Nov. 13, 2023

Investigué El Posible Nacimiento Del Anticristo Historias De Terror - REDE

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Ojos violetas. Esto que voy a contar sucedió en la ciudad de México en el año dos mil cuatro. En ese año yo formaba parte del Estado mayor presidencial, que podría decirse que era algo así como el servicio secreto mexicano. En realidad se sabe muy poco de las actividades que realizábamos. Casi todo está resguardado bajo el carácter de seguridad nacional. Tanto que, independientemente de que yo no esté diciendo mi nombre ni esté dando mis credenciales, el Departamento de Inteligencia me encontraría y yo terminaría encerrado en una prisión militar o hasta podría sufrir un accidente. Ya saben, así que trataré de ser muy preciso en las cosas que puedo compartir. Algunas de las funciones más elementales de los agentes del Estado mayor presidencial giraban alrededor de la seguridad tanto del Presidente como de otras figuras de suma importancia para la estabilidad política del país. Por ejemplo, si el Presidente que en ese entonces era FOX, iba a acudir a cualquier ciudad, teníamos que hacer rondines en caravana durante varios días, antes, inclusive semanas. Además de que, al mismo tiempo que se realizan los rondines, también se hacen trabajos de infiltración, es decir, que algunos elementos se hacen pasar por indigentes, trabajadores de los negocios, cercanos, tránsitos civiles hasta vendedores ambulante, todo con tal de detectar hasta la más mínima posibilidad de que ocurra un atentado en caso de darnos por enterados de que algún grupo u organización estaba planeando cualquier tipo de operación, Realizábamos trabajos de contrainteligencia para garantizar que todo estuviera en orden, para que cuando el Presidente llegara al lugar, no corriera ningún peligro. Aparte, siempre había un equipo montado en vehículo listo para una extracción de emergencia. En ese vehículo estaban los elementos con la mejor preparación de todo el país. No eran cualquier agente, Eran armas mortales dispuestos a pasar por encima de civiles niños si fuera necesario, con tal de proteger la vida del Presidente. Otro dato que puedo compartir era que nadie podía postularse para formar parte del Estado mayor presidencial. Todo era por recomendación de los altos mandos dentro del mismo cuerpo. Ciertamente era más fácil entrar si eras miembro de las fuerzas armadas o de la policía federal. Creo que también puedo decir que ni siquiera nuestra familia podía saber que éramos parte del Estado mayor presidencial. Por poner un ejemplo, Si alguien de una unidad convencional de las fuerzas armadas era seleccionado para unirse al cuerpo, su nómina seguía siendo de esa unidad convencional, no se le daba de baja ni se le transfería. Si alguien revisaba, encontraría que esa persona aún formaba parte de su unidad convencional. Lo que se hacía con todos los miembros, incluyéndome, era que nos daban una doble vida. Es decir, teníamos nuestra identidad real con familia y con una nómina, ya fuera de la policía federal, de unidades convencionales o de las fuerzas especiales. Pero aparte teníamos otra identidad la que utilizábamos para trabajar dentro del Estado mayor presidencial. Ni siquiera entre nosotros sabíamos nuestros verdaderos nombres. Una cosa más, la única manera de causar baja era la muerte. Había una alternativa, eso era ser transferido a una institución psiquiátrica de manera permanente. No se daba la baja, pero ya no se era un activo. Esa alternativa se daba bajo la advertencia de que si se abandonaba la institución psiquiátrica, si se ponía un pie fuera, se recibiría una bala directo en la frente. Una cosa más, antes de que alguien vaya a decir que en México no existen los agentes, los invito a que lean un libro de historia. Ahí se darán cuenta de que el Gobierno mexicano tiene agentes secretos desde hace más de cien años. Si no me creen investiguen el caso de la de la gente diez b que era un espía secreto al servicio del Gobierno mexicano, y no sólo eso, sino que ese espía secreto mexicano estaba infiltrado en lo más alto del Gobierno de Estados Unidos. Tanto así que logró enviar documentos clasificados de la Casa Blanca hasta la Presidencia mexicana. Así que si hace cien años la Presidencia mexicana podía tener espías secretos infiltrados dentro del Gobierno más poderoso del mundo, Entenderán que es bastante creíble que hace veinte años el Gobierno mexicano tuviera agentes secretos operando dentro del territorio nacional. Entonces, ya que expliqué cómo funcionaba el cuerpo en el que yo trabajaba, puedo proceder a contar la historia. Todo comenzó en una morgue, un matrimonio que era muy cercano. Al Presidente Fox solicitó la ayuda para encontrar a la persona que le había quitado la vida a su hijo. Así que se formó un pequeño equipo y nos asignaron resolver el caso. Lo primero, por supuesto, fue acudir ver el cuerpo. Para esto fuimos a la morgue de la funeraria más exclusiva del país, una que ofrece unos servicios tan costosos que sólo la gente más pudiente se lo puede permitir. La ventaja es que todo se manejaba con tal discreción que la prensa nunca sabía cuáles eran los difuntos que llegaban a sus instalaciones. Cuando llegamos ahí estaban los padres. El señor era el dueño de una empresa muy importante y la señora manejaba un museo de arte. Nos presentamos con ellos, les dimos el pésame y entramos a ver el cuerpo dentro del amor que estaba el doctor para darnos todos los detalles que necesitábamos saber. No puedo hablar mucho de eso. Además, no es importante. Lo verdaderamente relevante es que el muchacho que estaba sobre la plancha no era una persona común. Su piel era exageradamente blanca, casi al vino. Aparentaba tener unos veinte años, pero en realidad tenía más de treinta. Y lo más impresionante de todo era que sus ojos eran de color violeta, un color que se supone que no existe dentro de las variedades de tonalidad que el ojo humano puede tener. Una persona puede tener ojos de color negro, café, naranja, oliva, verde, azul, gris y, ya en casos extremos, blanco o rosa, pero eso ya se debe a mutaciones genéticas que afectan la vista. Pero es imposible que un ser humano tenga ojos de color violeta. No estoy diciendo que el hijo de aquel matrimonio no era humano. Estoy diciendo que no era posible que tuviera ese color de ojos. El médico no tenía una explicación que darnos, pero nos comentó una cosa bastante curiosa. Mencionó algo llamado síndrome de alejandría. Nos aclaró que eso no era un término médico que, de hecho, la ciencia afirmaba que esa condición no existía. Pero al parecer teníamos delante de nosotros la prueba de que el síndrome de alejandría era real. Nos explicó que se trataba de una supuesta mutación genética que afectaba no sólo la tonalidad del l ojo, sino que esa misma mutación proporcionaba una mayor vitalidad, lo que, por consecuencia, retrasaba el envejecimiento y dotaba al portador de una mayor longevidad. Mientras el doctor insistía en que sólo se trataba de una condición teórica no sustentada en bases científicas. Nos dijo que se suponía que las personas que tenían esa mutación genética nacían con los ojos de un color azul muy oscuro y que, con el paso del tiempo, era que se volvían de color violeta. Todo eso era muy interesante. Claro que a nosotros no nos pareció relevante en ese momento. Luego de terminar de hablar con el médico y ya que nos dio todos los detalles forenses que necesitábamos para la investigación, volvimos con los padres y, de la manera más respetuosa posible, les pedimos que nos dijeran cualquier cosa que pudiera resultarnos de utilidad para dar con el responsable esos detalles. Tampoco los puedo revelar, excepto por uno. No entendimos por qué la madre creyó que era algo relevante, pero nos dijo que su hijo no era su hijo, sino que ellos lo habían adoptado de pequeño. Inclusive nos dijo en qué lugar lo habían adoptado. Ya con toda la información comenzamos con la investigación. Aquí es importante recordar que al principio mencioné que, a pesar de la mayor parte de nuestro entrenamiento era en operaciones de reacción y similares, también estábamos capacitados en misiones de infiltración. Así que, de esa manera comenzamos a trabajar haciéndonos pasar por personas cualquiera en la colonia donde había vivido el hijo del matrimonio les comento este muchacho, del cual, por supuesto, me reservaré el nombre. Vivía en la alcaldía Quautémoc. Resulta que, a pesar de que sus padres tenían mucho dinero, él había optado por desarrollarse por su cuenta, sin depender del apoyo de sus padres. Por lo mismo, no tenía auto propio. Él iba de su casa hasta la estación Pinos Suares. De ahí se iba por toda la línea. Uno ha ha hasta la ira estación observatorio porque trabajaba en el Servicio Meteorológico Nacional de México. Saliendo del trabajo, se iba hasta el metro Balderas. De ahí transbordaba para llegar a Hidalgo y visitaba a una muchacha. Después de la visita volvía a tomar el metro hasta Pino Suárez para regresar a su casa. Es importante aclarar que los padres del joven no tenían conocimiento de la existencia de la muchacha que él visitaba. Nosotros nos enteramos de ella luego de un par de días haciendo trabajo. Así que, mientras los otros elementos seguían en lo suyo. Yo fui a visitar a la muchacha. De ella sí puedo dar el nombre Michel. Claro que para cuando yo llegué al lugar donde vivía, ya estaba al tanto de mucho sobre ella, no por el trabajo de campo en sí, sino porque al tener el nombre de la muchacha le pedí a los de inteligencia que me enviaran su expediente, porque sí, para los que crean que, utilizando ventanas de incógnito y tapando su cámara, están a salvo la realidades que el Gobierno tiene un expediente de todos y cada uno de los habitantes del país, incluyendo a los indigentes, porque ellos, antes de ser indigentes, tenían una vida y esto ya podía hacerlo el Gobierno mexicano antes de la existencia de Facebook. Así que imagínense toda la información que a día de hoy el Gobierno tiene de todos ustedes, Michelle trabajaba de algo en la línea cinco del Trolebús. No estaba ahí porque le gustara ese trabajo, sino porque le quedaba cerca de su casa. Entonces, ya que la línea cinco del Trolebús y la estación Hidalgo conectan, el muchacho pasaba por ella a su trabajo. Michel era aficionada del arte. Pintaba, aunque no de forma profesional, solía ir bastante seguido al Museo Mural Diego Rivera los domingos asistía a la Iglesia de San Hipólito. Una vez cada dos semanas, ella y el muchacho iban a un cine de la colonia Tabacalera. Era una muchacha aparentemente normal. Claro que el gobierno en aquel entonces sabía lo que hacían afuera de tu casa. No dentro. Por eso, cuando esta muchacha me abrió la puerta y me dejó pasar la perspectiva que yo tenía de ella, cambió completamente los cuadros que ella pintaba eran bastante sombríos, sobre todo viniendo de una persona que asistía a misa todos los domingos. No es que yo sepa mucho de esas cosas, pero todas sus pinturas tenían la pinta de tratarse de temas apocalípticos, el anticristo, esas cosas del fin del mundo. Desde el punto de vista religioso, sus pinturas estaban literalmente por toda la casa, colgadas en las paredes, sobre los muebles, pegadas en el refrigerador. Había una que otra imagen grande, pero la gran mayoría eran pinturas hechas en hojas blancas. El detalle más notable era que, aunque la paleta de colores de todas sus pinturas era bastante oscura, había un color que destacaba en todos los dibujos, el color violeta, el mismo color de los ojos del muchacho. Obviamente, para este punto a Michelle, yo le había dicho que era un amigo del muchacho. Por eso me dejó entrar a su casa, por supuesto que no podía decirle que trabajaba para el Gobierno y que estaba investigando la muerte, porque eso hubiera echado a perder toda la operación. Ya estando sentados, ella me dijo que el muchacho nunca mencionó que tuviera amigos. Yo ya sabía que él era muy reservado. Me lo dijo el matrimonio que, debido a que terminó en un orfanato, se creció siendo alguien muy cerrado, alguien a quien le costaba mucho socializar. Así que yo le inventé a Michelle una historia de cómo el muchacho y yo nos hicimos amigos. Lo creyó. No me fue difícil, porque yo sabía todo lo que el matrimonio me había dicho, ya que entramos un poco en confianza. Le pregunté si todas las pinturas las había hecho después de la muerte de él por aquello del color violeta. Ella me respondió que no. Cuando dijo eso, noté que se puso algo incómoda, como si quisiera contarme algo, pero no supiera si debía hacerlo. Lo que hice fue inventarle una anécdota emotiva donde supuestamente tenía buenos recuerdos con el muchacho. De esa manera era turno de ella para contar algo y como siempre funcionó. Entonces me dijo que ella conoció al muchacho de una forma bastante peculiar. Fue en un día, mientras trabajaba ella diariamente solía ver a más de diez cero personas durante las horas que estaba laborando, y entre esas diez mil personas fue que lo vio a él Destacaba entre todos por el color de sus ojos, el color violeta, que cayendo en una casualidad demasiado improbable. Era el único color brillante que ella utilizaba en sus pinturas. Y ella utilizaba ese color porque, desde que era una niña, ese color aparecía en sus pesadillas. Así que fue como si el muchacho hubiera salido directamente de su cabeza. Por eso no dudó ni un segundo en acercarse a él y sin que se le ocurriera otra manera de cómo ganar su atención. Le dijo así de buenas a primeras que ella trabajaba en el trolebo y que fuera a buscarla para invitarla al cine. A Michelle no le gustaba a él, pero fue lo único que se le ocurrió para que el muchacho quisiera regresar a buscarla y funcionó. A él sí le gustó Michel, así que al día siguiente, cuando salió del trabajo, regresó a buscarla y sí la invitó al cine. Con el pasar del tiempo se hicieron novios. Ella me dijo que no estaba enamorada de él, pero que tenía el presentimiento de que debía estar con él. Cuando dijo eso llevó las manos a su vientre. Por lógica le pregunté si estaba embarazada. Ella agachó la cabeza y me respondió que sí, que cuando el muchacho había muerto, ella tenía dos meses de embarazo. Me dijo que también tenía dos meses, que las pesadillas habían empeorado, que escuchaba voces, que creía que se estaba volviendo loca, que sentía que estaba en peligro y eso la hacía tener miedo. Yo le pregunté si se refería a que la persona que había matado al muchacho también querría matarla A Ella no respondió con palabras, sólo movió la cabeza dando a entender que sí Luego, con voz baja, me dijo que tenía una semana, teniendo la impresión de que alguien la seguía del trabajo a su casa. Le dije que le dejaría el número de mi trabajo y el de mi casa para que me marcara por si se presentaba una emergencia que no dudara en llamarme. En realidad, le di dos números que eran del Estado mayor presidencial. Esas dos líneas nunca eran contestadas, pero esa era la idea. Vamos a decir que eran una especie de líneas de contacto cuando el Gobierno enviaba equipos a realizar operaciones particulares como la que estábamos haciendo nosotros, es decir, que no son cuestión de seguridad nacional. En el vehículo que utilizamos como centro de operaciones nos instalan un teléfono como de casa. Cuando alguien marcaba a una de esas dos líneas y luego marcaba a la otra. Se detectaba una emergencia, porque al marcar a los dos números hacía evidente que era una insistencia, lo que evidenciaba una emergencia. Entonces, cuando la emergencia era detectada, se mandaba una alerta a los teléfonos de los vehículos que anduvieran realizando operaciones particulares. En esa alerta se incluía una localización estimada del número que estaba llamando. De esa manera, nosotros podíamos saber si la llamada era para alguno de nosotros y entonces devolvíamos. La llamada puede sonar innecesariamente complicado, pero créanme cuando les digo que la gente que teníamos en inteligencia hacia las cosas. Por una razón yo no sabría explicarles por qué no era mi área. Pero si aquello era tan revoltoso, era por una razón justificada. Me retiré de la casa de Michel, pero no volví a la colonia donde viví el muchacho, sino que nos dividimos en dos equipos. Uno seguiría en el lugar recopilando información hasta que surgiera algo relevante y el otro equipo, donde yo estaba, nos instalamos en un departamento de desde donde po nía oíamos tener vigilada a la casa de Michel. Ella creía que la persona que había matado al muchacho podría estar siguiéndola para hacerle lo mismo, así que, estando cerca de Michelle, podríamos atrapar a la persona que estábamos casando aquí. Voy a ser honesto. Nuestra intención no era evitar que Michelle muriera, sino todo lo contrario. El plan era dejar que la persona hiciera lo suyo y luego capturarlo. No porque fuéramos insensibles, sino porque había cierta posibilidad de que no pudiéramos vincular al criminal con la muerte del muchacho, así que si lo deteníamos antes de cometer otro crimen, existía el riesgo de no poder meterlo en la cárcel. Por eso necesitábamos dejar morir a Michel. Así, el criminal obtendría su merecido y claro que estaba la opción de detenerlo antes de que cometiera el crimen, llevarlo a dar un paseo poco amistoso para ver si en verdad había matado al muchacho y obligarlo a confesar. Pero esa es la manera de actuar de la policía federal del Estado mayor presidencial. No procedíamos de esa manera a menos que el Gobierno lo ordenara. Pero como el caso no era de seguridad nacional, pues debíamos movernos dentro de la ley, no porque el Gobierno le preocupara la ley, sino porque el Presidente Fox finalmente había quitado al PRI para poner al PAN al frente del país, así que el Gobierno no podía arriesgarse a generar ningún posible escándalo si no era estrictamente necesario para garantizar que el siguiente sexenio volviera a ganar el PAN y con todo, respeto para el matrimonio. Pero la muerte de un joven no significa nada cuando están de por medio las siguientes elecciones. Entonces, básicamente por cuestiones políticas, teníamos que dejar que Michel muriera así de sencillo. No importa que suene cruel. Las cosas se manejaban de esa manera. Estuvimos vigilando la casa de Michel. Cuando ella salía al trabajo, nos turnábamos para seguirla y al que le tocaba tenía que querer darse todas las horas de la jornada laboral cerca, pero no demasiado luego de quince días, cuando a mí me tocó seguirla ya, al momento en que terminó su jornada laboral y caminaba de regreso a casa, me percaté que un hombre vestido con gabardina la iba siguiendo. Yo opté por quedarme todavía más atrás para que ese sujeto no notara mi presencia. Cuando Michell se detuvo para poder entrar a su casa, el tipo pasó de largo detrás de ella, pero sí lo vi con toda la intención de querer hacer algo, aunque por algún motivo no lo hizo. Yo sabía que los otros elementos podían verme, así que les hice una señal para que se quedaran al pendiente, porque yo iba a seguir al tipo. Lo seguí hasta la estación del Metro Hidalgo, donde tomó la línea tres con dirección a indios verdes. Obviamente, también subí al vagón. Cuando llegamos a Tlatelolco, al vagón se subió un joven exactamente idéntico al muchacho cuya muerte yo estaba investigando era el mismo de pies a cabeza, con sus respectivos ojos de color violeta. Yo hubiera jurado que era él, de no ser porque había tenido el cadáver delante de mí. Así que, como no creo en fantasmas, es evidente que se trataba de un gemelo del que el matrimonio no me había hablado. Cuando llegamos a la raza, el gemelo bajó del vagón. El hombre al que yo iba siguiendo hizo lo mismo, así que, pues yo también bajé el gemelo transbordó para tomar la línea cinco, El tipo hizo lo mismo, así que ya era más que obvio que lo estaba siguiendo. Y pues los tres subimos al metro. Los tres bajamos en la estación del petróleo, los tres transbordamos para tomar la línea seis y los tres nos fuimos hasta el rosario. Ese tipo tenía pensado hacer algo si por alguna razón se había detenido con Michel algo me decía que no se iba a detener para atacar al Gemelo. Así que yo, a pesar de que debía mantener la distancia, al mismo tiempo debía estar lo suficientemente cerca. Trabajo en campo es mucho más difícil de lo que suena. Salimos de la estación de metro, cruzamos el paradero y cuando entramos a una calle muy poco transitada, el tipo corrió para alcanzar al Gemelo y yo también me apresuré justo. Cuando el tipo picó al Gemelo con algo en el cuello, yo agarré la gabardina del tipo para que no fuera a correr. Pero justo cuando tomé el cuello de la gabardina, el sujeto desapareció y me quedé solo con la prenda en mi mano. El muchacho estaba tirado en el piso desangrándose mientras yo seguía tratando de procesar cómo diablos. Era posible que un hombre se esfumara delante de mis ojos. Cuando reaccioné llamé a la ambulancia, pero para cuando llegaron ya no había nada que hacer. Mientras el cuerpo era trasladado, yo fui a visitar al matrimonio para platicar sobre lo que había pasado. Ellos me aseguraron que no sabían nada sobre que su hijo tuviera un hermano gemelo. Los del orfanato les habían dicho que era hijo único. Yo les comenté que si habían ido al orfanato forzosamente hubieran tenido que ver a dos niños que eran iguales jugando entre todo el montón de niños del lugar. Lo que ellos me dijeron fue que no pasaron a ver a los niños que los del orfanato le dijeron que si querían adoptar a un niño, tenía que ser ese. Y pues vieron que era un buen niño y decidieron adoptarlo. Debían estarme diciendo la verdad. No tenían ninguna razón para mentirme. Todavía no salía de la casa del matrimonio. Me contactó alguien del equipo para decirme que ya habían identificado al nuevo oxiso. Resulta que él también se había quedado sin papás a corta edad y que por eso fue a dar a un orfanato, al mismo orfanato donde había estado el hijo de aquel matrimonio. Pero a pesar de que eran idénticos, no había registro de que fueran hermanos en las actas de nacimiento de ambos. Constaba que en el registro civil se les pusieron los dos apellidos de sus respectivas madres, porque en ambos casos no se sabía nada del papá. Por si esto ya suena muy extraño. Al investigar, dimos con que un mes antes de la muerte del hijo del matrimonio, otro muchacho de ojos violetas cuyo padre era desconocido, que a corta edad quedó huérfano y que había estado en el mismo orfanato, también había sufrido una muerte violenta, así que ya no eran gemelos, ahora eran trillizos. Eso ya no podía ser posible. Ahí había gato encerrado, así que fuimos al orfanato. Solicitamos que nos informaran de todos los niños de ojos de color violeta que hubieran tenido bajo su tutela. No quisieron acceder por las buenas, así que tuvimos que obligarlos. Afortunadamente, no fue necesario derramar ni una gota de sangre. En cuanto mostramos las armas, nos dieron toda la información que necesitábamos. Los del orfanato nos entregaron los expedientes de cinco niños. Los cinco niños habían ingresado en un lapso de tres meses en mil novecientos setenta y cuatro. El primero al que llamaremos a QUE era el que había muerto un mes antes del hijo del matrimonio. Llegó al orfanato el diecinueve de marzo. Luego, el seis de abril llegó el niño que sería adoptado por el matrimonio. Después, el veintitrés de mayo llegó el que yo me había encontrado en el metro cuando iba siguiendo al sujeto de Gabardina. Lo llamaremos B El diez de junio llegó al que llamaremos C y el último al que llamaremos d llegó el veintiocho de junio. Los cinco niños ingresaron al orfanato cuando antes de cumplir cuatro años. En los cinco casos el padre era desconocido. La madre de cada uno registró a sus respectivos hijos con los apellidos de ella. Las cinco madres tuvieron una muerte violenta, cuyo responsable nunca fue atrapado. Al menos para mí era evidente que esos cinco niños tenían el mismo padre, porque, según el médico forense encontrar a una persona poseedora de la improba mutación genética conocida como síndrome de alejandría, condición que su existencia ni siquiera era aceptada por la ciencia, pues encontrar cinco personas y suponer que no eran familia ya resultaba absolutamente imposible. El hijo del matrimonio era medio hermano de a b C y D no había otra posibilidad. Otra cosa que para mí también se hizo evidente fue que si los primeros tres habían muerto en el orden en que llegaron al orfanato, pues lo más lógico era suponer que la siguiente víctima sería C Y luego d algo en lo que todo el equipo coincidimos era que el padre biológico de los cinco de ojos Violetas posiblemente estaba muerto. Tal vez había un sexto hijo del que no sabíamos. Ese hijo lo podría haber tenido con su esposa. Entonces la esposa se enteró que el hombre había tenido cinco amantes, quedó desquiciada y furiosa lo mató y luego mal ó a r las cinco mujeres. Hasta ahí teníamos una conjetura claro que las cosas se torcían y se complicaban con lo sucedido después de las muertes de las mujeres, porque no había manera de explicar que los cinco niños terminaran en el mismo orfanato por pura matemática. Al menos uno de ellos debió haber llegado a otro orfanato. Luego estaba el hecho de que alguien los estaba matando en el mismo orden en que murieron sus madres, porque el orden en que llegaron al orfanato, por lógica era el mismo orden en el que habían muerto sus madres. La posibilidad de que la supuesta esposa del hombre también estuviera matando a los hijos que tuvo con sus amantes ya era demasiado improbable, y teorizar que el supuesto sexto hijo era el responsable de los crímenes era igual de descabellado. Así que, ciertamente en lo que respectaba al tiempo posterior a la muerte de las cinco mujeres. Ya no teníamos nada concreto, ninguna pista para seguir. Lo único era el hombre de la gabardina, pero ese tipo se había desvanecido frente a mis ojos como por arte de magia. Me quedé con la prenda, pero dentro no había nada que nos ayudara a identificar al propietario. Lo único que nos quedaba era esperar que ese tipo volviera a aparecer y debíamos tomar la delantera. Los del equipo que habían estado en la colonia donde vivía el hijo del matrimonio se retiraron para instalarse y hacer vigilancia a la casa de Michel y los demás. Fuimos a buscar a los sujetos c y a d se vivía en Iztapalapa, relativamente cerca de Atlalilco. Fue fácil dar con él. El problema fue convencerlo de que corría peligro. No podíamos decirles que trabajábamos para el Gobierno. Eso estaba prohibido. Por lo tanto, como es normal, cuando lo invitamos a subir al vehículo, pensó que queríamos raptarlo. Lo que hicimos fue mostrarle las fotografías de sus tres medios hermanos que ya habían muerto. Con eso fue suficiente para que aceptara acompañarnos ya con él. El sujeto se asegurado. Fuimos por el otro. El último vivía en Ecatepec, en una colonia cuya entrada principal estaba sobre la avenida. Carlos Hank González convencer a de fue más fácil. Sólo tuvimos que hacer que él y su medio hermano se vieran para que quedara claro que algo de verdad estaba sucediendo. Llevamos a c y D al departamento donde estaba montada la Guardia a la casa de Michelle. Quiero aclarar que nuestra intención no era proteger a los dos mantenerlos a salvo. No era nuestro trabajo y sus vidas no tenían ningún interés para nosotros, Pero lo que estábamos haciendo era sacarlos del radar del asesino. De esa manera, mientras no pudiera encontrarlos, podría abandonar todo oír sobre Michel que eso era lo que queríamos. Así podríamos atraparlo Durante las siguientes veinticuatro horas estuvimos interrogando a C y a D. Tal vez entre lo que dijeran ambos podríamos obtener algo útil, pero no surgió nada. Después de que ambos fueron adoptados en el orfanato, sus vidas no volvieron a cruzarse y no aparte de la evidente similitud física, no tenían nada más en común ningún gusto, ningún lugar que frecuentaran nada. Finalmente, pasadas esas veinticuatro horas, algo pasó. Un hombre misterioso se coló al interior de donde vivía Michel. Tres se quedaron con los sujetos y los demás fuimos corriendo a la vivienda. Cuando entramos, ella estaba tirada en el suelo. Aún seguía con vida. El hombre misterioso estaba ahí dándonos la espalda. Todos lo teníamos a un solo gatillazo. Yo no quise correr ningún riesgo y le disparé en la parte baja de la pierna. Ese tipo ya se había esfumado una vez y no iba a permitir que lo hiciera de nuevo. Entonces el sujeto se voltió lentamente. Sus ojos eran de color violeta. No era igual a los otros. Cinco se veía de más edad, no viejo, pero sí mayor. Él no decía ninguna palabra, no intentó negociar, no ofreció información, no dio excusas. Simplemente estaba ahí parado. Le ordenamos que se pusiera de rodillas con las manos en la cabeza y lo hizo. Apenas lo íbamos a esposar. Cuando escuchamos varios disparos, el ruido nos hizo voltear porque sabíamos que esos disparos provenían de donde estaban nuestros compañeros. Cuando regresamos la vista al frente, el tipo ya no estaba. Se había esfumado. Igual que la vez anterior. Los que iban conmigo salieron corriendo de la casa para ir a ver lo que estaba pasando en el departamento donde estaban los demás. Yo me quedé ahí y traté de hablar con Michell para que me dijera algo cualquier cosa. Ella sólo deliraba. Se estaba desangrando, así que no le era posible mantener una conversación. Ni siquiera podía hilar más de cuatro palabras. Decía cosas como Dios sabe, falso profeta, no es malo y así durante dos minutos después mur murió. Murió, llamé a una ambulancia y salí para ir con los demás. Cuando entré me encontré con que los dos de Ojos Violetas y los tres que se habían quedado cuidándolos estaban muertos. Por cómo se veía la escena. Mis compañeros que quedaban vivos y yo concluimos que todo eso lo había hecho una sola persona. No entendíamos cómo, pero una sola persona entró a esa habitación. Le quitó la vida a tres hombres armados y fuertemente entrenados. Luego le quitó la vida a los de los Ojos Violetas y además, le dio tiempo de escapar antes de que mis compañeros llegaran a ver lo que había pasado y no ninguna de las muertes fue por arma de fuego. A los cinco los habían picado con un objeto punso cortante. Cuando informamos a nuestros superiores, nos dieron la orden de dejar la operación. Alguien se encargaría de hablar con el matrimonio y nosotros volveríamos a nuestras actividades normales. Pero yo no estaba conforme, si bien los compañeros que habían muerto no eran mis amigos. De hecho, era la primera vez que me tocaba trabajar con ellos. Pero eso no importa. Aquellos que estén o que hayan estado en el ejército o en la marina entenderán que cuando alguien de uniforme pierde la vida en manos de un criminal, se genera un sentimiento de venganza. Así que en la primera oportunidad que tuve, para lo cual pasaron varias semanas, volví al orfanato. Ellos debían saber algo. Recibieron a los cinco niños de ojos violetas. Tenían que saber al menos alguna cosa, por supuesto que se acordaban de mí. Me pidieron que me fuera, que no importaba si los amenazaba con el arma, que ya no tenían más información. Entre las personas que estaban ahí había una monja, así que la miré y le dije escuche. Los cinco niños que usted recibió hace treinta años ahora están muertos. Uno de ellos tenía una novia que esperaba un bebé. También están muertos y tres de mis compañeros también murieron. Necesito que me diga la verdad. La monja le pidió a las otras personas que nos dejaran a solas para poder hablar. Me advirtió que yo no podía hacer ninguna pregunta, que ella iba a decirme las cosas y que, al terminar no volvería a repetir ninguna palabra. Yo podía decidir creerle o no, pero eso ya era problema mío. Esa monja me dijo que casi setenta años atrás a ese orfanato había llegado un niño de tres años con los ojos de color violeta. Eso podía ser una señal de Dios o una amenaza del Diablo. Como no estaban seguros decidieron que el niño no sería dado en adopción, sino que sería criado para convertirse en sacerdote. Si el niño era una señal de Dios, se estaba tomando la decisión correcta. Si el niño era una amenaza del Diablo, tal vez el que creciera tan cerca de Dios haría que el niño no se volviera una amenaza. Cuando el niño cumplió siete años, empezó a tener pesadillas con el infierno y con el Apocalipsis. En n en s sons pesadillas, el diablo le hablaba, le decía que el anticristo iba a llegar, que él debía tomar a una mujer para que de ahí naciera el anticristo. Esas pesadillas atormentaban al niño de una forma terrible. El infante se retorcía, sudaba, gritaba de miedo, pero recibió toda la ayuda y la atención de la Iglesia. Le enseñaron a lidiar con sus pesadillas y cuando el niño cumplió doce años, las pesadillas desaparecieron ya sin un tormento. Entonces empezaron a prepararlo para su vida de sacerdote. Pasaron los años y finalmente estuvo listo. Recibió la consagración y esa noche tuvo otra pesadilla. El diablo estaba furioso y le dijo que le enviaría a cinco niños y que cada uno de ellos tomaría una mujer y así nacerían cinco anticristos. Cuando el sacerdote de ojos Violetas cumplió treinta y tres años. Llegó el primer niño. En cuanto vieron el color de sus ojos, supieron que tenían que avisarle a aquel sacerdote. Cuando se le dijo, él advirtió que llegarían otros cuatro niños iguales y así sucedió. Los cinco niños eran hijos del diablo. No había un padre humano. Las cinco mujeres estaban comprometidas al momento que quedaron embarazadas. Habían pecado de adulterio y no era un adulterio cualquiera. El pecado de las cinco había provocado que fuera posible que el infierno entrara en la tierra, así que Dios las castigó enviando a sus ángeles a quitarles la vida. El sacerdote de ojos Violeta habló con el obispo hasta el Papa fue informado. La orden fue no hacer nada. Dios actúa de formas misteriosas si era su voluntad que los niños crecieran y trajera cada uno a un anticristo, pues así iba a ser. Pasaron otros treinta y tres años, el sacerdote de ojos Violetas empezó a tener pesadillas. De nuevo veía cómo el mundo iba a terminar en manos de esos anticristos, así que que de decidió actuar para impedir que eso sucediera. Se encerró en la capilla de su iglesia. Rezó a Dios y le imploró que le permitiera poder hacer algo, aunque eso le costara la condenación eterna. El Sacristán de la Iglesia entró en la capilla y alcanzó a escuchar las últimas plegarias del sacerdote. Entonces el sacerdote desapareció. Dios lo había escuchado. Eso fue todo lo que me dijo la monja Después de eso se fue yo me tuve que sentar para intentar darle sentido a todo lo que había escuchado. No parecía posible. Ni siquiera sabía si debía creerlo o no. Pero claro, yo mismo había sido testigo de cómo un hombre desapareció por arte de magia sólo dejándome con su gabardina en la mano. El médico forense me dejó muy en claro que ese tal síndrome de alejandría no existía. Pero aún así. Yo había visto a cinco personas de ojos violetas morir en manos de un sexto hombre de ojos violetas, quien además había matado a una mujer embarazada y a tres de mis compañeros. Ni la ciencia ni la lógica podían ofrecerme una explicación. Lo único que tenía eran las palabras de la monja. Pero no estaba convencido de poder aceptar que un sacerdote enviado por el Diablo consiguió el permiso de Dios para matar a cinco hombres enviados por el Diablo. Pero, como dijo, la monja Dios actúa de formas misteriosas. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras