La Amiga Fantasma De Mi Hermanita Historias De Terror - REDE

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La niña del cementerio. El dÃa de muertos, sin duda es un dÃa de suma importancia para los mexicanos. Es una de las formas que tenemos de recordar a nuestros seres queridos que ya no están presentes. A su vez, tratamos de mantener viva la imagen del familiar que tanto extrañamos a través de darle lo que más disfrutaba mientras estuvo con vida. Para ello le hacemos un altar de muerto. Es por eso que los dÃas uno y dos de noviembre los panteones se llenan de gente, flores y música. Aprendà mucho de este tipo de manifestaciones culturales porque mi familia se dedicó a vender flores afuera del panteón de Mezquitán. Mi infancia, junto con mis hermanos, la pasamos viviendo muy cerca de los ritos funerarios y las tradiciones del dÃa de muertos. El local de flores en el que trabajaban mis padres se encontraba en la calle que divide el panteón en dos secciones Enrique DÃaz de León. El negocio pertenecÃa a mis abuelos maternos, los que heredaron la tienda a mi madre, asà como la forma de conservar las flores y hacer regalos de todo tipo, porque no sólo mis padres hacÃan coronas para los difuntos y canastas con flores de crisantemos. También sabÃan hacer arreglos florales para otro tipo de eventos. En mi familia éramos cinco integrantes, mis padres, mi hermano Miguel, mi hermana Victoria y yo, por ser la más grande. Mis papás siempre me decÃan que tenÃa que cuidar de mis hermanos. No tenÃamos muchos lugares donde irnos a jugar. Cuando mis hermanos salÃan de la primaria y yo de la secundaria, nos Ãbamos al negocio de flores de mis padres. Ellos tenÃan una estufa eléctrica pequeña y una mesa improvisada para darnos de comer. En los momentos en que mi madre no tenÃa tantas ocupaciones, preparaba los alimentos para todos. Casi la mayor parte del tiempo la pasábamos ahÃ. Asà que no era extraño que el cementerio se convirtiera en uno de nostros los espacios recreativos, sobre todo porque el panteón tenÃa dos secciones. La primera iniciaba en la calle Federalismo. En la entrada estaban las tumbas de personajes famosos y conocidos. En este espacio se encontraba la gente que tuvo más poder adquisitivo. Esta era la parte que más visitas tenÃa. La segunda sección era a partir de la calle Enrique DÃaz de León. Esta era la zona que más nos gustaba entrar, porque, además de que no tenÃamos que cruzar. La avenida estaba más sola y al final de ella habÃa un árbol frondoso que proporcionaba una gran sombra. Alrededor de él habÃa bancas en las que se nos pasaba el tiempo jugando. En una ocasión nos quedamos por más tiempo de lo normal jugando. Mi madre no nos encontró en los lugares de siempre hasta que el velador le dijo que estábamos al final del cementerio. Ella cuando nos vio nos quiso regañar, pero también comprendió que no tenÃamos otro lugar donde ir, asà que nos dijo que si Ãbamos a estar ahÃ, era necesario ser cuidadosos. DebÃamos respetar a los muertos, no quitarles sus flores y principalmente no brincar entre las tumbas, porque algunas ya eran muy viejas y podÃamos tener un accidente muy grave. Mi mamá nos dijo que si le hacÃamos caso, nos permitirÃa que fuéramos a jugar pronto. Le respondimos que sà y nos fuimos con ella, porque ya era hora de cerrar el negocio y retirarnos a nuestra casa. Cada dÃa después de que saliéramos de clases, mi madre nos daba de comer, nos ponÃa a hacer la tarea. Le pedÃamos permiso para ir a jugar al cementerio. Asà nos pasaba la tarde hasta las seis, porque el que cuidaba el cementerio nos decÃa que ya iba a cerrar el lugar. Un dÃa estábamos jugando a las escondidas, cuando mi hermana más pequeña, Victoria, se apartó un poco más del lugar en el que siempre estábamos. Cuando la busqué la encontré sentada en la barda de una tumba que parecÃa un mausoleo. TenÃa su cúpula su ventana de vitral, sus bardas de cantera que rodeaban la tumba con un cancer al interior de la capilla. TenÃa un piso muy elegante, ya un poco desgastado por el tiempo. Allà estaba mi hermana. Le dije que parte del trato que tenÃamos con mi mamá era no alejarnos mucho, asà que era mejor que no lo volviera a hacer. Mi hermana, Victoria estuvo de acuerdo, asintió y me la llevé de la mano. Lo que se me hizo muy extraño fue que dijo con su otra manita a Dios le pregunté de quién se estaba despidiendo y me respondió que de nadie. A los dÃas siguientes volvió a suceder lo mismo. Vi que, como le decÃamos, de cariño volvió a ese lugar en cuanto me descuidaba, ya la encontraba de nuevo en la misma tumba. Lo que se me ocurrió en aquel momento. Fue ser un poco con descendiente con ella. No le pregunté por qué estaba ahÃ. Simplemente le dije que si sólo iba a estar en esa tumba, no tenÃa ningún problema. Siempre y cuando no le dijera nada a mamá, ella me sonrió, asà que dejé de preocuparme. Casilla no jugaba con nosotros en cuanto llegábamos al panteón. Vicky se iba al mismo lugar. Hubo una ocasión en que ya era hora de irnos al local de mis padres. Me fui directamente donde sabÃa que iba a encontrar a mi hermana Pequeña, pero no estaba ahÃ. La busqué alrededor de las demás tumbas y no la encontré. El velador me dijo que ella iba a cerrar el panteón. Le dije muy asustada que no lo hiciera porque no hallaba a mi hermana Victoria. No sabÃa dónde estaba el velador. Me dijo que quizás ya estarÃa con mis padres. Me sugirió que fuera a buscarla allá mientras él seguirÃa indagando. Le hice caso y me fui al local de Flores. No le dije nada. A mi mamá fui y tomé agua para que pensara que tenÃa sed de inmediato. Me regresé al cementerio muy asustada. Le dije al velador que no estaba ahÃ. Me respondió que entonces era momento de decirle a mis padres, porque él tenÃa que cerrar y era posible que Vicky aún estuviera dentro del panteón. No tuve otra alternativa. Le dije a Miguel que ya era hora de irnos de inmediato. Me preguntó por Vicky le dije que no la habÃa encontrado. Cuando llegué con mi mamá casi llorando, le dije lo que habÃa ocurrido ella no me dijo nada. Se quitó el delantal y se fue de inmediato a buscarla. Mi papá estaba conversando con otro compañero del mercado de flores en el camino. Le dijo a mi padre que vi que estaba perdida. Se reunieron varios compañeros floristas y nos fuimos a buscarla. Empezamos a peinar la zona hasta que Doña Josefa gritó que ya la habÃa encontrado. Mi hermana estaba agachada metida en un hueco de una tumba. Los matorrales no permitÃan verla con claridad. La sacó de ahà y la agarró de la mano. La llevó frente a mis padres. Ellos angustiados le preguntaron qué estaba haciendo en ese lugar. Ella, de manera ingenua, respondió que sólo estaba jugando con su amiga Carmina. Se habÃa tenido que esconder ahà para que no la encontrara, porque estaba jugando a las escondidas y a Carmina era muy difÃcil encontrarla. A veces se metÃa en una tumba y ya no salÃa de ahÃ. Por eso ella se habÃa escondido de esa manera. Mis padres sólo la abrazaron. Le dijeron que no volviera a hacer lo mismo porque les habÃa sacado un susto enseguida. Le preguntaron por su amiga Carmina para llevarla también con sus padres, a lo que vi que respondió que ella se fue. Cuando vio que varias personas la estaban buscando, se habÃa ido corriendo. Mi madre nos dijo que lo mejor e era a que lla no fuéramos al cementerio. Para ella era bueno que estuviéramos en el local, pero no nos gustó su idea. HabÃa ratos que ahà se sentÃa mucho calor, sobre todo en la tarde. Le repliqué, pero mi mamá dijo que definitivamente era más seguro que ya no nos fuéramos tan lejos. Nos dijo que lo sucedido habÃa sido sólo una advertencia. Por fortuna, no pasó nada malo. No me agradó su comentario, pero en el fondo me sentÃa responsable por lo ocurrido, asà que ya no le dije nada. Ese dÃa, después del susto que nos hizo pasar Vicky, nos fuimos a la casa ya tarde porque estaba muy próximo el dÃa de muertos y muchas personas preferÃan acudir al panteón antes de ese dÃa. Además, otras personas llevaban flores para sus altares de muerto, asà que eran las nueve de la noche y aún estábamos en el local ya mis hermanos y yo tenÃamos sueño. Vicky de plano se quedó dormida en el catre. Llegamos a la casa un poco antes de las diez de la noche, cuando ya nos Ãbamos a bajar del coche. Vicky despertó sonrió y se puso a hablar sola. Dijo que esa era su casa. Le pregunté con quién hablaba. Ella me dijo que con nadie. Yo no quise cenar. También me sentÃa muy cansada, asà que me fui directamente a mi cuarto. Me acosté en la cama. No escuché cuando mis hermanos entraron a dormir, porque los tres dormÃamos en el mismo cuarto. Sólo percibà Cuando vi que se acomodó a mi lado, le dije que se fuera a su cama. Yo no descansaba igual. Si ella se quedaba a dormir conmigo, me quedé profundamente dormida. Antes del amanecer me despertó el aire fresco de la madrugada. La ventana se habÃa quedado abierta. Se me hizo extraño, pero me levanté a cerrarla via. Vi que en su cama también a miguer me iba a acostar cuando vi a alguien más en la mÃa. No puedo expresar la sensación que vivÃa en ese instante. HabÃa una persona cubierta por completo con la sábana. Me acerqué lentamente y jalé la sábana no habÃa nadie en ese lugar. HabÃa desaparecido. Me quedé asustada sin saber qué hacea. Salà de la habitación para ir a la de mis padres, pero tuve miedo de que no me creyeran, asà que no les dije nada. Me fui al sofá de la sala. Ahà me quedé hasta que amaneció. Yo no dije nada porque ni siquiera estaba segura de lo que habÃa visto. Por la mañana. Ya nos estábamos arreglando para ir a la escuela. Yo acababa de entrar a la secundaria. Mis dos hermanos aún estaban en la primaria, asà que yo entraba más temprano me preparaba para irme. Cuando escuché que Vicki me habló, mis padres se habÃan ido muy temprano a comprar flores, me dijeron que me fue era sola. Ellos llegarÃan a tiempo para preparar a mis hermanos. Me regresé del umbral de la puerta para ver qué necesitaba. Vicky entré a la habitación, pero la vi profundamente dormida. Le hablé en voz baja para no despertar a mi guer pero ella siguió dormida. TenÃa la certeza de haber escuchado que alguien decÃa mi nombre Cuando vi que ya casi eran las siete salà de la casa ya para esas fechas de noviembre aún estaba oscuro, pero la secundaria sólo estaba unas cuadras de mi casa. Mi mamá me habÃa dicho que tomara el camión para que no caminara sola. Por las calles, pero no le hice caso. Iba pensando en el suceso de la noche anterior, cuando de nuevo escuché un susurro en el oÃdo. Otra vez dijeron mi nombre. Voltea asustada a todos lados sin encontrar a nadie. Comencé a caminar muy rápido. Cuando miré hacia atrás habÃa una niña que se escondÃa detrás de un árbol. Se me hizo muy raro que a esas horas estuviera sola. Sin embargo, ya no quise averiguar quién era. Me fui caminando lo más rápido que pude una cuadra. Antes de llegar a la secundaria me confundà con los demás alumnos que también iban al mismo lugar. Sólo ahà me sentÃa segura. Al mediodÃa llegué al local de mis padres. Mis hermanos ya estaban ahÃ. Me acerqué con Vicky. Ella me dijo que querÃa ir al panteón a jugar con su amiga. Le pregunté quién era ella y dónde la habÃa conocido. Me dijo que en el panteón y se llamaba Carmina, en aquel tiempo no tenÃa la edad para comprender lo que sucedÃa. Sin embargo, si alcanzaba a darme cuenta que sucedÃa algo extraño con Vicky y su amiga le dije a mi hermana que iba a convencer a mi mamá de que nos permitiera ir. Como mis padres estaban llenos de trabajo por el previo dÃa de muertos. Cuando le dije a mi mamá si podÃamos ir al panteón, ni siquiera me cuestionó nada. Me dijo que sÃ, por lo que nos fuimos por la tarde. El panteón comenzaba a verse con más gente. Mi hermana de inmediato se fue al mausoleo y se sentó en uno de sus escalones. Yo la seguà sin que se diera cuenta. Ella parecÃa que estaba platicando con alguien porque se veÃa que movÃa su boca. Al mismo tiempo hacÃa ademanes con sus manos. Incluso hubo un momento en que señaló hacia una dirección. Se le notaba que estaba contenta. Lo que me impresionó mucho fue cuando vi que se levantó e intentó abrir la puerta. No lo pudo hacer, pero pude ver cuando una de sus ventanas se abrÃa ahÃ. Comprendà que mi hermana estaba teniendo contacto con alguien que no era precisamente de este mundo. Seguà observando lo que sucedÃa con ella todo el tiempo. Estuvo platicando con alguien muy divertida. La dejé por un rato y fui a buscarla antes de que mi hermana se diera cuenta de que me acercaba, volteó y se tapó la boca como su sorprendida de que yo fuera sin hacerle ninguna pregunta, le dije que se divertÃa mucho con su nueva amiga. Ella me respondió que sÃ. Me dijo que ella también venÃa con nosotras porque le habÃa gustado mucho nuestra casa. Pero ahora ya no iba a dormir conmigo, sino con ella. Cuando Vicki me dijo eso, ya no tuve la menor duda. Fue real todo lo que habÃa vivido la noche anterior. Tuve miedo de que pudiera hacerle algo a mi hermana, ya que ella era la que tenÃa la capacidad de verla. No comprendÃa cómo podÃa suceder eso, pero lo cierto era que el espÃritu de Carmina estaba presente. Apenas llegué al local de flores. Intenté hablar con mi mamá para decirle lo que ocurrÃa, pero habÃa mucha gente, no sólo en el local de mis padres, sino en todo el mercado de flores. Era imposible abordar el asunto con mis padres. Ellos se veÃan abrumados. Por tanto, trabajo, asà que preferà no decir nada, pero estuve la mayor parte del tiempo al pendiente de mi hermana. Lo peor fue cuando mi mamá me dijo que nos llevarÃa a la casa. Nos compró algo para cenar por el camino y me explicó que ella se iba a regresar al negocio. Probablemente iban a trabajar hasta muy tarde, ya que eran de los mejores dÃas del año para vender sus flores. Traté de decirle que algo sucedÃa con victoria, que ella tenÃa una amiga que no era de este mundo. Por supuesto, mi mamá no me creyó. Me dijo que ya no tenÃa edad para inventar ese tipo de mentiras, que me pedÃa de favor que cuidara de mis hermanos. Después habrÃa tiempo de platicar mi madre nos dejó en la casa y se marchó. Fue la primera vez que tuve miedo. De cierta manera. Creà estar familiarizada con los rituales de muerte y con el cementerio, pero lo que vi con mi hermana me estaba rebasando, enseguida que mi madre se fue servà la cena en la mesita de la sala. Vicky se veÃa cansada. Me dijo que ella preferÃa irse a dormir. Se fue a la habitación. Cómo lo imaginaba. Pronto comenzaron a pasar los sucesos extraños mientras veÃa la televisión y cenaba los tacos. Junto con Miguel. Los dos oÃmos cuando la puerta de la habitación se cerró, no le tomamos mucha importancia porque creÃamos que pudo haberlo hecho. Victoria, pero después escuchamos los pasos de alguien corriendo hacia la cocina. Fuimos al cuarto y vi que estaba dormida. Después escuchamos cómo se cayó un vaso de cristal y se rompió. Yo me sentÃa aterrada. Quizás no era para que me asustara tanto, pero el hecho de que mis padres no estuvieran me angustiaba mucho por un rato. Se siguió oyendo cómo alguien andaba corriendo por la casa, hasta que después reinó el silencio. Ya estaba a punto de irme a acostar. Cuando oà que llegaron mis padres, respiré aliviada. Ya no sentÃa sobre mà la responsabilidad de mis hermanos y me daba menos miedo la presencia de esa niña que mi hermana nombraba como carmina. En cuanto llegaron mis papás les dije lo que habÃa ocurrido. Miguel me secundó. Les dijo que oÃa que a alguien andaba en la casa. Mis padres se sorprendieron de lo que les dijimos. Ellos trataron de encontrar un motivo racional a lo que ocurrÃa en la casa. Después de que nos dijeron que todo estaba bien, se fueron a descansar. Miguel y yo nos fuimos al cuarto. Entramos con cautela porque creÃamos que en cualquier momento iba a aparecer el espÃritu de Carmina, pero no sucedió asÃ. Pudimos descansar el resto de la noche muy temprano. Mi madre me despertó para decirme que se irÃan al local de Flores. Apenas iban a ser las cinco de la mañana. Me dijo que me encargaba de mis hermanos y que nos esperaba en el local. Ahà nos harÃa de desayunar. Era dos de noviembre, asà que era un dÃa con mucho trabajo para mis padres, como era un dÃa festivo en la escuela. Nos permitÃan no asistir para visitar a nuestros familiares difuntos, asà que nos levantamos tarde. Tuve que despertar a Vicky porque estaba profundamente dormida. Cuando por fin logró abrir los ojos, se me quedó viendo de una manera extraña, como si no me conociera. Comenzó a decir disparates que si su abuela iba a venir a la casa, que mamá le habÃa dado un abrazo. Asà estuvo en los primeros minutos que despertó la sacudà y le dije que despertara bien. Necesitábamos ir con nuestros padres. Fue como si de pronto hubiese reaccionado. Comenzó a ser ella misma. Le pregunté qué le habÃa sucedido. Me dijo que nada, que era carmina la que tenÃa esas ocurrencias. Miguel y yo nos volteamos a ver desconcertados, pero también preferimos no ahondar en ese asunto. Era algo que no entendÃamos ni tampoco sabÃamos qué hacer, asà que mejor nos fuimos con mis padres. El cementerio estaba lleno de gente. También todos los negocios de flores permanecÃan con muchas personas. Mi mamá nos dio dinero para que fuéramos a comer algo con Doña Mari. Después nos fuimos al panteón. La verdad no era divertido con tantas personas, pero Vicky insistió en que fuéramos en cuanto entramos. Ella corrió al mismo mausoleo de siempre. Mi hermano y yo nos fuimos detrás de ella. HabÃa muchas personas y no querÃamos perderla de vista. Asà que nos estuvimos con ella. Vicky comenzó a sacar unas pulseras de su bolsa. Me dijo que eran para carmina. A ella le habÃan gustado mucho. Cuando la la vio en el closet de la casa, se las habÃa llevado como un obsequio. En ese instante sentà un viento frÃo que me estremeció. Al mismo tiempo, una mano helada se posó sobre mi hombro. Volteé hacia atrás sin que hubiera nadie. Le dije a Victoria que era mejor irnos. Ella me dijo que no querÃa hacerlo. Le habÃa prometido a Carmina que estarÃa con ella durante ese dÃa, ya que era el único momento que le permitÃan estar presente con sus seres queridos. De pronto comencé a ver una silueta de una niña un poco más grande que mi hermana. Era una aparición extraña porque se veÃa como una nubosidad flotante, pero se alcanzaban a distinguir sus facciones y su ropa estaba vestida con un vestido antiguo y con un peinado raro. A Vicki le dio mucho gusto verla. Le dijo que cumplió su promesa de estar con ella y llevar a sus hermanos. La niña se acercó un poco más a mà y cun fue cuando noté su extrema palidez y sus ojos negros, pero de un negro muy oscuro. Me hice un poco hacia atrás mientras agarraba de la mano a cada uno de mis hermanos, pero Vicky se me soltó y corrió con carmina. Hubo un momento en que el espÃritu de la niña se fusionó en el cuerpo de mi hermana. Fue cuando comenzó a decir que ella también deseaba tener unos hermanos como nosotros. Me preguntó si también la podÃa querer y cuidar de la misma manera que lo hacÃa con Vicky. Miguel me apretaba fuertemente la mano. Sentà que era su miedo el que me transmitÃa. Yo estaba igual sin saber qué ha sea. Lo único que se me ocurrió. Fue decirle que sà y que siempre estarÃamos llevando flores a su tumba, pero que me regresara a mi hermana. Pronto regresó mi hermana. El espÃritu de la niña salió del cuerpo de Vicky. La abracé y le dije que era necesario irnos inmediatamente. Vic Storia se puso a llorar. Me dijo que le habÃa prometido a la niña estar ahÃ. Le respondà que sólo unos minutos más, mi hermana comenzó a reÃrse y a platicar con carmina. Ya no podÃamos verla, ni mi hermano ni yo. Después vick y se despidió de ella. Me salà del cementerio desconcertada y confundida, pero a la vez tranquila de que mi hermana estaba bien. A partir de ese dÃa, yo tomaba una flor de las que tenÃan mis padres y se la dejaba en su tumba. Mi hermana continuó viéndola hasta que, con el paso del tiempo ya no quiso volver al cementerio. Yo cumplà mi promesa. A su vez, cada dÃa de muertos seguà yendo a su tumba a llevarle un obsequio. No sé realmente cómo es el proceso de la muerte ni por qué algunas almas no logran trascender de este mundo. Lo único que puedo decirles es esto que me sucedió mientras era adolescente y mis hermanos o unos niños. Conforme Victoria creció dejó de ver a carmina, pero todavÃa dicen que la pequeña se aparece, sobre todo el dÃa de muertos. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








