hospital civil de ese municipio. Me comentó que ahà trataban a los pacientes con calidez y les hacÃan sus tratamientos con más rapidez. Hice un poco de desidia porque el hospital me quedaba retirado. Tardaba en llegar más de una hora en auto, pero cada vez que veÃa a mi mamá caminar con tanta dificultad, pensé que era necesario hacerlo. En cuanto le comenté de ir al hospital. Me dijo que sÃ. Comenzamos con todos los trámites. El traumatólogo nos dijo que era urgente realizar la cirugÃa a mi mamá. En pocos dÃas nos dieron una fecha para operarla. Fue un martes a las seis de la mañana cuando la citaron para internarla. Mientras le realizaban la operación, mis hermanos estuvieron conmigo una vez que salió de quirófano y la subieron a piso. La jefa de enfermeras me dijo que era necesario que fuese una mujer quien atendiera a mi mamá, porque ella estarÃa en una sala que compartirÃa con otras tres mujeres y que no era cómodo para ellas que un hombre estuviese en la sala por ser la única mujer en la familia. Me tocó a mà cuidar de ella dos noches y tres dÃas. El dÃa martes que la operaron estuvo en piso aproximadamente como a las cinco de la tarde. Me instalé con ella. Lo bueno era que habÃa un catri al lado de su camilla. PodrÃa descansar un poco. La primera noche estuvo tranquila, pero cuando pasaban de las dos de la mañana comenzó a quejarse de dolor. Poco a poco fue subiendo de intensidad. Fui a la central de enfermeras para pedirles que le administraran a mi madre un calmante para el dolor, pero no habÃa nadie. Esperé unos minutos. Creà que en poco tiempo llegarÃa alguna enfermera. Sin embargo, no sucedió asÃ. Empezaba a sentirme desesperada de ver a mi mamá sufriendo vi a una enfermera que pasó caminando por el pasillo. Me dejé ir hacia ella. Vi cuando se fue hasta el final del pasillo cerró la puerta de una habitación le Toqué sin que nadie respondiera. Lo hice con más fuerza hasta que me abrió. Una enfermera joven de cabello castaño de inmediato le dije la situación de mi madre. Ella, sin dudarlo, se fue detrás de mÃ. Revisó su expediente. Me dijo que irÃa por el medicamento. No tardó ni unos minutos. Le puso la solución en el suero. Al poco tiempo, mi madre comenzó a calmarse hasta que se quedó profundamente dormida. Cuando salà a agradecerle a la enfermera, no la encontré ya no quise buscarla. Pensé que más tarde tendrÃa la oportunidad de hacerlo. Como mi mamá se habÃa dormido, yo también pude hacerlo. Me acomodé en el catre y pude dormir un poco más de tres horas a las seis de la mañana llegó una enfermera. Preguntando por el estado de mi madre. Ella despertó con dificultad. Aún estaba bajo los efectos del calmante que le habÃan dado. La enfermera, en turno, iba con su relevo. Le dijo el nombre de mi madre y lo que le habÃa recetado. El médico de guardia le estaba entregándole estafeta. Cuando intervine le dije que en la madrugada le habÃan puesto un calmante para el dolor. No supe que le pusieron, pero la enfermera habÃa puesto la solución en el suero. La enfermera lo negó. Dijo que ella no le habÃa dado otro medicamento más que el sugerido por el médico. Me dijo que quizás me habÃa confundido. Le dije que no sucedió asÃ. Ella no le habÃa puesto el calmante, sino otra enfermera me preguntó el nombre de ella. Le dije que no lo sabÃa. Quiso decirme a modo de regaño, que le hubiese preguntado su nombre. Asà sabrÃa de quién se trataba y la sancionarÃan por darle a los pacientes medicamentos que no están recetados por el médico. El asunto fue que ella negó todo. Mi madre no pudo secundar mi comentario porque ni siquiera se acordaba de lo sucedido. Fue cuando pensé que le habÃan dado un medicamento muy fuerte que, por fortuna, no tuvo ninguna consecuencia. En el transcurso del dÃa, mi madre estuvo más tranquila. Le estuvieron dando sus medicamentos a tiempo, lo que permitió que el dolor no regresara. Ese dÃa llegó una paciente a la sala en la que nos encontrábamos. Ella acababa de ser operada y estaba en proceso de recuperación. Me llamó la atención. Su color extremadamente pálido. Además, aún se encontraba bajo los efectos de la anestesia. Cuando llegó la enfermera a tomarle sus signos vitales, me acerqué a ella para preguntarle si esa paciente se encontraba bien, porque se le veÃa de un color muy demacrado. Ella me respondió que era normal. Acababa de salir de quirófano y no todas las personas reaccionaban igual. Me quedé tranquila con su comentario. Lo extraño era que no habÃa ningún familiar a su lado. Durante el dÃa todo estuvo tranquilo. La mujer joven que llegó de quirófano no despertó. En ocasiones me acercaba para ver si todavÃa estaba respirando y todo se mantuvo normal. HacÃa poco tiempo que la enfermera habÃa checado a cada una de las pacientes le revisó los signos vitales a la que habÃa llegado por la mañana. Todo se mantuvo bajo una normalidad. Hubo un momento en que mi mamá comenzó a quejarse por dolor. De nuevo fui a la central de enfermeras. En esta ocasión sà habÃa varias de ellas. Me acerqué a una para decirle que mi madre se sentÃa mal. Ella revisó su expediente y me dijo que todavÃa no le tocaba ningún medicamento. Se iba a esperar un poco. Si por algo su dolor aumentaba, me dijo que regresara con ella. Le expliqué a mi mamá lo que la enfermera me habÃa dicho. Ella me respondió que sà le dolÃa en la zona de la cirugÃa, pero que el dolor era tolerante, Asà que decidimos esperar. No se pudo dormir Por lo mismo, yo trataba de platicarle cosas triviales para que se distrajera. Un poco después de un rato, comenzó a quejarse la mujer que habÃa llegado por la mañana, me acerqué a su cama para ver si la podÃa auxiliar. Vi su nombre en el registro se llamaba Luz. Ella empezó a tener sÃntomas de vómito. Se encontraba boca arriba, asà que me acerqué con ella y traté de ponerla de lado para que, en caso de que vomitara, no se fuera a asfixiar con su propio vómito. La acomodé y comenzó a vomitar sangre, Me asusté y salà a buscar a una de las enfermeras. Otra vez no habÃa nadie en la central de enfermeras. Me regresé a la habitación, pero vi que ella no dejaba de aventar sangre. Me salà casi corriendo a buscar a cualquier enfermera iba corriendo por el pasillo. Cuando de nuevo me encontré con la enfermera de la noche anterior, le dije que se apresurara que una paciente se encontraba mal. Ella me siguió sin decirme nada para ese Entonces la mujer se encontraba bañada en sangre en un estado de inconsciencia. Le dio los primeros auxilios, pero no pudo hacer nada por ella. A los pocos minutos la paciente se quedó sin vida. La enfermera, cuyo nombre desconocÃa, se quedó por unos instantes viéndola con tristeza. Yo me acerqué a ella para decirle que habÃa hecho todo lo que estuvo a su alcance. Además, fue la única que respondió al llamado, porque en la central no habÃa ninguna enfermera. Ella no me respondió nada. Se quedó viendo a la difunta y se retiró. Sentà una sensación extraña cuando me acerqué a la enfermera. Creà que se debÃa por estar tan de cerca con la muerte. Antes de que se fuera le pregunté su nombre. Sólo me respondió que se llamaba MarÃa y se fue Pensé que ella se iba a encargar de dar la noticia que habÃa una paciente muerta, pero no sucedió asÃ. Pasaron casi dos horas hasta que llegó una enfermera a la que le correspondÃa el turno. Se sorprendió mucho al darse cuenta de que estaba muerta. Salió con rapidez a informar al médico. En poco tiempo ya estaban rodeando a la mujer un grupo de médicos y de enfermeras. Lo primero que pensé fue que ya para que cuando realmente se necesitaron, la única que corrió en su auxilio fue MarÃa, la enfermera del turno se acercó a mÃ. Me preguntó si yo habÃa notado algo anormal en la paciente. Le respondà que sà habÃa sucedido. Le conté que la fui a buscar, pero no estaba asà que MarÃa fue quien la ayudó, pero no no pudo hacer nada por ella. La enfermera se extrañó mucho. Me dijo que en ese turno no habÃa nadie con ese nombre. Me preguntó por los apellidos de ella, pero le dije que no me habÃa dicho nada más. Se fue al lado de los médicos y comenzaron a comentar entre ellos. Yo no alcanzaba a entender lo que decÃan, porque hablaban en voz muy baja. Una vez que hicieron todo lo necesario para llevarse el cuerpo, la sala se quedó tranquila para ese momento ya iba a amanecer, asà que todos habÃamos dormido muy poco por la mañana con el cambio de turno. La enfermera que le asignaron a mi madre era muy amable y platicadora. Cuando fue a ponerle su medicación, me empezó a preguntar cómo habÃan sucedido los hechos en la madrugada. Cuando le conté lo ocurrido, se me quedó viendo con los ojos muy abiertos. Le pregunté qué le sucedÃa. Antes de responderme me dijo que le describiera a la enfermera MarÃa. Cuando le conté cómo era ella. La enfermera mu r su cabeza como negando algo detuvo mi charla. Ella ya no me permitió continuar. Me dijo que ya sabÃa de quién se trataba. Esa enfermera no era real, sólo era una aparición. Le dije que yo la habÃa visto y era de verdad. Ella lo siguió negando. Me dijo que tuviera mucho cuidado, porque cada vez que esa enfermera se acercaba a un paciente, éste morÃa le dije que eso no era verdad. Ella habÃa sido la única que le hizo caso a mi madre cuando tuvo mucho dolor y que ella estaba viva la enfermera. Ya no quiso decirme nada. Se salió de la sala sin decirme nada. Sin embargo, me hizo dudar con lo que me habÃa dicho más tarde. Fue el médico que operó a mi madre. Cuando la revisó, le dijo que tenÃa un poco de fiebre, por lo que se quedarÃa una noche más a observación para ver si su prótesis no era rechazada por su cuerpo. Nos explicó que era normal que tuviese fiebre porque porque ahora mi ma mi ma dre tenÃa un objeto extraño en su cuerpo, lo mejor era mantenerla en observación. Si la fiebre cedÃa al dÃa siguiente, la darÃan de alta. No me agradó para nada que darnos un dÃa más, porque yo contaba con que ese dÃa ya nos Ãbamos. Además, ya me sentÃa muy cansada, pero no tuvimos otra opción más que aceptar la decisión que tomó el doctor. Estuve al pendiente de la fiebre de mi mamá. Cada que la enfermera le ponÃa el termómetro le preguntaba cuánto habÃa tenido de temperatura en todas las ocasiones la fiebre ya no volvió a subir. Me. Quedé tranquila, sabiendo que sólo habÃa sido una reacción normal de su cuerpo y no era que hubiese rechazado la prótesis. Durante la tarde, mi mamá estuvo muy platicadora. El médico le dijo que era necesario que empezara a dar unos pasos, porque si no caminaba no la iban a dar de alta. Asà que ella hizo el intento de levantarse y caminar con ayuda de la andadera que le compré. Mi mamá pasó la tarde muy bien, asà que me quedé tranquila con la idea de que a el dÃa siguiente ya nos Ãbamos a casa, sólo que nos encontrábamos consternadas por la paciente que habÃa fallecido. Antes del cambio de turno, llegó la enfermera para hablar conmigo. Me dijo que tuviese cuidado con la enfermera que rondaba los pasillos por la madrugada. Ella ya no era una persona que perteneciera a este mundo. La habÃa visto en varias ocasiones cuando le asignaban el turno de la noche. Por lo regular solÃa aparecerse en la madrugada. Aún no terminaba de contarme sobre la enfermera. La interrumpà para decirle que, cuando más la necesitaba, ella habÃa ayudado a mi madre, ya que nadie se encontraba en la central de enfermeras. Además, la habÃa visto como cualquier persona normal. Quizás sólo se trataba de un malentendido. No le quise decir que sentÃa algo extraño cuando estuve cerca de ella, pero dudaba de todo lo que me decÃa. Después que le hice mi comentario, la enfermera se encogió de hombros. Me dijo que si no le creÃa, no podÃa hacer nada por nosotros. Sin embargo, me dijo que tuviésemos cuidado porque cada vez que alguien decÃa haberla visto, morÃa una persona en esa habitación. Después que la enfermera terminó de decirme eso, se marchó. No habÃa creÃdo del todo lo que me habÃa dicho, aunque sà me sembró la duda. Unos minutos después llegó la enfermera del turno de la noche que se encargarÃa de atender a mi madre. Se presentó con el nombre de Mirela. Le pregunté que dónde la podÃa encontrar en la madrugada, porque las dos noches anteriores, alrededor de las dos de la mañana, no lograba encontrar a alguien que nos ayudara. Ella se sonrió y me dijo que eso no pasarÃa. EstarÃa al pendiente de los pacientes que le habÃan asignado. Cuando llegó la noche, estábamos muy cansadas. Mi madre se durmió muy temprano. Aunque me sentÃa cansada, no me pude dormir. Intenté leer un libro sin lograr concentrarme, Me salà por un rato de la habitación para distraerme un poco. El el hono tal era muy pequeño y no habÃa mucho que hacer. El guardia me dijo que no podÃa salir de la zona de hospitalización porque todo estaba cerrado y si salÃa ya no me iba a permitir la entrada. No tuve otra opción que Regresarme iba rumbo a la habitación. Cuando vi a MarÃa, la enfermera, ella entró a otra habitación de enfermos. Me fui de inmediato para ver qué hacÃa. Comenzó a revisar los signos vitales. A una paciente le suministró un medicamento en el suero, lo que cualquier enfermera realizaba. Me encontraba a un lado de la puerta tratando de que no me viera. No me pareció que hiciera cosas distintas a las otras enfermeras. Revisó a las otras pacientes sólo las miró y salió del cuarto. Ella me vio que estaba en el umbral de la puerta. Sólo me hizo un saludo moviendo su cabeza con una leve sonrisa y se fue hacia el pasillo. Me fui detrás de ella para ver en dónde se metÃa En cuanto llegué al pasillo, ella ya no no estaba, habÃa desaparecido, o al menos se so creà porque no escuché que cerraran ninguna puerta. Comencé a revisar cada puerta por debajo se veÃa que no habÃa ninguna luz encendida. Me regresé confundida. No tenÃa la menor idea de qué estaba sucediendo. Cuando entró la enfermera a cargo de mi madre, le dio su medicamento ya se iba a retirar. Me acerqué a ella para preguntarle sobre la enfermera que rondaba por la noche en los pasillos del piso. Ella me dijo que sólo era un rumor que se habÃa corrido entre todos los trabajadores del hospital, pero que sabÃa muy poco sobre ella. Le dije que yo la habÃa visto por las noches, pero no tenÃa la seguridad si de verdad se trataba de alguna aparición. Miréla. La enfermera me dijo que ella no tenÃa mucho tiempo trabajando en ese hospital. A ella le dijeron que hace varios años una enfermera de nombre MarÃa habÃa muerto a causa de un paro cardiaco. No pudieron salvarla y que esa enfermera creÃa que aún estaba en su turno. Pero también me dijo que a ella no le constaba nada, porque eso se lo habÃa dicho otra compañera de trabajo y se retiró. No sabÃa qué pensar al respecto. De pronto vi que las enfermeras comenzaron a correr. Salà al pasillo para ver qué ocurrÃa. Los médicos que estaban de guardia llegaron enseguida. Después de unos minutos salió el equipo de médicos y enfermeras. En el momento en que pasó una de ellas le pregunté qué habÃa pasado me dijo que la paciente de la cama ocho habÃa fallecido. Enseguida que se retiraron, fui a asomarme al cuarto. Era la misma mujer que MarÃa habÃa atendido y habÃa muerto. Me fui al lado de mi madre para cuidarla. Tuve miedo de que MarÃa fuera y le pusiera un medicamento. Otra vez ya no me pude dormir con el miedo a que regresara. Sólo la VI que pasó por el pasillo. Una vez más eran casi las tres de la mañana entró a uno de los cuartos. Ya no quise seguir porque tuve miedo de nuevo la VI cuando pasó de regreso hacia el pasillo del fondo, me fui detrás de ella para ver en dónde se metÃa. Me quedé sorprendida. Esta vez sÃ, alcancé a verla. Ella se desvaneció y desapareció. No podÃa dar crédito a lo que estaba viendo. Con mayor razón, regresé al lado de mi mamá, pero a MarÃa ya no la volvà a ver. Al dÃa siguiente, muy temprano, a las ocho de la mañana pasó el médico que habÃa operado a mi madre iba junto con otros médicos practicantes, dio de alta a mi mamá junto con todas las indicaciones para sus cuidados y con cita para quince dÃas. Cada vez que recuerdo ese hecho del hospital, me salta una duda. En el hospital, las enfermeras decÃan que ella aparecÃa sólo para dar muerte a algunos pacientes, pero en mi experiencia con mi madre fue para ayudarla. Creo que ella aparece para ayudar al que más lo necesita, para calmar un dolor muy fuerte o para darle la muerte a un paciente y que pueda descansar en paz. No sabré la verdad, pero el hecho es que vi al fantasma de la enfermera del hospital relato adaptado por Adriana Cuevas








