Esto Te Pasará Si Rompes Un Pacto Con Una Bruja Historias De Terror - REDE

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La bruja arpÃa. Los lugares más inhóspitos son poseedores de las historias más increÃbles, y es que todo lugar, alejado de la urbanización y el bullicio de las grandes ciudades, ofrece refugio a aquellos seres conforme avanza el tiempo, cada vez que dan menos espacios verdes, salvajes o naturales, lo cual trae un conflicto para aquellos seres que buscan la oscuridad. Asà pues, no es de extrañarse que estos seres sobrenaturales se aparezcan en las grandes ciudades. Soy maestro de historia, actualmente retirado, y hoy deseo compartir un relato que vivà durante los primeros años de mi carrera como docente en la Universidad Autónoma de Zacatecas, lugar que me apoyo en todo mi desarrollo. No soy originario de Zacatecas. Nacà en un pequeño pueblo de Oaxaca, lugar donde no estábamos también económicamente. Mi madre era viuda y yra mostré sus hijos En total. Ella consiguió trabajo como empleada doméstica de una familia adinerada en Guadalajara, lugar donde pude estudiar. Poco antes de terminar la carrera. Cuando iba a realizar mi servicio social y prácticas profesionales, me ofrecieron realizarlas en la Universidad Autónoma de Zacatecas, lugar donde me pagarÃan y me asegurarÃan un empleo. Al concluir mi servicio, conseguà alojamiento en una casona del centro, una casa bastante hermosa del tipo colonial que lleva la magia de toda la ciudad. Sinceramente, pese a que mi madre no querÃa que me alejara de ella y mis hermanos, yo me sentÃa soñado de vivir en una bella ciudad como lo es Zacatecas. Se me hizo costumbre pasear por las callejuelas. Durante mi tiempo libre, me gustaba sobre todo pasar los fines de semana leyendo el periódico mientras tomaba un café en una de las plazas principales, una donde antes habÃa una enorme fuente de agua. Cuando cuando aserÃa esto, pensaba que atrapaba al mundo. Antes de que despertara un dÃa, llegué poco antes del amanecer y me encontré con algo con lo que mucho tiempo dudé si fue un sueño o realidad, fue uno de esos dÃas en los que el cansancio te hace perder la noción del tiempo. Según yo, desperté a las cinco de la madrugada. Pero cuando llegué a la plaza, después de ver que no amanecÃa, saqué mi reloj del bolsillo de mi saco y colocándome debajo de una farola, pude comprobar que eran apenas las tres de la madrugada. Riéndome de mi equivocación, me dispuse a regresar a mi habitación. Sin embargo, algo llamó mi atención cerca de mi lugar favorito de lectura la fuente un grito desgarrador se dejó oÃr me acerqué aterrado. Al comprobar que el timbre de voz era de mujer, imaginando que una mujer estaba siendo ultrajada, me dirigà de inmediato hacia ese lugar. Me encontré con dos tipos corpulentos a lo que entre sombras se veÃa era una mujer. En ese momento quise defenderla. Pero, siendo joven y estúpido, además de nunca haberme enfrentado a golpes con nadie, fui derribado ante mi primer intento de liberar a aquella mujer que chillaba intenté zafarme y ponerme en pie inútilmente, pues uno de esos dos sujetos me lanzó un golpazo en la cabeza. Lo último que recuerdo fue escuchar a esos hombres maldecir. Después de escuchar el sonido de un enorme batir de alas y oÃr de la boca de esos sujetos. Se nos escapó la bruja. Luego todo se me hizo negro. Me despertó el frÃo, pues los sujetos me habÃan dejado en pura ropa interior. Se habÃan robado mi saco, mi gabardina y hasta mi sombrero. Creo que si me hubiera quedado por más rato, tal vez hubiera muerto por la hipotermia. Pero aparte del intenso frÃo, sentà como una niño mal. Me arañaba la cara. No sé a qué hora serÃa, pero aún no amanecÃa todo A mi alrededor estaba lleno de unas enormes plumas blancas de un tamaño antinatural, pues eran más grandes incluso que las de algunas especies de águilas. Corrà a mi casa espantado, pero antes me encontré a un policÃa quien, lejos de ofrecerme algo de ayuda, me acusó de haber hecho algo indebido. Pero después de notar mi estado de pánico puro, me ofreció su gabardina, me acompañó a mi casa y después me llevó a la ComisarÃa a levantar mi reporte. El reporte no fue tomado muy en serio, pues la verdad no recordaba los rostros de mis agresores. Además, cuando hablé acerca de sonidos de batir de alas enormes, fui ridiculizado y acusado de ser un borracho, siendo que en mi vida habÃa tomado algo de alcohol. Corrà a mi casa sin voltear hacia atrás. Recé el padre, nuestro, el credo y cuanta oración. Se me me vino a la mente. Llegué ileso a mi habitación, sintiendo cómo mi corazón no paraba. Pensaba que se me iba a salir del pecho. No logré dormir esa noche y durante varias semanas experimenté una serie de fenómenos raros. Por ejemplo, la comida se me echaba a perder, aun cuando terminaba de comprarla, también mi estado de salud decayó y comencé a mostrar fiebres repentinas sin poseer ningún tipo de infección o enfermedad alguna y del sueño ni hablar. Cada noche se aparecÃa aquella maldita arpÃa que intentaba tragarse mis ojos. Quedó mi reporte en el expediente, pero no quise seguir el proceso de denuncia. Para ese momento estaba por graduarme y ya habÃa concluido el servicio y prácticas profesionales, asà que regrese a Guadalajara. Allà me invadió una depresión muy profunda. Incluso me puse nefasto pensando en que no me llamarÃan de la Universidad de nuevo, pero un dÃa a todo cambió. Me llamaron para decirme que mi plaza en la Universidad Autónoma de Zacatecas estaba asegurada y que podÃa empezar de inmediato en el siguiente ciclo escolar. Mi estado de ánimo mejoró y contándole a mi madre mi desventura durante aquella madrugada me pidió que tuviera mucho cuidado, pues ella sabÃa que las brujas eran reales y no simple mitos, pero que no era, como creÃan muchos, que se trataba de simples mujeres que practicaban la brujerÃa, sino que se trataban de espÃritus primordiales que habitaban nuestra tierra desde tiempos antiguos, más antiguos incluso que los seres humanos. Mi madre, antes de irme, me entregó un relicario con la Cruz de San Benito. Me dijo que mientras lo trajera, puesto nada de origen maligno, serÃa capaz de tocarme. Me instalé en otra casa igualmente hermosa, pero no volvà a mi habitual pasatiempo de leer en la plaza poco antes del atardecer, pues aún sentÃa miedo de volver a encontrar con ese tipo de personas. Creo que no fue hasta después de un año que me sentà aliviado y volvà a retomar mi antiguo hábito y una vez que estuve sentado en mi banca favorita leyendo el periódico, mirando como varias personas de la tercera edad hacÃan lo mismo que yo. Me sentà ridÃculo por sentir miedo ante algo tan simple, además que el peligro estaba en todos lados. Asà fuese, dentro de un dÃa normal, el riesgo de sufrir un accidente no disminuÃa. Recuerdo que un dÃa jueves de camino a la Universidad. Crucé mi plaza favorita. Entonces volvà a escuchar esos malditos gritos de agonÃa. En esta ocasión decidà no ser estúpido y tener más cuidado, asà que no me dirigà de inmediato a la fuente. Entonces la vi era una mujer mitad ave, mitad humana. Estiraba sus alas blancas, lanzado esos chillidos horrendos mientras los dos hombres intentaban ahorcarla y ahogarla en el fondo de la fuente. Los intentos de este par de rufianes fueron inútiles, ya que las alas de aquella criatura poseÃan una fuerza Sobrehumana y aun cuando ambos intentaban someterla, ella lograba zafarse blandiendo sus alas, que eran blancas y deslumbrantes. Pero en su rostro se notaba ciertos rasgos siniestros, pues sus ojos parecÃan inyectados totalmente en sangre. No tenÃa cabello y su boca era la de un depredador. No pude dejar de pensar en aquellas criaturas de las que hablaba la mitologÃa griega, aquellos que se conocÃan como arpÃas. La criatura lanzó una de sus garras contra uno de los ojos de ese sujeto lo arrancó de una sola pieza. El otro hombre comenzó a gritar de puro terror y yo no pude contenerme, Asà que salà de mi escondite y al verme la maldita bruja comenzó a volar y yo corrà hacia las sombras. Pero aquella criatura se paró en mi hombro derecho y perdà la calma. Entré en pánico y comencé a correr y a gritar como un idiota. En eso los hombres se echaron a correr, dejándome solo con esa maldita bruja. Mi cuerpo reaccionó de manera inconsciente, me eché al suelo y me puse las manos en los ojos y oÃdos no dejaba de gritar. Mientras estaba en el suelo cubriéndome los oÃdos y los ojos, sentà como el aire se llenaba de plumas blancas y la bruja arpÃa continuaba sus chillidos ensordecedores. La criatura se posó sobre mà sus garras afiladas, rozando mi piel. A pesar de que llevaba el relicario con la Cruz de San Benito. SentÃa que mi protección estaba siendo desafiada. Sentà volverme loco. En ese momento mi madre apareció en mi mente. Recordé sus palabras sobre las brujas y su regalo protector. Con determinación me obligué a abrir los ojos y a enfrentar a la criatura. Mientras lo hacÃa, sostuve firmemente el relicario alrededor de mi cuello. La maldita criatura pronunció mi nombre, la bruja arpÃa. Se detuvo por un instante sus ojos inyectados en sangre. Mirándome fijamente, una especie de reconocimiento pareció cruzar por su rostro deformado. La criatura dejó de chillar y se alejó lentamente batiendo sus enormes alas blancas. Me quedé en el suelo temblando mientras la criatura se elevaba en el aire y desaparecÃa en la oscuridad. Los chillidos se desvanecieron gradualmente, Dejándome en un silencio inquietante. Me levanté aún sintiendo el escalofrÃo de la experiencia, pero al menos ahora sabÃa que tenÃa una protección. En eso vi cómo aquella criatura levantaba el vuelo y se perdÃa en la lejanÃa. Me reporté enfermo a la Universidad, pues mis nervios estaban hechos trizas, no podÃa dejar de temblar y cada que me acordaba de la figura de aquella maldita bruja, mi voz se quebraba con el pasar del tiempo. La herida que dejó aquella criatura en mi alma dejó de ser ser tan marcada y el miedo poco a poco se fue. Pero, como se pueden imaginar, ni de broma me volvÃa a acercar a esa fuente. Nunca más volvà a verla de alguna manera. Acechaba a aquellos pobres hombres y quién sabe, tal vez hasta terminó con su vida la maldición del ColibrÃ. El año pasado aprendà una terrible lección Y es que si desde el principio de una relación amorosa notas ciertos comportamientos, donde tu pareja es fanática de las ciencias oscuras y la hechicerÃa, de verá pensarse dos veces antes de continuar pues no sabes de qué manera puedes salir afectado. Conocà a Paula mientras recursaba una materia de filosofÃa en la Universidad. Para mà fue amor a primera vista, y es que, en cuanto a tributos, ella era para mà la mujer perfecta del tipo de chica que no le faltan nada ni le sobra nada de ese tipo de mujeres que piensas que jamás te llegarÃan a hacer caso menos si creciste teniendo baja autoestima. El caso es que estaba equivocado y desde el primer dÃa que me atrevÃa a hablarle, ella me habló con bastante confianza. De hecho, tenÃa una forma de hablar bastante cálida. Te hacÃa sentir como si, aunque no te conociera, te tuviera cierto aprecio. A poco menos de una semana la invité a salir y ella mostrando que la felicidad se le desbordaba. Me dije a mà mismo que ese tipo de cosas no me pasaban a mÃ, pero, intentando evitar el auto sabotaje, intenté centrarme en el momento y disfrutarlo. La primera cita fue genial. Compartimos risas, historias y descubrimos intereses comunes. Paula era encantadora y su personalidad magnética me atrapaba cada vez más. Sin embargo, algo en su mirada y en sus gestos me desconcertaba de vez en cuando. ParecÃa tener una fascinación partic por lo mÃstico y lo esotérico, pero no le di mucha importancia en ese momento. No obstante, cualquier tema que tratáramos ella siempre lo relacionaba con ese tipo de cosas. Hablaba abiertamente acerca de cómo, por medio de la hechicerÃa, se podÃan manipular ciertos aspectos de la vida, como tener un mejor empleo o dañar a una persona que considerara su enemigo la verdad. Yo no le di importancia, pues estaba hipnotizado por su belleza y encanto. Además, yo a esa edad era fanático del género del terror. En todas sus expresiones ya fueran pelÃculas, libros o música, aunque sinceramente lo hacÃa solo por aparentarse rudo. Todo estuvo muy bien hasta que comencé a frecuentar su hogar. VivÃa con su abuela Paterna, quien era una mujer de avanzada edad prácticamente ciega y postrada en una silla de ruedas. La señora tenÃa contratada a una chica que le asistÃa a tiempo completo. Paula me dijo que a su abuela la habÃan cegado una bruja con la que se enfrentó en su pueblo natal. Luego me contó una historia que hubiera preferido ignorar, pues me hizo ver un aspecto brutal del pasado. Su abuela habÃa sido curandera y entre cosas que hacÃa, también llegó a deshacerse de infantes no deseados. Es demasiado turbio para contarlo por YouTube, pero ella me juraba que en la época de su abuela era algo muy normal, sobre todo en épocas de hambruna. La primera vez que la visité, platicamos un rato con ella, luego le ayudamos a alimentarla y darle unos medicamentos y pasé a la habitación de Paula. Esa habitación, lejos de parecer la recámara de una jovencita, parecÃa el laboratorio de un brujo alquimista, pues estaba lleno de estantes con frascos y dentro quién sabe qué cosas habÃa guardado también vi velas de cebo, asà como cráneos de animales y varios sÃmbolos hechos de acero. Lo que más me asustó fue una estatua hecha de piedra volcánica con la forma de Baphomet, pero no era como la clásica figura que se suele encontrar en Internet. Aunque estaba en la misma postura, la cabeza no era la de un carnero, sino la de un colibrà y a los pies habÃa una bandeja a creo de plata con restos de sangre, cuyo olor era demasiado nauseabundo. En ese momento comencé a sentir algo de miedo, pues yo pensaba que Paula realizaba cosas sencillas como lectura del taroto, rituales de adivinación, pero ese altar me decÃa que ella estaba demasiado inmiscuida en la magia negra. No querÃa ni imaginarme de dónde salió la sangre podrida del altar. Ella. Al notar mi nerviosismo comenzó a abrazarme y a besarme Luego comenzó a hablarme acerca de algo que no entendà de inmediato. Me dijo que no existÃa una dualidad entre el bien y el mal, por lo que no estaba mal adorar a antiguos dioses, pues la Iglesia los nombró demonios, pero podÃa sacar provecho de ellos. Intenté decirle que el aspecto de los dioses de la Antigüedad me parecÃa bastante siniestro y que su mera forma era un aviso lo suficientemente claro como para mantenerme alejado de ellos. Al final terminé diciéndole esto, pero ella simplemente me dijo que me equivocaba y yo ya no quise discutirlo. Pero si le dije que me irÃa temprano a casa, apenas regresé a mi casa. Me quedé meditando en sà debÃa seguir con Paula o no, pues aunque de momento no me afectaban sus prácticas si me causaba cierto conflicto interno. Yo fui criado en una familia devota cristiana y muchas veces habÃa escuchado en los sermones de los sacerdotes hablar sobre los engaños del maligno, quien intentaba confundirnos y hacernos caer cerca de las nueve de la noche, Paula me marcó a la casa. Le pedà a mi madre que dijera que ya estaba dormido. Me sentà mal por haber mentido, pero en verdad no sabÃa qué pensar, como que sus prácticas me ocasionaron que sintiera repulsión hacia ella. Aquella noche tuve terribles pesadillas donde veÃa a Paula aplastando con sus propias manos a unos colibrÃes y una vez que dejaban de aletear los, postraba en la bandeja de plata al pie de su escultura maldita. Desperté porque sentà que algo rozó mis oÃdos una especie de aleteo me levanté de golpe y después de encender la luz vi como la sombra de un pájaro. Salió en dirección a mi cortina, pero en lugar de atorarse, la atravesó y se perdió en la negrura de la noche. Cuando regresé a mi cama, sentà mojado el oÃdo derecho, asà que enseguida, me dirigà al espejo y vi con horror que del oÃdo me salÃa un hilo de sangre. No sentÃa dolor. Acudà al médico que tenÃamos en la universidad, pero no vio ningún daño o rasguño dentro de mi oÃdo. Vi a Paula e intenté estar durante el receso con ella, pero su comportamiento para conmigo habÃa cambiado. Ahora se veÃa de mal humor. Yo le conté lo que me ocurrió durante la noche, pero ella pareció ignorarme y después de que le volviera a contar lo mismo, intentó tranquilizarme, asegurándome que todo era fruto de mi imaginación o coincidencia sin importancia, pero algo en su mirada sugerÃa complicidad. Con lo sobrenatural. Las pesadillas se intensificaron y cada vez que cerraba los ojos, veÃa imágenes grotescas de sacrificios, de colibrÃes y rituales oscuros. Me sentÃa perseguido por sombras que se movÃan en las esquinas de mi visión y el hilo de sangre persistÃa en aparecer a veces de un oÃdo, otras veces del otro. La pesadilla que más recuerdo fue una en la que era de noche mientras deambulaba por la Universidad. Sentà una extraña atracción hacia un callejón oscuro. El aleteo de los colibrÃes resonaba en mis oÃdos y la sangre en mi oÃdo se volvÃa más intensa. Al llegar al final del callejón, me encontré con una figura encapuchada rodeada de cosa, librÃes que revoloteaban en un patrón siniestro. La figura se dio la vuelta revelando el rostro retorcido de Paula. Sus ojos brillaban con una luz maligna y su risa resonaba como un eco distorsionado. Los colibrÃes, en lugar de ser criaturas delicadas, eran grotescas, criaturas deformes con ojos desorbitados. Intenté huir, pero estaba atrapado en un trance. Paula extendió las manos y los colibrÃes se lanzaron hacia mÃ, desgarrando el aire con sus picos afilados. El hilo de sangre en mi oÃdo aumentó hasta convertirse en un torrente desperté en mi habitación, empapado en sudor y con mi corazón golpeando en mi pecho la sangre cubrÃa el lado de la almohada en que estaba recostado. Encendà de nuevo la luz y nuevamente el colibrà volaba por todo mi cuarto. En esta ocasión no se trataba de una simple sombra, sino de un animal real. Me quedé absorto pues no existÃa una manera en que hubiera logrado entrar, pues tanto la ventana y puerta de mi cuarto se encontraban cerradas, ya que era invierno y en Toluca, que es el Estado en el que vivo, hacÃa bastante frÃo. Abrà la ventana, pero en lo que me volteé ya no vi a la pequeña ave. Segundos después escuché la voz de Paula decir eres mÃo, Eduardo, no tienes voluntad. En ese momento me invadió el miedo y tomé la decisión de cortar a Paula y buscar ayuda. Primeramente acudà a un especialista que no encontró ninguna causa aparente para mis sangrados. No habÃa ni una herida, aunque sà manchas de mi sangre. Rompà con Paula, quien, al parecer lo tomó bien y aunque se alejó totalmente de mÃ, yo me sentà tranquilo, pero justo después de un mes nuevamente comencé a presentar la visita de ese maldito. ColibrÃ, los oÃdos me sangraban y mi cuerpo comenzó a experimentar un cansancio terrible. Padecà una debilidad que me dejó postrado en cama y aunque me visitaron cerca de una docena de médicos, no encontraron un diagnóstico aceptable. Algo en mi interior me decÃa que lo que realmente estaba ocurriendo era que estaba siendo vÃctima de una especie de maleficio y el colibrà en cuestión tenÃa algo que ver. Asà pues, decidà intentar algo noté que casi siempre las pesadillas me ocurrÃan entre las tres y cinco de la madrugada, asà que me compré un reloj despertador y también coloqué un espejo justo a un lado de mi cama. Por último, puse una pequeña linterna bajo mi almohada. La alarma comenzó a sonar a las tres y media. Entonces encendà la lámpara y apunté directamente al espejo, donde pude ver claramente como el colibrà occionaba dentro de mi oÃdo. Como si se tratase de una flor. Me levanté de un salto e intenté derribar al ave. Mirando de reojo al espejo, me pareció ver a Paula justo en el lugar donde deberÃa de estar el ave. Al dÃa siguiente consulté a una tÃa que era considerada la oveja negra de la familia por haberse dedicado a ser curandera ella. Me realizó un par de limpias y me recomendó colocar un rosario bajo mi almohada, además de poner unas tijeras de acero fundido formando una cruz. Estas deberÃan colocarlas al pie de mi ventana. Jamás he entendido cómo es que las brujas funcionan, pero de cierta manera, Paula era el mismo colibrà que me succionaba la sangre de mis oÃdos. Seguà todas sus indicaciones y las apariciones del colibrà cesaron de la misma manera en que mi estado de salud mejoró con el tiempo. Paula se cambió de escuela y nunca más volvà a verla siniestra aparición de una bruja en el bosque. Soy originario de Ontario, Canadá, ciudad en la que aún res sido en la actualidad desde niño. Hablo tanto español como inglés y un poco de portugués Esto es porque mi madre es nativa de México y mi padre de Portugal. Se conocieron trabajando en Ontario y desde niño me enseñaron a hablar en los tres idiomas. Mi madre solÃa contarme historias de fantasmas, de nahuales y de brujas que eran muy comunes en Jalisco, Estado del que ella era originaria, motivo por el cual desarrollé un enorme gusto por este tipo de relato. No obstante, conforme fui creciendo, no lograba asustarme con facilidad. Hace cinco años atrás me invitaron a un campamento en la zona occidental del Bosque Azul. Esto fue durante el verano, pues aún en esas fechas las temperaturas descienden muchÃsimo, pero existe menos riesgo de morir por congelamiento. Y es que el grupo de excursionistas con los que acudà eran conocidos de unos compañeros universitarios y querÃan llegar hasta a un asentamiento abandonado que databa de la época en que llegaron los primeros colonos y se decÃa que aún se encontraban varios objetos enterrados. Yo no viajaba con ese interés Desde hace como siete años. Le tengo aprecio al paisajismo y me encanta mirar la naturaleza, sobre todo cuando se acampa en lugares inhóspitos. Contemplar la naturaleza es para mà el verdadero tesoro. El dÃa del campamento llegó y nos adentramos en el bosque azul. La vegetación era densa y exuberante, con árboles que se alzaban majestuosos hacia el cielo. A medida que avanzábamos la luz del sol se filtraba entre las hojas, creando un juego de sombras y destellos en el suelo. Quien haya tenido la oportunidad de viajar a este bosque sabrá de lo que hablo, y es que el lugar por sà mismo posee cierto misticismo que no existe en ningún otro lado del mundo. No descubrimos de inmediato el asentamiento de de de él. Después de un par de dÃas de campamento, algunos miembros del grupo comenzaron a murmurar que ese lugar realmente no existÃa. Era sólo un mito. El tercer dÃa caminamos hasta un claro y yo me senté en una piedra de forma singular, pues tenÃa bordes lisos. Estaba aplanada en la parte superior. Me puse a observar a detalle. Entonces descubrà unas inscripciones y el sÃmbolo de la Cruz miré hacia los lados y entre la maleza vi otras dos piedras parecidas. Cuando les avisé a mis amigos, concordamos en que se trataban de lápidas que, debido al paso del tiempo, las inscripciones habÃan casi desaparecido. Revisando en la periferia, descubrimos varios cimientos y, a lo lejos los restos de una cabaña. HabÃamos llegado al suso dicho asentamiento. Como sólo estarÃamos un par de dÃas más. Tomamos la decisión de trasladar nuestro campamento hacia este área para alcanzar a excavar un poco y ver si podÃamos encontrar algo que tuviera valor. Levantamos el campamento dentro del claro alejado de los árboles y en terreno plano. Yo noté algo raro. En los árboles más cercanos a nuestro campamento habÃan tallado unas estrellas que reconocÃa como sÃmbolos de protección dentro de la mitologÃa vikinga. Eran raros, pues se veÃan viejas. De hecho, las marcas estaban ya recubiertas por la salvia de los árboles. Nos pusimos mirar el asentamiento, pero realmente no habÃa mucho que ver. Tal vez un grupo de arqueólogos capacitados se hubieran podido descubrir más cosas, pero nosotros éramos simples, aficionados al campismo y lo único que veÃamos eran los cimientos de un mundo desaparecido por el paso del tiempo y lápidas que la naturaleza habÃa reclamado. Yo encontré una roca de forma circular que se encontraba en medio de cuatro árboles. En la parte superior se veÃa un sÃmbolo que no reconocà y a los lados entre el musgo vi algo que me dejó perplejo. Por los lados de la roca corrÃa un lÃquido espeso de color rojo muy parecido a la sangre, pero con un aroma repugnante. Uno de los chicos del grupo que se llamaba William Me comentó que ese tipo de sÃmbolos era muy usado por las bolvas, que eran brujas de origen nórdico, muy probable de origen noruego o danés. Entonces concordamos que tal vez ese era el origen de aquellos colonos que levantaron el asentamiento, aunque no puedo estar seguro, pues también podrÃa que fueran Holandeses difÃcil saberlos sin poseer conocimientos de arqueologÃa. El dÃa se consumió y lo único que encontramos fueron dos pequeñas figuras hechas con marfil extraÃdo, probablemente de los colmillos de una morza. Encendimos una fogata, calentamos algo de café y comimos pan que ya comenzaba a endurecer y después contamos historias de fantasmas. Yo conté una que conocÃa gracias a mi madre. Trataba sobre una bruja que se transformaba en ave y robaba bebés para sacrificarlos y usarlos en sus rituales y hechizos. Otro de los muchachos que iban con nosotros resultó ser de origen holandés. Ãl contó una historia que todos pensamos era inventada bajo el calor del momento con la intención de asustarnos, pero ninguno le creyó. Su historia. Se situaba en el mismo bosque donde nos encontrábamos y trataba acerca de un grupo de colonos que logró establecerse con éxito por diez años, pero que de pronto su suerte cambió, justo después de que recogieron a una mujer que encontraron casi muerta de inanición en las profundidades del bosque. La mujer, al parecer, era una bruja a quien la habÃan visto una noche cortarse a sà misma la mano izquierda para ofrendarla al demonio y darle poder. Un un un dÃa, los niños pequeños del asentamiento desaparecieron lo mismo que la bruja. Algunos hombres salieron al bosque a buscarla, pues le acusaban de haber raptado a los pequeños, pero nunca volvieron y a partir de ese momento, una enfermedad cayó sobre los colonos y sus cosechas, quienes terminaron pudriéndose en vida. Cuando el hombre terminó de narrar su historia y recibió la desaprobación de la mayorÃa, comenzamos a escuchar el sonido de unos tambores a la lejanÃa. El sonido de los tambores reverberaba en el bosque, creando una atmósfera inquietante que se mezclaba con la oscura historia que acabábamos de escuchar. Todos nos miramos entre sà con expresiones de sorpresa y desconcierto, aunque tratamos de descartar la posibilidad de que fueran más que sonidos naturales. La coincidencia con la narración del hombre holandés nos puso en alerta. Lo que en un principio no creÃmos. Poco a poco se fue haciendo realidad y comenzamos a notar un resplandor muy cerca del lugar donde divisé la piedra circular, pensando en que tal vez esas luces fueran un fenómeno natural. Conforme nos acercamos, vimos unas esferas de fuego de color azul. Un chico del grupo dijo que se trataban de fuegos fatuos, pero yo que ya habÃa visto éstos en los pantanos y no se parecÃan en nada a este tipo de fenómeno. Las esferas de fuego se desvanecieron en el aire y en ese momento escuchamos el ulular de un búho. Continuamos caminando hasta el lugar donde se encontraba la piedra circular. Iluminamos directamente con nuestras linternas y entonces la vimos era la figura de una mujer que encorvada llevaba un cuchillo en la mano izquierda, Le faltaba la mano derecha y la sangre corrÃa por toda la piedra. Los sonidos de tambores se intensificaron, parecÃan venir de la oscuridad de los árboles. En eso la mujer desapareció y de manera inexplicable, las luces de nuestras linternas se apagaron y cuando las volvimos a encender, vimos una enorme ave de garras afiladas que se nos echó encima. Dos de los chicos resultaron heridos y cuando miramos al chico holandés tenÃa una pistola en la mano y lanzó dos disparos en dirección al animal, que de inmediato salió volando lejos de Nosotros llegamos corriendo al campamento y de inmediato evaluamos el daño del par de chicos. TenÃan graves heridas en los hombros y parte de la espalda con trozos de tela. Les realizamos un vendaje. Luego de haber estabilizado al par de chicos. Escuche como los dos encargados comenzaron a reclamarle al tipo holandés por haber cargado un arma sin haberles avisado. Ãl les reclamó que de no ser asÃ. Tal vez varios de nosotros hubiéramos perdido los ojos o incluso alguna extremidad. El sonido de tambores ya nos escuchó, pero fue reemplazado por algo más siniestro. Eran los lamentos de bebés, el viento los traÃa y de nuevo, esa maldita ave gigantesca se nos echó encima. Al iluminarla, descubrimos que sus garras tenÃan forma de manos humanas y viendo detenidamente en el lugar donde deberÃa estar la cabeza, también mostraba ciertos rasgos humanizados que no lograrÃa explicar por más que me esforzara en hacerlo. La criatura realizaba unos sonidos horribles que me hicieron sentir que me iban a reventar los tÃmpanos. El holandés nuevamente desenfundó su arma. Lanzó varios tiros a la Bruja, pero ésta logró burlarlo. Y juro por Dios que escuché al ave reÃr de una manera siniestra. Sólo uno de los hombres se elevó en el aire un crucifijo y rezó una oración en francés. Esto terminó por ahuyentar a la maldita Bruja, quien, antes de huir, arrojó hacia nosotros algo. Cuando nos acercamos a ver de qué se trataba, notamos con horror que era una de esas horripilantes garras. Ninguno de nosotros se atrevió a tomarla y arrojarla lejos del campamento. No creo que alguien lograra dormir aquella noche Apenas amaneció. Recogimos las cosas y yo me dirigà a mirar el siniestro regalo que arrojó la bruja, pero no estaba la mano. En su lugar, habÃa un trozo de rama de árbol con la forma de una garra. Mientras caminábamos de regreso, yo dije que cómo era posible que no viéramos la garra. SÃ, fue claro que la arrojó. En eso me escuchó el chico holandés, quien me respondió en un tono grosero que no fuera estúpido y me olvidara del asunto que nada habÃa sido real, y yo le respondà que cómo era eso posible si todos lo habÃamos visto escuchado y sentido. Además, las heridas de los compañeros eran reales, pero él prosiguió dios diciendo que el que lo hayamos visto no lo hacÃa real, pues las brujas solÃan manipular la realidad y lo que experimentábamos eran meras alucinaciones para intentar enloquecernos, y asà fuera más fácil atraparnos. Regresamos a salvo, pero ni de broma. Volvimos a esa zona del bosque. Sé que lo que vi no fueron simples visiones. Las brujas existen. Esa bruja era real. Tras la cortina, hace algunos años trabajé como tramoyista en uno de los teatros locales más famosos de Santander, Colombia. Me enamoré del teatro siendo muy joven. Sin embargo, al no poder costear una buena educación y unirme a una academia de actuación, decidà buscar trabajo en el mismo medio y de esta manera tarde o temprano lograr saltar al mundo de la actuación, donde también se vive la magia. Además, soy bastante creativo en mi trabajo, factor que me ha ganado algo de fama entre el medio aparte, en diversas ocasiones tuve la oportunidad de representar papeles secundarios. Créanme cuando les digo que, después de los hospitales y cárceles, los teatros son los lugares que más energÃas almacenan algunas de ellas bastante negativas y se esconden en los sótanos esperando a que un insensato de manera imprudente los llame y libere. Se dio el caso hace seis años que se montó una obra sobre Brujas. El género era terror y la directora era una jovencita que apenas alcanzaba los veinte años de edad. Cuando se es joven en el medio artÃstico y no has recibido experiencias amargas, creas altas expectativas, y ella era una muchachita que pensaba en hacerse rica y famosa de la noche a la mañana. Y no es que no fuera realmente talentosa, pero aún le faltaba mucho camino por recorrer. La obra realmente no era mala y desde un principio se dijo entre los actores y demás miembros de la compañÃa teatral que estaba maldita, cosa con la que yo no estaba de acuerdo, pues a mi perspectiva, todo accidente ocurrido era a causa de la inexperiencia de una compañÃa teatral totalmente nueva. Y es que en un principio yo no creÃa en ese tipo de historias de brujas o brujerÃa, pues al tiempo que llevaba en el medio, los accidentes ocurrÃan sin importar si se representaba una obra teatral acerca del diablo o de origen bÃblico. Los accidentes ocurrÃan por igual. Yo fui contratado por la propia chica, quien, por motivos personales, prefiero mantener su nombre en el anonimato. No obstante, quien haya visto la obra en escena probablemente la identificará casi de manera inmediata. Pero no es mi intención señalar el lugar como maldito o hacer mala publicidad, sino la de r relatar una serie de acontecimientos en los que yo estuve involucrado. Yo apoyé a esta chica a darle ideas para crear ciertos efectos audiovisuales que daban una mejor sensación de miedo durante su obra. Cuando al fin se estrenó la obra, como toda obra nueva, llenó los primeros dos dÃas. No obstante, y con el pasar de los dÃas no funcionó mucho, y esto ocasionó que la directora se desesperara. Yo intenté darle un par de consejos entre ellos. Le sugerà ser más paciente o reestrenar en octubre, que era cuando habÃa mayor público en esos temas de terror, pero ella no me escuchó y comenzó a pasar mucho tiempo en el teatro. Un dÃa me encontré con ella en un bar local. Ni siquiera habÃamos quedado de vernos y siendo sinceros si salimos juntos en más de una ocasión. Pero siempre hubo algo tanto de mi parte como de parte de ella, que no lograba que diéramos un paso más allá de una amistad. Pero eso fue cosa no planeada que ella llegó a la barra donde estaba sentado. Luego de que me aceptara una cerveza, me pidió que nos sentáramos en una mesa retirados de la gente, pues querÃa contarme algo. Yo noté cierta oscuridad en su cara, que no puedo describir. Era como si anteriormente sus ojos mostraran un brillo que ahora se veÃa apagado. Puso su mochila en la mesa y dentro sacó un libro forrado con cuero de color rojo sangre vi que poseÃa un tÃtulo en latÃn, pero de todas las palabras sólo entendà que se trataba de un grimorio, una especie de libro de hechicerÃa. De inmediato comenzó a contarme que deseaba colocar ciertos elementos del libro en cuestión, pues, según ella toda obra artÃstica necesitaba del poder de la hechicerÃa para tener éxito. Se entretuvo mencionando como varias pelÃculas contenÃan mensajes subliminales y simbologÃa, y que incluso algunos directores realizaban sacrisrituales para contactar con fuerzas que les abrirÃan las puertas del éxito. Quise desanimarla por realizar ese tipo de prácticas, pues, como dije desde el principio, yo no creÃa en ese momento en cosas paranormales, pero la vi tan fuera de sà que sentà pena por ella. Ese dÃa acabamos borrachos los dos y nos fuimos a dormir al departamento que rentaba. Fue entonces cuando noté que ella no estaba nada bien, pues juro por Dios que lo que vi fue real. Estando tirada en el piso con una sábana cubriéndole todo el cuerpo, comenzó a hablar en una lengua desconocida. Esto fue mientras estaba dormida. Entonces noté que se habÃa hecho un tatuaje con un extraño sÃmbolo en la pelvis del lado derecho. De pronto su cuerpo se elevó a unos centÃmetros del piso y yo, mirando con incredulidad le hablé por su nombre en voz alta, pero ella no respondÃa. ParecÃa estar como en trance sentà miedo de lo que que estaba viendo, pero después de un par de minutos ella despertó y volvió a la normalidad. No quiso pasar el resto de la noche conmigo y se fue a su casa. Pienso que le incomodó que le preguntara cerca de lo que le acababa de ocurrir. A partir de ese momento, comencé a verla cada vez menos, pues se hizo muy reservada y pese a que la obra comenzó a despuntar y salieron de gira para montarla en otros teatros de diferentes ciudades, ella evitaba el contacto con las personas y se le veÃa cada vez con un comportamiento errático. Varios miembros del elenco comenzaron a murmurar que su directora era una bruja y que la habÃan visto sacrificando animales en ritos extraños. Le acusaban de ser la culpable de cuanto accidente ocurrÃa en la obra y lo que en un principio eran sólo rumores, poco a poco comenzaron a hacerse reales. Por ejemplo, una actriz dijo haber visto a una extraña criatura de aspecto pétrio. Su piel parecÃa a élcha de cera y llevaba una especie de máscara. La mujer se escondÃa detrás de las cortinas del escenario. Una simple mirada a esa criatura fue suficiente para que le hiciera perder la calma y gritando en medio del ensayo echar a perder horas de trabajo, pues después de haber visto a esa criatura, ya no quiso volver a arrimarse ni al escenario ni a los camerinos. En otra ocasión, dos actores que eran hermanos dijeron haber escuchado la respiración exagerada de una persona dentro de su armario y cuando abrieron las puertas dentro salieron varias palomillas de color negro. Dos de ellas eran de la especie que parece tener el dibujo de una calavera en la espalda. Los hermanos, que eran muy supersticiosos, abandonaron la compañÃa teatral, pues a ambos les tuvieron que realizar una cirugÃa de apéndice de emergencia y culparon a la obra de sus males. Yo seguÃa mirando con escepticismo todo lo que ocurrÃa hasta un un dÃa que, mientras me encontraba operando las poleas que abren las cortinas de cena, pude ver a la misma criatura con la piel que parecÃa hecha de cera, estaba agarrada de una de las cortinas en la parte más alta. Era imposible que una persona lograra hacer ese tipo de movimiento. Cuando le avisé a mi compañero lo que estaba ocurriendo, la extraña mujer habÃa desaparecido, pero no hubo necesidad de mostrarle lo que acababa de presenciar, pues me contó que vio a la bruja. Asà le llamaron al lente en uno de los pasillos. DecÃa que su rostro no era realmente su piel, sino una máscara con la cual intentaba pasar por humano, pero que realmente no lo era sino algo maligno. La situación empeoró cuando la directora, cada vez más absorta en prácticas ocultas, comenzó a perder el control de la realidad. En varias ocasiones la vi hablando sola como si estuviera manteniendo conversaciones con él invisibles. Su aspecto fÃsico también cambió. Su piel parecÃa más pálida y sus ojos, una vez brillantes, ahora reflejaban una oscuridad inquietante. El elenco y el equipo técnico estaban divididos entre los que creÃan que la directora estaba poseÃda por fuerzas malignas y los que atribuÃan su comportamiento a problemas mentales. Los ensayos se volvieron caóticos, con frecuentes interrupciones causadas por accidentes inexplicables. Un dÃa, durante una función en la que la directora estaba interpretando un papel secundario, se desató el caos en medio de una escena crucial. La directora comenzó a actuar de manera errática y a pronunciar palabras incoherentes. El elenco desconcertado, trató de continuar la obra, pero la situación empeoró cuando la directora cayó al suelo, convulsionando. Los espectadores presentes en la función creÃan que era parte de la actuación, pero yo, des de los bastidores sabÃa que algo iba mal. El pánico se apoderó del elenco y del público cuando la directora con voz gutural profirió una serie de maldiciones y amenazas. La obra se detuvo abruptamente y los actores, visiblemente perturbados, abandonaron el escenario. La obra se suspendió y la directora fue ingresada a un hospital, donde la mandaron a neurologÃa. Yo comencé a visitarla pues, a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, sentÃa preocupación por ella. Estuve Cuando salió del hospital, decÃan que habÃa sufrido un colapso nervioso debido a la presión que sentÃa con la obra puesta en escena. Sin embargo, ella me contó que habÃa cometido un error por jugar a ser Bruja. El poder le sobrepasó y ahora algo maligno no dejaba de perseguirla, tanto en el sueño como en la vigilia. Ella vivÃa en casa de su abuela materna en un cuarto, en una segunda planta, comencé a visitar que podÃa hacerlo y aunque con el tiempo estuvo mejor, todo empeoró. Durante una noche que me invitó al festejo de uno de sus hermanos. Terminé acompañándola a su habitación, pues dijo haberse sentido mal. Me senté en una esquina de su cama. Entonces vi que su ropero no tenÃa puerta, sino una larga cortina de color escarlata. Puso un programa aburrido en su televisión, tan aburrido que terminamos dormidos. Los dos de pronto me despertaron sus sollozos. La vi llorando en una esquina de la cama. Tardé en entender la situación, pues ella sangraba de sus manos mismas que mantenÃa pegadas a su cara. En eso escuché esta respiración exagerada de la que hablaron los actores del elenco. Luego la cortina comenzó a moverse de una manera violenta, como si una ráfaga de viento de montaña la golpeara. Luego la cortina cayó y la volvà a ver era esa maldita bruja con esa cara que parecÃa una máscara de cera que, por más que intentara describirla, no lo lograrÃa. La directora se habÃa dañado uno de los ojos en un intento de cegarse para dejar de ver esa maldita aparición. Rápidamente la llevé al hospital en mi coche y después de un par de dÃas estuvo afuera. Le cambiaron el medicamento, pues los médicos aseguraban que lo que padecÃa era esquizofrenia. Pero obviamente no era asÃ, porque yo también vi a la bruja tiempo después supe que todo habÃa mejorado para ella, la bruja dejó de seguirla mi deuda con la bruja cuando recién me divorcié. Hice todo tipo de tonterÃas, desde rogar, humillarme, ir a terapia de pareja, pues tal era mi obsesión y mi incapacidad de decir adiós que cada vez me hundÃa más en malas emociones. Asà pues, fue que por medio de un amigo mÃo que es alcohólico, conseguà la dirección de una bruja que garantizaba interferir en la realidad y lograr que se impusiera la voluntad de uno mismo, ya fuera amor, dinero o salud. Por aquel entonces no creÃa que un simple hechizo pudiera interferir en esos asuntos y en otro tipo de ocasión no hubiera acudido a este tipo de servicio, pero en ese momento estaba loco, invadido por la melancolÃa y obsesión. No acudà de inmediato o de hecho, cuando me entregó la tarjeta con la dirección, la guardé debajo de mi escritorio y no la volvà a tomar entre mis manos por al menos una semana, pero una noche de esas en las que la melancolÃa y la tristeza invade porque el ambiente ha estado tan nublado que enfrió mi propio corazón. Decidà descorchar una botella de vino que me dieron durante la posada de la empresa en que trabajo aquà en nuevo león. Con el calor de las copas, Descorché dos más entonces, entonces sentà una presencia en mi estudio. Era como si un viento helado se hubiera filtrado por la celosÃa y sentà una corazonada. Segundos después, escuché la voz de mi exesposa y tomé eso como una señal, asà que me dirigà a buscar la tarjeta, cosa que me llevó no menos de una hora pues, aparte de mi estado de embriaguez, no recordaba dónde la habÃa guardado. A la mañana siguiente, el impulso por ir a buscar a la bruja no habÃa disminuido en mÃ, Asà que, después de tomar un baño, un par de aspirinas y una enorme taza de café, me dirigà a mi auto y viendo que la zona en que se encontraba el despacho de la bruja, decidà mejor acudir en taxi, ya que la zona era famosa por salir en las noticias, ya fuera por robos o por agresiones, por cuestiones personales. Prefiero mantener en el anonimato el lugar en el que ocurrieron los hechos. Sin embargo, daré descripciones del lugar. El taxi no me llevó a ero hasta el lugar, pues el terreno es bastante sinuoso. De hecho, todas las casas fueron edificadas directamente sobre un cerro de una considerable altura. No me importó que no me llevará hasta allá, pero una vez me encontré fuera del coche, sentà cómo me asediaban las miradas de hombres que se encontraban bebiendo alcohol en plena vÃa pública. No quise que notaran mi nerviosismo, asà que intenté actuar con normalidad. No lograba ubicar exactamente la vecindad en la que se instalaba la bruja. En ese momento pensé que si las uso dicha bruja tenÃa realmente el poder de influir en la realidad, a tal punto de modificar mágicamente la economÃa, a tal punto de hacerte millonario de la noche a la mañana, porque no utilizar ese poder para vivir en un lugar mejor. Me sentà desanimado y estuve a punto de regresarme de no ser porque comencé a notar que un par de sujetos en motocicleta comenzaron a seguirme me puse paranoico pensando en en que me iban a asaltar, asà que me metà a la primera tienda que vi abierta. Le saqué plática al señor de la tienda para hacer tiempo. Y dentro de esa plática le pregunté por el nombre de la Bruja y me dijo que aquella mujer era famosa por ser efectiva en sus hechizos, que gracias a ella la tienda habÃa tenido éxito, pero que tuviera cuidado al consultarla, pues en este tipo de prácticas siempre hay un precio no impreso en los contratos, un precio que no se paga con dinero, sino con sangre. El comentario de aquel hombre, aunque no lo entendà de inmediato, me hizo sentir ansioso y sentà más ganas aún de volver a mi casa, pero no lo hice. Salà de la tienda y me metà por una calle que se me indicó en la cual no habÃa acceso para automóviles, pues era bastante angosta y hecha de piedra. El camino me recordó a esos callejones que salen en las pelÃculas que retratan las favelas de RÃo de Janeiro. Llegué entonces, entonces, hasta un portón de lámina de metal toqué dos veces y no obtuve respuesta. Justo estaba por irme. Cuando un niño me abrió la puerta. Le pregunté por la señora que iba a buscar, y el niño, sin decir ni una sola palabra, sólo asintió con la cabeza y después señaló hacia una escalera. Entendà el mensaje del niño y me dirigà en esa dirección. Llegué entonces hasta una habitación cuya única puerta era una cortina de tela hecha de jirones y me recibió una chica afuera habÃa un par de personas bebiendo alcohol de uso industrial. La chica me llevó por un pasillo donde habÃa una fila de todo tipo de personas. Incluso vi a dos que iban con sus batas de médico. Me sorprendió ver que hasta hombres de ciencia estuvieran esperando ser consultados por aquella bruja. Duré más de dos horas esperando y de no ser porque cargaba una revista en mi bolsillo. Hubiera muerto de aburrimiento cuando al fin pude pasar. El nerviosismo se apoderó de mà y no supe qué decirle cuando se me preguntó el motivo de mi consulta. Además, quedé impactado por el aspecto de aquella señora que debÃa de tener no menos de ochenta años. Uno de sus ojos mantenÃa una mancha de viruela, al igual que la mayor parte de su cara. La mujer me dijo que tomara asiento que ya sabÃa por qué motivo estaba allÃ. Guardó silencio. Por un segundo y enseguida dijo quieres que regrese tu esposa. No es asÃ. También dijo el nombre de ella, la edad que tenÃa y hasta qué signo era. La mujer. ParecÃa conocer detalles muy especÃficos de mi vida, lo cual me desconcertó aún más. A pesar de mis dudas, decidà seguir adelante y le dije que sà que querÃa que mi esposa regresara. La bruja sonrió de manera misteriosa y comenzó a murmurar palabras incomprensibles mientras movÃa las manos sobre una mesa llena de objetos extraños. Luego me dijo que lo dejara todo en manos de ella. Solamente tenÃa que pagar la cantidad de dos mil pesos de adelanto y lo demás no deberÃa dárselo. Hasta que se cumpliera mi deseo. Después de quince dÃas, mi ex esposa comenzó a buscarme y aunque quedé sorprendido ante la eficacia de la magia de la bruja, no quise salir de inmediato, pero ante la insistencia por parte de ella, comenzamos a salir nuevamente. No sé cómo explicarlo, pero ella ya no era la misma persona. Sus ojos habÃan perdido su brillo. HacÃa comentarios muy negativos y nos peleábamos más que cuando estuvimos casados. Y a pesar de esto, ella siempre me buscaba. Lo peor de todo fue que me di cuenta que yo ya no deseaba estar con ella y ahora era al revés. Ella me insistÃa y yo deseaba alejarme. Nunca le di el segundo pago a la bruja, pues pensé que no habrÃa ningún inconveniente con el tiempo. Ella terminó por alejarse de nuevo y aunque en esta ocasión no me deprimà si comencé a pagar el precio por no haber liquidado mi deuda con aquella bruja. Vivo en la punta de un cerro, en un barrio un poco desolado de una famosa delegación del Estado de México. Una noche me desperté asustado porque sentà un ardor terrible en el rostro. Me levanté de súbito y encendà la lámpara que tengo en mi mesita de noche. En eso veo correr una especie de sarihuella por el pasillo que lleva a mi cocina era enorme. ParecÃa tener el tamaño de un perro de raza grande. Corrà al baño y noté con horror como me escurrÃa la sangre en varias partes de mi cara eran heridas horribles. Las limpié con agua y jabón, pues me habÃan dicho que el alcohol sólo empeora las heridas. Mientras me secaba la cara y me aplicaba un ungüento para evitar infecciones en la piel. Vi pasar de nuevo a ese maldito animal enorme. Se paró frente a la puerta del baño y vi claramente como su rostro era el mismo que vi en la bruja. Incluso tenÃa las mismas cicatrices causadas por la viruela. El cuerpo era como el de una zarihuella con una enorme joroba en la espalda y sus patas no parecÃan batas, sino eran como si sus cuatro extremidades fuesen manos humanas. Sentà pánico al ver aquella criatura infernal y lo primero que se me ocurrió hacer fue arrojarle una cubeta de fierro que tengo junto al inodoro. La criatura se retorció de dolor, pues el impacto terminó dándole en la cabeza y se echó a correr rumbo a la entrada de mi casa. Tomé la cubeta de nuevo y la perseguÃ, pero justo llegando a la sala, el maldito animal de un solo salto atravesó la ventana para después perderse En la noche. Cerré bien todas las puertas y ventanas. Después me puse a rezar, pero no logré dormir. Durante dos dÃas seguidos no podÃa dejar de pensar en que aquella criatura repugne era obra de la bruja a quien no le terminé de pagar. No me atrevà a volverme a encontrar con aquella aterradora mujer, pero tampoco deseaba dejar la deuda sin pagar, asà que decidà encomendar la tarea a un par de hombres, a quienes contacté con ayuda del señor de la tienda. Sé que el dinero llegó a su destino, pues nunca más volvà a encontrarme con alguna criatura de ese tipo. Sin embargo, recordar la forma que presentaba es suficiente motivo para que pierda el sueño el retrato de la bruja. Muchas veces la maldad no puede ser erradicada totalmente y siempre busca la manera de poseer cualquier cosa, escondiéndose hasta que recobra la suficiente fuerza para lograr manifestarse e intentar entrar dentro de alguna persona débil de espÃritu. Esto lo comprobé hace a por allá de los noventa. Yo estaba por cumplir los dieciocho años. VivÃa con mi familia en Morelos, México. Mi padre tenÃa un bazar de objetos antiguos. PoseÃa objetos de tipo religioso, pero a veces compraba algunos muebles y cuadros. Estos son los que mejor se vendÃan, pues muchas veces le llegaban buenas réplicas de obras de arte. En lo personal, los objetos del tipo religioso siempre me causaban escalofrÃos y es que algunos eran demasiado realistas, sobre todo aquellos que proyectaban el dolor y la pasión de Cristo. Mi madre decÃa que las cosas antiguas y usadas guardaban recuerdos que en muchas ocasiones no eran nada positivos y se necesitaba andar con cuidado con ese tipo de cosas. Yo, en cambio, comencé a ayudarle desde que tenÃa quince años, pues pese a que ciertos objetos me causaban pavor, no era algo con lo que no pudiera lidiar. Además, mi padre siempre me pagó bien cuan. Cuando o tenÃa diecisiete a punto de cumplir los dieciocho, mi padre comenzó a dejarme más responsabilidad y me dejaba solo los fines de semana a cargo del local que, por cierto, se encontraba a unas cuantas cuadras de la casa. Era raro que mi padre quisiera meter algún adorno u objeto. Esto porque mi madre ni de broma lo aceptarÃa. No obstante, un domingo me tocó atender a un par de ancianos que traÃan consigo, un par de cuadros que se veÃan de bastante antigüedad y no supieron darme un precio, asà que le llamé a mi padre para que viniera a evaluarlos. Cuando llegó, mi padre supe que habÃan sido hechos a mano por un artista desconocido llamado Hastur. Uno era un paisaje lúgubre de noche con árboles secos, el tÃpico paisaje de una escena de terror. El otro era una bella mujer con una mirada enigmática y un cÃrculo de luz sobre la cabeza, como se suele pintar a los Santos. Mi padre pagó una suma ridÃcula y por o ambos demasiado exagerada. Mientras hacÃa el trato, le hice ver que no ganarÃamos mucho con esa compra, pero de una manera grosera, me exigió que guardara silencio. En ese momento me puse mejor a limpiar lejos de él. Mi padre dejó uno de los cuadros en la tienda y el otro se lo llevó a la casa. El que se llevó era el de la mujer y yo me quedé riendo, pues ya sabÃa que si lo colgaba de algún muro en la casa tendrÃa problemas con mi madre. Aquel dÃa llegué tarde a la casa, pues después de cerrar la tienda, pasé a ver a mi novia de aquel entonces, su nombre era Nancy. Cuando llegué a la casa, tal y como esperaba, mis padres estaban peleando a causa de que mi padre colgó el cuadro en su estudio. Por lo regular, mi padre no es aprensivo con los objetos, pero ese maldito cuadro ejerció magia sobre él. Apenas lo vio. Mi madre no pudo hacer nada para que se deshiciera de él, pues mi padre fue muy tajano y le dijo que él jamás conservaba nada y ahora querÃa conservar ese cuadro y poseÃa todo el derecho de tenerlo. El argumento de mi padre era bastante válido y no tendrÃa por qué haber un problema. Sin embargo, con el paso de los dÃas, mi padre comenzó a obsesionarse con el cuadro. Pasaba ahora sin hacer otra cosa que encerrarse escuchar música mientras miraba su cuadro. Además, cosas extrañas comenzaron a sucedernos en la casa. Una tarde, mientras estaba con Nancy mirando una pelÃcula en la casa. Mi madre estaba en su habitación y mi padre se encontraba en el bazar. Sentimos que alguien estaba a nuestras espaldas y Nancy, que era más sensible a este tipo de fenómenos, comenzó a gritar mientras señalaba algo a nuestras espaldas. Miré enseguida y entonces vi la sombra de esta mujer que llevaba una tiara de espinos sobre la cabeza. Fue cosa de unos segundos, pues la mujer se desvaneció de la misma manera en que se materializó. Fuimos a buscar a mi madre de inmediato le contamos lo que nos acababa de ocurrir y ella nos confesó que desde el primer dÃa en que mi padre trajo ese cuadro a la casa, empezaron a suceder cosas extrañas. Dijo que traerÃa a un padre para que bendijera la casa y si las cosas no mejoraban, se desharÃa del cuadro. Las noches se volvieron inquietantes. A veces, durante la madrugada escuchábamos risas suaves provenientes del estudio. Otras veces la puerta del estudio se cerraba sola. Con fuerza, mi madre insistÃa en que el cuadro estaba poseÃdo y debÃamos deshacernos de él. Mi padre, sin embargo, se volvÃa más terco. Pasaba horas frente al cuadro, murmurando cosas incomprensibles. Su salud empezó a deteriorarse y su obsesión por el cuadro lo llevó a descuidar su trabajo y relaciones sociales. Las cosas tomaron un giro más oscuro cuando una noche encontramos a mi padre hablando en lenguas extrañas frente al cuadro. Sus ojos reflejaban una locura desenfrenada. Fue entonces cuando decidimos actuar. Mi madre trajo a un sacerdote, pero las cosas no cambiaron mucho después de que bendijera la casa. Tal vez los fenómenos cesaron por un par de dÃas, pero pronto comenzamos a experimentar cosas más subidas de tono, sobre todo de madrugada. Cerca de las dos y media de la madrugada miré como una pequeña esfera luminosa. Pasó por el pasillo que llevaba hasta el estudio de mi padre. Yo lo vi con mis propios ojos, pues salà de la habitación atraÃdo por esa luz que me hipnotizaba y no pude detenerme hasta que la vi atravesando la puerta. Esa luz interna era tan extraña no sabrÃa cómo explicarlo. ParecÃa como si dentro llevara el cuerpo de una mujer horrenda. Tuve el atrevimiento de abrir el estudio de mi padre y justo ur cuando estuve dentro vi a esta maldita bruja que llevaba el cuerpo de un pequeño niño entre brazos. Cuando me miró, esbozó una sonrisa macabra y se echó a reÃr de mà y segundos después sentà como una corriente de aire. Chocó contra mi cuerpo y la mujer desapareció, quedando solo ese maldito olor a podrido. Regresé temblando a mi habitación y aunque, a diferencia de mi madre, yo no era religioso, me puse a rezar. Al dÃa siguiente le conté a Nancy mi experiencia. Durante la noche anterior. Nancy me sugirió que acudiéramos con un parapsicólogo que era amigo de su madre. Me la pensé para ir, pues mi madre suele satanizar todo aquello que no se ha aprobado por la Iglesia Católica, asà que sólo le pedà su número. Mi madre no se deshizo del cuadro sólo le pidió a mi padre que lo cubriera con una manta de lana aparte, colocó un altar a la Virgen de Guadalupe y comenzó a dejar flores y velas. Desde el primer dÃa que comenzó a realizar esto, las apariciones cesaron. Sin embargo, las flores que ponÃa se marchitaban de un dÃa para otro. Unas incluso parecÃan haber sido quemadas y las veladoras no duraban encendidas. Sin importar el tamaño. Le hablé a mi madre acerca del parapsicólogo, pero su reacción fue la esperada. Se negó rotundamente y me dijo que ese tipo de personas sólo eran estafadores. Como mi madre no aceptarÃa. Decidà llevarlo sin consultarla. El hombre era bastante amable y sencillo. Se llamaba Mauricio. Llevaba un traje de color azul y un collar con un sÃmbolo algo raro que me explico era un llamador de ángeles. Nancy y yo aprovechamos para llevarlo un dÃa que mi madre tuvo guardia en el seguro, ya que ella era enfermera internista. Llevamos al hombre hasta el cuadro de mi padre, quien, por suerte, no se encontraba en la casa, pues seguÃa presentando este comportamiento obsesivo y raro. Mauricio, después de observar detalladamente el cuadro, nos habló acerca de que Hastur no era realmente el nombre de un artista, sino de un demonio antiguo y la imagen representada pertenecÃa a una bruja que, a causa de haberse entregado de lleno a estas prácticas antiguas, fue poseÃda y a su vez, el cuadro, poseÃdo por su esencia, que se negaba a abandonar el plano donde estamos los vivos. Mauricio marcó un sÃmbolo en el cuadro y después comenzó a recitar unas oraciones que ocasionaron que todos escucháramos la risa de la maldita bruja y después vimos cómo el cuadro se elevó al techo para después caer al piso, dejándonos a Nancy y a mi perplejos Mauricio. En cambio, guardó la calma y nos pidió que nos tranquilizáramos que, aunque escucháramos cosas extrañas, estarÃamos bien. Al final acercó un espejo al cuadro y se puso negro. Luego lo guardó en una manta de seda. Nos dijo que, aunque la pintura ya no presentaba un peligro, nos sugerÃa deshacernos de ella, pues la maldad a veces suele esconderse en otro lugar, pero siempre intenta volver a habitar el lugar donde se sintió más cómodo con el pasar de los dÃas. Mi padre no volvió a mostrarse obsesivo con la pintura y su estado de ánimo volvió a ser él mismo. No hubo necesidad de pedirle que se deshiciera del cuadro, pues él mismo lo sacó de la casa y se lo vendió a una persona. Qué tiempo después me enteré era ocultista. Desde entonces, la casa recuperó su paz y mi familia volvió a la normalidad. La experiencia con el retrato de la Bruja dejó una huella indeleble en nuestras vidas, recordándonos que el mal puede esconderse en las formas más inesperadas y que debemos ser cautelosos con lo que traemos a nuestros hogares Bruja en la estación de servicio. Desde hace tiempo trabajo en tiendas de autoservicio, en carretera. Vivo en uno de esos pueblos, alejados de toda ciudad por la carretera Guadalajara TEPIC me han cambiado un par de veces de sucursal y es que durante los últimos años han estado abriendo cada vez más tiendas, algunas posicionadas, incluso en los lugares más inhóspitos que no te imaginarÃas. Pero la historia que hoy deseo compartirles ocurrió casi cuando inicié en este tipo de empleo, cuando aún no existÃan tantas tiendas del tipo OXO. Me tocó ser asistente de una mujer llamada Claudia, que ya llevaba un par de años trabajando en esto y ya era encargada de la sucursal en que me tocó trabajar. El lugar estaba bastante alejado de todo y es que el pueblo del que yo soy originario no ofrece realmente un atractivo turÃstico. Sólo hay un par de ons de lecheras y algunas siembras de frijol y maÃz. Nada relevante realmente, pero a la empresa se le ocurrió abrir una gasolinera en ese kilómetro de la carretera y ante la falta de aspirantes al puesto, yo fui contratado de inmediato. En ese entonces no poseÃa automóvil, motivo por el cual solÃa ir al trabajo en bicicleta. Los primeros dÃas me dieron un turno durante el dÃa, asà que no tenÃa problemas para llegar y regresar en bicicleta. Sin embargo, mi vida laboral dio un giro inesperado cuando me asignaron el turno de noche en la estación de servicio. Mi primera noche en el turno nocturno fue tranquila. No habÃa muchos clientes y el silencio de la carretera contribuÃa a crear una atmósfera bastante calmada. Claudia, la encargada, me explicó que en la madrugada podÃamos recibir a camioneros y viajeros nocturnos que necesitaban cargar gasolina, asà que debÃamos estar atentos. Claudia me dijo esa noche que si llegaba a ver algo raro, pero en la parte trasera de la tienda, no hiciera caso que intentara ignorar cualquier tipo de movimiento raro. O si llegaba a ver alguna persona, sólo me fijara que ésta no representaba un peligro real. Simplemente avisara a la policÃa federal que ellos se ocuparÃan del asunto y que mientras me tocara estar a su lado, nada malo ocurrirÃa. De primero no entendÃa qué se referÃa, pero después de limpiar en un par de ocasiones los cadáveres de unas gallinas en el patio, ver cÃrculos y sÃmbolos pintados con la sangre de estos animales, supe a qué se referÃa. Fueron muchas cosas raras las que me tocó limpiar, además de animales muertos, varios tipos de flores e incluso velas de color rojo y negro. Cada que limpiaba me preguntaba si no serÃa la propia Claudia quien realizaba este tipo de prácticas, pues solÃa platicar sobre ese tipo de tema, aunque nunca mencionó abiertamente dedicarse a realizar curaciones o o cosas parecidas. En una ocasión, Claudia enfermo y no hubo quien ocupara su lugar, asà que me quedé solo en la sucursal. Yo pensé en un principio que realmente no habrÃa problema, pues como era entre semana, prácticamente no recibirÃa ni una sola visita en toda la noche. Aquella noche se me hizo eterna y es que prácticamente, aunque intente mantenerme ocupado limpiando los refrigeradores colocando nuevo café en las máquinas y todo lo que me tocaba. Apenas habÃan pasado un par de horas. Cuando ya habÃa terminado todo, me puse a leer un libro sobre la interpretación de los sueños que cargaba conmigo, y cerca de la medianoche noté a una persona en una de las cámaras que daban a la parte trasera donde estaban los contenedores de basura. No vi claramente, pues la figura de la persona estaba de espaldas, pero alcancé a ver que era una persona que caminaba bastante encorvada y mostraba una joroba muy pronunciada. En eso llegó un automono móvil, se bajó una pareja, compraron varias cosas, les cobré y cuando volvà a mirar por la cámara, la mujer encorvada ya no estaba. Minutos después vi que la extraña mujer se encontraba frente a la puerta. Estaba de pie sin moverse. En ese momento me atrevÃa a acercarme para preguntarle qué se le ofrecÃa. La mujer parecÃa una simple anciana de no más de ochenta años. Llevaba la cabeza cubierta un rebozo y vestido de color negro. La mujer no me contestó, pero se me quedó viendo frunciendo el ceño. Luego sacó una vela de cebo de su rebozo, La encendió y con las gotas de cebo dibujó una estrella en la entrada. Yo tuve la estúpida idea de no seguir los consejos de Claudia y tuve el atrevimiento de decirle a la señora que no podÃa hacer eso frente a la tienda que se alejara o llamarÃa a la policÃa. En eso, la mujer esbozó una sonrisa burlona y arrojó el resto de la vela contra el vidrio de la puerta. Luego se echó a correr con tal facilidad que me pareció increÃble para alguien de su edad. Este último acto me dejó asustado, asà que, en lugar de ponerme a limpiar el cebo de vela de la ventana, llamé a Claudia para contarle lo que acababa de presenciar. Claudia no contestó y cuando estaba dispuesto a marcar nuevamente las puertas de los refrigeradores, se comenzaron a abrir y cerrar por sà solas. Luego la caja registradora hizo lo mismo. Me sentà espantado, pues nada de lo que estaba ocurriendo tenÃa sentido realmente. Nunca antes en mi vida experimente fenómenos iguales y hasta ese momento creÃa que las historias acerca de actividad paranormal pertenecÃan sólo a la ciencia ficción. Estuve a punto de tomar mi bicicleta y salir pedaleando a toda velocidad en dirección a mi casa. Pero en eso llegó una camioneta de la que se bajaron dos señores muy amables que, cuando me vieron, me preguntaron si me encontraba bien, pues me veÃa a bastante pálido. Estuve a punto de contarles a detalle lo que acababa de presenciar, pero preferà sólo decirles que me habÃan asustado mientras les cobraba una caja de cervezas. Deseé que los fenómenos continuaran o que la vieja bruja se apareciera para tener evidencia con la cual decirles a esos hombres lo que me estaba ocurriendo. Pero no ocurrió, y eso que miré de reojo hacia las cámaras, pero no vi ninguna señal de la mujer. Cuando los clientes salieron, me comencé a sentir muy nervioso y mareado. Pensaba que en cualquier momento se me aparecerÃa aquella anciana y me darÃa un susto de muerte. En eso, Claudia me regresó la llamada y sin que le dijera nada, me preguntó si estaba teniendo problemas del tipo paranormal. Yo me quedé confundido, pero no quise preguntarle cómo sabÃa eso, y simplemente le dije que sÃ, y ella me respondió que intentara ignorar a la anciana, que siempre se iba después de las tres de la madrugada, pero que mientras no interfiriera en sus prácticas, estarÃa a salvo. Yo le dije que la habÃa corrido de la puerta y Claudia me dijo que mantuviera la calma, que tal vez no fuera grave, pero que no interfiriera con aquella mujer. La noche transcurrió y cada cierto tiempo algo raro ocurrÃa, por ejemplo, las luces se apagaban, lo mismo las cámaras. Lo curioso era que cuando alguien llegaba, los fenómenos se detenÃan y, para mi mala suerte, después de atender a un motociclista, ya no llegó nadie a la tienda. Finalmente, poco después de las tres de la madrugada, todo volvió a la normalidad. Las luces se estabilizaron, las cámaras volvieron a funcionar y los objetos dejaron de moverse. Aunque el alivio me invadió, la sensación de inquietud persistÃa A la noche siguiente, cuando me volvió a tocar trabajar solo vivà exactamente lo mismo y aunque me lle llevé un rosario y un cristo de metal que mi abuela tenÃa en casa, no logré sentirme más tranquilo y para acabarla habÃa llegado mercancÃa que tenÃa que guardar en la bodega, lugar que siempre me hizo sentir escalofrÃos por su oscuridad. Mientras acomodaba unas cosas iluminado por un pequeño foco que no alumbraba nada, este empezó a tintinear hasta apagarse completamente y entonces vi unos ojos luminosos entre dos estantes. Luego escuché una risa macabra y una voz que me decÃa que me alejara que esa tierra no me pertenecÃa. Salà corriendo de la bodega y me refugié bajo el mostrador, tomando tanto el crucifijo como el rosario entre mis manos. Y cuando llegó un cliente, el temor se disipó completamente, pues el cliente en cuestión era un sacerdote, a quien sà me atrevà a contarle esta terrible historia. El sacerdote me creyó. Luego me pidió que lo esperara en lo que iba a su coche trajo consigo dos frascos, uno con agua bendita y otro, según me dijo, era un tipo de aceite que colocarÃa en cada puerta y ventana del establecimiento. Por último, me dio su bendición y me dijo que si veÃa a esa mujer rondando por ahà cerrar los ojos y recitará esta oración de San Benito, te pido que protejas mi hogar y mi familia de todo mal y peligro y que alejes de nosotros a todo aquel que intente dañarlos o hacernos mal, que tus bendiciones y tu gracia nos acompañen en cada momento y que siempre seamos reflejo de tu luz y de tu amor. El sacerdote se fue y yo me sentà muy tranquilo y en ese momento pensé en que Dios siempre está con nosotros y es más poderoso que cualquier esbirro del maligno enemigo, que es el diablo. La mujer volvió a aparecer por las cámaras, pero los actos paranormales se sonron y todo dentro de la estación de servicio. Continuó con naturalidad, para cuando Claudia volvió a trabajar después de su incapacidad, me contó que ella misma tuvo un encuentro con aquella bruja que le contó que rondaba esa zona porque hacÃa mucho tiempo allà estuvo su casa y que nunca quiso vender sus tierras. Pero uno de sus hermanos le hizo una mala jugada y la dejaron sin hogar. Yo le pregunté que cómo era posible hablar con aquella mujer si a simple vista se veÃa que no se trataba de un ser humano, sino de un espectro, y Claudia me respondió. Yo soy medio. Al siguiente mes fui a la estación de servicio que se encuentra en la segunda caseta y no volvà a saber nada ni de Claudia ni de la Bruja, el velo de Novia. La siguiente historia le ocurrió a mi abuela concepción durante su juventud. Tanto ella como sus hijos son originarios de Guadalajara, Jalisco, Tierra Rica, tanto en leyendas como en relatos de misterio y fantasmas. Pero el relato que estoy por compartirles es personal y poco conocido, pues aunque mi abuela trabajó durante su juventud como maestra de un colegio famoso en la ciudad, no solÃa compartir esta historia, ya que habla sobre un pasado algo trágico. Mi abuela vivÃa con su hermana en la casa de un tÃo que las adoptó después de que su madre muriera de fiebre alcohólica. A la bisabuela realmente no se le extrañaba, pues era una persona con problemas mentales que siempre rechazó a sus hijas y prácticamente toda la vida. El tÃo fue quien se responsabilizó de ellas. El caso es que los tÃos de mi abuela sólo tuvieron una hija, quien siempre fue muy frágil de salud, y la tÃa, al no poder volver a quedar embarazada, se quedó con ganas de tener más hijas. Desafortunadamente, su hija murió y cuando nacieron mi abuela y su hermana, Rebecca, cubrieron las necesidades maternales de la señora en cuestión, lo mismo de parte del tÃo. Ellos consintieron al par de niñas lo más que pudieron, además de darles educación, pues su madre nunca quiso que estudiaran. Mi abuela estudió una carrera técnica en corte y confección de ropa, mientras que su hermana, Rebecca, estudió para secretaria. Todos vivÃan en una casona de la época colonial que el tÃo Felipe, quien era maestro albañil, consiguió gracias a un trabajo que realizó. Según contaba mi abuela, la casa estaba siendo restaurada por su tÃo, quien tuvo que reconstruir varias habitaciones que estaban a punto de colapsar. Crecieron felices, pero habÃa una parte de la casa a la que nunca se acercaban las niñas. Este lugar estaba u s a r r mero fondo de la casa, tras un enorme patio, donde habÃa una higuera en medio. Luego estaba una especie de casa de huéspedes. Ese era el lugar que evitaban tanto mi abuela como su hermana, pues decÃan que las asustaban, aunque al crecer no sabÃan explicar porque les asustaban. Sin embargo, el tiempo pasó y al crecer mi abuela pudo tener a mi madre y a mis dos dÃas el padre de ellas jamás quiso reconocerlas, pero mi abuela, que siempre fue de carácter fuerte, puso un taller de costura, además de que comenzó a dar clases en el colegio católico en el que siempre trabajó. Su otra hermana, se comprometió justo cuando cumplió los veinticinco años. Toda la familia estaba muy emocionada, sobre todo su tÃo, quien les ofreció irse a vivir en la parte trasera de la casa y se puso a remodelar. En sus tiempos libres, mi abuela comenzó a confeccionar el vestido de novia. Fue entonces en cuando todo comenzó a salir mal. Dice mi abuela que su tÃo Felipe, enfermó cuando apenas comenzaba a remodelar esa parte de la casa. Cuenta que cuando tumbaron el enjarre encontraron muchas cosas extrañas tras los muros, cosas como cabellos humanos y una serie de sÃmbolos sin sentido, además de huesos de animales. El tÃo enfermó de bronquios y decÃa haber visiones, pero los médicos le decÃan que era debido a las fiebres que padecÃa total que al final terminó llevando a un par de hombres que trabajaban con él para que terminaran la labor. Esos hombres, dijo mi abuela, encontraron un baúl escondido dentro de un ropero antiguo. Dentro tenÃa ropa hecha con telas finas de entre todas las prendas hubo una que dejó a Rebeca enamorada. Era un vestido antiguo de Novia, cuyo velo hecho de seda era de lo más exótico y hermoso hecho cien por ciento con tela de seda de gusanos de China. Entonces, Rebeca le pidió a mi abuela que utilizara el velo en el vestido de Novia que estaba confeccionando. Obviamente, lavaron la ropa, pues solÃa a años de humedad. Inmediatamente de que encontraron el baúl comenzaron a notar ciertos fenómenos extraños. Dice mi abuela que mientras bordaba un enorme gato golpeaba directamente en la ventana de su taller y justo cuando volteó a mirarlo, lo vio pararse en dos patas y pronunciar su nombre. Mi abuela se asustó tanto que terminó accionando la máquina de coser causándole una gran herida en su mano, derecha de la cual comenzó a gotearle sangre en el piso y de inmediato que cayó al piso su sangre. El gato afuera comenzó a ponerse frenético y golpeó la ventana hasta estrellar el cristal. Mi abuela comenzó a rezar mientras se amarraba un trapo en la herida. En eso el gato saltó y segundos después vio a una mujer de rasgos hermosos. Ll llevaba or un vestido largo y una tierra de picos sobre la cabeza. Duró pocos segundos, pues la mujer corrió en dirección a la parte que estaban remodelando. Los trabajadores dijeron también haber visto a un gato y a una anciana. DecÃan le tenÃan miedo al animal, pues mostraba un comportamiento extraño, además de haberlo escuchado. Hablar el tÃo de mi abuela tuvo que cambiar de trabajadores varias veces, pues el miedo era tal que se negaban a seguir yendo a la casa y los únicos trabajadores que duraron enfermaron de la misma manera que el tÃo Felipe. Con todo y contratiempos, la casa de Huéspedes estuvo lista lo mismo que el vestido. Aunque dijo mi abuela que tuvo varios accidentes, cada que tocaba el velo y volvió a encontrarse con ese gato endemoniado. En más ocasiones, lo mismo le ocurrÃa a mi madre y tÃas no querÃan ni salir al patio, pues decÃan que si no encontraban al gato, escuchaban que les llamaban desde la higuera era una voz aterradora que le que les prome tió la llevarlos a una habitación donde habÃa juguetes escondidos. Dice mi abuela que no relacionó el velo de Novia con una maldición. Pensaban más que era el cuarto el del problema, pues desde que el tÃo Felipe comenzó a remodelarlo. La desgracia parecÃa seguirlos. Se llegó la fecha de la boda y la hermana de mi abuela quiso arreglarse dentro de su nueva casa, pues al parecer, ella era la única que no sentÃa miedo por el lugar. Además de ignorar todo acontecimiento extraño, dice mi abuela que tal vez lo hacÃa por simple negación, pero que cada que latÃa o ella le querÃan hacer ver que algo andaba mal. Ella se ponÃa a la defensiva y las acusaba de querer sabotear su boda por no querer a su prometido. El mero dÃa de la boda se enojaron mi abuela y su hermana. Siendo que mi abuela la iba a arreglar, prefirió que lo hiciera una amiga, asà que se quedó en la sala junto a sus tÃos. Esperaron por horas y al ver que el dÃa se se consumÃa y faltaban sólo escasos diez minutos para acudir al templo. Decidieron ir en su búsqueda. Poco antes de llegar a la puerta. Notaron que todo estaba apagado, no habÃa ningún ruido. Entonces forzaron la puerta y justo cuando encendieron las luces, la amiga de la tÃa, Rebeca lanzó un grito, mientras que Rebeca se encontraba sobre una silla con el velo sobre la cabeza. Cuando le retiraron el velo notaron que traÃa el rostro todo pintarrajeado. Balbuceaba incoherencias. HabÃa perdido la cordura. Sólo una palabra se le entendÃa de entre todas Bruja. Cuando lograron tranquilizar a la amiga, de quien mi abuela no pudo recordar el nombre, no supo decir qué fue lo que les ocurrió. Sólo dijo que fue como si les hubieran robado tiempo como si su cuerpo hubiese sido llevado a otro plano de existencia, donde una maldita bruja les hizo cosas horribles que no pudo mencionar, pues nuevamente entró en un estado de terror total. La boda se suspendió y llevaron a Rebeca al hospital, donde la terminaron derivando a psiquiatrÃa. No sirvió de mucho, pues, aparte haber perdido la razón, su cabello se habÃa encanecido y murió de un infarto. Poco tiempo después de que también falleció el tÃo Felipe. La casa fue vendida y mi abuela se casó con un buen hombre, a quien también le nombramos abuelo. Se mudaron a una nueva casa tratando de dejar atrás los recuerdos oscuros y las experiencias traumáticas, aunque la vida continuó. La sombra de lo sucedido siempre persistió en la memoria de mi abuela. Años después, cuando ya habÃa formado su propia familia, mi abuela decidió investigar más sobre la historia de la casa antigua. Descubrió que, mucho antes de que su tÃo Felipe comprara la propiedad, la casa habÃa sido el escenario de eventos trágicos. Se decÃa que una mujer vÃctima de la superstición y acusada de Bruja, fue perseguida y encerrada en la habitación de la casa de Huéspedes. La mujer murió en circunstancias misteriosas y su espÃritu quedó atrapado en la casa. El velo de Novia, al parecer pertenecÃa a la mujer acusada de BrujerÃa. La conexión con ese objeto habÃa desencadenado una serie de fenómenos paranormales y desgracias en la vida de quienes lo tocaban la historia de la mujer acusada y la tragedia que le siguió dejaron una huella imborrable en la casa, afectando a aquellos que vivÃan allÃ. El velo y la demás ropa no lo volvieron a encontrar. Dice mi abuela que cuando lo buscaron se quemó de la nada. Lo mismo el resto de la ropa. Yo no conocà a mi tÃa más que por una foto donde estaba posando con su vestido, incluido el velo. Me hubiera gustado conservar la fotografÃa, pero muchas veces uno no es cuidadoso con cierto tipo de cosas. Además, no me quiero ni imaginar si mi tÃa mostrarÃa en realidad el rostro de aquella bruja. Relatos escritos y adaptados por Mauricio Farfán








