July 4, 2023

Estuve Presente En Un Exorcismo Historias De Terror - REDE

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A la sombra de un exorcismo nota de lengua de brujo. El presente relato es compartido por un sacerdote de michoacán de ocampo, la veracidad del mismo que da consideración del oyente, así como de quien otorgó la información. El nombre del sacerdote se cambiará, al igual que el de la hermana y los demás personajes involucrados. El lugar donde se realizaron estos eventos hoy en día ya no es habitable y ha dejado de existir a sí mismo. Será relatado como se compartió. Para una mejor comprensión. Todo inicia en un ejido olvidado de michoacán de ocampo. El padre Francisco y la hermana Teresa se enfrentaron a un desafío que puso a prueba su fe y valentía la posesión de muñeca de un joven jornalero llamado José y posteriormente de una niña llamada María lo sumergió en una luchar ater randado contra las fuerzas de un demonio y su controladora. Esta es la historia que nos compartieron. Era un día muy caluroso. El sol ardiente parecía quemar todo a su paso y el viento seco no ofrecía ningún alivio. El padre Francisco, junto a la hermana Teresa, fueron enviados a realizar un exorcismo. Años atrás se encargaron de situaciones similares en otras regiones de México, pero en esta ocasión era diferente debido a que elegido al que iban se decía que estaba cargado de fuertes presencias demoníacas, magia negra, nahuales y brujas, y esta vez habían recibido noticias de que un jornalero estaba poseído por un demonio de clase alta, causando estragos en el lugar y a su familia. El joven llamado José trabajaba inalcanzablemente en los campos, pero había comenzado a mostrar un comportamiento extraño y violento. Primero comenzó a alejar a sus amigos y familiares, pa pa r a r que cualquier cosa le molestaba o le irritaba. Después se le veía deambulando por las calles a altas horas de la noche. Siempre se quedaba parado frente a las casas de los vecinos, esperando a que saliera alien pero la gota que derramó el vaso fue cuando lo vieron realizar un ritual satánico. Por ello, los padres del joven solicitaron el apoyo de la comunidad cristiana, argumentando que el diablo se estaba manifestando mediante su hijo. La hermana Teresa y el padre Francisco se dirigieron a la casa de José, una humilde vivienda hecha de Adobe y techos de Palma. Allí vivían José y sus padres y tanto la abuela como los padres del chico lo recibieron con lágrimas en los ojos. Los condujeron a una habitación pequeña y oscura, donde se encontraron con José atado a una cama de madera. Sus ojos estaban enrojecidos y llenos de ira y su cuerpo estaba cubierto de arañazos y moretones. Las venas de sus brazos resaltaban y por todo, su cuerpo tenía mordidas pa que pa pare cían estar hechas por alguien más. Los padres de José aseguraron que cada día presentaba algo nuevo y ese día había empezado a hablar en una lengua muy extraña. La abuela de José insistió en que se usaran unas hierbas que había conseguido la hermana Teresa, con tal de no llevarle la contraria. Se las aceptó mas. No tenía intención de usarlas. Después de realizar varias preguntas a los padres y a la abuela comenzaron a prepararse para el exorcismo. Se pusieron sus hábitos ceremoniales y reunieron todos los elementos necesarios. El padre Francisco pidió dos vasos de agua a la madre de José. En ellos vertió en partes iguales. El agua bendita. Un vaso se lo dio a la hermana Teresa y el otro se lo quedó. Ambos bebieron hasta dejar secos. Los vasos sacaron crucifijos de madera, dos biblias y varias velas y sirios. José los veía en silencio mientras sonreía de manera desquisir. Ambos se persignaron en el nombre del padre, del hijo y del espíritu Santo. La hermana Teresa le pidió a ambos padres y a la abuela que saliera, pues lo que estaría a punto de suceder no sería algo grato, pero la abuela estaba muy insistente en quedarse. Al final terminaron convenciéndola de salir. Una vez que se fueron, la hermana comenzó a rezar el rosario en voz muy baja. Apenas si era perceptible. José comenzó a retorcerse tratando de cubrir sus oídos con sus hombros. Mientras tanto, el padre Francisco se acercaba a él. El padre traía una calderilla con más agua bendita, la cual empezó a rociar sobre el cuerpo de José y este empezó a convulsionar su piel. Comenzó a arder como si se estuviera quemando de dentro hacia afuera. De pronto el vapor comenzó a emanar de su cuerpo un olor a carne quemada. Empezó a propagarse. El demonio gritaba, pero también parecía r ganar fuerza José comenzó a insultar a ambos, mientras que su rostro se retorcía en una mueca grotesca. De pronto las ventanas se abrieron de golpe, dejando entrar una ventisca sobrenatural. El ambiente se tornó muy helado y las velas y los sirios se apagaron. Al mismo tiempo, el padre Francisco se dio cuenta de que se estaban enfrentando a algo que nunca habían experimentado antes. El demonio parecía que le conocía sabía cuáles eran sus debilidades y miedos, así que comenzó a atacarle de forma verbal y mental ante el padre. A un lado de su cama apareció su hermana, quien había muerto cuando tan sólo tenía nueve años. Le rogaba que dejara de hacer el exorcismo o si no, ella sufriría en el infierno. El padre sacudió la cabeza y se talló los ojos la niña había desaparecido, pero su madre estaba allí. Ella le reprochaba la muerte de su hermana. El o el pa dre Ono perdió la concentración por unos segundos pidiendo perdón a su madre, pero la hermana Teresa lo sacudió para que despertara del trance podía sentir el peso de sus pecados que había cometido cuando era machico. Tenía una fuerte presión en su pecho. Respiró profundo y se acercó una vez más a José, quien lo veía de manera divertida. Apenas el padre comenzaba a rezar. José lo interrumpió diciendo cosas en otra lengua, pero él sabía que no debía desistir por el bien de José y de su familia, así que continuó conjurando pasajes de la Biblia y luchando por mantener su fe. Aún así, el demonio seguía burlándose de los dos. El padre Francisco sabía que haber visto a su hermana muerta y a su madre fue un producto del demonio que intentaba distraerle. De pronto dejó de escuchar los rezos de la hermana Teresa. Ella está vincada y apenas podía respirar el El padre le le le n ó sns y puso su mano sobre la cabeza de la hermana y ella volvió a respirar. Sin duda, se trataba de un fuerte demonio. Entonces ocurrió lo impensable. En medio de las plegarias. José comenzó a convulsionar de manera más violenta. Soltó un largo aullido desgarrador. Su garganta se infló tanto al igual como un sapo. Entre los dos intentaron sostenerlo, pero la fuerza del demonio era mayor, que terminó por arrojarlos lejos de él. Luego, José gritó con un horrible voz, parecía que dentro de él había un animal. Por último, su grito se fue normalizando hasta que cayó en un profundo silencio. Ambos se levantaron del piso y se acercaron en silencio para ver si José estaba bien. El ambiente se sentía menos pesado, incluso ya no se podía sentir la presencia del demonio. Por ningún lado, José estaba inconsciente, muy malherido y y respiraba forzadamente. El padre Francisco y la hermana Teresa se miraron con horror y tristeza, pues se habían dado cuenta de que el exorcismo había fallado. Llamaron a los padres y a la abuela de José para que lo vieran con vida. Una última vez intentaron reanimarlo, pero su esencia se apagó para siempre. Esa noche, el ejido entero se reunió alrededor de la casa. Lloraron y lamentaron su pérdida y con ellos se encontraba el padre Francisco y la hermana Teresa. Poco después se retiraron a descansar al templo que estaba en el ejido. Ambos se sentían abrumados por la culpa y la vergüenza de haber fallado. Pasaron un par de días en el ejido y cuando estuvieron a punto de retirarse para ir a otra comunidad, recibieron una repentina visita de la madre de José. Traía una noticia terrible, pues ahora era su sobrina María, quien estaba presentando problemas similares a los de José. Ambos no dudaron ni un segundo y fueron a ayudar a la pobre niña. Todo parecía indicar que el demonio que habían intentado exorcizar en José no había sido destruido del todo, sino que se había trasladado a otro cuerpo. María tenía tan sólo nueve años le preguntaron a la familia qué había ocurrido. Fue la abuela a quien respondió comentando que de pronto la niña había comenzado a convulsionar. El padre Francisco aún se sentía temeroso de aquel ser pero no podía negarse a la ayuda. Cuando entraron a la habitación, la situación era aún más espantosa de lo que se habían imaginado. María era una niña joven, alegre y dulce que ahora mostraba una fuerza sobrenatural y una ira incontrolable. Sus ojos ardían los tenía rojos y cuando los vio entrar, su risa se tornó a escalofiante. Su voz parecía rasposa y a la vez burlona Pa pa ía r que ese demonio le hacía feliz ver al padre Francisco y a la hermana Teresa. El exorcismo comenzó con una atmósfera aún más tenebrosa y sombría a medida que rezaban y rociaban agua bendita sobre María. El demonio se manifestaba con violencia. La habitación se llenó de un edor nauseabundo, igual a como había sucedido con José. El padre Francisco se dio cuenta de que el demonio pretendía escapar nuevamente, como lo hizo con José. De pronto la temperatura descendió drásticamente, cubriendo las paredes y ventanas de escarcha. En eso el cuerpo de María empezó a levitar en el aire. Se escuchó que de pronto algo se destrozaba en cientos de pedazos. La hermana Teresa le indicó al padre que varios objetos empezaron a flotar y estos fueron arrojados hacia ellos. El demonio empezó a blasfemar. Sentían que no eran lo suficientemente fuertes para ganar la batalla. La abuela de María, que aún estaba allí, no podía quitar la mirada de todo lo que estaba ocurriendo. Era como si estuviera en un trance. Fue cuando el padre Francisco se percató de lo que estaba ocurriendo. Se acercó a la abuela y la sacudió con fuerza. Le pidió que se fuera y los dejara trabajar, pero la anciana insistió en quedarse. Sin embargo, el padre Francisco era muy testarudo, por lo que le volvió a exigir a la anciana que se fuera. Esta salió a regañadientes y maldiciendo al padre Francisco. Entonces el padre volvió a rezar, pero ahora con más fuerza, la hermana Teresa se acercó y empezó a rezar también. Cuadros juguetes pelotas volaban de un lado a otro. La cama que era de madera. Parecía que se estaba destrozando. Cuando por fin ese demonio se logró someter, sacudió la cama con tanta fuerza que la quebró de las patas. Un ente de color rojo salió del pecho de María y ambos continuaron rezando hasta que lograron expulsarlo de su cuerpo. La habitación volvió a la normalidad y María cayó al suelo. El padre se acercó a María. Apenas podía distinguir los muebles del piso. Estaban hechos añicos. La habitación olía tan mal que de inmediato el padre Francisco le dio tanto asco que quiso vomitar. En cuanto logró controlarse, encendió un cirio para protección. La niña esquelética yacía en la cama entre sábanas, llenas de sudor y sangre. No se movía. Le habló un par de veces, pero la niña no respondía y de pronto ella respiró. Esto era bueno, pues habían logrado mandar al demonio de vuelta donde pertenecía con cuidado. El padre la sentó sobre el regazo de la hermana Teresa. Le pidió ayuda a la hermana Teresa para que la cuidara, pues aún tenía algo que hacer. Salió de la habitación en busca de quien controlaba ese demonio. En el exterior, la abuela lo esperaba, retorcía sus manos y arañaba su cabeza de forma extraña. El padre extrajo un pequeño frasco de su gabardina y lo abrió como si pretendiera beber un trago. Pero en lugar de llevárselo a los labios, lo agitó frente al rostro de la anciana, salpicándola instantáneamente. Ella cayó al piso, retorciéndose y gritando de forma horrible. Su voz se distorsionó hasta convertirse en un chillido. La abuela era una bruja que había decidido llamar a un demonio para que le hiciera un favor y para poder controlarlo, tenía que morder el cuerpo poseído para poder darlo en sacrificio. Al principio lo intentó con José, pero su cuerpo no resistió, mientras que con María no pudo morderla. Pero aún tenía esa intención. Aunque se encontraban aliviados por lo que lograron, no podían dejar de sentirse abrumados por lo que presenciaron. No fue fácil decirle a la madre de José y María sobre la situación de la abuela, pero ahora parecía ser que vivirían en paz. Hoy en día, el padre Francisco ya pasó a mejor vida. La hermana Teresa tiene más de ochenta años y va a visitar a su viejo amigo al cementerio donde lo enterraron. Comenta que desde ese par de encuentros con aquel demonio empezó a tener visiones de ellos y de la gente poseída. Sin embargo, desde ese último encuentro dejaron de hacer servicios de exorcismos y liberaciones de almas. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo