Nov. 16, 2023

Fuimos Atrapados Por Brujas Para Su Aquelarre Historias De Terror - REDE

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Danza macabra, me llamo Rubén y quiero compartir con ustedes una experiencia que vivimos cuando yo tenía tan sólo diecinueve años. Esta historia tiene lugar en un lugar muy especial llamado el Centinela, un bosque grande y misterioso, muy cercano a nuestra comunidad. Este bosque es conocido por sus numerosas leyendas de brujas y nahuales. Era el escenario perfecto para una noche de acampada con mis amigos. Aunque de niños nos habían asustado con cuentos de terror sobre este lugar. Decidimos desafiar esas historias y pasar un momento entre amigos. Realmente, la idea era pasar la noche junto al lago y disfrutar de una lluvia de estrellas que habíamos escuchado anunciada en la radio. No llevábamos casas de acampar o algún equipo en especial. Sólo algunos cobertores linternas y provisiones. Íbamos a experimentar una noche al aire libre. Personalmente, llevaba conmigo una navaja que pertenecía a mi padre, aunque estaba seguro de que no me la prestaría. Si se la pedía, la llevaba como medida de seguridad. Además de mis pertenencias, tenía una radio de pilas que me acompañaba. Me encantaba. Esa radio era compacta y tenía una excelente recepción, lo que la convertía en el complemento perfecto para nuestra aventura. Nos reunimos en la carretera que llevaba hacia el bosque. Éramos ocho en total y todos estábamos llenos de entusiasmo. Por suerte, un amable desconocido nos dio un aventón en su camioneta, ahorrándonos la caminata de varios kilómetros hasta llegar al bosque. Este hombre, que también era de nuestra Comunidad se mostró sorprendido cuando le dijimos que pasaríamos la noche junto al lago. Su principal preocupación fue advertirnos sobre las leyendas y los relatos de personas que habían desaparecido en el bosque años atrás. Pero nosotros, muy confiados, le aseguramos que esas historias no nos afectaban en absoluto. Pensábamos que eran simples cuentos para asustar a los niños y estábamos seguros de que pasaríamos una noche inolvidable junto al lago, observando las estrellas y disfrutando de la naturaleza. Pero lo que no sabíamos en ese momento era que estábamos a punto de vivir nuestra propia historia de terror, una experiencia que cambiaría nuestras vidas para siempre. Cuando emprendimos la caminata hacia el lago, decidí encender la radio para tener algo de música que nos acompañara. Durante nuestra larga travesía, sabíamos que aún teníamos un largo camino por delante. Así que, mientras avanzábamos, mi amigo Ulises tuvo la brillante idea de compartir las historias que su abuelo le contaba cuando era pequeño. En ese momento, cada uno de nosotros empezó a relatar las leyendas que nos habían transmitido de niños acerca de ese lugar, y lo que me sorprendió fue que todas incluían las famosas brujas del bosque. Después de un par de horas de caminata, finalmente llegamos al lugar donde íbamos a acampar. Mientras algunos de nuestros compañeros montaban el campamento, Ulises y yo nos aventuramos en busca de leña en medio del espeso bosque teníamos una buena relación. Él era un par de años mayor que yo y trabajaba con su padre en una panadería. A pesar de que sólo había cursado la secundaria porque no le gustaba estudiar, estaba decidido a dedicarse al negocio familiar. Mientras recogíamos, Leña me contó sobre su vida y sus planes para el futuro. De repente, Ulises se quedó en silencio y miró hacia el horizonte. Al principio no le presté mucha atención y continué hablándole, pero él me pidió que guardara silencio y observara lo que estaba viendo. A unos cincuenta metros de distancia vimos a una persona de pie con la mitad de su cuerpo oculta tras un árbol. Nos miraba fijamente como si estuviéramos haciendo algo mal, A medida que nos acercábamos lentamente pudimos distinguir que se trataba de una mujer desaliñada, con una larga cabellera negra que caía sobre su espalda. Vestía lo que parecía ser un vestido blanco, pero estaba completamente desgarrado y sucio. Su aspecto era tan desaliñado que parecía haber escapado de algún lugar siniestro. Permanecimos allí inmovilizados por la extraña presencia de esa mujer, mientras sus ojos parecían perforar nuestra alma con una mirada intensa y perturbadora. La atmósfera se llenó de una atención palpable y un miedo profundo se apoderó de nosotros. Entonces me di cuenta de que algo extraño estaba ocurriendo. La mujer no se movía, pero nosotros nos encontrábamos avanzando hacia ella de forma automática, como si estuviéramos bajo un hechizo hipnótico irresistible. Mis piernas se movían por sí solas y mi voz nos quedó atrapada en mi garganta. Estaba completamente incapaz de apartar la vista de esos ojos oscuros y penetrantes y no podía hacer nada para evitarlo. De repente, en medio de ese trance inexplicable, una piedra impactó en la cabeza de la mujer, rompiendo la extraña conexión que nos tenía atrapados. Un gemido de dolor escapó de su boca y en un instante recuperamos nuestra conciencia. La mujer herida se quejó y huyó del lugar, alejándose de nosotros a toda prisa. Fue nuestro amigo Diego quien salió a nuestro rescate. Había percibido la presencia de esa mujer y al ver que nos acercábamos peligrosamente a ella, se dio cuenta del riesgo inminente que enfrentábamos, decidió intervenir para salvarnos de lo que fuera que esa mujer pudiera hacernos ulises aún en estado de shock por lo ocurrido. Nos pidió a los dos que guardáramos silencio sobre el incidente. No quería provocar pánico entre los demás. A diego no le pareció del todo correcto esto. Él nos comentó que todo indicaba que nos encontrábamos en un territorio de alguna bruja y era necesario irnos a otro sitio, pero el campamento ya estaba montado y recoger todo y buscar otro sitio para volver a acomodar las cosas nos llevaría más de lo pensado y estaba por oscurecer pronto. Yo me encontraba aturdido y confundido. No entendía completamente lo que acababa de ocurrir ni quién era esa mujer misteriosa con la que nos habíamos enfrentado. La experiencia había dejado una marca en mí con una sensación de inquietud. Sin duda, algo oscuro sucedía en el bosque del Centinela y apenas nos estábamos adentrando a ello. Cuando regresamos al campamento con la leña, nos sorprendió encontrar a los demás reunidos alrededor de la fogata recién encendida. Ulises les preguntó si sucedía algo y al acercarnos, descubrimos que estaban examinando una extraña raíz de un arbusto que habían encontrado. Tenía la forma de un cuerpo pequeño sin cabeza, pero esta última estaba sustituida por un arbusto que se asemejaba a una especie de muñeco macabro. Diego la observó detenidamente y nos informó que se trataba de una mandrágora para muchos de nosotros, incluyéndome A mí era la primera vez que escuchábamos ese nombre. Diego nos explicó que la mandrágora era una raíz utilizada principalmente por brujas en rituales de hechicería para influir en sus víctimas. Intrigado, pregunté dónde la habían encontrado. Uno de los miembros más jóvenes del grupo comentó que estaba buscando piedras para colocar alrededor de la fogata cuando escuchó un llanto de un niño. Al investigar, descubrió que el sonido provenía del suelo justo debajo del arbusto, con una pequeña pala que tenía consigo. Comenzó a excavar sobre el lugar del que provenía el sonido. En cuanto golpeó la tierra, el llanto cesó abruptamente. Siguió exan van do Us durante un tiempo y fue entonces cuando encontró esta inquietante raíz de mandrágora. Diego nos aseguró que todo indicaba que la mandrágora ya no estaba viva. De lo contrario, habría gritado hasta ensordecernos. La tensión en el aire era palpable y no pudimos guardar más el secreto de lo que nos había sucedido. Unos minutos antes, Ulises decidió contarles a los demás sobre el encuentro con la misteriosa mujer. Algunos atemorizados optaron por regresar, pero debido a la hora ya avanzada, no era una opción viable caminar a Oscuras por el bosque. Decidimos quedarnos juntos y mantenernos cerca de la fogata, sintiendo la necesidad de protegernos mutuamente. Pase lo que pase. La noche estaba por caer sobre nosotros y era seguro que enfrentaríamos a lo desconocido. Sólo tendríamos que aguantar hasta el amanecer justo antes de que la noche cayera por completo. Los ocho nos encontrábamos alrededor de la fogata y me di cuenta de que no era el único que había traído con con consigo algo para defendernos. Algunos llevaban navajas, otros palos y piedras, todos preparados para usarlos solo si fuera necesario. Mientras hablábamos quedamos envueltos en la oscuridad. Sólo la luz titilante de la fogata iluminaba nuestro pequeño refugio en el bosque. Parecía que la tranquilidad se mantendría cuando de repente empezamos a escuchar quejidos y llantos de niños a nuestro alrededor. Mi corazón dio un brinco. Uno de esos llantos resonó a pocos metros de donde estábamos, el mismo lugar del que el otro chico había mencionado anteriormente. El sonido provenía del suelo, como si los lamentos surgieran desde las entrañas de la tierra. Diego nos dijo que no ses mantuvimos en silencio. Había notado una extraña figura que se movía cerca de nosotros. Poco a poco, los llantos se fueron apagando, pero la figura se acercaba cada vez más. Entonces distinguimos a una ansio jorobada que avanzaba lentamente cargando detrás de su espalda enormes sacos en los que parecía haber varias mandrágoras. Notó nuestra presencia, pero eso parecía no Importarle continuó su camino hasta llegar al lugar donde estaba la mandrágora, a sólo unos metros de nosotros. Todos la mirábamos atónitos sin pronunciar una sola palabra. La anciana sacó una estaca y la clavó junto al arbusto, que dejó de llorar inmediatamente con un movimiento hábil. La desenterró del suelo y de ella emergió una raíz más grande de lo que habíamos encontrado antes. Tenía forma de brazos y piernas, pareciendo el cuerpo de un niño pequeño de unos ocho años. La anciana la recogió y se quedó quieta y en silencio por unos segundos. Luego nos miró con calma, se acercó lentamente y cuando estuvo a un par de metros de distancia, Ulises le ordenó que se detuviera advirtiéndole que estábamos armados y dispuestos a defendernos. La anciana nos dijo que le faltaba una mandrágora y que nosotros la teníamos diego. La tenía guardada, así que la buscó entre sus cosas y se la arrojó a los pies. La anciana la recogió y preguntó cuánto tiempo llevaba muerta. Aunque sabíamos un tiempo aproximado. Nadie se atrevió a responderle. Ella simplemente tomó la mandrágora y la guardó en su saco antes de marcharse, dejándonos a todos con el corazón latiendo con fuerza. Las horas siguientes fueron inquietantes. Después de nuestro encuentro con la anciana, notamos un destello amarillo que se destacaba entre los árboles cada vez más intenso y perturbador. A pesar de la distancia considerable que nos separaba debido a la densidad del bosque, no podíamos distinguir qué era. Diego y Ulises tomaron la decisión de ir a investigar, mientras los demás decidimos esperar. Pero sinceramente, no quería quedarme inmóvil en medio de la oscuridad, así que decidí acompañarlos a medida que nos acercábamos, comenzamos a escuchar gritos y aullidos, principalmente de mujeres. Diego sugirió que deberíamos esperar y observar antes de decidir qué hacer, pero fue Ulises el que sugirió que nos acercáramos un poco más. Nos ocultamos tras unos arbustos y presenciamos un espectáculo aterrador. Un grupo de personas danzaba alrededor de una fogata. Su vestimenta era similar a la que habíamos visto cuando nos encontramos a la mujer. Mientras recolectábamos leña. Llevaban máscaras hechas de paja y en medio del círculo, la anciana arrojaba las mandrágoras a la fogata. Cada vez que una caía en las llamas, estas crecían en intensidad y tamaño. Nos quedamos perplejos observando la escena y de repente sentí esa extraña atracción. Nuevamente me sentía como si estuviera caminando sobre las nubes y sin darme cuenta, comencé a caminar hacia ellas. Fue Ulises quien me detuvo y me escondió nuevamente detrás de los arbustos. Diego sugirió que nos retiráramos para evitar interferir y provocar un problema mayor. Pero al dar unos pasos, nuestras pisadas delataron nuestra presencia. Al romper algunas ramas, Todo se volvió profundamente silencioso. Las mujeres dejaron de gritar y ahullar. Sólo se escuchaba el crepitar de la fogata por la leña que ardía. Nos volteamos y vimos la escena más espeluznante que haya presenciado en toda mi vida. Todas nos miraban fijamente en sus ojos. Se veía un fulgor rojo inquietante. Mis piernas ya no respondían. Mi cuerpo parecía haberse paralizado por completo. De repente se acercaron rodeándonos en un instante. La anciana se aproximó a mí y sopló algo en mi rostro. Empecé a toser y, a pesar de mí mis esfuerzos por respirar, me ahogaba. Perdí el conocimiento y ya no supe más. Cuando recobré la conciencia, me encontraba atado de manos y piernas boca arriba con el pecho descubierto. Una de las mujeres parecía estar dibujando algo sobre mí. Intenté sacudirme, pero aún me sentía aturdido y desorientado. Ulises y Diego seguían desmayados. Intenté hablar, pero mis palabras salían entrecortadas y confusas y entre ellas hablaban en otro idioma que no logré identificar, pero se parecía ser que se entendían perfectamente. Entonces la anciana se acercó hacia mí. Intuí que la mujer que me estaba marcando le había avisado que ya había despertado. Le supliqué como pude que nos dejara ir, pero la anciana parecía completamente absorta en lo que estaba haciendo. Metió su dedo arrugado y mugriento en un recipiente de barro donde parecía estar mezclando algo. Sacó una especie de pasta rojizo que introdujo dentro de mi boca con su dedo. La sensación fue tan repugnante que tuve que hacer un gran esfuerzo para evitar vomitar. Una vez que retiró su dedo de mi boca, empecé a sentir un fuerte ardor. Babeaba tanto que no podía mantener la boca cerrada. Me sentía débil y sin fuerzas, y entonces todo se volvió borroso. Veía a las mujeres danzando a mí alrededor pero todo estaba nublado. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y no podía concentrarme y en ese momento un estruendo retumbó a lo lejos. No pude ver que había sucedido. Perdí la conciencia Nuevamente recuperé el sentido sin saber qué hora era, pero el sol golpeaba directamente mi rostro al lado mío. Ulises estaba sentado aún confundido, pero muy despierto. Traté de identificar nuestro entorno y me di cuenta de que estábamos de vuelta en el campamento. Me senté con dificultad. Mis brazos temblaban y apenas podían sostener mi peso. Ulises se dio cuenta de que había despertado y me ayudó a sentarme. Le pregunté qué había sucedido y él me contó que todo se debía a la ayuda de aquellos que se habían quedado en el campamento. Aparentemente un grupo de cazadores se topó con nuestro campamento y también notaron el inquietante brillo entre los árboles. Por suerte, encontraron a los chicos y al ver que llevábamos mucho tiempo, ausentes y sin noticias, decidieron ir en nuestra ayuda. Cuando nos encontraron, ahuyentaron a las extrañas figuras con disparos al aire, lo que nos permitió ser rescatados. Uno de los cazadores se acercó a mí y me ofreció un poco de agua. Me preguntó cómo me sentía. Aún tenía un extraño sabor amargo en la boca que me provocaba repulsión por más que escupía, no podía quitármelo y mi saliva tenía un color café oscuro. Ese hombre nos contó sobre una secta en el bosque del Centinela y l a y a uersvirtió sobre los peligros de aventurarse sin precaución en ese lugar en cuanto supo que nos adentraríamos para acampar, reunió a sus amigos y salieron a buscarnos. Fue entonces cuando me di cuenta de que era el mismo hombre que nos había dado un aventón en su camioneta antes de adentrarnos al bosque nos ofreció llevarnos de vuelta a casa, una oferta que aceptamos de inmediato. Fue una experiencia terrible por la que pasamos especialmente Ulises, Diego y yo. Ulises sufrió graves problemas emocionales como resultado, pero está recibiendo terapia para superarlos. Diego afirma no recordar nada de lo sucedido, pero sé que está mintiendo, pues evita hablar del tema. En cuanto a mí, de vez en cuando siento ese extraño sabor en la boca y experimento alucinaciones. A veces veo a esas extrañas mujeres observándome estas alucinaciones se han estado desvaneciendo poco a poco con el tiempo, dejando detrás una historia de terror que nunca olvidaré Lengua de brujo