HICE UN RITUAL PARA VER MI VIDA PASADA… Y DESCUBRÍ ALGO ATERRADOR SOBRE MI MEJOR AMIGO
0:01 nos volverÃamos a encontrar. Hola, Rede. Mi nombre es Sebastián Lobo y tengo 20 años. Desde muy pequeño me ha interesado el mundo del ocultismo, la brujerÃa y el esoterismo. He crecido rodeado de aquello que los demás llaman artes oscuras o lo desconocido. En mi familia se habla de ciertas dotes mágicas que tienen mi madre, mi tatarabuela y otros familiares. Yo también he sentido que tengo algunas de esas capacidades. Hace un tiempo, en 2021, durante la pandemia, estaba pasando por una crisis existencial y tenÃa mucho tiempo libre. Decidà hacer un ritual para intentar ver una vida anterior a esta. Estaba solo en casa. Me rodé de un cÃrculo de velas, coloqué un metrónomo y lo puse a funcionar.
0:48 Me vendé los ojos. Con cada tic-tac me relajaba más, hasta que sentà que entraba en una especie de trance. Comencé a pensar en el recuerdo más antiguo que tengo. Estoy en una andadera, en el pasillo de mi casa, mientras mi madre ve la televisión desde el sillón. Intenté ir más atrás de ese recuerdo. Vi una luz. Traté de tocarla, pero no pude alcanzarla. Después se acercó a mà y, cuando la toqué, sentà que caÃa desde muy alto. A partir de ahÃ, comencé a ver fragmentos de lo que interpreté como una vida pasada. Sentà como si volviera a nacer. Después me vi durante mi niñez rodeado de otros niños en un campamento dentro de un bosque. Ãramos más de 30 personas, ancianos, mujeres, hombres, adolescentes, niños y bebés.
1:40 VivÃamos en tiendas de tela y piel de animal y cambiábamos de lugar constantemente. Una noche cayó una tormenta que destruyó nuestro campamento. Tuvimos que abandonar aquellas tierras. Caminé durante cuatro dÃas con mis padres y el resto de nuestra gente. Hasta que llegamos a las afueras de un pueblo. Nos instalamos en una parte del bosque. Mi madre me advirtió que no me acercara al pueblo. Yo no entendÃa por qué. Me explicó que las personas temÃan a lo desconocido y que nuestra gente no era bien vista. Después pasé a otro fragmento. Mientras veÃa todo aquello, todavÃa escuchaba el metrónomo de fondo. Me vi entrando al pueblo para conocerlo. Las calles eran de tierra. HabÃa personas a caballo, mujeres con vestidos largos y casas que se alumbraban con velas. En otro fragmento, estaba jugando con un perro en el bosque.
2:33 Escuché a un muchacho llamándolo. ParecÃa tener unos 15 años. Me escondà detrás de un árbol y empuñé una daga. El perro se quedó conmigo, olfateándome. Y eso hizo que el muchacho descubriera dónde estaba.â Hola,¿ estás perdido?â me preguntó el muchacho. Negué con la cabeza, todavÃa detrás del árbol. Entonces, una mujer lo llamó a lo lejos. Ãl volteó de inmediato. Aproveché para esconderme mejor. Cuando volvió a mirar y dejó de verme, se fue con el perro. En el siguiente fragmento, estaba caminando por el bosque cuando caà en una zanja. Intenté salir, pero me dolÃa mucho un pie. Estaba descalzo, como acostumbrábamos a andar en mi comunidad. Daniel apareció otra vez.
3:18 Me preguntó si estaba bien y me extendió la mano para ayudarme a salir. Después me sentó y trató de revisarme el pie. Lo empujé porque me dolÃa. No voy a lastimarte. Me llamó Daniel. Me dijo el muchacho. Me ofreció la mano. Adrián. Le respondÃ. Asà fue como escuché el nombre que tenÃa en aquella vida. Daniel me dijo que iba a llevarme con alguien para que me revisara. Me envolvió el pie con un pañuelo porque estaba sangrando. Después me vi sentado en una silla. Daniel me limpiaba la herida mientras un señor la examinaba. El hombre dijo que no parecÃa grave, que tenÃa un golpe y algunos rasguños.
3:58 Vas a vivir, me dijo Daniel. Los dos nos reÃmos. En otro fragmento le pedÃa que me llevara al lugar donde me habÃa encontrado porque yo no conocÃa bien el pueblo. Me preguntó si estaba solo. Le expliqué que vivÃa con mi familia en el bosque. Quiso acompañarme hasta el campamento. Pero le dije que podÃan verlo. Aceptó quedarse un poco antes, aunque insistió en acercarme lo más posible. Cuando llegamos, habÃa una fogata encendida. Algunas personas estaban comiendo y otras ya se habÃan metido en sus tiendas. Mi padre me vio caminar entre ellas y me preguntó dónde habÃa estado. Después se fijó en mi pie.¿ Qué te pasó? Me preguntó mi padre. Me caÃ. Le contesté. Señaló el pañuelo.¿ Y qué tienes ahÃ? Volvió a preguntarme. Un trapo, le respondÃ.
4:51 Entré en nuestra tienda. Mi madre estaba recostada. En el siguiente fragmento recogÃa hierbas y hongos que ella me habÃa encargado. Sentà que una piedra pequeña me golpeaba la cabeza. Escuché una risa y vi a Daniel a lo lejos. Me silbó y se acercó. Hola, Adrián.¿ Cómo sigue tu pie? Me preguntó. Le dije que estaba mejor y que mi madre me habÃa puesto un ungüento. Daniel llevaba algo para mÃ. Sacó unos zapatos. Me explicó que habÃan sido suyos y que querÃa regalármelos porque ya no los usaba. Le dije que no sabÃa cómo ponérmelos. Me pidió que me sentara en un tronco junto al rÃo. Después tomó agua con las manos y me limpió los pies, que estaban llenos de tierra y lodo. Sopló para secármelos. Me hizo cosquillas y me reÃ. Me puso los zapatos y me explicó cómo amarrar los cordones. Luego me enseñó a quitarmelos y volver a ponérmelos. Cuando terminé, me pidió que caminara. Me costaba moverme con ellos.« Pareces una gallina», me dijo Daniel riéndose.
5:59 Yo también me reÃ. Para agradecerle, le di unas vallas que habÃa recogido entre los arbustos. Al regresar al campamento, mi madre señaló mis pies y me preguntó de dónde habÃa sacado los zapatos. Le conté lo ocurrido desde que habÃa conocido a Daniel. Ella dijo que habÃa sido un gesto amable, pero me pidió que dejara de juntarme con él. Le insistà en que era una buena persona. Finalmente aceptó que lo invitara al campamento, siempre y cuando evitáramos problemas y los demás no se dieran cuenta de que era un mundano, alguien ajeno a nuestra gente. La siguiente vez que lo encontré, le hice la invitación. Aceptó con entusiasmo, aunque dijo que ese dÃa tenÃa que ayudar a sus tÃos en el campo. La cosecha de maÃz estaba lista.
6:47 Después me vi esperándolo junto al rÃo. Lo guié por el bosque hacia el campamento. A mitad del camino me detuve y le confesé que tenÃa miedo de llevarlo. Mi madre me habÃa dicho que otras personas podÃan hacernos daño. Yo no voy a lastimarte, me aseguró Daniel. continuamos caminando durante el trayecto le expliqué algunas de nuestras costumbres esa noche Ãbamos a celebrar un esbat me preguntó qué era le dije que celebrábamos la luna llena del mes una estación estaba terminando y ya tenÃamos preparadas las cosechas para pasar el invierno al llegar lo llevé directamente a nuestra tienda mis padres eran los únicos que sabÃan que lo habÃa invitado le pedà que se cambiara de ropa y señale unas prendas que estaban sobre mi cama Cuando terminó de vestirse, le dije que también tenÃa que quitarse los zapatos.¿ Es necesario? Me preguntó Daniel. Mi madre le explicó que todos andábamos descalzos y que asà llamarÃa menos la atención.
7:51 También le dijo que, de esa manera, sentÃamos más cerca a la madre naturaleza. Al anochecer, nos dirigimos a un claro. La celebración comenzó cuando la luna estaba en lo alto. La gente reÃa, bebÃa y conversaba. Los niños jugaban alrededor. Después empezamos a pintarnos el cuerpo con sÃmbolos y lÃneas. A Daniel le pintaron el rostro y le pidieron que se quitara la camisa para pintarle el torso. Yo marqué la huella de mi mano sobre su pecho a la altura del corazón y dibujé algunos sÃmbolos en su pecho y espalda. Ãl hizo lo mismo conmigo. Nos pusimos coronas hechas con ramas y comenzamos a danzar alrededor de la fogata.
8:33 Daniel me preguntó cómo debÃa hacerlo. Le dije que siguiera a los demás y se dejara llevar por la música. Cuando terminamos, estábamos agotados. Nos recostamos en el suelo para mirar las estrellas. Recuerdo que me sorprendió la cantidad que se veÃa. El cielo estaba lleno. Daniel me dijo que se le estaba pasando bien, que se sentÃa a gusto. Me preguntó si todas las personas del campamento eran mi familia. Le expliqué que no todos tenÃamos la misma sangre, pero que nos considerábamos una familia. Entonces me preguntó si podÃa quedarse. Le dije que al terminar el invierno volverÃamos a irnos.
9:16 que nuestra gente se movÃa conforme cambiaban las estaciones. Daniel respondió que eso no le importaba. Le pregunté si su familia lo extrañarÃa. Me contó que sus padres habÃan muerto y que vivÃa con sus tÃos y sus primos. Estaba cansado de los tratos y los reproches de sus tÃos. QuerÃa salir del pueblo. Mientras hablábamos, vi a dos muchachos correr hacia nosotros. Daniel se levantó de un salto.¿ Qué hacen aquÃ? Les pregunto. Uno de ellos le respondió que no debÃa estar con nosotros y que tenÃa que regresar a casa. Yo saqué mi daga y me puse delante de Daniel. Los muchachos retrocedieron. Después se fueron corriendo y comenzaron a gritar. Entre los árboles aparecieron personas. con palos y antorchas. También habÃa hombres a caballo que llevaban espadas.
10:05 Todos avanzaban hacia el campamento. Corran y escóndanse, gritó uno de los ancianos. Le pregunté a Daniel quiénes eran los muchachos Me dijo que eran sus primos y que seguramente lo habÃan seguido. Las personas del pueblo comenzaron a perseguir a nuestra gente y a prender fuego a las tiendas. Mis padres nos gritaron que nos ocultáramos. Daniel y yo nos metimos entre unos arbustos. Desde ahÃ, vi a un hombre a caballo atravesar a mi padre con una espada. Mi madre gritó y corrió hacia él. Varias personas comenzaron a golpearla con palos y picos. Después, vi cómo le golpearon la cabeza con un hacha. Yo gritaba, pero Daniel me tapaba la boca para evitar que nos encontraran. VeÃa a nuestra gente correr hacia el bosque. Daniel me pidió que los siguiéramos. Me costaba caminar. SeguÃa mirando hacia donde habÃan caÃdo mis padres. Los hombres a caballo comenzaron a perseguirnos entre los árboles. Vi cómo atrapaban a dos mujeres y las subÃan a los caballos. Después me alcanzaron a mÃ.
11:07 Me levantaron del suelo y me subieron a uno de los animales. Alcancé a pedirle a Daniel que corriera y se escondiera. En el siguiente fragmento, estaba frente a una multitud, afuera de una iglesia. TenÃa las manos y los pies atados, la boca amordazada y una soga alrededor del cuello. Miré a ambos lados. Ãramos siete personas de mi comunidad, cada una sobre un barril, debajo de una horca. Un sacerdote salió y habló con la multitud. DecÃa que iban a librarse del mal y que nosotros lo encarnábamos. Nos roció con agua. Supuse que era agua bendita. Después fue acercándose a cada persona. Le tocaba la frente y rezaba por su alma. Cuando terminaba, un verdugo retiraba el barril. Vi morir a las personas que estaban antes que yo. Cuando llegó mi turno, Daniel salió de entre la multitud. Gritó que éramos inocentes y que lo que estaban haciendo estaba mal.
12:08 El sacerdote respondió que Dios le habÃa ordenado eliminar el mal de la tierra. Daniel, desesperado, dijo que aquel Dios era injusto. La gente comenzó a gritarle. Ãl intentó explicar que habÃa estado con nosotros y que jamás nos habÃa visto hacer daño a nadie. Lo llamaron brujo, lo golpearon y lo llevaron hasta la horca. Retiraron el cuerpo de una de las personas que acababan de ejecutar. colocaron a daniel junto a mà antes de amordazarlo alcanzó a pedirme perdón dijo que habÃa sido su culpa por permitir que sus primos lo siguieran quise responderle pero apenas podÃa moverme le cubrieron la boca el sacerdote lo roció con agua y le tocó la frente después retiraron el barril intenté gritar su nombre a través de la mordaza daniel se movÃa buscando apoyo con los pies me miraba Vi las lágrimas correr por su cara. Yo también estaba llorando. Mientras lo veÃa morir, pensé que lo querÃa. HabÃa sido la única persona ajena a nuestra gente que se habÃa portado bien conmigo. Pensé que volverÃamos a encontrarnos en un lugar mejor.
13:25 Después se acercaron a mÃ. El sacerdote me tocó la frente y el verdugo retiró el barril. CaÃ. Sentà como si algo se rompiera en mi cuello. Me faltaba el aire. TenÃa una presión muy fuerte en la cabeza y trataba de soltarme. Empecé a sentirme débil. Todo se oscureció. Después, sentà un aire helado recorrerme desde la nuca hasta los pies. Salà del trance gritando. HabÃa gritado el nombre de mi mejor amigo de esta vida, el cual era Ãngel. Me quité la venda y apagué las velas. Estaba llorando. Recordaba lo que habÃa visto y todavÃa sentÃa la desesperación. Fue entonces cuando relacioné a Daniel con Ãngel. Recordé lo que habÃa pensado antes de morir. Que volverÃamos a encontrarnos en un lugar mejor. Decidà llamar a un amigo que también practica la brujerÃa y le conté todo. Por lo que le describÃ, él creyó que aquella vida podÃa haber transcurrido en el siglo XV. También me habló de las similitudes que encontraba entre lo que habÃa visto y mi vida actual.
14:32 Mencionó mi gusto por el bosque y la facilidad que, según él, tengo para aprender sobre plantas y hongos. Lo relacionó con la forma en que habÃa vivido en aquellos fragmentos. Me dijo que creÃa que nuestra comunidad estaba formada por brujas y brujos, y que mis dotes actuales podÃan venir de ahÃ. Después hablamos de las vidas que, según sus creencias, puede tener un alma. Ãl creÃa que eran trece, y que mi vida actual era la sexta. Según esa interpretación, todavÃa me quedarÃan siete. Le expliqué que Daniel tenÃa un aspecto distinto al de Ãngel, pero que yo habÃa sentido la misma cercanÃa que siento con mi amigo. También recordaba sus ojos. Cuando conocà a Ãngel en la escuela, tuve una sensación extraña. como si aquella mirada me resultara familiar.
15:20 Después de lo que vivà durante el trance, empecé a darle otro sentido a ese recuerdo. Mi amigo me dijo que él creÃa que algunas almas vuelven a encontrarse, aunque pasen por vidas distintas. Eso fue lo que me dijo. Yo todavÃa recuerdo a Daniel junto al rÃo, enseñándome a amarrar unos zapatos. También recuerdo que querÃa irse con nosotros. Este fue mi relato, espero que te sirva. Me hablaron de tu canal y me encanta. Saludos cordiales.
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