Hice Que Mi Hermano No Descansara En Paz Historias De Terror - REDE

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El Pacto de muerte. Siempre pensé que la muerte estaba presente en cada uno de los seres humanos, pero lo veÃa como un evento lejano que pasarÃa en el futuro y que en mi presente estarÃa ausente. Hasta que empezó a tocar en la puerta de mi casa. Todo ocurrió cuando mi madre empezó a enfermar. En aquel tiempo vivÃa con mi hermano Ãngel y mis padres. Ãl era cinco años menor, pero habÃamos logrado hacer un vÃnculo muy fuerte. Más que hermanos, éramos grandes amigos. Le contaba todas mis inquietudes, mis alegrÃas, mis acontecimientos cotidianos. Ãl también hacÃa lo mismo. Mi madre comenzó a bajar abruptamente de peso por cada mes perdÃa un kilo. Lo malo de todo fue que comenzó a atenderse en el seguro social, en la clÃnica en la que estaba inscrita. El médico le dijo que lo más probable era que su pérdida de per eso se debÃa a que tenÃa diabetes. Sin hacerle los estudios correspondientes, la mandó a diabet TIMS para que comenzara el Protocolo de cuidados alimenticios y de salud. Ella estuvo asistiendo durante un año a ese grupo modificó sus hábitos alimenticios, pero seguÃa bajando de peso. Mi hermano Ãngel tenÃa en aquella época dieciocho años y yo tenÃa veintitrés. Mi padre comenzaba a tener olvidos recurrentes y lagunas mentales. Cuando lo llevamos al médico, nos dijo que tenÃa inicios de Alzheimer. A él si le hicieron los estudios necesarios para poder darle un diagnóstico certero, también lo llevamos al seguro social. Lo estuvieron atendiendo en centro médico. Fueron tiempos difÃciles porque no tenÃamos la experiencia para afrontar dos situaciones de enfermedad. La de mi padre fue sencilla porque desde un momento tuvimos el diagnóstico acertado, aunque su proceso de enfermedad cada vez fue más complicado porque con el paso del tiempo, mi papá iba a perder. La memoria con mi madre fue difÃcil porque para llegar al diagnóstico verdadero pasaron casi tres años, tiempo crucial para que su enfermedad avanzara lo suficiente. Después del año que ella estuvo en las pláticas sobre diabetes, el médico la mandó con el especialista a la clÃnica cuarenta y seis. Las citas no eran tan rápidas. La mandaron con el médico internista. Ãl la vio seis meses Después, en cuanto tuvo su primera consulta, le mandó hacer una serie de estudios para saber a qué tipo de enfermedad se enfrentaban. Después que le hicieron todos los exámenes pertinentes, el médico determinó que mi madre tenÃa cáncer de páncreas. Se perdió tiempo crucial para que ella pudiera recibir un tratamiento de quimioterapia y tener la oportunidad de vivir por más tiempo. El cáncer estaba avanzado y en su etapa final, el médico oncólogo le dio las primera quimioterapias, pero el cuerpo de mi madre estaba muy desnutrido, No son no fue sosten b n s gerindo tantos medicamentos tan invasivos. El doctor dijo que le iba a quitar la quimioterapia. Sólo podÃamos darle los cuidados paliativos y esperar El dÃa de su muerte. Fue un golpe muy fuerte para mi hermano y para mÃ. Aunque tenÃamos el apoyo de la familia, lo tenÃamos de una manera indirecta, porque los momentos cruciales de enfermedad los vivÃamos solos. En aquel momento. Fue cuando empecé a cuestionarme qué habÃa más allá de la muerte, a dónde se irÃa el alma de mi madre al momento de morir, si de verdad habÃa un infierno y un cielo o si, de plano la conciencia quedaba en un estado eterno de la nada. Recuerdo que la última noche previa a la muerte de mi mamá, ella comenzó a preguntarnos por qué habÃa tantas personas en la casa. Le dijimos que no habÃa nadie más que nosotros y dos de sus hermanas, pero ella aseguraba que habÃa mucha gente dentro de su habitación, me dijo que les pidiera que guardaran silencio porque el murmullo era muy fuerte y le dolÃa la cabeza. Ãngel me volteó a haber desconcertado. Le dije que todo estaba bien. Sin embargo, mi mamá empezó a decirnos que no se sentÃa cómoda con la presencia de una persona que le dijera que se fuera de la casa porque le daba mucho miedo. Le pregunté quién era mi madre. Se limitó a levantar su brazo y señalarme una esquina de la habitación. Simulé que tomaba a la persona de la mano y la sacaba del cuarto, pero ella me dijo que no se habÃa ido. SeguÃa presente. Después, mi mamá entró en un estado de inconsciencia en el que dejó de decirnos que habÃa gente en la casa. De manera intermitente. Se dormÃa hasta que antes de morir. Despertó como si por último momento tuviera un poco de lucidez, volteó hacia el mismo lado que me habÃa señalado a los pocos minutos se quedó con su mirada fija al techo y murió. Es difÃcil poder describir lo que realmente sentÃa en aquel momento. Entré en un estado de evasión en el que no sentÃa nada ni tristeza ni dolor. Fue como si esto ó viera fuera de mi realidad. Mis padres estaban inscritos en la mutual de la colonia, por lo que todo estaba en orden. Le hablé al encargado de la mutual para decirle que mi madre habÃa muerto. El encargado era una persona que era muy cercana a mi padre, por lo que nos facilitó los trámites y nos ayudó a conseguir el certificado de defunción con más rapidez. Fueron momentos complejos después que pasó el funeral una noche que nos encontrábamos más tranquilos. Estuve platicando con mi hermano Ãngel. Ãl me preguntó sobre lo que mi madre vio antes de morir. Me dijo que le dio miedo tan solo de pensar que fuera cierto que seres descarnados estuvieran presentes ante la inminente muerte de nuestra madre. Fue en aquel instante en el que empezó a convertirse en una obsesión conocer más sobre la existencia de un más allá. Empecé indagando con el encargado de la mutual. Le pregunté si le habÃa pasado alguna situación extraña Cuan Cuando tras s s ndo a los muertos, él me dijo que no, pero como la mutual era parte de un proyecto de la iglesia de la Colonia, él era muy cercano a la iglesia de inmediato. Me dijo que el alma de mi mamá ya estaba con Dios. La perspectiva religiosa era la más común y la más conocida por la mayorÃa de las personas que tenÃan fe en Dios, en la que él garantizaba la vida eterna o la inmortalidad, siempre y cuando hayamos tenido buenas acciones mientras estuvimos con vida. Contrario, era la segunda muerte en el infierno, aunque todo se basaba en especulaciones o en la fe. QuerÃa tener la certidumbre de lo que realmente pasaba con el alma de una persona al morir. Encontré las etapas de descomposición del cuerpo humano al morir, pero no me interesaba saber qué sucedÃa con el cuerpo del difunto, sino con su espÃritu. Mi hermano me dijo que tratara de dejar ese asunto y que mejor me enfocara en vivir. Justo en ese momento se me ocurrió que podÃamos hacer un trastor. Le propuse que el primero que se muriera vendrÃa a decirle al otro lo que habÃa después de la muerte. Ãngel estuvo de acuerdo. Me dijo a manera de broma que le daba un poco de miedo saber que mi espÃritu irÃa a jalarle los pies, porque, como yo era más grande que él, lo más probable era que me muriera más pronto. Con el paso del tiempo se fue diluyendo la idea de saber más acerca de la muerte. Me fui a trabajar por un tiempo a la ciudad de México. Ãngel se quedó a los cuidados de mi padre lo ayudaba pagándole a una persona que se encargara de él. Cuando Ãngel tenÃa que salir a trabajar, mi padre fue perdiendo la lucidez poco a poco hasta que fue necesario internarlo en un asilo, porque ya no era posible darle los cuidados que él requerÃa de ese lugar. Me llamaron en la madrugada para decirme que mi papá estaba muy grave. Si querÃa verlo por última vez era necesario que me fuera de inmediato al asilo. También hablé con Ãngel. Ãl me dijo que ya iba en camino hacia el asilo. El primer vuelo que encontré y me fui de inmediato a ver a mi padre. Ahà me encontré con mi hermano. Mi papá se encontraba en los últimos momentos de vida. Ni siquiera nos reconoció. Se nos quedó viendo como si fuéramos dos desconocidos. De pronto él comenzó a balbucear unas palabras. Dijo el nombre de mi madre y se puso a platicar con ella como si estuviera presente. Incluso mi padre asentÃa dando a entender a alguien en que estaba de acuerdo sin motivo alguno, recuperó por unos instantes la memoria porque mencionó mi nombre y el de mi hermano. Nos dijo que nos amaba a los pocos segundos. Murió aquel evento. Nuevamente revivió mi afán por saber qué habÃa después de la muerte, sobre todo por el comportamiento tan extraño que tuvo mi papá Me pareció que habÃa visto el espÃritu de mi madre y que ella fue quien le dijo que los presentes éramos sus hijos. También me dio la impresión de que, gracias a mi mamá, él supo de nuevo nuestros nombres, porque ya tenÃa mucho tiempo en que no nos recordaba. No tuve la iniciativa de investigar de nuevo, pero sà de recordarle el pacto que habÃa hecho con Ãngel. Ãl me dijo que jamás lo iba a olvidar. Arreglé que en mi trabajo me trasladaran de nuevo a Guadalajara. Ya no querÃa dejar solo a mi hermano. Ãl era la única familia que me quedaba. Cuando llegué a la casa de mis padres, me encontré con la sorpresa de que mi hermano tenÃa pareja. VivÃa con una muchacha de nombre irma Ãngel. Se puso un poco nervioso. Me dio explicaciones, le dije que no eran necesarias. Me irÃa a vivir a otro lado. Sólo les pedà que me dieran asilo por unos dÃas en los que conseguÃa un departamento en renta. No tuve objeción en que mi hermano se quedara en la casa. Me estaba yendo muy bien en el trabajo. PodrÃa rentar un departamento sin ningún problema. A irma no le encantó verme sentà como si le molestara mi presencia. Me quedé en mi habitación de siempre. Con ella hablé muy poco por porque me o me evitaba. La primera noche que me quedé a dormir en la casa de mis padres, me di cuenta que Irma tenÃa costumbres extrañas. Se levantaba por la noche y caminaba por toda la casa sin encender la luz. Sólo traÃa con ella una vela prendida. Al mismo tiempo rezaba después de un rato, dejaba su vela encendida en el patio y la dejaba ahà hasta que se consumÃa. La segunda noche. Hizo exactamente lo mismo a excepción que cuando me levanté fui al patio para ver qué habÃa debajo de la vela, porque alcancé a notar que Irma depositó algo. Encontré un objeto extraño. Era un amarrado de cosas raras. No pude entender de qué se trataba. Lo recogà y lo guardé en una bolsa. Esperó una oportunidad para hablar con Ãngel antes de marcharme de la casa, porque ya habÃa encontrado un lugar donde vivir. Irma dijo que irÃa a casa de su madre. Aproveché la oportunidad para decirle a mi hermano que la conducta de su pareja era muy extraña, sobre todo por la noche. No pude terminar de decir más. Cuando él reaccionó molesto, me dijo palabras que nunca esperé su rostro. Estaba contraÃdo como si estuviera conteniendo una gran furia. Fue un momento incómodo en el que desconocà a mi hermano. ParecÃa que se trataba de otra persona, porque él nunca se habÃa enojado de esa manera conmigo. Le dije que no se molestara tanto ya no le iba a decir nada de Irma. Agarré mis cosas y me marché de la casa. Iba muy molesta porque pensé que podÃa hablar de todo con mi hermano, pero estaba tan cambiado por unos dÃas no supe más de ángel a. La semana recibà una llamada en la madrugada. Era la voz de Irma angustiada. Me dijo que mi hermano habÃa tenido un accidente automovilÃstico. Me dio la ubicación del hospital de inmediato me trasladé a urgencias. Ahà se encontraba Irma. En cuanto me vio, se soltó llorando. Me dijo que mi hermano acababa de morir. Esa noticia me cayó como un balde de agua frÃa. No podÃa que lo que escuchaba, sobre todo porque no pude hacer las paces con él. El funeral fue muy doloroso. Mientras sepultaba en el cuerpo de mi hermano, no pude evitar ver a Irma. Ella movÃa sus labios como si estuviera orando, aunque dudé mucho de que fueran oraciones cristianas. Creà que se trataba de algún conjuro. Aquella noche no podÃa dormir se venÃan en mi mente las imágenes de mi hermano. Cuando discutimos me sentÃa tan culpable. Hubo un momento en que el cansancio me venció y me quedé dormida por poco tiempo. Comencé a tener un sueño muy extraño en el que me veÃa caminando por una vereda oscura a los lados. HabÃan muchos árboles frondosos que no permitÃan que pasara la luz de la luna. Al fondo de la vereda, vi la silueta de un hombre. Me emocioné porque vi que se trataba de mi hermano. Ãl me extendió la mano para que la tomara. Nos fuimos caminando juntos. Quise abrazarlo, pero no me lo permitió. Me dijo que habÃa venido a compr el trato que habÃamos hecho. Me iba a decir que habÃa más allá de la muerte. En cuanto él me tomó mi mano, sentà la de él helada. Fue un frÃo tan extraño que hizo que me dieran escalofrÃos. Ãngel me llevaba hacia un cementerio, me mostró una tumba que no reconocÃ. Me dijo que ahà era donde iba a descansar mi cuerpo fÃsico, pero faltaba decirme lo que sucederÃa con mi alma. Me llevó por otro camino oscuro. No me fue posible darme cuenta que más habÃa porque me desperté abruptamente. Me quedé por un momento sentada en la cama tratando de organizar mis pensamientos y darme cuenta de que todo habÃa sido un sueño muy real, pero un sueño que me hizo recordar el pacto que hice con Ãngel. HabÃan pasado tantos eventos de manera tan rápida que no me acordé del trato que hicimos, aunque creà que serÃa imposible que sucediera, porque, hasta lo que sabÃa, a los muertos no se les permitÃa venir al mundo de los vivos y contar el enigma de la vida en el más allá. Asà que traté de tranquilizarme bajo la premisa de que no era posible. Poco a poco fui recuperando mi tranquilidad y me quedé pensando en mi hermano. Mientras lo recordaba, noté que un objeto brillaba en el buró de mi cama era el reloj que le perteneció a mi hermano, aunque no sabÃa qué hacÃa ahÃ. Si yo no me habÃa traÃdo ninguna pertenencia de él, lo agarré y estaba sin pila porque se habÃa detenido a las once veinticinco. No querÃa hablar con irma, pero le llamé por teléfono para preguntarle si sabÃa a qué hora murió mi hermano Irma me respondió con un poco más de calidez. Me dijo que, según el reporte médico, falleció a las once veinticinco. Le dije que no era posible porque en su reloj decÃa la misma hora. Ella me preguntó a qué reloj me referÃa. Le respondà que al de mi hermano. Me dijo que eso era imposible porque él lo llevaba puesto el dÃa del accidente, en las pertenencias que le regresaron no iba a su reloj. No entendÃa cómo era que yo lo tenÃa. Le le dije que yo tampoco. Esa fue la primera vez que me sucedió un hecho extraño, porque a partir de ese dÃa, cada noche soñaba con mi hermano. Ãl me iba revelando lo que habÃa en el mundo de los muertos, porque al parecer sà habÃa vida, aunque no era tan agradable. En otro de los sueños que tuve me mostró un mundo de espÃritus en el que vivÃan en completa oscuridad. Eran como seres incorpóreos flotantes que vagaban sin un sentido. Antes de llegar a otro mundo. Mi hermano tomó con fuerza mi mano y me señaló hacia el lugar en el que él vivÃa. Era como si mentalmente se comunicara conmigo, porque en ningún momento me habló antes de llegar al lugar que me señaló. Comencé a sentir un miedo inexplicable, comencé a ver seres deformes e inquietantes. Algunos sonreÃan de forma macabra, otros eran perturbadores. Con el simple hecho de mirarlos me daba miedo. Quise soltarme de la mano de mi hermano sin conseguirlo. Me tenÃa agarradas con fuerza. SentÃa como me lastimaba antes de entrar a ese lugar, él volteó y me dijo que dejara de moverme. No me iba a soltar porque habÃamos hecho un pacto de hermanos. Era el momento de decirme dónde se encontraba. Me lo dijo con una voz distinta. Al mismo tiempo, su rostro se deformó y lo vi descarnado horrible. Me desperté sumamente asustada. De nuevo vi otro objeto sobre mi cómoda era la cadena y un dije que le pertenecieron a mi hermano. Ya no tuve la menor duda de que mi hermano se estaba haciendo presente en mi vida y que sólo se limitaba a cumplir la promesa que nos hicimos. Lo que no entendà fue por qué me mostraba el lado oscuro y maligno del más allá. Si lo que sabÃa por el catecismo que estudié cuando era niña era que habÃa un cielo y un infierno. No querÃa pasar una noche más soñando a mi hermano, porque cada dÃa me llevaba a un lugar más tenebroso. TemÃa que llegar a la hora de dormir y volver a soñar con él. Hasta el momento sólo se habÃa manifestado a través de los sueños, dejando un objeto personal que le gustaba mucho. Mientras estuvo en vida, hablé con una de las hermanas de mi madre. HacÃa mucho tiempo que no la visitaba, pero era a quien más confianza le tenÃa. A ella le dio mucho gusto escucharme, Le dije que me urgÃa verla. Ella me dijo que podÃa ir a su casa en el momento que quisiera, sin perder tiempo. Me fui de inmediato a su casa. Me llevé los objetos que le pertenecieron a mi hermano. Cuando llegué a la casa de mi tÃa, ella me recibió con calidez, aunque tenÃa mucho tiempo que no la visitaba. Le conté todo sin omitir nada. Ella me escuchó atenta. Cuando terminé mi relato, me dijo que habÃa hecho muy mal en hacer un pacto con mi hermano. Le pregunté por qué se mostraba como si fuera un demonio, si Ãngel habÃa sido una gran persona. Mi tÃa me explicó que él murió estando molesto conmigo y que cuando ocurrió su muerte, su conciencia se separó de su cuerpo, por lo que sólo quedaron reminiscencias de su espÃritu, prevaleciendo la parte de la ira y el enojo. Esos sentimientos negativos crecieron tanto que una parte de su espÃritu se fue del lado del mal. No alcancé a entender lo que mi tÃa me decÃa. Le pregunté cómo sabÃa todo lo que me dijo. Mi tÃa me respondió que ella también hizo un pacto con mi madre y mi mamá también vino a decirle lo que habÃa del otro lado de la vida. Cuando mi tÃa me hizo esa revelación, me quedé sorprendida. Era la evidencia de que mi hermano realmente trataba de comunicarse conmigo. Le mostré los objetos personales que me dejaba cada noche. Mi tÃa me dijo que no me asustara si en algún momento se aparecÃa su espÃritu, porque a ella le habÃa pasado. Me dio tanto miedo de sólo imaginar que él pudiera hacerse presente, aunque después reflexioné no tenÃa por qué tenerle miedo, si siempre nos habÃamos querido mucho. Le pedà a mi tÃa que me permitiera quedarme en su casa, en lo que encontraba la manera de dar un descanso al alma de mi hermano. Ella no tuvo objeción en acceder a mi petición. Aquella noche que dormÃa en la casa de mi tÃa, mi hermano no se hizo presente a través del sueño. Pude ver su espÃritu. Era una sombra oscura que estaba parada Viéndome dormir, estaba durmiendo profundamente. Era la primera vez que lo hacÃa después del fallecimiento de mi hermano. Cuando desperté, estaba ángel parado. Me sobresalté tanto que casi me caigo de la cama. Me fui hasta el rincón tratando de que él no se me acercara. Le pedà perdón por haberlo hecho enojar. Le dije que lo sentÃa mucho. Ãl parecÃa que no me escuchaba. Se quedó por unos segundos dentro de la habitación enseguida, se marchó, me quedé despierta el resto de la noche. Cualquier sonido que escuchaba creÃa que podÃa ser mi hermano. En cuanto amaneció y escuché que mi tÃa estaba despierta, fui con ella para decirle lo que me habÃa sucedido durante la noche. Le dije que no sabÃa qué podÃa hacer. Necesitaba ayudar a Ãngel. Mi tÃa trató de tranquilizarme. Me dijo que me llevarÃa con la persona que la ayudó a ella. Fuimos a la casa de una persona que mi tÃa conocÃa. En cuanto entramos a la vivienda, percibà un olor a perfume que me empezó a relajar un poco enseguida. Mi tÃa me presentó a una mujer. Me sentà incómoda porque ella trataba de escudriñarme con su mirada. Mi tÃa le explicó a lo que iba. Le dijo que me habÃa pasado lo mismo que a ella. La mujer me pidió que me sentara en una mesa redonda. Ella quedó enfrente. Me tomó las dos manos y comenzó a hacer oraciones, pidiéndole a diferentes santos que la ayudaran a encontrar solución a mi problema. Principalmente le rezó a San Judas. Tadeo se quedó callada por uno ceus. Antes de terminar el ritual, me hizo una limpia con agua bendita. Aquella mujer me dijo que mi hermano se hacÃa presente por el pacto que hice con él. Era verdad que habÃa hecho un pacto con mi hermano, pero que también le habÃan hecho un maleficio, lo que ocasionó su muerte. Ãl no solamente trataba de decirme lo que habÃa en él más allá, sino que su presencia se habÃa deformado por la magia negra que le hicieron. Por ese motivo, mi hermano se me presentaba tan aterrador. No tuve la menor duda de quién le habÃa hecho ese embrujo a mi hermano seguramente fue Irma. Incluso llegué a pensar que ella provocó su muerte para quedarse con sus bienes. No esperaba que me presentara en la casa. Por ese motivo se molestó tanto. Cuando me vio la mujer me dijo que tenÃa razón. Me hizo otro ritual de protección para que Irma no me quisiera dañar. Le pedà que ayudara a mi hermano a encontrar su descanso eterno. Después de aquella visita con la mujer que me llevó mi tÃa, dejé de soñar no volvà a ver a mi hermano. Me quedé con la duda si Ãngel se me presentó por el pacto que hicimos en vida o porque Irma le hizo un maleficio, Aunque no dejó de pensar de que todo lo que Ãngel me enseñó a través de los sueños fue verdadero y que existe otra vida después de la muerte. Relato escrito y adaptado por Adriana Cuevas








