Fuimos Atrapados Por Brujas Para Su Aquelarre Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
Danza macabra, me llamo Rubén y quiero compartir con ustedes una experiencia que vivimos cuando yo tenÃa tan sólo diecinueve años. Esta historia tiene lugar en un lugar muy especial llamado el Centinela, un bosque grande y misterioso, muy cercano a nuestra comunidad. Este bosque es conocido por sus numerosas leyendas de brujas y nahuales. Era el escenario perfecto para una noche de acampada con mis amigos. Aunque de niños nos habÃan asustado con cuentos de terror sobre este lugar. Decidimos desafiar esas historias y pasar un momento entre amigos. Realmente, la idea era pasar la noche junto al lago y disfrutar de una lluvia de estrellas que habÃamos escuchado anunciada en la radio. No llevábamos casas de acampar o algún equipo en especial. Sólo algunos cobertores linternas y provisiones. Ãbamos a experimentar una noche al aire libre. Personalmente, llevaba conmigo una navaja que pertenecÃa a mi padre, aunque estaba seguro de que no me la prestarÃa. Si se la pedÃa, la llevaba como medida de seguridad. Además de mis pertenencias, tenÃa una radio de pilas que me acompañaba. Me encantaba. Esa radio era compacta y tenÃa una excelente recepción, lo que la convertÃa en el complemento perfecto para nuestra aventura. Nos reunimos en la carretera que llevaba hacia el bosque. Ãramos ocho en total y todos estábamos llenos de entusiasmo. Por suerte, un amable desconocido nos dio un aventón en su camioneta, ahorrándonos la caminata de varios kilómetros hasta llegar al bosque. Este hombre, que también era de nuestra Comunidad se mostró sorprendido cuando le dijimos que pasarÃamos la noche junto al lago. Su principal preocupación fue advertirnos sobre las leyendas y los relatos de personas que habÃan desaparecido en el bosque años atrás. Pero nosotros, muy confiados, le aseguramos que esas historias no nos afectaban en absoluto. Pensábamos que eran simples cuentos para asustar a los niños y estábamos seguros de que pasarÃamos una noche inolvidable junto al lago, observando las estrellas y disfrutando de la naturaleza. Pero lo que no sabÃamos en ese momento era que estábamos a punto de vivir nuestra propia historia de terror, una experiencia que cambiarÃa nuestras vidas para siempre. Cuando emprendimos la caminata hacia el lago, decidà encender la radio para tener algo de música que nos acompañara. Durante nuestra larga travesÃa, sabÃamos que aún tenÃamos un largo camino por delante. Asà que, mientras avanzábamos, mi amigo Ulises tuvo la brillante idea de compartir las historias que su abuelo le contaba cuando era pequeño. En ese momento, cada uno de nosotros empezó a relatar las leyendas que nos habÃan transmitido de niños acerca de ese lugar, y lo que me sorprendió fue que todas incluÃan las famosas brujas del bosque. Después de un par de horas de caminata, finalmente llegamos al lugar donde Ãbamos a acampar. Mientras algunos de nuestros compañeros montaban el campamento, Ulises y yo nos aventuramos en busca de leña en medio del espeso bosque tenÃamos una buena relación. Ãl era un par de años mayor que yo y trabajaba con su padre en una panaderÃa. A pesar de que sólo habÃa cursado la secundaria porque no le gustaba estudiar, estaba decidido a dedicarse al negocio familiar. Mientras recogÃamos, Leña me contó sobre su vida y sus planes para el futuro. De repente, Ulises se quedó en silencio y miró hacia el horizonte. Al principio no le presté mucha atención y continué hablándole, pero él me pidió que guardara silencio y observara lo que estaba viendo. A unos cincuenta metros de distancia vimos a una persona de pie con la mitad de su cuerpo oculta tras un árbol. Nos miraba fijamente como si estuviéramos haciendo algo mal, A medida que nos acercábamos lentamente pudimos distinguir que se trataba de una mujer desaliñada, con una larga cabellera negra que caÃa sobre su espalda. VestÃa lo que parecÃa ser un vestido blanco, pero estaba completamente desgarrado y sucio. Su aspecto era tan desaliñado que parecÃa haber escapado de algún lugar siniestro. Permanecimos allà inmovilizados por la extraña presencia de esa mujer, mientras sus ojos parecÃan perforar nuestra alma con una mirada intensa y perturbadora. La atmósfera se llenó de una atención palpable y un miedo profundo se apoderó de nosotros. Entonces me di cuenta de que algo extraño estaba ocurriendo. La mujer no se movÃa, pero nosotros nos encontrábamos avanzando hacia ella de forma automática, como si estuviéramos bajo un hechizo hipnótico irresistible. Mis piernas se movÃan por sà solas y mi voz nos quedó atrapada en mi garganta. Estaba completamente incapaz de apartar la vista de esos ojos oscuros y penetrantes y no podÃa hacer nada para evitarlo. De repente, en medio de ese trance inexplicable, una piedra impactó en la cabeza de la mujer, rompiendo la extraña conexión que nos tenÃa atrapados. Un gemido de dolor escapó de su boca y en un instante recuperamos nuestra conciencia. La mujer herida se quejó y huyó del lugar, alejándose de nosotros a toda prisa. Fue nuestro amigo Diego quien salió a nuestro rescate. HabÃa percibido la presencia de esa mujer y al ver que nos acercábamos peligrosamente a ella, se dio cuenta del riesgo inminente que enfrentábamos, decidió intervenir para salvarnos de lo que fuera que esa mujer pudiera hacernos ulises aún en estado de shock por lo ocurrido. Nos pidió a los dos que guardáramos silencio sobre el incidente. No querÃa provocar pánico entre los demás. A diego no le pareció del todo correcto esto. Ãl nos comentó que todo indicaba que nos encontrábamos en un territorio de alguna bruja y era necesario irnos a otro sitio, pero el campamento ya estaba montado y recoger todo y buscar otro sitio para volver a acomodar las cosas nos llevarÃa más de lo pensado y estaba por oscurecer pronto. Yo me encontraba aturdido y confundido. No entendÃa completamente lo que acababa de ocurrir ni quién era esa mujer misteriosa con la que nos habÃamos enfrentado. La experiencia habÃa dejado una marca en mà con una sensación de inquietud. Sin duda, algo oscuro sucedÃa en el bosque del Centinela y apenas nos estábamos adentrando a ello. Cuando regresamos al campamento con la leña, nos sorprendió encontrar a los demás reunidos alrededor de la fogata recién encendida. Ulises les preguntó si sucedÃa algo y al acercarnos, descubrimos que estaban examinando una extraña raÃz de un arbusto que habÃan encontrado. TenÃa la forma de un cuerpo pequeño sin cabeza, pero esta última estaba sustituida por un arbusto que se asemejaba a una especie de muñeco macabro. Diego la observó detenidamente y nos informó que se trataba de una mandrágora para muchos de nosotros, incluyéndome A mà era la primera vez que escuchábamos ese nombre. Diego nos explicó que la mandrágora era una raÃz utilizada principalmente por brujas en rituales de hechicerÃa para influir en sus vÃctimas. Intrigado, pregunté dónde la habÃan encontrado. Uno de los miembros más jóvenes del grupo comentó que estaba buscando piedras para colocar alrededor de la fogata cuando escuchó un llanto de un niño. Al investigar, descubrió que el sonido provenÃa del suelo justo debajo del arbusto, con una pequeña pala que tenÃa consigo. Comenzó a excavar sobre el lugar del que provenÃa el sonido. En cuanto golpeó la tierra, el llanto cesó abruptamente. Siguió exan van do Us durante un tiempo y fue entonces cuando encontró esta inquietante raÃz de mandrágora. Diego nos aseguró que todo indicaba que la mandrágora ya no estaba viva. De lo contrario, habrÃa gritado hasta ensordecernos. La tensión en el aire era palpable y no pudimos guardar más el secreto de lo que nos habÃa sucedido. Unos minutos antes, Ulises decidió contarles a los demás sobre el encuentro con la misteriosa mujer. Algunos atemorizados optaron por regresar, pero debido a la hora ya avanzada, no era una opción viable caminar a Oscuras por el bosque. Decidimos quedarnos juntos y mantenernos cerca de la fogata, sintiendo la necesidad de protegernos mutuamente. Pase lo que pase. La noche estaba por caer sobre nosotros y era seguro que enfrentarÃamos a lo desconocido. Sólo tendrÃamos que aguantar hasta el amanecer justo antes de que la noche cayera por completo. Los ocho nos encontrábamos alrededor de la fogata y me di cuenta de que no era el único que habÃa traÃdo con con consigo algo para defendernos. Algunos llevaban navajas, otros palos y piedras, todos preparados para usarlos solo si fuera necesario. Mientras hablábamos quedamos envueltos en la oscuridad. Sólo la luz titilante de la fogata iluminaba nuestro pequeño refugio en el bosque. ParecÃa que la tranquilidad se mantendrÃa cuando de repente empezamos a escuchar quejidos y llantos de niños a nuestro alrededor. Mi corazón dio un brinco. Uno de esos llantos resonó a pocos metros de donde estábamos, el mismo lugar del que el otro chico habÃa mencionado anteriormente. El sonido provenÃa del suelo, como si los lamentos surgieran desde las entrañas de la tierra. Diego nos dijo que no ses mantuvimos en silencio. HabÃa notado una extraña figura que se movÃa cerca de nosotros. Poco a poco, los llantos se fueron apagando, pero la figura se acercaba cada vez más. Entonces distinguimos a una ansio jorobada que avanzaba lentamente cargando detrás de su espalda enormes sacos en los que parecÃa haber varias mandrágoras. Notó nuestra presencia, pero eso parecÃa no Importarle continuó su camino hasta llegar al lugar donde estaba la mandrágora, a sólo unos metros de nosotros. Todos la mirábamos atónitos sin pronunciar una sola palabra. La anciana sacó una estaca y la clavó junto al arbusto, que dejó de llorar inmediatamente con un movimiento hábil. La desenterró del suelo y de ella emergió una raÃz más grande de lo que habÃamos encontrado antes. TenÃa forma de brazos y piernas, pareciendo el cuerpo de un niño pequeño de unos ocho años. La anciana la recogió y se quedó quieta y en silencio por unos segundos. Luego nos miró con calma, se acercó lentamente y cuando estuvo a un par de metros de distancia, Ulises le ordenó que se detuviera advirtiéndole que estábamos armados y dispuestos a defendernos. La anciana nos dijo que le faltaba una mandrágora y que nosotros la tenÃamos diego. La tenÃa guardada, asà que la buscó entre sus cosas y se la arrojó a los pies. La anciana la recogió y preguntó cuánto tiempo llevaba muerta. Aunque sabÃamos un tiempo aproximado. Nadie se atrevió a responderle. Ella simplemente tomó la mandrágora y la guardó en su saco antes de marcharse, dejándonos a todos con el corazón latiendo con fuerza. Las horas siguientes fueron inquietantes. Después de nuestro encuentro con la anciana, notamos un destello amarillo que se destacaba entre los árboles cada vez más intenso y perturbador. A pesar de la distancia considerable que nos separaba debido a la densidad del bosque, no podÃamos distinguir qué era. Diego y Ulises tomaron la decisión de ir a investigar, mientras los demás decidimos esperar. Pero sinceramente, no querÃa quedarme inmóvil en medio de la oscuridad, asà que decidà acompañarlos a medida que nos acercábamos, comenzamos a escuchar gritos y aullidos, principalmente de mujeres. Diego sugirió que deberÃamos esperar y observar antes de decidir qué hacer, pero fue Ulises el que sugirió que nos acercáramos un poco más. Nos ocultamos tras unos arbustos y presenciamos un espectáculo aterrador. Un grupo de personas danzaba alrededor de una fogata. Su vestimenta era similar a la que habÃamos visto cuando nos encontramos a la mujer. Mientras recolectábamos leña. Llevaban máscaras hechas de paja y en medio del cÃrculo, la anciana arrojaba las mandrágoras a la fogata. Cada vez que una caÃa en las llamas, estas crecÃan en intensidad y tamaño. Nos quedamos perplejos observando la escena y de repente sentà esa extraña atracción. Nuevamente me sentÃa como si estuviera caminando sobre las nubes y sin darme cuenta, comencé a caminar hacia ellas. Fue Ulises quien me detuvo y me escondió nuevamente detrás de los arbustos. Diego sugirió que nos retiráramos para evitar interferir y provocar un problema mayor. Pero al dar unos pasos, nuestras pisadas delataron nuestra presencia. Al romper algunas ramas, Todo se volvió profundamente silencioso. Las mujeres dejaron de gritar y ahullar. Sólo se escuchaba el crepitar de la fogata por la leña que ardÃa. Nos volteamos y vimos la escena más espeluznante que haya presenciado en toda mi vida. Todas nos miraban fijamente en sus ojos. Se veÃa un fulgor rojo inquietante. Mis piernas ya no respondÃan. Mi cuerpo parecÃa haberse paralizado por completo. De repente se acercaron rodeándonos en un instante. La anciana se aproximó a mà y sopló algo en mi rostro. Empecé a toser y, a pesar de mà mis esfuerzos por respirar, me ahogaba. Perdà el conocimiento y ya no supe más. Cuando recobré la conciencia, me encontraba atado de manos y piernas boca arriba con el pecho descubierto. Una de las mujeres parecÃa estar dibujando algo sobre mÃ. Intenté sacudirme, pero aún me sentÃa aturdido y desorientado. Ulises y Diego seguÃan desmayados. Intenté hablar, pero mis palabras salÃan entrecortadas y confusas y entre ellas hablaban en otro idioma que no logré identificar, pero se parecÃa ser que se entendÃan perfectamente. Entonces la anciana se acercó hacia mÃ. Intuà que la mujer que me estaba marcando le habÃa avisado que ya habÃa despertado. Le supliqué como pude que nos dejara ir, pero la anciana parecÃa completamente absorta en lo que estaba haciendo. Metió su dedo arrugado y mugriento en un recipiente de barro donde parecÃa estar mezclando algo. Sacó una especie de pasta rojizo que introdujo dentro de mi boca con su dedo. La sensación fue tan repugnante que tuve que hacer un gran esfuerzo para evitar vomitar. Una vez que retiró su dedo de mi boca, empecé a sentir un fuerte ardor. Babeaba tanto que no podÃa mantener la boca cerrada. Me sentÃa débil y sin fuerzas, y entonces todo se volvió borroso. VeÃa a las mujeres danzando a mà alrededor pero todo estaba nublado. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y no podÃa concentrarme y en ese momento un estruendo retumbó a lo lejos. No pude ver que habÃa sucedido. Perdà la conciencia Nuevamente recuperé el sentido sin saber qué hora era, pero el sol golpeaba directamente mi rostro al lado mÃo. Ulises estaba sentado aún confundido, pero muy despierto. Traté de identificar nuestro entorno y me di cuenta de que estábamos de vuelta en el campamento. Me senté con dificultad. Mis brazos temblaban y apenas podÃan sostener mi peso. Ulises se dio cuenta de que habÃa despertado y me ayudó a sentarme. Le pregunté qué habÃa sucedido y él me contó que todo se debÃa a la ayuda de aquellos que se habÃan quedado en el campamento. Aparentemente un grupo de cazadores se topó con nuestro campamento y también notaron el inquietante brillo entre los árboles. Por suerte, encontraron a los chicos y al ver que llevábamos mucho tiempo, ausentes y sin noticias, decidieron ir en nuestra ayuda. Cuando nos encontraron, ahuyentaron a las extrañas figuras con disparos al aire, lo que nos permitió ser rescatados. Uno de los cazadores se acercó a mà y me ofreció un poco de agua. Me preguntó cómo me sentÃa. Aún tenÃa un extraño sabor amargo en la boca que me provocaba repulsión por más que escupÃa, no podÃa quitármelo y mi saliva tenÃa un color café oscuro. Ese hombre nos contó sobre una secta en el bosque del Centinela y l a y a uersvirtió sobre los peligros de aventurarse sin precaución en ese lugar en cuanto supo que nos adentrarÃamos para acampar, reunió a sus amigos y salieron a buscarnos. Fue entonces cuando me di cuenta de que era el mismo hombre que nos habÃa dado un aventón en su camioneta antes de adentrarnos al bosque nos ofreció llevarnos de vuelta a casa, una oferta que aceptamos de inmediato. Fue una experiencia terrible por la que pasamos especialmente Ulises, Diego y yo. Ulises sufrió graves problemas emocionales como resultado, pero está recibiendo terapia para superarlos. Diego afirma no recordar nada de lo sucedido, pero sé que está mintiendo, pues evita hablar del tema. En cuanto a mÃ, de vez en cuando siento ese extraño sabor en la boca y experimento alucinaciones. A veces veo a esas extrañas mujeres observándome estas alucinaciones se han estado desvaneciendo poco a poco con el tiempo, dejando detrás una historia de terror que nunca olvidaré Lengua de brujo








