Sept. 1, 2023

Fui Maldecido Con Brujeria Satanica Historias De Terror - REDE

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Brujería satánica, aunque me duele mucho afirmarlo, hay ocasiones que el enemigo más peligroso que puede tener uno en la vida, aunque cueste creerlo le corre la misma sangre en las penas que a ti. Mi nombre es Eduardo. He tenido que pasar un tiempo de recuperación para poder compartir esta historia que me pasó después de cumplir mi mayoría de edad, todo lo terrorífico que me tocó vivir. Lo resumo en unas cuantas líneas. Soy el tercer hijo de una familia de siete hermanos. Dentro de lo que cabe, siempre nos llevamos bien. Puedo decirlo. Estaba orgulloso de compartir una vida con ellos, de pertenecer a esta familia modestia aparte. Siempre fui un joven agraciado. Tenía mucha aceptación con mis compañeras, primero de estudios, después de mi primer trabajo. También contaba con muchos amigos. Nunca supe que le cayera mal a alguien. No tenía una novia en sí, pero en cambio de eso tenía demasiadas amigas. Era muy muy popular y, aparentemente tenía la vida resuelta al ser un gran estudiante, además de muy trabajador. A pesar de no ser el mayor de los hermanos, fui uno de los primeros sin conseguir un empleo por lo menos ya costeaba mis gastos para alegría de mi mamá. A mí me gustaba que ella se sintiera orgullosa de mí. Así como corría el tiempo, me sentía más seguro de mí mismo andaba bien vestido y, aunque sea, traía un poco de dinero en la bolsa para darme un gusto. De vez en cuando sucedió que un día comencé a sentirme mal sin motivo. Aparente, Así de la nada me quedé como oído. En ese momento me encontraba con unos amigos. Tuvieron que darme unas palmadas en la cara para que reaccionara porque, según ellos, me desconecté por unos segundos. Esta fue la primera de muchas veces en en en to ons. No pasó a mayores hasta hicieron bromas. Con lo sucedido, yo no dije nada, pero seguía algo aturdido. Me sentía mareado y algunas cosas e incluso algunos de ellos mis propios amigos, se me hacían desconocidos. Cuando llegué a casa, miraba borroso. Tomé algunas pastillas, principalmente para el mareo. En esa ocasión no quise cenar y me fui a dormir porque me seguía sintiendo raro. Cerré los ojos porque me punzaba la cabeza en una ocasión que los abrí supe que algo extraño. Me estaba pasando. Me sentí como si estuviera en el aire. Miraba el techo más cerca de lo normal y no podía moverme. La puerta de mi cuarto estaba abierta. Por lo mismo, podía ver a mi familia sentada en la sala mirando la televisión. Así comprobé que no era un sueño. Apreté los ojos y ya no los abrí. Aunque esa noche tuve sueños horribles, no recuerdo haber despertado alterado ni mucho menos. A la mañana siguiente me levanté sintiéndome bien, no quise comentar nada porque estábamos acostumbrados a hacer bromas de todo. Miré a cada uno de mis hermanos para ver si se habían dado cuenta de lo que me había pasado, pero nadie dijo nada y así quedó. Ese día transcurrió normal. Fui temprano a la escuela por la tarde. Estuve en el trabajo, pero en la noche me miré mal de nuevo me sentía atullido con los nervios apretados. Un terrible desgano se apoderó de mí. Cancelé lo que iba a hacer y me acosté temprano esperando que pronto pasara todo aquello. Esa noche la pasé temeroso algo me daba miedo, pero no sabía qué era. Cerraba los ojos y muchas imágenes horribles aparecían ante mí rápido. Lo sabría, pero con miedo de que todo aquello se volviera. Una terrible realidad. Recuerdo que que esa noche no supe qué pasó. Estando sentado en la cama, me di cuenta de pronto que ya era de día. No sé si me quedé dormido sentado o simplemente me perdí como ya me había pasado. Sudaba mucho, pero tenía frío. Comencé a tener insomnio porque escuchaba que alguien caminaba pesadamente por encima del techo. Lo escuchaba claramente, pero nadie más en la casa lo hacía. Solo yo. En una ocasión les dije lo que escuchaba y todos me miraron raro. En ese tiempo no compartía cuarto con nadie, pero los otros dos cuartos estaban pegados al mío. Si se escuchaba algo, tendrían por fuerza que haberlo escuchado ellos también, pero no era así. Aparte de eso, otros sonidos inexplicables. Se escuchaban por las noches solo que adentro de la casa. Al igual que los pasos en el techo, nadie parecía darse cuenta, siendo que eran muy claros. Días después se sent or un nudo en la garganta como si trajera algo adorado. Batallaba hasta para pasar saliva mucho más para poder comer cuando sentí dificultad para respirar le dije a mi mamá y me llevaron con el médico casi de urgencias. No pudimos explicar los síntomas que tenía. Le dije al doctor que algo, tal vez un hueso, se me había adorado en la garganta. Así me sentía, me revisó sin encontrar nada raro. Nos dijo que pudieran ser las anginas. Solamente me resentó algunos medicamentos y nos retiramos sin estar convencidos de que era eso. Luego fueron los ojos. Miraba borroso, me ardían mucho por las mañanas. Al salir para la escuela, batallaba para acostumbrarme al sol. Por eso me ponía unas gafas oscuras. Traté de hacer mi vida normal, pero todo a mi entorno cambió. Casi nadie me hablaba. Me volví callado, temeroso, distraído, desinteresado de lo que antes me apasionaba. Yo mismo me desconocía. Salía a la calle descuidado en mi aseo personal. Bajaron mis calificaciones. Empecé a dar lástima literalmente poco a poco me iba apagando y todos lo podían ver. Entre ellos murmuraban que tenía una enfermedad terrible, como cáncer, le usé mía o cosas peores, porque mi deterioro era rápido y notable. Algunos me sacaban la vuelta pensando que era contagioso de la propia escuela. Mandaron llamar a mi mamá. Pensaban que estaba consumiendo algún tipo de sustancia prohibida, pero mi mamá me conocía. Sabía que nunca haría eso. Dándome un voto de confianza abogando por mí si los médicos que por cierto ya me habían revisado varios no sabían lo que me estaba pasando. Nosotros menos digo nosotros, porque mi familia siempre se preocupó por mí. Tanto mi mamá como mis hermanos estaban al pendiente de todo lo que pasaba para no hacer la historia tan larga. Tuve que dejar la universidad y el trabajo de medio tiempo que tenía, porque parecía un zombie por la calle, corriendo peligro de sufrir un accidente no encontrando otro remedio. Me refugié en mi casa más triste aún en mi cuarto, donde casi no salía por la ventana. Empecé a mirar, pasar el tiempo. Pasé por médicos, especialistas e incluso psicólogos, pero nada. No mostraba una patología común, mucho menos conocida para poder diagnosticar alguna enfermedad y así atenderme. Meses después, no soportaba verme al espejo. Estaba en los huesos. No quedaba nada de mí, no al menos de lo que había sido poco tiempo atrás. Había ocasiones que se pasaba el día sin que mis hermanos me dieran una vuelta. Me sentía olvidado. Comencé a pensar en la posibilidad de la muerte. Tal vez eso era lo mejor. Quizá tenía lagunas mentales, pero cuando recordaba ya habían pasado los días sin darme cuenta, sin saber lo que sucedía a mi alrededor, pero además sin importarme. En ocasiones tenía pesadillas extrañas donde me miraba comiendo murciélagos o sapos. También me soñaba ahogándome en un líquido negro y espeso. Eso me hacía gritar por las noches, aunque sólo eran sueños. Pesadillas me ponían muy mal. Estaba tan débil que ella no podía levantarme de la cama sin la ayuda de uno de mis hermanos una tarde, pensando que mi final estaba próximo alguien desconocido para mí entró a mi cuarto. Era una señora ya mayor. Ni siquiera pude levantarme para preguntar quién era aquella mujer fue y me tocó la frente. Le escuché decir no tengas miedo, algo me puso en el cuello, me tapó con una cobija y se retiró en la parte de la frente donde me había tocado. Me me me quedó una sensación rara, pero de alivio. Después me vino un ardor insoportable, seguido de un asco horrible que muy apenas pude soportar. Como era común que tuviera alucinaciones. Pensé que era una de ellas, pero horas después, o quizá días, apareció de nuevo esa mujer, pero ahora acompañada de mi mamá, sus ojos tenían un brillo extraño, algo en mí hacía que rechazara su presencia, pero no tenía las fuerzas suficientes para decirle que me dejara en paz. Al verla frente a mí, quería escupirla me llené de rabia, pero nada podía hacer en su contra. No entendía por qué, pero no podía sostenerle esa mirada tan pesada que tenía. Cuando me di cuenta, ya estaba a mi lado hablándome como si me conociera. Puso sus manos en mi estómago y apretó con fuerza grité como nunca lo había hecho. Fue como si hubiera liberado algo maligno, un olor repugnante y invadió todo el cuarto. No terminaba de recuperarme y puso sus manos en mi cabeza. En eso entraron dos de mis hermanos para ordenar que me dejara en paz porque me estaba lastimando. Mi mamá intentó explicarles que lo único que quería era ayudarme, pero mientras uno de mis hermanos alegaba con mi mamá, el otro sacó a la mujer. Casi a la fuerza de la casa. Escuché que les decían a las dos que me dejaran morir en paz. Esa noche fue terrible. Sentía piquetes por todo el cuerpo tan fuertes que pensé que era mi muerte. Entre mis alucinaciones. Miraba siluetas en forma de sapos a mi alrededor que me picaban con alfileres enormes. Escuchaba algunas voces que me gritaban que ya me muriera, que no luchara más, porque era mucho el sufrimiento por el que estaba pasando. Después me daban los piquetes más fuertes. Quizás sufría de pesadillas, pero el dolor sí, que era de verdad, sobre todo en la boca por las heridas que me hacían. Me salía sangre, pero no de color normal. La miraba totalmente negra y me ardía cuando me escurría por la piel como si fuera una especie de ácido. Toda la noche fui torturado sin comprender por qué al día siguiente no podía hablar la quijada. Se me había trabado y permanecí completamente adolorido. No sé cómo le haría a mi mamá, pero regresó de nuevo con aquella mujer quien actuaba deprisa, tal vez para que mis hermanos no se enteraran. Me llenó con sal por todo el cuerpo. Mientras murmuraba muchas cosas. Encendí un cigarro y me echó humo en los ojos y por los oídos. Me dio algunos masajes en las quijadas. Luego de unos minutos, así como llegó, salió de prisa tratando de no hacer ruido esa noche por primera vez dormí bien, no sentí aquella pesadez. No tuve pesadilla ni escuché nada que me pusiera inquieto. Al día siguiente amanecí un poco mejor. Supe que esa mujer me estaba ayudando. Cuando terminó el día, regresó a esa señora. Igual que la vez anterior, actuó deprisa. Esta vez también me hizo una barrida, pero no supe con qué puso algo debajo de mi cama. De igual manera lo hizo debajo de mi almohada. Me di cuenta que con eso empecé a sentirme despierto. No me daba tiempo ni fuerzas para agradecer lo que estaba haciendo por mí. Por lo menos ya me había regresado un poco de conciencia. Por eso noté que pasaban cosas raras. Dos de mis hermanos eran los que siempre me llevaban el agua que tomaba, porque era lo único que toleraba, pero intercambiaban miradas de manera extraña. Quitaban las cosas que me dejaba aquella mujer y me ponían marcas en el cuerpo. Al darme cuenta de eso, les oculté mi mejoría. Me llenaba de vergüenza y de miedo pensar que eran ellos los que me estaban haciendo un mal, porque no había motivos para ello. Nunca habíamos tenido un problema fuerte. Además, eran sangre de mi sangre. La siguiente vez que se presentó la mujer a verme ya podía hablar un poco le pregunté qué era lo que me estaba pasando. Volvió a ver a mi mamá quién le hizo una seña de manera positiva para que me respondiera. Te están trabajando. Tienes un embrujo negro muy difícil de retirar. Quizá Palomayombe Santería o las dos juntas, pero soy una bruja maestra y te voy a liberar. Me dijo con voz muy segura. Volvió a ver a mi mamá quien le hizo una seña de manera positiva para que me respondiera. Me preguntó si miraba al Diablo en mis sueños o se me aparecía por las noches. Le dije que no, porque hasta ese momento miraba cosas extrañas, pero nada parecido al diablo. Ayúdame, me decía lucha, no te dejes vencer, desconfía de todos, no tomes cualquier cosa que te den. Me dio una especie de amuleto para que lo escondiera entre mis ropas y así lo hice. Le pidió a mi mamá que hiciera limpieza en el cuarto y que buscara un indicio de brujería escondido entre los colchones, entre las paredes o en algún pozo. Algo está aquí y no me deja avanzar. Dijo aún con el desagrado de mis hermanos y bajo su dura mirada, mi mamá limpió buscó minuciosamente por todo el cuarto sin encontrar nada Por mi parte, como podía evitaba tomar lo que ellos me daban. Días después, por petición de la bruja, mi mamá buscó que hubiera algo enterrado en nuestro patio, pero el resultado, inexplicablemente, fue el mismo. No había nada. Por último, le pidió a uno de mis hermanos menores que revisaran el techo. Ahí, a simple vista, estaban tres sapos muertos sin tocarlos con las manos, los bajaron y los escondieron para que los mirara. La señora. Cuando los revisó, la bruja nos mostró que un sapo tenía la boca cocida con hilo negro, apenas con unos días de muerto, otro estaba lleno de alfileres, sobre todo en la cabeza, y el último, que ya estaba seco, aparentemente no tenía nada, pero al revisarlo tenía un papel adorado en la garganta. En él estaba escrito mi nombre. Al darnos cuenta de eso, no pudo aguantar vomitarme de coraje o tal vez de miedo, mientras mi madre lloraba y se preguntaba por qué estaba pasando eso. Adentro de los tres sapos había cabello que la Bruja aseguró eran míos. Uno de ellos tenía un líquido negro. Nos explicó que así estaban echando a perder mi sangre. Son tres hombres los que te están embrujando. Si no te imaginas bien, yo te puedo dar los nombres. Solamente moví la cabeza para decir que no todavía. No estás liberado. Me dijo porque te atiendo un embrujo y surge otro. No hay duda te quieren matar. Estoy seguro que mi mamá ya lo sabía, la Bruja lo sabía también. Yo eran mis hermanos. Los agresores cuando se trata de familia duele más. Por lo mismo, es difícil enfrentarlos o regresarles el mal, como nos llegó a sugerir a aquella. Señora. Después de eso, la Bruja me hizo unas limpias escondidas de mis hermanos, las cuales me ayudaron mucho. Ya tenía una pequeña esperanza de que pronto todo estaría mejor. Pasaron unos días más, ya no volví a ver a mis hermanos. Escuché que mi mamá los corrió de la casa en medio de una gran pelea, donde salieron a relucir infinidad de envidias que me tenía y que no se detuvieron en confesar. Las cosas no pararon ahí. Las siguientes noches fueron espantosas. Todo hacía suponer que mis hermanos no se arrepintieron de lo que habían hecho, quizá por el coraje de que mi mamá los hubiera corrido de la casa. Cambiaron de brujería, porque ahora sí miraba al diablo. Según la bruja, ese era un trabajo negro, mucho más fuerte y peligroso. Comencé a desvanecerme de nuevo y a sentirme mucho peor que antes, porque ahora pasaba unos sustos terribles sobresaltos aterradores, cada que abría los ojos, una figura siniestra estaba frente a mí. No era el diablo, así como lo imaginaba con cuernos y cola. Era más como una criatura deforme que con el solo hecho de verla me paralizaba de terror. No tenía boca, pero me hablaba. No se le miraban ojos, pero yo sentía su aterradora mirada. Miraba cosas que muchas veces no pasaban, cosas que se movían muñecos, que hablaban personas, que se asomaban por las ventanas, se prendían las luces solas al vomitar. Yo miraba lombrices o algunos otros animales, pero mi mamá decía que no había nada de eso. Sentía que muchos animales me caminaban por el cuerpo, pero eran imaginarios. Nadie los miraba. No. Por eso dejaba de ser algo terrible que me perturbaba antes de que perdiera la razón. La bruja. Aquella señora que siempre estuvo dispuesta a ayudarme apareció de nuevo para decir que ya sabía lo que estaba pasando. Ahora me estaban trabajando con brujería satánica. Por eso miraba al diablo. Nos aseguró que no había otra solución para poder liberarme. Les tenía que regresar el mal a mis hermanos, sino tarde o temprano. Yo moriría y mi alma seguramente terminaría en el infierno, donde ellos me querían. Al escuchar eso me llenó de angustia porque al fin de cuentas eran mis hermanos y no deseaba que ellos ni nadie pasara por esas cosas terribles que había vivido. No me considero un santo, pero no le pude decir que hiciera eso. Estoy seguro que mi mamá tampoco estuvo de acuerdo, pero inevitablemente así fue porque con el correr de los días fui mejorando hasta recuperarme en un ochenta por ciento como pasaban semanas y no me recuperaba al cien volvieron a revisar el techo de la casa hasta en dos ocasiones, pensando que había algo más ahí arriba, pero no fue así. Por último, ya un tanto desesperados buscaron en los árboles de la casa. Lo última vez que lo hicieron encontraron un murciélago al que le habían sacado los ojos. Además, estaba amarrado de sus patas, colgado de una rama volvió la señora a la casa para revisarlo. Era un animal de regular tamaño, al igual que los apos, Tenía muchos cabellos dentro de su cuerpo, pero aparte había en su interior una bolsita con tierra. Al igual que los sapos, también se le había utilizado para la brujería que me estaban haciendo. La señora se deshizo de él esperando que fuera. Todo pareciera increíble, pero todo a partir de ahí fue mejor. No comentábamos nada, pero se encontraron tres apos, un murciélago, tal vez algunas otras cosas más que yo no me enteré. Según la bruja, el número de animales era el número de personas que me estaban embrujando. Solamente dos de mis hermanos habían aceptado ser los causantes y los otros dos sus nombres quedaron en el aire. No me consta, pero supongo que mi mamá tendría una plática muy seria con el resto de mis hermanos, porque todos los demás siguieron viviendo con nosotros. Ya no quisimos averiguar, pero es terrible vivir con la duda, pensar que alguien de tu propia familia vive envidiándote sin poder gritártelo. Es horrible estar expuesto a merced de l ndo quiera que quiera hacerte un mal y nadie lo puede evitar. Aunque se escuche increíble, al menos yo jamás volví a saber de mis hermanos. No sé si mi mamá tiene contacto con ellos. Quizá me escuche falso, pero siempre he deseado que se encuentren bien. Aún hasta la fecha de hoy vivo con las secuelas de todo aquello que me hicieron. Ya no volví a ser el mismo. Mentiría si dijera que soy ya que el chico popular rodeado de amigos y amigas. Porque no es así, ya no retomé la escuela. Hace apenas un año. Empecé a trabajar. Vivo un tanto temeroso cualquier sombra me asusta. El más mínimo ruido me pone en alerta y de vez en cuanto sufro de sueños horribles con sapos o murciélagos de esta terrorífica manera comprobé que la brujería es real, El diablo no es un mito. Si existe, las brujas, por suerte son verdaderas y, lo que es peor, la envidia nos acecha a todos. Relato escrito y adaptado por Gato negro.