Aug. 7, 2023

Investigué La Desaparición De Un Bebé Y Di Con Una Secta Historias De Terror - REDE

Investigué La Desaparición De Un Bebé Y Di Con Una Secta Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

Apple Podcasts podcast player badge
Spotify podcast player badge
Castro podcast player badge
RSS Feed podcast player badge
Apple Podcasts podcast player iconSpotify podcast player iconCastro podcast player iconRSS Feed podcast player icon
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

La secta de la marquesa. Esto que les voy a contar es sumamente delicado y complejo. Va a haber muchos detalles que no voy a poder revelar, debido a que si hablo de más, le estaría poniendo precio a mi cabeza y a la seguridad de esta familia. Mi nombre no tiene ninguna importancia. Basta con que sepan que durante un tiempo trabajé en la policía federal, tomé todos los cursos que existían en ese momento y después me retiré para dedicarme a la investigación privada, cosa que en aquellos años era algo apenas conocido. A mediados de abril me contactó una mujer angustiada y desesperada porque quería encontrar a su hijo de tres años. Ella había acudido a todas las instituciones correspondientes, pero un familiar suyo le sugirió contratar a alguien profesional y especializado en casos de desapariciones. Fue por eso que se puso en contacto conmigo. Me reuní con ella y con la familia completa, tanto de ella como de su esposo en un hotel céntrico y estando ahí me contó todo. Se los dejo aquí. Ella y su esposo iban de visita a la casa de un pariente. El auto iba por la carretera México Toluca. Entonces, de forma imprevista, a su marido le pareció buena idea de tenerse un par de horas en uno de los tantos valles en la marquesa. Lo que dijo fue que de seguro al Bebé le vendría bien. Así que hicieron la parada para descansar y alimentar al pequeño. Acababan de estacionar el auto. Ambos bajaron para buscar un lugar y dejaron al Bebé en la parte trasera del auto. No tardaron ni siquiera tres minutos cuando, al regresar al auto, el bebé ya no estaba. El asiento del bebé estaba vacío, pero los seguros de las puertas seguían puestos y ningún cristal estaba roto. Como es normal, el matrimonio de Tino inmediato entró en pánico. La primera reacción del marido fue abrir la cajuela y revisar debajo del auto, pero por supuesto que no había nada, ni en un lugar ni en el otro. Corriendo en los alrededores y con la angustia atorada en la garganta, gritaron el nombre de su hijo hasta que se quedaron sin voz. Era evidente que el bebé no iba a responderles. Ellos lo sabían, pero la situación era tan sofocante que no supieron que otra cosa hacer. El escándalo hecho por los padres llamó la atención de algunas personas que se encontraban por el lugar quienes se acercaron para ofrecer su ayuda. En aquel entonces no existían los celulares. El aparato tecnológico de comunicación más avanzado de la época era el teléfono que se instalaba en los autos. Afortunadamente, una de las personas que se acercaron al matrimonio contaban con uno de esos teléfonos en su camioneta, así que corrió y llamó a la policía muynnida principal para reportar la desaparición del bebé y pedir ayuda urgente. La policía tardó una hora en llegar. La desaparición del bebé se suscitó aproximadamente al mediodía. A eso de las dos y media de la tarde, un muchacho que iba montado en un caballo llegó a toda velocidad hasta la patrulla donde estaba la mujer junto a un policía. El muchacho se había unido a la búsqueda una hora antes. Él, como traía a caballo, dijo que iría a revisar en los lugares más alejados. Entonces, cuando llegó con la mujer y con el policía, les dijo que en el cerro que estaba a espaldas del valle, había visto un grupo de personas reunidas haciendo algo extraño y que alcanzó a ver que uno de ellos sujetaba un bebé que estaba llorando. Él intentó acercarse, pero en eso soltaron un disparo cerca de las patas de su caballo. Algo que comentó el muchacho fue que el disparo no lo hizo ninguno de los hombres que él estaba viendo y por eso tenía la idea u que habían sido otras personas escondidas entre los árboles, sirviéndote anillos de seguridad para proteger al grupo. El estado tan agitado en el que llegó el muchacho llamó la atención de las personas que estaban cerca y se acercaron para escuchar todo lo que estaba diciendo. Ansiosos por entender la situación. Los curiosos escucharon atentamente las palabras del joven. Entre las personas que se acercaron estaba un viejito que vivía ahí cerca. Él dijo algo así como eso. Son los de la secta ya nos tienen hartos. Nunca los hemos podido agarrar, pero ahorita les mandó a avisar a todos. El viejito le dijo al muchacho del caballo que se fuera rápido a avisarle a una tal doña minga y que ella se trajera a todos los demás. La madre del bebé quería que fueran de una vez a rescatarlo, pero el viejito la convenció de esperar. Le dijo que tenían que ir en montón, porque si no los podían matar a todos que no se ría preocupara que la gente llegaría en menos de diez minutos para darles apoyo. Y así fue. No pasaron ni diez minutos cuando llegaron un montón de vehículos con muchas personas dentro apretados como sardinas. Eran más de cien gentes llegaron armados con palas picos uno que otro hasta llevaba arma de fuego para enfrentar la situación, ya todos juntos con el muchacho del caballo al frente, se fueron rápido hasta el lugar. Los policías no querían ir, pero entre tanto tumulto no les dejaron opción. Claro que también iba el matrimonio. La turba se abrió paso entre los árboles a toda velocidad. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, todos alcanzaron a ver a ese grupo de personas que estaban reunidos en un área que no conectaba con árboles. El grupo de personas reunidas parecía estar realizando algún tipo de ritual extraño. Rodeaban un fuego y mantenían su actitud misteriosa y siniestra. Huh. Hubo disparos de advertencia, pero la multitud de gente no se detuvo. Entonces se escucharon varios silbidos. Los silbidos empezaron cerca de la multitud y se fueron alejando en dirección a donde estaban aquellos hombres reunidos. Entonces ellos voltearon a ver a la gente que se estaba acercando a pie. Todavía les faltaba menos de quinientos metros para llegar, Pero como el terreno donde estaba la multitud de gente era elevado, la visibilidad era buena. Todos los hombres reunidos traían túnicas que les cubrían el rostro. Lentamente empezaron a moverse hasta perderse entre los árboles. Sólo uno se quedó más tiempo el que tenía cargado al bebé. Luego se fue también como si desaparecieran en las sombras que se hacían con los rayos del sol golpeando las hojas de los árboles. Cuando toda la gente llegó al lugar, ya no había nadie. La decepción y el desconcierto se reflejaban en los rostros de aquellos que habían llegado. Las personas se apresuraron a buscar en los alrededores, pero no encontraron a nadie en el lugar. Solamente quedaron objetos que hacían evidente que aquellos encapuchados estaban reunidos ahí con la intención de hacer un ritual y utilizar al bebé en ese ritual macabro. A las seis de la tarde, los policías municipales les sugirieron al matrimonio y a las demás personas que se retiraran del lugar porque la zona se podía poner peligrosa. Durante la noche, les aseguraron que ya habían llamado a otros policías y que ellos se quedarían a seguir revisando el lugar. En lo que llegaban los apoyos que se quedarían buscando toda la noche, les dijeron que de momento no había nada más que pudieran hacer, que se fueran a descansar y que en la mañana acudieran a la delegación. Ahí estaría toda la información lista para coordinar las acciones y seguir con la investigación. La sugerencia dejó un sabor agridulce en el corazón de los padres quienes anhelaban estaremos activamente involucrados en la búsqueda de su hijo. Sin embargo, confiaron en que las autoridades harían lo posible para encontrar al pequeño, así que se fueron a un hotel cercano. Desde ahí avisaron a todos sus familiares que vivían en otros Estados y la familia entera quedó de llegar al día siguiente al hotel para apoyarlos en esta angustiante situación. Y así fue estando toda la familia completa. Fueron juntos a la delegación, donde efectivamente tenían información nueva. Le entregaron a la señora un gorro que era de su bebé lo habían encontrado a casi un kilómetro de distancia del punto de reunión de los encapuchados. También le mostraron un mapa en el que le señalaba el área que supuestamente ya había sido cubierta y los lugares que faltaban de revisar. Lo que les informaron fue que tanto los policías como los involucrados habían estado trabajando incansablemente en la búsqueda del bebé a la familia. Todos se lo plantean de onda, tal forma que parecía que la policía en verdad estaba tomando con seriedad del asunto, cosa que, como todos los mexicanos sabemos, nunca es verdad. Los de la delegación le sugirieron que esperara a que se terminara de revisar todo el lugar, que terminarían ese mismo día, que volvieran en la noche y que, dependiendo de lo que encontraran, verían qué hacer. La ansiedad y la impaciencia se apoderaban de la madre, pero supuso que era crucial completar la búsqueda exhaustiva antes de tomar cualquier decisión. Todos salieron de la delegación estando afuera. Uno de los familiares comentó que necesitaban que alguien bueno de verdad estuviera involucrado que él conocía a un ex comandante de la policía federal que se dedicaba a encontrar personas que él podría brindar ayuda. Fue así que me llamaron Me reuní con ella en la habitación del hotel, solamente con ella sin la presencia del esposo. Yo solicité que se hiciera de esa manera porque, según mi experiencia, una madre que busca a su hijo es la mejor fuente de información fiable que puede existir. No olvidan ningún detalle y se percatan de las cosas más diminutas que podrían ser cruciales para la investigación. El motivo por el cual no quise que el marido estuviera presente fue porque, cuando hay más de dos personas en un interrogatorio, la información se mezcla y la presión emocional que uno ejerce sobre el otro hace que la información sea menos confiable. Por eso hable única y exclusivamente con la madre del bebé para garantizar la precisión de los detalles. Teniendo toda la información anotada, pedí que entrara a la familia para explicarles lo que iba a pasar. Estando toda la familia en la habitación, les aclaré que eso de que la policía había peinado el área era mentira, que es la clase de cosa que se suele decir a la familia para mantenerlos a raya. Lo más probable era que, en cuanto encontraron el gorro, dejaron de buscar y que, como mucho, estarían enviando a un policía o dos durante cinco días y después darían carpetazo. Les aseguré que la policía no iba a encontrar al bebé. Eso fue muy duro para la familia. Pero cuando uno se dedica a la investigación privada, tiene que ser muy honesto con las personas, sin importar qué tan brutal pueda ser la verdad. Las miradas en la habitación reflejaban tristeza y frustración. Luego les dije que si yo no lograba encontrar al Bebé durante las primeras setenta y dos horas después de su rapto, era casi cien por ciento probable que ya no lo encontraría con vida. Para ese momento ya habían pasado más de veinticuatro horas, así que me quedaban menos de cuarenta y ocho, lo que volvía sumamente complicado darle una conclusión agradable al caso. La cuenta regresiva añadía presional la situación cada minuto era crucial. También les aclaré que, aunque se venciera el lapso de tiempo, yo seguiría trabajando hasta regresar a ese hotel con el Bebé. Pero también les aclaré que no había ninguna garantía de que yo regresara con el Bebé aún con vida. Solamente les pedí dos cosas. La primera fue que se mantuvieran alejados todos de la zona, es decir, de la marquesa, y que ya no hablaran con nadie sobre lo sucedido, ni siquiera con la policía. Les dejé en claro que si no seguían estas dos instrucciones al pie de la letra, no tendría sentido que continuara trabajando en el caso, porque estarían entropeciendo mi trabajo. También les advertí que si yo me retiraba, las posibilidades de recuperar al Bebé se desvanecerían a cero. Una vez acordado todo, dejé el hotel en compañía del esposo, el padre del esposo y la persona que me había hablado con ellos. Discutí detalladamente los aspectos financieros y llegamos a un acuerdo mutuo, acompañé al esposo a un banco para que pudiera entregarme el anticipo acordado y a partir de ese punto comenzaron oficialmente mis labores de investigación. Una lección que la experiencia como policía federal me dejó muy clara es que, para entender a fondo lo que sucede en un lugar es fundamental conversar con alguien que viva y observe ese lugar durante las veinticuatro horas del día. No es suficiente hablar con alguien que vive en el lugar pero que acuda al trabajo, ni con alguien que vaya a hacer compras en el mercado. Tampoco sirve a alguien y que deje el lugar para asistir a la escuela. La clave está en obtener información de alguien que esté presente en el lugar constantemente y en este contexto, los indigentes siempre son la mayor fuente de información. Obviamente, no siempre se puede tomar todo lo que dicen al pie de la letra, pero analizando lo que dicen se puede extraer información de mucho valor. Así que me fui a la marquesa, compré un refresco y me puse a caminar. Solamente estaba observando a todas las personas buscabas detectar cualquier actividad que pareciera mínimamente sospechosa y, al mismo tiempo, andaba cazando a ver si veía algún indigente que estuviera en sus cinco sentidos. Por lo general, los más útiles son aquellos que suelen abordar a las personas con intenciones poco amistosas. Estos indigentes tienden a estar más alerta y conscientes de su entorno. Con eso en mente, poco a poco me fui alejando de los lugares con más gente, ya estando bastante lejos. Me percaté de una persona. Me acerqué con él saqué mi antigua placa de policía federal? Moví mi chamarra para que viera mi arma. Me acerqué a él saqué mi antigua placa de policía federal, y le pedí que hablara conmigo. Caminamos hasta un área más despejada. Le ofrecí un cigarro y yo también saqué uno para fumar. Pasaron alrededor de dos minutos en silencio, en lo que nos dedicábamos únicamente a fumar, hasta que finalmente la persona rompió el silencio con una pregunta qué es lo que quieres. Saqué mi cartera y le mostré unos billetes. Le dije que podía quedarse con el dinero. Si me daba información precisa sobre las personas que se escondían en el bosque, el indigente me miró extraño. Luego me preguntó si me refería a las personas que vivían en las cabañas. Yo no le respondí me. Quedé en silencio esperando a que siguiera hablando. Mencionó que varias cabañas eran ocupadas por un hombre de cabello corto y ojos azules. Afirmó que siempre estaba acompañado por individuos armados y que le llamaban la barbie. En ese entonces, ese narcotraficante todavía no era muy conocido y sinceramente, yo no tenía idea de qué se escondía en la marquesa, pero si él estaba involucrado con la secta, yo necesitaba saberlo, porque de ceras si tendría que dejar el caso a menos que quisiera que me matara. Así que le pregunté al indigente si de casualidad, ese señor hacía reuniones en el bosque. Cuando hice ese cuestionamiento, el indigente abrió los ojos como con miedo. Entonces dijo no. Yo de eso no hablo, quédate con tu dinero. Le dije que podía quedarse con mi dinero y darme la información que buscaba o, en el caso contrario, podría recibir un tiro. Él mencionó que las personas que se reunían en el bosque eran individuos extremadamente peligrosos y que la razón por la cual nadie sabe nada de ellos es porque quienes logran obtener información terminan muriendo de manera violenta. El único dato que pudo brindarme era que el líder de esas reuniones era alguien que hablaba inglés con fluidez, Un dato que realmente resultó mucho más útil de lo que pudiera hacer, porque un año antes de ese evento, la policía federal había colaborado con el ejército en dos redadas muy importantes, una en Matamoros, y otra en ciudad juáreas. En ambas ocasiones se descubrieron ceremonias satánicas llevadas a cabo por el crimen organizado y en ambos casos, el líder había sido de nacionalidad estadounidense. Esto me dio una idea más clara de la magnitud del asunto al que me enfrentaba. Tras entregarle el dinero al indigente. Antes de irse, me advirtió no tienes idea del problema en el que te estás metiendo. El resto del día y durante los dos días siguientes estuve dedicando tiempo a conversar con los empleados de diversos negocios en la zona. Por razones de seguridad, mantendré en reserva los nombres de estos testigos clave. También me adentré en áreas distantes del bosque en busca de pistas. De hecho, encontré una base de ons cemento con una escotilla. Parecía el lugar perfecto para que alguien se escondiera. Así que con el arma lista para jalar el gatillo, levanté la escotilla y encontré una especie de búnker improvisado. No había nada dentro, pero por el estado del lugar, era evidente que no habían pasado muchos días desde que alguien había estado ahí dentro. Las imágenes que estás visualizando no fueron capturadas por mí durante aquel tiempo. Esas fotografías datan de hace aproximadamente dos o tres años y fueron tomadas por un individuo llamado Omar. Aún así, comparto estas imágenes para que puedas tener una idea de la localización que hallé, ya que tendrá relevancia más adelante. En fin, al final de cada día, yo informaba a la familia sobre los avances y la verdad era que, aunque iba muy lento si estaba avanzando en la investigación. Claro que para este punto ya habían pasado las setenta y dos horas críticas y, por supuesto, que el estado emocional de la familia estaba muy mal. Aún así, no me impresionaron. Me dejaron seguir trabajando a mi ritmo. En el cuarto día, mientras me dirigía hacia la marquesa, noté que alguien me estaba siguiendo era una camioneta negra polarizada que tenía logotipos de Playboy en todos los vidrios. Supe que me estaban siguiendo porque cuando tuve la sospecha, di una vuelta alrededor de una cuadra y esa camioneta todo el tiempo se mantuvo detrás de mí. Para evitar que supieran que había descubierto su seguimiento, opté por estacionarme en la misma manzana a la que había dado vuelta anteriormente. De esta manera intentaba que pareciera que había realizado la vuelta porque estaba buscando un lugar para aparcar. Descendí de mi vehículo y me dirigí a uno de los locales que se hallaban. En las inmediaciones, recuerdo que un negocio de mariscos y se fila. Compré algo y salí Comiéndome lo que había comprado, subí a mi auto y ahí terminé de comer. Luego conduje hasta la marquesa. Durante el apsu en el que permanecí estacionado frente al negocio de mariscos, La camioneta, adornada con los emblemas de Playboy ocupó un espacio de estacionamiento una cuadra adelante. Cuando me fui esperaron dos vehículos antes de empezar a seguirme. En ningún momento vi que alguien bajara de la camioneta. Llegando a la marquesa, entré a un restaurante y pedí algo para comer. A los diez minutos después de mi llegada, dos individuos que obviamente eran extranjeros, ingresaron al lugar y ocuparon una mesita delante de la mía opte por aparentar que no los había notado. Estuve en ese restaurante a lo mejor una media hora. En todo ese tiempo, ellos no pidieron nada más que un vaso con agua. Cada uno salí del lugar y empecé a caminar hacia el bosque. Mientras observaba a todos lados como si estuviera buscando algo. Pude darme cuenta que venían unos ciento cincuenta metros de distancia detrás de mí. Los traje dando vueltas por más de seis horas hasta que empecé a ir de regreso a mi vehículo y de ahí a mi casa. Me siguieron hasta mi casa. Sabía que eso complicaría las cosas porque en cuanto estuviera cerca de dar con algo importante esos tipos podrían matarme, pero también sabía que si ya tenía gente siguiéndome significaba que iba por buen camino. Así que lo que hice fue tomar el teléfono de casa, llamar a una amiga y pedirle que fuera a mi casa. Esa misma noche. Le expliqué la situación y le dije que necesitaba que los hombres de la camioneta creyeran que yo seguía dentro de la casa para que no fueran a seguirme. Yo salí por la parte trasera. Ella puso música a un volumen un poco alto e hizo como si tuviéramos una pequeña fiesta. Estando en la calle. Pety un taxi y me fui a la marquesa. Para este punto ya había recopilado información suficiente como para adentrarme bien en el bosque a un área en la que seguramente encontraría algo esa información, la saqué de los trabajadores, de los diferentes locales. Ellos me habían dicho todas las cosas raras que habían escuchado de sus clientes y así hice una aproximación de un área de seiscientos metros cuadrados, en la que debería encontrar por lo menos un indicio pequeño pero contundente. Llegué a la marquesa como a las once de la noche y cuando llegué al área en la que iba a buscar, ya pasaban de las dos de la mañana. En mi mochila llevaba una linterna y una pequeña pala en un punto limpio del bosque Me puse a acabar. Hice diecisiete agujeros. Cuando encontré algo eran huesos. Fui cavando al rededor de los huesos e iban apareciendo más huesos. Al final encontré docenas de fragmentos de huesos. Ningún cráneo, así que resultaba imposible saber si eran huesos de humano o de animal. Entonces lo que hice fue tomar varios huesos al azar los. Guardé en mi mochila, me apuré con la pala a tapar los pozos que había hecho y me fui del lugar. Regresé a casa en taxi. Mi amiga seguía despierta con la música puesta, ya que llegué yo apagó la música y nos dormimos a eso de las siete de la mañana, ambos salimos de la casa. La camioneta seguía ahí estacionada en la acera de enfrente a tres casas de distancia. Acompañé a mi amiga a su auto y se fue yo volví al interior de mi casa, me bañé, desayuné y después salí, subí a mi auto y conduje a una plaza comercial. Cuando estuve de regreso en mi auto, fingí que no encendió. Estuve quince minutos a nsendo como que quería aprenderlo, pero no se podía. Entonces me fui caminando hasta la estación del metro. Ellos me siguieron, pero gracias a aquel metro. Siempre ha sido un desastre con los amontonamientos. Incluso en aquel tiempo que sólo había siete líneas, me pude perder y ya no supieron en qué vagón. Me subí solo para estar seguro de alejarme todo lo posible. Transbordé dos veces y luego me fui hasta la estación universitad de la línea tres. Fui precisamente a visitar a un maestro que trabajaba en la UNAM. Ese maestro había colaborado en más de una ocasión con la policía federal. No diré su nombre. El punto es que ya me conocía. Le di los huesos y le pedí que los analizara. No lo expliqué demasiado sobre él cómo habría obtenido los huesos. Lo único que le dije era que se trataba de un caso que tenía que ver con un bebé desaparecido. El solo de ver los huesos. Me aseguró que ahí no había ningún hueso de b pero que de todos modos los iba a revisar. El maestro era muy bueno en su área. De hecho, había dado conferencias de medicina legal en Costa Rica. Al final resultó que todos los huesos eran de animales. Mientras iba de regreso al lugar donde había dejado mi auto, iba analizando la situación. No entendía el por qué alguien querría ocultar tantos huesos de animales. Era evidente que esos huesos no habían terminado ahí De forma natural, no logré llegar a ninguna conclusión. Sabía que tenía que regresar a ese lugar y seguir buscando posiblemente iba a encontrar más cosas en ese punto. Ya no me hacía falta hablar con nadie. Sólo necesitaba seguir inspeccionando esa área de seiscientos metros cuadrados, así que hacer que los hombres que me seguían perdieran su tiempo no era problema. En la noche volví a llamar a mi amiga n n n. O en esa segunda ocasión llegó un poco más temprano. Estuvimos afuera fumando y platicando un poco mientras ambos fingíamos que no nos estaban observando. Desde la camioneta negra fuimos caminando hasta una farmacia que estaba como a cinco cuadras. Los de la camioneta nos siguieron a pie dejando una cuadra de distancia. Al regresar a casa, mi amiga se quedó sin hacer movimiento y yo salí por la parte de atrás para irme a la marquesa. Volví a caminar hasta el área y me puse a acabar tratando de encontrar otra cosa. A unos sesenta metros de lugar donde había encontrado los huesos, encontré restos de ropa prendas rascadas y con manchas que parecían ser sangre. Eso era suficiente para que ya no me quedara ninguna duda de que esa área la utilizaba gente de la secta. Tenía que deshacerme de quien me estaba siguiendo y tuve una idea. Llegué con mi amiga y le expliqué lo que iba a hacer. El plan era ir a comprar un boleto de autobús con un destino muy lejano, subir al autobús, pero bajarme antes de llegar al destino. Yo sabía que la gente de la camioneta no iba a ir detrás del autobús durante todo el viaje. Como mucho se asegurarían que saliera del Estado y luego dejarían de seguirlo. Así que le pedí a mi amiga que consiguiera un carro prestado para que se fuera detrás del autobús y también detrás de la camioneta. Y en cuanto ella viera que la camioneta dejara de seguir al autobús, rebasaría al autobús por el carril izquierdo. Yo iría en la ventana de ese lado Y cuando viera que rebasó al autobús, yo me las arreglaría para hacer que se detuviera y poder bajarme. Entonces ella me recogería y regresaríamos a la ciudad. De esta forma podría ser mi vigilancia sin que nadie me estuviera siguiendo. Eso fue lo que hicimos. Fue mucho más complicado. La primera parte salió bien. La camioneta siguió al autobús por dos horas y luego dio media vuelta, mi amiga rebasó al autobús, pero el problema fue que el chofer no accedió a dejarme descender de inmediato. Pasaron casi tres horas para que yo pudiera bajarme. Esas tres horas, mi amiga estuvo conduciendo delante del autobús. Con ayuda de mi amiga, me preparé para la vigilancia la mochila donde tenía mi linterna y la pala pequeña también metía túnez y botellas de agua. La llené lo más que pude, dejando las dos herramientas hasta abajo por si algo salía mal y me detectaban, y al abrir mi mochila no se vieran las herramientas. Me vestí de indigente y luego mi amiga me fue a dejar a la marquesa. A eso de las cuatro de la tarde, estuve acercándome al área de seiscientos metros cuadrados sin ir de forma directa, lo que hacía era irme acercando, pero tomando como referencia a algunas personas que me iba encontrando, yo iba a i r sno pedía dinero. Me tardé bastante para poder llegar al punto. Se me hizo de noche antes de poder llegar porque aparte yo iba fingiendo que tenía mala a una pierna, así que no podía ir a paso normal. Se me hizo noche antes de poder llegar. Apenas me estaba adentrando en el área cuando alguien me gritó. Yo me detuve de inmediato. Esa persona que me gritó salió de entre los árboles con arma en mano y me preguntó qué estaba haciendo ahí. Yo fingiendo un poco la voz, le respondí que unas horas antes había visto una pareja caminar en esa dirección y que estaba revisando si no habían dejado algo tirado que me pudiera servir también le dije que yo vivía en el bosque y que si quería podía mostrarle el lugar en el que me quedaba. El tipo informó por radio la situación. Luego movió la pistola dándome a entender que empezara a caminar y que y que lo llevar al lugar de que estaba hablando. Así que lo que hice fue llevarlo hasta el bunker improvisado que yo había encontrado días antes. Él iluminó el interior con su linterna y como de verdad parecía que alguien vivía ahí abajo me creyó. Antes de irse me dijo mira compa yo que tú me quedaba dentro esta noche. Yo me porté bien, pero si alguno de mis compañeros te llega a ver merodeando por allá, te van a dar un plumazo que pases. Buenas noches, yo moví la cabeza entendiendo lo que me estaba diciendo. Me metí al bunker y cerré la escotilla en ese lugar, que olía fatal, había algunas velas a medio consumir. Yo llevaba una cajetilla de cerillos porque fumaba mucho y nunca me gustaron los encendedores, así que con un cerillo prendí las velas. Como pudieron ver cuando mostré las imágenes de la parte que dar del búnker, el lugar contaba con una especie de reja por donde entraba el aire la luz de las velas se podía ver por ahí. Entonces, en cuanto encendí las velas, la persona armada se alejó. Quizá estaba esperando a que de verdad yo me fuera a quedar ahí. Dentro esperé un rato y salí del búnker. Yo tenía que regresar al área porque si me habían corrido de ahí era porque algo iba a pasar esa noche. Como medida de seguridad, lo que hice fue agarrar un montón de piedras y cada ciertos metros los iba aventando con mucha fuerza contra los árboles, iba haciendo ruido lejos de mí para ver si alguien salía de entre los árboles a revisar el ruido. Así podía darme cuenta de la presencia de personas armadas. Todavía me faltaban como setecientos metros para llegar al área. Cuando al aventar una piedra contra los árboles, escuché pasos, me agaché y pude ver a uno una persona armada yendo a revisar en la dirección hacia la que había aventado la piedra agachado, me fui al lado contrario para alejarme de ahí. Antes de seguir avanzando hacia el área, logré acercarme más, llegando a estar a una distancia de unos cuatrocientos metros. Entonces, al aventar otra piedra, alguien salió de entre los árboles para ir a revisar. Apenas me iba a mover cuando esa persona habló por radio y pude escuchar, debido al sonido del radio que había otra persona cerca quizás a unos cien metros, ya no podía acercarme más. Tuve que esperar ahí, tirado en el suelo cubierto por algunas ramas durante casi tres horas, hasta que escuché que las personas armadas se empezaron a retirar del área. Aún así, decidí esperar un poco más. Luego me puse de pie y empecé a aventar piedras en todas direcciones, sólo para asegurarme que ya no había nadie y, en efecto, todas las personas se habían retirado, así que me apuré para llegar al área. Cuando estaba ahí saqué la linterna y empecé a revisar en esa área de seiscientos metros cuadrados, lo que yo tenía que encontrar era un pedazo de tierra que se notara removida. Así sabría dónde cavar. Encontré un pedazo de tierra que tenía treinta centímetros de ancho y medio metro de largo. Me puse a acabar. Lo que encontré me causó escalofríos. Había partes humanas, extremidades de adulto, posiblemente de tres o más cuerpos diferentes. Me resultaba imposible saber si se trataba de restos masculinos o femeninos, porque solamente había brazos y piernas. Me apresuré a volver a tapar esos restos y me fui de ahí lo más rápido que pude. No había llevado a mi arma para evitar que me descubrieran. Si revisaban mi mochila, la pala y la linterna. Podía justificarlas de alguna manera, pero un arma no Estando lejos del área, busqué un lugar para dormir en la mañana que desperté me fui a la casa de mi amiga. No podía ir a mi casa por si acaso o la estaban vigilando. Le pedí a mi amiga que me llevara hasta mi casa y que ella entrara por mi arma. Yo iba acostado en los asientos traseros para evitar ser visto. Mi amiga me preguntó para qué necesitaba la pistola. Le conté lo que había encontrado. Ella simplemente me dijo que tuviera cuidado. Le pedí que me dejara a media hora de la marquesa. No quería que ella se acercara al lugar. Antes de que se fuera, le dije que en cuanto a terminara el trabajo, le daría un dinero por las molestias. Me fui caminando hasta la marquesa. Cuando llegué era temprano antes de las dos de la tarde, así que aproveché para dar vueltas por el lugar. Me percaté que había una patrulla de policía estacionada cerca esa patrulla. La había visto también el día anterior. La recuerdo porque estaba exactamente en el mismo lugar. Eso me pareció extraño, pero no creí que tuviera relación con lo que estaba investigando. Toda la tarde. Estuve haciendo las cosas que se supone. Debe de ser un indigente pedir dinero, molestar a las personas, hablar solo como si estuvieras loco. Ya en la noche, muy noche, casi de madrugada, estaba yendo hacia el área de siempre. Cuando escuché unos gritos que venían de otra dirección más profundo en el bosque de inmediato, deduje que debía tratarse de un ritual que estaban realizando. Saqué mi arma también la linterna y empecé a correr a toda velocidad hacia la dirección a la que había escuchado el grito. Luego de correr por un rato llegué a un área que me hizo detenerme. En esa zona, todos los árboles tenían objetos religiosos clavados en sus troncos. Eran como pirámides invertidas, hechas de madera y pintados de color como gris o celeste. Esos objetos. En el centro tenían una especie de placa de metal con el dibujo de un Cristo crucificado. Debajo de los pies de Cristo había una estrella y en la parte de arriba estaba escrita la frase Protégenos Dios mío una vez más, esa imagen no fue tomada por mí. Esa fue tomada muchos años después por una persona que encontró esos objetos entre los árboles. Yo, estando ahí rodeado de tantos árboles con esas imágenes religiosas, me sentí extraño. Se suponía que lo que habitaba en ese bosque era una secta satánica. Lo digo porque hacían sacrificios humanos. Para mí no era lógico encontrar tantas imágenes de Cristo en ese lugar. Me despabilé y seguí corriendo. Recorrí muchísima distancia hasta que pude ver a lo lejos una propiedad. Parecía una casa en obra negra. De inmediato me cubrí entre los árboles. Yo suponía que el lugar estaría vigilado por gente armada. Llegué hasta esa propiedad que a simple vista parecía tener mucho tiempo abandonada. Pero en cuanto entré, no té detalles que dejaban en claro que todavía la usaba cosas como colillas de cigarro, vasijas de comida, entre otras cosas. En el lugar parecía que no había nada importante, pero cuando entré a la última habitación di con algo que simplemente puedo describir como infernal. En una pared había pegada a cientos de fotografías de personas muertas, con claras señales de tortura, hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, niños y bebés. Ahí estaba la foto del bebé que yo estaba buscando. Lo reconocí por una cicatriz que el menor tenía en un cachete Quité la fotografía de la pared y me la guardé teniendo un mal sabor de boca, una sensación pésima y desagradable. A pesar de que solo era una fotografía, me sentí terriblemente mal más sabiendo cómo iba a reaccionar la familia. Ya con la fotografía guardada, mi trabajo estaba terminado. Era claro que jamás encontraría los restos del bebé, así que salí de la propiedad para dar por finalizado el trabajo. Eso hubiera hecho de no ser, porque en ese momento volví a escuchar gritos esa asquerosa secta estaba matando a alguien. Yo no podía quedarme de brazos cruzados. Tenía que hacer algo al respecto, así que subí a lo alto de la propiedad para tratar de ubicar el lugar exacto de donde venían los gritos. Estando arriba muy a lo lejos alcancé a ver un área iluminada. Era evidente que ahí se estaba realizando el ritual. Fui corriendo en esa dirección. No iba enfocado. Por eso no me di cuenta que ya cuando podía ver las siluetas reunidas alrededor del fuego entre los árboles, pasé al lado de uno de los de seguridad. Esa persona me jaló del brazo y me tumbó al suelo, apuntándome de inmediato con su arma. Solo que cometió un error. Se distrajo para querer avisar por radio, pero antes de que lo hiciera ese breve instante, yo lo aproveché y le costó la vida no podía dar ni un paso más. Yo sabía que había más gente de seguridad y que, si me veían, estaría muerto. Tuve suerte de librarme de uno. Me recargué en un árbol y observé desde ahí. En un principio, me sentí un poco intimidado por la gente reunida. Yo estaba lejos, pero a la suficiente distancia como para notar que no solamente usaban sotanas con capuchas, sino que también traían máscaras en el centro algo ardía en llamas. Yo supongo que se trataba de la persona que había estado gritando mientras veía cómo movían los brazos. Me venían muchos nombres a la mente de personas que pudieran estar ahí metidos altos mandos políticos, grandes, empresarios y criminales. Yo había creído que estaba lejos como para escucharlos simplemente habían estado en silencio, porque luego de unos momentos pude escuchar murmullos in entendibles y luego se rieron. Después, alguien mucho más alto que los demás caminó alrededor de lo que se estaba quemando y gritó unas palabras. En ese lugar estaban más de treinta personas. Yo no podía detenerlos. Si lo intentaba, posiblemente terminaría muerto, pero tampoco me iba a quedar de brazos cruzados. Quería que, por lo menos a esos desgraciados les quedara claro que alguien sabía lo que estaban haciendo y que ya no estaban ocultos saqué mi arma. Yo quería darle al que parecía ser el líder, apunté al pecho, pero justo cuando jalé el gatillo, otro se atravesó el disparo le dio en la espalda. En cuanto vi que cayó de rodillas debido al impacto medí la vuelta y empecé a correr. No exagero cuando digo que mi vida dependía de que lograra salir de ese bosque. En ningún momento escuché que alguien disparara o tan siquiera que alguien estuviera corriendo detrás de mí. Eso me pareció raro, pero luego de unos minutos de estar corriendo, empecé a ver luces a lo lejos, esa gente tenía un anillo de seguridad externo tan externo que nunca lo detecté. No iba a poder salir del bosque, así que cambié de dirección y corrí hacia el bunker. En cuanto llegué, me metí lo hice de manera tan apurada que tropecé y caí lastimándome la pierna. En el lugar había cartones con periódicos que hacían de cama. Los utilicé para esconder la linterna, la pequeña pala y el arma. Encendí las velas y me puse a rezar para que no me encontrara a los diez minutos. Quizá un poco más abrieron la escotilla al lusaron dentro del búnker. Me vieron dos hombres bajaron. Uno de ellos me agarró del cuello y me levantó. El otro se dio cuenta que me sangraba la pierna. Me preguntaron qué estaba haciendo ahí. Yo fingiendo la voz, respondí pos aquí mero, me escondo jefe, aquí la polly no me va a agarrar. Quisieron saber qué me había pasado en la pierna. Yo les contesté que me caí solo eso. También me preguntaron si había escuchado un disparo. Yo pasé saliva y les dije sí. Pero para que no me maten, puedo decir que no olí nada sin pedos. Los doce me quedaron viendo y luego me dejaron en paz. Tuve la enorme suerte que salieran del Bunger sin revisarlo. Me quedé ahí toda la noche, sin poder dormir ni un solo minuto. En la mañana. Me fui hasta el hotel donde estaba la familia. Le pedí a la Señorita de recepción que les dijera a los de la habitación tal que traía noticias. Ella aceptó darles mi recado, con la condición de que yo esperara fuera del lugar a los dos minutos bajo el matrimonio. Les dije que para hablar teníamos que hacerlo en otro lugar. El marido fue por su auto y los tres nos alejamos del hotel. Por respeto a la familia. No voy a mencionar nada de lo que hablaba ni cómo tomaron la noticia. No les cobré el resto del dinero porque no pude entregarles a su bebé. Yo dejé la ciudad de ese mismo día y me fui a vivir con unos primos que tenía en colima. Desde ahí llamé a mi amiga para informarle de la situación. También le dije que ella no se acercará a mi casa que, de hecho, si podía quedarse en casa de alguien más, sería lo mejor para ella. Al día siguiente quemaron mi casa. También desapareció un autobús de la línea en la que se supone yo había comprado un boleto de ida y vuelta, pues el autobús que desapareció fue el que se supone que yo iba a tomar para regresar al Estado de México. Esa secta era mucho más influyente de lo que se pueden imaginar, y eso es todo para los que crean que una cosa así no puede ocurrir en un bosque de México. Les quiero mencionar que ese bosque del que yo les hablé tiene casi dieciocho millones de metros cuadrados. Eso significa que la ciudad de Pátzcuaro cabe dentro de ese bosque y todavía quedarían seis kilómetros cuadrados de bosque sin cubrir. Y para terminar, los dejó con una fotografía que fue tomada hace relativamente poco. En la imagen que van a observar podrán encontrar vasijas y urnas que encontraron unos excursionistas en un punto muy profundo del bosque. Es bastante probable que esas vasijas y urnas, a pesar de que las encontraron vacías, es posible que hubieran sido utilizadas por la secta para un ritual. Y si no pregúntense qué harían esas urnas y vasijas tan raras en medio del bosque. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras