June 28, 2023

La Amiga Fantasma De Mi Hermanita Historias De Terror - REDE

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La niña del cementerio. El día de muertos, sin duda es un día de suma importancia para los mexicanos. Es una de las formas que tenemos de recordar a nuestros seres queridos que ya no están presentes. A su vez, tratamos de mantener viva la imagen del familiar que tanto extrañamos a través de darle lo que más disfrutaba mientras estuvo con vida. Para ello le hacemos un altar de muerto. Es por eso que los días uno y dos de noviembre los panteones se llenan de gente, flores y música. Aprendí mucho de este tipo de manifestaciones culturales porque mi familia se dedicó a vender flores afuera del panteón de Mezquitán. Mi infancia, junto con mis hermanos, la pasamos viviendo muy cerca de los ritos funerarios y las tradiciones del día de muertos. El local de flores en el que trabajaban mis padres se encontraba en la calle que divide el panteón en dos secciones Enrique Díaz de León. El negocio pertenecía a mis abuelos maternos, los que heredaron la tienda a mi madre, así como la forma de conservar las flores y hacer regalos de todo tipo, porque no sólo mis padres hacían coronas para los difuntos y canastas con flores de crisantemos. También sabían hacer arreglos florales para otro tipo de eventos. En mi familia éramos cinco integrantes, mis padres, mi hermano Miguel, mi hermana Victoria y yo, por ser la más grande. Mis papás siempre me decían que tenía que cuidar de mis hermanos. No teníamos muchos lugares donde irnos a jugar. Cuando mis hermanos salían de la primaria y yo de la secundaria, nos íbamos al negocio de flores de mis padres. Ellos tenían una estufa eléctrica pequeña y una mesa improvisada para darnos de comer. En los momentos en que mi madre no tenía tantas ocupaciones, preparaba los alimentos para todos. Casi la mayor parte del tiempo la pasábamos ahí. Así que no era extraño que el cementerio se convirtiera en uno de nostros los espacios recreativos, sobre todo porque el panteón tenía dos secciones. La primera iniciaba en la calle Federalismo. En la entrada estaban las tumbas de personajes famosos y conocidos. En este espacio se encontraba la gente que tuvo más poder adquisitivo. Esta era la parte que más visitas tenía. La segunda sección era a partir de la calle Enrique Díaz de León. Esta era la zona que más nos gustaba entrar, porque, además de que no teníamos que cruzar. La avenida estaba más sola y al final de ella había un árbol frondoso que proporcionaba una gran sombra. Alrededor de él había bancas en las que se nos pasaba el tiempo jugando. En una ocasión nos quedamos por más tiempo de lo normal jugando. Mi madre no nos encontró en los lugares de siempre hasta que el velador le dijo que estábamos al final del cementerio. Ella cuando nos vio nos quiso regañar, pero también comprendió que no teníamos otro lugar donde ir, así que nos dijo que si íbamos a estar ahí, era necesario ser cuidadosos. Debíamos respetar a los muertos, no quitarles sus flores y principalmente no brincar entre las tumbas, porque algunas ya eran muy viejas y podíamos tener un accidente muy grave. Mi mamá nos dijo que si le hacíamos caso, nos permitiría que fuéramos a jugar pronto. Le respondimos que sí y nos fuimos con ella, porque ya era hora de cerrar el negocio y retirarnos a nuestra casa. Cada día después de que saliéramos de clases, mi madre nos daba de comer, nos ponía a hacer la tarea. Le pedíamos permiso para ir a jugar al cementerio. Así nos pasaba la tarde hasta las seis, porque el que cuidaba el cementerio nos decía que ya iba a cerrar el lugar. Un día estábamos jugando a las escondidas, cuando mi hermana más pequeña, Victoria, se apartó un poco más del lugar en el que siempre estábamos. Cuando la busqué la encontré sentada en la barda de una tumba que parecía un mausoleo. Tenía su cúpula su ventana de vitral, sus bardas de cantera que rodeaban la tumba con un cancer al interior de la capilla. Tenía un piso muy elegante, ya un poco desgastado por el tiempo. Allí estaba mi hermana. Le dije que parte del trato que teníamos con mi mamá era no alejarnos mucho, así que era mejor que no lo volviera a hacer. Mi hermana, Victoria estuvo de acuerdo, asintió y me la llevé de la mano. Lo que se me hizo muy extraño fue que dijo con su otra manita a Dios le pregunté de quién se estaba despidiendo y me respondió que de nadie. A los días siguientes volvió a suceder lo mismo. Vi que, como le decíamos, de cariño volvió a ese lugar en cuanto me descuidaba, ya la encontraba de nuevo en la misma tumba. Lo que se me ocurrió en aquel momento. Fue ser un poco con descendiente con ella. No le pregunté por qué estaba ahí. Simplemente le dije que si sólo iba a estar en esa tumba, no tenía ningún problema. Siempre y cuando no le dijera nada a mamá, ella me sonrió, así que dejé de preocuparme. Casilla no jugaba con nosotros en cuanto llegábamos al panteón. Vicky se iba al mismo lugar. Hubo una ocasión en que ya era hora de irnos al local de mis padres. Me fui directamente donde sabía que iba a encontrar a mi hermana Pequeña, pero no estaba ahí. La busqué alrededor de las demás tumbas y no la encontré. El velador me dijo que ella iba a cerrar el panteón. Le dije muy asustada que no lo hiciera porque no hallaba a mi hermana Victoria. No sabía dónde estaba el velador. Me dijo que quizás ya estaría con mis padres. Me sugirió que fuera a buscarla allá mientras él seguiría indagando. Le hice caso y me fui al local de Flores. No le dije nada. A mi mamá fui y tomé agua para que pensara que tenía sed de inmediato. Me regresé al cementerio muy asustada. Le dije al velador que no estaba ahí. Me respondió que entonces era momento de decirle a mis padres, porque él tenía que cerrar y era posible que Vicky aún estuviera dentro del panteón. No tuve otra alternativa. Le dije a Miguel que ya era hora de irnos de inmediato. Me preguntó por Vicky le dije que no la había encontrado. Cuando llegué con mi mamá casi llorando, le dije lo que había ocurrido ella no me dijo nada. Se quitó el delantal y se fue de inmediato a buscarla. Mi papá estaba conversando con otro compañero del mercado de flores en el camino. Le dijo a mi padre que vi que estaba perdida. Se reunieron varios compañeros floristas y nos fuimos a buscarla. Empezamos a peinar la zona hasta que Doña Josefa gritó que ya la había encontrado. Mi hermana estaba agachada metida en un hueco de una tumba. Los matorrales no permitían verla con claridad. La sacó de ahí y la agarró de la mano. La llevó frente a mis padres. Ellos angustiados le preguntaron qué estaba haciendo en ese lugar. Ella, de manera ingenua, respondió que sólo estaba jugando con su amiga Carmina. Se había tenido que esconder ahí para que no la encontrara, porque estaba jugando a las escondidas y a Carmina era muy difícil encontrarla. A veces se metía en una tumba y ya no salía de ahí. Por eso ella se había escondido de esa manera. Mis padres sólo la abrazaron. Le dijeron que no volviera a hacer lo mismo porque les había sacado un susto enseguida. Le preguntaron por su amiga Carmina para llevarla también con sus padres, a lo que vi que respondió que ella se fue. Cuando vio que varias personas la estaban buscando, se había ido corriendo. Mi madre nos dijo que lo mejor e era a que lla no fuéramos al cementerio. Para ella era bueno que estuviéramos en el local, pero no nos gustó su idea. Había ratos que ahí se sentía mucho calor, sobre todo en la tarde. Le repliqué, pero mi mamá dijo que definitivamente era más seguro que ya no nos fuéramos tan lejos. Nos dijo que lo sucedido había sido sólo una advertencia. Por fortuna, no pasó nada malo. No me agradó su comentario, pero en el fondo me sentía responsable por lo ocurrido, así que ya no le dije nada. Ese día, después del susto que nos hizo pasar Vicky, nos fuimos a la casa ya tarde porque estaba muy próximo el día de muertos y muchas personas preferían acudir al panteón antes de ese día. Además, otras personas llevaban flores para sus altares de muerto, así que eran las nueve de la noche y aún estábamos en el local ya mis hermanos y yo teníamos sueño. Vicky de plano se quedó dormida en el catre. Llegamos a la casa un poco antes de las diez de la noche, cuando ya nos íbamos a bajar del coche. Vicky despertó sonrió y se puso a hablar sola. Dijo que esa era su casa. Le pregunté con quién hablaba. Ella me dijo que con nadie. Yo no quise cenar. También me sentía muy cansada, así que me fui directamente a mi cuarto. Me acosté en la cama. No escuché cuando mis hermanos entraron a dormir, porque los tres dormíamos en el mismo cuarto. Sólo percibí Cuando vi que se acomodó a mi lado, le dije que se fuera a su cama. Yo no descansaba igual. Si ella se quedaba a dormir conmigo, me quedé profundamente dormida. Antes del amanecer me despertó el aire fresco de la madrugada. La ventana se había quedado abierta. Se me hizo extraño, pero me levanté a cerrarla via. Vi que en su cama también a miguer me iba a acostar cuando vi a alguien más en la mía. No puedo expresar la sensación que vivía en ese instante. Había una persona cubierta por completo con la sábana. Me acerqué lentamente y jalé la sábana no había nadie en ese lugar. Había desaparecido. Me quedé asustada sin saber qué hacea. Salí de la habitación para ir a la de mis padres, pero tuve miedo de que no me creyeran, así que no les dije nada. Me fui al sofá de la sala. Ahí me quedé hasta que amaneció. Yo no dije nada porque ni siquiera estaba segura de lo que había visto. Por la mañana. Ya nos estábamos arreglando para ir a la escuela. Yo acababa de entrar a la secundaria. Mis dos hermanos aún estaban en la primaria, así que yo entraba más temprano me preparaba para irme. Cuando escuché que Vicki me habló, mis padres se habían ido muy temprano a comprar flores, me dijeron que me fue era sola. Ellos llegarían a tiempo para preparar a mis hermanos. Me regresé del umbral de la puerta para ver qué necesitaba. Vicky entré a la habitación, pero la vi profundamente dormida. Le hablé en voz baja para no despertar a mi guer pero ella siguió dormida. Tenía la certeza de haber escuchado que alguien decía mi nombre Cuando vi que ya casi eran las siete salí de la casa ya para esas fechas de noviembre aún estaba oscuro, pero la secundaria sólo estaba unas cuadras de mi casa. Mi mamá me había dicho que tomara el camión para que no caminara sola. Por las calles, pero no le hice caso. Iba pensando en el suceso de la noche anterior, cuando de nuevo escuché un susurro en el oído. Otra vez dijeron mi nombre. Voltea asustada a todos lados sin encontrar a nadie. Comencé a caminar muy rápido. Cuando miré hacia atrás había una niña que se escondía detrás de un árbol. Se me hizo muy raro que a esas horas estuviera sola. Sin embargo, ya no quise averiguar quién era. Me fui caminando lo más rápido que pude una cuadra. Antes de llegar a la secundaria me confundí con los demás alumnos que también iban al mismo lugar. Sólo ahí me sentía segura. Al mediodía llegué al local de mis padres. Mis hermanos ya estaban ahí. Me acerqué con Vicky. Ella me dijo que quería ir al panteón a jugar con su amiga. Le pregunté quién era ella y dónde la había conocido. Me dijo que en el panteón y se llamaba Carmina, en aquel tiempo no tenía la edad para comprender lo que sucedía. Sin embargo, si alcanzaba a darme cuenta que sucedía algo extraño con Vicky y su amiga le dije a mi hermana que iba a convencer a mi mamá de que nos permitiera ir. Como mis padres estaban llenos de trabajo por el previo día de muertos. Cuando le dije a mi mamá si podíamos ir al panteón, ni siquiera me cuestionó nada. Me dijo que sí, por lo que nos fuimos por la tarde. El panteón comenzaba a verse con más gente. Mi hermana de inmediato se fue al mausoleo y se sentó en uno de sus escalones. Yo la seguí sin que se diera cuenta. Ella parecía que estaba platicando con alguien porque se veía que movía su boca. Al mismo tiempo hacía ademanes con sus manos. Incluso hubo un momento en que señaló hacia una dirección. Se le notaba que estaba contenta. Lo que me impresionó mucho fue cuando vi que se levantó e intentó abrir la puerta. No lo pudo hacer, pero pude ver cuando una de sus ventanas se abría ahí. Comprendí que mi hermana estaba teniendo contacto con alguien que no era precisamente de este mundo. Seguí observando lo que sucedía con ella todo el tiempo. Estuvo platicando con alguien muy divertida. La dejé por un rato y fui a buscarla antes de que mi hermana se diera cuenta de que me acercaba, volteó y se tapó la boca como su sorprendida de que yo fuera sin hacerle ninguna pregunta, le dije que se divertía mucho con su nueva amiga. Ella me respondió que sí. Me dijo que ella también venía con nosotras porque le había gustado mucho nuestra casa. Pero ahora ya no iba a dormir conmigo, sino con ella. Cuando Vicki me dijo eso, ya no tuve la menor duda. Fue real todo lo que había vivido la noche anterior. Tuve miedo de que pudiera hacerle algo a mi hermana, ya que ella era la que tenía la capacidad de verla. No comprendía cómo podía suceder eso, pero lo cierto era que el espíritu de Carmina estaba presente. Apenas llegué al local de flores. Intenté hablar con mi mamá para decirle lo que ocurría, pero había mucha gente, no sólo en el local de mis padres, sino en todo el mercado de flores. Era imposible abordar el asunto con mis padres. Ellos se veían abrumados. Por tanto, trabajo, así que preferí no decir nada, pero estuve la mayor parte del tiempo al pendiente de mi hermana. Lo peor fue cuando mi mamá me dijo que nos llevaría a la casa. Nos compró algo para cenar por el camino y me explicó que ella se iba a regresar al negocio. Probablemente iban a trabajar hasta muy tarde, ya que eran de los mejores días del año para vender sus flores. Traté de decirle que algo sucedía con victoria, que ella tenía una amiga que no era de este mundo. Por supuesto, mi mamá no me creyó. Me dijo que ya no tenía edad para inventar ese tipo de mentiras, que me pedía de favor que cuidara de mis hermanos. Después habría tiempo de platicar mi madre nos dejó en la casa y se marchó. Fue la primera vez que tuve miedo. De cierta manera. Creí estar familiarizada con los rituales de muerte y con el cementerio, pero lo que vi con mi hermana me estaba rebasando, enseguida que mi madre se fue serví la cena en la mesita de la sala. Vicky se veía cansada. Me dijo que ella prefería irse a dormir. Se fue a la habitación. Cómo lo imaginaba. Pronto comenzaron a pasar los sucesos extraños mientras veía la televisión y cenaba los tacos. Junto con Miguel. Los dos oímos cuando la puerta de la habitación se cerró, no le tomamos mucha importancia porque creíamos que pudo haberlo hecho. Victoria, pero después escuchamos los pasos de alguien corriendo hacia la cocina. Fuimos al cuarto y vi que estaba dormida. Después escuchamos cómo se cayó un vaso de cristal y se rompió. Yo me sentía aterrada. Quizás no era para que me asustara tanto, pero el hecho de que mis padres no estuvieran me angustiaba mucho por un rato. Se siguió oyendo cómo alguien andaba corriendo por la casa, hasta que después reinó el silencio. Ya estaba a punto de irme a acostar. Cuando oí que llegaron mis padres, respiré aliviada. Ya no sentía sobre mí la responsabilidad de mis hermanos y me daba menos miedo la presencia de esa niña que mi hermana nombraba como carmina. En cuanto llegaron mis papás les dije lo que había ocurrido. Miguel me secundó. Les dijo que oía que a alguien andaba en la casa. Mis padres se sorprendieron de lo que les dijimos. Ellos trataron de encontrar un motivo racional a lo que ocurría en la casa. Después de que nos dijeron que todo estaba bien, se fueron a descansar. Miguel y yo nos fuimos al cuarto. Entramos con cautela porque creíamos que en cualquier momento iba a aparecer el espíritu de Carmina, pero no sucedió así. Pudimos descansar el resto de la noche muy temprano. Mi madre me despertó para decirme que se irían al local de Flores. Apenas iban a ser las cinco de la mañana. Me dijo que me encargaba de mis hermanos y que nos esperaba en el local. Ahí nos haría de desayunar. Era dos de noviembre, así que era un día con mucho trabajo para mis padres, como era un día festivo en la escuela. Nos permitían no asistir para visitar a nuestros familiares difuntos, así que nos levantamos tarde. Tuve que despertar a Vicky porque estaba profundamente dormida. Cuando por fin logró abrir los ojos, se me quedó viendo de una manera extraña, como si no me conociera. Comenzó a decir disparates que si su abuela iba a venir a la casa, que mamá le había dado un abrazo. Así estuvo en los primeros minutos que despertó la sacudí y le dije que despertara bien. Necesitábamos ir con nuestros padres. Fue como si de pronto hubiese reaccionado. Comenzó a ser ella misma. Le pregunté qué le había sucedido. Me dijo que nada, que era carmina la que tenía esas ocurrencias. Miguel y yo nos volteamos a ver desconcertados, pero también preferimos no ahondar en ese asunto. Era algo que no entendíamos ni tampoco sabíamos qué hacer, así que mejor nos fuimos con mis padres. El cementerio estaba lleno de gente. También todos los negocios de flores permanecían con muchas personas. Mi mamá nos dio dinero para que fuéramos a comer algo con Doña Mari. Después nos fuimos al panteón. La verdad no era divertido con tantas personas, pero Vicky insistió en que fuéramos en cuanto entramos. Ella corrió al mismo mausoleo de siempre. Mi hermano y yo nos fuimos detrás de ella. Había muchas personas y no queríamos perderla de vista. Así que nos estuvimos con ella. Vicky comenzó a sacar unas pulseras de su bolsa. Me dijo que eran para carmina. A ella le habían gustado mucho. Cuando la la vio en el closet de la casa, se las había llevado como un obsequio. En ese instante sentí un viento frío que me estremeció. Al mismo tiempo, una mano helada se posó sobre mi hombro. Volteé hacia atrás sin que hubiera nadie. Le dije a Victoria que era mejor irnos. Ella me dijo que no quería hacerlo. Le había prometido a Carmina que estaría con ella durante ese día, ya que era el único momento que le permitían estar presente con sus seres queridos. De pronto comencé a ver una silueta de una niña un poco más grande que mi hermana. Era una aparición extraña porque se veía como una nubosidad flotante, pero se alcanzaban a distinguir sus facciones y su ropa estaba vestida con un vestido antiguo y con un peinado raro. A Vicki le dio mucho gusto verla. Le dijo que cumplió su promesa de estar con ella y llevar a sus hermanos. La niña se acercó un poco más a mí y cun fue cuando noté su extrema palidez y sus ojos negros, pero de un negro muy oscuro. Me hice un poco hacia atrás mientras agarraba de la mano a cada uno de mis hermanos, pero Vicky se me soltó y corrió con carmina. Hubo un momento en que el espíritu de la niña se fusionó en el cuerpo de mi hermana. Fue cuando comenzó a decir que ella también deseaba tener unos hermanos como nosotros. Me preguntó si también la podía querer y cuidar de la misma manera que lo hacía con Vicky. Miguel me apretaba fuertemente la mano. Sentí que era su miedo el que me transmitía. Yo estaba igual sin saber qué ha sea. Lo único que se me ocurrió. Fue decirle que sí y que siempre estaríamos llevando flores a su tumba, pero que me regresara a mi hermana. Pronto regresó mi hermana. El espíritu de la niña salió del cuerpo de Vicky. La abracé y le dije que era necesario irnos inmediatamente. Vic Storia se puso a llorar. Me dijo que le había prometido a la niña estar ahí. Le respondí que sólo unos minutos más, mi hermana comenzó a reírse y a platicar con carmina. Ya no podíamos verla, ni mi hermano ni yo. Después vick y se despidió de ella. Me salí del cementerio desconcertada y confundida, pero a la vez tranquila de que mi hermana estaba bien. A partir de ese día, yo tomaba una flor de las que tenían mis padres y se la dejaba en su tumba. Mi hermana continuó viéndola hasta que, con el paso del tiempo ya no quiso volver al cementerio. Yo cumplí mi promesa. A su vez, cada día de muertos seguí yendo a su tumba a llevarle un obsequio. No sé realmente cómo es el proceso de la muerte ni por qué algunas almas no logran trascender de este mundo. Lo único que puedo decirles es esto que me sucedió mientras era adolescente y mis hermanos o unos niños. Conforme Victoria creció dejó de ver a carmina, pero todavía dicen que la pequeña se aparece, sobre todo el día de muertos. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas