Investigué La Desaparición De Un Bebé Y Di Con Una Secta Historias De Terror - REDE

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La secta de la marquesa. Esto que les voy a contar es sumamente delicado y complejo. Va a haber muchos detalles que no voy a poder revelar, debido a que si hablo de más, le estarÃa poniendo precio a mi cabeza y a la seguridad de esta familia. Mi nombre no tiene ninguna importancia. Basta con que sepan que durante un tiempo trabajé en la policÃa federal, tomé todos los cursos que existÃan en ese momento y después me retiré para dedicarme a la investigación privada, cosa que en aquellos años era algo apenas conocido. A mediados de abril me contactó una mujer angustiada y desesperada porque querÃa encontrar a su hijo de tres años. Ella habÃa acudido a todas las instituciones correspondientes, pero un familiar suyo le sugirió contratar a alguien profesional y especializado en casos de desapariciones. Fue por eso que se puso en contacto conmigo. Me reunà con ella y con la familia completa, tanto de ella como de su esposo en un hotel céntrico y estando ahà me contó todo. Se los dejo aquÃ. Ella y su esposo iban de visita a la casa de un pariente. El auto iba por la carretera México Toluca. Entonces, de forma imprevista, a su marido le pareció buena idea de tenerse un par de horas en uno de los tantos valles en la marquesa. Lo que dijo fue que de seguro al Bebé le vendrÃa bien. Asà que hicieron la parada para descansar y alimentar al pequeño. Acababan de estacionar el auto. Ambos bajaron para buscar un lugar y dejaron al Bebé en la parte trasera del auto. No tardaron ni siquiera tres minutos cuando, al regresar al auto, el bebé ya no estaba. El asiento del bebé estaba vacÃo, pero los seguros de las puertas seguÃan puestos y ningún cristal estaba roto. Como es normal, el matrimonio de Tino inmediato entró en pánico. La primera reacción del marido fue abrir la cajuela y revisar debajo del auto, pero por supuesto que no habÃa nada, ni en un lugar ni en el otro. Corriendo en los alrededores y con la angustia atorada en la garganta, gritaron el nombre de su hijo hasta que se quedaron sin voz. Era evidente que el bebé no iba a responderles. Ellos lo sabÃan, pero la situación era tan sofocante que no supieron que otra cosa hacer. El escándalo hecho por los padres llamó la atención de algunas personas que se encontraban por el lugar quienes se acercaron para ofrecer su ayuda. En aquel entonces no existÃan los celulares. El aparato tecnológico de comunicación más avanzado de la época era el teléfono que se instalaba en los autos. Afortunadamente, una de las personas que se acercaron al matrimonio contaban con uno de esos teléfonos en su camioneta, asà que corrió y llamó a la policÃa muynnida principal para reportar la desaparición del bebé y pedir ayuda urgente. La policÃa tardó una hora en llegar. La desaparición del bebé se suscitó aproximadamente al mediodÃa. A eso de las dos y media de la tarde, un muchacho que iba montado en un caballo llegó a toda velocidad hasta la patrulla donde estaba la mujer junto a un policÃa. El muchacho se habÃa unido a la búsqueda una hora antes. Ãl, como traÃa a caballo, dijo que irÃa a revisar en los lugares más alejados. Entonces, cuando llegó con la mujer y con el policÃa, les dijo que en el cerro que estaba a espaldas del valle, habÃa visto un grupo de personas reunidas haciendo algo extraño y que alcanzó a ver que uno de ellos sujetaba un bebé que estaba llorando. Ãl intentó acercarse, pero en eso soltaron un disparo cerca de las patas de su caballo. Algo que comentó el muchacho fue que el disparo no lo hizo ninguno de los hombres que él estaba viendo y por eso tenÃa la idea u que habÃan sido otras personas escondidas entre los árboles, sirviéndote anillos de seguridad para proteger al grupo. El estado tan agitado en el que llegó el muchacho llamó la atención de las personas que estaban cerca y se acercaron para escuchar todo lo que estaba diciendo. Ansiosos por entender la situación. Los curiosos escucharon atentamente las palabras del joven. Entre las personas que se acercaron estaba un viejito que vivÃa ahà cerca. Ãl dijo algo asà como eso. Son los de la secta ya nos tienen hartos. Nunca los hemos podido agarrar, pero ahorita les mandó a avisar a todos. El viejito le dijo al muchacho del caballo que se fuera rápido a avisarle a una tal doña minga y que ella se trajera a todos los demás. La madre del bebé querÃa que fueran de una vez a rescatarlo, pero el viejito la convenció de esperar. Le dijo que tenÃan que ir en montón, porque si no los podÃan matar a todos que no se rÃa preocupara que la gente llegarÃa en menos de diez minutos para darles apoyo. Y asà fue. No pasaron ni diez minutos cuando llegaron un montón de vehÃculos con muchas personas dentro apretados como sardinas. Eran más de cien gentes llegaron armados con palas picos uno que otro hasta llevaba arma de fuego para enfrentar la situación, ya todos juntos con el muchacho del caballo al frente, se fueron rápido hasta el lugar. Los policÃas no querÃan ir, pero entre tanto tumulto no les dejaron opción. Claro que también iba el matrimonio. La turba se abrió paso entre los árboles a toda velocidad. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, todos alcanzaron a ver a ese grupo de personas que estaban reunidos en un área que no conectaba con árboles. El grupo de personas reunidas parecÃa estar realizando algún tipo de ritual extraño. Rodeaban un fuego y mantenÃan su actitud misteriosa y siniestra. Huh. Hubo disparos de advertencia, pero la multitud de gente no se detuvo. Entonces se escucharon varios silbidos. Los silbidos empezaron cerca de la multitud y se fueron alejando en dirección a donde estaban aquellos hombres reunidos. Entonces ellos voltearon a ver a la gente que se estaba acercando a pie. TodavÃa les faltaba menos de quinientos metros para llegar, Pero como el terreno donde estaba la multitud de gente era elevado, la visibilidad era buena. Todos los hombres reunidos traÃan túnicas que les cubrÃan el rostro. Lentamente empezaron a moverse hasta perderse entre los árboles. Sólo uno se quedó más tiempo el que tenÃa cargado al bebé. Luego se fue también como si desaparecieran en las sombras que se hacÃan con los rayos del sol golpeando las hojas de los árboles. Cuando toda la gente llegó al lugar, ya no habÃa nadie. La decepción y el desconcierto se reflejaban en los rostros de aquellos que habÃan llegado. Las personas se apresuraron a buscar en los alrededores, pero no encontraron a nadie en el lugar. Solamente quedaron objetos que hacÃan evidente que aquellos encapuchados estaban reunidos ahà con la intención de hacer un ritual y utilizar al bebé en ese ritual macabro. A las seis de la tarde, los policÃas municipales les sugirieron al matrimonio y a las demás personas que se retiraran del lugar porque la zona se podÃa poner peligrosa. Durante la noche, les aseguraron que ya habÃan llamado a otros policÃas y que ellos se quedarÃan a seguir revisando el lugar. En lo que llegaban los apoyos que se quedarÃan buscando toda la noche, les dijeron que de momento no habÃa nada más que pudieran hacer, que se fueran a descansar y que en la mañana acudieran a la delegación. Ahà estarÃa toda la información lista para coordinar las acciones y seguir con la investigación. La sugerencia dejó un sabor agridulce en el corazón de los padres quienes anhelaban estaremos activamente involucrados en la búsqueda de su hijo. Sin embargo, confiaron en que las autoridades harÃan lo posible para encontrar al pequeño, asà que se fueron a un hotel cercano. Desde ahà avisaron a todos sus familiares que vivÃan en otros Estados y la familia entera quedó de llegar al dÃa siguiente al hotel para apoyarlos en esta angustiante situación. Y asà fue estando toda la familia completa. Fueron juntos a la delegación, donde efectivamente tenÃan información nueva. Le entregaron a la señora un gorro que era de su bebé lo habÃan encontrado a casi un kilómetro de distancia del punto de reunión de los encapuchados. También le mostraron un mapa en el que le señalaba el área que supuestamente ya habÃa sido cubierta y los lugares que faltaban de revisar. Lo que les informaron fue que tanto los policÃas como los involucrados habÃan estado trabajando incansablemente en la búsqueda del bebé a la familia. Todos se lo plantean de onda, tal forma que parecÃa que la policÃa en verdad estaba tomando con seriedad del asunto, cosa que, como todos los mexicanos sabemos, nunca es verdad. Los de la delegación le sugirieron que esperara a que se terminara de revisar todo el lugar, que terminarÃan ese mismo dÃa, que volvieran en la noche y que, dependiendo de lo que encontraran, verÃan qué hacer. La ansiedad y la impaciencia se apoderaban de la madre, pero supuso que era crucial completar la búsqueda exhaustiva antes de tomar cualquier decisión. Todos salieron de la delegación estando afuera. Uno de los familiares comentó que necesitaban que alguien bueno de verdad estuviera involucrado que él conocÃa a un ex comandante de la policÃa federal que se dedicaba a encontrar personas que él podrÃa brindar ayuda. Fue asà que me llamaron Me reunà con ella en la habitación del hotel, solamente con ella sin la presencia del esposo. Yo solicité que se hiciera de esa manera porque, según mi experiencia, una madre que busca a su hijo es la mejor fuente de información fiable que puede existir. No olvidan ningún detalle y se percatan de las cosas más diminutas que podrÃan ser cruciales para la investigación. El motivo por el cual no quise que el marido estuviera presente fue porque, cuando hay más de dos personas en un interrogatorio, la información se mezcla y la presión emocional que uno ejerce sobre el otro hace que la información sea menos confiable. Por eso hable única y exclusivamente con la madre del bebé para garantizar la precisión de los detalles. Teniendo toda la información anotada, pedà que entrara a la familia para explicarles lo que iba a pasar. Estando toda la familia en la habitación, les aclaré que eso de que la policÃa habÃa peinado el área era mentira, que es la clase de cosa que se suele decir a la familia para mantenerlos a raya. Lo más probable era que, en cuanto encontraron el gorro, dejaron de buscar y que, como mucho, estarÃan enviando a un policÃa o dos durante cinco dÃas y después darÃan carpetazo. Les aseguré que la policÃa no iba a encontrar al bebé. Eso fue muy duro para la familia. Pero cuando uno se dedica a la investigación privada, tiene que ser muy honesto con las personas, sin importar qué tan brutal pueda ser la verdad. Las miradas en la habitación reflejaban tristeza y frustración. Luego les dije que si yo no lograba encontrar al Bebé durante las primeras setenta y dos horas después de su rapto, era casi cien por ciento probable que ya no lo encontrarÃa con vida. Para ese momento ya habÃan pasado más de veinticuatro horas, asà que me quedaban menos de cuarenta y ocho, lo que volvÃa sumamente complicado darle una conclusión agradable al caso. La cuenta regresiva añadÃa presional la situación cada minuto era crucial. También les aclaré que, aunque se venciera el lapso de tiempo, yo seguirÃa trabajando hasta regresar a ese hotel con el Bebé. Pero también les aclaré que no habÃa ninguna garantÃa de que yo regresara con el Bebé aún con vida. Solamente les pedà dos cosas. La primera fue que se mantuvieran alejados todos de la zona, es decir, de la marquesa, y que ya no hablaran con nadie sobre lo sucedido, ni siquiera con la policÃa. Les dejé en claro que si no seguÃan estas dos instrucciones al pie de la letra, no tendrÃa sentido que continuara trabajando en el caso, porque estarÃan entropeciendo mi trabajo. También les advertà que si yo me retiraba, las posibilidades de recuperar al Bebé se desvanecerÃan a cero. Una vez acordado todo, dejé el hotel en compañÃa del esposo, el padre del esposo y la persona que me habÃa hablado con ellos. Discutà detalladamente los aspectos financieros y llegamos a un acuerdo mutuo, acompañé al esposo a un banco para que pudiera entregarme el anticipo acordado y a partir de ese punto comenzaron oficialmente mis labores de investigación. Una lección que la experiencia como policÃa federal me dejó muy clara es que, para entender a fondo lo que sucede en un lugar es fundamental conversar con alguien que viva y observe ese lugar durante las veinticuatro horas del dÃa. No es suficiente hablar con alguien que vive en el lugar pero que acuda al trabajo, ni con alguien que vaya a hacer compras en el mercado. Tampoco sirve a alguien y que deje el lugar para asistir a la escuela. La clave está en obtener información de alguien que esté presente en el lugar constantemente y en este contexto, los indigentes siempre son la mayor fuente de información. Obviamente, no siempre se puede tomar todo lo que dicen al pie de la letra, pero analizando lo que dicen se puede extraer información de mucho valor. Asà que me fui a la marquesa, compré un refresco y me puse a caminar. Solamente estaba observando a todas las personas buscabas detectar cualquier actividad que pareciera mÃnimamente sospechosa y, al mismo tiempo, andaba cazando a ver si veÃa algún indigente que estuviera en sus cinco sentidos. Por lo general, los más útiles son aquellos que suelen abordar a las personas con intenciones poco amistosas. Estos indigentes tienden a estar más alerta y conscientes de su entorno. Con eso en mente, poco a poco me fui alejando de los lugares con más gente, ya estando bastante lejos. Me percaté de una persona. Me acerqué con él saqué mi antigua placa de policÃa federal? Movà mi chamarra para que viera mi arma. Me acerqué a él saqué mi antigua placa de policÃa federal, y le pedà que hablara conmigo. Caminamos hasta un área más despejada. Le ofrecà un cigarro y yo también saqué uno para fumar. Pasaron alrededor de dos minutos en silencio, en lo que nos dedicábamos únicamente a fumar, hasta que finalmente la persona rompió el silencio con una pregunta qué es lo que quieres. Saqué mi cartera y le mostré unos billetes. Le dije que podÃa quedarse con el dinero. Si me daba información precisa sobre las personas que se escondÃan en el bosque, el indigente me miró extraño. Luego me preguntó si me referÃa a las personas que vivÃan en las cabañas. Yo no le respondà me. Quedé en silencio esperando a que siguiera hablando. Mencionó que varias cabañas eran ocupadas por un hombre de cabello corto y ojos azules. Afirmó que siempre estaba acompañado por individuos armados y que le llamaban la barbie. En ese entonces, ese narcotraficante todavÃa no era muy conocido y sinceramente, yo no tenÃa idea de qué se escondÃa en la marquesa, pero si él estaba involucrado con la secta, yo necesitaba saberlo, porque de ceras si tendrÃa que dejar el caso a menos que quisiera que me matara. Asà que le pregunté al indigente si de casualidad, ese señor hacÃa reuniones en el bosque. Cuando hice ese cuestionamiento, el indigente abrió los ojos como con miedo. Entonces dijo no. Yo de eso no hablo, quédate con tu dinero. Le dije que podÃa quedarse con mi dinero y darme la información que buscaba o, en el caso contrario, podrÃa recibir un tiro. Ãl mencionó que las personas que se reunÃan en el bosque eran individuos extremadamente peligrosos y que la razón por la cual nadie sabe nada de ellos es porque quienes logran obtener información terminan muriendo de manera violenta. El único dato que pudo brindarme era que el lÃder de esas reuniones era alguien que hablaba inglés con fluidez, Un dato que realmente resultó mucho más útil de lo que pudiera hacer, porque un año antes de ese evento, la policÃa federal habÃa colaborado con el ejército en dos redadas muy importantes, una en Matamoros, y otra en ciudad juáreas. En ambas ocasiones se descubrieron ceremonias satánicas llevadas a cabo por el crimen organizado y en ambos casos, el lÃder habÃa sido de nacionalidad estadounidense. Esto me dio una idea más clara de la magnitud del asunto al que me enfrentaba. Tras entregarle el dinero al indigente. Antes de irse, me advirtió no tienes idea del problema en el que te estás metiendo. El resto del dÃa y durante los dos dÃas siguientes estuve dedicando tiempo a conversar con los empleados de diversos negocios en la zona. Por razones de seguridad, mantendré en reserva los nombres de estos testigos clave. También me adentré en áreas distantes del bosque en busca de pistas. De hecho, encontré una base de ons cemento con una escotilla. ParecÃa el lugar perfecto para que alguien se escondiera. Asà que con el arma lista para jalar el gatillo, levanté la escotilla y encontré una especie de búnker improvisado. No habÃa nada dentro, pero por el estado del lugar, era evidente que no habÃan pasado muchos dÃas desde que alguien habÃa estado ahà dentro. Las imágenes que estás visualizando no fueron capturadas por mà durante aquel tiempo. Esas fotografÃas datan de hace aproximadamente dos o tres años y fueron tomadas por un individuo llamado Omar. Aún asÃ, comparto estas imágenes para que puedas tener una idea de la localización que hallé, ya que tendrá relevancia más adelante. En fin, al final de cada dÃa, yo informaba a la familia sobre los avances y la verdad era que, aunque iba muy lento si estaba avanzando en la investigación. Claro que para este punto ya habÃan pasado las setenta y dos horas crÃticas y, por supuesto, que el estado emocional de la familia estaba muy mal. Aún asÃ, no me impresionaron. Me dejaron seguir trabajando a mi ritmo. En el cuarto dÃa, mientras me dirigÃa hacia la marquesa, noté que alguien me estaba siguiendo era una camioneta negra polarizada que tenÃa logotipos de Playboy en todos los vidrios. Supe que me estaban siguiendo porque cuando tuve la sospecha, di una vuelta alrededor de una cuadra y esa camioneta todo el tiempo se mantuvo detrás de mÃ. Para evitar que supieran que habÃa descubierto su seguimiento, opté por estacionarme en la misma manzana a la que habÃa dado vuelta anteriormente. De esta manera intentaba que pareciera que habÃa realizado la vuelta porque estaba buscando un lugar para aparcar. Descendà de mi vehÃculo y me dirigà a uno de los locales que se hallaban. En las inmediaciones, recuerdo que un negocio de mariscos y se fila. Compré algo y salà Comiéndome lo que habÃa comprado, subà a mi auto y ahà terminé de comer. Luego conduje hasta la marquesa. Durante el apsu en el que permanecà estacionado frente al negocio de mariscos, La camioneta, adornada con los emblemas de Playboy ocupó un espacio de estacionamiento una cuadra adelante. Cuando me fui esperaron dos vehÃculos antes de empezar a seguirme. En ningún momento vi que alguien bajara de la camioneta. Llegando a la marquesa, entré a un restaurante y pedà algo para comer. A los diez minutos después de mi llegada, dos individuos que obviamente eran extranjeros, ingresaron al lugar y ocuparon una mesita delante de la mÃa opte por aparentar que no los habÃa notado. Estuve en ese restaurante a lo mejor una media hora. En todo ese tiempo, ellos no pidieron nada más que un vaso con agua. Cada uno salà del lugar y empecé a caminar hacia el bosque. Mientras observaba a todos lados como si estuviera buscando algo. Pude darme cuenta que venÃan unos ciento cincuenta metros de distancia detrás de mÃ. Los traje dando vueltas por más de seis horas hasta que empecé a ir de regreso a mi vehÃculo y de ahà a mi casa. Me siguieron hasta mi casa. SabÃa que eso complicarÃa las cosas porque en cuanto estuviera cerca de dar con algo importante esos tipos podrÃan matarme, pero también sabÃa que si ya tenÃa gente siguiéndome significaba que iba por buen camino. Asà que lo que hice fue tomar el teléfono de casa, llamar a una amiga y pedirle que fuera a mi casa. Esa misma noche. Le expliqué la situación y le dije que necesitaba que los hombres de la camioneta creyeran que yo seguÃa dentro de la casa para que no fueran a seguirme. Yo salà por la parte trasera. Ella puso música a un volumen un poco alto e hizo como si tuviéramos una pequeña fiesta. Estando en la calle. Pety un taxi y me fui a la marquesa. Para este punto ya habÃa recopilado información suficiente como para adentrarme bien en el bosque a un área en la que seguramente encontrarÃa algo esa información, la saqué de los trabajadores, de los diferentes locales. Ellos me habÃan dicho todas las cosas raras que habÃan escuchado de sus clientes y asà hice una aproximación de un área de seiscientos metros cuadrados, en la que deberÃa encontrar por lo menos un indicio pequeño pero contundente. Llegué a la marquesa como a las once de la noche y cuando llegué al área en la que iba a buscar, ya pasaban de las dos de la mañana. En mi mochila llevaba una linterna y una pequeña pala en un punto limpio del bosque Me puse a acabar. Hice diecisiete agujeros. Cuando encontré algo eran huesos. Fui cavando al rededor de los huesos e iban apareciendo más huesos. Al final encontré docenas de fragmentos de huesos. Ningún cráneo, asà que resultaba imposible saber si eran huesos de humano o de animal. Entonces lo que hice fue tomar varios huesos al azar los. Guardé en mi mochila, me apuré con la pala a tapar los pozos que habÃa hecho y me fui del lugar. Regresé a casa en taxi. Mi amiga seguÃa despierta con la música puesta, ya que llegué yo apagó la música y nos dormimos a eso de las siete de la mañana, ambos salimos de la casa. La camioneta seguÃa ahà estacionada en la acera de enfrente a tres casas de distancia. Acompañé a mi amiga a su auto y se fue yo volvà al interior de mi casa, me bañé, desayuné y después salÃ, subà a mi auto y conduje a una plaza comercial. Cuando estuve de regreso en mi auto, fingà que no encendió. Estuve quince minutos a nsendo como que querÃa aprenderlo, pero no se podÃa. Entonces me fui caminando hasta la estación del metro. Ellos me siguieron, pero gracias a aquel metro. Siempre ha sido un desastre con los amontonamientos. Incluso en aquel tiempo que sólo habÃa siete lÃneas, me pude perder y ya no supieron en qué vagón. Me subà solo para estar seguro de alejarme todo lo posible. Transbordé dos veces y luego me fui hasta la estación universitad de la lÃnea tres. Fui precisamente a visitar a un maestro que trabajaba en la UNAM. Ese maestro habÃa colaborado en más de una ocasión con la policÃa federal. No diré su nombre. El punto es que ya me conocÃa. Le di los huesos y le pedà que los analizara. No lo expliqué demasiado sobre él cómo habrÃa obtenido los huesos. Lo único que le dije era que se trataba de un caso que tenÃa que ver con un bebé desaparecido. El solo de ver los huesos. Me aseguró que ahà no habÃa ningún hueso de b pero que de todos modos los iba a revisar. El maestro era muy bueno en su área. De hecho, habÃa dado conferencias de medicina legal en Costa Rica. Al final resultó que todos los huesos eran de animales. Mientras iba de regreso al lugar donde habÃa dejado mi auto, iba analizando la situación. No entendÃa el por qué alguien querrÃa ocultar tantos huesos de animales. Era evidente que esos huesos no habÃan terminado ahà De forma natural, no logré llegar a ninguna conclusión. SabÃa que tenÃa que regresar a ese lugar y seguir buscando posiblemente iba a encontrar más cosas en ese punto. Ya no me hacÃa falta hablar con nadie. Sólo necesitaba seguir inspeccionando esa área de seiscientos metros cuadrados, asà que hacer que los hombres que me seguÃan perdieran su tiempo no era problema. En la noche volvà a llamar a mi amiga n n n. O en esa segunda ocasión llegó un poco más temprano. Estuvimos afuera fumando y platicando un poco mientras ambos fingÃamos que no nos estaban observando. Desde la camioneta negra fuimos caminando hasta una farmacia que estaba como a cinco cuadras. Los de la camioneta nos siguieron a pie dejando una cuadra de distancia. Al regresar a casa, mi amiga se quedó sin hacer movimiento y yo salà por la parte de atrás para irme a la marquesa. Volvà a caminar hasta el área y me puse a acabar tratando de encontrar otra cosa. A unos sesenta metros de lugar donde habÃa encontrado los huesos, encontré restos de ropa prendas rascadas y con manchas que parecÃan ser sangre. Eso era suficiente para que ya no me quedara ninguna duda de que esa área la utilizaba gente de la secta. TenÃa que deshacerme de quien me estaba siguiendo y tuve una idea. Llegué con mi amiga y le expliqué lo que iba a hacer. El plan era ir a comprar un boleto de autobús con un destino muy lejano, subir al autobús, pero bajarme antes de llegar al destino. Yo sabÃa que la gente de la camioneta no iba a ir detrás del autobús durante todo el viaje. Como mucho se asegurarÃan que saliera del Estado y luego dejarÃan de seguirlo. Asà que le pedà a mi amiga que consiguiera un carro prestado para que se fuera detrás del autobús y también detrás de la camioneta. Y en cuanto ella viera que la camioneta dejara de seguir al autobús, rebasarÃa al autobús por el carril izquierdo. Yo irÃa en la ventana de ese lado Y cuando viera que rebasó al autobús, yo me las arreglarÃa para hacer que se detuviera y poder bajarme. Entonces ella me recogerÃa y regresarÃamos a la ciudad. De esta forma podrÃa ser mi vigilancia sin que nadie me estuviera siguiendo. Eso fue lo que hicimos. Fue mucho más complicado. La primera parte salió bien. La camioneta siguió al autobús por dos horas y luego dio media vuelta, mi amiga rebasó al autobús, pero el problema fue que el chofer no accedió a dejarme descender de inmediato. Pasaron casi tres horas para que yo pudiera bajarme. Esas tres horas, mi amiga estuvo conduciendo delante del autobús. Con ayuda de mi amiga, me preparé para la vigilancia la mochila donde tenÃa mi linterna y la pala pequeña también metÃa túnez y botellas de agua. La llené lo más que pude, dejando las dos herramientas hasta abajo por si algo salÃa mal y me detectaban, y al abrir mi mochila no se vieran las herramientas. Me vestà de indigente y luego mi amiga me fue a dejar a la marquesa. A eso de las cuatro de la tarde, estuve acercándome al área de seiscientos metros cuadrados sin ir de forma directa, lo que hacÃa era irme acercando, pero tomando como referencia a algunas personas que me iba encontrando, yo iba a i r sno pedÃa dinero. Me tardé bastante para poder llegar al punto. Se me hizo de noche antes de poder llegar porque aparte yo iba fingiendo que tenÃa mala a una pierna, asà que no podÃa ir a paso normal. Se me hizo noche antes de poder llegar. Apenas me estaba adentrando en el área cuando alguien me gritó. Yo me detuve de inmediato. Esa persona que me gritó salió de entre los árboles con arma en mano y me preguntó qué estaba haciendo ahÃ. Yo fingiendo un poco la voz, le respondà que unas horas antes habÃa visto una pareja caminar en esa dirección y que estaba revisando si no habÃan dejado algo tirado que me pudiera servir también le dije que yo vivÃa en el bosque y que si querÃa podÃa mostrarle el lugar en el que me quedaba. El tipo informó por radio la situación. Luego movió la pistola dándome a entender que empezara a caminar y que y que lo llevar al lugar de que estaba hablando. Asà que lo que hice fue llevarlo hasta el bunker improvisado que yo habÃa encontrado dÃas antes. Ãl iluminó el interior con su linterna y como de verdad parecÃa que alguien vivÃa ahà abajo me creyó. Antes de irse me dijo mira compa yo que tú me quedaba dentro esta noche. Yo me porté bien, pero si alguno de mis compañeros te llega a ver merodeando por allá, te van a dar un plumazo que pases. Buenas noches, yo movà la cabeza entendiendo lo que me estaba diciendo. Me metà al bunker y cerré la escotilla en ese lugar, que olÃa fatal, habÃa algunas velas a medio consumir. Yo llevaba una cajetilla de cerillos porque fumaba mucho y nunca me gustaron los encendedores, asà que con un cerillo prendà las velas. Como pudieron ver cuando mostré las imágenes de la parte que dar del búnker, el lugar contaba con una especie de reja por donde entraba el aire la luz de las velas se podÃa ver por ahÃ. Entonces, en cuanto encendà las velas, la persona armada se alejó. Quizá estaba esperando a que de verdad yo me fuera a quedar ahÃ. Dentro esperé un rato y salà del búnker. Yo tenÃa que regresar al área porque si me habÃan corrido de ahà era porque algo iba a pasar esa noche. Como medida de seguridad, lo que hice fue agarrar un montón de piedras y cada ciertos metros los iba aventando con mucha fuerza contra los árboles, iba haciendo ruido lejos de mà para ver si alguien salÃa de entre los árboles a revisar el ruido. Asà podÃa darme cuenta de la presencia de personas armadas. TodavÃa me faltaban como setecientos metros para llegar al área. Cuando al aventar una piedra contra los árboles, escuché pasos, me agaché y pude ver a uno una persona armada yendo a revisar en la dirección hacia la que habÃa aventado la piedra agachado, me fui al lado contrario para alejarme de ahÃ. Antes de seguir avanzando hacia el área, logré acercarme más, llegando a estar a una distancia de unos cuatrocientos metros. Entonces, al aventar otra piedra, alguien salió de entre los árboles para ir a revisar. Apenas me iba a mover cuando esa persona habló por radio y pude escuchar, debido al sonido del radio que habÃa otra persona cerca quizás a unos cien metros, ya no podÃa acercarme más. Tuve que esperar ahÃ, tirado en el suelo cubierto por algunas ramas durante casi tres horas, hasta que escuché que las personas armadas se empezaron a retirar del área. Aún asÃ, decidà esperar un poco más. Luego me puse de pie y empecé a aventar piedras en todas direcciones, sólo para asegurarme que ya no habÃa nadie y, en efecto, todas las personas se habÃan retirado, asà que me apuré para llegar al área. Cuando estaba ahà saqué la linterna y empecé a revisar en esa área de seiscientos metros cuadrados, lo que yo tenÃa que encontrar era un pedazo de tierra que se notara removida. Asà sabrÃa dónde cavar. Encontré un pedazo de tierra que tenÃa treinta centÃmetros de ancho y medio metro de largo. Me puse a acabar. Lo que encontré me causó escalofrÃos. HabÃa partes humanas, extremidades de adulto, posiblemente de tres o más cuerpos diferentes. Me resultaba imposible saber si se trataba de restos masculinos o femeninos, porque solamente habÃa brazos y piernas. Me apresuré a volver a tapar esos restos y me fui de ahà lo más rápido que pude. No habÃa llevado a mi arma para evitar que me descubrieran. Si revisaban mi mochila, la pala y la linterna. PodÃa justificarlas de alguna manera, pero un arma no Estando lejos del área, busqué un lugar para dormir en la mañana que desperté me fui a la casa de mi amiga. No podÃa ir a mi casa por si acaso o la estaban vigilando. Le pedà a mi amiga que me llevara hasta mi casa y que ella entrara por mi arma. Yo iba acostado en los asientos traseros para evitar ser visto. Mi amiga me preguntó para qué necesitaba la pistola. Le conté lo que habÃa encontrado. Ella simplemente me dijo que tuviera cuidado. Le pedà que me dejara a media hora de la marquesa. No querÃa que ella se acercara al lugar. Antes de que se fuera, le dije que en cuanto a terminara el trabajo, le darÃa un dinero por las molestias. Me fui caminando hasta la marquesa. Cuando llegué era temprano antes de las dos de la tarde, asà que aproveché para dar vueltas por el lugar. Me percaté que habÃa una patrulla de policÃa estacionada cerca esa patrulla. La habÃa visto también el dÃa anterior. La recuerdo porque estaba exactamente en el mismo lugar. Eso me pareció extraño, pero no creà que tuviera relación con lo que estaba investigando. Toda la tarde. Estuve haciendo las cosas que se supone. Debe de ser un indigente pedir dinero, molestar a las personas, hablar solo como si estuvieras loco. Ya en la noche, muy noche, casi de madrugada, estaba yendo hacia el área de siempre. Cuando escuché unos gritos que venÃan de otra dirección más profundo en el bosque de inmediato, deduje que debÃa tratarse de un ritual que estaban realizando. Saqué mi arma también la linterna y empecé a correr a toda velocidad hacia la dirección a la que habÃa escuchado el grito. Luego de correr por un rato llegué a un área que me hizo detenerme. En esa zona, todos los árboles tenÃan objetos religiosos clavados en sus troncos. Eran como pirámides invertidas, hechas de madera y pintados de color como gris o celeste. Esos objetos. En el centro tenÃan una especie de placa de metal con el dibujo de un Cristo crucificado. Debajo de los pies de Cristo habÃa una estrella y en la parte de arriba estaba escrita la frase Protégenos Dios mÃo una vez más, esa imagen no fue tomada por mÃ. Esa fue tomada muchos años después por una persona que encontró esos objetos entre los árboles. Yo, estando ahà rodeado de tantos árboles con esas imágenes religiosas, me sentà extraño. Se suponÃa que lo que habitaba en ese bosque era una secta satánica. Lo digo porque hacÃan sacrificios humanos. Para mà no era lógico encontrar tantas imágenes de Cristo en ese lugar. Me despabilé y seguà corriendo. Recorrà muchÃsima distancia hasta que pude ver a lo lejos una propiedad. ParecÃa una casa en obra negra. De inmediato me cubrà entre los árboles. Yo suponÃa que el lugar estarÃa vigilado por gente armada. Llegué hasta esa propiedad que a simple vista parecÃa tener mucho tiempo abandonada. Pero en cuanto entré, no té detalles que dejaban en claro que todavÃa la usaba cosas como colillas de cigarro, vasijas de comida, entre otras cosas. En el lugar parecÃa que no habÃa nada importante, pero cuando entré a la última habitación di con algo que simplemente puedo describir como infernal. En una pared habÃa pegada a cientos de fotografÃas de personas muertas, con claras señales de tortura, hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, niños y bebés. Ahà estaba la foto del bebé que yo estaba buscando. Lo reconocà por una cicatriz que el menor tenÃa en un cachete Quité la fotografÃa de la pared y me la guardé teniendo un mal sabor de boca, una sensación pésima y desagradable. A pesar de que solo era una fotografÃa, me sentà terriblemente mal más sabiendo cómo iba a reaccionar la familia. Ya con la fotografÃa guardada, mi trabajo estaba terminado. Era claro que jamás encontrarÃa los restos del bebé, asà que salà de la propiedad para dar por finalizado el trabajo. Eso hubiera hecho de no ser, porque en ese momento volvà a escuchar gritos esa asquerosa secta estaba matando a alguien. Yo no podÃa quedarme de brazos cruzados. TenÃa que hacer algo al respecto, asà que subà a lo alto de la propiedad para tratar de ubicar el lugar exacto de donde venÃan los gritos. Estando arriba muy a lo lejos alcancé a ver un área iluminada. Era evidente que ahà se estaba realizando el ritual. Fui corriendo en esa dirección. No iba enfocado. Por eso no me di cuenta que ya cuando podÃa ver las siluetas reunidas alrededor del fuego entre los árboles, pasé al lado de uno de los de seguridad. Esa persona me jaló del brazo y me tumbó al suelo, apuntándome de inmediato con su arma. Solo que cometió un error. Se distrajo para querer avisar por radio, pero antes de que lo hiciera ese breve instante, yo lo aproveché y le costó la vida no podÃa dar ni un paso más. Yo sabÃa que habÃa más gente de seguridad y que, si me veÃan, estarÃa muerto. Tuve suerte de librarme de uno. Me recargué en un árbol y observé desde ahÃ. En un principio, me sentà un poco intimidado por la gente reunida. Yo estaba lejos, pero a la suficiente distancia como para notar que no solamente usaban sotanas con capuchas, sino que también traÃan máscaras en el centro algo ardÃa en llamas. Yo supongo que se trataba de la persona que habÃa estado gritando mientras veÃa cómo movÃan los brazos. Me venÃan muchos nombres a la mente de personas que pudieran estar ahà metidos altos mandos polÃticos, grandes, empresarios y criminales. Yo habÃa creÃdo que estaba lejos como para escucharlos simplemente habÃan estado en silencio, porque luego de unos momentos pude escuchar murmullos in entendibles y luego se rieron. Después, alguien mucho más alto que los demás caminó alrededor de lo que se estaba quemando y gritó unas palabras. En ese lugar estaban más de treinta personas. Yo no podÃa detenerlos. Si lo intentaba, posiblemente terminarÃa muerto, pero tampoco me iba a quedar de brazos cruzados. QuerÃa que, por lo menos a esos desgraciados les quedara claro que alguien sabÃa lo que estaban haciendo y que ya no estaban ocultos saqué mi arma. Yo querÃa darle al que parecÃa ser el lÃder, apunté al pecho, pero justo cuando jalé el gatillo, otro se atravesó el disparo le dio en la espalda. En cuanto vi que cayó de rodillas debido al impacto medà la vuelta y empecé a correr. No exagero cuando digo que mi vida dependÃa de que lograra salir de ese bosque. En ningún momento escuché que alguien disparara o tan siquiera que alguien estuviera corriendo detrás de mÃ. Eso me pareció raro, pero luego de unos minutos de estar corriendo, empecé a ver luces a lo lejos, esa gente tenÃa un anillo de seguridad externo tan externo que nunca lo detecté. No iba a poder salir del bosque, asà que cambié de dirección y corrà hacia el bunker. En cuanto llegué, me metà lo hice de manera tan apurada que tropecé y caà lastimándome la pierna. En el lugar habÃa cartones con periódicos que hacÃan de cama. Los utilicé para esconder la linterna, la pequeña pala y el arma. Encendà las velas y me puse a rezar para que no me encontrara a los diez minutos. Quizá un poco más abrieron la escotilla al lusaron dentro del búnker. Me vieron dos hombres bajaron. Uno de ellos me agarró del cuello y me levantó. El otro se dio cuenta que me sangraba la pierna. Me preguntaron qué estaba haciendo ahÃ. Yo fingiendo la voz, respondà pos aquà mero, me escondo jefe, aquà la polly no me va a agarrar. Quisieron saber qué me habÃa pasado en la pierna. Yo les contesté que me caà solo eso. También me preguntaron si habÃa escuchado un disparo. Yo pasé saliva y les dije sÃ. Pero para que no me maten, puedo decir que no olà nada sin pedos. Los doce me quedaron viendo y luego me dejaron en paz. Tuve la enorme suerte que salieran del Bunger sin revisarlo. Me quedé ahà toda la noche, sin poder dormir ni un solo minuto. En la mañana. Me fui hasta el hotel donde estaba la familia. Le pedà a la Señorita de recepción que les dijera a los de la habitación tal que traÃa noticias. Ella aceptó darles mi recado, con la condición de que yo esperara fuera del lugar a los dos minutos bajo el matrimonio. Les dije que para hablar tenÃamos que hacerlo en otro lugar. El marido fue por su auto y los tres nos alejamos del hotel. Por respeto a la familia. No voy a mencionar nada de lo que hablaba ni cómo tomaron la noticia. No les cobré el resto del dinero porque no pude entregarles a su bebé. Yo dejé la ciudad de ese mismo dÃa y me fui a vivir con unos primos que tenÃa en colima. Desde ahà llamé a mi amiga para informarle de la situación. También le dije que ella no se acercará a mi casa que, de hecho, si podÃa quedarse en casa de alguien más, serÃa lo mejor para ella. Al dÃa siguiente quemaron mi casa. También desapareció un autobús de la lÃnea en la que se supone yo habÃa comprado un boleto de ida y vuelta, pues el autobús que desapareció fue el que se supone que yo iba a tomar para regresar al Estado de México. Esa secta era mucho más influyente de lo que se pueden imaginar, y eso es todo para los que crean que una cosa asà no puede ocurrir en un bosque de México. Les quiero mencionar que ese bosque del que yo les hablé tiene casi dieciocho millones de metros cuadrados. Eso significa que la ciudad de Pátzcuaro cabe dentro de ese bosque y todavÃa quedarÃan seis kilómetros cuadrados de bosque sin cubrir. Y para terminar, los dejó con una fotografÃa que fue tomada hace relativamente poco. En la imagen que van a observar podrán encontrar vasijas y urnas que encontraron unos excursionistas en un punto muy profundo del bosque. Es bastante probable que esas vasijas y urnas, a pesar de que las encontraron vacÃas, es posible que hubieran sido utilizadas por la secta para un ritual. Y si no pregúntense qué harÃan esas urnas y vasijas tan raras en medio del bosque. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras








