Feb. 4, 2024

Fuego En El Cielo Guinea Ecuatorial Historias De Terror - REDE

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Nota de Ramiro Contreras. La historia que comparto hoy proviene del distante país africano de Guinea Ecuatorial, ubicado en África Central. Este país cuenta con cuatro regiones donde se habla español como uno de los idiomas oficiales, junto con el francés y el portugués. A pesar de que el español no es la lengua materna de la mayoría de la población, desempeña un papel vital como idioma oficial, utilizado en la administración gubernamental y en el sistema educativo del país. A través de diferentes grupos de Facebook, tuve la oportunidad de contactar a una persona que reside en Guinea Ecuatorial. Mi intención era obtener información sobre una serie de sucesos ocurridos hace algún tiempo en la provincia de Annobón, la cual es una isla singular, siendo la más pequeña y distante entre todas las islas que componen el Golfo de Guinea. Es esta isla en particulares de origen volcánico y está rodeada por varios islotes que forman una valla natural con un radio de dos cinco kilómetros. La geografía única de anobón la hace especial, pero mi interés recae en los eventos misteriosos que, según algunos relatos, la han marcado en el pasado. Los eventos que deseaba investigar tuvieron lugar desde mediados de la década de los setenta hasta principios de la década de los ochenta, cuando en la provincia de Guinea Ecuatorial vivían menos de dos cero personas. Tuve la fortuna de obtener un relato intrigante de esa época. La persona que compartió su testimonio es un individuo de la tercera edad. No tuve la oportunidad de hablar directamente con él. Me comuniqué con uno de sus hijos, quien maneja una cuenta de Facebook fuego en el cielo. Yo entré a la escuela en mil novecientos setenta y uno. Habían pasado unos o s años desde que el país había logrado su independencia. Un año después, en mil novecientos setenta y dos, el gobierno cerró la isla. Nadie podía entrar ni salir. Cualquier que lo intentara moría de un impacto de bala en la cabeza. Mientras estábamos aislados del resto del país. Se desató una epidemia de cólera. Al principio la gente estaba tranquila, pero el caos se apoderó de la isla cuando los pocos médicos murieron por causa de la enfermedad. La epidemia que azotó la isla dejó una huella devastadora. Estuvimos confinados y presenciamos la angustiante realidad de enfermos que perdían la vida hasta mil novecientos setenta y cuatro. En ese año, el Gobierno decidió reabrir la isla. Después de que los médicos de la capital lograran controlar el brote de cólera. Se esperaba que con la vuelta a la normalidad, la vida retomara su curso habitual. Sin embargo, la calma fue efímera. Justo cuando los niños comenzábamos a reintegrarnos a las, el gobierno emitió una orden inesperada el cierre de todas las escuelas en el país. Este hecho desconcertante marcó otro capítulo en la historia de Anobón. Hacia finales de ese mismo año, la persona más respetada de la isla vivió un episodio desconcertante que dejó a la comunidad sumida en la incertidumbre. Nadie estaba seguro de lo que realmente le ocurrió al hombre, pero nosotros, los niños con un entendimiento limitado, llegamos a la conclusión de que se había vuelto loco. Esta percepción se fundamentaba en los relatos que él compartía sobre una experiencia que vivió y que sonaba demasiado extraña para nosotros. Según él, una noche, en la cima de una colina, a unos treinta metros sobre él apareció un objeto de la nada. Este objeto tan extraño que no podía describirlo ni compararlo con nada conocido, emitía un ruido agudo y peculiar. El hombre afirmaba que, de repente, una especie de ventana se abrió en la parte baja del objeto y de ahí emanó una luz brillante que, tras contemplarla, lo dejó momentáneamente ciego. La experiencia que relataba el hombre dejó a la comunidad perpleja. Después de recuperar la vista, se encontró encadenado a algo frío, algo que no podía entender completamente. Insistía en que, aunque veía con los ojos abiertos, la oscuridad que percibía no era la misma que experimentamos. Al cerrar los ojos, intentaba transmitir que era una oscuridad diferente, algo incomprensible para quienes lo escuchábamos. Su relato continuaba con una sensación constante de ser observado por algo invisible. Afirmaba sentir al menos doce ojos fijos en él, una presencia misteriosa que le generaba una incomodidad insoportable. Lo más impactante fue el momento en que el dolor se apoderó de su cuerpo. El sufrimiento era tan agudo que finalmente se desmayó. Al recobrar la conciencia, se encontraba tirado en la cima de la colina, pero las secuelas eran evidentes. Presentaba heridas extrañas que desafiaban toda explicación lógica. Estas heridas que él mostraba cada vez que compartía su historia desconcertaban a quienes las observaban. Una estaba ubicada en la parte superior del ojo izquierdo, otra entre la boca y la nariz y una tercera a mitad del cuello. No se parecían a golpes cortes o rasguños comunes. Eran distintas inexplicables. Aunque los niños insistíamos en llamarlo loco, algunas personas comenzaron a considerar que su relato podría tener fundamentos reales debido a estas extrañas marcas. Aunque los adultos en su mayoría lo consideraban simplemente como el relato de una mente perturbada, algunos habitantes de la isla empezaron a cuestionarse la veracidad de sus palabras. Las extrañas heridas que mostraba no se alineaban con ninguna explicación lógica, lo que sembraba dudas y dejaba la comunidad intrigada cuando pasó eso de loco. Yo era un niño de entre ocho y diez años. En esos tiempos, como a cualquier chico, no me entretenía mucho en la escuela porque estaba cerrada, así que necesitaba algo para mantenerme ocupado. Durante algunas semanas, lo del loco fue divertido, pero después digamos que pasó un poco de moda y yo, al igual que todos los niños, empezamos a buscar algo para hacer durante todo el día, Pero en la isla la verdad no había muchas opciones de cosas para hacer. La idea que se me ocurrió fue sencilla. Decidí caminar todos los días por la orilla de la isla. Después de comer temprano en mi casa, comenzaba mi caminata. Me llevaba alrededor de once horas darle la vuelta completa a la isla, sino te daba hambre en el camino. Solía comer alguna fruta que encontrará a mi paso. Luego regresaba a casa por la noche para descansar y dormir. Así estuve ocupando mis días durante varias semanas, recorriendo la isla una y otra vez. Pero una noche algo diferente ocurrió mientras caminaba y ya era oscuro, empecé a sentir una molestia en el ojo, como esa picazón que se siente cuando miras directamente al sol. Curioso, volteé para ver qué causaba esa sensación y fue entonces cuando noté un resplandor anaranjado brillante en la parte inferior de una colina situada en el suroeste de la isla. Curiosamente, era la misma colina en la que el loco afirmaba haber tenido aquella experiencia que le dejó las heridas tan extrañas la luz anaranjada destellaba de manera intensa y me sentí intrigado. Aunque solo era un niño, tenía conciencia de la situación del país, así que me planteé la posibilidad de que lo que vi la noche anterior fuera un incendio. Pensé que quizás el Gobierno había descubierto un campamento rebelde y lo había incendiado para controlar la situación. Mientras reflexionaba sobre esto, noté que en el cielo sobrevolaba una parvada de autillos, unos pájaros parecidos a los búhos, pero más pequeños. Observando su trayectoria, parecía que habían salido de la colina donde se había manifestado ese resplandor naranja. La noche anterior decidí regresar a casa con la intención de visitar la colina al día siguiente y ver cómo había quedado el lugar después del supuesto incendio. Al llegar, sorprendentemente, no noté ningún rastro de quemaduras ni daños en la zona. A pesar de recorrer el área, todo estaba en orden. Ante la falta de evidencia de un incendio, decidí seguir con mi rutina diaria caminar alrededor de la isla como solía hacerlo. Al día siguiente. Cuando regresé a la colina nuevamente, no encontré señales de fuego ni ningún cambio en el paisaje. La colina estaba igual que siempre, sin indicios de que algo extraordinario hubiera ocurrido. Esta extrañeza sólo profundizó mi intriga sobre lo que había sucedido la noche anterior. Después de notar nuevamente el resplandor naranja en la colina mientras me acercaba al final de mi caminata nocturna, regresé a casa y compartí lo que había visto con mi madre. Ella, con su sabiduría arraigada en las historias antiguas de la isla. Me dijo que, desde tiempos inmemoriales, cosas inexplicables siempre habían ocurrido en nuestro hogar y que gran parte de ello estaba relacionado con el volcán. Explicó que los volcanes eran como ventanas de la tierra y que en ocasiones los seres que vivían en las profundidades de la tierra emergían a través de ellos. Las palabras de mi madre agregaron un nuevo nivel de misterio a lo que yo había presenciado. La La idea de seres que habitaban el interior de la tierra saliendo por el volcán capturó mi imaginación. Quería entender más sobre estas criaturas y por qué decidían manifestarse de esta manera tan peculiar. Otro detalle que mi madre compartió fue que cuando estos seres ascendían hacia la superficie, los animales lo notaban y se volvían silenciosos. Era como si la naturaleza misma reconociera la presencia de estos seres misteriosos. Durante las noches siguientes, mi rutina diaria de caminar por la orilla de la isla continuó, pero mi mente estaba llena de preguntas sobre los misteriosos seres que mi madre mencionó cada noche. Al llegar a la colina donde había visto el resplandor naranja, sentía una mezcla de emoción y nerviosismo. Quería descubrir más sobre lo que ocurría en las profundidades de la tierra y por qué estos seres decidían manifestarse de esa manera peculiar. Lleno de curiosidad. No, no, no pudo dor de resistirme a hacerle a mi madre numerosas preguntas sobre esos seres que vivían bajo la tierra y salían por los volcanes. Con paciencia. Ella compartió conmigo cada detalle que conocía, desentrañando los misterios que rodeaban a estos seres misteriosos. Según las historias transmitidas de generación en generación en nuestra isla, estos seres eran considerados como antiguos guardianes de la tierra. Se decía que habitaban las profundidades, custodiando secretos y velando por el equilibrio natural del mundo. Mi madre describió cómo estos seres elegían manifestarse a través de los volcanes, utilizando la poderosa energía de la tierra para hacerse visibles en la superficie. Con cada relato, mi asombro se intensificaba y las historias de mi madre tejían una narrativa fascinante. Describía a los seres subterráneos como guardianes benevolentes, cuyo propósito era mantener la armonía en el entorno. Sin embargo, surgió una duda inquietante en mi mente si las luces que había presenciado en la colina eran estos guardianes pacíficos. Cómo concordar esa imagen con la experiencia aterradora del hombre que se volvió loco después de algo extraordinario en la misma colina. La conexión entre las supuestas criaturas inofensivas y la experiencia traumática del hombre me desconcertaba si los guardianes eran tan benignos como mi madre los describía por qué la vivencia del hombre sonaba tan malévola. Mi madre, al notar mi confusión, guardó silencio por unos momentos antes de plantear una pregunta intrigante. Me preguntó si yo creía que ella era mala. Sin dudarlo. Respondí que no. Sin embargo, mi madre recordó cómo cuando yo hacía algo malo, ella me castigaba con azotes, aunque le aseguré que no la consideraba mala por eso, sino que simplemente me estaba dando mi merecido. Ella sugirió que tal vez el hombre que se volvió loco había cometido algo realmente malo y que los guardianes lo estaban castigando por sus acciones. Este pensamiento agregó un matiz sombrío a la percepción de los supuestos guardianes y sus acciones en la colina. La afirmación de mi madre me dejó inquieto, ya que, como cualquier niño, mi mente se llenó de temores. La idea de que estos guardianes podrían castigarme si cometía una travesura grave o alguna maldad me atormentó durante varias semanas. El miedo se apoderó de mí y durante ese tiempo evité salir a dar mis habituales caminatas, temiendo que cualquier travesura pudiera desatar la ira de los guardianes y terminar como el hombre de la colina en un estado de locura. Después de un tiempo, el miedo disminuyó lo suficiente como para que me aventurara de nuevo. Sin embargo, al salir una experiencia sorprendente, me aguardaba en la misma colina, donde el hombre había tenido su extraña vivencia, me encontré nuevamente con las misteriosas luces. Esta vez observé con detenimiento y noté que las luces disminuían su brillo de manera intermitente, revelando algo peculiar cada vez que lo hacían. Permanecí allí absorto hasta que la sorpresa me embargó al darme cuenta de que las luces provenían de un objeto con una forma similar a la de un huevo, aunque no del todo describirlo se torna complicado, pero intentaré plasmar la imagen en palabras de la manera más clara posible. La parte delantera de este objeto tenía algo así como un agujero de forma ovalada. Era desde ese orificio que el resplandor naranja emanaba hacia el exterior. Cuando la luz no era tan intensa, podía notar que el objeto en sí tenía un color plateado y metálico. Mis habilidades con las medidas y las escalas no son las mejores, pero yo diría que aquel objeto tenía alrededor de ocho o diez metros de altura y tal vez lo mismo de ancho en la parte inferior. Lo curioso es que se mantenía en posición vertical, situado a unos cinco metros de la cima de la colina. Al observar ese misterioso objeto, me di cuenta de que no era algo que pudiera entender fácilmente otros habitantes de la isla también se habían acercado para presenciar este espectáculo nocturno. Estábamos todos allí mirando hacia arriba, tratando de comprender la naturaleza de este objeto que desafiaba nuestra comprensión. La Comunidad, intrigada y cautivada por el enigma que envolvía los avistamientos, comenzó a compartir sus propias interpretaciones y teorías sobre lo que podían ser esos misteriosos objetos. Un dato que olvidé mencionar es que el loco de desde que le le pasó de la colina ya no miraba hacia el cielo. No lo hacía. Decía que le daba miedo, pero en una ocasión que varios estábamos viendo las luces y los objetos en el cielo, unos adultos fueron por el loco y lo hicieron que levantara la mirada hacia la colina. En ese momento, el hombre se sumió en una especie de histeria comenzó a gritar en un idioma desconocido para todos los presentes, corriendo en círculos mientras sus párpados se movían sin control. La escena alcanzó su punto culminante cuando de repente cayó al suelo y su vida se desvaneció en un instante. Aquel evento fue impactante y crudo, especialmente para los niños que presenciamos ese dramático desenlace. La conclusión fue clara. Algo en esas luces y objetos en el cielo había tenido un impacto devastador en la salud mental y física de aquel hombre, llevándolo primero a la locura y finalmente a la muerte. Con el paso del tiempo, los avistamientos se multiplicaron, extendiéndose a lo largo de ocho meses. Los objetos ya no se limitaban a la colina original. Ahora se avistaban en diferentes áreas de la isla. Algunos informaban haber visto los objetos flotando sobre la superficie del agua, mientras que otros afirmaban que emergían de las profundidades del Océano. La isla se transformó en un escenario de luces, parpadeantes y patrones enigmáticos que iluminaban la oscuridad de la noche. En una ocasión, varios pescadores compartieron sus vivencias afirmando haber presenciado como uno de los misteriosos objetos. Descendía lentamente desde el cielo nocturno para sumergirse suavemente en las aguas del Océano. La escena era casi mágica. El agua a su alrededor adquirió un brillo sutil, mientras el objeto desaparecía bajo la superficie. Los relatos detallados de estos eventos se propagaron rápidamente por toda la isla, sumando más testimonios a la creciente colección de encuentros inusuales. En algunas noches, los objetos, en forma de huevo parecían llevar a cabo un baile celestial en el firmamento, creando un espectáculo hipnótico que mantenía a la Comunidad entera cautiva. La combinación de las luces parpadeantes y los movimientos enigmáticos de estos objetos añadía un toque de encanto y asombro a las noches de la isla. Con el transcurso del tiempo, la presencia constante de estos objetos misteriosos marcó el inicio de fenómenos meteorológicos aún más anómalos en la isla. Las tormentas eléctricas, que antes se consideraban eventos naturales regulares, tomaron un giro inesperado. Los truenos y los relámpagos ya no seguían el patrón habitual de originarse en las nubes para descender hacia la tierra. En cambio, surgían desde la propia tierra y el agua las excediendo hacia el cielo. En un espectáculo deslumbrante y desconcertante. Los cambios bruscos de temperatura se volvieron una constante sumiendo a la isla en una montaña rusa de climas impredecibles. Lo que antes era un día soleado y sereno ahora podía transformarse en un instante, llevando consigo vientos gélidos que cortaban como cuchillas. En una jornada particular, la combinación de un cambio abrupto de temperatura y una tormenta eléctrica inusual desencadenó un evento catastrófico. Un incendio estalló en un rincón de la isla, alimentado por la sequedad causada por estos cambios climáticos repentinos, Pero lo que sucedió a continuación marcó un giro aún más alarmante. Las fuertes corrientes de aire, también afectadas por los patrones meteorológicos anómalos, se fusionaron para crear un torbellino que se originó en el lugar del incendio. Este torbellino, lejos de apagar las llamas, actuó como un portador del fuego, generando litos geralmente un torbellino de llamas que se movía caóticamente por la isla. Los intentos desesperados por contener el incendio resultaron ineficaces. Frente a la furia imparable del torbellino de fuego, arrastrando consigo las llamas, amenazaba con devorar todo a su paso. Afortunadamente, el mismo descontrol meteorológico que desencadenó el caos trajo consigo una fuerte lluvia que apagó tanto el incendio como las llamas que alimentaban al torbellino de fuego. Ese día se convirtió en el más espeluznante que he experimentado en toda mi vida y eso que ya vivía en la época más cruda que ha pasado esta isla. A pesar de los eventos extraordinarios que asolaron la isla, la cruda realidad del país en aquel tiempo eclipsó cualquier reconocimiento externo de lo que ocurrió. Estábamos inmersos en una época sumida en el Caos, donde los problemas políticos, militares, civiles y religiosos convergían en un revoltijo de conflictos y desorden. En medio de intentos de golpes de Estado, levantamientos armados, rebeliones y la implacable casa de disidentes, la isla prácticamente pasó desapercibida en la escala de las preocupaciones nacionales. Los medios de comunicación abrumados por los eventos catastróficos que asolaban el país no prestaron atención a las luces parpadeantes ni a los fenómenos meteorológicos anómalos en la pequeña isla, que contaba con la menor concentración de población en todo el territorio. Después del aterrador episodio del Torbellino de Fuego, las extrañas alteraciones meteorológicas que habían mantenido a la isla en bilo empezaron a disminuir alrededor de dos meses. Transcurrieron antes de que el clima recuperara un semblante de normalidad. Los cambios bruscos de temperatura y las tormentas eléctricas ascendentes gradualmente se desvanecieron, devolviendo un sentido de calma a la isla. A pesar de que los eventos climáticos extremos se desvanecían, los avistamientos de los misterios ojos objetos con luces parpadeantes persistieron durante algunos meses más. Estos objetos, con sus formas ovales y destellos intermitentes continuaron apareciendo en el cielo, dejando a la Comunidad en constante desconcierto. Sin embargo, de manera repentina, los objetos dejaron de hacer su aparición un día simplemente ya no estaban allí. Las luces misteriosas que habían cruzado el firmamento con regularidad desconcertante, desaparecieron sin dejar rastro. Con el paso del tiempo, la historia de los fenómenos meteorológicos anómalos y las luces misteriosas empezó a desvanecerse en la memoria colectiva. La isla, una vez sumida en el misterio y la intriga, retomó su ritmo cotidiano. Aclaró de manera enfática que no existe ni una sola evidencia tangible que respalde toda la historia que acabo de compartir. Sin embargo, no tengo motivo alguno para inventar semejante relato. Relato escrito y adaptado por Ramiro contreras